Descargo de responsabilidad: Esta historia es una adaptación. Repito adaptación. Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto y la historia a la genial Tammy Araoz. Yo solo adapto la historia a mis personajes favoritos.

Aclaración : Tajima Uchiha, el padre de Madara, en esta historia es el abuelo de Sasuke y ademas Hinata es una Uchiha.

Ahora si, sin nada mas que decir. Comencemos!

Resumen: ¿Cómo explicarías la conexión entre dos extraños? ¿Lo llamamos casualidad o destino? Las personas tendemos a creer que existe en el mundo un alguien especial. Y algunos desperdician la vida entera, sumergidos en esa búsqueda. Pero ¿qué tal si lo que siempre quisimos no parece más que un deseo infantil? ¿Qué tal si nuestro sueño sólo cobra realidad ante nuestros ojos? En la Inglaterra del siglo XVIII las personas simplemente prefieren ignorar aquellos ideales, enmascarándolos bajo una fría expresión de auto superación. Sasuke Uchiha aprendió a muy corta edad, la mejor forma de matar sus propias esperanzas. Sólo una persona podría ser capaz de despertar al conde de su letargo, pero tal vez el tiempo transcurrido haya sido suficiente para hacerlo olvidar. No es que eso podría significar un impedimento para Sakura, quien tal vez encuentre la magia que descubrió en Sasuke la primera vez que vio sus bellos ojos negros...

PRÓLOGO

Inglaterra 1748.

- Lee ese una vez mas. —Él tuvo problemas con uno de los libros y ella sacudió la cabeza arrugando la nariz—. No, el otro .

-¿Este? —Estaba claro que solo se burlaba de ella, señalando siempre el libro equivocado. La niña de largo cabello rosa, dejó caer en el piso refunfuñando por lo bajo, él soltó una carcajada y finalmente perdió el libro que ella pedía—. "De los hermosos el retoño ansiamos, para que su rosal no muera nunca, pues cuando el tiempo su esplendor marchite, guardará su memoria su heredero ..." —cortó la lectura abruptamente, justo cuando ella cerraba los ojos y se deja atrapar por las palabras -. No me gusta Shakespeare —se quejó el niño, ganándose una mirada furibunda por parte de la pequeña.

- A mí sí —sentenció con firmeza—. Ahora toma ese libro y continúa .

-No quiero.

- Por favor, Sasuke-kun ... - Ella hizo un puchero y en un segundo pensamiento que sus ojos se abnegaran en lágrimas. Él terminó con cierto grado de escepticismo, pero terminó por dejarse ganar. Después de todo Sakura no pudo hacerlo sola, tan solo pudo disfrutar de algo de lectura cuando él lo hizo para ella.

- " Pero tú, que tus propios ojos amas, para nutrir la luz, tu esencia quemas ..."

-¿Sasuke? —Ambos se volvieron para observar a la persona que subía la pequeña colina, él se puso de pie tomando rápidamente los libros entre sus pequeñas manos—. ¿Sasuke, cariño dónde estás?

—Tengo que irme —se excusó a toda prisa, y ella sonrió con tristeza un tanto renuente a dejar ir a su único amigo—. Pero puedes buscarme luego de la cena.

- No sé, creo que a tu padre lo incomodo.

Sasuke se encogió de hombros, restándole importancia a ese detalle.

—A mí no me incómodas. —El niño se acercó, hasta plantarle un corto beso en la mejilla—. Te esperaré en la biblioteca.

-¿Sasuke con quién hablas?

Él bajó la vista al piso y adquirió una postura firme ante la persona que los interrumpió.

—Con mi amiga —musitó, recibiendo una sonrisa por parte de Sakura. La recién llegada arqueó un ceja y buscó a la amiga con la mirada.

—Pero aquí no hay nadie —sentenció luego de escrutar rápidamente el llano—. Es mejor que entremos ya, está haciendo frío.

Mikoto perdió a su hijo de la mano y lo instó a seguirla al interior de la casa. Aun así no podría evitar notar como Sasuke se volvía, para dirigir un saludo al vacío.

-No hagas esas cosas delante de tu padre —le aconsejaste en un murmullo, logrando que el pequeño apartara la mirada con enfado.

Mikoto se acuclilló hasta alcanzar su altura y lo alcanzó por largo rato. ¿Qué le ocurrió a su hijo? ¿Por qué no lograba entenderlo? En un principio había pensado que era una reacción a la muerte de su abuela. Sasuke no estaba acostumbrado a ellos, por lo que era normal que se apartara e hiciera su luto. Pero luego de un año, la actitud de su hijo continuaba empeorando. Hablaba solo, jugaba con alguien que nadie más que él tenía y se resistía a dejar la casa. Ella había intentado sacarlo de paseo, de modo que no estuviese todo el tiempo guardado en esa vieja biblioteca. Pero lo único que había obtenido fue lo que le gritara las peores obscenidades y una rabieta que duró por días.

Mikoto le acarició el cabello y él se apartó de su tacto como si este le quemara.

-¿Qué voy a hacer contigo? —Murmuró en voz queda, pero como ya era la costumbre no oyó la respuesta de Sasuke.

La casa estaba en silencio, mientras que el pequeño conde corría por los amplios pasillos en dirección a la biblioteca. Hemos logrado esconder una vela de su criada, por lo que iba con mucho cuidado de lo que no se apagara y lo dejara en penumbras a medio camino. Con los dedos fríos empujó la enorme puerta de roble, adentrándose en la cavernosa soledad de la biblioteca.

—Sakura ... —susurró cuidadoso de no alzar la voz en demasía. Oyó una risilla baja que provenía de la división intermedia. Sasuke subió las escaleras rozando las paredes con los dedos e imaginando que podrían pintar allí con ellos—. Sakura ... —La risa se escuchó esta vez detrás de él, por lo que se volvió con un brinco para alumbrar ese sector. Pero no la encontró—. Oh, qué pena que no esté aquí, pensé que podría leer un poco de Shakespeare ... pero pensé mejor, ya estoy cansado ...

Comenzó a dirigirse hacia la salida, cuando las cortinas se agitaron y la silueta de su amiga se hizo visible.

- ¡Espera!

—Con que allí establece ...

Sakura corrió hasta alcanzarlo y se detuvo delante de él para obtener una amplia sonrisa.

- Lee para mí. —Sasuke sacudió la cabeza y caminó lentamente hasta la ventana. -. ¿Qué ocurre? - frecuentemente ella confundida por su actitud—. ¿Han vuelto a molestarte? —Asintió intentando mantenerse imperturbable, aunque muy en su interior, cada palabra de su padre dolía más conforme pasaban las horas—. No debes hacerles caso, Sasuke ...

-¿Yo tengo algo mal, Sakura? —Su voz en un nivel bajo, refleja lo incómodo que lo ponía toda aquella situación.

- No, claro que no. —La niña a pesar de no tener más de siete años, habla con convicción y aplomo, algo que no se esperaría en alguien tan joven— . Ellos no nos entienden, por eso tenemos que permanecer juntos.

Sasuke sonrió con algo de pesar cuando ella entrelazó sus manos para brindarle apoyo.

—Tú eres mi única amiga.

- Lo sé .

—Entonces prométeme que no me dejarás solo como grandmère, no dejes que ellos me lleven.

En los ojos de la niña destelló una pequeña lágrima, que marcó un único sendero hasta su boca.

- Sin importar qué, yo siempre te encontraré .

—¿Cómo? Si me voy de aquí, no puedes seguirme —replicó él molesto con la idea simple.

- Mira —le dijo ella tomando el talismán que colgaba de su muñeca; en ese momento brillaba en un profundo azul oscuro—. Siempre que estamos cerca, brilla de esa forma. Tú eres el único que logra ponerlo de ese modo, por eso te encontré. —Sasuke tomó la piedrita azul entre sus pequeños dedos y la examinó con detenimiento—. Tú me haces olvidar el dolor ... nunca podría dejarte .

—Yo cuidaré de ti. —El niño le dio un abrazo mostrándose como todo un caballero y ella rió un poco avergonzada. Sakura encontró sus manos entrelazadas y deseó en su interior poder quedarse allí para siempre.

- Tengo que irme ... —susurró recibiendo una apenada mirada por parte de su amigo.

—Lo sé, pero verás que pronto encontrarás la forma de salvarte. —Ambos soñaban con ese momento, pero también sabían cuán distante e imposible esta era. Sakura cerró los ojos haciendo que su amigo la imitara y cuando Sasuke volvió a abrirlos, ella ya no estaba.


—¡Esto debe terminar ahora! ¿Comprendes? ¡Ahora!

Fugaku Uchiha sospechó para sus adentros y modificado el rígido porte de su padre, preguntándose internamente por qué diablos lo mantenía en su casa.

-¿Qué ocurrió? —Instó con su desinterés habitual, alternando la mirada de las hojas que sostenía y su progenitor.

Tajima Uchiha tenía una particularidad y era que todo tenía irritarlo. Él no era como su padre y por esa razón se sentía bastante feliz consigo mismo.

—Estoy hablando de tu hijo, por supuesto.

Sasuke , reflexionó con pesar. Pues estaba seguro que nadie más que su pequeño conde lograba despertar la ira de Tajima.

-¿Qué hizo? —Preguntó a sabiendas que el niño muy probablemente había roto alguna ventana o hecho alguna de sus diabluras en la cocina.

Era tan diferente a Itachi, Sasuke parecía un lobo disfrazado de una tierna e indefensa oveja. Pero en realidad era sigiloso, silencioso y tan letal como el bendito animal, pero particularmente exasperante. Fugaku sabía que a Sasuke no le gustaba seguir las reglas y esa era la razón principal por la que había tantas reprimendas. Era un pequeño inteligente, pero demasiado introvertido. Aún no podría precisar si alguna vez lo había oído reír; no, Sasuke no reía, no gritaba, no lloraba ... tan solo ofrecía miradas desdeñosas. A saber de dónde diablos había cogido esas mañas el crío.

—¡Fugaku! —El grito de su padre lo abstrajo de sus recuerdos, al parecer le había estado hablando—. Danzo dice que Sasuke entró en sus caballerizas la noche anterior ... —Arqueó una ceja, bueno el niño podría ser una molestia, ¿pero un intruso? - Armó un revuelo al abrir las puertas y dejó salir a todos los caballos.

-¿Que? —Preguntó sin poder ocultar su sorpresa, esto era un poco más que romper una ventana.

—Así es. —Su padre pareció sutilmente conforme con su reacción, a lo que solo pudo fruncir el ceño en respuesta—. Liberó a los caballos y ahora nadie sabe dónde rayos están, Danzo ha venido furioso hoy exigiendo que nosotros paguemos por los sementales que tu hijo dejó escapar.

Fugaku se puso de pie en exabrupto, plantando las manos en el escritorio de palisandro donde había estado trabajando un segundo atrás. ¡Ese maldito demonio! Lord Danzo tenía los caballos más caros de toda la región y definitivamente él no iba a pagarlos, daría al condenado niño al cambio antes de desembolsar cualquier suma por esos animales.

—¿Cómo sabe que fue Sasuke? Diremos que el niño estuvo toda la noche en la casa, no se arriesgaría a negar mi palabra —espetó resuelto. Después de todo Danzo no era más que un simple barón y él era un marqués, si se atrevía a acusarlo de algo él podía exigir una satisfacción. Sin duda alguna matar al barón le saldría mas barato que los condenados caballos.

—Me temo que tu palabra no servirá en esta ocasión. —Fugaku fulminó con la mirada a su padre, maldito insulso—. Tú hijo dejó su tarjeta de presentación ...

-¿De qué demonios estás hablando? —Inquirió molesto por el júbilo que decoraba el timbre de Tajima, no le agradaba nada ese tono.

—Bueno ... en primera, los lacayos lo vieron y en segunda ... tuvo el descaro de escribir "Libertad a los oprimidos" en la puerta de los establos. —Él fue un responder pero su padre lo acalló con un ademan—. Y te repito, dejó su tarjeta de presentación. —Fugaku bufó, ¡qué niño más estúpido! Tomó la casaca del respaldo de su sillón y se la echó sobre los hombros con rabia—. ¿Qué vas a hacer?

—Un trato con Danzo —rezongó abiertamente, dirigiéndose a la salida con paso firme—. Busca a Sasuke, tendré que resolver este problema ahora mismo.

-¿Me permite una sugerencia?

Fugaku se volvió para observar el complacido rostro de su padre. Era muy consciente del recelo que Sasuke despertaba en Tajima, pero en ese momento el viejo parecía estar regodeándose en el error del niño. Él sabía que era por otros extraños y solo causaba problemas, pero al fin y al cabo seguía siendo un crío.

-¿Qué?

—Envíalo a Francia, al castillo de los Uzumaki.

Frunció levemente el ceño ante la sugerencia, había enviado un Itachi allí fue un año y no sentía que Sasuke estuviese listo aún. En realidad esperaba conseguirle un preceptor para que lo observara en la casa, de modo de poder desentenderse de sus tonterías sin tener que aguantar otro viaje a París. Pero requirió admitir el plan de llevarlo a Francia, calmaría las aguas y quizás el niño aprendería algo de su hermano mayor. Después de todo Sasuke no se adaptaba a la familia, estaba acostumbrado al trato salvaje con el que crió su abuela y no estaba acostumbrado a cambiar. A pesar de que su sangre nunca había tenido como un verdadero hijo, Itachi en cambio era más proclive a seguir órdenes y tenía un porte de aristócrata lustro, algo que nadie podía negar. También Hinata siendo un bebé no le causaba tantos dolores de cabezas.

—Bien, prepara todo saldremos mañana.

—Lo tendré listo para salir esta misma tarde.

Fugaku enarcó una ceja suspicazmente, no sabía quién se beneficiaría más con este trato, ¿su padre o él? Prefirió no decir más y salió del estudio dispuesto a sacarse esa piedra del zapato de una vez por todas.


- Hiuu ... ¿Qué es eso? - Sasuke sonrió frente a la expresión de horror de la niña y acercó a la criatura casi calva hasta su rostro -. ¡No! - exclamó Sakura brincando hacia atrás con poco decoro. Él bajó la mano y protegió a su nuevo amigo dentro de su chaleco.

—Lo encontré rondando el huerto ...

- Es una rata —sentenció ella convencida, él identificó al animal y negó. Era pequeño sin orejas y calvo, muy calvo. Pero no era una rata, Sasuke había visto cientos de roedores y este no era uno que reconocía, pero le agradaba.

—Es bonito, ¿a qué no? —Ella arrugó la nariz disconforme y él volvió a reír, le agradó encontrar algo que la intimidara. Sakura era tan altiva y bien portada que él dudaba que le temiera a cualquier cosa. Pero finalmente había encontrado su debilidad, las ratas—. Creo que lo conservaré.

- Sasuke-kun esa no es mascota para un futuro conde.

Chasqueó la lengua frente a ese argumento, esas tonterías de lo que era bueno o malo para alguien con título, lo cansaban. No se consideró como un conde y estaba casi seguro que nunca llevaría ese epíteto con orgullo. Era un legado de su familia y él no deseaba nada de ellos, tan solo lo que dejaran en paz. ¿Acaso era mucho pedir? No hablaba nunca por temor a decir algo incorrecto, no exigía nada y se aseguraba de ser no más que una sombra para ellos. Aun así siempre encontramos su comportamiento impropio, un conde no hace esto, un conde no hace lo otro ... solo eso oía día tras día. Se preguntaba entonces, ¿un conde tenía permitido vivir? O tal vez eso también estaba vetado.

-¿Qué nombre le pondremos?

- ¿Pondremos? - Sakura no parecía muy cómoda en esa sociedad.

-¡Si! - exclamó Sasuke con una nueva idea—. Será nuestro, de ambos ... como un ... un hijo ... —Ella alzó las cejas hasta casi unirlas con la línea de su cabello—. Lo sé, lo sé ... primero tenemos que casarnos, dijo él para no alarmarla, después de todo ella era un daño y él un caballero. Pero no tengo anillos, así que ... —Se silenció mientras pensaba, entonces alzó su dedo meñique y lo entrelazó con el de Sakura—, esto será nuestra unión - Ella lo miró perpleja—. Así juro serte fiel para siempre ... No estaba seguro como oficiar una ceremonia nupcial, pero esperaba que con eso era suficiente. Sakura logró sin decir nada, él rodó los ojos—. Ahora te toca —espetó muy seguro de que ella, lo aceptaría sin importar qué.

- Así juro serte fiel para siempre —repitió sus mismas palabras y luego sonrió.

¿Era su impresión o ella acaba de sonrojarse? Sasuke sacudió la cabeza apartando esos pensamientos y volvió a sacar al animal de su chaleco.

—Ahora, ¿qué nombre le ponemos?

Ella frunció los labios en uno de sus tantos gestos analizadores.

- Mm ... ¿Qué te parece Shiro?

Sasuke miró a la criatura que se asomaba temeroso por entre sus dedos.

-¡Shiro! —Logramos y este alzó la cabeza al instante—. Sí, creo que le agrada.

—¡Baja ahora mismo pequeño demonio! —Ambos niños brincaron en su lugar al escuchar la voz del marqués resonante. Sasuke miró a Sakura con los ojos como platos, sabiendo en su interior que Lord Danzo ya le había ido con el chisme al marqués—. ¡Sasuke!

- Es mejor que vayas ... - susurró su amiga presionando los labios en finas líneas. Él imitó el gesto, por el simple hecho de evitar que comenzaran a temblarles.

—¡Sasuke, ahora!

Se puso de pie y la ayudó a ella a incorporarse.

Con lentitud se acercó a las escaleras y descendió del altillo, deteniendo un medio camino para inspirar confianza. Demás sabía que mostrarse temeroso no lo ayudaría. Los hombres respetan a los hombres que saben respetarse , ese fue el único consejo que le dio su hermano y era el único al cual él le encontró utilidad. Su padre lo esperaba al final del tramo y junto a él se tuvo su abuelo; Sasuke le enseñó los dientes como toda una fiera. Odiaba a ese hombre infeliz y achacado, tanto que siempre que lo tenía en los pisos superiores fantaseaba con empujarlo por las escaleras, pero aún no tenía la fuerza suficiente. Aunque no estaba dispuesto a dejar la idea sin más.

-¿Señor? —Instó con gallardía, quien no conoce la atribución más edad por esa actitud tan soberbia.

—Dejaste escapar a los caballos de Sir Danzo ... —La aseveración sonó una pregunta para Sasuke, por lo que no se inmutó al momento de negarlo. Eso no le hizo gracia a Fugaku—. ¿Cómo te atreves a negarlo? ¡Dejaste tu tarjeta de presentación!

Sabía que ese no había sido un movimiento inteligente por su parte, pero había dejado por el fervor del momento.

—Sí lo hice, pero no los dejé escapar ... —Ambos caballeros lo miraron perplejos—. Los dejé en libertad ... eso es diferente.

Tajima bufó como si la aclaración le pareciera inútil, pero Sasuke reconoció que valía la pena destacar ese punto. Dejarlos escapar podría tener un accidente y al momento de llevar acabo su acto, él era muy consciente de lo que hizo.

—¡Maldito atrevido!

Sasuke miró de soslayo al viejo que dijo ser su abuelo. Él albergaba sus dudas al respecto, por lo que dejaba bien en claro que solo eran dos desafortunados que vivían en la misma casa. En realidad, no tiene ninguna de esas personas como familia, porque para formar parte de una se requiere hacer por voluntad propia y él era algo así como un prisionero.

—Sólo estoy empezando, Lord Danzo hasta soñará conmigo ...

—¡Basta, Sasuke! ¿Acaso no te das cuenta de lo que haces? Esos caballos cuestan dinero, son sementales por amor de Dios.

Sí, lo eran y al igual que él, unos prisioneros. Los caballos de Danzo no querían estar allí, a decir verdad nadie quería estar en esa pocilga de casa. Lo de los sementales era el primer golpe, su verdadero objetivo estaba puertas adentro y pronto iba a dar con él. Aun si en el proceso tuvo que tirar todo el maldito caserón abajo.

—Lord Danzo es una mala persona, solo quiero ayudar —murmuró en tono bajo pero efectivamente contundente. Fugaku se encabritó, al parecer esa clase de tratos no se los permitía ni a su propio padre.

—Es suficiente, pensé que podría razonar contigo pero simplemente me hartaste.

Se dio la vuelta apartandose de él, Sasuke soltó un suspiro para sus adentros. Esa misma noche tenía planeado irrumpir en la casa de Sir Danzo y rescatar a Sakura ya su hermana. Aún no tenía un plan concreto, pues había pensado que con lo de los caballos ganaría una distracción, pero los malditos mozos de la cuadra fueron rápidos y efectivos al detenerlo.

—Mueve tus pies.

Asintió al pedido de Fugaku en completo silencio y lo siguió por los pasillos de la mansión, hasta notar que su padre lo guiaba a la puerta principal.

—Milord ... ¿acaso me obligará una disculparme? —Inquirió curioso por la dirección que tomaban.

Todos sabían que él no apreciaba los paseos, jamás salía de las inmediaciones de la mansión, pues de hacerlo Sakura no podría alcanzarlo. Fugaku no respondió y Tajima se limitó a observarlo por sobre el hombro con gesto de triunfo. Sasuke frunció el ceño y al instante clavó los talones al piso, no sabía qué teníamos en mente pero esa sonrisa no auguraba nada bueno. Su padre notó que se rezagaba y se volvió para escrutarlo con sus odiosos ojos negros.

—Camina —le espetó con voz autoritaria, Sasuke sacudió la cabeza en una vacunación negación.

Fugaku soltó un suspiro y asiéndolo por la chaqueta de ante, lo arrastró los metros que faltaban hasta la salida sin hacer ningún esfuerzo.

-¿A dónde vamos? —Preguntó, tratando de no lucir alarmado por el silencio y la tosquedad de su padre—. ¿Padre? —Él no se volvió, no se inmutó, solo perdió jalándolo como a una bolsa de abono. Sasuke golpeó su mano con los puños crujientes, por supuesto sus golpes carecían de fuerza y estos no causaron la menor molestia en la enorme mano del marqués. Suéltame —pidió aún manteniendo el brío.

—¡Ya calla! —Lo reprendió Tajima abriendo la puerta para dejar salir, entonces fue cuando notó el carruaje listo para partir. Sasuke se revolvió del amarre y corrió por los peldaños de mármol devuelta al interior de la casa—. ¡Atrápalo, Fugaku!

Su padre le dio alcance en menos de dos zancadas y en esa ocasión Sasuke no vaciló en morderlo con toda la fuerza que fue capaz de conjurar.

—¡Condenación! —Exclamó el marqués y sin que el niño se lo esperara, una fuerte bofetada lo hizo aterrizar contra el piso pulcramente encerado.

—¡Fugaku!

Él reconoció ese grito al instante, la vista del suelo y la escalera a la mujer que bajaba las escaleras a gran velocidad. Su madre se acuclilló a su lado y lo alzó del piso, para mirar el rostro que comenzó a ponerse rojo por el golpe y la frustración del engaño.

—Regresa arriba, Mikoto. —La marquesa ignoró el pedido de su esposo, concentrando su atención en el pequeño—. ¡Ahora! —Fugaku sacudió a la mujer instándola a soltarlo y aunque Sasuke corrió a los brazos de su madre inmediatamente, por alguna razón no llegó a ellos.

—¡Madre! —Gritó como pocas veces se lo podría oír. Mikoto lo perdió apesadumbrada pero sin mover un músculo en su dirección y entonces Sasuke lo supo, ella no hizo nada para detener eso—. No puedes dejarlos… —masculló con los dientes apretados.

—Es lo que te ganas por taimado, niño, te irás a Francia y regresar cuando aprendas a comportarte como un hombre de tu clase.

Él se volvió para ofrecerle una avinagrada mirada al viejo. Si antes lo odiaba en ese momento su ira estaba a punto de ebullición.

—Yo no voy —aseveró, cruzándose de brazos tozudamente. Tajima le sonrió con sorna y Fugaku despidió a Mikoto con un ademan, para luego regresar a su lado.

—Escúchame, Sasuke, esto es por tu bien ¿entiendes? —Su padre lo miró a los ojos y lo único que pudo ver allí fue rechazo.

-No puedo irme, no quiero irme. ¿Qué ocurrirá con Sakura?

Tajima soltó un bufido a sus espaldas.

—Tal vez en Francia también aprendas a relacionarte con personas reales.

Él se volvió para enfrentarlo con gesto implacable.

—¡Ella es real!

—Alucinas y tus locuras comenzarán a afectar a esta familia.

Sintió esas palabras como un golpe en el estómago, pero hizo acopio del poco orgullo que había forjado a su edad y sin reparos escupió el suelo que pisaba su abuelo. Ofendido por esa muestra irrespetuosa, Tajima alzó una mano para abofetearlo de revés. Sasuke cerró los ojos con aplomo, pero el golpe jamás llegó.

-No te permito que le levantes la mano a mi hijo. —Cuando desplegó los parpados con lentitud, notó que Fugaku había detenido el ataque de su abuelo a centímetros de su rostro. Tajima se removió incómodo y de un jalón se liberó mascullando unas maldiciones—. Vamos

Su padre lo empujó por la espalda y él reaccionó entonces, se escabulló entre las piernas del marqués y este asestó algunos manotazos al aire nuevamente. Sasuke sonrió corriendo al interior, eufórico, pero entonces su cuerpo chocó con algo tan duro como el granito. Confundido sin problemas ese nuevo obstáculo y muy a su pesar notó que ya no tenía escapatoria.

—¡Suéltame, gorila!

-¡Milord!

En brazos del mayordomo, Sasuke se sacudió inútilmente, a la distancia pudo distinguir la silueta de su madre y para su desgracia no pudo encontrar ni una pizca de dolor en su mirada. Como si al deshacerse de él, también podría liberándose de una molesta carga.

El pequeño conde apretó los labios, para no gritar, para no llorar, para alguna forma no mostrarle cuánto lo lastimaban. No les daría el placer de verlo caer y así mientras su cuerpo era llevado a las rastras hasta el carruaje, perdió la vista en la fachada de esa enorme mansión. Donde encontró felicidad ya la vez, la peor de las amarguras. En ese momento vio como desde el altillo, la mirada jade de una niña de siete años lo escrutaba tras un velo de lágrimas. Sasuke concentró sus ojos en ella y en nadie más, Sakura extendió una mano en su dirección y él hizo lo propio. Aun así las distancias en vez de acortarse, solo acrecentaron su brecha y él supo que ese era el fin. Acababa de romper su promesa, no la había ayudado y ahora ambos sufrirían por su falta de tenacidad.

Sakura dobló su meñique a modo de recordarle su unión y él sonrió con pesar, entonces la puerta del carruaje se cerró y los ojos verdes, se apagaron en su oscuro interior.