46. Bayamo, CU

Como Harry insistió en que todo siguiera su curso (aun estaba enfadado con Ron, y no importaba cuan entendible fuera su reacción), forzó una visita al centro histórico de Santo Domingo al día siguiente con Hermione y Lily. Ya no estaban haciendo demasiado turismo esos días, pero él las convenció de ir a conocer el centro histórico amurallado con adoquines. La zona colonial tenía edificios muy antiguos, como la catedral, que había sido la primera construida en el continente por los europeos luego de la conquista de América.

Para añadir algo adicional a aquel tour, donde los ánimos no estaban en lo más alto de todo, Harry pagó a un guía turístico mago que ofrecía tours en la calle por la zona mágica, así como por la muggle. Los fue llevando caminando por el lugar, relatándoles su historia y curiosidades:

-Aquí tenemos el primer medio de transporte construido por magos -les explicó, señalando a un trencito turístico que bordeaba la catedral, lleno de niños y turistas.

-¿El Chu Chu Colonial? -preguntó Lily, frunciendo el ceño, mirando con mucha curiosidad el pequeño trencito blanco que iba andando lentamente por el Parque Colón, con niños y turistas arriba.

-Exacto -dijo el guía-. Cuando los magos europeos llegaron a América por primera vez, en el siglo X, montados en escobas voladoras, se asentaron en Santo Domingo y crearon un pequeño tren mágico que daba la vuelta por esta zona, entonces muy diferente a como la ven ahora; luego se hundía en el suelo y volvía a salir en medio de Madrid, en una zona mercantil de esa ciudad, por arte de magia. No podía transportar personas, solo mercadería. Servía para hacer comercio entre los magos españoles y sus compatriotas que habían descubierto este continente.

"Luego de eso, el tren quedó en desuso, y oculto. Muchos años más tarde, un gobierno muggle lo descubriría y decidieron refaccionarlo, ponerle un motor muggle y hacerlo una atracción turística.

-Increíble -dijo Lily, muy asombrada.

-Hay historias de muggles que cuentan que estaban recorriendo el parque con sus niños -siguió el guía-. Y de pronto no supieron bien qué había pasado, y ¡zas! Estaban en Madrid, sin saber cómo. Claro que es imposible, porque ya no tiene ninguna magia dentro, y además no podía transportar personas. Pero eso es lo que dicen algunos. Hay una pareja de muggles ancianos que afirman que eso les ocurrió, y que recuerdan muy bien que tuvieron que pagar un vuelo de regreso de España por culpa del incidente. En esa época costaba una verdadera fortuna. La señora dice que aprovecharon para conocer Madrid igualmente, antes de regresar.

Esa tarde, luego del tour, volvieron al hotel. Almorzaron algo y después de eso se dispusieron a dejar el país, finalmente.

-Escribí a tu padre -dijo Lily, cuando se preparaban para partir-. Le dije que es hora de que él y Fred dejen la isla. De que vengan aquí.

-¿Por qué? -preguntó Harry, sorprendido-. No. Les dije que no quiero esto. No quiero que vengan todos aquí solo porque Riddle quiere matarme. Puedo enfrentarlo yo solo. No más de anteponer vidas de los demás a la mía… Deberían seguir escondidos, allí. Riddle no puede saber que están con vida. Ahora somos más personas los que lo sabemos. Tú misma dijiste que…

-Tranquilo, tranquilo -dijo ella, con astucia-. No se trata de eso. Pero alguien tendrá que cuidar a Hermione cuando Riddle se te aparezca para pelear. Ella está embarazada.

Harry entrecerró los ojos, sospechando que aquello era una excusa.

-Qué inteligente -murmuró-. Quieres proteger a Hermione. Claro…

Lily sonrió.

Subieron los tres en las escobas, y dejaron Santo Domingo atrás, volando por los cielos del Caribe sobre Haití y por sobre el Mar Caribe.

-¿A dónde ahora? -preguntó Hermione, que iba conduciendo su escoba, con Harry detrás sujetándola de la cintura.

-¿No saben a dónde vamos? -preguntó Lily desde su propia escoba, junto a ellos-. Pensé que tenían un itinerario…

-¿Itinerario? -Hermione y Harry se miraron y sonrieron. Harry lanzó una carcajada. -No hay itinerario. Vamos simplemente a donde se nos da la gana.

Bajo ellos, el mar azul claro separaba las islas centroamericanas.

-Podemos ir a Jamaica, a Cuba…

-A mí me da igual -dijo Hermione.

-¿Podemos ir a Cuba? -preguntó Lily, algo tímida-. Me gustaría conocerlo…

-¡Claro! -dijo Harry, con entusiasmo-. A Cuba entonces.

Cruzaron los cielos por encima de la isla, y avanzaron por los cielos y tierras cubanas. Sobrevolaron Guantánamo, y luego Santiago de Cuba. Hasta que empezaron a sentirse cansados de volar, y decidieron bajar vuelo y pisar tierra firme por un rato.

-Bajemos aquí -propuso Harry, al ver una ciudad bajo ellos.

Descendieron vuelo sobre la ciudad de Bayamo.

Comidas deliciosas, pescados, paseos turísticos con arquitectura antigua, jardín botánico, más catedrales y museos, parques y lugares naturales; fue lo que encontraron en Bayamo. Durante un día, aprendieron de historia del lugar, que era "cuna de la nacionalidad cubana", donde los muggles habían provocado una vez un incendio para evitar la ocupación española. Recorrieron los lugares históricos, gastaron algo de dinero en comidas y en otro hotel, donde terminaron el día, descansando al sol sobre unas cómodas camillas.

-Mamá, tengo que pedirte disculpas -dijo Harry en cierto momento, abrazado a Hermione en traje de baño bajo el sol y bebiendo un licuado de frutas-. No me había dado cuenta antes, pero estoy utilizando todo el oro que ustedes me dejaron en gringotts en este viaje. Hasta ahora pensaba que no había nada de malo en eso, porque ya podré conseguir mi propio empleo y ganar más el año que viene. Lo que no me di cuenta es que ese oro era de ustedes, y ustedes ahora están vivos, y que yo sepa ni papá ni tú tienen un trabajo. ¿No lo necesitaban de regreso?

-No te preocupes, Harry.

-De verdad, creo que acabo darme cuenta de eso recién, ahora mismo. Qué egoísta de mi parte. Eso era una herencia de ustedes, pero ahora que están vivos…

-Esa pequeña fortuna de oro que te dejamos en gringotts fue a su vez una herencia de James -explicó ella-. De sus padres, Fleamont y Euphemia.

-Qué terrible -se lamentó Harry-. Estoy tirando el dinero de mis abuelos.

-Claro que no -Lily chasqueó la lengua-. No se lo digas a James, pero estoy segura de que ellos lo obtuvieron ilegalmente. Los padres de James se enriquecieron en su juventud vendiendo duendes.

-¡¿Quééééééééé?!

Lily se sorprendió por la reacción de Harry.

-Hijo, jamás pretendería que venimos de linajes nobles y bondadosos. Por favor, a esta altura de tu vida deberías saber que no todo es blanco y negro en el mundo. Ni todos los Slytherin son malvados, ni todos los Gryffindor son héroes. Fleamont y Euphemia eran una familia de magos que se enriqueció sospechosamente de un día para el otro. Aunque James siempre los defendió, hubo muchos duendes que los acusaron por estar vendiendo familiares suyos a colonias de explotación de duendes en África, donde los tomaban de esclavos para excavar minas subterráneas.

Hermione lucía tan sorprendida como Harry.

-Ahora los Black no te parecen tan terribles, ¿verdad? -comentó Lily.

-No -dijo Harry, pensativo y decepcionado.

-Pero tu padre no salió como ellos -dijo Lily de pronto, al ver la expresión de su hijo-. James es un buen hombre. Los defiende solo porque eran su familia, y él creía en ellos. Le cuesta aceptar que esos comentarios sean ciertos, aunque hubo pruebas y todo. No hay muchos que podamos hacer ahora al respecto, porque fue hace muchísimos años. Quién sabe qué habrá sido de esos duendes.

De alguna forma, ahora Harry se sentía aun peor por el origen de su oro en gringotts. Toda la vida había pensado que era una herencia familiar de James, ya que era lo que tenía más sentido (con solo veinte años, James y Lily no podrían haber hecho una pequeña fortuna por cuenta propia), pero jamás había pensado que tuviera orígenes oscuros como aquellos.

-Una pequeña fortuna hecha de oro jamás viene de causas nobles -reflexionó Hermione, pensativa. Lily la miró y asintió, de acuerdo con ella. -Ser profesor en Hogwarts, o empleado del Ministerio, o cualquier tipo de trabajo normal no te deja una fortuna en gringotts. Siempre tienen orígenes similares, lamentablemente.

-No me había dado cuenta -se lamentó Harry-. Cuando terminemos el torneo, iré a gringotts a chequear cuánto me queda. Y cualquier resto de oro que quede, se lo regalaré a los duendes del banco, allí mismo.

Lily chasqueó la lengua. Al parecer, en desacuerdo con él.

-Eres muy noble, Harry -le dijo-. Pero temo que esos duendes no son ningunos santos tampoco.

-Ya vimos cómo habían "domesticado" a ese pobre dragón -dijo Hermione, mirando a Harry, recordándole los acontecimientos de cuando buscaban los horcruxes-. Y cómo Griphook nos estafó a nosotros.

Harry asintió, recordando aquello.

-¿Y cómo estaban sobreviviendo papá u tú estos meses, sin empleo y sin el oro? -preguntó Harry.

-Pues dejamos la pequeña pila de oro de nuestro universo original allí, para Harry, para nuestro Harry bebé… -ella se quedó en silencio unos instantes, como recordando algo doloroso-. Pero conocemos formas de poder mantenernos. Como te decía, en la isla había mucha comida. Solo era cuestión de saber ubicarla, en la naturaleza, transformarla y prepararla. Con mis poderes, también podíamos convocar comida desde otros lugares sin que nadie rastreara los hechizos.

Se hizo una breve pausa, hasta que Harry añadió:

-Tú pusiste a Jose en nuestro camino, ¿verdad?

-Sí, así fue -dijo ella, en voz baja-. Luego de alterar su mente… Conseguí que estuviera trabajando en ese aeropuerto. Es el mismo donde ella había trabajado veinte años atrás, aunque nadie allí había trabajado allí tanto tiempo para saberlo. Conseguí que tuviera su trabajo otra vez, que todo fuera como ella recordaría de su pasado, aunque fuera en otra época. Y luego, supe que ustedes estaban viajando en avión muggle a ese mismo aeropuerto… Hice que se extraviaran sus cosas, diseñé aquello con mi poder, para que se conocieran. Siento que hayan terminado en prisión por mi culpa. No fue difícil manipular aquello, porque en su mayoría eran empleados muggles… Hice que la situación acabara así para que ustedes se reunieran con ella, y luego metí en la mente de Gabrielle la necesidad de sacarlos de prisión a los cuatro, también a Jose… Quería que se conozcan, para que estén juntos. Ya estaba planeando que nos reencontremos, decirles la verdad a todos… Claro que no esperaba que esto acabara así… Pero supongo que era esperable.

Se hizo otro silencio, más largo que el anterior.

Luego de aquello, la tarde transcurrió sin volver a mencionar a Ron y a Jose, y los tres pudieron disfrutar un poco de un último día de descanso, sin tantas preocupaciones. Más allá de todo lo que había pasado, y de lo que estaba pasando, era una tarde bella que pudieron disfrutar un poco, y descansar.

Y es que fue la última tarde, porque a partir de ese día todo cambió drásticamente.

A partir de ese día, quedó atrás cualquier posibilidad de descanso o de despreocupación.

Porque, finalmente, llegó el tan temido momento.

Y, esta vez, el temido momento en relación a Lord Tom Crug.

La noche cayó con fuerza sobre ellos. Una lluvia atroz se desató de un segundo para el otro, y cortinas de espesa lluvia y relámpagos inundaron la ciudad con violencia.

Desde el interior del hotel, parecía como si un huracán fuera a pasarlos por encima en cualquier momento. El paisaje ventanas afuera se había transformado por completo, ahora causándoles temor. No podían ver nada, más que una negrura que se rompía con las finas y marcadas líneas luminosas de los rayos ramificándose en el cielo y descendiendo hacia tierras no tan lejanas, haciendo temblar los vidrios con el impacto del estruendo.

El agua caía con vehemencia inundando todo afuera. La luz del hotel por momentos se iba, dejándolos en absoluta oscuridad, y regresaba a los pocos segundos.

El cabello pelirrojo oscuro de Lily se alumbró con el brillo de un rayo, en un momento, al tiempo que la hermosa bruja alzaba sus ojos verdes mirando el techo, que acababa de recuperar la electricidad. Hermione se acomodó el cabello, que ya le llegaba por la espalda, y finalmente lucía como había sido toda la vida, antes de aplicarse esa tintura mágica imposible de quitar. Lucía nerviosa también.

Harry estaba sentado observando su varita, concentrado mientras pasaba sus dedos sobre ella.

Estaban en aquel clima de silencio, con un pequeño puñado de otros huéspedes que descansaban en esa sala del hotel, sobre algunos sofás. Acababan de comer y estaban sentados allí en ese espacio común, un rato antes de ir a la cama.

En medio del tétrico momento de lluvia, silencio y ambiente desolado, el televisor muggle que tenían más cerca, que había estado apagado hasta ese momento, de pronto se encendió.

Harry aun miraba su varita. No levantó la mirada, pero una sensación extraña le recorrió el cuerpo en ese preciso instante. Mientras aún acariciaba su varita, empezó a levantar la mirada, muy lentamente, hasta la pantalla del televisor.

Lord Tom Crug le devolvió la mirada del otro lado de la pantalla.

Todos contuvieron el aliento, mirando el televisor. Tanto ellos tres como los muggles y una familia de magos con niños pequeños, que estaban allí con ellos.

-Buenas noches -saludó Voldemort, sonriendo con maldad. Tenía su cabello negro un poco más largo que en sus años en Hogwarts. Recordaba a la época en que Harry lo vio visitar a Hepzibah Smith, esa mujer descendiente de los Hufflepuff a la que le robó la copa que luego transformaría en un horcrux. Sus mejillas estaban hundidas, pero lucía muy atractivo igualmente. Su rostro, sin embargo, dejaba ahora a la luz la misma maldad que había exhibido en la Antártida, cuando toda la oscuridad dentro suyo emergió y dejó ver lo que había detrás de ese rostro atractivo.

Lily, Harry y Hermione se quedaron petrificados, sus miradas clavadas en el televisor.

-Es un placer estar nuevamente en vivo en una transmisión para todo el mundo mágico, y también el muggle -dijo Voldemort, remarcando esa última parte-. Ya no tengo resentimiento con la gente muggle, así que no se asusten. Mis prioridades ahora son… otras, podríamos decir.

Empezó a caminar por un lugar oscuro, en el que se encontraba. La cámara se movió y se pudo ver, alrededor de él, lo que tenía apariencia de ser un cementerio. No llovía en ese lugar en el que estaba el mago oscuro. Iba caminando entre medio de lo que pronto quedó claro que eran lápidas, su cabeza ligeramente gacha, su mirada en el suelo, mientras hablaba.

-Solo te quiero a ti, Potter -dijo Riddle entonces, alzando la mirada hacia la cámara-. Creo que hemos retrasado bastante el momento, ¿no lo crees? Me veo forzado a hacer una transmisión en vivo para todo el mundo, solo para que tú me oigas. Debo admitir… que te he perdido el rastro. No sé exactamente dónde estás en este momento.

Había un silencio atroz en el hotel, incluso más que antes. La familia de magos que tenía dos niños pequeños estaban sentados en un sofá cerca de ellos. La madre de los niños empezó a girar la cabeza lentamente hacia Harry, con mucho miedo.

-Sé que crees que has vencido un par de batallas, en este universo -dijo Riddle-. Crees que me venciste en nuestro último encuentro, pero no fue así. Te dije que tu magia blanca no evitaría que te mate. Y te puedo asegurar que será así. Creíste también que venciste a mi fiel servidor y mi mejor mortífago estos días, Draco Malfoy. Pero también te equivocaste con eso.

Entonces, la cámara amplió la perspectiva, quitando zoom y mostrando más lo que había en torno a Voldemort. No solo había lápidas y lo que sin lugar a dudas era un cementerio enorme, sino que Draco Malfoy caminó dentro del ángulo de la toma, siendo visible y revelándose allí, con el rostro serio y los brazos cruzados, a la izquierda de Riddle.

-¿Qué? -dejó escapar Hermione, en un hilo de voz.

-Es gracioso -dijo Riddle-. Porque en este momento, los guardias de Azkaban deben estar mirando a Malfoy dentro de una de sus celdas, y preguntándose, ¿qué es lo que está pasando? -rio-. Pues lo que está pasando, déjenme informarles, es que he desarrollado una nueva magia en mi repertorio.

Lily se puso tensa en su asiento, abriendo mucho los ojos.

-Ahora puedo duplicar personas -explicó Voldemort, mirando directo a la cámara-. Así es. El cuerpo que tienen encerrado en la prisión de Inglaterra está controlado por nosotros por una imitación de Malfoy que no es real, es uno de mis superis, un cadáver de Malfoy reanimado y controlado por nosotros. Duplicamos su cuerpo, y la copia que quedó muerta, sin alma, fue convertida en un superi. La original de él está aquí conmigo, como siempre lo ha estado.

Hizo una pausa antes de continuar. Y, entonces, sorpresivamente, añadió:

-Tu madre no es la única bruja que puede hacerlo, Potter.

Lily se tapó la boca con una mano, horrorizada.

-¿Cómo…? ¿Cómo lo supo? -gimió.

-¿Piensan que pueden engañarme? -agregó Voldemort, acercando su temible rostro a la cámara-. Yo lo sé todo. No puedo ser engañado. No puedo ser derrotado. Mi poder es superior al de todos ustedes.

En ese momento, unas personas cuyo rostro no se distinguía empezaron a caminar tras él y Malfoy, llenando el lugar, muchos de ellos, aunque la cámara estaba muy cerca de Voldemort para distinguir a los demás.

-Luego de que la fuerza oscura tomara control de mi cuerpo -dijo Voldemort-, un conocimiento vino a mí también, traído por los mismos destructores del Universo 3. Con él, supe de la existencia del multiverso mágico, y cómo viajar por él. Así, pude conocer muchos universos diferentes, pude practicar mi nueva magia en ellos.

"Pero, además, supe del futuro. Supe cómo mis propios errores me llevarían a la destrucción ante un niño como tú. En mi futuro, cometí varios errores. Voldemort los cometió. Todo mi plan de conservarme a mí mismo con horcruxes era una equivocación, ahora puedo ver. Dejarme llevar por el contenido de una simple profecía… Y, finalmente, no tener en cuenta la magia antigua, como la que tiene tu madre.

"¿Alguna vez te contó tu madre, Potter, cómo fue que logró vencerme aquella vez, cuando te ataqué con un maleficio mortal, teniendo tú solo un año de edad?

Harry no miró a Lily. Solo miró el televisor, respirando agitado. No pensaba darle la oportunidad de creer nada de lo que él dijera.

-Claro que no. Te han dicho que fue magia antigua, y luego te dijeron cómo fue que una parte de mi alma terminó en ti, y todo eso. Pero nadie te contó nunca la verdad sobre ese hechizo. Nadie jamás te reveló en detalle qué era ese hechizo antiguo que usó tu madre para causarme la muerte, ese día.

"Pues te lo diré, aunque sea a través de una pantalla, porque no eres lo suficientemente valiente para venir a buscarme -dijo él, con malicia en su voz, y con la astucia y manipulación que tanto caracterizó a Tom Riddle a lo largo de su vida-. Tu madre sabía magia antigua, claro. Es uno de los tantos poderes que aprendió en su juventud. Esa magia antigua, esa legeremancia antigua, para ser más exactos, le permitía duplicar a una persona, crear una copia de ella. También le permitía mover a una persona, llevarla de un lugar a otro. Seguro estarás familiarizado con el poder, Potter -explicó, como si estuviera dando una clase en Hogwarts-. No es nada extraño, no es nada súper poderoso. Ella no es ninguna bruja superdotada. Yo solo fui ciego, y no pude ver el hechizo que estaba colocando sobre mí.

"Lo que ella hizo, específicamente, fue colocar una trampa en esa habitación, donde estaba tu cuna. Un hechizo antiguo de legeremancia que funciona incluso después de la muerte del mago que lo ejecutó. Yo no lo vi. De esa forma, cuando lancé el maleficio asesino, lo que ocurrió fue simplemente… Que mi cuerpo fue transportado unos metros adelante, ante tu cuna. ¿Lo entiendes, Potter? El hechizo que te lancé jamás rebotó. Esa cicatriz en forma de rayo no fue producto de un hechizo rebotando contra ti. No existe tal cosa. Cuando un Avada Kedavra golpea a un mago, lo mata. No hay excepciones.

"Lo que ella hizo fue colocar una trampa, que al lanzar un maleficio adelanta al agresor unos metros adelante, hacia donde está yendo el hechizo. Lo transporta. Lo hace aparecer más adelante, para que sea golpeado por su propio hechizo. Es simplemente la misma magia de aparición que le permite transportar personas involuntariamente de un lugar a otro. El hechizo jamás te dio a ti. Voldemort lo lanzó, y el hechizo de tu madre transportó a Voldemort unos metros adelante involuntariamente, ante la cuna, para que él mismo recibiera su propio hechizo mortal. Y así murió.

"La cicatriz que tienes… o más bien que tenías, en la frente, con forma de rayo, no fue producida por un maleficio asesino, como te hicieron creer. Fue producida por un horcrux ingresando a tu cuerpo, por la cabeza. Eso suele ocurrir cuando los horcrux son realizados en seres vivos. Nagini tenía una cicatriz también. Ahora lo entiendo, finalmente.

"Así que, ahora que tú también lo sabes, tu madre ya no es la gran cosa, ¿verdad que no? Simplemente fue un error. Un error de Voldemort que hubiera sido muy, muy fácil de evitar si solo hubiera estado un poco más concentrado. Solo era un hechizo simple de legeremancia que mueve a un mago desde un lugar hacia otro. Solo eso.

Harry miró lentamente a un lado. Lily lloraba en silencio, y miró a Harry de una forma que le indicó que aquello era cierto. Lo que Voldemort decía era verdad.

"Pero yo no soy Voldemort. Soy Lord Tom Crug, y yo no cometo errores. Yo no puedo ser burlado por trucos tontos como ese. Yo también puedo hacer legeremancia. Así fue como supe toda la verdad de tu madre, y como pude encontrarte antes, y jugar contigo. Y ahora, Potter, déjame mostrarte qué más puedo hacer con mis poderes…

La cámara se alejó hacia atrás, exhibiendo a las demás personas que habían aparecido allí en el cementerio, detrás de Crug.

Harry dio un respingo en su asiento. Eran todas copias de él mismo, de Ron y de Hermione. Había al menos cinco versiones de cada uno. Todos miraban hacia adelante, de forma inexpresiva, igual que como había ocurrido en la Antártida con las copias de Lily, James y Fred.

-Ahora, voy a contarte algo -dijo Riddle, que, si no me crees, puedes comprobar con tu madre. No es posible hacer copias de magos o brujas, como hice con Malfoy, como tu madre hizo consigo misma, con tu padre y aquel Weasley, si no tienes capturado al mago o bruja, si no lo tienes ante ti, sometido. Así que te preguntarás, si yo jamás te he capturado… No este año, al menos… Entonces, ¿cómo puede ser que tengo detrás de mí a varias versiones de tu mugroso cuerpo, del de Ron Weasley, y del de Hermione Granger?

Harry respiraba agitado, sintiendo sus venas latir con ira.

-Pues es simple -explicó él, sonriendo-. Son de otro universo, Potter. Ya te dije que puedo viajar por los universos, ¿verdad? Este Harry de aquí fue muy, muy fácil de capturar. Ni te imaginas lo fácil que fue. Esta Hermione de aquí… -caminó hacia una Hermione que estaba tras él, y le acarició una mejilla, sonriendo. Harry apretó su varita con tanta ira que pensó que la partiría en dos. -Esta belleza de Hermione fue tan fácil de capturar, que Malfoy casi pensó que estaba ofreciéndose de voluntaria para venir con nosotros.

Empezó a reírse, con esa risa diabólica que tenía.

-No te preocupes por ellos, Potter -siguió, sonriendo al televisor-. Están todos muertos. Ya no habrá más de ellos en sus universos. ¿No te dije que no iba a matarte solo aquí, sino en todos los universos? Pues ya lo hice, en varios de ellos. Mi venganza es multiversal, Potter. Y, como puedes ver, ya tuve éxito en muchos universos. Como sé lo mucho que estimas a tus amigos, no me limité a matar a sucias versiones tuyas. Todos estos Weasley y Granger que ves aquí murieron primero. Obligué a estos Harry de aquí a ver cómo los mataba, luego de torturarlos, claro, antes de darle el gran placer de morir él también.

La mujer con los niños que estaba junto a ellos tapaba los ojos y oídos de sus hijos, pero seguía allí, mirando el televisor, boquiabierta. Algunos de los muggles en la sala del hotel ya habían señalado a Harry, asustados, reconociendo que el mensaje en el televisor estaba dirigido a él, y habían huido de allí, con miedo de que algo pasara en el hotel.

-Ahora son solo superis, cadáveres -dijo Riddle, hablando de una forma tranquila y parsimoniosa que provocaba ira en extremo-. Como te decía, Potter, esta vez ya no cometo mis errores del pasado… ¿O debería decir futuro? Verás, mi primer error había sido usar horcruxes. Pues ya no necesito eso. Ahora que sé que tengo una fuerza del mal dentro mío, nacida con la misma creación del universo, de mi universo, sé que nadie podrá derrotarme con este poder. Mi poder es inmortal. Aunque mi cuerpo muera, la fuerza del mal dentro mío habitará otro cuerpo. Mi antigua búsqueda por la inmortalidad no tenía sentido, porque yo ya era inmortal.

"Mi otro error había sido escuchar esa profecía y tomármela en serio. Ahora sé que no es necesario. Solo se basaba en un acontecimiento que tuvo lugar por mis propios errores, y buscar la profecía fue de hecho uno de ellos. Lord Tom Crug ya no comete errores. Así que no es necesario.

"Finalmente, mi último error fue no poder anticiparme al tonto hechizo de legeremancia de tu madre que transportó mi cuerpo hasta adelante, para que mi propio hechizo impactara contra mí mismo. Ahora no puede pasar nada así, porque me sé los hechizos de tu madre como la palma de mi mano.

Dicho eso, Riddle agitó su varita y uno de los Harry allí presentes empezó a temblar. Empezaron a brotarle cosas extrañas de su cuerpo, como burbujas en toda la piel. Pronto, una segunda cabeza salió de su cuello, y un tercer brazo del torso. Poco después, otro Harry idéntico a él apareció junto a ese. Una copia. Al instante, cayó al suelo inmóvil. Porque era solo un cuerpo muerto, sin alma. El otro Harry quedó intacto. Pero, poco después, Voldemort agitó su varita nuevamente y el Harry muerto en el suelo se levantó, lentamente, poniéndose de pie con la misma mirada inexpresiva que el otro. Lo había convertido también en un superi.

-Hay mucho más que puedo hacer, Potter -con otro movimiento de varita, hizo que una nueva persona entrara en escena: Una Lily. -Esta la saqué del universo 65, o algo así -dijo él, fascinado ante la obra de teatro montada por él mismo, con todos esos cuerpos como marionetas moviéndose por ese cementerio-. Es tu madre, mira qué bella es… Está muerta, ¿sabes? La maté en ese universo, y la traje muerta a este. Mira todo lo que puedo hacer con ella, ahora que yo la controlo…

Lo siguiente fue algo horrible y terrible de ver. Riddle, sin dejar de reír a carcajadas, hizo que esa Lily superi se quitara toda la ropa, hasta quedar completamente desnuda. La bruja lo hacía de forma ausente, su mirada inexpresiva. Luego de eso, varios de los Harry que estaban en el cementerio se acercaron a ella y empezaron a besarla en los labios y en el cuerpo, mientras se quitaban la ropa también.

La familia de magos junto a ellos se puso de pie de un salto. La madre gritaba horrorizada, los niños querían ver qué estaba pasando, y el padre les tapaba los ojos mientras los sacaba de allí, apresuradamente. Finalmente, todos dejaron la sala, dejaron el hotel, y dejaron solos a Harry, Lily y Hermione, que miraban la pantalla del televisor sintiendo asco y repulsión por lo que Riddle estaba haciendo.

Harry mismo se planteó irse de allí, dejar de ver aquello. Era simplemente demasiado. Ahora tres Harry estaban teniendo sexo con esa Lily, de forma salvaje y violenta, penetrándola entre todos, en una orgía, en medio del suelo del cementerio, con Riddle riendo como un enfermo psicópata junto a ellos, mientras movía su varita, ocasionando él mismo los movimientos.

-¡Qué hermoso! -gritaba, fascinado y riendo a carcajadas. Malfoy, a su lado, tenía el rostro serio e inexpresivo. Casi parecía otro superi. No miraba hacia la escena que tenía lugar a su lado, sino hacia otro lado.

Voldemort rio, e hizo que los Harry tuvieran sexo con Lily de forma cada vez más salvaje, de forma oral, anal, y golpeándola mientras lo hacían.

Hermione se tapaba la cara con las manos. La Lily auténtica, junto a Harry, tenía la cabeza gacha y parecía a punto de desmayarse en cualquier segundo.

Como Harry fue el único que siguió mirando el televisor, decidido a que Voldemort no lograría su cometido, que no lograría hacerlo enloquecer con aquello, contempló aquella aberrante escena tratando de mantener presente, en cada segundo, que no era más que un acto ocasionado por Voldemort, una obra de teatro con marionetas. Sin embargo, todo pasó a otro nivel de morbosidad y crudeza cuando los Harry que penetraban a Lily empezaron a arrancarle partes de su cuerpo con dagas y hachas, y lanzarlas por los aires.

Harry frunció el ceño, sintiendo arcadas. No podía seguir viendo aquello. Era más que demasiado. Era demasiado horroroso y siniestro.

Cuando el cuerpo de Lily quedó convertido en pedazos, los tres Harry empezaron a tener sexo entre sí, y se mutilaron los cuerpos entre ellos también, hasta que no hubo más que una pila de cuerpos desmembrados sangrando en el suelo del cementerio.

-¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡JA! -reía Voldemort, con una diversión enfermiza que no parecía diversión sino más bien locura absoluta. -¡MIRA ESO, POTTER! ¡MIRA CÓMO JUEGO CON TU CUERPO! ¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡JA!

Cuando acabó de reír, Riddle se puso serio de un segundo para el otro, y miró a la cámara con los ojos muy abiertos.

-Tú eres el que sigue, Potter -dijo, de forma enferma-. Ninguno de estos pudo contra mí. Estas versiones tuyas de otros universos, que tienen el mismo pode que tú, murieron todos contra mí. Ninguno pudo vencerme… Pero, si crees que tú sí podrás, hay una sola forma de averiguarlo.

Se relamió los labios, con psicosis.

-Encuéntrame aquí, en este cementerio de magos que se haya en el barrio mágico de la ciudad de San Salvador, en El Salvador. Vine aquí porque calculo que debes andar por alguno de estos lugares, ¿me equivoco? Pero no seré yo quien vaya a ti. Tú vendrás a mí. Si realmente tienes la valentía para enfrentarme.

"Lamentablemente, Potter, tus amigos no están invitados esta vez. Esto es entre tú y yo. El sábado 30 de mayo, a las 21 horas, te estaré esperando aquí, en el centro del cementerio. Nadie más que no seas tú podrá pasar las verjas de entrada al cementerio, porque mis hechizos no se lo permitirán. No tiene sentido que veinte mil aurores intenten ingresar, porque no podrán.

"Si eres valiente, Potter, nos encontraremos ese día. Y mi venganza, finalmente, llegará a su fin.

"Creíste una vez que me habías vencido, Potter… Pero mira lo que hago con todas estas versiones tuyas que capturé de otros universos.

Con una sacudida de varita violenta y furiosa, Voldemort hizo que todos los cuerpos que quedaban de pie allí tras él, tanto de él como de Ron y de Hermione estallaran en pedazos, partes de carne y huesos volando por los aires, la sangre salpicando todo en torno a él.

-¡AH! -dijo, relamiéndose entre la sangre que le llovía encima-. ¡SEGURO PIENSAS QUE DUMBLEDORE TE SALVARÁ, COMO ANTES! ¿NO ES ASÍ? SI YO SOY UN JOVEN VOLDEMORT, UN JOVEN DUMBLEDORE ME MATARÁ. ¿VERDAD? YA LO HE PENSADO. MIRA A MI OTRO INVITADO.

Malfoy lanzó ante la cámara, de pie entre los trozos de cuerpos, a la versión joven de Dumbledore, aquella que vivía en ese universo y que habían conocido meses atrás. Lucía inexpresivo también.

Con otro movimiento de varita, Riddle lo hizo estallar en pedazos a él también.

-Y ahora, para terminar… -dijo, con locura-. ¡Una última demostración, con un grupo de niños de esta ciudad, de San Salvador!

Como si no hubiera sido suficiente con aquello, la cámara giró ciento ochenta grados y pudieron ver un grupo de al menos cincuenta niños de menos de diez años, todos de pie con miradas inexpresivas, entre las tumbas, y el corazón de Harry dio otro salto.

Los ojos de Harry se empañaron cuando el reflejo del televisor en ellos mostró un mar de sangre al tiempo que todos los niños morían mutilados a la vez, en otra gigantesca explosión de sangre.

La cámara volvió a girar hacia Riddle.

-Si eres valiente, Potter… Entonces, nos veremos el 30 de mayo.

Con una macabra y desquiciada risotada, agitó la varita por última vez, y la transmisión en vivo terminó.

El televisor se apagó, y los tres quedaron sumidos en un silencio atroz y total. La lluvia había terminado, y no había nadie más que ellos en esa parte del hotel. Hasta los empleados parecían haberse ido, por temor a que Riddle apareciera de pronto en el hotel y empezara a destruirlo todo.

Lily finalmente abrió la boca y empezó a vomitar, sin poder contenerse. Harry quiso ayudarla, pero ella le indicó con la mano que no era necesario.

-Estoy bien -dijo, aunque lucía muy pálida.

Hermione se quitó las manos de los ojos, finalmente. No dejaba de temblar y sacudirse.

-Ignórenlo -dijo Harry, aunque ni siquiera él podía dejar de temblar, más por ira que por otra cosa-. Este es el efecto que él está buscando… Está buscando que nos pongamos así… Él…

Pero no pudo seguir hablando, porque le temblaban los labios y no le salían las palabras. No podía respirar con normalidad, y las imágenes de todo lo que acababa de ver seguían dando vueltas en su cabeza.

-Necesito tener a este bebé -dijo Hermione entonces, con un comentario que tomó a Harry por sorpresa-. Tengo miedo, Lily.

Lily alzó la mirada pálida hacia Hermione.

-Tengo miedo -Hermione derramó una lágrima, y el corazón de Harry dio un salto-. Si Riddle nos mata a todos, no quiero que mi bebé muera.

-Mi amor… -empezó Harry, tomando una mano de Hermione, y aquel comentario de su prometida fue más duro para él que todo lo que acababa de ver en el televisor-. Te prometo que…

-Lily -dijo ella, ignorando a Harry de una forma que fue como un puñal en el corazón-. Faltan dos semanas para el 30 de mayo. Quiero que hagas conmigo lo que hiciste con Jose.

Las dos chicas de veinte años se miraron fijamente, y Lily asintió. Primero, Harry no entendía de qué hablaban, hasta que finalmente lo entendió.

-Claro, Hermione -dijo Lily, acercándose a ella y tomándola de las manos-. Lo haré, por supuesto que sí.

Harry entendió que Hermione quería adelantar el embarazo, tener a su bebé ahora, antes del 30 de mayo, con la magia que solo Lily sabía hacer y que ella misma había utilizado con Jose.

-Lo haremos -dijo Lily, asintiendo.

Harry se puso de pie y caminó lejos de ellas.

Todo aquello había adquirido un nuevo nivel.

Ahora sabía cuándo sería el momento, cuándo llegaría exactamente, y sabía también qué debía hacer cuando finalmente llegara.

Sin embargo, algo en su pecho había despertado. Algo que antes no estaba allí:

Miedo.

Riddle de verdad había matado a otras versiones suyas, de otros universos. Incluso había matado al Dumbledore de ese universo, el último que quedaba vivo allí, que Harry supiera. Si aquellos no habían podido sobrevivir… ¿Cómo sabía que él sí podría?

Esto desencadenó toda una serie de pensamientos en Harry. Anteriormente, cuando lucharon la batalla de los universos, fueron cientos de magos luchando a la vez contra una sola Jean, y así lograron vencerla. Incluso Hermione, la que finalmente destruyó a la que pensaron era la última fuerza del mal que quedaba, tuvo que sacrificarse para vencerla, y con una conexión de varitas similar a la que Harry una vez había usado con Voldemort que parecía solo ocurrir cuando había una conexión entre las varitas o los magos. Claramente, en esa ocasión, al tratarse de dos Hermione, de la misma persona, la conexión había existido por eso, y fue esta la que le permitió a Hermione destruir a su versión malvada.

Pero ahora Harry no usaba la misma varita que años atrás, sino una que había conseguido nueva en la época de la Cacería de Brujas. No tenía conexión con la varita de Voldemort, y tampoco tenían un pedazo de alma en común como antes. No había nada.

Solo eran dos magos, diferentes, luchando uno contra el otro. Riddle no dejaría que nadie más ingresara en ese cementerio, así que dependía completamente de Harry.

Y tenía miedo que eso no iba a ser suficiente.

Si alguna vez en la vida, en el año, o en lo que iba de ese viaje, dos semanas habían pasado rápido, jamás pasaron tan rápido como esas dos semanas.

Cuando Harry se quiso acordar, ya era sábado 30 de mayo, y él estaba en la ciudad de San Salvador, con una Hermione que tenía panza de nueve meses de embarazo, desarrollada en solo dos semanas. Y estaba por parir en pocas horas.

Cuando la chica perdió la bolsa, Lily y él la llevaron rápidamente al hospital de ese barrio de magos. Allí, unos sanadores atendieron a Hermione y la llevaron a una sala. No había pasado ni una hora de aquello, que Hermione dio a luz.

Harry no podía creerlo. Dos semanas atrás, se suponía que faltaban ocho meses para aquello. Pero ahora, tenía a su bebé en brazos, y ella era una niña, una bebé hermosa, que le sostenía un dedo con su pequeña manito y lo miraba a los ojos, sonriente.

Harry acababa de ser papá.

Cómo hubiera deseado que todo lo de Riddle hubiera terminado. Que no fuera a ocurrir ese mismo día. Pero al menos, si moría esa noche, podría morir habiendo conocido a su hija, a la criatura más hermosa que jamás hubiera visto.

-Emma -dijo Hermione, con un hilo de voz, desde la cama del hospital, tomando a la bebé nuevamente en brazos y mirándola con amor, luego de llamarla por su nombre.

Lily y Harry estaban juntos a un lado de la cama. Harry alzó la mirada, y ante él vio a James, a Sirius y a Lupin, que estaban del otro lado. Todos se habían aparecido en San Salvador un par de días atrás, para estar con Harry y Lily en aquel momento. Fred había regresado a Inglaterra, con los demás Weasley, ya que consideraron que no tenía sentido que siguiera escondido.

Riddle parecía ya haber hecho todo el daño que quería hacer, y solo le restaba, una vez más, el golpe final contra Harry. No creían que fuera a haber más sorpresas de su parte hasta esa noche.

James besó al bebé, y luego se acercó a Harry y lo abrazó también, de forma paternal.

-Jamás creí que sería abuelo con veinte años -bromeó, tratando de aliviar las tensiones-. Pero me alegra serlo, de verdad.

Luego se acercó a Lily y le besó la cabeza. Ella alzó la mirada y lo besó en los labios. Sirius se acercó a Harry y le dio unas palmadas de afecto en el hombro. Ya todo estaba bien entre ellos.

-Estamos orgullosos de ustedes, chicos -les dijo, mirando a Harry y luego a Hermione.

El señor y la señora Granger estaban a los pies de la cama también. Los habían ayudado a llegar allí mediante aparición, hecha por Lily. También los felicitaron, muy conmovidos.

Todo ese bello momento familiar terminó muy pronto, sin embargo. Toda la magia de tener a Emma, su recién nacida bebé, en brazos, terminó demasiado rápido para Harry.

Porque James, Sirius, Lupin, los Granger y Lily se llevaron a Hermione y a la bebé a un lugar seguro, una casa oculta mediante un encantamiento Fidelio de la cual Harry no sabía la ubicación.

Lo habían planeado así, para que Riddle no pudiera sacar la ubicación de Harry. Ni siquiera sabía si estaba allí, en El Salvador, o en otro país.

Todo lo que Harry sabía era que todas esas personas de confianza ahora estaban a salvo, en una casa, en una ubicación desconocida, para proteger a Hermione y a la bebé. Ninguno fue con Harry, porque no tenía sentido. Harry les aseguró que Riddle no se andaría con vueltas. No mentiría. Si dijo que nadie más podía cruzar las verjas de entrada al cementerio, era porque así era.

Aunque algunos discutieron y quisieron ir con él, finalmente entendieron que Harry tenía razón.

De esa forma, a las ocho y media de la noche del sábado 30 de mayo, Harry se encontró a sí mismo caminando solo por las oscuras calles nocturnas de la ciudad de San Salvador. Pasó frente al Palacio Nacional de El Salvador, y la iglesia El Rosario. No había un alma por allí. Normalmente, imaginaba que toda esa ciudad debía estar más poblada. Pero como todo el mundo, gracias a la transmisión de Riddle, sabía que una batalla tendría lugar allí esa noche, habían evacuado todo, y no había gente en las calles.

La iglesia El Rosario, de forma semi cilíndrica y muy moderna, estaba vacía, y no había nadie en la calle ante ella. Lo mismo con todos los demás lugares. Harry se internó nuevamente en el barrio mágico y caminó por las oscuras y desiertas calles hacia el cementerio.

Con cada paso, sentía el peso de lo que le venía encima acercarse.

Con cada paso, estaba más cerca de su destino.

Finalmente, a las nueve menos cinco, llegó ante la entrada del cementerio, y respiró hondo. Sujetó la varita con fuerza, y puso la otra mano en el frío metal de las verjas de acceso.

La hora había llegado.