ESPERO DISCULPEN LA DEMORA Y ESPERO LES GUSTE.
Capítulo 5
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Había pasado una semana desde aquella noche en que Regina le confesó lo que el maldito de Leopold le había hecho, y prácticamente no la había visto desde entonces. Esperaba que no lo estuviera evitando a propósito, por sentir vergüenza o algo así. Las pocas veces que la vio, fue en el corredor del ascensor a su oficina, solo porque quedaban frente a la suya y él mantenía la puerta abierta para poder saber si estaba, y cada que la veía, se levantaba rápidamente para ir tras ella, pero solo alanzaba a verla cerrar la puerta. Se preguntaba si abriría la puerta si él golpeaba. No quería imponerle su presencia, pero estaba preocupado.
Es por eso, que esta vez estaba preparado, estaría esperando a que pasara para cortarle el paso, o en caso de no alcanzarla, ir directamente y golpear la puerta de su oficina inventar cualquier escusa y verla de frente.
Estaba sentado justo al lado de la puerta abierta ojeando un informe, realmente no leía nada. Miriam pasó frente a su oficina y lo miró extrañada. Le hizo una señas preguntando que hacia y él respondió señalando el informe, dando a entender que estaba leyendo. La chica solo giró sus ojos y negó con su cabeza ¿Creía que era idiota o qué? Lo que ninguno de los dos esperaba era ver salir del ascensor a Regina discutiendo con alguien al teléfono.
Miriam ya la había escuchado discutir muchas veces pero jamás de una forma tan fría y cortante. David por otro lado solo la había visto actuar así con el desagradable de Leopold ¿Estaría hablando con él? Trató de alejar eso de su mente y se concentró en Regina, No traía tacones, fue lo primero que notó. Normalmente eso era lo primero que le anunciaba su llegada. Segundo, vestía ropa casual y llevaba una patineta con la mano que no estaba al teléfono ¿Patinaba? Tercero pero más importante que todo lo demás; lucía unas ojeras enormes que el maquillaje ya no disimulaban.
-No, no me interesa lo que me tengas que decir y no me harás cambiar de opinión-. Le hablaba a quien sea que estuviera al otro lado de la línea. Observo a los dos abogados, cada uno parado frente a su respectiva oficina mirándola. Ella solo frunció el seño y siguió de camino a su oficina. Parecía demasiado furiosa, e irritada. David se lo pensó nuevamente, entrar ahí o seguir viviendo.
Vivir. Al menos un par de horas más.
Dos horas y treinta minutos exactos pasaron, para que David dejara el miedo de lado y fuera a golpear a su puerta, no sin antes pasar a la guardería para llevar la escusa para verla, sí, Jason era la escusa perfecta, Regina no lo rechazaría, o al menos no lo mataría frente al pequeño ¿O si? Alejó ese pensamiento al oír la voz amortiguada de la morena diciendo que pasara. Tomó una respiración y abrió la puerta asomando solo la cabeza. Ahí estaba ella, tras su escritorio leyendo y leyendo papeles.
-¿Muy ocupada?-. Le preguntó suavemente y Regina levantó su mirada hacia él –Tengo algo infalible para reducir el estrés…
-¿Boletos sin retorno a Tranquilandia?-. Preguntó dejando de lado los papeles que leía y quitándose los anteojos que traía puesto. Levantó su mirada para ver a David que se había quedado callado y ahí lo vio, de pie con el pequeño Jason en sus brazos, mientras el bebé se chupaba los deditos.
-Pensé que esto sería mejor-. Le dijo regalándole una hermosa sonrisa que hizo que el corazón de Regina se acelerara.
-En definitiva es por lejos lo mejor-. La morena se levantó de su asiento con una sonrisa enorme, acercándose rápidamente a Jason, quien a su vez, en el momento que escuchó a la morena dejó sus manitos de lado agitándolas junto a sus pies de forma entusiasta. Reconocía la voz y el rostro de Regina. Era indiscutible el hecho de que el pequeño la adoraba igual que ella a él. -¿Cómo estás mi precioso angelito?-. Lo tomó en sus brazos y sintiendo inmediatamente el alivio del estrés que traía encima.
-Hace tiempo no te ve, ya te extrañaba.
-¿Él me extraña… o tú?-. Preguntó yendo a sentarse con el pequeño en su sofá.
-Para ser justos… Los dos-. Se sentó a su lado viéndola jugar con su hijo. Desde este ángulo más cerca, pudo notar mejor los enormes círculos negros bajo sus hermosos ojos –No has podido dormir bien ¿Verdad?-. Ella no respondió –Regina… si necesitas hablar con alguien aquí estoy. Puedes golpear a mi puerta cada vez que tengas una pesadilla.
-¿Y que harás?-. Lo miró, su voz era suave -¿Me acunaras en tus brazos y alejarás el mal?
-Si tengo que hacerlo lo haré.
-No sabes lo que dices-. Esquivó su mirada centrándose en el pequeño, pero David no se iba a rendir, tomó su mentón con sus dedos y la hizo mirarlo.
-Sé lo que digo, y lo digo enserio Regina. Estoy aquí y no me voy a ir así como así. Además… Jason te adora. No nos vamos a ir y renunciar a ti.
-David…
-Me gustas Regina, me gustas mucho y créeme que no espero que lo sientas también.
-Apenas me conoces…
-Descubro algo de ti todos los días y todo lo que descubro me encanta. Eres una persona maravillosa con un corazón increíblemente bello, lo veo cada vez que miras a Jason-. David aun tenía sus manos en el rostro de la morena, podía ver los hermosos ojos de la morena billar con lágrimas contenidas –Yo… quiero demostrarte que lo que siento es real, quiero estar contigo, verte sonreír por alguna estupidez que yo diga o verte jugar con Jason, quier…
Regina no aguantó más. Tenerlo ahí diciéndole todas esas cosas, con su aroma envolviéndola y sus hermosos ojos hipnotizándola, fue demasiado y no pudo resistir a inclinarse los pocos centímetros que los separaban, unió sus labios en un beso que interrumpió al rubio. Fue solo un choque de sus labios, pero fue suficiente para enviar una descarga eléctrica por la columna vertebral de ambos, erizando su piel y dejándolos con ganas de más. David la miró brevemente a los ojos, notando que ella también lo quería y se inclinó para otro beso. Estaban tan cerca de unirlos, cuando la puerta de la oficina se abrió de forma abrupta, y ambos se separaron rápidamente para mirar.
-Mierda-. Masculló Regina.
-Ya que no me respondiste por teléfono he tenido que venir hasta aquí. ¿Cómo es eso de que tienes novio y tienes un hijo?-. Preguntó una mujer de porte elegante, cruzándose de brazos en la entrada.
-Lo siento mucho Regina, intenté decirle que estabas ocupada…-. Dijo Laura, la secretaria de la morena.
-Tranquila, se como es ella-. Le respondió con una sonrisa tranquilizadora y la chica salió cerrando la puerta.
-¡¿Ella?! Soy tu madre Regina, creí haberte educado mejor-. Respondió la mujer bastante ofendida y disgustada.
-Al parecer una educación deficiente de la que no haces gala, entras sin golpear-. Le Respondió con voz calmada, el pequeño se había quedado dormido sobre en su pecho y no quería despertarlo.
-Sigues vistiéndote como un niño. Tienes veintiseis años por el amor de dios, vístete como la mujer adulta que eres.
-Si vienes por tu mensualidad, ya está depositada, y no, no la aumentaré-. David estaba estático, ¿esa mujer era la madre de Regina? Tenían cierto parecido en lo físico, pero eran totalmente diferentes.
-No, vengo por lo que me dijo Leopold. ¿Crías a SU nieto como tu hijo? ¡¿Qué estupidez es esa Regina?!-. Exclamó lo suficientemente fuerte, provocando que el pequeño se quejara y la mujer se diera cuenta por primera vez desde que encontró en la oficina, al bebé en los brazos de su hija y al hombre sentado a su lado.
-¡Puedes bajar la voz!-. Le dijo en un grito susurrante –Primero, Jason NO ES… nieto de ese hombre y segundo, no tienes ningún derecho a pedir explicaciones. No te he visto en dos años y esperaba no verte en muchos más, si quieres seguir recibiendo tu mensualidad te sugiero que te retires.
-¡¿QUIÉN TE CREES PARA HABLARME ASI?! ¡SOY TU MADRE REGINA!-. Gritó, esta vez despertando no solo al pequeño, sino también la furia de Regina. Rápidamente le entregó el niño a David y se colocó de pie caminando hacia la mujer en la entrada.
-¡Con qué cara te dices mi madre, si cuando más te necesité me diste la espalda y dijiste que estaba loca! Preferiste creer en la palabra de ese asqueroso hombre antes que en tu propia hija-. Le dijo con los diente apretados, tenía mucha rabia acumulada en ese momento.
-¡Pero si lo culpaste falsamente para no casarte con él!
-¡Ya basta Cora!-. Exclamó Regina –Vete de aquí, incomodas a mi hijo-. Le dijo, el pequeño seguía llorando a pesar de los intentos de David de tranquilizarlo. –No tienes ningún derecho a meterte en mi vida-. El rencor en su voz era tan filoso como un cuchillo. No se iba a permitir llorar frente a esta mujer.
Cora apretó la mandíbula y los puños hasta de sus nudillos se volvieron blancos, echó una mirada al hombre con el pequeño niño llorando en sus brazos y luego a su hija, parecía más saludable que la última vez que la vio. Podía ver la lucha de su hija, de no llorar frente a ella, siempre había sido igual, desde aquel día que Regina llegó llorando junto a ella con su labio superior sangrando, después de haber caído de un árbol tratando de rescatar a un gato callejero que acababa de llevar a casa. Ella la castigó duramente y le dijo que no quería verla llorar jamás. Y así había sido, hasta el día que ella le había contado lo que Leopoldo intentó hacerle y ella no le había creído. La mujer soltó un suspiro y simplemente se giró saliendo de la oficina, sin decir una palabra más.
Regina caminó un par de pasos y cerró la puerta, estaba por derrumbarse ahí mismo frente a la puerta, pero su instinto maternal fue más fuerte y se giró para calmar al pequeño. Lo tomó de los brazos del rubio y lo acunó en su pecho, inmediatamente el niño se calmó y ella se paseó meciéndose suavemente por la oficina hasta que Jason solo soltó pequeños suspiros y gemidos, recostando su cabecita sobre su pecho.
David no sabía exactamente qué hacer en este momento, notaba a Regina tensa pero aún así lograba calmar a su hijo. Se sentía un completo inútil, no pudo tranquilizar Jason y no podía consolar a Regina. Tenía miedo de incomodarla si solo la abrazaba. Tomando una bocanada de aire, se impulsó de valor y colocó su mano en su espalda, por un breve segundo creyó que la morena rechazaría el contacto, pero hizo todo lo contrario, arrimándose más a el, entonces David con confianza la abrazó y la morena se dejó envolver por el calor del cuerpo del rubio. Esto se sentía tan bien, tan… correcto pensaba la morena, como si aquí entre los brazos de David y sosteniendo al pequeño Jason fuera donde pertenecía.
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-¿Quieres un té?-. Le preguntó David nada más entrar al departamento. Regina había decidido volver a casa ese día, pero no quería estar sola, así que le dio el día libre a David. Privilegios de ser la jefa había dicho.
-Prefiero un café-. Respondió mientras colocaba al pequeño en la silla mecedora que David había comprado para él, el pequeño inmediatamente quedó hipnotizado por los animales de peluche que volaban sobre él en el móvil. Regina sonrió enternecida al escucharlo balbucear.
David volvió poco después con dos tazas y un plato con galletas en una bandeja, las colocó sobre la mesita de café y se sentó en el sillón. Cuando le entregó su taza Regina, esta lo miró con el seño fruncido.
-Creo que es mejor un té. Necesitas dormir un poco-. Le aclaró él.
-Estoy bien-. Dijo ella, pero el rubio ya la conocía lo suficiente para darse cuenta que mentía.
-No es lo que dicen esas ojeras-. Le señaló y Regina lo miró con una expresión sorprendida –El maquillaje no las cubre del todo-. Ella soltó un bufido girando sus ojos y David sonrió –Pareces un panda.
-¡Hey!-. Dijo haciendo un mohín que al rubio le pareció encantador.
-Tranquila… sigues siendo un panda muy hermoso-. Le dijo guiñándole un ojo y sonrió ante el sonrojo de la morena. Dios, sentía su cara y cuello arder, aún recordaba la sensación de sus labios sobre los suyos y recordar que su madre los interrumpió en el mejor momento la frustraba.
Después de un breve silencio bebiendo té tranquilamente, la morena levantó su vista, solo para atrapar a David mirándola.
-¿Qué?-. Le preguntó curiosa.
-Nada.
-Oh vamos, se que quieres preguntar algo.
-¿Cómo lo sabes?
-Tienes esa mirada, como si intentaras ver a través de mí-. Le contestó Regina y a él se le escapó una sonrisa -¿Y bien?
-¿Te molestó que te besara?-. Preguntó un tanto nervioso por la respuesta. Regina inclino su cabeza un poco y lo escrutó con la mirada.
-Si no mal recuerdo, fui yo quien te besó-. Le dijo y esta vez fue el turno de David de sonrojarse, intentó decir algo pero terminó balbuceando igual que Jason, provocando una risita de Regina.
-Si, es cierto-. Logró responder –Pero en mi defensa nos interrumpieron cuando iba a hacerlo.
-Si, mi madre…
-No se llevan muy bien ¿eh?
-No… ¿Cómo te diste cuenta?-. Dijo sarcástica.
-Neh… soy muy perceptivo-. Le siguió la corriente, encogiéndose de hombros y la morena volvió a sonreír.
-Nunca he sido lo suficientemente buena para ella-. Dijo Regina, centrando su mirada en la taza de té. –A sus ojos siempre hacia algo mal, de niña recuerdo que intentaba complacerla comportándome como debía, yendo a todas esas tontas clases de etiqueta en las que me inscribía. Se volvió peor cuando entre en la adolescencia. Dejé de intentar ganarme su aprobación cuando papá falleció, no tenía sentido intentar algo que nunca lograría-. Su voz tembló y David se levantó de su asiento sentándose a su lado, le quitó la taza de las manos y la hizo mirarlo.
-No entiendo que es lo que buscaba tu madre, pero te puedo asegurar que eres más que suficiente para cualquiera con sentido común. Eres maravillosa así como eres, no necesitas cambiar para gustarle a nadie, basta con que te gustes a ti misma.
-Creo que dejaré mis sesiones con Archie y tomaré sesiones contigo.
-Depende de que tipo de sesiones quieres… puedo ser muy caro.
-Daría todo mi dinero por estar con "Charmingcito"-. Dijo Regina con una sonrisa suave.
-Es más como una "Charmingconda" pero no me refería a eso-. Respondió el rubio con el ceño fruncido e inclinando un poco la cabeza.
-¿Qué?
-¿Eh?
-Yo hablo de Jason ¿de qué hablas tú?-. Le preguntó bastante confundida.
-¿Yo? De nada-. Intentó hacerle el desentendido, pero sus mejillas comenzaron a adquirir cierto tono rojizo y entonces fue cuando Regina lo entendió.
-¡Oh por dios! ¡Oh por dios, tú hablabas…! ¡Tú…!-. Eso fue todo, estalló en carcajadas ante la mirada vergonzosa del rubio. Dios… ¿Porqué la tierra no lo tragaba y lo escupía a unos minutos atrás y evitar soltar aquello? –Ay dios…-. Regina se secaba las lagrimas que se le habían escapado de tanto reír –Con que una "Charmingconda" ¿eh? … Vaya modestia…-. Lo miró divertida, sin creer que fuera real lo rojo que estaba de la vergüenza –Okay, okay… ya me calmo ¿A que te referías entonces?
-Creo que ya no importa.
-Oh vamos, quiero saber.
-¿En verdad quieres saber?
-Sí, eso es lo que he dicho ¿A que sesiones te refieres?
-A estas-. Fue lo último que dijo el rubio, antes de coger el rostro de Regina con ambas manos y acercarla a él. El gemido que escapó de Regina cuando sus labios se juntaron con los suyos fue divino a sus oídos. Dios, que labios tan suaves. Sintió las manos de ella aferrarse a su chaqueta en sus costados. Llevó su mano a su sedoso cabello y cambió el ángulo comenzando a mover sus labios sobre los de ella. Regina rápidamente se recuperó de la impresión, dios… se estaban besando otra vez y ahora era más que un simple piquito. No se sentía incomoda ni asustada, era David, estaba bien. Era David y él no la lastimaría. Se separó de ella levemente para mirarla y cuando abrió sus ojos, no pudo imaginarse algo más bello que ella. Era hermosa y eso le quitaba el aliento. Maldito mil veces el demonio que se atrevió a lastimar a este maravilloso ángel, fue su pensamiento mientras veía a Regina sonreír e inclinarse por un nuevo beso.
-Mmm… creo que… me gustan más… estas sesiones-. Logró decir la morena entre beso y beso.
-No puedo estar más de acuerdo-. Respondió y la volvió a besar, y hubieran seguido así si no fuera porque el pequeño se echó a llorar –Es su hora de comida y siesta-. Se quejó el rubio, y Regina se rio de él.
-Ve a preparar su biberón, yo compruebo su pañal-. David se separó a regañadientes de ella y fue a la cocina, mientras la morena tomaba al pequeño y se encaminaba con él a la habitación del rubio. Rápidamente comprobó su pañal, y se lo cambio por uno limpio. El pequeño la miraba recostado sobre la cama, con una gran sonrisa y ella se sentía encantada, se sorprendió el inmenso cariño que sentía por el bebé, lo había llamado varias veces "mi hijo" y realmente lo sentía así. Lo recostó en sobre la cama con una almohada afirmando su espalda y mirando hacia la cabecera, ella se recostó sosteniendo su cabeza sobre su mano apoyando el codo sobre la cama de forma que quedaron mirándose, ella lo observó atenta, siempre que lo hacía notaba pequeños cambios en el niño, era tan lindo, se parecía tanto a David.
-Aquí viene la comida-. Anunció el rubio y el pequeño comenzó a mover sus manos y piecitos de la emoción de solo escuchar su voz –¿Tienes hambre campeón?-. Le preguntó acostándose del otro lado de la cama, riéndose de la emoción que mostraba el pequeño. Ahí mismo semi recostado como lo había colocado Regina, le comenzó a alimentar con el biberón. El pequeño comenzó a comer enseguida y ambos adultos lo miraron en un silencio tranquilo, envueltos en la calidez que estar así juntos. El niño no alcanzó a beberse toda la leche cuando cayó rendido por el sueño, sonrió alejando el biberón y limpiándole la boquita con la pequeña toallita. Giró el rostro para ver a Regina, que había estado muy callada, y fue cuando notó que no solo el pequeño había caído en los brazos de Morfeo, la morena también.
Tomó al pequeño con cuidado y lo colocó sobre su pecho y hombro para golpear su espaldita para hacerlo eructar. Cuando terminó lo acostó en su cuna para dejarlo dormir tranquilo. Del closet sacó una manta y cubrió con ella a la morena dormida en su cama. Suspiró enternecido con la imagen, se veía tan pacifica y tan hermosa, besó su frente y volvió a la cocina para lavar las tazas que habían ocupado. Volvió a la habitación para recostarse y ver televisión por un momento mientras sus dos amores dormían. Pero el quejido proveniente de Regina le dijo que la morena estaba teniendo una pesadilla, rápidamente se recostó en la cama y la atrajo a un abrazo, acariciando su espalda y calmándola de la misma forma en que calmaba a Jason cuando dormía. El método surtió efecto y la morena se relajó volviendo a dormir tranquila, esta vez, en los fuertes y protectores brazos del rubio.
Regina despertó un par de horas después, se sentía tan a gusto que no quería abrir los ojos, no recordaba haber dormido tan bien en mucho tiempo, un gorjeo a su lado llamó su atención y fue cuando recordó que estaba recostada en la cama de con Jason y David estaba alimentándolo. Abrió sus ojos y lo primero que vio fue al pequeño niño dormido, recostado sobre parte del pecho de su padre, estaba muy cerca de su rostro y fue que se dio cuenta que ella también recostaba su cabeza sobre su hombro y parte de su pecho. Elevó su mirada y lo vio, estaba dormido igual que el pequeño, con una mano protectora sobre el bebé y la otra aferrándola a ella. La calidez en su pecho se hizo presente, y esas ganas irremediables de querer tenerlos así siempre, junto a ella, como una familia. El pequeño volvió a gorjear y ella sonrió cuando el pequeño lo hizo, estaba teniendo un sueño agradable y hablaba dormido en su idioma. Tan encantadoramente tierno con su sonrisita desdentada, el niño abrió su ojitos, le costó un poquito enfocar su vista pero cuando lo hizo y la vio, volvió a sonreír robándose un poco más del corazón de la morena. Una respiración mas profunda de parte de David los hizo elevarse a ambos al ritmo de su pecho y luego Regina lo sintió abrazarla mucho más, levantó su mirada nuevamente y pudo observar esta vez sus hermosos ojos azules mirándola con ternura.
-Hey-. Le saludó el rubio con su voz ronca por el sueño, que hizo que el bajo vientre de Regina se contrajera. Ella solo sonrió y se abrazó más a él. Era extraño aun para ella que su cuerpo reaccionara a él de esa forma después de tanto tiempo sin hacerlo con ningún otro hombre. –Hey tu otra vez-. Le dijo el rubio esta vez al pequeño sobre su pecho. El niño levantó su cabecita para mirarlo, regalándole la misma sonrisa radiante que le había dado a Regina antes. –¿Así que lo que querías era dormir con nosotros?
-¿Qué?-. Preguntó Regina, creyendo que el rubio le hablaba a ella.
-Jason. Lo acosté en su cuna pero despertó unos diez minutos después, no quería que te despertara por lo que lo traje conmigo y se volvió a dormir y yo con él.
-No sé como me quede dormida-. Estaba un poco avergonzada de que sucediera, le era inevitable no sonrojarse, debió de haberlo abrazado en sueños, pero ahora mismo no quería moverse ni soltarlos.
-Estabas agotada, lo necesitabas. Además… no hay nada de que avergonzarse, sería tu almohada siempre-. Sonrió al notarla más sonrojada –Hablando serio, puedes venir a dormir con nosotros siempre que lo necesites.
-Gracias. Pero eso no será necesa…
-Sabía que dirías eso. Es por eso que Jason y yo decidimos secuestrarte siempre que podamos. Es nuestro plan para que te enamores de nosotros y luego ya no te quieras separar de ambos-. Regina soltó una carcajada que llamó la atención del pequeño que soltó un "¿ohh?", como preguntándole de que se reía.
-Eso sí que no será necesario… ya lo lograron-. Le tocó con un dedo la pequeña nariz a Jason encogiéndose de hombros con una sonrisita traviesa. A David le brillaron los ojitos.
-¿Quieres decir… qui… tú…? -. Realmente no sabía como expresar bien lo que le quería preguntar y tampoco le hizo mucha falta, Regina se inclinó y besó sus labios silenciándolo.
-Ya no me quiero separar de ustedes. Amo a Jason con todo mi corazón y… debo confesar que también me gustas-. Sus mejillas inmediatamente se sonrojaron ¿porqué se volvía tan tímida con David? Con nadie antes le había ocurrido –Te lo quería decir antes en mi oficina, pero llegó la bruja y ya no pude-. Ambos rieron con eso –Eres el único hombre que me ha abrazado y no he sentido miedo, me provocas cosas que creí nunca volvería a sentir-. La mano de Regina vagó inconscientemente a uno de los costados del vientre de David, justamente donde le abrazaba hace unos instantes. Eran solo sus dedos moviéndose casuales e inocentes, pero que extrañamente comenzó a excitar al rubio.
-¿Saldrías en una cita conmigo?-. Preguntó rápidamente, sorprendiendo un poco al pequeño, que lo miró con sus pequeñas cejas fruncidas.
-Me encantaría-. Respondió Regina con una hermosa sonrisa que lo hizo suspirar.
-¿Puedo besarte otra vez?
-¿Eres tonto?-. Le preguntó la morena riendo –No tienes ni que preguntarlo-. Le dijo antes de que David respondiera cualquier cosa y lo volvió a besar. Dios… sus besos eran grandiosos.
Se quedaron un buen rato ahí, acostados los tres abrazados, olvidándose del mundo fuera de era apartamento y hubieran seguido así, si no fuera que el estomago de David rugió tan fuerte que lo hizo sonrojarse, las carcajadas de Regina no se hicieron esperar acompañado de un par de grititos de Jason intentando imitar a Regina creyendo que era un juego. Pero luego fue la risa de David la que estalló, cuando el estómago de Regina rugió también. Entre bromas se trasladaron a la cocina del departamento del rubio para cocinar algo, se habían saltado la hora del almuerzo por estar durmiendo y ahora morían de hambre. Comenzaron a cocinar juntos mientras el pequeño estaba acostadito en su sillita mecedora, pero lo que había comenzado como algo ordenado y normal, terminó siendo una batalla de cosquillas. David se había agachado para sacar una sartén del armario, entonces Regina le rompió un huevo en la cabeza. El rubio como venganza se lanzó hacia ella, capturándola entre sus brazos la levantó llevándola al sillón, donde comenzó a hacerle cosquillas sin contemplación.
-No… por f… por favor… ¡lo siento!-. Trataba de decir entre carcajadas, retorciéndose y tratando de escapar. De pronto, en un movimiento que David no vio venir, Regina lo tumbó al suelo y fue atacado por cosquillas de parte de ella, que se sentó a horcadas él para evitar que se escapara.
-¡Hey, eso es trampa!-. Reclamó el rubio divertido. Con sus manos sostuvo las muñecas de Regina y la atrajo hacia si, robándole un beso que rápidamente fue correspondido por ella. Por dios, nunca se cansaría de besarlo, esto se sentía demasiado bien. El rubio con valentía profundizó más el beso y aprovecho el leve gemido que escapó de Regina y coló su lengua por el espacio de sus labios. Se sintió en el cielo cuando su lengua rozó la suya y Regina volvió a gemir, él mantuvo sus manos en los muslos de Regina en todo momento sin ir más allá para no incomodarla, por lo que se sorprendió un poco cuando fue la propia Regina la que tomó sus manos con las suyas y las guió hasta su espalda y cadera. ¡Santo dios! se estaba excitando demasiado al tenerla así, debían parar –Regina…-. Su voz sonó ronca por la excitación y ella entonces lo miró notando cuan afectado había quedado con ese beso.
-Oh-. Dejó salir Regina entonces se alejó un poco de él sentándose, pero fue una mala idea. Quedó sentada justo sobre sus caderas, podía sentir perfectamente el bulto a través de sus pantalones y fue cuando notó lo íntimo de la posición en la que estaban. Vio al rubio abrir sus ojos espantado, seguramente creyendo que ella se molestaría. Lo extraño era… que no le incomodaba. Se preguntó qué tan lejos podría llegar en cuanto a intimidad sin tener un ataque de pánico. Pero sería mucho tentar a la suerte tan pronto. No negaba que el beso también la había afectado, lo había hecho y mucho, pero aun si pudiera lograrlo, no era el momento ni el lugar, especialmente con el pequeño ahí. –Creo… que Jason y yo iremos a mi apartamento por un cambio de ropa-. Y ropa interior también, podía sentir la humedad en sus bragas –Así puedes darte una ducha tranquilo-. Se levantó del suelo alejándose rápidamente en busca del niño.
-Ah… Regina…-. Era incomodo, estaba avergonzado, muy avergonzado, avergonzado, excitado y ella lo había sentido.
-Hey… tranquilo-. Le dijo regalándole una sonrisa tranquilizadora –No fuiste el único. Pero creo que en aun muy pronto para siquiera intentarlo, lo siento por eso –Tu... eh… "Charmingconda" necesita un poco de atención-. Le dijo bromista arrancándole una sonrisa al rubio.
-No olvidarás nunca eso ¿verdad?
-Jamás-. Susurró con una linda sonrisa mientras se acercaba a él con el bebé en brazos –Espero me tengas paciencia.
-Tendré que pasar nuevamente por mi adolescencia… pero vales absolutamente la pena belleza-. Se inclinó poquito bajando para besar sus labios, siendo correspondido cálidamente por sus suaves labios. –Y tú, pórtate bien con Regina campeón-. Le dijo al pequeño, que solo lo miró haciéndolo sonreír.
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Habían pasado un par de minutos desde que se había duchado, con agua fría, y su erección no había disminuido, de hecho solo había endurecido más. ¿Cómo era posible? Solo había sido un beso, un increíble y maravilloso beso, además de sentir el pequeño y delgado cuerpo de Regina sobre el suyo. Su miembro dio un leve tirón llamando su atención, pensar en lo que había sucedido hace un momento solo agravaba su situación. No quería tocarse, pero al parecer no le quedaba de otra, volvió a meterse bajo la ducha y tomó su miembro con su mano, imaginando que era la de ella, pronto el baño se lleno de sus gemidos y jadeos. Hacía tanto que no estaba con nadie y más tiempo aun del que podía recordar, autocomplacerse. No iba a negar que esto fuera placentero. Su mente voló mientras su mano seguía moviéndose sobre su eje endurecido como roca. Imaginó a Regina completamente desnuda ahí mismo con él, compartiendo la ducha mientras le abrazaba desde atrás con su suave y pequeña mano sobre su miembro, o de rodillas frente a él con su miembro siendo devorado por su linda boca. Eso fue todo. Explotó en éxtasis con esa imagen mental.
Cuando salió de la habitación ya vestido, Regina entraba al apartamento con el niño en brazos y un par de bolsas de comida china. Casi olvidaba que no habían comido nada aun. Pero cuando la miró bien notó el nuevo atuendo que llevaba. Un pequeño short de mezclilla y una camisa blanca anudada en su estomago el cual dejaba ver la piel lisa y perfecta de su abdomen. Dios, esta mujer sería su perdición.
DEJAME SABER QUE PIENSAS.
