Descargo de responsabilidad: Esta historia es una adaptación. Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia de la genial Tammy Araoz.

Aclaración : en esa historia Sakura e Ino son hermanas y usan un apellido falso el cual es Yamanaka.

PEQUEÑOS DEMONIOS

Dieciséis Años Después .

—He oído que el tal Jiraya Konohagakure está en la fiesta.

—Seguramente podremos distinguirlo entre los asistentes ...

—Sí, solo hay que buscar al que se tambalea errantemente. —Sakura desplegó su abanico y ocultó su risa convenientemente, su hermana la imitó y ella pudo notar el brillo divertido en sus ojos verdes—. Oí que hace dos noches, se lo vio rondando por los callejones oscuros de Picadelly.

No veo nada extraño en eso.

Ino la evolución de reojo con malicia.

—Olvidé decirte qué se vio lo él, pero aún se esperan noticias de sus calzones ...

En esa ocasión le fue un poco más difícil contener la tentación, aún no sé una idea de cómo podría su hermana para enterarse de esas cosas.

—Pobre hombre, se ha ido cuesta abajo desde la muerte de su esposa.

—Sí, es por eso que no hay que perder el tiempo.

Ella la detectó confundida, notando que Ino se específicamente escudriñando la pista de baile con interés. Le era imposible descifrar su expresión, pues al igual que el resto de los invitados tuvieron una máscara que cubría la mitad de su rostro.

¿Qué te refieres?

Ino bufó por su falta de atención, pero a ella eso es solo la divirtió más.

—Es un hombre miserable y desgraciado… —Aún seguía sin comprender su lógica—. Con dinero —añadió su hermana haciendo una mueca, pues unas damas respetables no están obligados a hablar de esos asuntos en público—. Hay que atraparlo antes de que despilfarre todo en juego y bebidas.

—Un pensamiento tan noble, Ino, solo tú sacrificas tu tiempo para reeducar una oveja descarriada. Creo que tiene equivocado en tu oficio, posiblemente el monasterio llora tu ausencia.

Su hermana la fulminó con la mirada, un peso de su máscara en forma de corazón le quitó mucho peso a su advertencia.

Sakura rió musicalmente y se encargó de posar su vista en los bailarines. La fiesta estaba curiosamente bien concurrida, nada que ella acostumbrara. En realidad disfrutaba más de sus noches con un buen libro y algo de leche tibia, así eran casi todas las cosas que había acostumbrado. Excepto los días en que Ino decidía hacer vida social, esos días ella podría pintar una sonrisa en el rostro y fingir que adoraba a cada una de esas damas estiradas. No entendía qué tenía su hermana en esos odiosos eventos, era de conocimiento popular que dos jóvenes rusas, no eran del todo bien aceptadas en esos prestigiosos círculos. No sabía cómo Ino lograba la entrada, pero siempre sabía las miradas desde las inglesas, como si tuviesen el piso que ellas pisaban antes de dar un paso. Era denigrante y bastante irritante,

—Oh, touché hermana, la suerte me sonríe.

Sakura siguió con los ojos la dirección de su mirada y se encontró con un hombre fornido, vestido con calzas color arena, botas hasta las rodillas, chaleco rojo ribeteado con dorado y casaca color vino.

Todo un espectáculo, sin duda era el señor Jiraya que al parecer había recuperado sus calzones de los pasillos de Picadelly. No importaba que su antifaz intentara inútilmente ocultar su nariz ganchuda, así simplemente rebosaba altiva, como un viejo dandi que se niega a aceptar el hastío. El hombre no era de los caballeros más agraciados, pero las altas cifras de sus rentas anuales difíciles y frecuentemente pasan desapercibidas. Ahora que se solicitó solo y sin una esposa que lo protegió, todas las buenas ciudadanos de Londres enviaron la necesidad de prestar sus condolencias.

Ino sacó pecho, al igual que un gallo antes de entrar en la riña. Sakura la dejó con gesto preocupado, no le agradaba que su hermana mancillara de esa forma su apellido prestado. Ya tenían que demostrar muchas cosas para esas personas y aún eran vistas por encima de la nariz. Sin duda la actitud de Ino, acarrearía más especulaciones. No deberíamos tener tantos problemas si su hermana se dignara a jugar limpio, pero no, ella no conocía el significado de ese término. Premeditadamente hizo caso omiso de cualquier regla ética y utilizaba sus… "artilugios extras" para encontrar a un amigo generoso .

—Ino ... —Ella se volvió justo cuando comenzó a emprender la cruzada—. Te estaré vigilando —le recordó mientras alzaba su mano, para dejar oscilar en el aire su talismán azul. Su hermana bufó sonoramente.

—Siempre arruinas la diversión.

Torció el gesto, frente a esa acusación. Ella no era una aguafiestas, simplemente prefería no tener que huir a las colonias por la impertinencia de su familia. Estaba harta de estar escondido como un ratón, o peor aún como un ladrón de dudosa audacia.

Sakura no se consideraba una mala persona, no utilizaba sus dones para hacer daño, pesar de que su abuela siempre le decía que era algo por lo que tenía que sentirse orgulloso. Con no más de cinco años ella le preguntó; ¿Por qué tienen que esconderse su don? Y su babushka le respondió francamente: ellos simplemente no nos respondieron , solo un corazón amoroso logrará ver en tu interior .

Sakura aún estaba en búsqueda de ese "corazón amoroso". Siempre que había cometido el error estúpido de exponerse, las personas reaccionaron de la peor manera. Encerrándola, matándola de hambre o incluso… ¡No! No valía la pena traer esos dolorosos recuerdos, ahora estaba en Londres y comenzaría su nueva vida. Quizás había desperdiciado demasiado tiempo circundando el mundo en una búsqueda estúpida. Pero hacía años que se había dado por vencida, ya no quería felicidad, se conformaba con tranquilidad y estabilidad. Y Londres le ofreció eso, a pesar de que la ciudad en sí no le agradaba, allí ella y su hermana eran unas exóticas rusas que nadie conocía y eso era suficiente. Al menos por el momento.

Consideró en su lugar hasta que el señor Konohagakure decidió regresar a su hermana. Ésta llegó acalorada, abanicándose con ahincó, ignorando de primera mano las costumbres inglesas. Sakura interpuso una mano delante de su abanico, obligando a detener ese descarado coqueteo que al parecer Konohagakure disfrutaba al máximo. El hombre se despidió de embajadas, con una lujosa viña y la promesa de regresar para reclamar otra pieza.

¿Por qué no te comportas? ¡Todas las cabezas están giradas en nuestra dirección!

Ino rodó los ojos, antes de recostarse lánguidamente contra una viga en una pose poco femenina, pero que curiosamente realzaba su apretado escote.

—Me alegro, esas gatas envidiosas ... ¿Has visto cómo Jiraya me devoraba con los ojos? —Comentó divertida por su hazaña, pues ninguna mujer se atrevería a llamar por su nombre de pila a un hombre que acababa de conocer.

No te puse atención. —Esa aseveración realizada crispar a su compañera que respingó en su lugar cual yegua maltratada.

¿Sabes qué, Sakura? —Se giró para mirarla —Voy a ir pedir una placa… —Arqueó una ceja una vez más perdida en las divagaciones de Ino—. Ya sabes, para colocarla en este punto exacto. Dirá lo siguiente: "aquí ancló, Sakura, la amargada bruja de cabello de escobeta"

Ella abrió la boca sorprendida por el insulto. ¡Su cabello no era de escobeta!

—Pues yo voy a mandar a hacer una para colgarla en tu cuello, dirá una frase simple: "zorra con orejas de duende" —Por inercia Ino llevó sus manos a sus orejas para cubrirlas—, necesitaría tres manos para tapar esas puntas. —Su hermana contuvo el aliento y antes de voltearse de forma aireada, le aplicó con un dedo amenazador. 8

Ella no se dejó amedrentar y con un giro furtivo de sus faldas, se alejó en la dirección contraria con la espalda recta. Estaba tan enfrascada en su discusión reciente, que no notó que le cerraban el camino varias personas que se dirigían al salón de baile. Repentinamente viró a la derecha, evitando colisionar con un grupo de viejas dichas raras, pero en su encierro no calculó bien y se dio de bruces contra un cuerpo duro. Reprimió las ganas de soltar una maldición y siguió con su camino sin disculparse con el sujeto.

—Muy educada… —Oyó a sus espaldas y por un segundo mensaje la tentación de volverse para enseñarle su verdadero nivel de educación a ese impertinente. Pero se contuvo, aceptando para sí que habían sido demasiadas peleas por un día.

A esa altura de la noche lo único que quería era desaparecer. En la pista reconocida como Ino aceptaba acompañar al señor Konohagakure en un vals; un baile descarado que prácticamente estaba vetado en todos los grandes salones de fiesta. Sólo los más osados o estúpidos, se atrevían a exponerse de esa forma. Por supuesto su hermana formaba parte del segundo grupo.

Decidida a no dejarse amargar por las idioteces de Ino, Sakura comenzó a circular por el amplio salón. Era una bonita casa a decir verdad y su anfitriona no había escatimado en gastos, pero por supuesto que la mujer no reparaba en esas cosas, pues para una daños al dinero era como parte de su piel. Desafortunadamente, Sakura era de las pocas desdichadas que requerían contar hasta el último penique y eso fastidiaba mucho a su hermana. Quien queriendo aparentar, se gastaba gran parte de su asignación en tonterías que solo la hacían lucir más desesperada.

¿Me necesitarían el honor? —Una mano inguantada apareció repentinamente en su campo visual, ella como primer impulso se giró sobre su hombro buscando a la mujer receptora de esa invitación. No había nadie. Eso era extraño, tal vez ese caballero se estaba dirigiendo a ella.

¿Te parece? —Al parecer su pregunta divirtió al hombre, pues sonrió debajo de su máscara marcando dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Sakura notó su quijada blanca como el papel, sin siquiera el asomo de una barba. Estaba claro que se ingresó de un joven que acababa de ingresar en la sociedad. Eso explicaba que se atreviera a invitarla a bailar, pues seguramente desconocía su procedencia y su nombre—. Pero mi señor, aún no hemos sido necesarios.

Él hizo un gesto con la mano para desmerecer esa frase, en realidad le pareció algo simpático, tuvo que admitir.

—La idea de llevar antifaces es para que el misterio prevalezca. Digamos que aquí y ahora, seremos compañeros de baile. Y quizás en algunos días nos crucemos en Hyde Park, usted viajando en una bonita calesa y yo a lomo de mi caballo. Al momento en que nuestros ojos se encuentren, la reconoceré y usted enviará una vez más el destino nos quiere ver juntos.

Pues seguramente ella reconocería esos ojos, dado que parecían recuperar toda la luz de la habitación haciéndolos resplandecer. Sakura se sonrojó muy a su pesar, tarde notó que se había quedado mirándolo con fijeza. Ese hecho controlado divertirlo aún más, él joven le ofreció su brazo y ella no pudo rechazar la invitación. No se conocían y él tenía razón, en una fiesta de máscaras se esperaba que los invitados olvidaran el protocolo riguroso. En condiciones normales, debían ser normalmente determinados por un tercero que los conociera mutuamente. Un poco tonto a su entender, pero así funcionaba la vida en Londres y si ella quería participar, debía atenerse a sus condiciones.

Aceptó bailar una cuadrilla con el joven caballero, al menos esa clase de danza era respetable y no exigía un contacto tan personal como un vals. Sakura se enorgulleció al notario como Ino la observaba desde el otro lado de la pista, con actitud retadora. Le sonrió para demostrarle que ella también podría captar la atención de un hombre a pesar de su cabello de escobeta. Levantó una mano para hacer un giro guiado por él, cuando se comportó como su antebrazo se deslizaba fuera de su guante la pulsera que llevaba bien escondida. Se apresuró a meterla nuevamente en su lugar, pero su sorpresa la hizo detenerse abruptamente. La piedra azul de la pulsera brillaba de manera acusadora; alguien que estaba usando magia y peor aún, alguien que ella no conocía. Dirigió su atención a su hermana, estas se detectaron muy entretenidas mostrando las diversas formas de abanicarse a un grupo de jóvenes. No podría ser ella, a menos que estuviese siendo demasiado sutil. Además, Sakura reconoce cuándo se consideran de su hermana, la piedra emite distintos brillos para alertarla de posibles peligros. Con Ino el brillo era de un celeste casi blanco y en ese momento, ella notaba que su amuleto estaba de un azul naturalmente negro.¿Qué demonios? Se preguntó en su fuero interno, mientras respondía con un asentimiento la pregunta que le formulaba su compañero de baile. No estaba para poner atención a un niño, necesité saber quién estaba siendo tan estúpido como para usar magia en un salón repleto.

Escudriñó con la mirada cada rostro, era una desgracia que bajo las máscaras todos lucieran iguales. Nadie le parece menos sospechoso que el anterior, pero en ese instante su amuleto regresó a su tono normal. Sakura enarcó una ceja confundida, eso significaba que la persona se había detenido o estaba demasiado lejos para que ella lo sintiera. Sea cual sea la razón, ella dejó ir un suspiro de alivio. Nunca será conveniente en esas situaciones, incluso cuando no sea ella la que estaba haciendo uso de sus dones, el simple hecho de que una persona la descubriera la causaba sudores fríos.

Mucho más tarde se enteró del nombre de su compañero de baile, poco le interesaba pero al menos se encontró receptiva con su charla. Estaba lista para retirarse, aunque no tuviese una idea de dónde estaba escondida su hermana. Estaba planteándose seriamente el ponerle un collar de cascabeles, al menos así no la perdería tan a menudo. Se detuvo a un lado de las mesas que exponían las bebidas, paseó con su mirada aquí y allá, buscando la máscara de corazones de la señorita Yamanaka. Desde ese momento tuve planeado llamarla de esa forma, su hermana acababa de perder su amistad. Hasta que no se disculpara por haberla abandonado y haber insultado su cabello, para Sakura esa mujer era la señorita Yamanaka y ya no más su pariente.

De reojo captó los vasos de limonada que se amontonaban en prolijas hileras sobre la mesa, pasó saliva con algo de dificultad, arrepentirse deseando pasar por su garganta aquella fría bebida. Había estado deambulando como una mula de un lado a otro, se merecía saciar su sed. Pero rayos, no había ningún hombre cerca. ¿Qué acaso ellos no debían estar al pendiente de sus necesidades?

Las reglas estúpidas dictaminan qué pedir esperar a alguien que invitar a una de las bebidas. Pero no tenía voluntad para esperar a uno de esos despreciados la notase allí, deseando fervientemente calmar el desierto en su boca. Miró una vez más a su alrededor, notándose completamente aislado, la bebida estaba a no menos de un metro de distancia. Podía mover un vaso ligeramente en su dirección y cuando estuviese a una distancia prudente, cogerlo y reclamarlo como propio. Nadie podría acusarla de haberlo tomado sin permiso, si estaba cerca de ella el mundo asumiría que le pertenecía. Era un buen plan y prontamente se puso en la tarea de llevarlo a la práctica. 1

Deslizó su mano derecha por debajo del brazo izquierdo, de modo que queda oculta tras su capa de tafetán. Lentamente comenzó a mover el dedo, su vista estaba fija en el vaso que avanza a rastras por el mantel. Alguien pasó muy cerca de ella y Sakura detuvo los movimientos de su mano, así como el avance del vaso. Observe una vez más el lugar, no tenía la atención de las personas por lo que se dispuso a continuar llamando a su bebida. Ya solo medio metro más y podría tomarlo, esperaba que nadie notara al pequeño vaso que se movía por arte de magia en una mesa del lateral.

Frente a esa posibilidad, volvió a alzar la vista para escrutar a su público y al encontrarse sola sonrió con triunfo. No necesitará utilizar sus poderes en cosas así, pues limitará los asuntos de vida o muerte. Pero para Sakura, la posibilidad de morir de sed en esos momentos, era muy, muy probable. Volvió su vista al vaso y entonces se paralizó, no estaba. ¿Quién había robado su vaso? Había perdido casi diez minutos escogiendo al indicado, para luego separarlo de su fila y atraerlo hacia ella. ¿Cómo hozaban un plan arruinar su esplendido? Entonces su vaso reapareció en la mesa, siendo abandonado por una enorme mano un tanto pálida, y Sakura fulminó con la mirada al dueño de dicha mano. Ese intruso.

—Ese era mi vaso —le espetó olvidándose de todo su recato. A la mierda las reglas, él las había saltado antes de robándole "su" bebida. El caballero se volvió percatándose de que ella le hablaba, la miró y luego al vaso vacío en un sutil reconocimiento. Lo que entre sus esbeltos dedos y lo giró como buscándole algún agujero de fuga.

No lleva su nombre —apuntó, estoico, en tanto que volvía a depositarlo sobre la mesa. Ella respingó, ¡qué hombre más impertinente! El vaso estaba a medio metro de ella, ¡¿de quién más estarían ?!

—Pues lo era, exijo que me reponga la bebida. —Él entornó sus extraños ojos negros y se cruzó de brazos, ladeando la cabeza en su dirección. Parecía un tanto confundido por su tono de voz, pero ella tenía sed con un demonio.

¿Lo exige? —Inquirió con algo de sorpresa. Repentinamente una tenue carcajada escapó por entre sus labios y Sakura recorrió la espalda. No le agradaba ese hombre y su mirada comenzaba a ponerla nerviosa, aunque no podía verle la cara por la máscara, lo que tenía ya era suficiente para molestarla—. Pues me temo que no quiero cumplir sus exigencias.

—Es usted un grosero.

Él volvió a apabullarla con la contundencia de su escrutinio, violando ligeramente el brillo de sus ojos y acentuó hasta volver a ser tan oscuro como un bosque. El extraño dio unos pasos acortando deliberadamente sus distancias, tras mirar sobre su hombro se inclina para observarla fijamente.

No podría estar más en lo correcto. —Sonrió, pero no había ni una pizca de humor en su gesto. Entonces extendió una mano hasta la mesa y pidió una nueva bebida, para luego suspenderla delante de sus ojos. Sakura deseó más que nunca un trago, pero él se limitó a vaciar el contenido en su garganta y girar el vaso para enseñarle el interior que no reservaba nada para ella—. Delicioso —musitó pasando una sonrosada lengua por sus labios, luego se giró sobre sus talones dejándola completamente muda.

Ese maldito hijo de perra, la había hecho desear la bebida y sus labios al mismo tiempo. Algo que hizo sentir como una estúpida, se había burlado de ella y se había bebido, no uno, sino dos vasos delante de sus ojos. Estaba que bullía de rabia, tanto que no oyó cuando alguien la llamaba por detrás.

¿Señorita Yamanaka? —Sakura dio un respingo al sentir que le tocaban el codo, se obligó a apartar la mirada de la espalda de aquel idiota y concentró su atención en el joven que la solicitaba. Su antiguo compañero de baile, sonrió de manera forzada, puesto que aún tenían los vestigios de la ira. ¿Señorita Yamanaka, le apetece una limonada?

Al parecer quedaban caballeros después de todo, le habíamos encantado gritarle eso al otro estúpido y regodearse ante la falla en su provocación. Al menos esperaba que no estuviese demasiado lejos, como para que escuchara el ofrecimiento del joven señor.

—Encanta ... —Pero un fuerte jalón hizo que sus palabras se quedaran estancadas en su boca.

Sakura casi estampó el rostro contra el pecho de aquel que la había tironeado con tan poca sutileza; se irguió completamente confundido y cuando alzó la vista, notó que la despojaban de su antifaz contra su voluntad. Los ojos negros del idiota ladrón, la escrutaban sin ningún recelo. ¿Quién se creía que era?

¿Oiga qué le sucede? —Instó removiéndose de su férreo amarre. Él no respondió sino que con lentitud posó sus dedos en su mejilla, arrastrando una caricia por su rostro que respondió descolocarla por completo.

¿Sakura?

Ella sabía con ojos como platos, él sabía su nombre. Y para colmo la rozaba con una mano rápida, pero a la vez familiar ... demasiado familiar. Esos ojos, esas mordaces respuestas, no podría ser otro, tenía que ser ...

—Sasuke..kun

Él asintió a tiempo que una leve sonrisa surcaba sus labios, entonces también se removió el antifaz. Y aunque vi a un hombre hecho y derecho debajo del mismo, también notó aquellos pequeños detalles que podrían pertenecer a su amigo de la infancia. Después de tanto tiempo, lo que tenían delante de ella y por un segundo tenido que los años no habían pasado para ninguno de los dos. Pero, ¿qué tan cierto podría ser eso?

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