Miró el reloj bajo la atenta mirada de su mascota: Presidente Miau se entretenía observando como su dueño no dejaba de ir de un lado a otro de la habitación: del armario al espejo, del espejo al lavabo donde se retocaba el peinado o el maquillaje, de allí pasaba de nuevo al armario, volvía a mirarse y de nuevo al lavabo para que su maquillaje o peinado quedase bien con su vestimenta. Total tantas idas y vueltas para acabar poniéndose de lo más normal: un pantalón tejano, camisa blanca y chaqueta tipo cazadora de color rojo. Tan solo llevaba un poco de gomina en el pelo y nada de maquillaje. El pequeño felino ya estaba habituado a ese ritual, Magnus lo hacía cada vez que tenía una cita pero esta vez algo cambió: cuando sonó el timbre Bane cargó al pequeño gatito entre sus brazos y se lo llevó abrir la puerta. Lo dejó allí en medio impidiendo que quien fuera que fuese aparecer por allí pudiese pasar sin pisarlo. Presidente Miau no entendía que mosca había picado a Magnus para hacer semejante cosa, así que quiso darse la vuelta y volver a su cómoda cama pero el brujo se lo impidió con el pie.
-Aquí quieto- le ordenó.
"Presi" como acostumbraba a llamarle el Gran Brujo no entendía nada. Le había costado mucho aprender que cuando venían citas de su dueño a casa no podía acercarse a ellos para no llenarles la ropa de pelos o arañarles las medias y ahora resulta que le quería obligar a quedarse allí. Nuevamente intentó escapar pero una vez más ese largo pie le impidió la huida. El gato finalmente se dio por vencido quedándose donde le habían indicado ¿Y qué es lo que pasó? Lo que él tanto temía: cuando el invitado quiso entrar le golpeó con la puerta. Miró asustado hacia arriba esperando ser aplastado por un zapato pero no fue así.
-Lo siento mucho-
Se disculpó una bonita voz y de repente alguien se agachó hacia él para acariciarle. Se alegró al ver que era ese simpático chico de los ojos azules que días atrás había estado jugando con él haciéndole cosquillas en la barriga.
-No te preocupes- le contestó Magnus- Por el amor de Dios Presi ¿Cuántas veces tengo que decirte que no te quedes aquí en medio?- Le regañó.
Ahora sí que el pobre gato estaba completamente desconcertado: su dueño le despertaba con tanto ruido, le sacaba de su cama, le obligaba a estar a un sitio donde él no quería y luego le regañaba por hacer algo que él mismo Magnus le ordenó.
-Ha sido culpa mía. Tenía que haber vigilado al abrir la puerta-
-Alec, era imposible que supieras que detrás de la puerta había un gato. Deja de culparte. Adelante pasa- tranquilizó el brujo al cazador de demonios.
El nefilim entró llevando el gatito en brazos y tomó asiento justo en el mismo sofá de la vez anterior.
-¿Te he hecho daño?- Le preguntó Alec a Presidente Miau mientras le besaba dulcemente su patita.
El pequeño gato se lo miró y se enamoró al instante de ese humano: de su bonita voz, de la dulzura de sus caricias y de su hipnotizante olor. Por más perfume y desodorante que los humanos se pusieran cada uno tenía un olor especial, una especie de marca de identidad que solo los animales podían percibir. Pero él no era el único al que le gustaba ese tal Alec, a su dueño Magnus también parecía llamarle la atención. Pero por desgracia de ese pobre medio-humano, pensó "Presi" era evidente que Alec estaba enamorado de él y no de Magnus: no dejaba de acariciarle la cabeza, de darle besitos en la patita que le había herido y de acariciarle muy suavemente la barriga con un dedo tal y como a él le gustaba. Magnus parecía disfrutar viendo esa escena y entonces Presidente Miau lo entendió todo: el brujo le había puesto allí adrede. El idiota de su dueño le había utilizado para ligarse a ese joven: había puesto en peligro su integridad física solo para agradar al chico de los ojos azules ¿Cómo se podía ser tan ruin? "Semejante atrevimiento te saldrá caro" pensó el gato "Tú no contabas en que el chico y yo nos enamoraríamos el uno del otro. Pienso quitártelo, acabaremos juntos y tú no podrás impedirlo Bane".
-Y bien ¿Dónde te apetece ir a cenar?- Le preguntó el subterráneo al cazador de sombras.
-Me gusta mucho un lugar llamado "Taki's" ¿Lo conoces? Pero me temo que allí podría vernos alguien así que no sé si es muy buena idea. ¿Sabes de algún otro lugar? Yo no es que salga mucho-
-Sí que lo conozco: voy con frecuencia. Es raro que no nos hayamos visto por allí, pero cuando te pregunto a donde quieres ir no me refiero simplemente a esta ciudad. Puedo abrir un portal a donde sea-.
"Pues claro que lo conoce- le maullaba Presi a Alec – el otro día fue allí con otra cita. No te lo tomes en serio, está hecho un mujeriego. Vayamos tú y yo alguna parte"
-¿Dónde sea? Wow –Fascinado el nefilim y dejando de darle mimos a Presidente Miau.
Bane fingió estar unos segundos pensando y luego exclamó entusiasmado:
-Se me ocurre un lugar ¿Te gustaría ir a un restaurante de Las Vegas?-
-¡Claro¡-
De repente Alec notó como las pequeñas uñas del gato se clavaban en su mano pidiendo atención.
"¿Por qué has dejado de tocarme?" Se desesperaba el gato "Sigue, me estaba gustando mucho. No le hagas caso a él, yo sí que estoy enamorado de ti."
Pero el placer para Presidente Miau se había acabado: Magnus abrió un portal y en cuestión de segundos su dueño y su enamorado desaparecieron por allí. Lo último que vio el pobre gato fue como Magnus pasaba su estúpida magia por la mano de Alec, sanándole los arañazos que en su ataque de celos él mismo le había hecho al nefilim. Bane se disculpó por eso haciendo que el cazador se lo mirase con cierta admiración.
Minutos después de cruzar ese portal la pareja ya estaba paseando por las luminosas y concurridas calles de las Vegas. Aunque Magnus quiso hacer ver que esa idea se le acababa de ocurrir la realidad es que el brujo estuvo pensando en esto desde que Alec se fue de su piso el día en que decidieron tener esa cita. Quería que la primera cita del chico saliera bien. Ni tan siquiera él sabía porque lo quería, pero así era. Bane sabía varios lugares románticos alrededor del mundo ideales para tener una primera cita perfecta, pero pensó que quizá serían demasiado para Alec y no quería asustarle. Porque ¿Qué era lo que el nefilim esperaba de esa noche? Para él eso era una cita en toda regla pero quizá el nefilim no lo veía así, quizá para el cazador era tan solo salir con alguien a tomar algo sin esperar nada más, un simple ensayo de como debía ser una primera cita. Así que al final se decidió por "Tournament of Kings" un restaurante que con la cena ofrecía un espectáculo medieval. Bane pensó que ese lugar era la mejor opción: ofrecían una deliciosa cena con entretenimiento y estaba alejado del entorno del Alec (era prácticamente imposible que allí se encontrasen con alguien que pudiera conocerle) y ningún subterráneo iría allí. No sabía si Alec quería ir algún sitio en especial o no (evidentemente hubiesen ido donde el nefilim hubiese dicho) pero por si las moscas él quería asegurarse de que tendrían sitio si al final iban allí, así que le costó una gran cantidad de dinero sobornar al chico que hacía las reservas en el restaurante para que anulase una que ya estaba hecha y así ellos pudieran ocupar el mejor lugar de la sala.
Al llegar al restaurante vieron una larga cola en la puerta de entrada y un chico que con una carpeta iba llamando a los clientes para hacerles pasar.
-Oh vaya, va con reserva- se lamentó Alec – es una pena parece un buen sitio-
-No te rindas tan fácilmente. Quizá todavía les quede alguna mesa libre-
Magnus se acercó al chico de la reservas.
-¿Os queda alguna mesa libre?- Preguntó educadamente.
-Lo siento señor, no nos queda ni una- le respondió.
-No te preocupes, te doy mi nombre y si alguna se anula nos avisas. Esperaremos aquí sentados-
-Lo siento señor, ya le he dicho que no… - un tanto molesto pero fue interrumpido por el brujo.
-Soy Magnus Bane- recalcando el nombre.
El chico se tensó y se puso serio al instante: ese era el hombre que el otro día lo había sobornado con tanto dinero. Apuntó el nombre en esa hoja, se fue para dentro del restaurante y no habían pasado ni treinta segundos cuando volvió a salir eufórico.
-Señor Bane, se nos acaba de anular una reserva. Si son tan amables de seguirme-
El joven les guió hacia lo que sin lugar a dudas era la mejor mesa. El restaurante tenía forma de circo romano. Había una especie de explanada de arena en medio y todo el rededor eran gradas formadas por mesas donde todas las sillas miraban hacia la pista. Las mesas de dos personas eran más cortas y las de cuatro o más eran más alargadas. Su mesa estaba justo en medio a primera fila donde nada ni nadie les tapaba la vista. Bane rezó para que ese chico no fuera actuar en el espectáculo de esa noche: era muy mal actor. Se le notaba a leguas que estaba mintiendo aún y así Alec se lo creyó.
-Oh, se ha anulado la mejor mesa de todas. Que suerte hemos tenido- e hizo una gran sonrisa que iluminó todo su bello rostro.
Magnus pensó que estaría dispuesto a sobornar al mundo entero si eso hacía que Alec sonriera de esa manera: de aquella manera tan sincera e inocente. Ya habían tres cosas de Alec que le habían sorprendido gratamente esa noche: su ternura y dulzura: nadie podía tratar a un gato así si no tuviera esos sentimientos dentro, su inocencia al sorprenderse por todo lo que veía y su bondad: solo alguien sin maldad podría no darse cuenta de que aquello había sido un soborno puro y duro. Todos los otros clientes se dieron cuenta menos él.
La cena fue simplemente perfecta: la comida era buena y la compañía aún más. A Alec le encantó ver todos esos jinetes combatiendo en la "justa", las bailarinas, los bufones, incluso había arqueros con tan buena puntería como él. Pero lo que más le gustó sin lugar a dudas era el hombre que estaba sentado a su lado. Magnus era perfecto en todos los sentidos en que una persona puede serlo: era guapo, amable, educado y muy interesante. El espectáculo finalizó pero no la noche para ellos dos: de las Vegas se fueron a Hawái.
Magnus le llevó a una preciosa playa donde hacían una celebración bajo la luz de la luna y las estrellas. Todo allí eran parejitas y el ambiente era realmente romántico así que el brujo temió que eso pudiese incomodar a su joven cita pero no fue así: Alec estaba cómodo y relajado, es más si tenía la oportunidad de tener contacto físico con el brujo no la desaprovechaba. Ambos estaban tumbados en la arena de la playa, mirando hacia el cielo y muy juntos tocándose brazo con brazo. Como había una orquestra tocando de fondo tenían que hablarse muy bajito, casi susurrándose las cosas al oído para no molestar al resto de la gente. Alec sentía como un escalofrío le recorría el cuerpo entero cada vez que notaba los labios de Bane tan cerca de él y Magnus tuvo que hacer grandes esfuerzos para no abalanzarse sobre el chico y besarle. Se moría de ganas de hacerlo. Cada vez que miraba esos carnosos labios moverse o sonreír le invadía ese deseo así que literalmente se aferraba con fuerza a la arena de la playa para no lanzarse sobre su cita.
Al finalizar el espectáculo de luces y música en vivo, Magnus hizo otro portal para llevarles a casa. Fue poner los pies en su piso y Presidente Miau fue de inmediato a los pies de Alec y éste le correspondió acariciándole entre sus brazos. Su pequeña mascota estaba encantada con esas atenciones.
-¿Te apetece tomar una última copa?- Propuso como buen anfitrión.
-Sí- afirmó Alec.
-Perfecto- sonrió Magnus –Siéntate mientras lo preparo-
Alec se sentó en el largo sofá mientras Magnus se dirigía a la barra que tenía en su salón para preparar las bebidas. Era una barra de brillante mármol negro con una luz led azul por debajo. Había un gran espejo detrás y enganchado de este había las estanterías con muchas botellas y copas de diferentes formas. Al otro lado de la barra cinco taburetes esperaban a ser ocupados. Esa zona tenía el aspecto de una discoteca de lujo. Mientras Bane hacía uso de su coctelera podía escuchar como su cita jugaba con su gatito, eso le arrancó una sonrisa más. La verdad es que la noche había ido fenomenal y estaba realmente contento por ello. Se descalzó para estar más cómodo y dejó su cazadora encima de uno de los taburetes.
-Lo haces realmente bien- le alegó Alec que ahora estaba mirando como el brujo se desenvolvía dentro del bar.
-Práctica- le respondió ese guiñándole un ojo.
-No sabía que los mundanos tenían bares dentro de sus casas- realmente sorprendido.
-Es que no lo tienen… Estás en mi casa ¿Recuerdas? Temo que no te he comentado que otro de mis títulos es "El Gran Brujo de las Fiestas"-
Ambos sonrieron ante esa broma. Con los dos cocteles en las manos Magnus se dirigió hacía el sofá donde estaba Alec y se sentó junto a él. Le ofreció la bebida y el nefilim le dio un sorbo.
-Mmmm, está muy bueno-
-¿A caso lo dudabas?- Con tono seductor y arqueando una ceja.
-No- respondió Alec en un tono nuevo que Bane no supo como descifrar.
Y no solo el tono de su voz era diferente, su mirada, que se clavaba directamente a sus ojos, también empezaba a serlo. Después de hacer uso de sus poderes la marca de brujo que caracterizaba a Bane salía a luz. Como norma general él usaba un glamour para esconder sus pupilas de gato, pero como ya estaban en casa y se sentía cómodo y relajado no se lo hizo. Bane empezó a dudar si había sido buena idea dejar sus ojos al descubierto.
-Gracias- el agradecimiento de Alec le sacó de sus pensamientos – me lo he pasado muy bien.
-¿Sí? Me alegro que te haya gustado tu…. ¿Podemos llamarle primera cita?-
-Sí- tímidamente y bajando la vista - ¿Tú quieres llamarlo así?-
-Claro ¿Por qué no?-
-Pensaba que tan solo me estabas haciendo un favor- encogiéndose de hombros- ya sabes…. salir con el pobre nefilim sin amigos-
-Yo no hago las cosas para quedar bien Alec, no tengo necesidad de hacerlo. Si te pedí salir fue porque realmente me apetecía hacerlo. Tienes algo que me gusta- se sinceró.
No sabía porque lo había hecho pero se lo había dicho. El nefilim se quedó petrificado y mirándole fijamente los ojos de nuevo.
-¿Te molesta? Si quieres me pongo el glamour-
Le preguntó al fin Magnus señalándose sus doradas pupilas de gato, ya que era muy consciente de que a la mayoría de gente le intimidaban. Su marca de brujo era desagradable para muchos. En otra ocasión hubiese pensado "estoy en mi casa y eres mi invitado, si no te gusta te vas" pero esta vez no lo pensó. Estaba dispuesto a esconder sus verdaderos ojos si eso incomodaba al chico.
-No, no para nada- se apresuró a contestar Alec- son… preciosos… eres muy guapo- rojo como un tomate.
Magnus ya no se pudo resistir: llevaba toda la noche conteniéndose y ahora ya no pudo hacerlo más: se abalanzó sobre Alec y le besó con toda la pasión que había estado reteniendo, pero el nefilim no le devolvió el beso. La lengua de Magnus, que asomaba por su boca entreabierta, chocó contra los rígidos labios de Alec que se cerraban en una tensa línea. Entonces el brujo se dio cuenta de lo que acababa de hacer: le había robado su primer beso al chico. Ese primer beso que Alec llevaba tanto tiempo reservando para alguien especial él se lo había quitado sin ningún derecho.
-Yo… lo siento mucho Alec- visiblemente arrepentido- no debí hacer esto. Perdóname-
-¡Oh por el Ángel! Perdona- se disculpó al mismo tiempo el cazador de sombras visiblemente abochornado.
-Tú no debes disculparte. Soy yo quien te ha besado sin tu permiso-
-Si quiero. Tú también me gustas. Es que yo… yo… yo no sé como se besa… no sabía….oh Raziel… que desastre. Siento haber arruinado el momento.-
"Me gustas" Alec le acababa de decir "me gustas" y el brujo tenía el pecho que le iba a estallar de tanta satisfacción. Él era consciente de que le gustaba a mucha gente pero gustarle a ese joven de ojos azules no tenía comparación: nada de lo otro importaba ya.
-No te preocupes no pasa nada, tranquilo. Ha sido un pequeño problema de coordinación- le tranquilizó Bane con una dulce sonrisa mientras le acariciaba la mejilla-
Alec puso su mano encima de la mano que Bane tenía en su rostro y respiró un poco más aliviado. Magnus volvió acercarse a sus labios, esta vez más despacio, y le dio un lento pico que Alec sí le devolvió. Sin separar sus labios de los del nefilim, muy lentamente, el brujo empezó abrir la boca para dejar paso a su curiosa lengua, gesto que el inexperto imitó. Esta vez el beso fue simplemente perfecto. Alec notó como se le erizaba todo el bello del cuerpo cuando Magnus enredó sus largos dedos en su pelo, como si de alguna manera quisiera impedir que se separase de sus labios. El primogénito de los Lightwood pensó que eso era del todo innecesario ya que no tenía ninguna intención de hacerlo. Jamás había pensado que un beso pudiese despertarle tantas sensaciones: agradeció el hecho de estar sentado ya que notaba como se iba derritiendo por momentos. Era evidente que ese brujo tenía años y años de experiencia: cada beso y caricia que le hacía le enloquecían un poco más. Alec deseó con todas sus fuerzas poder devolverle el mismo placer que el brujo le estaba brindando a él. Lo que no sabía Alexander era que su deseo se estaba cumpliendo: Bane estaba disfrutando de aquello como hacía años que no lo hacía. El chico aprendió muy rápido en que consistía eso de besar, y no solo eso: tenía algo que le había enganchado completamente, algo que hacía que no pudiera despegarse de su cuerpo, y explorando con sus labios el cuerpo del nefilim encontró lo que parecía ser su punto débil: su pálido cuello. En un principio quiso besar la runa que decoraba esa parte de su cuerpo pero su sorpresa fue cuando Alec no pudo contener un leve gemido y clavó con fuerza sus dedos en la cabeza del Gran Brujo. Ver a su cita gozar de esa manera le pareció de lo más erótico, así que Magnus siguió con su labor de deleitar al pobre Alec que ya no sabía como esconder la excitación que todo eso le estaba produciendo, y cuando pensó que el corazón ya le iba a salir del pecho sonó la alarma de su teléfono móvil.
-¿Te están llamando?- Le preguntó Magnus separándose a desgana de su presa y con los ojos medio cerrados por la pasión
-No… es mi alarma… debería irme ya- Tenía el pelo completamente despeinado y el cuello de su camiseta había dado de sí tras los tirones de Bane.
-¿Qué hora es?-
-Las seis de la mañana-
-¡¿Las seis?! Por Dios ¿Quieres que te habrá un portal para que llegues más rápido?- Habían estado tan a gusto el uno con el otro que ni habían sido conscientes del paso de las horas.
-No, tranquilo…-
Lo que Alec no quiso admitir fue que quería que le diese el aire antes de llegar al Instituto ya que se notaba un tanto sofocado, pero a Magnus no le hizo falta que el cazador le confesase nada para saber lo que le pasaba, así que no insistió más y respetó que el muchacho se fuera andando. Acompañó a su cita hasta la puerta y una vez allí, con unos movimientos tan rápidos que Magnus no pudo ni ver, Alec empujó al brujo contra la pared y cogiéndole por el cuello de la camisa le besó con desesperación, como si fuera la última cosa que iba hacer en este mundo. El asiático no se quedó corto y aprovechó ese último beso para deslizar las manos por toda la espalda del joven hasta llegar a su trasero donde las depositó apretando con fuerza para que entre ellos dos no quedase ni un milímetro de espacio.
Alec salió del piso de Bane con tal euforia que empezó a correr por las calles de Nueva York extasiado por todas esas sensaciones que Magnus le había hecho vivir. La gente se lo miraba pensando que narices hacía aquel loco corriendo, saltando y riendo por las calles pero al nefilim le daba absolutamente igual. Con gran facilidad trepó de un árbol a otro hasta llegar a la fachada del Instituto. De allí empezó su particular escalada hasta llegar a su habitación. Alec tenía una habilidad poco común en los cazadores de demonios: era un gran trepador. Con gran facilidad podía subirse a donde quisiera, incluso utilizando tan solo la fuerza de sus brazos, era capaz de quedarse colgado de una sola mano y tenía un equilibrio envidiable, tan bueno como su puntería. Entró sigilosamente a su habitación y se tumbó en la cama esperando poder dormir aunque solo fuera una hora y media pero estaba demasiado despierto para conseguirlo. Cada vez que cerraba los ojos imágenes de esa noche le venían a la mente: su paseo por las vegas, esa increíble cena, Magnus tumbado en la playa de Hawái susurrándole cosas, las brillantes pupilas de Magnus tras crear ese portal, el espectacular cuerpo de Magnus, su primer beso, Magnus acariciándole el pelo, Magnus lamiendo su runa del cuello, Magnus, Magnus y Magnus. Se tocó los labios que aún sabían al brujo y volvió a revivir esa experiencia e inevitablemente la excitación y la lujuria volvieron a invadir su cuerpo, pero estaba vez estaba solo en su habitación así que no tenía que contenerse. Bajó su mano hasta su excitación y empezó a satisfacerse él mismo, como otras muchas veces había hecho, mordiéndose el labio o poniéndose el brazo encima de la boca para que sus gemidos no pudieran ser oídos, pero esta vez algo cambió: no se estaba imaginando a esos modelos de revistas o incluso a Jace cumpliendo alguna de sus fantasías sexuales, sino que estaba pensando en el Gran Brujo de Brooklyn y no le hizo falta imaginarse nada para llegar al orgasmo: tan solo tuvo que recordar lo sucedido horas atrás.
Después de aquella increíble noche la pareja siguió viéndose a menudo, casi a diario, siempre a escondidas y manteniendo la relación en secreto. Todo era perfecto hasta que llegó esa noche. Habían acabado de cenar y estaban tumbados en la cama del brujo, ambos sin camiseta, repartiendo besos y caricias en cuerpo ajeno cuando el teléfono de Bane sonó. Era Damaris que como no podía ser de otro modo deseaba una noche de placer con el brujo. Evidentemente éste se negó diciéndole que ahora estaba con otra persona. El cazador de demonios escuchó toda la conversación. Esa fue la primera noche que Alec se quedó a dormir allí y Bane no podía estar más contento: parecía que la cosa cada vez se estaba formalizando más.
A la mañana siguiente durante todo el día Magnus quiso ponerse en contacto con Alec pero no hubo manera, hasta que finalmente por la noche le mandó un mensaje diciendo que había sido un día muy duro, que estaba cansado y que se iba a dormir. La verdad es que eso dejó a cuadros al brujo pero fue comprensivo y pensó que el chico habría tenido un día duro. El problema fue que esa actitud de Alec se fue repitiendo los días posteriores hasta que se dio cuenta de que si él no le decía nada el nefilim ni daba señales de vida. Cansado de esa situación Magnus decidió ponerle fin. Evidentemente en otra ocasión ni se hubiera planteado hacerlo: él tenía suficientes pretendientes como para ir detrás de alguien pero es que Alec, su Alexander era especial… no sabía que es lo que le estaría pasando al chico pero sí que sabía que se negaba completamente a perderle. Le mandó un mensaje diciéndole claramente que necesitaba hablar con él y que si no se presentaba esa noche en su piso iría él mismo al Instituto a buscarle.
A las 20:30 horas, tal y como habían quedado, el nefilim se presentó allí. Magnus quiso saber que le pasaba, el porque estaba tan frío y distante y que si había hecho algo mal que le hubiese molestado.
-No has hecho nada mal- Alec parecía sentirse culpable- no eres tú… soy yo. Creo que deberíamos dejar de vernos-
-¿Qué? ¿A qué viene esto?- Atónito –Hemos estado bien hasta ahora, esa noche en que te quedaste a dormir fue maravillosa ¿Fue por la llamada de Damaris? Ya viste que le dije que no, ahora estoy contigo-
-Pues no deberías haberle dicho que no….Ha estado muy bien Magnus… pero yo realmente estoy enamorado de Jace y no me parece justo seguir con esto. Ya te lo advertí antes de quedar. Lo siento mucho- y se fue.
Los días siguientes a esa "ruptura" Alec estaba completamente insoportable: no quería hablar con nadie, estaba siempre de mal humor y buscaba la soledad como nunca. Nadie sabía que era lo que le pasaba pero todos sabían que algo le preocupaba. Una semana después Jace y Alec fueron a inspeccionar la zona en busca de algún demonio al cual poder abatir cuando pasaron por delante del Taki`s y se encontraron a Magnus Bane acompañado de Damaris.
-¿No es ese el nefilim que vino a tu piso aquel día?- Le preguntó la hada sin pizca de disimulación al brujo.
-Vámonos- exigió el subterráneo girándole la cara al nefilim y marchándose muy enfadado.
Al verlo Alec también se dio la vuelta rápidamente y empezó a caminar en dirección contraria a tanta velocidad que Jace tenía problemas para seguirle andando.
-¡Alec!- Le chillaba –Para-
Pero éste no hacía ni caso, al contrario aceleró más el paso y se adentró a un oscuro descampado.
- ¡Por el Ángel! Detente- y Jace saltó encima de Alec haciéndole caer al suelo-
Con mucha agresividad Alec se lo quitó de encima con un fuerte empujón. Los ojos le brillaban con furia.
-¿Se puede saber que está pasando?- Le preguntó el rubio
Pero Alec ya no tuvo tiempo de responder porque acababan de llegar Izzy, Clary y Simon. Ninguno de los dos hizo ningún comentario al respeto a los recién llegados pero Jace no le quitó el ojo de encima a su hermano en todo el rato en que duró la caza de un demonio que había traído Izzy. Y suerte tuvo Alec de esto ya que estaba tan despistado que recibió un par de heridas bien feas. Jace, literalmente, le salvó la vida en dos ocasiones. Cuando al fin el demonio fue derrotado, el rubio Herondale mandó a los otros al Instituto con una excusa barata para poder quedarse a solas con su parabatai.
-¿Se puede saber que era eso?-
-Siento haberte empujado ¿Vale? Pero tú me has derribado primero-
-No me refiero a esto imbécil. ¿Qué diablos hace tu novio con otra? ¿Es por eso que estás insoportable?-
-¿Qué? ¿Quién te ha dicho eso? Él… yo… no es mi novio- asustado al verse descubierto.
-¿A caso me tomas por un idiota, Lightwood? Has escuchado alguna vez la expresión " Podemos esconder el fuego pero ¿Qué hacemos con el humo?" Por más que lo quisieras esconder se notaba mucho ¿Lo sabías?-
-¿Qué dices?- Realmente incomodo
-Te pasas las noches fuera, desapareces durante horas en muchas ocasiones, tienes chupetones por el cuello, vienes repleto de purpurina, curiosamente el brujo más poderoso nos ayuda a cambio de nada, la manera en como os miráis, la manera en como si podéis os rozáis, de repente sabes infinidad de cosas sobre él ¿Quieres que siga?- Con cierta soberbia
-No. Está bien. Sí, nos hemos visto algunas veces, pero nada serio-
-¿Es por qué él se ha ido con otra?-
-No. He sido yo. Yo le dije que lo hiciera. No puedo seguir con esto porque realmente me gusta otra persona-
-Eres el idiota más grande que conozco Alec, y estoy harto, muy cansado de que me uses de excusa-
-¿Qué?- Aterrorizado.
-Déjate ya de gilipolleces. Te has auto convencido de que te has enamorado de mí y lo usas como excusa para no tener que afrontar tus verdaderos sentimientos. A mí no me cae bien ese brujo, pero tú le gustas y sé que él también te gusta a ti. Sí te pedí que fueras mi parabatai fue porque eres valiente Alec, un luchador, no un debilucho que esconde la cabeza asustado-
Y de repente Jace se abalanzó sobre Alec y le dio un buen beso francés, dejando al de los ojos azules petrificado.
-¿Te ha gustado?- Le preguntó el rubio cuando le soltó.
-No- con cara de asco y escupiendo al suelo.
-Pues entonces ve y recupera lo que es tuyo- le ordenó dándole un fuerte empujón.
Alec se lo quedó mirando unos segundos y de repente algo cambió en su mirada, abrazó a su parabatai, le dio un fuerte beso en la mejilla y salió disparado camino al Taki's.
Corrió con todas sus fuerzas y llegó al restaurante más sudado que si viniera de una batalla. Miró al interior del restaurante pero allí ya no se encontraba quien él estaba buscando. Así que empezó a correr hacía la dirección del piso de Magnus, incluso más rápido que antes si cabía y a pocos metros de llegar a su destino vio al Gran Brujo de Brooklyn andando con esa bella hada al lado.
-Magnus- Alec le cogió del brazo pero el brujo se deshizo de ese agarre y siguió andando.
-Vamos- le ordenó al hada siguiendo con su camino y sin mirar al nefilim.
-Magnus espera… lo siento- se disculpó Alec cuando el brujo ya estaba abriendo la puerta de su portal.
Al escuchar esa palabra Bane se quedó parado, completamente quieto mirando la puerta y sin darse la vuelta para mirar a Alec.
-Lo siento mucho… no debí decir aquello porque realmente no lo siento. Me gustas mucho ¿Vale? No… no sé lo que me pasa. Después de la noche que me quedé a dormir contigo… lo que siento por ti me desborda… y yo… yo dije aquello porque estoy muy asustado…. tengo miedo porque creo… que estoy enamorado de ti…. Y tenía miedo de afrontar mis sentimientos… porque…. Te amo-
-Oh… estúpido nefilim-
Murmuró el brujo que se dio la vuelta y se dirigió hacia Alec con paso decidido, le dio un fuerte empujón que le estampó contra la farola y le besó hasta dejarle sin aliento.
-Lo siento mucho- se disculpaba de nuevo aferrándose al brujo - ¿Me perdonas? Alec necesitaba escuchar que Magnus aceptaba sus disculpas.
-No debería hacerlo porque me has hecho pasar unos días de mierda- le sonreía sensualmente el brujo –pero ¿Sabes que pasa? Que estoy tan enamorado de ti que me es imposible negarte algo…. Yo también te amo, mi ángel.-
Siguieron besándose un buen rato bajo la amarillenta luz de esa farola haciendo que Damaris se fuera, esta vez por voluntad propia. Finalmente subieron al piso donde Magnus sanó las heridas de su amado y se dijeron todo lo que debían decirse. Los besos que habían empezado en la calle siguieron en la cama de Magnus y esa noche fue la segunda que Alec se quedaba a dormir allí y la primera vez para el nefilim.
Fin
