SALTO DE FE
Tras un pequeño brinco, Shiro cayó sobre su espalda y como las veces anteriores, se incorporó para seguir persiguiendo la luz. Hanabi resopló un tanto aburrida de ese juego, le parecía algo malicioso lo que Indra le hacía al hurón pues sin importar cuánto se esforzara, jamás lograría atrapar el reflejo del vidrio.
—Juguemos a algo más.
Indra la miró repentinamente interesado.
—¿Esgrima? —preguntó sin perder las esperanzas, ella puso los ojos en blanco dándole a entender que eso no ocurriría, jamás—. Nunca hacemos algo divertido —se quejó él, alzando a Shiro del piso y dando por terminado su numerito con el animal.
—¿Qué te parece jugar con las tallas de madera? —instó, regodeándose con la idea. Aún no regresaba la tortuga que había tomado de la vitrina del conde y nadie había armado un escándalo al respecto.
—No sé... —Él comenzó vacilar de forma notoria, siempre ponía pegas cuando se trataba de las posesiones de Sasuke. Hanabi pensaba que Indra le tenía miedo y ella no comprendía por qué, ya que el conde no se comportaba mal con ellos. Entendía que era un poco raro a veces y que hablaba de forma un tanto cruel en ocasiones, pero nunca decía que no a nada y jamás de los jamases les gritaba; es más, él raramente alzaba la voz. Por eso ella creía que Sasuke era estupendo, de haber podido escoger un papá Hanabi lo habría elegido a él.
—Vamos, ¿a poco eres gallina?
—¡Claro que no! —espeto él cayendo convenientemente en su trampa. Hanabi sonrió para sí, era tan fácil manipular a Indra que ella se sorprendía a veces de que él fuese el mayor. Muchas veces actuaba como si no lo fuera y de esa forma le facilitaba realizar cualquier treta que cruzara su mente.
—Pues vamos. —Lo tomó de la manga para jalarlo al estudio, él se removió para liberarse y ella se limitó a chistar por su actitud.
Sin importar cuánto quisiera negarlo, Indra no tenía más opciones que jugar con ella y Hanabi sabía que la seguiría, incluso hasta ya se habían acostumbrado mutuamente al otro. A veces la sacaba de quicio, pero lo soportaba. Era él o escuchar las historias de miedo de Juugo y a decir verdad, el ayuda de cámara la asustaba bastante.
—¡Eh, mocoso! —Y fue como si lo acabara de conjurar con el pensamiento, el hombre se apareció en el vano de la puerta con su voluminoso abdomen precediéndolo y el botón de su casaca gritando auxilio para sostenerse en su lugar.
—¿Qué quieres? —lo increpó Indra, mirándolo de soslayo.
—La señora tomará el desayuno en el cuarto, vete a la cocina y súbele una bandeja.
Hanabi frunció el ceño, Juugo muchas veces trataba a su amigo como a un sirviente, pero Sasuke le había dicho que ese no era su lugar en la casa. Entonces, ¿por qué Indra le hacía caso?
—Ya voy —murmuró el aludido sin despegar la vista del piso.
Juugo masculló algo antes de retirarse, versando sobre la falta de respeto que tenían los niños en esos tiempos, pero Hanabi no le puso mayor atención que su amigo y se volvió para mirarlo con interés.
—¿Por qué haces todo lo que te pide? —Él frunció el ceño encogiéndose de hombros—. Dile a Sasuke.
—No —respondió casi al instante—. Yo vivo aquí gracias a que el señor me lo permite, no puedo estar quejándome por tener algunos deberes.
—Pero tú no eres criado —replicó ella, poniendo los brazos en jarra.
—Tienes razón, no lo soy... —La miró con un gesto que ella no supo comprender—. Soy alguien que recogieron de la calle, si molesto soy fácilmente desechable.
—¿Qué dices? —instó completamente confundida, pues ella sabía que Sasuke jamás haría algo así con él. Nunca lo correría a la calle nuevamente.
—Tú no entiendes nada, cuando no tienes padres no te puedes dar el lujo de escoger. Soy afortunado de que el conde me aceptara aquí... —Se puso en movimiento, ignorando su expresión de asombro.
Hanabi aún no caía en cuenta de lo que Indra le decía, pero tampoco podía decir que lo comprendía. Pues a pesar de que ella no tenía padre, jamás le faltó su mamá o su tía. Sabía que ellas la cuidarían siempre, pero ¿cómo sería estar completamente sola? La idea la hizo estremecer y corrió detrás de Indra casi como queriendo verificar que él aún estaba allí.
Lo encontró subiendo las escaleras con la bandeja para su tía, Hanabi había estado bastante preocupada por ella también. Llevaba los últimos cuatro días tomando todas las comidas en su alcoba, ya no bajaba a jugar con ellos a las cartas o a leerles. Y ella comenzaba a echarla de menos, no le agradaba verla triste e incluso peor, no le agradaba no conocer la razón de su tristeza.
—¿Crees que deberíamos invitar a tía Sakura a pasear?
—Dudo que quiera acompañarnos.
Ella se quedó en silencio analizando sus palabras.
—No entiendo qué le ocurre.
Indra soltó un bufido entre dientes, logrando que Hanabi lo maldijera en silencio. A veces su altanería la exasperaba.
—Si que eres tonta, Sakura y el señor se pelearon. —Por un segundo no supo qué decir. ¿Peleados? ¿Por qué? Las dudas golpearon una tras otra, pero ella no podía darles ninguna dirección. Nunca había visto cómo se relacionaban los adultos, Hanabi pensaba que un matrimonio debía ser siempre feliz. Entonces, ¿por qué pelear? Si se amaban, no tendrían razones ¿verdad?
—¿Por qué?
—¿Y yo cómo voy a saberlo? —Alcanzaron el primer piso donde se encontraban las habitaciones, Indra siguió avanzando haciendo caso omiso del caos que sus palabras habían producido en su interior. Estaba tan ensimismada en sus cavilaciones, que tarde notó la presencia de otra persona en el pasillo.
—¿Eso es para mí? —preguntó un sonriente Sasuke, mientras le robaba una tostada a su amigo.
—No, es para Sakura —dijo Indra, pareciendo molesto pero disminuyendo notoriamente su malestar ante el conde.
Hanabi fue testigo del cambio abrupto que produjo la mención de su tía en el hombre que estaba frente a ellos. Sasuke pareció perder el brillo casi automáticamente y ella comprendió que lo que decía Indra era cierto, estaban peleados. ¿Cómo había sido tan ciega? La tristeza de su tía no se debía a la ausencia de su madre, era a razón de Sasuke.
—¡¿Por qué lastimaste a mi tía?! —exclamó en un exabrupto, tomando a los dos caballeros por sorpresa. Indra abrió los ojos como platos, pero a ella le valía nada mantener su postura de dama. Sasuke le agradaba, pero no permitiría que hiciera llorar a su única tía—. ¡Eres malvado! Ella está así por tu culpa.
—Hana... —comenzó a decir él, pero ella lo silenció con un ademan.
Avanzó decidida los pasos que los separaban y a pesar de que sus ojos jamás alcanzarían la altura del conde, eso no la intimidó en lo absoluto.
—¡Discúlpate!
—¿Qué? —Cierta nota de incredulidad decoró el timbre del conde.
—¡Discúlpate con ella! —repitió como si le estuviera hablando a un animal. Sasuke parecía verdaderamente estupefacto.
La miró frunciendo el ceño y Hanabi supuso que lo estaba cabreando con su demanda, pero alguien debía ponerlo en su lugar. Ninguna mujer debería encerrarse por cuatros días a lamentarse por su esposo, Sasuke había cometido un error lo lógico era que lo solucionara. No le estaba pidiendo ninguna locura, sólo que actuara como un caballero.
—Tú la has puesto de ese modo, soluciónalo.
—No es tan sencillo —murmuró casi luciendo apenado. Cualquiera esperaría que siendo él el adulto comenzara a gritarle que no se metiera en sus asuntos, pero Hanabi sabía que Sasuke no era esa clase de adultos. En muchas ocasiones parecía ser más un niño y ella pensaba que sólo necesitaba que le enseñaran a ser un buen esposo o padre para el caso.
—Sí que lo es, ve a su cuarto y discúlpate. —Lo tomó de la mano empujándolo hasta la puerta de la habitación de su tía, Sasuke parecía no muy convencido pero aun así no se resistió—. No puedes esperar que las cosas se arreglen solas, tienes que empezar por algo.
—Ella no va a querer escucharme.
—Sólo inténtalo —insistió con algo de desesperación, no quería que ellos pelearan, quería que fueran felices: una familia. Porque eran su familia después de todo e Indra también.
Sasuke asintió seguramente leyendo la tristeza en sus ojos, le agradó pensar que él estaba dispuesto a dar el primer paso.
—Tenga. —Indra le ofreció la bandeja—. Como soborno, por si la disculpa no es suficiente. —El conde sonrió muy a su pesar, pero no declinó la oferta del muchacho. Hanabi e Indra se quedaron mirando la puerta una vez que Sasuke desapareció al otro lado—. Espero que esto funcione.
Ella sonrió y entrelazó su brazo al de él.
—Claro que funcionará y sino lo seguiremos intentado. —Su amigo la miró dubitativo—. No podemos dejar que tus futuros padres se separen.
—Ellos no son mis padres.
—No aún.
—Estás loca... —Y frente a esa aseveración, no pudo más que sonreír en acuerdo.
La habitación parecía estar vacía, pero Sasuke sentía la presencia de su esposa aun sin antes haberla localizado con la vista. Dejó la bandeja sobre la cómoda, entrar con el desayuno le pareció una buena excusa en su momento pero en ese instante comenzó a replantearse el plan. ¿Qué podía decirle? No es como si hubiese estado ensayando algo, Hanabi había decidido que era tiempo de dejarse de niñadas y prácticamente lo había forzado a blandir la bandera blanca. No pudo evitar pensar que todas sus acciones, normalmente eran forzadas por un tercero. Eso lo hizo dudar de sí mismo, era un tipo sin decisión aparentemente. Pero que la niña lo hubiese instado a hablar con su esposa, no significaba que él no lo hubiese pensado con anterioridad. Aun así no sabía cómo proceder, pedir disculpas le sonaba como una tontería. No había hecho nada como para tener que estar disculpándose, había sido honesto. ¿Acaso eso no contaba al menos? Al parecer la honestidad no era lo que se requería en un matrimonio, no a menos que quisieras seguir durmiendo con tu esposa en la misma cama.
Y aunque todo su ser le decía que debía pegar la vuelta y olvidar todo el asunto, no encontró fuerzas para salir de allí. Porque iba a ser sincero consigo mismo al menos y a admitir que echaba de menos hablar con ella. Incluso algo tan estúpido como su presencia, se había acostumbrado a verla sentada al otro lado de la mesa, a tratar de atrapar sus fugaces sonrisas y hacerla cabrear más de la cuenta con un comentario jocoso. Antes que nada Sakura había sido su amiga y no quería que estuviese molesta con él. No le gustaba no gustarle. Pero eso era algo que no podía cambiar mucho, normalmente él no le agradaba a nadie, no iba a forzar esa situación. Si su esposa no lo encontraba digno de su compañía, pues aprendería aceptarlo con estoica resignación. Pero no iba a aceptar que ni siquiera le hablara, estaba harto de esa situación silenciosa. Si iban a pelear, al menos que fuese justificado.
—¿Sasuke-kun? —La voz que lo llamó parecía sosegada, sin un ápice de emoción. Claramente no estaba feliz de verlo, pero tampoco sorprendida o molesta. Esto iba a ser difícil, si ya no despertaba ni su rencor las cosas estaban peor de lo que imaginaba.
—Te traje el desayuno —musitó, apuntando fugazmente la bandeja olvidada. Ella asintió y terminó de salir del cuarto de baño, casi como recordando que se había quedado completamente estática bajo el quicio—. Yo...
—Gracias —lo interrumpió de manera muy evidente, Sasuke sonrió para sus adentros. Eso significaba que aún la molestaba con su presencia, bueno eso era mejor que nada.
—Me peguntaba si... —Sakura fue a pararse delante del espejo para colocarse una gargantilla, estaba ignorándolo con mucha determinación—. Oye... —Nada, ella siguió mirando su reflejo ajena a su persona—. ¿Podemos hablar?
El silencio había sido algo que se esperaba, por lo que intentó no inmutarse por su falta de respuestas. Decidió que debía dejarse de evasivas, desde un principio Sakura había requerido un tratamiento directo, no tenía que cambiar la táctica entonces. Fue hasta donde ella se encontraba y le atrapó las manos, haciendo que respingara en el acto. En alguna parte olvidada de su cerebro, pensó que algún día sería capaz de tocarla sin que ella se escurriera con temor, odiaba por encima de todo que ella le temiera y odiaba que la causa de ese temor, fuese en gran parte porque no la sacó de aquella casa a tiempo.
Le quitó la gargantilla de los dedos y se dispuso a abrocharla él mismo, Sakura bajó las manos dócilmente y él suspiró para sus adentros. Si ella salía corriendo, no habría sabido cómo reaccionar.
—Gracias —volvió a decir, una vez que él hubo terminado de colgar la joya en su cuello.
Su piel era tan suave, pensó en su fuero interno mientras no lograba evitar rozarla con su dedo índice. Ella le respondió huyendo de su tacto casi con urgencia. Sasuke presionó la mandíbula recordando que eso no había sido un movimiento acertado, ella no quería que la tocaran. ¿En qué demonios pensaba? Debía controlarse y poner algo de distancia.
—Disculpa —musitó dando un paso atrás para no abrumarla con su presencia. Sakura se volvió lentamente y lo miró un segundo, antes de bajar la vista al piso—. Sakura... —La tomó por la barbilla, pero ella nuevamente se le escapó.
—Retírate por favor.
—Oh, Sakura, no los protocolos... no hagas eso —se quejó recelando el hecho de que su esposa le hablara como si fuesen dos extraños—. Preferiría que me gritaras todo lo que piensas de mí, antes de que me actúes cortesía.
—¿Qué quieres, Sasuke-kun? —Al menos eso era algo que podía responder, ¿verdad?
Se mordió el labio comprendiendo en ese instante que no sabía lo que iba a pedirle. Tenía claro que no buscaba perdón, con un demonio si él no había hecho nada malo. Bueno sí había cometido un pequeño error de juicio; se había dado por vencido demasiado rápido, pero no es como si no tuviese sus razones.
—No debí decirte aquello la otra noche.
Su esposa alzó la vista, pero a él no le agradó nada la ira que reflejaban sus ojos jade.
—¿Y me dices a mí que no use el protocolo? No me vengas con disculpas sacadas de libros.
Sasuke intentó no fruncir el ceño, pero no pudo evitarlo por completo. No es como si esperara una muestra original de gallardía, ¿qué mierda sabía él del asunto? Estaba haciendo un esfuerzo por encontrar palabras adecuadas, además no se disculpaba a menudo y nunca había tenido una esposa a la cual rendirle pleitesía. Ella esperaba que supiera cómo actuar, cuando toda la maldita situación era como intentar manipular un revolver con los ojos cerrados. Sakura siempre decantaba por pensar que todo lo que decía o hacía era una actuación, pero si le ofrecía la versión real de sí mismo, lo más probable sería que ella terminara por pedir la anulación.
—¡Bien, con un demonio! ¿Qué quieres que diga?
—No te presentes ante mí como si algo de esto fuese mi culpa, ¿qué acaso tu puta ya te aburrió?
La miró sin dar crédito de lo que acababa de oír, nunca se habría imaginado a Sakura hablándole de ese modo. Y un hombre que se valiera de ese título, jamás permitiría a una esposa dirigirle tales palabras, pero él simplemente se quedó mirándolo. A decir verdad, parte de él quiso reír por sentir que estaba recibiendo lo que se tenía merecido.
Se pasó una mano por el cabello tratando de no dejarse calvo en el proceso, todo era tan difícil que la opción más sencilla era olvidarse del asunto. Pero ¿cuánto tiempo duraría a su lado de ese modo? Estaban casados, para bien o para mal debían encontrar un nivel de acuerdo. Ella no podía odiarlo al punto de ni siquiera darle la oportunidad de echar algo de luz a esa confusión.
—Sakura, ¿realmente piensas que...? —Pero no fue capaz de terminar su propia pregunta, ella lo miró fijamente y a Sasuke no le cupieron dudas. Su esposa no tenía nada de fe en él y eso debía de molestarlo, pero curiosamente sólo lo hizo sonreír con melancolía—. Puedo decirte con honestidad que hace cuatro noches, no hice absolutamente nada por lo que tuviese que disculparme. Quizás tan sólo hablé de más y... eso me pasa a menudo, pero no hice otra cosa.
—¿Esperas que crea eso?
No, porque nadie le creía. Él se había asegurado durante todos sus años de vida eso, él se había armado su propia fama para no tener que rendirle cuentas a nadie. La gente no confiaba en él y eso suponía no tener que dar nada a cambio, la vida le había funcionado perfectamente hasta ese instante.
—No puedo decirte qué es lo que tienes que creer, no puedo obligarte a que veas como soy. —Ella no despegó los ojos de los suyos y Sasuke le sostuvo la mirada con resolución, pero no halló ni un ápice de comprensión en su interlocutora. Sakura se había tragado, al igual que el resto del mundo, su interpretación y nunca sintió como en ese momento, la necesidad de decirle que mirara más allá. Nunca había querido que alguien viera más allá, y quizá ya era demasiado tarde para demandar tal cosa—. Lamento realmente haber dicho tantas idioteces, estaba de mal humor y me la tomé contigo porque... no sé porqué realmente. —Sonrió con aspereza—. No eres tú el problema, yo lo soy. Nunca podría cansarme de ti, te quiero en mi vida y no quiero que seas mi inquilina, quiero que te sientas dueña de todo esto. Quiero que te sientas dueña de mí, porque lo eres. Aun cuando eres la primera mujer a la que no puedo complacer, a la que no entiendo en lo absoluto... lo eres. No pensaba faltar a mi palabra Sakura y aunque sí me tienta la idea de dejar todo esto... no quiero hacerlo... no puedo hacerlo—admitió bajando deliberadamente el tono de su voz.
—No sé qué quieres que diga al respecto, te marchaste... dijiste que iríamos cada uno por nuestro lado.
Sí ese había sido el error de juicio, pero estaba dispuesto a olvidarlo por el bien común.
—Lo sé, pero no lo quería decir en serio.
—Sasuke-kun, no puedes elegir los momentos en que quieres ser mi esposo y los que no. Tienes razón, no congeniamos... —susurró con un hilo de voz—. Tú y yo no nos comprendemos.
—No, no tengo razón. La mitad de las cosas que digo son tonterías... Sakura, ¿es que acaso no aprendiste nada de mi familia? Ellos no me ignoran por nada, saben que soy un charlatán.
El rostro de su esposa parecía estar navegando el río de la confusión. Pero Sasuke no le estaba dando ninguna noticia nueva, él sabía que era igual que un vendedor de humo, nadie esperaba sacar algo útil de su perorata. Por eso sus escritos eran estúpidos, por eso nadie tomaba su palabra en serio, por eso hasta la fecha no tenía un compromiso real con la gente.
—Y diciéndome esto, ¿esperas que ahora confié en ti?
Él se sacudió en su lugar, incómodo.
—No quiero desmentir mis palabras, sí soy un charlatán pero no soy mentiroso. Jamás utilizo esa vía y puede que mi cruda honestidad, me meta más en problemas de lo que una humilde mentira. Pero no es así como yo hago las cosas... —Extendió las manos en su dirección—. Átame y vuélveme a preguntar, sabes que no mentiré.
Ella dirigió la vista hacia sus manos y luego volvió a clavarla en sus ojos; negó.
—No seas ridículo, estar atado no determina nada.
—¿Y entonces qué? ¿Por qué no cedes aunque sea un poco, Sakura? —preguntó sin ánimos de sonar acusador, simplemente con la curiosidad pugnando por dirimir ese misterio. Él quería arreglar las cosas, pero todo era demasiado complicado cuando sólo se topaba con un muro. Ella parecía cómoda dejándolo un poco al margen, ella no entendía que él sólo deseaba poder saber cómo actuar sin asustarla—. Puede que yo me equivoque en todo, pero ni siquiera me he ganado el beneficio de la duda contigo —suspiró lentamente—. Lo he intentado, pero realmente ya no sé cómo... no, si no estás dispuesta a equivocarte conmigo. Sakura, nunca te haría daño, soy un mal hombre pero siempre utilizaré mi maldad para lastimar a cualquiera que intente lastimarte a ti. Pero si soy yo el que te pone mal, entonces dímelo...
Pero ella no dijo nada. Sasuke elevó la vista al techo por un instante, para luego darse la vuelta y dejarla sola. Estaba dicho y hecho, no había nada más por lo que hablar. No podían ni siquiera ser amigos, Sakura no sólo no aceptaba sus disculpas, no lo aceptaba a él.
—¿A dónde fuiste esa noche?
Se detuvo en medio de su retirada, al oír su voz algo temblorosa a sus espaldas. No se volteó pero esperó que esa pequeña brecha, fuese algo más que sólo un método de castigarlo por su osadía.
—Fui a ver a una mujer. —El quejido de ella fue casi imperceptible, pero llegó a sus oídos como una confirmación de sus propias teorías.
Se volvió y caminó decidido hasta su lado, luego la tomó por la barbilla obligándola a mirarlo, sonrió.
—No seas boba, no fui con ninguna mujer. —Sakura quiso desviar la mirada, pero Sasuke no se lo permitió—. A veces desearía ser el hombre que todos ustedes piensan, tendría una vida mucho más divertida.
—Sasuke-kun.
Él la silenció presionando sus labios con su índice.
—Estuve en el río jugando a golpear una boya con rocas —dijo con sencillez, pues eso había estado haciendo por muy patético que suene—. Normalmente no tengo muchos sitios predilectos, suelo sentarme en el mismo banco de madera desde hace tres años. Hay una boya a unos cinco metros, la niebla siempre me dificulta darle... pero con el tiempo fui afinando mi tiro. —Se encogió de hombros, no podía negar que esa puntería le habría sido útil en la guerra—. Puede que pienses que es ridículo, pero soy un hombre de intereses limitados.
—¿Pasaste seis horas sentado junto al río? —La incredulidad bañaba su voz, pero Sasuke no supo comprender la razón. Había pasado mucho más que seis horas en ese sitio y nunca se aburría o cansaba de él.
—Cuando te ves obligado a permanecer en un lugar a la fuerza, notas que estar junto a un río es lo más cercano a sentirse libre —espetó con toda la soltura que pudo lograr. No le agradaba hablar del asunto y esperaba que ella no reparara mucho en los detalles de aquella afirmación.
—Porque te sientes acorralado durante las noches... —Por supuesto su esposa era demasiado sagaz como para no notarlo, Sasuke se encogió de hombros ya que esa era la única forma que había descubierto para evadir sus problemas—. Nunca quieres estar aquí y te escapas, no duermes porque le temes a algo.
Ella parecía estar uniendo distintas piezas del rompecabezas, por un segundo Sasuke se sintió ajeno a toda la escena. Pero finalmente Sakura lo miró con firmeza, acción que lo obligó a dirigir su vista en otra dirección.
—¿A qué le temes? —instó colocando repentinamente una mano en su mejilla, Sasuke se encontró con sus ojos a regañadientes. De un momento a otro, la disculpa se había convertido en la excusa idónea para ponerlo en evidencia.
—A nada —susurró sin sonar muy convincente, ella enarcó una ceja esperando, pero él no abrió la boca.
—Si realmente quieres que confíe en ti, comparte algo de tu vida conmigo. —Él frunció el ceño, sin ver cómo una cosa podía estar relacionada con otra—. ¿Por qué no duermes antes del amanecer?
Negó de forma casi imperceptible, allí había un algo que simplemente no estaba dispuesto a traer a la mesa de debate.
—Pregunta otra cosa, te diré lo que quieras... pero... —Se silenció, había pocas cosas en la vida que lo ponían incómodo y esa era una de ellas. Consideraba que su pasado merecía permanecer enterrado, no había necesidad de recordarse a sí mismo las razones de su extraño comportamiento.
—Sasuke-kun la confianza debe ser mutua. —Bufó ante esas palabras, era tan sencillo decirlo—. Yo no te oculté mi pasado, a pesar de todo... sí te lo confié.
Eso era un golpe bajo. Chasqueó la lengua mirándola con los ojos en rendijas, pero ella no dejó de mirarlo tranquilamente con esos grandes y expresivos ojos verdes. Él estaba tan perdido, desde el mismo segundo que entró en su habitación lo estuvo. Pestañeó y se lo pensó un minuto entero, antes de permitirle el paso a las palabras.
—Ellos normalmente nos dejaban en paz cuando amanecía, creo que debían encargarse de sus tareas o algo así. Ninguno de nosotros dormía, no era aconsejable... si cerrábamos los ojos, muy probablemente no volveríamos a abrirlos. —Calló antes de que los recuerdos comenzaran a abrirse paso a su mente, lo último que necesitaba era el tormento estando despierto.
—¿Ellos quiénes?
La miró con marcada renuncia, ella alzó las cejas expectante.
—Los... salvajes... —murmuró recordando cómo se referían a los indios en las tropas.
—¿En la guerra? —Asintió como toda respuesta—¿Fue una emboscada?—Soltó una breve risa entre dientes, no había sido una emboscada, no de los franceses al menos. Había sido traición, había sido el deseo egoísta de librarse de todo aquello y regresar al hogar, había sido Shisui vendiéndolos como carne de ganado—. ¿Qué ocurrió?
—Una masacre, pero que se prolongó por semanas... —El recuerdo de su discusión con su amigo tocó su mente. Sasuke había estado seguro que el camino marcado no era seguro, pero Shisui tenía planes distintos y ninguno de esos planes incluía a ninguno de la tropa regresando—. Mataban uno de nosotros cada día, mientras que el resto debía observar como lo torturaban y luego... —Sakura contrajo el rostro en un gesto agrio, Sasuke se aclaró la garganta y negó ante sus propias palabras—. No es algo que quieras saber —espetó, tratando de sonreír con desinterés. Pero ella no parecía conforme con su decisión. La mirada que le dirigió estaba llena de pesar y frente a esto Sasuke sacudió la cabeza con impaciencia—. No hagas eso.
—¿Qué cosa?
—No me mires, como si te diera pena... —Su voz un tanto más tajante de lo que había pretendido—. Hasta hace dos minutos me odiabas, prefiero que sea de esa forma.
—¿Qué te hicieron?—inquirió, ignorando de buenas a primera su advertencia—. ¿Esas cicatrices...?—Su mano tembló levemente al momento en que la extendía para posarla sobre su pecho—. ¿La cruz...?
—No es una cruz, es una X. —Su esposa frunció el ceño confundida, él se inclinó para besarle la punta de la nariz, odiaba el dramatismo—. Eran indios, Sakura, bastante ignorantes... su intención era marcar el punto donde debían apuntar —explicó, sacándole peso al hecho de que habían jugado tiro al blanco con su cuerpo. Para su buena fortuna nadie había acertado, no mucho al menos.
—Te dispararon...
Sacudió la cabeza en una negación.
—No, ellos no.
—¿Entonces?
—Mis compañeros, les dieron arcos y flechas... y los obligaron a dispararme. Ellos no eran buenos con esa clase de armas, lo que corrió a mi favor, aunque Sai me dio en el estómago. —Sakura se cubrió la boca con una mano, incapaz de decir algo—. Pero no pienses mal de él, si se negaba le cortaban un dedo... —Se detuvo un segundo, antes de agregar—: Otro más. Yo le insistí que lo hiciera, Sai fue el único que realmente se lo pensó dos veces, los otros lo hicieron sin dudarlo.
—Dios, Sasuke-kun... —Fue lo único que ella atinó a decir.
—No fue tan malo, al menos yo conservé todas mis extremidades... pero él perdió su meñique y más de sesenta perdieron la vida.
La expresión de Sakura debía de ser un recordatorio, de que aquello que había ocurrido en el campo de batalla siempre debía quedarse allí. No podía y no debía compartir con nadie su propio tormento, había tantas cosas ocultas en su mente que prefería nunca más hablar del asunto. Ya se había resignado al hecho de que los gritos desgarradores de sus compañeros lo despertaran noche a noche, incluso había aceptado que no era capaz de cerrar los ojos y no recordar los latigazos que se llevó su espalda cuando se durmió vencido por el cansancio. Y por si no fuera suficiente, aún sentía el calor de aquella cruz de metal que se hundía en su carne para marcarlo como algo menos que un animal. ¿Quién en su sano juicio hablaría al respecto? ¿Por qué llenarla de esas escenas nauseabundas? Sakura deseaba que él le confiara su pasado, pero ella no necesitaba más traumas. Ya tenía suficiente con los suyos propios, estaba dispuesto a ayudarla con su sufrimiento. Pero sabía que sus problemas no tenían solución, él estaba averiado. Pues nunca podría regresar las cosas a cómo eran antes, una vez que dejas de tener el control de tu propia vida, algo se pierde. Una vez que piensas que el mundo se reduce a quién mata primero, todo se va al diablo.
Una mano le presionó tenuemente la mejilla, Sasuke suspiró volviendo su mente al presente. Sakura lo observaba expectante, con su mirada ligeramente humedecida como si intentara contener las lágrimas. Pero ella finalmente dejó que una rompiera su resistencia, Sasuke presionó las manos con algo de frustración y haciendo acopio de su poca caballerosidad, eliminó de su rostro aquella marca irritante.
—No llores —le pidió, a sabiendas que él no podía controlar el llanto de una persona. Jamás supo cómo reaccionar a tales cosas.
—Lo siento —se disculpó ella, algo vacilante al hablar. Dio un paso hasta que no hubo mucho más que un suspiro entre ellos, Sakura le cruzó los brazos por la cintura y repentinamente lo atrapó en un abrazo.
—¿Qué haces? —instó dando un paso atrás, confuso, pero ella no lo liberó.
—No seas idiota —murmuró contra su pecho—. Te estoy perdonando, no arruines el momento.
—Ah...—Comprendió un poco tarde y le correspondió el abrazo, sintiéndose por primera vez algo tímido al respecto—. No es que no disfrute de tu método, pero ¿puedo sugerir algo?
Ella se apartó lo suficiente para dirigirle una interrogante mirada, Sasuke sonrió con picardía y sin más preámbulos se inclinó para rozar sus labios en una invitante caricia. Eso sin duda era algo que había echado de menos. Sakura pareció un tanto temerosa al principio, pero luego supo aceptar su manera de reconciliación como la más óptima.
Fue la primera ocasión en la que no parecía que uno estuviese obligando al otro. Hasta el momento sus besos habían sido arrebatos, casi reacciones de adolescentes que acababan de descubrir al sexo opuesto. Pero esa vez, en ese cuarto, los dos dejaron de lado por un segundo las peleas infantiles y se comportaron como adultos. Marido y mujer, eso decían los papeles y para ser honestos, por un segundo ambos supieron entrar en sus roles.
Ahora comprendemos mejor a Sasuke, sabemos los traumas que pasó pero su comportamiento con Sakura es justificable?, después de todo ella siempre fue la única que estuvo ahi para él. Que piensan ustedes? :)
