HOLA A TODES. ESPERO AUN LEAN ESTO. AUNQUE DESPUÉS DE TANTO TIEMPO SIN PUBLICAR NO ESPERARÍA QUE LO SIGUIERAN HACIENDO.

HE ESTADO SIN INSPIRACIÓN... AUN QUE PENSÁNDOLO BIEN SABÍA EXACTAMENTE COMO SEGUIR PERO NO ENCONTRABA LA FORMA DE PLASMARLO, COMO SI MI CEREBRO NO SE DECIDIERA A ORGANIZARSE Y CREARLO DE UNA VEZ POR TODAS.

PERO BUENO. AQUÍ ESTÁ. LA MITAD ESTABA ESCRITO DESDE HACE UN BUEN TIEMPO Y DE HECHO LO IBA A PUBLICAR MÁS TEMPRANO ASÍ COMO ESTABA, PERO LUEGO LO VOLVÍA RELEER POR QUIEN SABE QUE VEZ, Y LO ENCONTRÉ COMO UN CAPITULO DE RELLENO Y ME DIJE, NO ESTO NO CUELA. ASI QUE TUVE UN FLASHAZO Y SE ME ILUMINÓ LA BOMBILLA Y HASTA LO HE HECHO MÁS LARGO.

ESPERO TODOS ESTÉN BIEN Y LOS QUE ESTÉN EN CUARENTENA NO SE ESTÉN DESESPERANDO TANTO. OJALÁ HUBIERAN MÁS NUEVOS FICS QUE LEER.

SIN MAS PREÁMBULOS CON USTEDES EL...

Capítulo 8

A penas bajar del avión, la morena tomó una gran bocanada de aire, estar viajando durante tantas horas hubiera sido un calvario si lo hubiera hecho sola. Sonrió al ver al pequeño niño rubio en sus brazos, mirando todo a su alrededor descubriendo el nuevo lugar en el que estaba. El comportamiento del niño había sido increíble, solo un poco quisquilloso al despegue, pero por lo demás había sido excelente, incluso para ser su primer viaje en avión

Sentía que había pasado una eternidad desde que había planeado este viaje, y en ese entonces no están incluidos ni el niño ni su padre, pero le agradaba el nuevo cambio que estaba sufriendo la compañía y su vida privada con ambos en ella.

Recordaba el día que David llegó contándole la odisea que había sido tomarle la foto al pequeño para su pasaporte. El pobre había tenido que esconderse tras una tela blanca y sostener al niño, ayudado por el asistente del fotógrafo llamando la atención del pequeño para que no desviara la mirada y no observara hacia atrás para ver el por qué su papá se cubría.

El rubio llegó a su lado regalándole una hermosa sonrisa, la misma que le daba cada vez que la veía con el pequeño niño en brazos.

-Ya tengo nuestras cosas ¿ahora donde?

-Alquilé un Jepp... deben de estar por traerlo-. Comentó jugando con las manitos del niño.

Habían tenido una escala de 9 horas en Dubái, donde salieron a visitar algunas de las atracciones más llamativas, visitaron el Burj Khalifa donde quedaron encantados con las maravillosas vistas desde todo lo alto, sacándose tantas fotografías como pudieron y dieron una vuelta por el centro comercial Dubái Mall donde realizaron algunas compras, luego volvieron al aeropuerto para tomar el vuelo hacia Australia.

En cuanto llegó el Jepp el mismo chico que lo entregó, le ayudó a David a colocar y sujetar debidamente las tablas y la sillita de autos de Jason, el pequeño en cuanto estuvo sentado se durmió, probablemente el cabio de horario lo había afectado estaba más de lo que parecía.

Regina condujo tan perfectamente y sin necesitar de ningún GPS, indicativo claro de que ya había estado varias veces en la ciudad. Se dirigían al suburbio Bondi, es lo que le había dicho ella. La verdad David no conocía nada y se dejaba llevar por ella.

Tardaron alrededor de 27 minutos en llegar, y al estacionar el Jepp, David pudo reconocer a la chica de piel morena y cabello rojo que ya había visto anteriormente, la amiga de Regina con la que la había encontrado besándose fuera de su apartamento. Cierta molestia en su estómago lo hizo desviar su vista de la chica de piel canela hacia su novia. Regina tenía una enorme sonrisa en su rostro y se bajó rápidamente del Jeep para envolver a la chica en un fuerte abrazo.

-¡Al fin estás aquí!-. Exclamó con suma alegría.

-Lo sé-. Le respondió Regina alejándose del abrazo y girando su rostro para ver a David bajar del Jeep –Ella es mi amiga Zuleima-. Le dijo al rubio presentándosela –Zul, él es David.

La pelirroja entrecerró sus ojos mirándolo, lo observó de pies a cabeza poniéndolo un poco nervioso.

-Con que tú eres el famoso David Nolan-. Le dijo finalmente con una sonrisa.

-¿Famoso?-. Preguntó curioso.

-No todos los días Regina se enamora de alguien. Tuve de obligarla a que me dijera todo-. David volteó a mirar a su novia, encontrándola con las mejillas adorablemente sonrosadas –Aunque aquí entre nos, no dijo mucho, salvo que eras un rubio alto y guapo con unos lindos ojos azules que la derretían.

-¡Zuleima!

-¿Qué?-. Preguntó encogiéndose de hombros -¿Acaso es mentira? También mencionó que tienes un hijo ¿Dónde está?-. En el instante que hizo la pregunta, el pequeño se anunció desde dentro del Jeep con un suave llanto al despertar y encontrarse solito ahí. David abrió la puerta y lo sacó, ya era hora de que comiera algo.

-Ma-ma-. Le llamó el pequeño a Regina estirándole los bracitos para que lo tomara y ella inmediatamente lo hizo calmando al pequeño y entonces volvió a mirar a su amiga que le miraba de una forma extraña.

-¿Qué?-. La pelirroja cogió la manito del pequeño y le sonrió.

-Nada… si no supiera mejor, diría que él de verdad es tu hijo… tienen un parecido un tanto… impresionante-. El pequeño se volvió a quejar, rompiendo el ambiente que había quedado con lo que mencionó la pelirroja –Bien ¿quién tiene hambre, además de esta pequeña preciosura?

Luego de desayunar, la pelirroja les guió hasta Maroubra beach, al sur de Bondi, según Zuleima, esa era la playa menos concurrida por turista y más localismo. Al llegar había un grupo de personas esperándoos, había cuatro socios con la pelirroja y los demás familia de ellos.

Regina les explicó a todos la forma en que estaba hecha la tabla, el proceso desde que cogían los plásticos hasta la creación del material, al diseño de la tabla que les estaba mostrando. Habían llevado dos de los principales modelos, el tercer modelo, estaba aun en proceso.

Dos de los socios de Zuleima decidieron probar las tablas y experimentarlas por si mismos, de eso dependía si se decidían a comprarlas y promocionar esa línea en sus tiendas. Se trasladaron a la parte norte de la playa, donde se apreciaban olas de gran nivel, excelentes para surfistas con experiencia.

El tercer socio, una chica rubia, se acercó a Regina quien tenía a Jason en brazos.

-¿Como se te ocurrió la idea de crear tablas a partir de plásticos reciclados?

-Cada que iba a surfear o a hacer SUP, me encontraba con plásticos en el agua o en las orillas y eso me molestó, quería encontrar una forma de remediarlo y concientizar a las demás personas y en esto resultó.

-Fue una buena idea-. Estuvo de acuerdo la rubia ¿Vas a surfear ahora?

-Había pensado hacerlo más tarde

-Oh vamos, ¿por qué no ahora?

-Elsa, por favor no la hostigues-. Le reprendió la pelirroja a la rubia.

-Relájate Zul. Elsa tiene razón, es un buen momento. Iré a cambiarme-. Regina se alejó hacia los cambiadores y Elsa se acercó a David que observaba a la morena alejarse.

-David ¿verdad?-. El rubio asintió con la cabeza –¿Sabes si tu jefa está soltera? Es que ella es… wow, tú me entiendes.

-No está soltera, tiene novio-. Dijo el rubio, tratando de que su voz no sonara dura, de ello dependía si se cerraba el trato. El pequeño niño en sus brazos se comenzó a agitar, evitando hablar más con Elsa. A lo lejos pudo ver que Regina salía de los cambiadores.

-Bueno… no sería la primera mujer a la que le hago olvidar el novio-. Comentó de todas formas la rubia, y ese comentario molestó totalmente a David, el pequeño comenzó a sollozar y esa fue la escusa perfecta.

-Tranquilo campeón, ahí viene mami-. Le dijo al pequeño, y por el rabilo del ojo pudo ver el rostro desencajado de Elsa. Y el siguiente en desencajar su rostro fue él, cuando Regina se acercó a ellos, vestida con ese increíble traje de baño de dos piezas para surfear, que prácticamente lo tenían babeando.

-¿Qué le ocurre a mi bebé?-. Le dijo la morena al niño, y este enseguida le estiró sus bracitos para que lo tomara -¿Querías a mami? ¿Papi no te entretiene?-. Le hizo cosquillas al pequeño, arrancándole carcajadas entusiastas, provocando una sonrisa inmensa y enamorada en David, le encantaba que se viera ella misma como su madre, desde que el pequeño la había elegido diciéndole mamá, su primera palabra; los tres lo sentían así, Regina era su madre.

-No, hoy solo quiere estar con su mamá-. Dijo David acercando su rostro al suyo para besarla, la morena le besó de vuelta ante la atenta mirada de Jason en ambos. Elsa ya se había alejado de ellos en el momento que escuchó "mamá"

-Cariño, ¿Qué tal si te quedas con papá en la orilla mientras yo me meto al agua?-. El pequeño la miró elevando un poco sus diminutas cejas dándole una sonrisa desdentada, la morena se lo entregó a David y tomó la tabla que le ofrecía la pelirroja, quien también se iba a meter al agua.

-Con que "mamá"-. Le dijo Zuleima mientras se adentraban al mar.

-¿Qué te digo? el pequeño se robó mi corazón

-¿El bebé o el padre?-. La morena solo sonrió y comenzó a remar hacia el fondo para tomar la siguiente ola.

Mientras ellas estaban en el agua, Elsa se acercó a David en la orilla.

-Oye… lamento eso que dije antes-. David volteo su rostro para mirarla –Nunca me metería en una relación donde hayan niños, no soy del tipo de romper una familia.

-Pero sí te metes entre relaciones

-Si

-¿Y sabes algo más además de los nombres? Algunas puede que nunca te digan que tienen hijos

-Tienes razón-. Dijo tocando la manito de Jason que le sonreía divertido –Se parece mucho a Regina

-¿Eh?-. David lo observo también.

-Tiene sus ojos y su nariz

-Ma-ma-. Dijo el pequeño riendo.

-Sí te pareces mucho a tu mamá-. David solo sonrió, no tenía caso decirle que Regina no era su madre biológica.

-Wow, tiene una increíble técnica-. Dijo Elsa mirando hacia el mar.

-¿A que te refieres?

-Al Take off que acaba de hacer, es la primera maniobra ponerse de pie en la tabla. Oh… y ese es el Bottom Turn-. Dijo la rubia cuando Regina bajando con la ola, hizo un giro para volver al punto alto de la misma –Se usa para volver a subir y no irse directo a la orilla. Y ese es el Tubo, creo que está demás decir que hace.

David miraba absorto a su novia moverse sobre las olas como toda una experta, el no tenía idea de nada de esto, pero ella se veía espectacular. Se estaba deslizando por el interior del tubo que creaba la ola al romper.

-¡Oh por dios! Ese es un aéreo-. Se sorprendió al verla hacer un "Flip" en el aire con la tabla como si fuera realmente un skate, para luego bajar y volver a hacer otro aéreo, sujetando la tabla con ambas manos hacia el frente y dando un giro de 360 grados en el aire y caer nuevamente de forma espectacular –Tu chica es increíble-. Le dijo a un David boquiabierto que miraba sorprendido a Regina –Esas tablas son geniales, no veo diferencias de las otras-. Les dijo la rubia a sus compañeros -Además son ecológicas-. Los demás estuvieron de acuerdo con ella.

Regina y Zuleima salieron del mar acercándose a ellos.

-Me complace decirles que estamos de acuerdo en promocionar la línea de tablas ecológicas de EcoQueen en nuestras tiendas-. Dijo la rubia, acercándose a Regina estrechando su mano.

-Perfecto, David tiene el contrato en el auto-. El rubio se acercó al auto sacando la carpeta con el contrato desde una de las maletas.

-Aquí, denle una mirada y me llaman cualquier duda-. Dijo David.

-Eso dalo por hecho. Por cierto-. Miró a Regina -¿Dónde aprendiste a surfear?-. Preguntó curiosa.

-En Coolangatta, Brisbane.

-Cool, esa es una increíble técnica la que tienes.

-Gracias.

Los demás se alejaron dejando solo a David, Regina, Zuleima y el pequeño Jason, que miraba a su mami toda mojada.

-Te dije que sería un éxito asegurado-. Comentó entusiasmada la pelirroja. Regina sonreía enormemente. -Será mejor que vuelva a casa, ustedes tienen un ferry que tomar-. Se subió a su vehículo y se fue dejándolos a los dos con el pequeño que trataba de tomar con sus manitas el cabello mojado de Regina.

-¿Ferry?-. Preguntó el rubio y Regina le sonrió.

-Una sorpresa-. Y con una sonrisa que prometía un mundo da aventuras se subieron al jeep y Regina condujo hasta llegar a uno de las tantas estaciones de Ferris en la ciudad. El traje de surf de dos piezas a esas alturas ya se había secado, por lo que Regina se colocó un vestido de lino que a David volvió loco por lo increíble que le quedaba.

-¿Vienes seguido a Australia? Se ve que conoces bastante-. Preguntó el rubio, acomodando al pequeño en su hombro, se acababa de quedar dormido luego de ser alimentado.

-Mi padre me traía aquí desde… siempre-. Contestó ella mirando como se alejaban de la ciudad, giró su rostro para mirarlo a él -Creo que tenía 3 años la primera vez que me trajo. A mi madre nunca le gustó Australia, ella decía que era por los animales, serpientes, arañas. Pero en cuanto fui creciendo entendí, que ella simplemente no quería ir de vacaciones sin sirvientas ni niñera-. Se encogió de hombros volviendo a mirar al horizonte -Prefería no estar con su hija, si tenía que hacer todo ella misma.

David colocó su palma en su espalda y ella se volteó a abrazarlo rodeando sus brazos en su cintura. Miró al pequeño dormido en su pecho a su lado y sonrió levemente prometiéndose, que si tenía la posibilidad de ser la madre de Jason, jamás lo dejaría solo.

-Serás la mejor madre del mundo-. Le susurró David y ella levantó su mirada hacia él en una pregunta silenciosa -Sabes exactamente lo que no hacer, tienes un corazón enorme y amas y proteges los niños, no solo a Jason sino a los del orfanato también-. Besó su frente y ella se abrazó aun más a él. La escuchó murmurar algo contra su pecho -¿Mhh?-. La morena salió de su refugio con una pequeña sonrisa en su rostro.

-Dije… que te amo-. Susurró ella y pudo sentir el corazón del rubio latir desbocado al tener su mano sobre su pecho, la sonrisa de David comenzó a crecer y sus ojos se iluminaron.

-Yo también te amo-. Bajó su rostro para unir sus labios a los suyos -Tanto

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Desembarcaron en una pequeña isla. Pequeña tomando en cuenta las otras islas en las que el Ferry había parado antes. David no sabia donde iban, el lugar no se veía precisamente muy habitado. Mas bien lo único que se veía era un muelle bien conservado un par de lanchas y un montón de selva.

-¿Listo?-. Preguntó la morena luego de abrochar el cinturón de la sillita de bebé.

-¿Listo para qué?

-Para pasar estas dos semanas solos en esta isla-. Le sonrió ella coquetamente mientras se sentaba tras el volante del Jepp

-De casualidad… ¿Esta isla es tuya?

-Era de mi abuelo, la compró cuando yo nací, él no quería que mi madre supiera nada de esto, así que cuando cumplí los 22 años pasó a ser mía-. Contestó mientras iba conduciendo -Es aquí donde mi padre me traía cada verano-. Condujo por un sendero lleno de arboles frutales hasta salir por el otro extremo de la isla, era un prado completamente verde que contrastaba hermosamente con el azul de cielo, David miró hacia el frente y pudo notar el camino hecho de piedras hasta lo que claramente era una mansión.

-¿Cómo se llama la isla?-. Fue lo único que atinó a decir el rubio ante tanta belleza natural frente a sus ojos.

-Marina, así se llamaba mi abuela-. Contestó ella dándole una leve mirada.

Al acercarse un poco más a la mansión, notó que había un par de persona esperando, supuso que eran quienes mantenía la limpieza del lugar.

Regina estacionó el Jepp cerca de la entrada, descendió y corrió a abrazar a una mujer mayor de cabello gris rubio, que la recibió con los brazos abiertos y le acarició el cabello maternalmente, la imagen de ambas calentó el corazón de David, quien quiera que fuera esa mujer, su cariño por Regina era notorio.

-David ven-. Le llamó a acercarse -Quiero presentarte a Eugenia Lucas, fue mi niñera cuando era niña.

La mujer le miró por encima de sus gafas ópticas con rostro serio, sus ojos azules no se despegaban de él esperando a que hablara. David abrió su boca para saludar, cuando un pequeño gorjeo se escuchó desde el interior del Jepp llamando totalmente la atención de Eugenia

Regina sonrió y se acercó a la puerta trasera del automóvil, David no se perdió el rostro sorprendido de la anciana cuando escuchó la pequeña voz de Jason decirle "Mamá" a Regina.

La morena se acercó nuevamente a ellos con una gigantesca sonrisa y en sus brazos un pequeño niño curioso que miraba a todos lados.

-Y este precioso… es Jason, nuestro hijo-. Dijo la morena observando a David que la miraba con esa hermosa sonrisa que siempre le daba cuando llamaba a Jason "nuestro hijo".

-Es hermoso-. Dijo la mujer encantada con el pequeño que le sonrió, pero luego cayó en cuenta de algo -¿Cómo es que…? Te vi hace menos de un año y no estabas embarazada.

-Ay Granny… es una larga historia.

-Tengo té, galletas y mucho tiempo para escuchar. Y tu chico-. Se dirigió esta vez a David -Me dirás que intenciones tienes con mi pequeña niña.

-Tengo las mejores intenciones de hacerla feliz, se lo juro-. Contestó David, ganándose una sonrisa de la mujer mayor y una pequeña risita de Regina, que pronto fue acompañada por el pequeño que no sabía de que se reían pero lo hacía de todas formas.

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Horas después y una buena cena, Eugenia se enteró de toda la historia juntos del par y medio frente a ella.

Era imposible negar el amor que le profesaba David a su pequeña niña si se reflejaba con cada mirada que le daba.

Y ni que hablar de Regina. Lucía mucho más feliz de lo que había sido desde hace años. Y todo gracias a encontrar a un buen hombre que la supo valorar y ser paciente con ella. El pequeño era un amor, entendió perfectamente como es que Regina lo amaba como lo hacía.

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Eugenia o "Granny" como le llamaba Regina, junto a Julius el encargado de jardinería y mecánica de la mansión, vivían en otra isla cercana a Isla Marina con sus respectivas familias.

Regina y Granny habían pasado el resto de la tarde y parte de la noche limpiando y organizando la antigua habitación de Regina, la cual contaba con una bellísima cuna de madera, la cual su padre había pedido se mantuviera guardada en la misma habitación cubierta con sabanas.

David encendió la chimenea de la sala antes de dirigirse a la habitación de Jason. Ahí estaban sus dos amores en la mecedora, Jason recostado sobre Regina mientras ella se mecía y leía un libro de cuentos en voz alta acariciando su espaldita.

-¿Se ha quedado dormido?-. Susurró en caso de que si lo estuviera.

-Casi-. Susurró de igual forma la morena, David se acercó a ambos confirmando que el pequeño luchaba por mantener sus ojitos abiertos, hasta que Regina comenzó a acariciarle la cabecita y lo observaron cerrar por completo sus ojitos mientras soltaba un sube suspiro que arrancó sonrisas de ambos.

Estuvieron unos minutos así. Hasta que David abrió las cubiertas de la cunita y Regina le acostó, cubriéndolo. Encendió una pequeña lámpara de caballitos de luz tenue y dejando la puerta abierta salieron de la habitación.

David había preparado un par de bocadillos y los había colocado sobre la mesita en la sala junto a una botella de vino tinto que Regina le había indicado sacara de una bodega.

-Brindemos-. Dijo Regina tomando la copa en su mano -Por el nuevo trato cerrado, por que estos días en la isla sean increíbles…

-Por nosotros, por Jason y por que lo que tenemos sea eterno-. Continuó él.

-Salud.

Bebieron a gusto abrazados el uno al otro observando las relajantes llamas en la chimenea, hasta que Regina comenzó a repartir pequeños besitos en su cuello y la leve excitación que había acompañado a David todo el día desde que la vio en ese vestido, floreció con mas fuerza. Sentándola sobre su regazo sobre el sillón comenzó a besarla profundamente mientras sus manos vagaban por su escultural cuerpo. Mientras Regina se aferró de sus cabellos meciendo sus caderas sobre el cada vez más pronunciado bulto en sus pantalones.

David comenzó a quitarle el vestido cuando ella le detuvo. Pensando que había hecho algo mal o que la estaba incomodando se disculpó rápidamente, pero fue detenido y silenciado con un beso y una sonrisa tranquilizadora de Regina, quien se colocó de pie y le extendió la mano para guiarlo hacia la habitación principal.

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Regina despertó con los rayos de sol desde la ventana, la cama estaba tan a gusto, pero su estomago rugió con ganas cuando el aroma a café y tostadas inundó sus sentidos. Se colocó una bata y bajó a la cocina.

Ahí nada más y nada menos estaba el hombre perfecto.

Con su espectacular torso al descubierto, vestido nada más que con unos pantaloncitos para dormir. Observó su espalda con alguna que otra marcas rojas hechas con sus uñas y recordó la apasionante noche anterior. Se mordió el labio inferior sintiendo como su cuerpo reaccionaba a la simple vista de él semidesnudo.

Estaba preparando unos huevos revueltos, la cafetera estaba lista y las tostadas hechas puestas en una bandeja junto a unas tazas. Al parecer David planeaba llevarle el desayuno a la cama. Sin querer arruinarle la sorpresa, se dio media vuelta y silenciosamente volvió a la habitación. Se detuvo de camino, para echarle una miradita al pequeño, solo para encontrarlo bien despierto y jugando con sus manitos. Su biberón estaba en la mesita de noche, lo que indicaba que acababa de alimentarse, probablemente David llevaba un tiempo ya despierto.

Tomó al pequeño en sus brazos y se dirigió con él a la cama tamaño King de la habitación principal y se volvió a acostar con él.

-Mama mama mama mama-. Decía el pequeño con sus pequeñas manitos tocando el rostro de Regina.

-Jason, Jason, Jason… eres el niño más precioso que han visto mis ojos-. Se habló haciéndole cosquillas en la pancita, el pequeño soltó unas pequeñas carcajadas que hicieron que el corazón de Regina casi explotara de felicidad -¿Quién es el niño guapo de mamá? ¿Quién es?

David los observaba desde la puerta maravillándose con sus dos preciosos amores, su vida entera estaba en esa habitación y no dejaría que nada jamás los lastimara.

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