ESPERO CON ESTO PUEDAN PERDONAR MI TIEMPO EN HIATUS.
¡FELIZ LECTURA!
Capítulo 6
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-Cualquier cosa, me llamas.
-Por quinceava vez David, prometo que te llamaré.
-¿Haz hecho de niñera antes?
-¡Por supuesto!-. Respondió Miriam, no se hubiera ofrecido a cuidar de Jason si no supiera, pero de todas formas quería bromear con el rubio –Cuidé muchas veces al gato de mi hermana.
-¡¿Que?!-. Exclamó preocupado, comenzando a replantearse la niñera pero comenzó a tranquilizarse cuando la escuchó reír.
-Solo bromeo. Trabajaba de niñera algunas veces cuando estaba en la secundaria y he cuidado a mis sobrinos, sin contar que soy voluntaria en el orfanato de Regina. Creo que estoy bastante calificada para cuidar a esta belleza-. Señaló al pequeño niño en sus brazos mientras despedían a David en su puerta.
Esta noche él y Regina tendrían una cita. No podía más de la emoción cuando David le pidió cuidar a Jason y él le confesó sobre la cita. ¡Al fin! Había exclamado ella con los brazos hacia el cielo, agradeciéndole al todopoderoso por ese milagro.
-No puedo dejar de preocuparme.
-Lo sé, pero tranquilo… tú disfruta de la cita y mañana vienes por Jason. Espero se la pasen muy bien.
-Eso espero también-. Abrió la puerta del departamento de Miriam, ahora si, un poco más tranquilo sobre el cuidado de su hijo, pero en cuanto cerró la puerta tras suyo, los nervios lo invadieron.
¿Y si a Regina no le gustaba donde la llevaría?
-¡No seas idiota!-. Se reprendió saliendo del edificio y tomando un taxi, ya casi era hora y había quedado con Regina que se encontrarían en la 7 avenida con la calle 59, frente a Central Park.
Y ahí estaba él esperando, ansioso y muy nervioso. Sintió su pulso acelerarse cuando la vio, tan hermosa como siempre; vestía pantalones denim negros, una blusa, botines, además de un bolso Gucci colgado del hombro del mismo color, lo único que no era negro era la chaqueta de jeans que traía puesta. Aquél estilo relajado y rockero la hacía ver exquisita. Se acercó a él con una hermosa sonrisa en los labios.
-Wow… te ves muy guapo-. Le saludó mirándolo de arriba a bajo haciéndolo reír.
-¿No se supone eso debo decírtelo yo a ti?
-¿Se supone? ¿Quién dijo que una mujer no puede hacerle un cumplido a un hombre por su estilo?-. Le dijo cruzando los brazos sobre su pecho solo para molestarlo. La verdad es que se veía totalmente comestible, de buena forma, no al estilo caníbal. Vestía unos ajustados jeans azul oscuro, zapatos Oxford de gamuza negro, un delgado suéter de lana gris y una chaqueta de cuero negra, lo primero que lanzó su cerebro fue el wow, lo demás llegó solo.
David solo la miraba hablar, con cara de idiota enamorado
-Tú estás igual de hermosa como siempre-. Dijo poniendo un mechón del sedoso cabello tras su oreja y acariciarle el rostro, sonriendo al ver como se sonrojaba levemente –Vamos majestad… su carruaje la espera-. Señaló los carruajes estacionados en la calle fuera de central park, Regina se giró a mirarlo y él le sonrió ofreciéndole su mano. Oh sí, tenía todo planeado.
El paseo en carruaje fue espectacular, sabía de antemano que a Regina le gustaban los caballos, por lo del paseo estaba seguro le agradaría, cuando el carruaje se detuvo cerca del castillo Belvedere, no era tipio que los recorridos llegaran hasta allí, pero había hecho un trato con el dueño y ahí estaban. La ayudó a bajar, tomándola de la cintura y bajando lentamente, le encantaba que fuera más pequeña que él. La tomó de la mano y la condujo hasta el castillo.
-No sabía que estuviera abierto de noche.
-No lo está. Pero un amigo trabaja aquí y pedí un pequeño favor-. Confesó sujetando la puerta para que entrara, la condujo hacia el segundo piso y hacia la terraza. Dejando a Regina impresionada, el lugar estaba totalmente decorado para una cena romántica, una mesa con un par de velas aromáticas que envolvían el ambiente, una alfombra roja cubría el piso de piedra. Había una pequeña canasta de picnic y una botella de Prosecco en una mesita al lado de la mesa –No seré un príncipe encantador, pero tú si eres una verdadera reina y este pequeño castillo es tuyo por esta noche.
Regina no tenía palabras, era todo sencillo pero significaba el mundo para ella. Lo tomó del hombro y se inclinó para poder besarlo, como había querido hacerlo desde que se encontraron.
-Es precioso-. Le susurró contra los labios. Él la condujo hasta la mesa, corriendo la silla para que se sentara. Desde ahí se podía ver los altos edificios y las luces de la ciudad a lo lejos, el teatro Delacorte y el estanque de tortugas. David se sentó frente a ella y comenzó a sacar los alimentos de la canasta, poniéndolos uno a uno sobre la mesa frente a Regina. Una selección de diferentes quesos artesanales, embutidos, pan baguette, aceitunas, mermelada, paté, fruta fresca y hasta un pastel de manzanas –Esto se ve delicioso-. Dijo robándose una mora y echándosela a la boca.
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-¿Cómo crees que esté yendo la cita?-. Le preguntó Miriam al pequeño Jason, mientras le cambiaba la ropa para ponerle el pijama de osito panda que le había comprado el día que David le pidió que lo cuidara. El pequeño se rio aplaudiendo con sus manitos, haciéndola reír también –Sí yo también creo que va de maravilla. ¡Ya está! Eres un hermoso pandita-. El niño volvió a reír –Es hora de la comida pequeño panda-. Ajustó las almohadas de la cama y colocó al pequeño, cuidando ponerle una mantita en el pecho para que no se mojara a la hora de beber su leche, y comenzó a alimentarlo, fantaseando qué tipo de cita habría organizado David.
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Los golpes en la puerta lo alejaron de su atención en la mujer que tenía en frente, elevó la voz para hacerle saber a quien estuviera golpeando se podía entrar. La puerta se abrió y por ella entro su abogado.
-Señor ya tenemos la información que solicitó.
El hombre solo estiró su mano esperando que el abogado le entregara la carpeta. En cuanto lo hizo se retiró.
-¿Qué te traes entre manos ahora, querido?
-Una forma de quitarle mi nieto a ese don nadie.
-Dudo que mi hija te lo ponga fácil, es la novia de ese don nadie.
-Me da igual. Mi hija no quiere a ese niño, y a mi me daría igual también, si no fuera porque sería el único heredero de la fortuna de la familia de Eva.
-¿Qué quieres decir con eso?
-El padre de Eva siempre quiso un varón, solo la tuvo a ella y entonces esperó que ella le diera un nieto, pero tampoco, solo tuvimos a Mary Margaret, por lo que dejó una clausula en su testamento. Su herencia solo la recibirá un descendiente varón o todo el dinero irá a obras benéficas.
-Entonces ese niño es el verdadero dueño de todo.
-No, querida Cora, el que tenga la custodia, es el verdadero dueño. Un bebé es incapaz de hacerse cargo de todo. Pero Mary no quiere siquiera que le nombren al niño y no tengo idea de porqué.
-¿Dónde está Mary Margaret?-. Preguntó curiosa.
-No sé, la última cosa que supe de ella es que iba a las Bahamas.
-¿No hay forma de impugnar el testamento?
-No, de haberlo ya lo habría hecho, tampoco puedo reclamar ningún derecho, ni Mary tiene derechos sobre el niño. El idiota de Nolan notificó el abandono de hogar, si Mary hubiera esperado un poco más, al menos hasta registrar la partida de nacimiento tendríamos derechos, pero no.
-Y este don nadie ¿sabe de la herencia del niño?
-No sé, y si no lo sabe, lo sabrá pronto.
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-Dios no puedo creerlo-. Dijo Regina tratando de calmar su risa -¿Enserio hiciste eso?
-Si bueno… era joven y estúpido-. Dijo riendo con ella –Aunque estoy seguro que mi madre casi muere de un infarto.
-Si bueno, no ha de ser gracioso encontrarse con su hijo y una chica desnudos en plena sala de la casa.
-Mhhm, se burló de mi con eso por mucho tiempo-. La vergüenza del recuerdo estaba marcada en su rostro, sonrojado a más no poder –Tú le agradarías mucho.
El picnic hecho cena había terminado hace un momento y habían salido del castillo, despidiéndose de Louis el guardia amigo de David y habían estado caminando por el sendero de camino hasta la 5ta avenida.
-¿Te cuento un secreto?-. Dijo Regina aferrada su brazo, el rubio la miró y asintió –Nunca, de todos los años que he vivido en Nueva York, había ido de paseo en carruaje.
-¿Nunca?-. Ella negó con la cabeza -¿Con nadie?-. Volvió a negar –Bueno en ese caso… me alegro de haberte traído-. Dijo besando su frente.
-A mi también-. Pasó su brazo por su espalda, enganchando su mano en su costado, mientras que David pasó el suyo por sus hombros y siguieron caminando. Ambos Vivian en East Village al sur de Manhattan y solo les tomaría alrededor de 30 minutos llegar.
Apenas atravesaron las puertas del departamento de Regina, el teléfono de David sonó anunciando un mensaje entrante, rápidamente como el buen papá oso que era, lo revisó en caso de que fuera Miriam avisándole de algún problema, pero al desbloquear la pantalla y ver el mensaje, su semblante preocupado fue reemplazado rápidamente por una gran sonrisa enternecida, giró su rostro para mirar a Regina que lo miraba expectante, le mostró el teléfono y la misma sonrisa se reflejó en el rostro de la morena, pues el mensaje se trataba nada más y nada menos que de una foto del pequeño Jason, dormido, vestido con un pijama de oso panda de la cabeza a los pies, con un pequeño pandita de peluche en sus brazos y con el dedo pulgar metido en la boca.
-Dios mío, es lo más adorable que he visto-. Dijo Regina totalmente derretida por el bebé.
-Si… lo sacó de mí-. Comentó el rubio hinchando el pecho haciendo reír a Regina.
-Oh claro, totalmente-. Giró los ojos riendo –Luego me envías esa foto.
-Lo que su majestad ordene-. Respondió picoteando sus labios. El plan era beber una copa para compartir más de la noche, pero Regina rápidamente transformó ese piquito en un beso lento, abrazándolo por el cuello. David estaba en una nube, besarla era una delicia que rápidamente se volvía droga. -Mmh… Regina…
-¿Quieres vino tinto o blanco?-. Preguntó separándose de él. Como si no hubiera pasado nada, como si ese beso no los hubiera afectado a ambos. Le tomo un momento al rubio volver a reconectar con el mundo.
-Am… el que tu elijas estará bien-. Le respondió, y pudo notar en ese momento la sonrisita traviesa de Regina. Oh, ella lo había besado así a propósito. La morena se giró encaminándose hacia la cocina, asegurándose de acentuar el movimiento de sus caderas sabiendo que inevitablemente la mirada del rubio iría hacia ella. Y no se equivocó, el cerebro de David quedó pegado como si fuera una computadora con windows obsoleto.
-¿Me ayudas aquí?-. Le llamó ella desde la cocina y David salió de su bruma siguiéndole los pasos. -Iba a comprarme un sacacorchos automático, pero al final siempre lo olvido-. Sonrió entregándole uno manual, no es que no supiera o no pudiera descorchar una botella ella sola, es solo que quería que el rubio lo hiciera.
-Bueno, siempre puedes venir a mí si necesitas descorchar una-. Le guiño un ojo mientras se subía las mangas. Rápidamente descorchó la botella con un pequeño y casi imperceptible "pop", lo sirvió en las copas que Regina había sacado y juntos se encaminaron a la sala.
Estuvieron un largo tiempo conversando, David le contó más de sus anécdotas de su infancia y adolescencia, mientras disfrutaba de los curiosos y alegres ojos de la morena, le encantaba verla así, toda sonriente y despreocupada, ver como echaba la cabeza hacia atrás cuando la risa era incontenible y dejaba a la vista ese precioso cuello que le llamaba a oler, besar, morder y querer marcar. Estaba sentada de lado, con las piernas dobladas debajo de ella, el brazo apoyado sobre el respaldar del sofá y su cabeza sobre su mano mirándolo atenta, se veía tan tranquila y tan hermosa que le fue imposible no inclinarse hacia ella en busca de sus labios, comenzó como un suave roce y luego un suave beso, entonces ella soltó un suspiro y le acarició el rostro y el cuello acercándolo más a ella, el beso tomó forma y pronto se intensificó, David soltó un suspiro tembloroso cuando la morena le mordió el labio inferior antes de que su lengua cálida invadiera su boca tomando rápidamente el control de la situación, aun besándolo acomodó su cuerpo, terminando sentada a ahorcadas sobre él. Las manos de David volaron rápidamente a sus piernas, y espalda, la morena gimió en medio del beso, provocando que su miembro comenzara a despertar dentro de los confines de sus jeans, debía detenerla antes de ocurriera lo de la vez pasada que ni la ducha fría había podido ayudarlo, pero estaba tan perdido en ella que su mente solo estaba concentrada en procesar lo suave que eran sus labios, la calidez de su lengua jugando con la suya, el delicioso aroma que emanaba y lo sedoso que era su cabello. Se sintió morir cuando la misma Regina comenzó a mecer sus propias caderas sobre las suyas arrancándole un sorpresivo gemido, rompiendo el beso intentó regular su respiración mientras enfocaba su mente y buscaba las palabras que quería transmitir.
-Re… Regina-. Su nombre, fue lo único que pudo decir, puesto que la morena lo silenció nuevamente con un beso, arañando su nuca con las uñas apegándose más a él –De… Deberíamos parar.
-No quiero-. Susurró ella con la voz más ronca de lo normal. Realmente no quería, había extrañado tanto el contacto físico de esta forma tan intima con un hombre, con David no tenía miedo pues sabía que jamás la lastimaría, estaba preparada, lo quería, lo ansiaba… lo amaba. Pero tal parecía que debía ser más directa y decirle qué era lo que quería.
-David…-. Su nombre salió en un pequeño jadeo, lo vio abrir sus ojos y enfocarlos en ella, el azul brillante estaba oscurecido de deseo y anhelo que sentía en ese momento, pero al mismo tiempo tenía un brillo de confianza, respeto y amor, la miraba con tanto amor, que hizo su corazón correr con aún más fuerza en su pecho –Quiero hacer el amor contigo.
El rubio la miro fijamente, preguntándose si había escuchado bien o solo había imaginado lo que ella había dicho, pero ahí estaba ella, con las mejillas sonrojadas, sentada ahorcadas sobre él, mirándolo con esos hermosos ojos oscuros, más oscuros aun por la excitación, podía sentir su corazón palpitar acelerado en su pecho por tener su mano en su espalda, entonces la vio sonreír como si supiera que esperaba un confirmación de lo que acababa de escuchar, se inclinó hacia él y contra sus labios volvió a repetir lo que había dicho –¿Estás segura?-. Preguntó con la voz afectada, entonces Regina se irguió nuevamente y por un momento pensó que se había retractado, pero su sorpresa fue enorme cuando la morena se quitó la blusa que traía puesta, quedando solo con un sujetador de encaje negro.
-Completamente segura.
La garganta del rubio se secó y de pronto no sabía como respirar, la mujer con la que había estado fantaseando desde hace un tiempo estaba frente a él, sobre él, cubierta solo con un delicado y elegante sujetador de encaje y la realidad superaba mil veces su imaginación, ella era una diosa. Lo único a lo que atinó a hacer fue a tomarla del cuello y atraerla a un beso hambriento, que segundos después se volvió inseguro ¿Había sido quizás muy brusco? Se separó de ella con toda la intención de disculparse, pero fue besado nuevamente por la morena, quien tomó sus manos en las suyas llevándolas a sus senos y llevó las suyas al cuello del rubio balanceándose sobre sus caderas. Las manos de David se volvieron más seguras y curiosas y rápidamente estuvieron descubriendo y acariciando su piel tanto de su abdomen como de su espalda, bajando poco a poco hasta su trasero, apretándolo suavemente ganándose un gemidito y una sonrisa de la morena. La tomó en brazos levantándose del sillón, comenzó a caminar con ella aferrada a su cuello y sus piernas envueltas en sus caderas, las palabras fueron reemplazadas por miradas que descubrían sus almas. Dejándola con suavidad sobre la cama, se paró frente a ella para luego quitarse el suéter y la camiseta que traía dejando su fuerte torso a la vista ansiosa de la morena, se quitó los zapatos y tomó una de las piernas de Regina para quitarle el calzado repitiendo la acción con el otro, observando su rostro atentamente llevó sus manos hasta el botón del pantalón, ella asintió con la cabeza y el lo soltó, enganchó dos dedos a cada lado de la prenda y comenzó a deslizarlo por sus piernas lentamente sin despegar sus ojos de los de ella, volviendo el momento aún más íntimo y sensual.
Regina estaba excitada, muy excitada, como nunca antes había estado, ni siquiera antes de lo ocurrido con Leopold. David subió hasta su rostro para besarla, pero ella no era de las que se quedaba ahí sin hacer nada, ella deseaba tocar, acariciar, morder y besar aquellos pectorales tan fuertes del rubio. Por lo que en un rápido movimiento era ella la que estaba sobre él, David la observo aún más excitado, podía sentirlo perfectamente, aún escondido en sus jeans. Atacó primero su cuello, besando y dando pequeñas lamidas y fue bajando, sus manos arañando la piel de su abdomen hasta llegar a los jeans, los desabrochó y lo miró desde abajo, David tenía los ojos fuertemente cerrados y sus manos se aferraban a las cubiertas de la cama a sus costados, esperó a que abriera los ojos y la mirara, solo para lamer su abdomen desde el ombligo hasta su esternón, sin despegar los ojos el uno del otro, Regina sonrió descarada, sabía exactamente lo que provocaba en él y eso le encantaba, se inclinó a besarlo siendo correspondida con una fogosidad que declaraba una buena noche, sintió las manos del rubio en el broche de su sujetador desprendiéndolo con maestría. Sentándose Regina deslizó la pieza de sus brazos y l arrojó al otro lado de la habitación, quedando totalmente desnuda de cintura para arriba ante la vista hambrienta de David, el rubio sentó y le dio un tierno beso en los labios al mismo tiempo que cubrió uno de los senos con su mano derecha, la otra fue a su espalda para sostenerla para rápidamente boca cubrir el pezón de su otro seno, arrancándole un gemido de lo mas profundo de la garganta de la morena.
-¡Ahhh!-. Gimió más fuerte cuando el rubio rastrilló levemente el pezón con sus dientes y con su mano pellizcó el otro. Descendió su mano izquierda por la curvatura de su trasero llegando a su intimidad, podía sentir el calor y la humedad acumulada a través de las diminutas bragas de encaje a juego con el sujetador.
Regina se arqueó contra él aferrándolo del cabello y soltando un jadeo cuando lo sintió tocarla donde más quería, ya no aguantaba más quería que la tomara de una vez, pero al mismo le estaba encantando la forma en que se tomaba su tiempo para acariciarla. Lo sintió hacer a un lado su ropa interior y tocarla directamente sin barreras para luego introducir uno de sus dedos haciéndola temblar.
-Dios… tan mojada-. Dejó escapar el rubio antes de volver a intercambiar posiciones. Ahí estaba la mujer más hermosa que había tenido la dicha de conocer, sonrojada, despeinada y semidesnuda debajo de él, ansiándolo de la misma forma que él la ansiaba a ella.
-¿A qué esperas encantador?-. Le preguntó con voz profunda y sensual arrancándole una sonrisa. Enganchó sus dedos a los costados de las bragas y se las quitó, tragando duro ante la vista de la perfección hecha mujer esperando por él.
-Eres preciosa-. Le susurró contra los labios antes de besarla con todo su ser, quería impregnar en ese beso todo lo que sentía por ella y hacerle saber lo feliz que se sentía que ella confiara él para haber llegado hasta este momento. Besó sus labios, sus mejillas, su preciosa nariz, su frente y su barbilla, bajando a su cuello sintiendo vibrar sus cuerdas vocales al gemir su nombre. Su boca exploradora siguió besando, lamiendo y descubriendo cada pedazo de aquella suave y perfecta piel, viajando por el valle de sus senos, su estomago… jugando con su ombligo haciéndola reír, siguió su descenso por su vientre, sonriendo de lado cuando las caderas de la morena inconscientemente se elevaron. Decidió no hacerla esperar más.
-¡Oh dios!-. Las manos de la morena se aferraron al cabello de David, cuando la lengua caliente del rubio hizo contacto por primera vez con su sexo húmedo.
Dios… sabía maravilloso, el sonido de sus gemidos solo aumentaba sus enormes ganas de hacerla suya, de ser suyo y fundirse ambos en uno solo. Introdujo uno de sus dedos sin dificultad, y dios… estaba tan caliente. Comenzó a bombearlo deleitándose al verla con los ojos cerrados y el rostro contorsionado por el placer que él le estaba dando. La espalda de Regina se arqueó violentamente cuando su lengua tocó su clítoris y añadió un segundo dedo, sus paredes internas buscando adaptarse al tamaño, mientras ella seguía retorciéndose y gimiendo sin control. No pasó mucho tiempo para que la morena se deshiciera en sus manos. David se deshizo de la ropa que aun traía a una velocidad asombrosa, su miembro palpitaba dolorosamente pidiendo atención, volvió a posicionarse entre las piernas de la morena, pero no se esperaba que Regina estirara su mano y lo sujetara acariciando su miembro de la base a la punta, haciéndolo sisear mientras que de este escapaba líquido pre seminal.
-Es un gusto conocerlo señor Charmingconda-. Dijo la morena recordando aquella broma de hace un tiempo y el nombre que le había soltado David. No podía evitar darle un poco de razón al rubio en cuanto al nombre de su "amigo", pues su pequeña mano apenas y podía abarcar la circunferencia y ni hablar del largo.
-No lo olvidarás nunca ¿Verdad?-. Regina simplemente negó con la cabeza riendo mientras lo tomaba del cuello para besarlo. David retiró su mano de su miembro, se alineó con su entrada comenzando a penetrarla firme y lentamente. Regina gimió en medio del beso, no recordaba que fuera tan exquisito, pero dios, David se sentía tan bien, su aroma embriagador, su piel caliente y sus musculosos brazos la hacían temblar. El rubio comenzó a moverse tiempo después, había esperado a que se acostumbrara a su tamaño y también para no dejarse ir en cuanto estuvo por completo dentro, el acople le estaba haciendo girar la cabeza. Las sensaciones aumentaron, los gemidos y jadeos por parte de ambos se volvieron más audibles. Regina se aferró a su espalda y a sus fuertes brazos haciéndolo sisear al enterrar sus uñas. Él tomó una de sus piernas y pasó su brazo por debajo de su muslo cambiando levemente el ángulo de penetración llegando aun más profundo, provocando gritos placenteros de parte de Regina. Estaba cerca, podía sentirlo. Ella descendió una mano para tocar su clítoris, pero David la detuvo llevando ambas manos sujetándolas con una suya contra la cama sobre su cabeza, bajó su rostro para besarle el cuello y con su mano libre trazó círculos con su pulgar en su botón de placer haciéndola temblar. Su espalda se arqueó violentamente al ser golpeada por un poderoso orgasmo arrasador como ningún otro. David no dejó de moverse aun cuando el agarre de sus paredes internas lo hizo explotar junto con ella, derramando su semilla profundamente en su interior.
-Te quiero…
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ESPERO OMITAN CUALQUIER ERROR, NO LO REVISÉ
¿Y?, ¿QUE TAL?
