Nota de autora: Este fic y sus personajes están basados en la saga de libros "Cazadores de sombras" de Cassandra Clare. El personaje de Damaris es inventado por mí y sale en otros de mis Fics.
Había quienes consideraban que la eternidad podía llegar a ser aburrida, pero aunque Magnus Bane, el Gran Brujo de Brooklyn, siempre había intentado contradecirles, la verdad es que después de estar más de cinco siglos vivo la vida empezaba a tener cierto toque monótono. Había empezado a decir la típica frase: "ya lo haré mañana" (cuando uno es inmortal no tiene prisa para hacer las cosas y al final acaba por no hacerlas nunca) o a relacionarse tan solo con aquellos que como él gozaban de la vida eterna. Así que cuando le empezaron a suceder cosas que se salían de la normalidad, aunque exteriormente fingiera que le molestaba la verdad es que estaba encantado: le daban chispa a esa eternidad que empezaba a ser tediosa. Ya le sorprendió que Jocelyn Fray le pidiera que borrara la memoria de su hija para protegerla del tarado de su marido, lo que él no sabía era que años después esto haría que su vida cambiase por completo.
Estaba celebrando el cumpleaños de su gatito cuando entró esa pequeña pelirroja acompañada de la nueva generación de nefilims del Instituto de Nueva York y un gracioso mundano. Ese retaco de menos de metro sesenta le estaba exigiendo a él, el poderoso Gran Brujo de Brooklyn, que le devolviera sus recuerdos. Y la cosa no quedó aquí: para más colmo convirtieron al mundano en una asquerosa rata y le culparon a él exigiéndole también que le quitara el conjuro. Pero eso no fue lo más sorprendente: lo más inaudito fue que en ese Instituto, a pocos quilómetros de su casa, habitase ese apuesto chico de ojos azules y él se acabase de enterar. Dedujo que sería el hijo de Maryse Lightwood: ese bebé que la mujer no quería dejar huérfano años atrás cuando intentaron matarle. Pero las sorpresas para Magnus no acabaron aquí no: días después de esa visita le llamaron del Instituto pidiendo ayuda urgentemente porque uno de sus jovencitos había sido herido por un demonio mayor y no conseguían sanarle.
Aunque no era lo que más le apetecía hacer en ese momento se dirigió hacia el Instituto para poder ayudar en lo que pudiera. Los nefilim no eran para nada de su agrado pero sabía por experiencia que lo mejor era llevarse bien con ellos, aunque tan solo fuera una relación cordial. Hodge Starkweather, completamente pálido y con las ropas manchadas de sangre, le estaba esperando con la puerta abierta.
-¿Qué ha pasado?- Le preguntó Magnus.
-Sígueme por favor- fue la única respuesta que obtuvo.
A paso ligero Hodge guió al brujo hasta la zona de las habitaciones. Hicieron el trayecto en silencio. Ese Instituto era viejo, frío y oscuro. La verdad es que era un lugar bastante tétrico teniendo en cuenta que los que habitaban allí eran medio ángeles. Bane se imaginó así mismo viviendo allí y se compadeció de los pobres que si debían hacerlo. Al final llegaron a un pasillo que aunque tenía el mismo aspecto que el resto sí que parecía tener menos cantidad de polvo, dedujo que allí sería donde ellos dormían. Todas las gruesas puertas de madera estaban cerradas, todas menos la del fondo a la derecha que estaba completamente abierta. De dentro salían una amarillenta luz y algún que otro sollozo. Los dos hombres entraron.
-¿Magnus Bane?- Preguntó la chica de la larga melena morena que no dejaba de dar vueltas por la habitación.
-Dejad sitio- ordenó Hodge.
Todos se apartaron de la cama dejando ver al moribundo cuerpo de Jace. El chico-mundano-rata se apoyó en la pared con la mirada desconcertada. Magnus se preguntó que era lo que ese chico sabría ya sobre el mundo de las sombras. Clary, con los ojos enrojecidos de tanto llorar, se sentó en una silla que había junto a la cama, y al otro lado el chico de los ojos azules, inútilmente, le estaba dibujando la runa curativa. Fue el único que no se apartó.
Le comentaron lo sucedido al brujo: Clary y Jace habían salido por su cuenta en busca de la Copa Mortal y el rubio había resultado gravemente herido. Primero intentaron sanarle ellos mismos pero al no poder hacerlo llamaron a uno de los Hermanos Silenciosos que tuvo el mismo éxito que ellos. Fue éste mismo quien les aconsejó ponerse en contacto con Magnus. Bane les pidió a todos que abandonasen la habitación pero ese irresistible moreno de pálida piel se negó hacerlo.
-Alec, lo mejor que podemos hacer por Jace es dejar que el Gran Brujo trabaje en paz- intentó convencerle Hodge.
-Está bien, no pasada nada- intervino Magnus –Quizá no me vendrá del todo mal un poco de ayuda. Pero no quiero que cuestiones mis métodos ¿Entendido? Vosotros me habéis pedido que venga así que se harán las cosas a mi manera-
-No… yo no pensaba hacerlo…- se disculpó Alec por algo que ni había hecho.
Al ver la cara del pobre chico Magnus se arrepintió de inmediato de lo que acababa de decir. Los años le habían enseñado a tratar con dureza a los Hijos de Raziel, o lo hacías así o se te comían, pero la mirada de ese no desprendía prepotencia ni arrogancia: se le veía un chico educado, respetuoso y noble.
-Tienes razón, lo siento, no pretendía ser desagradable contigo… Pero aceptaras que muchos de los tuyos no son fáciles de tratar ¿No?- y le sonrió pero no obtuvo la misma respuesta: Alec estaba, serio, pálido, asustado y no soltaba la mano de Jace – No te preocupes…. Haré todo lo posible para salvarle- intentó tranquilizarle.
-Gracias- le contestó con un hilo de voz.
Como era de esperar Magnus pudo sanar a Jace. Alec estuvo todo el rato a su lado ayudando en todo lo que le fue posible. Magnus sabía que si Jace hubiese muerto parte de Alec se hubiese ido con él. No era la primera vez que veía un vínculo como ese: debían ser parabatais. Pero en este caso algo era diferente, había algo más en la mirada de Alec que Bane detectó.
Una semana después de aquella extraña noche Bane recibió la inesperada visita de Damaris. Aunque entre ellos dos nunca había habido una relación formal de pareja, ambos habían compartido varias veladas de sexo y era evidente que la hada se había presentado allí en busca de una de estas.
-¿Estás solo?- Le preguntó la chica-hada mientras se colaba en el interior del piso. -¿Te importa si me quedo un rato hacerte compañía?-
-Depende- respondió Magnus- si vienes tan solo a charlar no hay ningún problema pero si buscas algo más que palabras hoy no es tu noche: no me apetece querida-.
-Pero yo soy experta en hacerte venir ganas…-
Damaris no se quería dar por vencida pero desafortunadamente para ella el timbre de la puerta del abajo sonó interrumpiéndola.
-¿Quién es?- Preguntó Bane sorprendido por el telefonillo ya que no esperaba ningún cliente.
-Soy… eso…mmm soy…- Alec no sabía cómo identificarse: ¿Se acordaría Magnus de su nombre?
-¿No sabes quién eres?- Preguntó de nuevo el brujo sarcásticamente.
-Sí, sí… Vengo del Instituto de Nuevo York. Soy el que te ayudó el otro día a curar el herido, el hijo de los Lightwood-.
"El nefilim de los ojos azules" pensó Bane con cierta ilusión mientras le daba al interruptor para abrir la puerta de abajo. La verdad es que ese chico había llamado su atención desde el primer momento en que le vio en su fiesta, y después de verle sonreír ante una de sus bromas ya no pudo dejar de mirarle. La segunda vez que le vio fue cuando un demonio mayor hirió a su amigo Jacob, ese engreído y maleducado nefilim rubio que tenía como parabatai. Le sorprendió poder verle una tercera vez y ¿Por qué negarlo? También le alegró.
Magnus esperó al joven Lightwood apoyado en el marco de la puerta de entrada de su piso. Su metro noventa y tres de altura estaba completamente equilibrado con un musculado y bien definido cuerpo: ni le sobraba ni le faltaba nada. Vestía unos tejanos blancos agujereados por la rodilla y una camiseta amarilla que combinaba a la perfección con su bronceada piel. Alec se lo miró mientras acababa de subir los últimos peldaños de esas oscuras y viejas escaleras. Por un instante pensó que tenía ante él uno de esos chicos que salían en las revistas femeninas que le robaba a su hermana: esos modelos tan bellos y perfectos que todo el mundo da por sentado que solo salen en la publicidad, que no existen en la vida real. No pudo evitar sonrojase ante tal pensamiento.
-Hola- Saludó tímidamente sin mirarle para evitar que Bane pudiese darse cuenta de lo que estaba pensando.
-¿Y bien?- Quiso saber el brujo que no sabía si la presencia de Alec allí era algo bueno o malo: cuando un nefilim visitaba a un subterráneo por sorpresa generalmente no era para algo bueno.
-Vengo a tu consulta-
Al escuchar eso Damaris abrió la puerta y se colocó junto a Bane para burlarse del chico:
-¿Consulta? El Gran Brujo de Brooklyn no tiene una consulta ¿En qué mundo vives?-
-¿A no? Lo siento- avergonzado por su equivocación- no sé como se llama ¿A contratar tus servicios?-
Pero a diferencia de lo que el hada había imaginado Bane no se unió con ella en esa burla hacia el nefilim, sino que la inocencia de éste le desarmó una vez más y se puso de su lado.
-Te hemos entendido perfectamente. Adelante pues- y abrió la puerta del todo apartándose para que el chico pudiese entrar en el piso.
Este gesto molestó a Damaris: había planeado pasar una formidable noche con el brujo y no permitiría que ese niñito con cara angelical se lo estropease:
-Querido ¿A ti no te han dicho nunca que para ir a una "consulta" se tiene que pedir hora? No puedes presentarte en casa de alguien de buenas a primeras sin avisar. La gente tiene planes, no puedes llegar sin más y rompérselos. Tendrías que haber llamado antes-
-Oh… Es que yo no tengo tu número- se disculpó Alec de inmediato- pero si te pillo en mal momento puedo venir otro día- ver la cara de Alec pasar de blanco a rojo en cuestión de segundos hizo sonreír al brujo.
-No, tranquilo, no es necesario- se apresuró a tranquilizarle Bane- No tengo más clientes por hoy, puedo atenderte ahora. Siéntate donde quieras-
El nefilim eligió un cómodo sillón blanco y se sentó en él mientras miraba esos impresionantes cuadros que decoraban aquellas paredes. Fue sentarse y al instante notar como le tiraban de los cordones de los zapatos. Bajó la vista y vio como ese precioso gatito estaba jugando con ellos.
-Hola Presidente Miau, te llamas así ¿Verdad? Tienes ganas de jugar ¿Eh?- Le dijo cariñosamente mientras le tumbaba en el suelo y le hacía cosquillas en su pequeña y peluda barriguita. El gatito movía sus cortas patas con alegría e intentaba morder ese largo dedo que le estaba tocando.
Esa escena hizo que Magnus sonriera de nuevo hecho que le sorprendió: ese joven chico había conseguido robarle dos sonrisas en menos de un minuto y no solo eso: de nuevo había acaparado toda su atención. Al igual que le pasó en la fiesta donde le vio por primera vez había algo en Alec que hacía que no le pudiera quitar los ojos de encima. Pero no debía dejarse embaucar por esa belleza angelical: Alec era un cazador de sombras y generalmente no era buena señal cuando uno de ellos picaba tu puerta. La última vez que uno de ellos lo hizo acabó borrando la memoria a la pobre Clary Fray, ilegalidad por cierto que ahora parecía que le quería pasar factura.
-¡Ejem!- Carraspeó el brujo para llamar la atención de Damaris. Cuando ésta le miró él inclinó la cabeza hacía Alec y como parecía que la chica no se daba por aludida finalmente Magnus se lo tuvo que decir claramente –Lo siento, tengo clientes-
De muy mala gana la hada cogió sus cosas y se fue bajo la divertida mirada del Gran Brujo de Brooklyn. El brujo se dirigió hacia su inesperado invitado y se sentó en el largo sofá que estaba situado al lado del sillón que ocupaba Alec. Apoyó su espalda en un extremo de éste y estiró sus largas piernas a lo largo del canapé. Se quedó unos segundos mirando fijamente al joven Lightwood, estudiándole.
-Todos los directores de Institutos nefilims tienen mi número de teléfono, el hecho de que tu no lo tengas me hace deducir que has venido a escondidas ¿Me equivoco?-
-No, tienes razón…. Nadie sabe que estoy aquí. No es necesario que tu novia se vaya. No quiero echar a nadie de su casa, puedes decirle que venga-
-Ni vive aquí ni es mi novia- sentenció -¿Has venido por Jacob? ¿Vuelve a estar mal?-
-¿Jacob? Ese… ese no es su nombre. Él se llama Jace-
-Eso, Jace- chasqueó los dedos- deberás perdonarme soy muy malo para los nombres-
-No pasa nada- le quitó importancia el joven – por cierto yo me llamo Alec-
-Sí, Alexander, del tuyo sí que me acordaba- Magnus tan descarado como siempre.
Ante tal contestación Alec no supo como reaccionar así que hizo lo que mejor sabía hacer: sonrojarse y mirar al suelo.
-Pues bien, tú dirás ¿Tú y tus amiguitos os habéis metido en otro lío?-
-No, no… vengo por mí…hay algo en mí que va mal….-
Se veía a la legua que al chico le costaba horrores pronunciar esas palabras y el brujo se apiadó de él. Salió de esa cómoda postura y se sentó al otro extremo del sofá, tan cerca de Alec como pudo.
-¿Va todo bien?-
-Sí…sí… es que…- De nuevo las palabras traicionaban a ese pobre muchacho.
-Oye, puedes contarme lo que sea: yo respeto al cien por cien el juramento de confidencialidad con el cliente-
-¿El qué?- Completamente desubicado. Magnus no pudo evitar sonreír.
- Es un pacto no escrito con el cliente: no le contaré a nadie lo que me digas, sea lo que sea. Guardaré el secreto-
Esa afirmación pareció tranquilizar el nefilim ya que suspiró aliviado y relajó los hombros.
-El otro día, cuando ese demonio mayor hirió a Jace, todos nosotros intentamos sanarlo, incluso los hermanos silenciosos pero nadie lo consiguió. Y luego llegaste tú… y tú magia pudo hacerlo. Y no tan solo esto: abres portales, haces aparecer y desaparecer cosas a tu antojo… tu magia es increíble... eres…eres muy poderoso-
-Por eso soy el Gran Brujo de Brooklyn, no te dan tal título sin tener cierto nivel de poder- Le informó.
-Pero no es solo el poder… creo… creo que hay algo especial en tu magia. He visto otros brujos hacer uso de su magia… pero nada es parecido a lo que tú haces-
-Gracias- sorprendido ante tal alegación: no era habitual que uno de los hijos de Raziel le dedicara bonitas palabras a un subterráneo. Magnus estaba acostumbrado a los elogios pero éste le había llegado de una manera especial.
-No, gracias a ti por salvar a mi parabatai… yo… si… No sé que hubiese hecho si Jace hubiese muerto-
-Está a salvo ¿No? Entonces ya no hay de que preocuparse. ¿Ese era tu problema? ¿Agradecérmelo?-
-No, no… es solo que siendo tan poderoso he pensado que… yo… yo soy homosexual y me gustaría que hicieras que dejara de serlo ¿Podrías ayudarme?- Al fin lo soltó.
-Oh… pequeño nefilim…- se compadeció de verdad Magnus- me encantaría ayudarte pero no hay nada que yo pueda hacer-
-Pero si ni siquiera lo has intentado, tiene que haber algo que se pueda hacer. Tengo dinero, te pagaré lo que haga falta- en un gesto de desesperación Alec agachó la cabeza mientras se tiraba con fuerza el pelo hacia atrás.
-Alec- Bane puso una de sus grandes manos encima de la rodilla del chico en un intento de calmarle -ni aunque me dieras todo el oro del mundo podría cambiar esto ¿Y sabes por qué no se puede hacer?-
Alec negó sin levantar la cabeza.
-Mírame bien- Magnus se arrodilló ante Alec y con sumo cuidado puso la cara del chico entre sus bronceadas y enjoyadas manos y se la hizo levantar para mirarle fijamente- Porque no hay nada malo en ti-
Las rasgadas pupilas doradas de gato se clavaron en esos grandes ojos de una mirada azul tan intensa que Magnus jamás había visto nada parecido. Evidentemente había visto miles de azulados ojos pero ningunos eran tan hermosos como aquellos. Se miraron fijamente el uno al otro y ambos notaron como cupido les atravesaba el corazón con una flecha aunque ninguno dijo nada. Alec se afrontaba por primera vez a esa sensación y exactamente no sabía lo que era y Bane tenía suficientes años de experiencia para reconocer un "flechazo" cuando lo tenía.
Con el mismo cuidado con el que había estado sujetando ese bonito rostro, Bane le soltó y volvió a sentarse en el lugar que había estado ocupando.
-Así es como eres tú y no hay magia en el mundo que pueda hacer nada. No puedes cambiar tu forma de ser. Sé que los Cazadores de Sombras te han hecho creer que ser homosexual es algo malo pero esto no es cierto. Ser homosexual es tan válido como ser heterosexual o bisexual-
-¿Y por qué me ha tocado a mí ser así? Yo solo quiero una vida normal…- su voz demostraba desilusión y volvía a mirar al suelo.
-A veces ser diferente no es malo… Aparte ¿De verdad crees que eres el único cazador de sombras gay? Hay muchos más de los que te imaginas-
-Para mí si que es malo… no tienes ni idea de lo que sufro- aunque Alec estaba haciendo todos los esfuerzos posibles para contenerse, lágrimas de desesperación empezaron a inundar sus ojos.
-Puedes llorar si quieres-
-¿Què?- Intentando disimular.
-Ya me has entendido. Esto entra dentro de la confidencialidad con el cliente –le guiñó un ojo para intentar tranquilizarle- cuando uno tiene mucha tensión por un lado u otro debe sacarla así que prefiero que llores a que empieces aporrear mi casa-
Ambos rieron ante esta broma y Alec dejó caer varias lágrimas mientras Bane le ofrecía un pañuelo.
Magnus empatizó de inmediato con el joven guerrero. Ese pobre chico había tenido que estar toda la vida escondiendo quien era él en realidad, sabiendo que lo que sentía y pensaba estaba mal. Y cuando al fin había encontrado la posibilidad de que alguien le ayudase a remediarlo resulta ser que ese alguien le decía que no habría solución para él: que estaba condenado a seguir siendo así el resto de su vida.
-No es solo eso ¿Verdad? El problema es que te has enamorado ¿No?-
-Sí, pero al parecer a él le gusta una chica- le contestó con un tono que Bane no supo exactamente como interpretar: ¿Pena? ¿Rabia? ¿Desilusión?
-Y Jace no sabe que estás enamorado de él y no se corta ni un pelo en sus acciones o comentarios y hace y dice cosas que te hacen daño-
-¿Cómo sabes esto? ¿Jace? ¿Yo no he dicho que sea él? No, no lo es- a la defensiva y visiblemente alterado
-Alec, después de la conversación que estamos teniendo ¿Empezaras a mentir ahora?-
Alexander respiró profundo y aceptó que Magnus tenía razón: ya había puesto toda la carne en el asador, ya no tenía sentido mentir.
- ¿Tanto se nota?- Con cierto temor.
-No, para nada. Pero llevo muchos años vivo: la manera en que le miras, en como te preocupas por él e intentas protegerle… sé reconocer este sentimiento cuando lo veo. Sé que no te va a gustar lo que te voy a decir pero creo que deberías olvidarte de él: aparte de que es tu parabatai, Jace no es homosexual y seguir colado por él no te aportará nada bueno-
-¿Y te piensas que es fácil? ¿Por qué crees que he venido? Llevo más de dos años enamorado de él y no sé como hacerlo para olvidarle-
-Alexander- en tono tranquilizador- estando dentro de este bucle dramático no conseguirás nada "Oh me gusta tanto pero él no me ama- teatralizando su voz- Tienes que romper esta rueda, tendrías que salir con otra gente, conocer a otros chicos-
El nefilim se lo miraba como si no estuviera entendiendo a donde quería ir a parar.
-Me refiero a que tengas alguna cita, que vayas a cenar, a tomar algo y luego pasar una loca noche de sexo que te haga olvidar todas las penas. Después de un buen orgasmo todo se ve diferente-
Bane se lo dijo con un tono desenfadado y juguetón y luego le guiñó un ojo con picardía buscando complicidad en esa broma pero de inmediato, por la expresión que hizo el pobre chico, se dio cuenta de que estaba tocando un tema tabú. Alec le miró fijamente unos segundos, prácticamente ni respiraba, y después se sonrojó y desvió la vista avergonzado. Al brujo le supo mal incomodar al chico así que intentó arreglarlo, esta vez midiendo a conciencia cada palabra que decía.
-Perdón si te he molestado. Era broma… pero sí que creo que deberías salir con más gente. No todo es luchar, matar demonios y llorar por un amor no correspondido: también tienes derecho a pasarlo bien. Vamos Alec ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita?-
Alec se encogió de hombros.
-Yo… yo nunca he tenido una cita-
Respondió tímidamente como si hubiera hecho algo malo y miró al brujo para ver como reaccionaba. Magnus se quedó helado sin saber exactamente que decir. Hubo un silencio que Presidente Miau rompió reclamando atenciones de su amo. Éste cogió al pequeño gatito y lo colocó en su regazo mientras le acariciaba dulcemente.
-Crees que soy patético ¿Verdad? Haré 19 años. A mi edad muchos nefilims ya están casados y con hijos y yo todavía ni me he besado con nadie- otra confesión que había dejado sin palabras al mago: ¿Cómo semejante hombre jamás había sido besado?
Al instante Alec se arrepintió de haber hablado más de la cuenta. Hubo otro momento de silencio y el nefilim se quería morir.
-Para nada pienso que eres patético. Pero sí que te confesaré que no entiendo como un chico como tú jamás ha salido con nadie-.
-¿Qué quieres de decir con esto?-
-Pues que eres muy guapo a la par que agradable-
-Yo.. yo…¿Soy guapo? ¿Tú crees que lo soy?-
-Claro que lo eres ¿A caso no tenéis espejos en ese instituto? ¿Nunca antes te lo habían hecho?-
El nefilim se encogió de hombros
-Mi familia, pero supongo que ellos no cuentan. A todo el mundo le gusta Jace. En todas partes, vayamos donde vayamos… siempre se fijan en él. De pequeño me enamoré de uno de mis instructores y soñaba que me casaría con él y tendríamos una familia hasta que aprendí que eso jamás podría ser. Durante la adolescencia asumí que tarde o temprano tendría que acabar casándome con una chica así que pensé en salir con alguna, pero para nada me sentía atraído por ellas así que al final no lo hice. Y luego, como ya te he comentado, me enamoré de Jace y no me parecía justo tener una cita con alguien si realmente estaba pensando en él. Algunas veces pienso que quizá debería enrollarme con alguien y otras pienso que ya que he esperado hasta ahora, ya me espero a encontrar alguien que realmente me guste, que sea especial. Tú eres sabio y seguro que has tenido varias parejas ¿Qué opinas?-
-Creo que haces bien en esperar. Sé que esto te sorprende porque soy muy consciente de la fama de libertino que tengo pero primera vez solo hay una y creo que es un momento muy especial para regalárselo a uno cualquiera. Una vez ya has dado tu primer beso o has perdido tu virginidad la cosa ya es diferente. El hecho de que te guste Jace no debe impedirte citarte con alguien: tener una cita no significa que tengas que casarte con esa persona, no tiene ni porque gustarte. Puedes ir simplemente a tomar un café o a cenar y charlar un rato. Hay muchísimas citas que no van a más. Vas a tomar un café ¿Qué te gusta? Perfecto ¿Qué no te gusta? Pues adiós y punto. Pero si te cierras en banda jamás avanzarás. Puedes encontrar el amor en cualquier lado, incluso en quien menos te lo esperas. A veces puede no gustarte alguien de primeras pero luego una vez le conoces empiezas a ver algo especial en él y acabas enamorándote.-
-Puede que tengas razón… quizá de aquí a un tiempo conozco a alguien y puedo tener una cita con él. ¿Y quién sabe? Podría cruzarme con uno de esos cazadores de sombras homosexuales-
-Bueno…. Puedes esperar a que aparezca uno de ellos, que podría tardar un año en aparecer o… puedes quedar conmigo- le prepuso el brujo dejando a su mascota en el suelo.
-¿Cómo? ¿Una cita tú y yo?-
-Sí ¿Por qué no? Rompe esa barrera conmigo. Yo sé toda la historia así que no te voy a presionar en ningún sentido.-
Magnus se levantó del sofá y se fue a buscar un bolígrafo y un trozo de papel donde anotó su número de teléfono. Se lo dio al pobre Alec que aún estaba atónito por la oferta que le acababan de hacer.
-Mira hacemos cosa- prosiguió el brujo- Piénsatelo. Sé que esto es algo importante para ti así que no tienes que contestar ahora. Reflexiónalo esta noche. Si te apetece me lo dices y podemos ir a cenar o a tomar algo. Si sale bien diremos que es una cita y si no pues seremos dos amigos que han ido a tomar una cerveza-
El Gran Brujo de Brooklyn le guiñó el ojo haciendo que el muchacho se sonrojara de nuevo. Alec miró unos segundos el papel y no tardó en reaccionar.
-Sí- con firmeza
-¿Qué si que te lo pensaras?-
-Sí que quiero salir contigo-
-¡Perfecto entonces!- Con cierta ilusión - ¿Te va bien este viernes?-
-Sí, supongo que sí-
-Cualquier cosa me llamas y ya está, no te preocupes-
-Nos vemos el viernes pues- con una sonrisa de oreja a oreja – Oh espera – se puso la mano en el bolsillo y saco su cartera, que como era de esperar era negra- ¿Cuánto te tengo que dar?-
Magnus se había olvidado por completo que Alec le había ido a ver porque quería contratar sus servicios así que el chico ahora le quería pagar.
-Por el amor de Dios Alec, no me debes nada. Si ni he solucionado tu problema- riéndose
-Pero me has estado ayudando…-
-Sigues siendo homosexual ¿Verdad? Entonces no he hecho mi trabajo- volvió a reírse- Nos vemos el viernes Alec-
-Sí, nos vemos el viernes-
Alec se fue de vuelta al Instituto con el corazón desbocado: se había citado por primera vez. Quizá no era como él lo había imaginado pero había quedado el viernes con un chico tremendamente guapo y encantador. Cuando fue a casa del brujo en busca de ayuda jamás pensó que le acabaría gustando su terapeuta y mucho menos que TENDRÍA UNA CITA con él. Por su parte Magnus, después de que el medio-ángel dejará su hogar, estuvo un buen rato sonriendo: estaba realmente contento e ilusionado de que Alec hubiese aceptado salir con él. Esa noche ambos se durmieron pensado el uno con el otro y en lo que había sucedido esa tarde.
Dos días después llegó el tan ansiado viernes.
Continuará en capitulo dos.
