HOLA. ESPERO AUN SIGAN LEYENDO. NO REVISÉ, ASÍ QUE OJALÁ ME PERDONEN CUALQUIER ERROR.


Capítulo 4

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-Leopold…

No podía creer el descaro de este hombre de venir a meterse a su departamento.

-Vengo a ver a mi nieto-. Dijo el hombre.

-No es tu nieto, Mary perdió sus derechos el día que nos abandonó sin decir palabra y tu mucho menos tienes derecho a verlo-. Respondió furioso pero con la voz lo suficientemente baja, para no asustar al pequeño, no se le olvidaba que lo había despedido de su compañía simplemente por no dejar a Mary Margaret como el hombre se lo había pedido, y después había hablado pestes de él provocando que nadie lo contratara.

-Mi hija no lo abandonó, ¡Jamás abandonaría a su hijo! Solo debe estar confundida por todo lo que tuvo que pasar para darte el hijo que tanto querías-. Rugió devuelta.

-¿Qué yo quería?, ni siquiera sabes la verdad y vienes aquí diciendo querer ver a mi hijo y ni siquiera notas que está justo frente a ti-. Intentó cerrar la puerta, pero el hombre la empujó, metiéndose sin permiso -¿Quién mierda te crees para meterte así?

-¡Me importa un carajo! Recuerda que con solo una llamada mía, vuelves a estar en la mierda. Y ahí si, nadie te ayudará-. Le amenazó, empujándolo hacia atrás, provocando que David casi cayera de espaldas, con el pequeño, por suerte pudo encontrar el equilibrio.

-¿A quién piensas llamar para que eso ocurra?-. Se oyó la voz de Regina desde la entrada. David notó inmediatamente el cambio en el hombre calvo, su rostro había palidecido y parecía mucho más tenso de lo que estaba hacía un rato. -¿Creo que esto no cuenta como los 800 metros que debes estar alejado?-. El hombre volteo a mirarla, y David la observó también, Regina estaba enojada, podía notarlo solo en sus ojos, todo lo demás demostraba calma, parecía relajada.

-¿No me digas? Acaso ¿Vas a visitar a todos tu "empleados" a sus casas? No es mi culpa que estés aquí-. Le dijo el viejo con asco en la voz.

-No lo visito… yo VIVO aquí-. Respondió con voz dura.

-¿Así que son pareja?-. Preguntó el calvo volteando a mirar a David, para nuevamente volver a mirar a Regina -Qué bajo haz caído Regina… un simple "abogaducho de cuarta" no es lo que Cora querría.

-Me vale lo que mi madre quiera, y prefiero mil veces a este "abogaducho de cuarta" como le dices, a un viejo decrépito y asqueroso como tú-. Todo después de eso, pasó demasiado rápido para David, Leopold se había acercado de manera amenazante hacía Regina, pero lo único que David captó fue un quejido del hombre. –Vuelve a acertarte así a mí, amenazar a David o lastimar a nuestro hijo, y la próxima vez no será un rodillazo lo que te dé en las bolas-. Le susurró amenazante, mientras el hombre caía de rodillas frente suyo.

Decir que David estaba sorprendido, era quedarse corto. Regina había golpeado al hombre, lo había defendido a él y se había referido a Jason como "nuestro hijo". Él estaba fascinado, habría amado que Jason tuviera una madre como Regina. Corrección, hubiera amado que Regina fuera su madre. Volvió a salir de su burbuja de ensueño, cuando Leopold se levantó como pudo, cuando Regina le dijo.

-Veté de una vez, antes de que llame a la policía-. El hombre salió despavorido, con su mano aferrada a sus partes bajas. Regina cerró la puerta y se volteó a mirarlo. Pero dejó a David con la palabra en la boca, cuando pasó rápidamente por su lado con dirección al baño. La escuchó vomitar y preocupado, dejó al pequeño en su cuna y corrió a ver como se encontraba.

Ahí la encontró, de rodillas frente al escusado, David se apresuró a su lado tomando su cabello y sobando su espalda. Regina temblaba violentamente mientras se aferraba con todas sus fuerzas al asiento, mientras irremediablemente lloraba. David no entendía que pasaba, pero solo la acompañó dándole palabras alentadoras y reconfortantes, ya Regina decidiría si le contaba que es lo que le ocurría. No tomó mucho tiempo hasta que Regina ya no tenía nada más que dejar salir. El rubio la ayudó a ponerse de pie, bajó la tapa del escusado y tirando de la cadena la sentó ahí, tomó un vaso y llenándolo con agua se lo ofreció. Regina solo le regaló una media sonrisa.

-No debiste haber visto eso… que vergüenza-. Murmuró ella.

-Tranquila ¿Para qué están los amigos sino para sostener tu cabello cuando vomitas?-. Le dijo tratando de hacerla reír y funcionó. Regina se puso de pie y se enjuagó la boca con el agua que le había entregado. -¿Estás mejor?-. Le preguntó él, acariciando su espalda, Regina asintió y David besó su cabeza –Vamos a la cocina, te prepararé un té.

Un par de minutos después, David le daba el biberón a Jason, mientras Regina estaba sentada en frente, de vez en cuando le daba pequeños sorbos su té, pero había estado muy callada y eso no era normal en ella, menos cuando el pequeño estaba cerca, ahora solo le había acariciado la manito y nada más.

-Regina…-. Le llamó y ella elevó su mirada de la taza entre sus manos para mirarlo -¿Segura estás bien?-. Regina asintió, pero pudo notar que se tragaba el nudo que tenía en la garganta, mientras alejaba las lágrimas que le amenazaban de nuevo.

-Se durmió-. Dijo mientras sonreía levemente. David bajó su mirada y efectivamente, Jason se había dormido nuevamente. –Yo… venía a invitarlos a ir al zoológico-. Dijo suavemente –Pero, creo que mejor para otro momento-. Dijo mientras se ponía de pie.

-¡No!-. Dijo David, quizás demasiado fuerte, pero al menos el pequeño no despertó, el zoológico parecía una buena distracción para lo que sea que estaba atormentando en ese momento a la morena –Nos encantaría ir.

-Pero se ha dormido-. Dijo con voz trémula, que provocó que David quisiera abrazarla y no dejar que nada la lastimara jamás.

-Tenemos un cochecito con sillita para autos-. Dijo tomando su mentón para que lo mirara a los ojos –Le encantará ver a los pandas-. Dijo moviendo las cejas graciosamente ganándose una pequeña pero muy hermosa sonrisa de parte de ella.

-Está bien-. Contestó estirando los brazos para que le entregara a Jason –Ve por el cochecito.

David le sonrió entregándole el pequeño niño dormido y ambos se pusieron de pie. Fue entonces que David notó que Regina no llevaba sus sensuales y ridículamente altos zapatos de tacón que siempre usaba. No, ahora traía puestos tenis, lo que disminuía su estatura significativamente y a simple vista parecía llegarle solo hasta la barbilla.

-Eres pequeñita-. Soltó sin pensar y ella lo miró.

-¿Es eso un problema?-. Preguntó ella con voz arisca y una mirada que lo hizo de temblar. Se inclinó hacia ella mirándola a los ojos de cerca.

-Absolutamente ninguno-. Besó su mejilla y volvió a mirarla –No te enojes. Iré a darme una ducha y cambiarme.

-Creí que ya estabas cambiado-. Murmuró viéndolo alejarse.

-¿Esto?-. Señaló la ropa que llevaba puesta – No, dormí con ella. No estaba seguro de ponerme pijama en caso de tener que ir al hospital con Jason.

-¿Hospital? ¿Por qué irían al hospital? ¿Está enfermito?-. Lo bombardeó a preguntas, mirando al pequeño en sus brazos, y con una mano comprobar su temperatura.

-Lo vacunaron ayer y anoche tuvo fiebre; el pediatra dijo que era normal, estuvo llorando un buen rato, pero supe solucionarlo con la información que me dieron-. Habló desde el baño.

-¿Porqué no me llamaste? Pude haber ayudado-. No estaba segura si le había oído, David ya estaba en la ducha. Entonces se dirigió a la habitación a cambiarle la ropita a Jason.

Lo dejó en la cuna, mientras iba al closet por su ropa, cuando tuvo todo listo sobre la cama, lo recostó ahí, comprobó su pañal y cambió su ropita por un bodi manga larga rayado y una jardinerita gris con un osito en el pecho, calcetitas y gorrito. Estaba terminando de ponerle el gorrito cuando el pequeño abrió sus ojitos y la miró.

-Hola pequeño Charming-. Acarició su carita y el pequeño sonrió en cuanto la vio, agitando sus manitos y piecitos. –Estás de buen humor-. Le habló con voz tierna.

-Está feliz de ver a su persona favorita.

La voz de David se escuchó desde la puerta y ella giró su cabeza para mirarlo; y aun sabiendo que saldría de la ducha e iría a la habitación, no estaba preparada para verlo cubierto solo por la toalla envuelta en sus caderas, con el cabello goteando y el pecho húmedo. Dios ese hombre era un pecado. Un maldito dios griego, cubierto solo con una toalla, que a ella le encantaría quitar. Se sintió sonrojar solo por pensarlo, giró rápidamente su rostro de vuelta a Jason y lo tomo brazos para salir de la habitación.

-Él también es mi persona favorita-. Dijo besando su carita luego de aclararse la garganta y salir de ahí.


El camino al zoológico Del Bronx, fue bastante agradable. Regina le dio las llaves de su Audi a David y él condujo, mientras ella iba en el asiento de atrás entreteniendo a Jason; y a David, que de vez en cuando en los altos miraba por el retrovisor, encantándose de la sonrisa que iluminaba el rostro de la morena. Así era como le gustaba verla; feliz, alegre y bromista; no como esta mañana.

-Soy una serpiente que anda por el bosque, buscando una parte de su cooola ¿Quiere ser usted una parte de mi cola?-. Cantaba la morena con voz graciosa, aplaudiendo y moviendo la cabeza de lado a lado, haciendo reír al pequeño y al padre, repitiendo la misma estrofa aumentando y disminuyendo la rapidez en que lo hacía.

-Ya llegamos-. Anunció el rubio parando el auto cuando encontraron un lugar en el estacionamiento.

Ambos bajaron del auto y mientras David armaba el cochecito, Regina sacó al pequeño de su sillita.

-¡Gina!-. Se escuchó un coro de voces de niño y la morena se volteo a mirar.

Una van había estacionado cerca de ellos, la cual estaba repleto de niños de diferentes edades. David miró a Regina quien parecía conocerlos y fue entonces que recordó lo del orfanato.

-¡Mis niños!-. Exclamó ella y aún con Jason en sus brazos se inclinó a abrazar a cada uno de los que se le acercó. Eran en total veinte niños y niñas, venían acompañados de seis adultos, todas mujeres, excepto el chofer.

-¿Ese es tu bebé?-. Preguntó entusiasta uno de los niños.

-No, es hijo de mi amigo David-. Señalo la morena presentando al rubio. –David, ellos son mis pequeños, del hogar de acogida.

-Hola a todos-. Saludó agitando su mano. Los niños parecían bastante felices, notando también que los más grandes sostenían de la mano a los más pequeños. Seguramente una modalidad para salir en grupo y que ninguno se extraviara.

-¿Están todos listos para la aventura?-. Les preguntó Regina de forma dramática a los niños.

-¡Sí capitana Mills!-. Respondieron los pequeños de la misma forma, dramatizando un saludo militar muy cómico.

-Recuerden: No soltar a su compañero, no separarse del grupo, pedir ayuda si tienen problemas, no hablar con extraños y lo más importante…

-¡Divertirse mucho!-. Exclamaron con los puños en alto.

-Divertirse mucho, eso es. Ahora vayan con las monitoras a la entrada-. Los niños salieron corriendo al lugar indicado y Regina le entregó las entradas a una de las monitoras, saludó al chofer con un abrazo muy afectuoso, y el hombre le hizo mimos a Jason. Se lo presentó a David como Marco, el antiguo chofer de su padre. Colocaron a Jason en el cochecito y todos juntos entraron al zoológico.

El lugar era enorme, los niños estaban encantados, todos corrían de aquí para allá y Regina parecía una niña más, pero David no se quedaba atrás, se había contagiado del entusiasmo de todos. Al llegar a la exposición de Llanuras Africanas, los niños encantados miraban con la boca abierta a cada animal que veían; los leones, las jirafas, las cebras… Regina vio un león acostado jugando con un cachorrito y no pudo evitar decirle a David que ahí se encontraba él.

-Mira David, esos son Jason y tú-. La emoción de niña con la que lo dijo hizo reír a David a carcajadas. La abrazó por el cuello, acercándola a él y besando su cabeza.

-Así que somos leones… mira allá, esa eres tú-. Señaló una leona recostada sobre una roca, mirando hacia el horizonte con porte altivo. Regina soltó una carcajada cuando la vio, e hizo que el corazón de David se llenara de gozo por haberla hecho reír.

Pasaron todo el día disfrutando del zoológico, y David se subió al carrusel de los bichos con Jason, junto con los demás niños, mientras Regina desde abajo les hacia fotos a todos. Pero lo que mas había encantado a los niños y a David también, era la Dino safari. Los dinosaurios robóticos, fueron deslumbrantes, con sonidos y movimientos que los hacían casi reales. David se sacó miles de fotos con Jason cerca de ellos. Ahí se había vuelto todo un niño.

A las cinco de la tarde salieron del zoológico, treinta minutos antes de la hora de cerrar. Regina se despidió de los niños, prometiéndoles una visita pronto. Se abrazaron uno a uno a ella y Regina feliz los recibía en sus brazos. Aunque no fue la única que se llevó abrazos, los pequeños también se despidieron de la misma forma de David y acariciaban la manito de un Jason muy dormido en el cochecito.


De vuelta en el departamento de David, Regina se encargó de la cena, preparando una pizza cacera que tenía a David salivando con el solo aroma de esta. Estaba sentado en un taburete frente al mostrador, bebiendo una copa de vino, mientras veía a Regina revisar de vez en cuando la pizza. Demonios no podía dejar de verla, sus ojos no se despegaron de ella en todo el día, esos leggins de cuero lo traían vuelto loco. Por más que se decía que no la mirara de esa manera, le era imposible, sus ojos tenían vida propia, y es que Regina poseía un trasero digno de premios, y sus piernas… esbeltas, envueltas en su cintura mientras él se impulsaba… ¡oh dios!, se estaba endureciendo en los confines de sus jeans, esto no podía ser. Piensa en una rata muerta, piensa en una rata muerta. Se repetía mentalmente, para alejar la excitación.

-Está duro-. La escuchó decir y la miró nervioso.

-¿Eh?

-El pan, está duro ¿de cuando que lo tienes?-. Decía con un trozo de pan en la mano, y él pensando otra cosa cuando ella dijo eso. Era un maldito pervertido, definitivamente.

-No lo sé-. Dijo encogiéndose de hombros -¿Qué tal si vemos una película?

-Claro-. Se inclinó a ver nuevamente el estado de la pizza, dándole aquella hermosa visión gloriosa de su trasero. David desvió su mirada antes de que su imaginación volara nuevamente a tener a Regina gimiendo y jadeando, con sus bellísimas piernas enrolladas a su cintura y sus manos aferradas a él, mientras la penetraba vigorosamente sobre el mostrador de la cocina. Se bebió de un trago lo que le quedaba en la copa y se alejó hacia el televisor. Era imposible ya, mirarla y no tener un solo pensamiento puro e inocente.

-¡Ya está listo!-. Gritó Regina desde la cocina, mientras cortaba los trozos miró hacia donde estaba Davis, inclinado despejando la mesita frente al sofá. La forma en que los músculos de su espalda se movían provocó cosas en ella que hacía años no sentía por un hombre. Quería tocarlo, pero más sorprendente para ella, quería que él la tocara. Esa mañana cuando besó su mejilla, deseó hubiera sido en sus labios y cada vez que estaba cerca; quería besarlo, abrazarlo y envolverse en su aroma y calidez. Su cuerpo reaccionaba a él, sin siquiera proponérselo. Estaba haciendo de ella una masa loca de deseo y ni siquiera lo hacía a propósito. Intentó despejar esos pensamientos cuando lo vio acercarse.

-Yo llevo esto-. Tomando ambos platos se alejó nuevamente –Esto ya está, ven-. Dijo palmeando a un lado suyo el sofá.

-¿Tienes una manta? Tengo un poco de frio-. Pidió Regina sentándose a su lado. El rubio fue a su habitación y volvió con una manta de polar y la tapó, cogió el plato de la mesa de centro y se lo entregó, luego se sentó a su lado disfrutando de la pizza y la película.

A la mitad de la película sintió un peso a su costado y al girar su cabeza, se encontró con una dormida Regina recargada en él. Se veía tan a gusto que no la movió, solo se quedó ahí y siguió viendo la película. Eso hasta que Regina se comenzó a mover en sueños. Gemía y se retorcía, murmurando palabras que David no lograba comprender, hasta que Regina dejó escapar un "No, déjame" y un "no me toques" que se dio cuenta que estaba teniendo una pesadilla. Intentó despertarla llamándola por su nombre, la zamarreó un poco, pero Regina no despertaba, la vio tratando de quitarse la manta, pero parecía que solo se enredaba mas, por lo que se la quitó, y fue entonces que Regina despertó, aun desorientada por la pesadilla intentó defenderse ante lo que tenía enfrente.

-¡NO ME TOQUES, DEJAME, NO ME TOQUES!-. Gritó desesperada con los ojos tan abiertos como podía, arañando al pobre David que trataba de calmarla.

-¡Regina! Tranquila, estás a salvo, soy yo, David-. Le decía el rubio, sin querer tocarla para no angustiarla más –Fue una pesadilla cariño, estás a salvo. Estás conmigo-. Las palabras del rubio fuero captadas poco a poco por ella, logrando tranquilizarla. Cuando logró enfocarlo bien, las lágrimas caían a borbotones de sus ojos. La angustia sofocante que sentía hace un momento, fue reemplazada por el alivio de tenerlo ahí. De no estar sola.

-David-. Dijo con voz trémula y se abrazó a él con todas las fuerzas que tenía.

-Ya cariño… fue solo una pesadilla-. Le susurró David acariciando su espalda, buscando calmarla, pero Regina solo se echó a llorar más fuerte.

-No lo fue-. Su voz salió de forma desgarrada y el llanto hizo temblar todo su cuerpo.

-Shh-. Se quedaron así, abrazados en el sofá mientras le acariciaba la espalda y le susurraba que estaba a salvo. Cuando la sintió relajarse en su abrazó pensó que se había dormido nuevamente, pero Regina se separó levemente para mirarlo y fue entonces que notó lo que había hecho.

-David tu cara-. El rubio tenía tres líneas rojas marcadas en su mejilla izquierda y otra más el puente de la nariz. David llevó su mano, siseando por el ardor, fue cuando recordó que Regina, aun en la bruma del sueño lo había atacado cual gatito asustado arañándolo. –Perdón, esto en mi culpa-. Su labio tembló y sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

-Hey no… es solo un rasguño, estoy bien. Necesitaba despertarte, debió ser una pesadilla horrible-. Regina asintió con la cabeza y David limpio la lagrima que derramó, dejando su mano ahí acariciando su rostro.

-No fue una pesadilla… fue un recuerdo-. David no dijo nada, esperando por si ella quería contarle –Fue algo que ocurrió hace seis años-. Angustia de recordar aquello que estuvo tratando de olvidar durante todos estos años, se sentía tan fuerte como si solo hubiera pasado ayer. Cerró los ojos intentando controlar el llanto y las nauseas que siempre aparecían cuando pensaba en eso.

-Tranquila… puedes contarme luego.

-No… Necesito sacarlo, si no lo hago me seguirá matando por dentro y él habrá ganado-. Cogió ambas manos de David entre las suyas –Hace seis años, luego de lograr estabilizar la empresa, Salía de la biblioteca de la universidad de camino a los dormitorios, para eso tenía que atravesar el campus, se me había ido el tiempo y cuando lo noté, había anochecido, Creí que caminaba sola, hasta que me encontré con… Leopold-. Dijo haciendo una pausa y tomando un par de respiraciones evitando que la bilis subiera por su garganta. David apretó la quijada, esperaba que no fuera lo que él estaba pensando –Desde que rechacé casarme con él, no dejaba de insistir. Me enviaba flores, chocolates, regalos de todo tipo. Yo solo los rechazaba o los tiraba a la basura, hasta que ese día me lo encontré ahí, había ido para invitarme a cenar y como siempre lo rechacé con la escusa de que tenía mucho que estudiar, seguí mi camino, pero él me jaló hacia un costado del edificio, intenté gritar pero puso su mano en mi boca y me presionó contra el muro de piedra. Dijo que no aceptaba un no por respuesta-. Su voz se quebró y David apretó su agarre en sus temblorosas manos –Co… comenzó a tocarme y entré en pánico. No había nadie cerca, intenté gritar, pataleé pero él seguía tocándome-. Regina lloraba y David hacia todo el esfuerzo por mantenerse fuerte y no echarse a llorar con ella –No sé cómo pero logré darle un codazo en las costillas, luego le mordí la mano y eché a correr lo más rápido que pude hasta la estación de policía más cercana. Pero aún con todas las pruebas solo obtuvo una condena de 6 meses en una cárcel estatal, pagar una multa que obviamente pudo pagar y cumplir con la orden de alejamiento. No lo había vuelto a ver desde entonces y ahora todo vuelve… han pasado seis años y no logro borrar el recuerdo de sus manos sobre mi.

-Ese maldito hijo de puta… -. Dijo con los dientes apretados y la atrajo a un abrazo tratando de confortarlos a ambos.

-Está es la primera vez que estoy tan cerca de un nombre sin tener miedo-. Murmuró la morena en el amplio pecho de David, sintiéndose completamente segura en esos brazos protectores. –Después de esa noche no soportaba ni que mi novio me tocara.

-¿Novio?-. No pudo evitar preguntar, hasta hace unas horas creía que Regina era completamente lesbiana.

-Si… Robin, trabajaba conmigo en la empresa. Intentó ser paciente conmigo, pero terminó dejándome luego de engañarme con mi secretaria.

-Que idiota.

-No puedo culparlo del todo, al fin de cuentas nunca volvimos a tener intimidad luego de lo ocurrido. Podía besarlo, pero no soportaba que me tocaran. Me tomó muchas sesiones con mi psiquiatra para poder siquiera estrechar la mano de un hombre.

-¿Por eso sales con chicas?-. La pregunta salió antes siquiera pensarla y Regina de dio una mirada extrañada –Anoche iba a pedirte ayuda y te vi con una chica en el pasillo ¿Tu novia?-. Regina se rio ante eso, no pudo evitarlo.

-No. No es mi novia, nunca he ocultado que siempre he sido bisexual, pero simplemente no puedo tener ese tipo de relación, eso significaría confiar y no puedo. Tengo sexo con ella bajo mis propias reglas, somos amigas desde hace años y aun así jamás le he contado esto.

-Nos conocemos de hace unos meses… ¿Cómo…

-¿Cómo es que te lo cuento?-. Dijo mirando hacia arriba, seguían abrazados y al parecer Regina no lo quería soltar –No lo sé, me siento segura contigo, por extraño que parezca fue así desde el primer día. De otro modo nunca me hubiera acercado a ti, pero supongo que Jason también influyó. Mi punto débil son los niños-. Se le escapó una sonrisita al decir eso y David la besó en la frente, eso la hizo soltar un suspiro y abrazarse más a él. –En verdad eres como un príncipe encantador-. Murmuró mirándolo a los ojos –Alejas mis miedos-. Demonios cómo quería besarlo, solo necesitaba inclinarse un poco y tendría sus labios contra los suyos. Sus lindos ojos azules la tenían hipnotizada, pero sus labios la llamaban, se lamio los suyos cuando notó que la mirada de David bajó a mirar sus labios. Él también lo quería. Si lo hiciera, si lo besara ¿Podría llegar a algo más que un beso con él? ¿Podría hacer algo más que abrazarlo, sin que sus demonios florecieran? ¿Podría dejarse tocar por él? Antes de que pudiera siquiera inclinarse o David bajar para unir sus labios, el llanto del pequeño Jason se escuchó desde el dormitorio sacándolos de aquella burbuja.

-Debe tener hambre-. Susurró David, sin poder alejar sus ojos de los suyos.

-Sí…

-Voy a hacerle el biberón-. Anunció, pero ni siquiera se movió, no quería soltarla.

-Ve, voy a tratar de calmarlo-. A regañadientes se soltaron y cada uno fue hacia un lado, David se perdió en la cocina y Regina en la habitación. Ahí estaba Jason, con su cara roja gritando por atención -¿Qué pasó mi pequeño?-. El pequeño se calmó con solo escuchar su voz y eso calentó su corazón. No podía creer que esta belleza de niño podía tener el mínimo rastro de ADN de la momia mea polvo de Leopold, agitó su cabeza alejando esos pensamientos de su mente. No, este pequeño era solo hijo de David.

Con una sonrisa lo sacó de la cuna y el pequeño la miró con sus grandes ojitos. Se preguntó en que momento se definiría su color, esperaba que fueran azules como los de David y no verdes como los de Mary, pero le gustaba como se veía ahora, cabello rubio y ojos oscuros. Tan guapo como su padre. Un niño muy bello.

YA PUEDEN LINCHARME SI QUIEREN.

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