47. San Salvador, SV

Harry caminó por el cementerio, dando un paso tras otro entre las lápidas, alerta, mirando alrededor. Esperando una sorpresa, un crujido de ramas secas en el suelo de tierra.

Avanzó hasta llegar a la mitad del cementerio, al centro mismo, o lo que parecía ser eso. Era difícil estar seguro, siendo un lugar tan amplio. Las inscripciones en las lápidas referían a antiguas familias de magos de Centroamérica. Los apellidos parecían ser de otros países también. Seguramente se trataba de uno de los cementerios de magos más grandes en esa parte del mundo, y habría familias de varios países allí…

La oscuridad lo rodeaba, así como el silencio. Harry hizo un encantamiento lumos y apuntó alrededor, mientras andaba entre las tumbas, despacio.

No había rastros del desastre que había hecho Riddle en la transmisión en vivo. Tampoco había personas allí, ni magos ni muggles. El encantamiento debía estar aplicado, como había dicho. Nadie más que no fueran ellos dos podría entrar ahí.

Harry respiró entrecortadamente, esperando la aparición de Riddle. Sabía que ocurriría, estaba seguro. Ya eran más de las nueve. El retraso no podía deberse a otra cosa más que el hacerlo esperar a propósito, para ponerlo nervioso, para jugar con él, como había venido haciendo todo el año, jugando trucos para torcer su mente, para volverlo loco.

Caminó más al centro del cementerio, empezando a ponerse nervioso. Sentía los latidos de su corazón acelerarse, la luna llena brillaba en el cielo, un susurro parecía resonar en sus oídos.

¿Era real, se lo estaba imaginando?

Miró hacia un lado, apuntando su haz de luz hacia allí. No había nada más que tumbas y lápidas sombrías iluminadas solo por el blanco resplandor del hechizo de Harry, entre medio de la oscuridad de aquel tenebroso lugar.

Una especie de voz susurrada parecía llegar desde algún lado. Luego seguía de largo y se perdía entre las lápidas, como el siseo de una serpiente, retorciéndose entre las tumbas a sus pies.

Apuntó en otra dirección. No había nadie allí tampoco. Solo unas viejas lápidas. Aquella parecía ser una zona con lápidas particularmente viejas y desgastadas. El haz de luz de la varita de Harry alumbraba solo una parte de la hilera de lápidas, y todo alrededor seguía estando oscuro, donde solo llegaba débilmente la luz de la luna entre los retorcidos árboles pelados.

Giró a otro lado. Y luego a otro.

Harry empezó a girar apuntando su luz en todas direcciones, el corazón latiendo a toda prisa, el susurro creciendo en su cabeza, la luna en lo alto emergiendo, las lápidas murmurándole algo, unos pasos acercándose a toda prisa, las ramas de los árboles retorciéndose en la noche, los muertos bajo él moviéndose en sus tumbas, una risa lejana, un escalofrío llegándole en la nuca…

Cuando volvió a girar y apuntar su haz de luz detrás de sí, la varita de Harry iluminó el sonriente rostro de Tom Riddle.

Harry tropezó hacia atrás por el susto, y casi cae al suelo.

Se incorporó de nuevo rápidamente y apuntó a Riddle, que reía ante él. Al instante, Malfoy apareció también tras él, caminando lentamente y apareciendo por detrás de un panteón.

Harry se mordió los labios y los apuntó firmemente, tratando de mantenerse sereno, de respirar de forma normal, de no dejarse llevar por la situación.

Todos los susurros en el aire parecieron intensificarse a medida de Riddle tomaba su varita con unos dedos largos que pasaron por encima de ella, acariciándola, como si estuviera acariciando a una mascota; unos dedos que ya eran finos y largos antes de que este regresara en su persona calva y de ojos rojos, incluso en esa versión más joven. Su rostro, sin lugar a dudas, inspiraba el mismo miedo. Su risa se oía igual o más cruel que cuando Harry lo había conocido antes. La maldad en sus ojos, aunque estos no fueran rojos ahora, se veía más intensa inclusive. Ya no había rastros de aquella seducción que el joven Riddle inspiraba en sus profesores y en otras personas. La expresión de su rostro marcaba toda la diferencia: Ahora la bestia estaba suelta, no amarrada en su interior. Ahora, su rostro exhibía la podredumbre que había por dentro. Ahora, la psicosis estaba allí, en sus ojos.

-Felicidades -dijo, hablando con una voz como un susurro agudo, en un tono bajo, con una mueca en la cara que mostraba su faceta más psicópata-. Veo que eres padre ahora.

Harry respiraba con ira y miedo, todo a la vez. Convocó de su interior la valentía que caracterizaba a un Gryffindor, tratando de concentrarse en eso. Luego recordó que Hogwarts ya no existía, y por ende tampoco Gryffindor.

-Oh, sí, lo sé todo -dijo Voldemort-. Mi poder en la legeremancia ha aumentado últimamente. Puedo ver la mente de aquellos que te rodean. Sé que ha nacido tu hija, Emma. Muchas felicidades. ¿Sabes? Nunca he disfrutado matar bebés… Es tan… -hizo un movimiento con la mano, como buscando la palabra-. Tan fácil -dijo, finalmente-. No ponen una expresión de miedo al verte, ni nada. Simplemente son muy pequeños para pensar con claridad. No encuentro satisfactorio el asesinato de bebés. No me llena por dentro. Aun así, Harry, creo que sí voy a disfrutar mucho cuando tenga el pequeño cuello de Emma en mis manos…

Sus labios se torcieron en una malvada sonrisa. Malfoy, tras él, no decía nada, estaba quieto y cruzado de brazos. Harry no dijo nada tampoco. Se lo quedó mirando, directo a los ojos, aún apuntándolo con la varita.

-El encantamiento Fidelio que hicieron no durará mucho -dijo, y Harry supo que lo hacía a propósito, para demostrarle que realmente sabía todo, que tenía el poder que decía que tenía para leer las mentes-. No tengo la ubicación, pero no será difícil de averiguar. No sabes lo fácil que caen los encantamientos Fidelio, Harry. Siempre alguno de los guardianes del secreto acaba hablando. La mayoría no resiste más de dos o tres cruciatus.

Empezó a reír de esa forma tétrica y sin gracia que tenía, forzada. No reía con todos los músculos de la cara, sino que la mayoría permanecían impasibles. Parecía una risa forzadísima y poco creíble.

-Pero basta de charla -dijo entonces, y levantó su varita él también, apuntando a Harry directo al pecho-. ¿Tienes algunas últimas palabras, antes de morir?

Harry no dijo absolutamente nada. Solo se concentró, buscó la fuerza en su interior para lo que se venía, y no le siguió el juego en lo más mínimo. No pronunció una sola palabra.

-Bien, mejor así -Riddle quedó sonriendo, la varita apuntándolo, así como la de Harry lo apuntaba a él-. Harry Potter…

Se lo quedó mirando, con una mirada desquiciada en el rostro.

-Una vez más, el niño que sobrevivió…

Harry vio venir su primer hechizo, y se preparó.

-Viene a morir.

Al mismo tiempo, todos los hechizos empezaron a salir despedidos de ambas varitas, iluminando el cementerio de todos colores.

-¡AVADA KEDAVRA! -aulló Voldemort, acuchillando el aire con su varita torcida.

-¡EXPELLIARMUS!

-¡AVADA KEDAVRA! -volvió a gritar él, pronunciando el mismo hechizo una y otra vez, aunque Harry lo desviara en cada oportunidad.

-¡PETRIFICUS…!

-¡AVADA KEDABRA!

Harry volvió a desviar el hechizo. Voldemort disparaba 100% a matar, sin andarse con ninguna otra cosa. Todos sus hechizos eran desviados por Harry, cada vez con más dificultad, ya que no le daba oportunidad de contraatacar con lo rápido que lanzaba un hechizo tras otro.

-¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA!

Harry movía su brazo frenéticamente, desviando los hechizos, sin poder hacer nada más.

-¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA!

Riddle chillaba como loco el mismo maleficio, fuera de sí, estallando de la ira, con furia en la mirada, completamente sacado y desquiciado. Se notaba que, de poder golpear a Harry de una vez por todas, querría continuar lanzándole el maleficio incluso después de muerto.

Pero Harry lo aguantaba de forma impecable, con muchísimo esfuerzo, pero sin sucumbir. Desviaba todos los hechizos y trataba de dirigirlos a él, pero esto último se le complicaba mucho.

Finalmente, hubo un espacio de un segundo entre un maleficio asesino y el siguiente, y Harry lo aprovechó para saltar a un lado y correr tras una lápida. Mientras los haces de luz verde lo seguían, explotando contra las lápidas tras él, y lanzando trozos de piedra volando por los aires, Harry lanzó un hechizo por sobre el hombro, y luego otro.

Se desapareció y apareció detrás de Riddle. Pero este giró rapidísimo, con muchísima habilidad, y siguió lanzándole maleficios. No podía aparecerse, porque sus movimientos eran predecibles para el mago oscuro. Malfoy no hacía absolutamente nada, más que protegerse de los maleficios asesinos que volaban por todos lados; debía tener la orden de no interferir, ya que Riddle mismo quería acabar con Harry.

-¡EXPULSO! -bramó Harry, y al instante tuvo que defenderse de tres maleficios asesinos a la vez. Saltó a un lado, rodó por el suelo y se incorporó de un salto, esquivando rayos verdes con movimientos rápidos, algunos con la varita y otros esquivándolos simplemente corriendo y saltando, arrojándose al suelo y saltando.

-¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA! ¡AVADA KEDABRA!

-¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE!

Harry ya ni siquiera lanzaba hechizos, sino que gritaba cualquier cosa mientras movía su varita con más rapidez que nunca en su vida, completamente para defenderse de los hechizos que eran lanzados sobre él, uno tras otro, sin poder atacar.

Se dio cuenta de que no iba a ganar así. Su perdición llegaría muy pronto. La única forma era cambiar la jugada de Voldemort, cambiar de estrategia, no permitirle seguir haciendo eso que estaba haciendo.

Pero… ¿Cómo?

Luego de desviar con cada vez más esfuerzo una docena de maleficios asesinos, Harry hizo un ademán con ambas manos de arriba hacia abajo, con rapidez, desde el cielo hasta el suelo. Luego saltó a un lado y giró en el aire, ayudado con su varita para poder impulsarse en el aire como un resorte, para esquivar varios otros maleficios asesinos.

Con el movimiento que logró hacer, un océano de agua conjurado por él mediante magia cayó del cielo sobre ellos.

El río de agua los bañó y empezó a correr entre las tumbas, como un río gigante. Riddle fue tomado un poco por sorpresa por esto, pero no lo suficiente para que Harry pudiera atacarlo.

Siguió lanzando maleficios asesinos, entre medio del agua, y Harry se apareció en otra esquina tras él, donde no había agua; pero este giró demasiado rápido hacia allí y lanzó diez maleficios asesinos a la vez, que no se acercaron a Harry en línea recta sino en espirales, girando entre sí, haciendo más difícil que Harry los golpeara con el encantamiento para desviarlos y lanzarlos por el aire hacia su contrincante.

Este apenas se movía en el lugar, mientras que Harry corría y saltaba por todos lados, esquivando los maleficios.

Seguía perdiendo.

Harry miró hacia arriba. Quiso conjurar algo más, pero ni siquiera podía pensar qué. Riddle estaba teniéndolo muy ocupado esquivando sus hechizos, sin dejarlo ni pensar.

Entonces, Riddle lanzó varios tipos de encantamientos diferentes a la vez, sorpresivamente. Harry desvió todos los que tenían luces verdes, pero no llegó a esquivar uno de los otros, que lo envió despedido por el aire volando hacia atrás, por encima de varias lápidas y hasta golpear contra la pared de un panteón a unos metros de distancia y caer al suelo.

Harry quedó allí tendido en el suelo. Le llegó a los oídos la lejana risa de Voldemort, cruel y despiadada. Mientras buscaba fuerzas para ponerse de pie, las carcajadas de Voldemort llevaron toda una serie de imágenes a su mente.

Vio a Luna, muriendo en otro universo para que su cuerpo fuera usado como un engaño hacia él. Le vino la imagen de los Harry, Ron y Hermione de otros universos muriendo asesinados por él, para que luego sus cuerpos fueran también usados como marionetas para montar un show. Se cruzó por su mente la imagen de Lily, James y Fred siendo raptados de la casa en Golden Hill, y Lily desesperadamente usando sus poderes para escapar y recluirse por un año en una isla. Todos los trozos de pergamino en las pepitas de oro cruzaron por su mente, diseñados para engañarlos y confundirlos. El montaje realizado en la Antártida, donde se burlaron de Hermione y él en vivo para todo el mundo… Las muertes de todos esos niños, de los que también se burló.

Todo pasó volando por la cabeza de Harry en una fracción de segundo, en esos instantes en que estuvo tendido en el suelo, sobre la fría tierra removida del cementerio. La imagen de Ron en el hospital, de Hermione siendo engañada para encontrarse con Malfoy en Asia, las imágenes de aquellas otras versiones suyas teniendo sexo con su madre para luego descuartizarla…

Riddle reía a carcajadas, del otro lado del panteón. Harry vio en su mente a Hermione llorando y pidiendo por favor tener antes a su hijo, por miedo a que Riddle la asesinara antes de eso, para que, si ella moría, el niño sobreviviera. Luego sintió la pequeña manito del bebé, de su bebé, en su mano aquella tarde, mientras lo miraba con unos ojos que habían salido idénticos a los de Hermione.

Finalmente, cruzó rápidamente ante sus ojos la imagen de todos sus conocidos escondiendo a Hermione para que Riddle no la asesinara, a ella y a Emma, la bebé. Todos huyendo de él con temor, en el mismo día de nacimiento de la niña, huyendo y escondiéndose de la bestia asesina…

Mientras Riddle reía una y otra vez, con crueldad, Harry se puso de pie.

Respirando agitado, con la varita aferrada a la mano, Harry rodeó el panteón, salió de atrás de una alta lápida con la imagen de un mago y puso un pie ante el otro andando hacia su enemigo, sus ojos exhalando ira.

Riddle lo recibió con más carcajadas. Malfoy seguía tras él, impasible.

Nadie dijo nada. Harry alzó la varita, y Riddle también. Este último parecía a punto de lanzar otra serie de maleficios asesinos; pero entonces Harry, con un aullido de rabia, perdiendo la cabeza por la furia que acababa de explotar dentro de su pecho, atacó primero.

-¡AVADA KEDAVRA!

El maleficio asesino de Harry tomó tan de sorpresa a Riddle, que casi le da. Este tuvo que esquivarlo moviéndose a un lado. Pero Harry ya había lanzado otro más.

-¡AVADA KEDAVRA! -gritó Harry, enfurecido-. ¡AVADA KEDAVRA! ¡AVADA KEDAVRA!

Luego de desviar los hechizos de Harry, Riddle acabó con una pierna arrodillada en el suelo, por los movimientos rápidos que tuvo que hacer para no ser golpeado y morir.

La sonrisa se borró de su rostro.

-¡AHHHGGG! -aullando de rabia, Riddle empezó a agitar la varita de forma enloquecida. Malfoy se apartó a un lado y se alejó, seguramente temiendo ser golpeado por un hechizo por accidente. Harry contraatacó, sin dejarse sobrellevar por el poder y la fuerza de los maleficios asesinos del mago.

Los maleficios asesinos volaron por todos lados. Golpearon contra las lápidas, haciéndolas estallar en pedazos. Golpearon contra los panteones, lanzando trozos de roca al suelo. Golpearon contra la tierra del suelo, haciendo saltar tierra y rocas por los aires todo alrededor.

Harry y Riddle agitaban sus varitas desesperadamente uno hacia el otro, lanzando cientos de maleficios asesinos uno atrás del otro, el uno hacia el otro, tomando breves segundos para desviar los del oponente antes de contraatacar con más. Enfrentados, uno ante el otro, eran el punto central de una explosión de maleficios de color verde con chispas y luces que se dispararon por el aire todo alrededor, llenando todo el cementerio de luz verde pero sin conseguir golpear a ninguno de los dos magos.

Harry estaba hecho una furia. En un momento, luego de desviar los maleficios de su oponente, contraatacó lanzando sogas y cadenas de su varita, que se enredaron por el suelo yendo en busca del enemigo, como serpientes, para atraparlo. Este las hizo desaparecer agitando la varita y al instante lanzó una llamarada de fuego gigante sobre Harry, que la transformó en vapor caliente con un movimiento de varita y al instante arrojó lava ardiendo sobre él. Pero Riddle la hizo girar en el aire en un remolino de lava hirviendo que luego devolvió hacia Harry, que la hizo desparecer con su varita antes de contraatacar con más maleficios asesinos.

-¡MORSMODRE MÁXIMA! -chilló Riddle, apuntando su varita al cielo. Las chispas que salieron de su varita subieron hasta el cielo y taparon la luna y su luz blanca con una nueva marca tenebrosa que Harry no había visto nunca; era una calavera, pero diez veces más grande que una marca tenebrosa común, con los ojos rojos encendidos en llamas y un centenar de serpientes que se retorcían por todo el cielo en color verde brillante, ocupando todo el cielo sobre ellos. -¡ES TU FIN, POTTER! -chilló, colérico, el rostro transformado por la maldad, la crueldad y la ira atroz-. ¡MUERE DE UNA MALDITA VEZ!

Harry desvió una vez más los maleficios de Riddle. Y luego, sin utilizar su varita, sin siquiera mover un músculo del brazo, de forma que este no se lo vio venir, gritó:

-¡LEGEREMENS!

Todo se volvió negro. La mente de Harry avanzó a toda velocidad hacia Riddle, que ni siquiera supo lo que estaba ocurriendo, colisionando contra la de este y metiéndose dentro a una velocidad vertiginosa.

Vio imágenes del pequeño Tom Tiddle, aquel que vivía en un orfanato. Lo vio corriendo por los pasillos del sombrío lugar muggle, del orfanato que ya había visitado una vez junto a Dumbledore. Lo vio a una edad mayor, torturando niños con su mente. Luego lo vio en un bote, yendo hacia Hogwarts, mirando el castillo con el ceño fruncido junto a otros niños. Luego lo vio sentado en un aula de clase, hablando con tranquilidad en voz alta ante los demás, seguramente dando cuenta de sus habilidades como mago. Luego lo vio mirando por una ventana del castillo hacia los terrenos en un día de lluvia, su rostro siempre serio, con una especie de mezcla de furia y dolor en la mirada. Lo vio entonces agitando una varita con ira y realizando un maleficio asesino ante un hombre muy parecido a él, que se quería proteger con ambas manos del mortal haz de luz verde.

Luego de eso, lo vio allí, en ese cementerio, antes de que Harry llegara, con Malfoy. Ambos hacían unos hechizos en el aire, que supo que eran los hechizos que impedirían que otra persona ingresara en el cementerio. Lo vio agitando la varita y pronunciando el encantamiento, y se dio cuenta cuál era: Era el mismo tipo de hechizo que Harry había usado para crear una burbuja en Caracas donde los hechizos no podían salir; solo que este impedía que los magos que no fueran el elegido por él ingresaran.

Harry abandonó la mente de Riddle y levantó la varita al instante, sabiendo lo que se venía.

Si el mago oscuro había mostrado señales de furia y de ira antes de aquello, no tenían comparación con lo que vino en ese momento. El mago lucía sorprendido, Harry se había metido en su mente sin su permiso y sin que este se diera cuenta, usando el encantamiento básico de la legeremancia, el "legeremens", sin siquiera utilizar la varita para conjurarlo. Primero se lo vio muy sorprendido, al salir Harry de su mente; y su rostro recordaba al de Snape aquella vez que Harry hizo lo mismo, metiéndose en la mente de él, sorprendido, y luego, enfadado.

Pero la furia de Riddle estaba a otro nivel. Enseguida su rostro se transformó con una expresión de ira que amenazaba con peligro mortal, y perdió los estribos.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

Desquiciado y fuera de sí, Riddle corrió hacia adelante, hacia Harry, apuntándolo con un hechizo que lanzó un humo negro hacia él que iba cambiando de forma y lucía letal. Harry quiso repeler el hechizo, pero no sabía cuál era, y además Riddle se acercaba corriendo cada vez más. Así que optó por desaparecerse.

Apareció de nuevo del otro lado, pero Riddle al instante giró sobre sí mismo y apareció a menos de un metro de él. Con su varita, lanzó unas cadenas que se enroscaron a Harry por las piernas. Quiso desaparecerse de nuevo, pero las cadenas se lo impedían. Riddle le lanzó un maleficio asesino a quemaropa, que no lo pudo golpear ya que este conjuró un escudo, al tiempo que finalmente rompía las cadenas con otro hechizo y se liberaba.

Harry quiso hacer un encantamiento que empuja al enemigo al suelo, como si la gravedad para él hubiera aumentado drásticamente, pero no llegó a terminarlo que tuvo que defenderse de veinte maleficios asesinos a la vez, sin poder completarlo. Quiso desarmarlo, pero Riddle, más rápido, hizo que quince rayos cayeran del cielo hacia ellos, rompiendo contra las tumbas y el cementerio en un tormenta feroz, y Harry tuvo que saltar a un lado para evitar ser impactado por uno de ellos.

-¡ASCENDIO MORTUM! -bramó Riddle. Harry alzó la varita para protegerse de lo que sea que fuera aquello, pero no era algo que hubiera sido lanzado hacia él. Era otra cosa…

El suelo empezó a temblar. Había movimiento bajo tierra.

Una mano blanca y escuálida salió de la tierra en el suelo a unos metros de Harry. Se extendió hacia arriba hasta revelar un brazo con la carne putrefacta y caída en varias partes, revelando el hueso debajo. Harry se dio cuenta que no era solo uno: Había manos y brazos saliendo de todas las tumbas. Luego salieron las cabezas, los hombros, los torsos, todos pálidos y putrefactos, sin vida.

Los muertos estaban saliendo de sus tumbas.

Se abrió la puerta de un panteón, y varios cadáveres reanimados caminaron hacia afuera. No parecían zombies, porque no andaban lento ni parecían tontos. Estos eran inferis con movimientos ágiles y veloces, miradas desquiciadas y sed de sangre.

Se estaban levantado en todo el cementerio. Todos los muertos salieron de sus tumbas, convertidos en inferi, listos para atacar.

Harry alzó su varita y la giró en trescientos sesenta grados a su alrededor, preparado. Listo para luchar. Ya había peleado inferis antes.

Pero, entonces, vio que Riddle no había terminado su hechizo: Ahora hacía amplias ondas en el aire con su varita, murmurando en voz baja palabras con sus ojos poseídos.

Y, cuando acabó, algo más aterrador sucedió. Los árboles sin hojas empezaron a partirse. Sus ramas cayeron al suelo y se quebraron una y otra vez, solas, convirtiéndose en palitos de madera. Estos, a su vez, empezaron a levitar en el aire, y salieron volando hasta las manos de todos los inferi…

Estos los sostuvieron, y apuntaron los palos de madera hacia Harry. Y este comprendió. Esos inferi podían usar magia.

Hubo un eco ensordecedor en el ambiente cuando unas veinte mil voces de ultratumba pronunciaron todas a la vez las palabras:

-¡AVADA KEDAVRA!

Veinte mil rayos de luz verde salieron disparados hacia Harry, por todo el cementerio.

-¡PROTEGO MÁXIMA!

Un escudó firme y consistente bloqueó a Harry todo a su alrededor, y los miles de maleficios asesinos colisionaron contra él, haciendo temblar el suelo a sus pies y provocando incluso que el suelo se resquebrajara bajo él y empezara a hundirse unos centímetros. Pero Harry mantenía una concentración extrema con su varita y en su encantamiento, que no se rompió, y aguantó todos los golpes sin quebrarse.

Cuando la colisión de los veinte mil hechizos terminó, Harry quedó cubierto en humo y tierra suspendida en el aire, con lo cual no se lo podía ver.

Fueron unos pocos segundos de silencio, y entonces se oyó el grito furioso de Harry, y este emergió del humo agitando su varita como loco a izquierda y derecha.

-¡AAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -Harry atacó a todos los inferi, uno tras otro. Ellos contraatacaron, y se desató una brutal batalla de miles contra uno.

Mientras agitaban sus varitas hacia Harry, los inferi eran golpeados por los hechizos de Harry y caían uno tras otro al suelo, derrotados. Todos lanzaban maleficios asesinos hacia el chico, pero este no perdió la concentración por un segundo, atacando y defendiéndose alternadamente.

-¡PARTIS TEMPORUS! -bramó Harry, y los inferi ante él fueron lanzados a un lado y al otro por el poder del hechizo, liberando un camino limpio y sin nadie ante él, un pasillo por el que Harry empezó a correr, lanzado hechizos a izquierda y derecha y matando a cientos de inferis uno tras otro, mientras corría por ese pasillo despejado de ellos hacia la persona que estaba al final: Riddle.

Malfoy apareció corriendo a un lado, pero Harry lo atacó con un hechizo que logró darle y lo lanzó volando por el aire, fuera de vista. Varios inferi se le lanzaron encima lanzando maleficios, pero Harry agitó su varita hacia ellos:

-¡BOMBARDA! ¡BOMBARDA!

Las explosiones lanzaron grupos de inferi despedidos por el aire, todos expulsados lejos de Harry.

-¡BOMBARDA MÁXIMA! -gritó Harry, apuntando a una zona más lejana en el centro del cementerio. La explosión fue arrasadora, y hubo miles de inferi explotando en el fuego que levantó tumbas y montañas de lápidas, panteones y roca por los aires, matando a los inferi.

Harry llegó hasta Riddle, que le lanzaba toda clase de maldiciones, enfurecido.

-¡IGNIS TERRA!

-¡DETURBO!

-¡CONSECO!

-¡DISPLODO!

Harry y Riddle movían sus brazos de varita tan rápido que no se veían, lanzando chispas de todos los colores hacia el otro y fuerzas y poderes descomunales que destruían todo el cementerio y todo alrededor de ellos, haciendo explotar todo por los aires, golpeando inferis que eran desmembrados, incendiando el suelo y generando campos de fuerza que se expandían como ondas poderosas desde el centro donde la magia de todo tipo estallaba, que era la zona con ellos dos en medio, hacia las afueras.

-¡MORS MÁXIMA!

-¡INPOTENTIA!

-¡LENTITUDO FUNDATIONIBUS!

Todo el suelo vibró como en un terremoto. La tierra se resquebrajó y partes del terreno se alzaron mientras que otras se hundieron. Se generaron montañas y cráteres sin fin en todo el cementerio, y Riddle quedó arriba de un trozo de tierra de diez metros de diámetro mientras que Harry se hundió profundo bajo la tierra del cementerio en otro trozo de tierra igual de grande cinco metros bajo el suelo.

Agitado, sudando y tratando de no sucumbir ante las explosiones y temblores, Harry apuntó su varita al cielo.

En ese momento, sus ojos miraron las espesas nubes oscuras, y fue un instante de concentración en que buscó aquel hechizo que era su única esperanza. El único hechizo que sabía que podía llegar a salvarlo.

Alzó su varita al cielo y recordó lo que había visto dentro de la mente de Riddle.

-¡FINITE HEMISPHAERIUM!

Algo desapareció en el aire. Lo supo, lo sintió.

Y entonces, sintió algo más: Un fuego mortal brotaba desde el interior de la tierra, bajo él.

-¡PROPULSO!

Harry salió despedido en el aire como un cohete, al tiempo que todo se prendía fuego en el suelo en todo el cementerio, y el fuego letal salía y flotaba en el aire adquiriendo forma: la de una calavera gigante.

Harry cayó en un terreno deformado que subía y bajaba, al tiempo para ver cómo la calavera abría su boca y lanzaba una serpiente de fuego siseando de una forma ensordecedora, retorciéndose en la noche, prendida en fuego rojo mortal, el mismo tipo de fuego que Crabbe había conjurado años atrás en la Sala Multipropósito. La serpiente iba directo hacia Harry.

Este último, al ver por el rabillo del ojo a Riddle flotando en el aire a unos metros, y a punto de lanzar otra cosa más sobre él, incluso no habiendo acabado ese ataque aun; apuntó hacia Riddle en lugar de a la serpiente, e intentó atraerlo hacia allí con un encantamiento de cuerdas, para que la serpiente lo tragara a él en su lugar.

Pero las cuerdas conjuradas por Harry no lograron atrapar a Riddle, que vio venir esta maniobra y se protegió de ellas. Harry quedó más desprotegido ante la serpiente que estaba a nada de distancia de él, y tuvo que hacer una maniobra improvisada muy a último momento para no morir en el fuego mortal, desapareciéndose lejos de allí; lo que funcionó de milagro, ya que muchos de los maleficios de Riddle le estaban impidiendo realizar desapariciones.

Cuando Harry alzó la varita para atacar otra vez, no vio que un grupo de inferis, que se le habían acercado por detrás, lanzaban encantamientos de desarme hacia él.

Al sentir un hechizo golpearlo por detrás, Harry quiso manotear su varita, que había abandonado sus dedos, tratando de atraparla en el aire, pero solo la golpeó y desvió su curso. Corrió hacia donde esta había saltado, queriendo atraparla en el aire antes de que caiga, como si fuera una snitch huyendo de él, pero esta se resbaló de sus dedos y cayó al piso.

Estaba ahí, sin embargo. Ahí mismo, a pocos metros…

Pero fue golpeado por otro hechizo antes de lograr llegar a ella. Este lo lanzó de bruces al suelo. Cuando quiso incorporarse, rápidamente, otro hechizo lo golpeó y lo lanzó rodando en dirección contraria.

Riddle volvió a reír.

Harry quedó tendido en el suelo, sin poder respirar, con un dolor terrible en todo el cuerpo, el costado que le estallaba, el sudor cayendo por su cara y la sangre saliendo de las muchas heridas que tenía en todo el cuerpo.

Estaba boca arriba, mirando el cielo, mirando las columnas de humo que subían desde el cementerio, por todo el fuego y caos a su alrededor, y que se perdían en el cielo oscuro, la noche donde la luna había desaparecido tras mantos de nubes.

Riddle caminó lentamente hasta llegar junto a él, y lo miró desde arriba, con su varita apuntándole a la cara. Harry estaba desarmado, en el suelo, sin poder moverse por el dolor y contemplando al mago que más hubiera odiado y detestado en toda su vida; al mago que le había arruinado la existencia desde el mismo día en que nació; el que lo había acosado y transformado su infancia y juventud en un tormento; finalmente a punto de matarlo para siempre, finalizando toda una vida de mortificación con un asesinato despiadado y una victoria que era tremendamente injusta.

-Te odio -le dijo Harry, apretando los dientes, listo para morir, pero no para perder su dignidad-. Eres un ser repugnante, Tom. Y jamás me cansaré de decírtelo, pero me das lástima.

Riddle rio de forma forzada, sin un dejo de verdadera risa.

-Mucha lástima.

Harry apretó los puños y le lanzó un escupitajo que jamás le llegó. Ahora este se preparó para liquidarlo de una vez, disfrutando de ese momento.

-Antes de morir, Potter -le dijo, inclinando la cabeza un poco de lado-. Quiero que pienses en todas las personas que amas, en todos tus amigos. Sé que son lo más importante para ti.

Afirmó la mano de varita, y fue visible que estaba a punto de pronunciar el maleficio asesino, esta vez de forma certera.

-Quiero que los recuerdes… -dijo, finalizando el discurso-. Y que recuerdes que no tienes la menor idea de si son quien creíste que eran… O cadáveres reanimados por mí, capaces de imitarlos a la perfección.

Sonrió de forma fría y diabólica.

-Morirás solo, Potter. Hace unos años, me dijiste que yo no sabía lo que era la amistad y el amor. ¿Lo recuerdas? Que te daba lástima por eso… Pues, tú, Potter, eres ahora el que no sabe lo que es eso. No tienes idea de qué tanto jugué contigo antes de finalmente matarte, Potter. Esa fue mi verdadera venganza. Creando copias de tus amigos, jamás notaste la diferencia. Y en verdad eran cadáveres reanimados. ¿Cómo sabes que Hermione no lo fue, incluso hasta ayer, hasta el último minuto? ¿Cómo sabes que ella no fue un superi mío?

Sonrió con una maldad que solo buscaba hacer verdadero daño, tanto como fuera posible, más que el cruciatus más poderoso, directo en el corazón de Harry, antes de su muerte.

-¿Cómo sabes que tu madre, que tu amigo, no eran marionetas muertas y cadavéricas controladas por mí, siendo tan perfectos maestros del engaño? Y la respuesta, Potter, es que no lo sabes, porque mi magia negra es superior a ti y a tus amistades patéticas. Morirás sin saberlo. Pero sí sabrás esto: Sabrás que yo gané, sabrás que eres una rata patética, que todo en lo que creías estaba mal, y morirás sin tener idea de qué tanto pude jugar contigo, demostrando que todo tu mundo era una patética mentira.

Harry lo miró a los ojos, respirando con esfuerzo, agitado.

-No, Tom -le dijo entonces, de forma entrecortada, luchando por hablar, tratando de no sucumbir ante el dolor físico que lo abrumaba-. Yo sé muy bien quién era quien en mi vida. Quién era real y quién no. Tengo un método exacto con el que puedo saber que todos mis amigos en verdad eran ellos, realmente.

Riddle torció la cara en una mueca de ira. El maleficio asesino estaba a punto de salir de su varita.

-¿Sabes cómo lo sé? -preguntó Harry, sin dejar de mirarlo a los ojos-. Porque si no lo fueran… Entonces no habrían venido a salvarme.

Esas últimas palabras de Harry quedaron resonando en el aire.

Lentamente, Riddle giró la cabeza a un lado. En torno a ellos dos, había ahora una docena de magos y brujas nuevos. Estaban todos dispuestos en un círculo amplio, con ellos dos en medio.

-Hola, Tom -dijo Sirius Black, con frialdad, a escasos metros de distancia. Tenía su varita apuntando a Riddle, y se veía más enojado que nunca.

James estaba en otro extremo, también apuntando a Riddle con su varita. Lupin, a su lado, se veía ansioso de venganza.

-Tu vida entera, Tom, fue lo que destruyó la nuestra -musitó este último, entre dientes-. Pero esta noche, vamos a vengarnos de ti.

Lily, en otra parte, estaba preparada para pelear. Junto a ella, completando el círculo, estaban todos los Weasley: Arthur, Molly, Fred, George, Percy, Charlie y Bill.

Con un "¡crac!", nuevas figuras se aparecieron allí, ya que con el hechizo que había hecho Harry, ahora cualquiera podía aparecerse en el cementerio:

Evangelina, Hagrid, Luna y Neville se unieron al círculo. Evangelina apuntaba a Riddle amenazadoramente. Luna y Neville tenían una expresión deseosa de venganza también.

-Hemos invitado aquí a todo aquel que tuviera deseos de vengarse de ti, Riddle -masculló James, con ira-. ¿Y adivina qué? Hubo una gran convocatoria.

Con la mirada desorbitada por la furia, Riddle contempló cómo cientos de "¡crac!" anunciaban la llegada de magos y brujas venidos de todas partes del mundo. Aurores, magos de los Ministerios de magia de todos lados, magos europeos, asiáticos, latinos, africanos, del Medio Oriente, y de todas partes se aparecieron allí, para vengarse de Riddle.

-Fue inteligente de tu parte haber transmitido tu maldad a todo el mundo por televisión -dijo Lily-. Ahora todo el mundo quiere vengarse de ti, Tom.

Todo el cementerio se llenó de magos y brujas, que aparecían con trasladores, con "¡cracs!", e incluso por medio de elfos domésticos, viajando allí desde otros universos.

Varios Harry, Ron, Hermione, Lily, James, Dumbledore, miembros de los Weasley y otras personas venidas de otros universos caminaron hacia allí también, listos para pelear.

Harry se sentó en el piso, a tiempo para ver a Luna y Ginny del Universo 2 caminar hacia allí tomadas de la mano, para luego preparar sus varitas para la pelea. Vio a versiones jóvenes de los Weasley, como los recordaba, a magos y brujas del Universo 2 y del Universo 5, que recordaba también.

Entonces, alguien le tendió una mano, a su derecha, para ayudarlo a ponerse de pie.

Harry alzó la mirada y vio a Jose a su lado.

-Vamos, hermano -dijo la chica, mirándolo con sus ojos verdes. A su lado estaba Ron. Harry sonrió, un hilo de sangre cayendo de su boca. Tomó la mano de su hermana y esta lo ayudó a ponerse de pie.

Ron se acercó a Harry y le estrechó la mano. Harry vio que le estaba dando algo, también: su varita, que Ron había recuperado del suelo para devolverle. Se miraron a los ojos, y ambos asintieron, en un gesto sin palabras que ambos entendieron a la perfección, por los años de amistad y códigos compartidos: Todo estaba arreglado entre ellos.

Se volvió de nuevo hacia Riddle. Ahora, este estaba en medio de un círculo gigante integrado por miles de brujas y magos venidos de todas partes y universos, todos deseosos de vengarse de él. Por fuera de este gigante círculo, desde el aire, podía verse a los miles y miles de inferi acercarse también, por afuera, con sus varitas también preparadas.

Todo el cementerio estaba en una tensión extrema, en unos momentos de calma antes de la gran, gran tormenta.

De la gigantesca tormenta.

Los gritos resonaron todos a la vez, emitidos por las voces de los miles de magos, brujas, por Riddle y hasta por los miles de inferi, que chillaban con un sonido oscuro y siniestro.

Y así fue como la batalla empezó.

Harry alzó la varita hacia Riddle y disparó al mismo tiempo que todos los demás.

A la vez, miles de miles de rayos de hechizos, maleficios y encantamientos llenaron todo el cementerio, al tiempo que la feroz batalla comenzó.

Lanzando gritos de guerra, Harry corrió junto a sus amigos por los desnivelados terrenos, lanzando hechizos hacia donde estaba Riddle, que se desaparecía y aparecía por todos lados. Giraba hacia un lado y otro, frenético, junto a Ron y Jose, que tenía un arma muggle con la que gatillaba a los inferi que también se aparecieron mágicamente entre todos ellos, para atacarlos, y consiguiendo darle a algunos, que caían al suelo con sus disparos.

Los maleficios asesinos pasaban rozándolos y seguían de largo. Las explosiones mágicas llenaban todo el cementerio. A Riddle no le importaba lanzar todo volando en pedazos, porque no le importaba las vidas de los inferi que estaban entremezclados con los magos, que también morían con sus explosiones.

James corría junto a Harry, lanzando maleficios contra los inferi y abatiéndolos uno tras otro, algunos de ellos defendiéndose con habilidad con hechizos que solo magos avanzados sabían.

Harry saltó en el aire para esquivar un maleficio que pasó a ras del suelo, rodó en el suelo y disparó varios maleficios contra Malfoy, que había aparecido cerca de allí, disparando contra los magos y brujas.

Una Hermione de otro universo corría más adelante, atacando, pero fue alcanzada por el maleficio asesino de un inferi y cayó hacia adelante, desapareciendo de vista. Harry volteó y atacó a un grupo de inferis, derrotándolos.

¿Dónde estaba Riddle?

Ron y Jose se alejaron un poco, atacando otro grupo de inferis que estaban más lejos. Una explosión gigante de color verde tuvo lugar a muchos metros de distancia, más lejos hacia un extremo del cementerio, y Harry alcanzó a ver la figura de miles de inferis y personas volando por los aires, en la noche.

Tres calaveras de fuego gigantes se formaron en el aire, con el fuego maldito. Riddle debía haberlas conjurado. Abrieron sus bocas las tres a la vez, a punto de lanzar serpientes de fuego maldito a matar magos y brujas con solo tocarlos a toda velocidad y por todo el cementerio.

-¡RÁPIDO! -aulló Sirius, señalándolas con el dedo, volviéndose hacia Lupin, Lily y James-. ¡HAY QUE DESAPARECERLAS AHORA! ¡YA!

Los cuatro movieron sus varitas a la vez haciéndolas ondear en el aire de una forma complicada, agitando los brazos con mucha velocidad, al tiempo que realizaban un hechizo mudo. Cuatro haces de luz blanca salieron de ellos y se unieron en pleno vuelo, intensificándose y golpeando las tres calaveras de fuego, antes que estas pudieran realizar su ataque. Los rayos de luz blanca envolvieron las calaveras y estas se resquebrajaron, perdieron forma y empezaron a caer al suelo en forma de hilos de fuego, que se fueron flotando con el viento, ya sin ser una amenaza.

Harry pasó entre medio de Ginny y Luna, que atacaban y derrotaban a varios inferi a la vez. Siguió de largo, donde Neville y la Luna de ese universo luchaban acaloradamente hombro con hombro, y llegó hasta un mago que estaba siendo atacado por al menos cincuenta brujas y magos desconocidos que eran de otros países: Malfoy.

Al ver llegar a Harry al lugar donde estaba peleando, Malfoy giró en el lugar y se desapareció.

-¡COBARDE! -gritó Harry. Se volvió y tuvo que defenderse de un grupo de cien inferis que se acercaban, atacando con maleficios asesinos todo alrededor.

Se unieron a él grupos enormes de brujas y magos y atacaron a los inferi. Estos consiguieron abatir a varios de ellos, que no eran tan buenos luchadores, pero otros pudieron a su vez derrotar a muchos de los inferi.

Y entonces, Harry lo vio: Riddle estaba más adelante, atacando con poderosísimos hechizos a todo el mundo y derrotándolos a todos, con maleficios oscuros.

Harry empezó a correr hacia allí, a toda velocidad. Saltó para cruzar de un bloque de suelo a otro más elevado, sin bajar el ritmo al que corría, saltando trozos de lápidas quebradas y ataúdes podridos que sobresalían del suelo. Corrió saltando de un alto bloque de suelo a otro mucho más bajo, aterrizando limpiamente y saltando nuevamente para continuar la carrera entre medio de los miles de maleficios y hechizos que volaban y salían despedidos por todos lados, hacia Riddle.

Cuando estaba por llegar a él, Riddle lo vio. Lanzó a cincuenta magos volando por el aire de una sacudida de varita, giró con rabia hacia Harry y, con un grito de guerra, lo atacó con todo un arsenal de hechizos destinados a destruirlo.

Harry se propulsó en el aire a muchos metros de altura, atravesando la zona de hechizos y al mismo Riddle, viendo desde la altura el caos de explosiones y hechizos de todos colores que había allí abajó. Giró en el aire, y en pleno vuelo apuntó hacia abajo y lanzó decenas de hechizos hacia Riddle, así como un rayo de electricidad directo a su cabeza, todo siendo rechazado por este con movimientos de varita, bloqueando sus ataques y tratando de dirigirlos hacia él. Incluso, este utilizó el rayo eléctrico que Harry le había lanzado transformándolo y lanzándolo contra un grupo de brujas que iba hacia él, golpeándolas con este y haciéndolas caer al suelo.

Luego de aterrizar en el suelo, Harry viró con velocidad a tiempo para repeler un ataque de Riddle, que ahora corría hacia él como un perro enfurecido.

-¡MUERE, MALDITA RATA! -chilló Riddle, lanzando cientos de maleficios asesinos a él, todos a la vez.

James apareció desde un costado, corriendo a toda velocidad. Se lanzó hacia Riddle y empezó a darle batalla.

-¡AVADA KEDABRA! -chilló Riddle, apuntándolo, pero James desvió el hechizo y lo contraatacó con otro.

-¡SECTUMSEMPRA! -James lanzó el hechizo, pero Riddle lo pudo repeler con facilidad, y acto seguido lanzó un hechizo oscuro que lanzó a James volando hacia atrás, golpeando un árbol y quedando inconsciente en el suelo, boca abajo.

Harry quiso volver a atacarlo, pero unos inferi le bloquearon el camino y tuvo que concentrarse en ellos. Sin embargo, mientras luchaba contra los hechizos de estos, llegó a ver a Lupin correr hacia Riddle a toda velocidad.

Lupin agitaba su varita y lanzaba maleficios extraños hacia su oponente, hechizos de confusión. Uno de ellos pareció multiplicar a Lupin en varias versiones de sí mismo, que corrieron en torno a Riddle, pero eran una especie de espejismo, ilusiones. Riddle no sabía cuál era el auténtico. Pero, cuando alzó su varita para pronunciar su ataque, este ya había lanzado un hechizo que localizó al verdadero Lupin. Entonces le lanzó un maleficio que este no pudo repeler, y una docena de serpientes envolvieron su cuerpo, apretándolo. El mago cayó de rodillas al suelo, sin su varita, tratando de librarse de ellas, y Riddle siguió de largo, atacando a otro grupo de magos que lo atacaban.

Harry consiguió librarse de todos los inferi y corrió nuevamente hacia Riddle, pero otro molesto grupo de inferis apareció para pelear.

Mientras tanto, llegó a ver a Sirius, que alcanzó a Riddle con la varita en alto.

Ambos magos se batieron a duelo, Riddle lanzándole maleficios asesinos y Sirius desviándolos y contraatacándolo con otros. El mago se convirtió en perro, avanzó hacia adelante corriendo y ladrando, y cuando Riddle iba a darle volvió a convertirse en humano y saltó varios metros en el aire, quedando a palmos de distancia de su oponente, su varita lista para liquidarlo a quemaropa.

Pero Riddle fue más rápido, se desapareció y apareció de nuevo tras él, con velocidad, lanzándole con un hechizo un trozo de una lápida que lo golpeó en la cabeza y lo hizo caer de bruces al suelo, fuera de combate.

Harry abrió la boca en un grito de furia y la ira brotó por su cuerpo y a través de su varita, de forma inusitada. Lanzó a trescientos inferi por los aires y lejos, fuera de combate también, y luego de eso lanzó sobre Riddle cincuenta maleficios asesinos a la vez, que casi lo toman por sorpresa.

Luego de que los desviara, Riddle empezó a pelear contra Harry acaloradamente, uno contra uno. Sus maleficios iban dirigidos del uno hacia el otro, con velocidad e intensidad. Pero unos inferi que se acercaron por un lado obligaron a Harry a desaparecerse y aparece en otro lado, y en ese momento Riddle tuvo que batirse a duelo contra Ron y Jose, que se acercaron a él disparando con su varita y arma muggle respectivamente.

Riddle no tardó más de treinta segundos en librarse de ambos, lanzándolos volando hacia atrás en el aire. Luego vinieron Luna y Ginny del Universo 2, que le dieron una buena batalla con varios hechizos disfrazados que simulaban ser otra cosa, para complicar la defensa y contraataque. Pero Riddle los descifró a todos ellos, los desvió y luego hizo que unas raíces de árbol salieron de la tierra y aferraran a las dos chicas, empezando a tragarlas bajo el suelo, hundiéndose en la tierra como si fuera un pantano.

Una nueva contrincante apareció entonces, luego de vencer a un grupo de quinientos inferi ella sola.

Riddle alzó la mirada al verla acercarse. Lily alzó la varita hacia él y empezó a lanzar un hechizo tras otro.

-Tú -dijo Riddle, desviando los hechizos, apretando los labios con furia.

-¡Sí, yo! -Lily gritó, enfurecida, corrió en un círculo en torno al mago y le empezó a lanzar hechizos de ataque avanzados. Mientras este se defendía de ellos, Lily hizo un movimiento con las manos como acercando algo hacia ella, y de pronto una figura apareció junto a Riddle: Era otro Riddle, mucho más joven, de unos once años, que de pronto empezó a envejecer a toda velocidad, creciendo más y más.

Horrorizado, Riddle quiso atacar a este nuevo Riddle, que reía mientras lo miraba de forma siniestra, pero resultó que no era real sino solo una ilusión, y Lily aprovechó bien la distracción, casi abatiendo al Riddle original, pero este descubrió el truco y se defendió a tiempo.

Entonces, Lily hizo otro movimiento con sus manos, creando un círculo enorme de brillo y magia a su alrededor. Todo en el ambiente empezó a cambiar: todos los inferi empezaron a envejecer, como si el tiempo transcurriera a toda velocidad para ellos, la carne cayendo de sus cuerpos y pudriéndose a velocidad hiper avanzada. Pronto, todos ellos quedaron convertidos en esqueletos, y luego de eso esos esqueletos se volvieron polvo y se fueron con el viento, desapareciendo completamente.

Lily acababa de derrotar a todos los miles de inferi que quedaban allí, en un segundo.

-Habría sido útil que no esperaras tanto para hacer eso -musitó Lupin, que aun luchaba contra las serpientes que lo envolvían.

-Crees que eres la única con el poder de la legeremancia y la alteración temporal -dijo Riddle, clavando la mirada en Lily-. Mira y aprende.

Riddle alzó ambas manos al cielo y las cerró como garras, haciendo fuerza, y provocando una magia de color rojo que lo envolvió en un círculo y se extendió todo alrededor y por todo el cementerio.

Pronto, un montón de polvo los envolvió a todos. El polvo se transformó en algo sólido: huesos. Luego, en esqueletos. Luego, la carne empezó a aparecer, blanca y pálida, en ellos. Y entonces, todos los inferi volvieron a formarse, regresando hacia atrás, volviendo a la vida. Chillaron y continuaron atacando, lanzando maleficios por todos lados.

Lily gritó y lanzó una masa de poder sólido y blanca hacia Riddle. Con su varita y su otra mano, este la detuvo, la transformó en una bola de fuego ardiente y la lanzó hacia ella, que se desapareció para no ser golpeada.

Lily contraatacó detrás de él lanzándole ondas expansivas de un poder que hizo temblar todo el suelo, pero Riddle la contuvo y entonces agitó su varita con vehemencia con un hechizo mudo que hizo que el suelo se hundiera bajo Lily. La bruja desapareció en las profundidades de la tierra bajo ellos.

-¡MAMÁ! -bramó Harry. Lanzó a veinte inferis por el aire y atacó a Riddle con maleficios asesinos, hecho una furia. Riddle se defendió de todos. Cuando Harry estuvo a punto de ser abatido por él, que parecía estar envuelto en más poder que nunca, invencible, Lily apareció de nuevo, materializándose junto a Harry.

Y entonces, Lily hizo algo extraordinario:

La bruja se arrodilló en el suelo, mientras Harry atacaba a Riddle tanto como podía, dando todo de sí mismo, luchando hasta la última gota de sudor para evitar que este atacara a su madre mientras ella hacía su encantamiento. Entonces, Lily clavó ambas manos en la tierra del suelo bajo ella. Agachó la cabeza y empezó a pronunciar unas palabras, apenas audibles.

El suelo empezó a temblar más que nunca. Riddle parecía saber que algo gigante estaba ocurriendo y quería atacarla, pero Harry se lo impedía, desviando todos sus hechizos de ataque.

Lily continuó con su encantamiento, las uñas clavadas en la tierra, la cabeza gacha, hacia el suelo, su cabello pelirrojo oscuro ocultando su rostro mientras caía sobre ella.

Y lo que ocurrió fue que todos empezaron a desaparecer.

De la nada, esfumándose en la nada misma, todos se empezaron a ir, uno a uno: Las serpientes que apresaban a Lupin se desvanecieron, y luego este también. James, que se estaba incorporando del suelo, confundido, se desvaneció en el aire. Ron y Jose, que quitaban las raíces de Ginny y Luna, para liberarlas, se desvanecieron, y ellas dos también, desapareciendo lejos de allí.

Todos los inferi empezaron a desaparecer también, aunque estos en lugar de desvanecerse se hundían en el suelo, enterrándose en él, como regresando a sus tumbas, dejando de ser inferis para volver a sus ataúdes como cuerpos sin vida.

Sirius, que se ponía de pie en ese momento, compartió una mirada con Harry, y luego de eso desapareció también, esfumándose en el aire. Y todos los demás también, ya fueran magos de otros países, de otros universos, otras versiones de ellos mismos… Todos desaparecieron, vaciando el cementerio de gente.

De pronto, el suelo empezó a nivelarse. La tierra recuperó su estado inicial. Las lápidas destruidas empezaron a reconstruirse. Era como si el tiempo estuviera regresando hacia atrás, aunque no fuera eso verdaderamente lo que estaba ocurriendo.

Lily transformó todo el ambiente en torno a ellos, el cementerio recuperó su normalidad, el humo desapareció, el fuego se fue, y unos segundos después solo ellos tres quedaron allí: Harry, Riddle y ella, que al acabar quitó sus manos de la tierra, alzó la mirada y se puso de pie nuevamente.

Sin embargo, Lily lucía débil. Muy débil. Como si estuviera mareada, muy pálida. Había utilizado todo su poder para hacer eso.

La bruja giró la cara hacia Harry y compartieron una mirada muy significativa, una mirada de amor y al mismo tiempo de valentía.

-Es tuyo, hijo -susurró la bruja, sus ojos quedando en blanco, antes de empezar a caer a un lado, sin fuerzas y desmayada.

Harry la sujetó a tiempo para evitar que cayera, y se arrodilló para recostarla en el suelo con suavidad.

Lily quedó allí, tendida en el suelo, inconsciente.

Riddle rompió en carcajadas, delante de Harry.

-Patético -dijo, burlándose. Miró alrededor, al cementerio que ahora lucía tranquilo, como si nada hubiera ocurrido allí, como si no hubiera habido una batalla atroz solo minutos atrás. -Tu madre, Potter, es tan patética.

Harry giró sus ojos hacia los de Riddle, con veneno.

-¿De qué sirve eso que hizo? -dijo Riddle, alzando las manos alrededor, mostrando el cementerio ahora vacío a su alrededor-. ¿Para qué usó todo su poder, en esto? Nos dejó a nosotros solos aquí, sin nadie que te proteja. Sin nadie que te defienda. ¿Este fue su plan? ¿Dejarme las cosas más fáciles para lograr matarte?

Con una risotada malvada, Riddle hizo varios movimientos con su varita. Entonces, unos veinte inferis aparecieron allí nuevamente, saliendo de la tierra, del suelo, con miradas de fuego rojo, varitas largas en sus manos y apariencia más peligrosa que ningunos otros que hubieran aparecido antes. Se dispusieron todos en un círculo, rodeándolos a ellos dos, dejándolos en medio, amenazantes.

-Lo que tu madre hizo no sirve para nada -dijo Riddle-. Ella debe pensar que hizo un acto bondadoso, alejando a todos sus seres queridos de la batalla, salvándolos. Debe pensar que fue algo muy noble, desapareciendo mis inferi, devolviendo todo el cementerio a cómo estaba. No entiende nada, y solo muestra lo estúpida y patética que tu madre es. Solo me facilitó las cosas. Eliminó la distracción. Yo puedo crear en segundos otros inferi con un poder cien veces superior a los que creé antes. No significa nada. Ahora ella está fuera de combate, y tú estás solo y rodeado de los inferi más poderosos que hayan existido nunca.

Riddle apuntó su varita hacia Harry con sorpresiva rapidez, y este respondió apuntándola también hacia él, con velocidad. Sabía que podía hacerlo. Lily lo había hecho así para salvarlos a todos porque sabía que Harry podía, que podía vencerlo. Pero, entonces, sintió cómo su varita se separaba de sus dedos y volaba por el aire, a muchos metros de distancia, perdiéndose tras los inferi que los rodeaban y tras las lápidas.

Harry abrió los ojos como platos, por la sorpresa. ¿Qué acababa de pasar?

De pronto, vio a alguien caminar con tranquilidad, pasando a su lado y siguiendo de largo: Malfoy. El muchacho, sonriente, tenía su varita hacia adelante, la misma que acababa de usar para desarmar a Harry por la espalda sin que este se diera cuenta. Siguió caminando y pasó junto a Riddle, cruzando por su lado y continuando avanzando, más adelante, y quedando a varios metros detrás de este, donde se cruzó de brazos, para contemplar lo que pasaba.

Riddle rompió en carcajadas otra vez.

-Bien hecho, Draco -dijo, felicitando a su mortífago-. Siempre serás mi mejor y más fiel mortífago. ¿Ves qué simple es vencerte, Potter?

Harry ya no tenía varita. Lo había tomado totalmente por sorpresa. No sabía que Malfoy estaba allí también. Ahora eran ellos tres en el cementerio, con Lily desplomada en el suelo, inconsciente, él desarmado, y Malfoy y Riddle armados y apuntándolo; y los veinte inferis más hábiles jamás creados rodeándolos y apuntándolo con sus varitas también.

Se dio cuenta de que todo había terminado.

Había perdido.

-Adiós, Potter -dijo Riddle, apuntando a Harry directo al corazón-. Esta vez no voy a despedirme de ti con demasiadas palabras. No te daré tiempo para que todos tus amigos vengan a ayudarte, otra vez. Acabemos las cosas de una vez ya.

Y Harry, de pie allí, sin varita, supo que todo había terminado.

Riddle abrió la boca, apuntando a Harry.

Y el momento llegó, finalmente.

La luz verde empezó a brillar dentro de la varita del mago oscuro.

Los ojos de Riddle estaban clavados en los de Harry.

La mente de Riddle se perdió por un segundo, completamente.

La bestia, finalmente habiendo cazado a su presa, deleitándose con el regocijo de tenerlo allí, ante ella, completamente indefenso, se dejó llevar por la locura absoluta del poder que eso le generaba en la sangre.

Fascinado con aquello, loco, con aquella sed de ver la sangre de Harry derramada ante él, de ver su cuerpo destruido, inerte, Riddle dejó su mente en otro lado, por un segundo.

Por solo un segundo.

Por primera vez en meses, Riddle, disfrutando de aquello, dejó que su mente gozara del momento y se desconectara del mundo, libre, ya sin estar permanentemente vigilando las demás mentes que había a su alrededor, acechando, precavida.

Se dejó ir a sí mismo, sonrió, apuntó a Harry y gritó:

-¡AVADA KEDA….!

Pero no pudo terminar el hechizo.

Con un sonido como el de un disparo resonando en la noche, algo amarillo apareció ante Harry, que saltó a tiempo a un lado para evitar que esto lo golpeara.

En el suelo, Harry observó, sin poder creer lo que veían sus ojos, cómo un rayo de luz amarilla muy intensa, extremadamente intensa, un rayo impresionante de fuerza y poder amarillo que solo había visto unas pocas veces en su vida antes, atravesaba a Riddle de lado a lado, ingresando por la espalda y saliendo por el pecho.

Era un rayo de poder, de esos que destruían las fuerzas del mal. De esos poderes que solo las fuerzas del bien tenían y podían proyectar. Los mismos que habían utilizado el año anterior para derrotar a todas las otras fuerzas del mal, para destruirlas y hacerlas desaparecer para siempre.

Riddle ahora tenía los ojos muy abiertos por la sorpresa.

Sin entender lo que pasaba, el mago oscuro giró su cabeza para mirar detrás de sí.

Para mirar al mago que lo había derrotado.

Lo último que Riddle miró, con una expresión de pánico y sorpresa absoluta en el rostro, fue al mago que lo apuntaba con su varita, por la espalda, con el rayo de luz amarilla emergiendo de la punta de su varita y atravesándolo por completo.

Riddle entonces se convirtió en cenizas. Su cuerpo lentamente empezó a descomponerse, su piel se cayó, sus manos se volvieron un polvo negro y su rostro también, hasta que las cenizas negras en que quedó convertido desaparecieron, haciéndolo desaparecer para siempre; aniquilando a esa última fuerza del mal que había quedado viva en los universos, de una vez por todas y para siempre, reduciéndolo a la nada misma.

Y Malfoy quedó de pie allí detrás, con su varita aun apuntando hacia adelante, con la expresión triunfante en el rostro y el rayo de luz amarilla que salía de su varita que pronto se extinguió, desapareciendo tan rápido como había aparecido.

Harry se puso de pie. Su mirada se conectó con la de Malfoy, por unos segundos. Ambos compartieron por un momento esa mirada, Harry completamente sorprendido y asombrado por lo que acababa de presenciar.

Y luego, ambos giraron y se pusieron en posición de ataque, porque los veinte inferis que los rodeaban empezaron a lanzar maleficios asesinos hacia ellos.

-¡DESMAIUS! -bramó Malfoy, corriendo y lanzando hechizos.

-¡SECTUMSEMPRA! -Harry desviaba los hechizos de esos poderosísimos inferi, pero era muy difícil. Eran, verdaderamente, cien veces superiores en poder a los anteriores.

Harry y Malfoy se unieron en medio del círculo, espalda con espalda, y atacaron a toda velocidad a las criaturas que los rodeaban.

-¡DEPULSO! -gritó Malfoy, y consiguió enviar a un inferi volando por los aires, tras una tumbras-. ¡HARRY, APUNTA A SUS CABEZAS!

Harry obedeció, y luego de desviar los ataques de diez de esos inferis, consiguió que uno de ellos cayera derrotado al suelo.

La batalla se puso feroz, mientras Harry y Malfoy lanzaban cientos de hechizos a la vez, los inferi endemoniados con sus ojos rojos moviéndose a un lado y otro y lanzando maleficios asesinos hacia ellos a la vez.

Hombro con hombro, Harry y Malfoy contraatacaron con todo su poder.

Harry logró derribar a otro inferi. Y luego a otro.

Malfoy casi fue derrotado por uno, pero logró repeler el ataque y contraatacó hasta conseguir derrotarlo.

Finalmente, unos segundos después, los rayos de magia acabaron y todos los inferi quedaron en el suelo, derrotados, a sus pies.

Malfoy respiraba muy agitado, junto a Harry, su varita aun hacia adelante, mientras el mago miraba alrededor, como esperando que algún otro enemigo apareciera allí.

Pero ninguno apareció.

Harry miró a Malfoy, y este le devolvió la mirada.

Ya todo había terminado.