Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rick Riordan


ONE AND ONLY YOU

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Si en eso de las parejas destinadas se hubiera podido elegir, Nico hubiera elegido a su vecino Percy Jackson en el momento en el que entendió que su estómago se revolvía cuando le decía los buenos días no precisamente porque tenía gases.

Había estado enamorado de él desde los siete, en ese entonces era un enamoramiento tonto y llevado más a la admiración que otra cosa y de ahí, con el pasar de los años, el sentimiento inocente y platónico que tenía antes se había convertido en un enamoramiento en toda la regla.

A Nico le daba vergüenza siquiera pensarlo, pero le gustaban los ojos verdes de su vecino y su cabello oscuro. Le gustaba verlo llegar de su entrenamiento de natación con el cabello aún húmedo por la ducha y su bolso de deportes e incluso le gustaba cuando lo veía babeando mientras dormía en detención porque se había metido en algún problema.

Cuando Percy le daba aventones al instituto y ponía música en el auto, siempre tarareaba con su mala voz y le preguntaba a Nico si le gustaba esa canción como si realmente le interesara su opinión. Generalmente se las arreglaba para responder que sí, porque tenían gustos musicales parecidos, pero siempre sentía la boca acartonada, lo que hacía que fuera seco y luego se sonrojara inevitablemente. Era peor cuando Percy revolvía su cabello después de que ambos se dirigieran a la entrada y se despidieran antes de que Percy se acercara a sus amigos.

Sus reacciones eran siempre tan asquerosamente cursis, que Nico estaba seguro de que, a la edad de diecisiete años, él tendría tatuado en su muñeca las iniciales de Percy Jackson.

La regla hacía que las almas gemelas sólo se grabasen en las muñecas de ambos cuando ambos eran mayores de diecisiete. Aunque Percy fuera mayor por dos años, Nico rogaba a quien juntara a las personas que la de Percy se mantuviera sin tinta hasta que Nico alcanzara mayoría de edad, pero como su suerte apestaba, obviamente eso no pasó. Percy cumplió los diecisiete y él vio cómo se juntó con una chica llamada Annabeth del club de debate y sus deseos de tener de pareja a Percy Jackson fueron aplastados y pisoteados en el suelo.

Fue la primera vez que Nico consideró injustas las almas gemelas. Era ridículo, ¿cómo podían las personas guiarse por algo que no tenía más fundamentos que un nombre escrito en tinta en su muñeca? ¿Quién decidía a las almas gemelas? ¿Había un casting o un ente superior leía las fichas y creía que las personas elegidas eran capaces de tolerarse? Como esos shows de variedades de la televisión paga que hacían programas de parejas. Nico apuñaló los fideos con salsa que estaban en su bandeja del almuerzo del instituto y los chicos que estaban en la mesa contigua dieron un salto asustados por la expresión del moreno.

Odiaba la idea de que decidieran por él quien era la persona con la que debería estar. Era una locura pensar que podría complementarse con un desconocido, sobre todo con su personalidad huraña y tímida a la vez ¡Para él mismo su personalidad era una locura!

Las almas gemelas eran una tontería colosal.


Pero como su suerte siempre ha sido una basura, Nico no tuvo las iniciales PJ en su muñeca, en vez de eso, vio a su vecino salir con la presidenta del centro de estudiantes y tuvo un corazón roto, porque no importa lo mucho que le haya gustado Percy Jackson y sus ojos verdes o sus muecas tontas, si el destino decidía que ellos no debían estar juntos, las personas de inmediato lo asumían como la verdad universal e irrompible. Él lo veía en los ojos de Percy cuando a veces se lo cruzaba en el camino junto a su novia y ambos iban de la mano perdidos en su mundo.

A pesar de no creer en las almas gemelas, Nico ni siquiera podía pensar en meterse en medio. No cuando veía a Percy feliz con Annabeth. Además, se notaba que ellos realmente se querían, a veces la rubia lo miraba como si fuera lo más ridículo del universo, pero siempre que Percy decía una tontería, Annabeth lo besaba como si estuviera asegurando que no podría vivir sin él.

De todos modos, esa experiencia de desamor marcó un antes y un después para él. No es como si odiara el amor, porque Nico, como todos deseaba vivirlo, pero se formaba una contradicción entre lo que sinceramente quería y sus deseos de poder elegir y siempre creyó que una pareja destinada es algo completamente loco para decidir a la edad de diecisiete años, incluso peor que elegir una carrera para la universidad o si deseas o no ir a ella.

Bianca siempre dice que debería dejar correr las cosas como la mayoría de las personas y que el destino disponga de su vida, pero para él no es tan fácil como su hermana dice, porque Nico tiene la mala costumbre de pensar mucho. Demasiado.

Y siempre que lo hace, se pone en las peores situaciones: Nico ya descubrió que le gustan los chicos. Solo los chicos. Si el ente de las almas gemelas (le llamará así hasta que piense un mejor nombre que arruina amoríos) decide que su alma gemela es una chica, Nico no sabría qué hacer. No es como decir "mi tipo son los morenos, no los rubios", sino "son los chicos, no las chicas". El ente no puede hacer que cambie de acera de repente, ¿no? Eso sería horrible, porque no sufrió un montón para decirle a su padre que le gustaban los chicos gracias a ese matón estúpido para que ahora todo su esfuerzo y valentía se fueran al caño, no señor.

Nico se termina por dormir del cansancio, rumiar teorías durante toda la noche no ayuda precisamente a sus horribles horarios de sueño y a sus ojeras, pero a este punto de su existencia, no hay algo que pueda hacerle entender que bueno, sería recomendable dormir ocho horas y no cuatro o cinco y luego recuperar las que faltan en clases de matemáticas o biología, pero ya eso podría descubrirlo en época de exámenes.


Septiembre siempre ha sido una época tibia, Nico siempre ha preferido el frío, pero es este momento del año en el que el calor no es suficientemente molesto, por tanto, no es tan irritante volver a clases. Tan, porque nadie está feliz de volver a ver las matemáticas, o al menos nadie que el conozca, lo que lo convence de haber elegido las amistades correctas.

Nico entra en el salón que le corresponde según la información dada en la asamblea estudiantil y de inmediato percibe como todos parecen emocionados por el año. A Nico le toma un milisegundo entender que este es el año en el que muchos encontrarán "el amor". Nico quiere fingir indiferencia, de verdad, porque en serio, no quiere convertirlo en su vida, pero su estómago se retuerce y bueno, es difícil fingir por unos segundos que la incertidumbre no lo ha golpeado como si fuera un mazo, al menos, lo suficiente para aún estar tieso en la puerta de su salón con la mochila colgando de su hombro e irrumpiendo el paso por un minuto hasta que alguien le dice que está irrumpiendo el paso y Nico se ve forzado a entrar y acomodarse en el puesto que está vacío en el fondo y que por suerte da a la ventana.

El día es completamente insustancial para ser el gran día, así que Nico se dedica a dormitar cuando tiene tiempo y disfruta bajo los arboles con sus amigos en la hora de almuerzo después de comprar un pan dulce. Es cuando se va a casa, que todo se torna un poco extraño.

Pasa a una librería que está en el centro y cerca de su escuela, pues hay útiles que necesita y su madrastra le dio instrucciones y la tarjeta para comprarlos a primera hora, así que bebiendo un batido que congela su cerebro, el moreno se dirige a la librería que está justo enfrente. Después de beber lo último, tira a la basura el envase y empuja la puerta de vidrio. Y es ahí, ahí cuando siente a su corazón palpitar como un loco. Se asusta, porque nunca le había pasado algo como eso, y además de su TDHA, sus exámenes constantes nunca han señalado una insuficiencia cardiaca. Nico cree que no puede respirar como por cinco segundos, hasta que el sentimiento de vértigo se detiene de repente y es sustituido por un calor en el pecho que desearía comprender para seguir repitiendo. Es tan agradable, que lo mantiene flotando y lo hace cerrar los ojos como si estuviera viendo todo por primera vez y es así como va a comprar lo que necesita.

Cuando se acerca a la caja, el calor todavía persiste, se esparce en ondas por sus brazos y Nico cree que debería volverlo torpe, pero no lo hace, es todo lo contrario. Nico se siente completo y vivaz, como nunca lo ha sentido antes. Mientras los artículos pasan por la máquina de códigos, la mujer que lo atiende le sonríe y Nico no es de ese tipo, pero ahí, en ese momento, se ve en la obligación de hacerlo de vuelta y es loco, pero se siente correcto. Él jura que no ha consumido ninguna sustancia extraña, ni siquiera la comida del casino, que podría ser considera absolutamente extraña y evaluada en un laboratorio, pero de repente, ese algo, comienza a extinguirse lentamente. Nico apenas tiene el tiempo para ver a un chico con un gorro de beisbol negro empujar la puerta por la que el entró mientras estira la tarjeta de crédito para pasarla por el lector, pero su cuerpo actúa por instinto y suelta el plástico que a duras penas es recibido por la mujer mientras él grita como un loco que volverá en un segundo.

Lo que sucede luego es un sinsentido, Nico persigue al chico como si su vida dependiera de ello (aunque no entiende por qué) y sin embargo lo pierde entre el gentío del centro comercial. Ni siquiera pudo saber cómo era su cabello, pues no hay ninguna gorra y sólo logra ver un montón de cabezas de las que sin embargo está seguro de que no pertenecen al chico del gorro.

No está seguro de qué habría hecho si lograba dar con él, pero no tiene tiempo para pensarlo cuando se devuelve desanimado a la librería. Cuando entra, se siente avergonzado, sin embargo, la mujer lo mira con una sonrisa conocedora.

—Siento eso —murmura Nico la disculpa, su cara ardiendo de vergüenza por su comportamiento extraño—. No aviento tarjetas de crédito a la gente —añade, recibiéndola cuando ella le pide que la opere, pues no hubiera sido correcto hacerlo sin él.

La mujer se ríe y descarta el problema con un gesto amable y que sin embargo no hace que su vergüenza baje.

—Tranquilo, querido —dice ella, entregándole la boleta y la bolsa de papel con todo empaquetado—, yo también habría corrido si lo hubiera encontrado.

—¿Encontrar qué? —pregunta confundido Nico, pero ella no responde y sólo sonríe emocionada mientras le desea suerte.

La tarde después de ese suceso, fue completamente extraña. A Nico al día siguiente le comenzó a picar la muñeca, pero con alivio descubrió que no había nada, aunque el sentimiento de ausencia en su pecho no podía quitárselo, y él estaba completamente seguro de no haber olvidado ni perdido nada (ni a nadie) como para sentirse así.


Nico no era fan de la música clásica, la encontraba bonita y agradable, pero no era un entendido del tema. Era seguramente como la población promedio de California, así que no entiende muy bien por que aceptó acompañar a Jason a un concierto de piano.

Bien, en realidad si entiende, su amigo prometió comprarle una hamburguesa del porte de su cara, y no va a fingir que tiene más orgullo que una oferta de comida, porque no es así. Así que aquí está, esperando que Jason pase por él para dirigirse al teatro donde será la presentación.

Durante ese mes, Nico se ha obligado a no pensar más en lo sucedido en la librería y tomarlo como un cruce de cables como cualquier otro, como cuando la gente tiene ese deseo estúpido de tirar su móvil al inodoro sabiendo que se echará a perder o se pregunta, y qué pasaría si me acerco al barandal y me caigo, sin embargo, a veces se ha pillado echando de menos esa sensación y tiene miedo. No sabe exactamente de si no sentirla otra vez o sentirla de nuevo. El tema es tan confuso que hasta él se admite que es mejor dejar el tema por la paz.

Cuando Jason se acerca saludándolo, Nico asiente brevemente mientras pregunta.

—¿Recuérdame desde cuando te gusta la música clásica?

—No sé más que tu —informa Jason con simpleza—. Vengo a ver a mi amigo, que será parte de la orquesta.

Cuando entran al teatro Nico tiene una expresión consternada, el lugar es elegante y por primera vez se siente avergonzado de sus converse gastadas mientras mira a la gente que viste de gala. Desentonan horriblemente y Nico odia ser el centro de atención, sobre todo si estas traen expresiones de reprobación. Le da un codazo a su amigo mientras lo empuja a las butacas que apuntan en sus entradas.

—Tal vez debiste decirme que debíamos usar zapatos y pantalón de gala en vez de jeans gastados y converse, idiota.

—¡Yo tampoco lo sabía! —grita Jason entre murmullos y Nico suspira mientras ve el vestuario de su amigo, porque evidentemente no lo sabía, aunque se ve mucho más presentable que él, sigue pareciendo que van a ir a los juegos mecánicos y luego por un té de burbujas.

Las orejas le arden hasta que las luces comienzan a atenuarse y es justo en ese momento en el que su corazón vuelve a dar un salto como si quisiera salir huyendo. Escucha vagamente a Jason preguntarle si está bien cuando sus dedos se ponen blancos por la presión que está ejerciendo en el reposabrazos de su asiento. Asiente vagamente antes de que comience el concierto y Jason se enfoque en los artistas.

El resto del tiempo, Nico lo disfruta como nunca. No está seguro de si escucharlo en Spotify (¿hay música clásica en Spotify?) le cause alguna vez el mismo efecto, pero seguramente lo intentará, porque cada nota, cada acorde lo sintió a flor de piel aunque no fuera un entendido de la música como esa gente que escribe artículos de cultura en las revistas. Simplemente, parecía que todo fluía como si hubiera tenido que estar ahí y fue todo tan asombroso que cuando se acabó, Nico se puso de pie con el resto de las personas y aplaudió tan efusivamente como su personalidad se lo permitió sin siquiera importarle la expresión boquiabierta de su amigo. Podría comparar este concierto con el de Green Day a sus dieciséis, pero él más que nadie comprende que el tipo de euforia es completamente diferente, así que se guarda su comparación para sí mismo mientras sale del teatro con el alma en un hilo y el deseo de no alejarse del lugar por voluntad propia, como si no hubiera corrido por ese sentimiento la primera vez que lo experimentó. Ni siquiera parece ya tan emocionado por la hamburguesa como al principio.

Nico piensa que la vida es ridícula e irónica y no la entiende.

Es un pensamiento bastante certero.


Cuando su madrastra usa como excusa que Nico necesita tomar aire para que vaya a comprar unas cosas que necesita para el postre, no puede creer que toda su familia se ponga en su contra para seguirle la corriente.

Tiene claro que son todos, una bola de traidores que se venden por el fantabuloso bizcocho de Perséfone y maldita sea, tengo hambre nadie se salva. Mientras camina sin ánimo por los pasillos arrastrando un carrito con la lista de compras, suspira.

No es que no haya hecho nada el fin de semana. Descansar se considera hacer algo; jugar Overwatch hasta altas horas de la madrugada puede no ser un plan digno para su padre, porque ellos son de la generación que aún tiene esperanzas en que los jóvenes tengan más de cinco horas de sueño, pero para él sonaba como un plan perfectamente aceptable si le preguntan.

Nico se cala el gorro de beisbol acomodando los mechones que se le meten en el ojo por no peinar su cabello húmedo y vuelve a suspirar como si se fuera a desinflar. Está en domingo haciendo las compras y la lista es eterna; por suerte, tiene especificaciones de las marcas favoritas, lo que es un alivio, porque si su padre no fuera así de quisquilloso haciendo listas, Nico se demoraría una eternidad más uno en terminar de llenar su carrito y francamente, si alguien lo viera en sus pintas domingueras, sería el fin de su existencia.

No es que él sea realmente pretencioso, es sólo que está siendo honesto. Está en una camiseta vieja de Stars Wars que tiene dos agujeros, uno bajo la axila y otro en el abdomen y lleva unos shorts negros de Adidas por sobre las rodillas que sacan a relucir sus piernas flacas y pálidas y ausentes de vello, además de sus sandalias de natación. Por suerte, Nico no ha llegado al nivel de sinvergüenzura de usar esas sandalias y calcetines; su vecina Drew Tanaka se caería de espaldas si lo viera haciendo aquello, y eso que han convivido seis años y Nico ha sido desde feto, un emo en lo que vestirse se refiere. No quiere dramatizar, pero está seguro de que se ve tan vago, que el guardia le ha echado el ojo.

Con movimientos perezosos, Nico se dirige a los lácteos para conseguir leche de soya, una leche para él ("cualquier sabor, elige el que quieras, hijo") y manjar, se entretiene eligiendo su sabor de leche y seguido, se dirige al último lácteo. La especificación lo pide en tarro, así que arrastra el carrito hasta la parte de las conservas y es ahí cuando su corazón comienza a latir como un desbocado, ni siquiera tiene tiempo para prepararse cuando sus dedos se encuentran con la ultima tarrina de lo especificado y hay otras manos que también lo están sosteniendo.

Su cabeza se demora en procesar la conversación que la persona está teniendo por teléfono en voz de quejidos dramáticos.

—Lou Ellen, no puedo creer que el día de mi cumpleaños me envíes a comprar manjar para pastel de cumpleaños, eres-

Nico comprende todo demasiado lento y es ahí cuando realmente acepta que es despistado. Gira su cabeza lo suficiente para observarlo y se queda sin aliento, el chico es… precioso. Se avergüenza de utilizar ese calificativo, pero es cierto, no hay otra forma de describirlo. Sus rizos rubios enmarcan un rostro lleno de pecas esparcidas en una nariz respingona y parecen estrellas. Y sus ojos, sus ojos son tan profundos que él podría saltar en ellos y ahogarse con gusto, al igual que en su boca. Se sonroja ante lo último. OH POR DIOS, SUENO COMO UN LOCO, chilla en su mente y las alarmas se disparan como si una catástrofe estuviera ocurriendo. Cuando Nico cree que podría calmarse y dejar de verse como un psicópata en potencia que está obsesionado con el manjar, porque se niega a soltarlo, recuerda cómo está vestido y podría tirarse al suelo y rogar a quien sea un poco de clemencia. Se ve ridículo y se habría seguido regodeando en su miseria si no fuera por eso. Lo siente. Su muñeca parece calentarse y todas sus teorías sobre cómo se sentiría encontrar a tu alma gemela quedan resueltas.

Se siente tibio en la muñeca donde nuevas marcas adornarán el vacío. (Muere por ver cuales son las iniciales). Pero lo más importante, se siente paz. Una paz que inunda el cuerpo en oleadas. Y Nico di Angelo comprende que Percy jamás fue su destinado por algo y es este, este chico que está frente a él, sorprendido y sonrojado el que debería estar en su vida para siempre.

—Eres tú.

Nico afianza su mano, como si no quisiera dejarlo ir, porque ya sucedió dos veces y nunca volvió a ser lo mismo, y el otro chico parece comprenderlo, porque lo mira como si fuera increíble aún en sandalias de natación.

—Te había estado esperando —dice él.

Y aunque técnicamente ha sido al revés porque Will (suena maravilloso, es un nombre lindo y a él le gusta mucho) es menor y por eso aún no aparecían sus iniciales, Nico no tiene fuerzas más que para devolverle esa preciosa sonrisa al chico que es su alma gemela.


Un par de cosas tengo para decir: Jason va a seguir apareciendo aquí porque no vamos a romperle el corazón a Nico di Angelo en la vida y en este perfil. Es curioso pero llevo en rol a un Will y sin embargo la mayoría de los fics solangelos que tengo son siempre desde la perspectiva de Nico, es lo emo que me llama. Está sin revisar, así que espero que no esté (demasiado) horrible y que sea al menos disfrutable. Gracias por leer. Cuídense y laven sus manitos con agua y con jabón dice Will Solace.