Disclaimer: Los personajes son de Masashi Kishimoto y la historia le pertenece a Tammy Araoz. Esta es una adaptación con mis personajes favoritos
Buenoo, comenzamos con el principio del fin. Espero que les este gustando esta historia :)
SUTILES PALABRAS
Con un movimiento de sus dedos, terminó por desintegrar aquella hoja seca que le daba un toque mortecino al jardín. El invierno como de costumbre no tenía piedad con las pequeñas flores, y claramente al dueño de dicho jardín le importaba poco o nada este hecho.
—Se marchitan —susurró en voz queda, teniendo como toda respuesta silencio.
Sasuke se volvió hacia sus espaldas, encontrando a Sai observando el cielo encapotado con suma atención. Parecía querer determinar el momento en que se desataría la tormenta, aunque ambos sabían que él no se destacaba por sus habilidades predictivas.
—No creo que pueda salir hoy —reflexionó su amigo entonces, a pesar de que Sasuke estaba casi seguro que no intentaba hacer conversación.
Con el paso de los días Sai se sumía con mayor celeridad en esos conservadores y contemplativos momentos de desasosiego. Se veía apático, anodino, entristecido; le faltaban adjetivos para describirlo. De alguna forma parecía reflejar el odioso clima en su rostro. Y lo peor era que él no estaba mucho mejor, siempre que parecían llegar a un punto muerto, ambos caían en ese estado de incertidumbre casi adormecido. Eran hombres de acción, siempre habían sido de armas tomar y la espera, infiernos, la espera parecía estar consumiendo su espíritu combativo.
Tal vez las cosas que los ponían de mal humor no eran exactamente las mismas, pero tenían la misma raíz. Sai suspiró largo y tendido, Sasuke lo miró de soslayo. Tenía la sensación de que su amigo quería decirle algo importante, pero por alguna razón se contenía.
—¿Qué va mal? —instó, omitiendo la razón más evidente que él ya conocía. Sai lo observó un instante, antes de dirigir la mirada una vez más al cielo.
—Sasuke... —Y así comenzó, para nuevamente detenerse a mirar nada en particular—. Voy a publicar el último artículo que redactaste.
Confundido frunció el ceño, pues habían previsto guardar aquello hasta saber si la información era confiable. Estaban metidos en esa espera del demonio, simplemente para saber si la información valía la pena y no terminaría por morderles el culo luego.
—No confirmamos las fuentes... —le recordó, no que el otro no estuviese al tanto.
—¡A la mierda las fuentes! —exclamó Sai sobresaltado, Sasuke no se inmutó por su exabrupto aunque no pudo evitar mirarlo con deferencia.
—Tal vez a ti no te importen —expuso con voz calma—. Pero es mi artículo, mi publicación y yo decido cuando sale.
—Es que tú no entiendes... ya estoy harto —masculló, clavando sus suplicantes ojos oscuros en él. Por supuesto que lo entendía, ¿cómo se le ocurría decir tal cosa? Sólo le faltaba comenzar a morder las paredes, para no saltar a la acción en ese mismo instante—. Llevas más de un año casado, ¿cuándo será el momento? ¿Cuándo nos desaceremos de él?
Sasuke prorrumpió una maldición por lo bajo. Sabía lo que le estaba pidiendo, que finalmente se decidiera a atacar a la rata mayor, que fuera por todo, cargando sus armas y eliminando de una vez por toda la amenaza que Danzo representaba. Pero no era tan fácil, él lo sabía. Llevaba todo ese tiempo vigilándolo, buscando formas de hacerlo caer. En los últimos meses había cargado a su lista de muertos a los otros dos y ninguno tenía el anillo, ninguno había sido. Eso tan sólo le dejaba al último como el candidato perfecto: Danzo.
El viejo era sin duda la mente detrás del asesinato de Fugaku, Sasuke estaba seguro de que él se había llevado el anillo de escudos de su familia para vanagloriarse de sus actos. Pero, ¿cómo lo probaba? Hallar el anillo no determinaría nada y aunque en un momento pensó que matarlo sería suficiente, ya no lo creía de ese modo. Quería que sufriera, por lo que les había hecho a Fugaku, a Ino, a Hanabi, a Karin, a él mismo y por sobre todo a Sakura. Ese hombre había causado demasiado daño, merecía un castigo acorde con sus pecados.
Sakura no dejaba de decirle que esos castigos eran cosa de Dios, pero a la mierda Dios. Pues él llevaba mucho tiempo ignorándolo. ¿Dónde había estado Dios la noche que mataron a Fugaku y a su amante? Esa misma noche en que deshonraron a su amiga, robándole no sólo a su madre sino también toda su inocencia. Karin quería venganza, quería muertos a todos esos malditos y él se lo había prometido. Cuando ella le brindó toda la información necesaria años atrás, ellos se volvieron amigos casi automáticamente, quizás por el simple hecho de que compartían un objetivo en común; aniquilar a las mismas personas. Karin merecía que él no se detuviera. Su esposa también lo merecía, Sakura tenía derecho a poder caminar por las calles de su ciudad en paz, sin temor a que nada malo le ocurriese nuevamente. Merecía poder ver a su hermana y a su sobrina a su lado, sin que éstas estuviesen obligadas a residir apartadas de Londres. Por ellas, incluso por él, tenía que hacerlo. Sai estaba en lo cierto, las fuentes no debían importar. Al fin y al cabo sólo intentaba provocarlo para sacarlo de su madriguera, obligarlo a que lo enfrentase. Entonces Sasuke ganaría, pues en el campo de honor él jamás fallaba.
—De acuerdo, Sai... publícalo. —Iba a ser uno de sus artículos más controversiales, nunca antes había atacado abiertamente a una persona en concreto. Pero momentos extremos, requieren medidas extremas. Debía convencerse de eso.
—Estás haciendo lo correcto, amigo, una vez que lo increpemos lo tendremos donde queremos.
Sonrió tratando de contagiarse del entusiasmo de su amigo, pero no sintió ganas de hacerlo. Estaba poniendo demasiado en juego, no que estuviese asustado. Nunca tuvo miedo por sí mismo, pero ya no estaba solo. Por más egoísta que fuese, no tenía deseos de cometer un error que le costara la vida. No sólo atacaría a Danzo con un artículo, sino que de ese modo intentaría provocarlo a un duelo. Y sabía que el viejo era hábil con la espada, tanto como lo había sido Fugaku. Alguien a quien Sasuke, jamás pudo vencer.
Pero era una estupidez pensar eso, él había entrechocado espadas con cientos de individuos. Si veía a Danzo como un simple cuerpo más para atravesar, no tendría dificultades. Cuando lo matara, porque iba a matarlo, lo haría lentamente sin que sus ojos dejaran de ver los suyos. Casi y pudo representar ese momento en su mente, era tiempo de hacer la jugada de eso ya no había dudas. Había estado demasiado tiempo quieto, jugando a la casita feliz, era hora de darle respuesta a la necesidad que crecía día a día en su cuerpo. Él era un asesino, no se había dado cuenta hasta ese instante de pasividad, cuánto necesitaba sacarse todo ese odio del pecho. Y la venganza resultaba ser una excusa pertinente, como una guerra o una pelea en un callejón con algún hombre anónimo, todo terminaba siendo un modo de desahogar su alma negra. Todo se resumía a atacar y esperar dar en el blanco, su florín le estaba rogando un cuerpo y él, no era la clase de hombre que se resistía a un ruego.
—Sai... —El aludido lo observó con interés, repentinamente parecía más animado—. ¿Cuándo vuelves a Brighton?
—Me quedaré unos días para supervisar que esto... —Se tocó el chaleco, donde llevaba guardado lo que podía ser su último artículo como el Fantasma—. Llegue a buenas manos, luego partiré a verla. —Sus últimas palabras prácticamente le salieron cantadas, Sasuke puso los ojos en blanco.
—Compórtate, es mi cuñada.
Sai lo miró con seriedad.
—Amigo estoy enamorado, lo único que quiero es poder traerla aquí... vivir junto a ella...
—¿Casarte? —preguntó con incredulidad, su amigo sonrió con picardía.
—Si ella me acepta, pues sí ¡casarme!
—Tiene una hija —le recordó, sonando mordaz incluso a sus oídos.
—Una niña maravillosa, ¿sabes? Me recuerda un poco a ti. —Sasuke sacudió la cabeza sin decir nada, pensar en la pequeña le causó un ligero escozor en la piel—. ¿La echas de menos? —Asintió sin siquiera dudar en su respuesta—. Ella también te extraña...
Él lo sabía, Hanabi no hacía más que mandarle cartas, tanto a él como a Sakura. Su esposa se la vivía llorando al ver las vacilantes palabras de la niña esbozadas en papel, con dibujitos de personas tristes que no hacían más que pensar en casa.
Llevaba casi seis meses en Brighton junto con su madre y aunque Sasuke sabía que eso era lo mejor para la niña, aún no podía evitar pensar en ella y recordar su carita de demonio sonriente. Sai la veía más a menudo, pues sus viajes a Brighton eran más que frecuentes. Según su amigo estaba enamorado, fuese esto o no cierto, Sasuke sólo podía decir que realmente lo veía distinto. Cuando presenciaba sus regresos a Londres, lo notaba como un condenado que caminaba directo al patíbulo. Sai se limitaba a encerrarse en su casa, sin ánimos de tener visitas y tan sólo aguardando con ansias su próximo viaje. Y si no se quedaba en la casa de sus abuelos, o sea cerca de Ino, era porque al igual que él notaba la tristeza en ambas hermanas. Ellas se extrañaban, querían estar juntas, pero la condición seguía latente. Después de que pasara más de un año de aquel suceso, Ino seguía teniendo prohibida la entrada a Londres. La única forma de garantizar su regreso, era eliminando a la persona que la había vedado. Eliminar a Danzo.
—Llueve —señaló su esposa desde la ventana, logrando que él sonriera al remarcar esa obviedad.
—Lo sé —dijo cerrando su gabardina negra, para poder salir a enfrentar el mal clima.
—¿Irás igual?
—Sai dijo que era importante —le recordó, apuntando con un ademan la nota que le había llegado esa misma mañana en tono urgente.
Su amigo demandaba su presencia en la mansión, aunque Sasuke no tenía idea de qué podría querer, pues se habían visto hacía menos de una semana. Cuatro días para ser exactos. Pero se dijo que de no ser de vital importancia, Sai no lo sacaría al frío y la lluvia. Sakura hizo una mueca de disgusto al mirarlo.
—Tengo un mal presentimiento —murmuró de modo repentino, logrando que él la mirara con interés.
—¿Ahora qué ocurre?
—No lo sé —soltó con un tono de auto reproche—. No logro... —Se detuvo para ofrecerle una acongojada mirada—. No me siento bien, pienso que algo puede...
Sasuke suspiró, sin poder evitarlo.
—Sakura, nada va a ocurrirme —espetó con firmeza.
Su esposa venía atosigándolo con lo mismo desde hacía varios meses, él simplemente no comprendía qué era lo que la preocupaba tanto. Pues Sasuke nunca había estado mejor, su salud estaba perfecta, casi no había publicado artículos para no llamar la atención e incluso había retrasado lo de Danzo para no ponerse en peligro. Comenzaba a creer que las molestias de Sakura se debían a otra cosa que nada tenía que ver con él o quizás sí, quién sabe. Quizás ella estaba cansada de estar encerrada en la casa, quizás deseaba salir al mundo, presentarse en fiestas y mostrarse como la condesa que era. Tener tanto tiempo libre, le daba espacio a su mente para transitar caminos extraños y él sabía que estaba limitándola con su pedido de mantener un perfil bajo. Pero Sasuke no iba a arriesgar ninguna variable, la vida sería cómoda para ambos una vez que él se encargara de su único impedimento. Entonces la mantendría tan ocupada puertas afueras, que Sakura terminaría rogándole un tiempo de tranquilidad en la casa. Al menos ese era su objetivo.
—Sé que piensas...
Sasuke la detuvo alzando una mano.
—No, no lo sabes... no sabes lo que nadie piensa, Sakura, deja de querer ver más allá de tus ojos. —A cambio de sus palabas obtuvo una ceja enarcada con incredulidad, Sasuke sonrió perezosamente—. Cielo... respeto mucho tus dones, pero adivinar el futuro no es uno de ellos. Así que por la paz de mi mente, deja de preocuparte.
—Es más que preocupación, al menos déjame acompañarte.
—¿Has perdido el juicio, mujer? —Ella frunció el ceño, claramente disgustada—. Amor mío, no voy a sacarte a la calle con este clima, prometo que podremos ir a Vauxhall cuando comiencen los conciertos, ¿te parece?
—No quiero ir a Vauxhall, esto no tiene nada que ver con estar aquí, Sasuke-kun. Se trata de ti, no puedo explicarlo pero necesito que estés cerca.
Él se aclaró la garganta, algo cansado de esa conversación. La había complacido más de lo que creía humanamente posible en él, los últimos meses había sido como un cachorro siguiéndola de aquí para allá, tratando de que no sintiera que estaba perdiéndose de algo al mantenerse en la casa. Pero eso tarde o temprano debía terminar, su vida implicaba mucho más que sólo ser el esposo de alguien y ella iba a tener que entenderlo.
—No —sentenció, utilizando aquella voz que su hermano usaba cuando no quería ser contrariado. Sasuke no la tenía tan bien practicada, pero esperaba haberle hecho honor al tono aristocrático de Itachi.
—Pero, Sasuke-kun... —Al parecer su voz de aristócrata necesitaba algunos ajustes.
—No. —Caminó hasta ella para jalarla de un brazo y pegarla a su cuerpo—. Nada de peros... —Le acarició la mejilla en cadenciosos círculos, buscando de alguna forma suavizar sus palabras—. Ya no más preocupaciones, ya no más sueños raros o advertencias. Estoy bien, me siento bien y te aseguro que nadie va a lastimarme. Soy difícil de matar.
Ella lo observó con fijeza, claramente sin compartir su idea.
—No quiero que pongas a prueba esa teoría, pienso que muchas veces te arriesgas inútilmente. —Sasuke soltó una leve carcajada, para luego depositar un fugaz beso en sus labios. Si ella supiera, pensó con cierta nota de arrogancia, Dios bendito si ella supiera—. Lo digo en serio, ¿es que acaso no te importa tu vida?
—Tu preocupación hacia mí parece más que suficiente, no tengo interés en robarte mérito. Pero ten cuidado o terminaré creyendo que realmente no puedes vivir sin mí.
Sakura lo empujó para alejarlo, al parecer no muy feliz con su broma. Él sonrió notando el sonrojo en sus mejillas que no fue capaz de ocultar, ella en ocasiones era demasiado adorable.
—Cree lo que quieras, porque eso nunca va a pasar —sentenció su esposa con desdén, mientras se daba la vuelta nuevamente hacia la ventana. Sasuke la abrazó por la espalda, recostando la cabeza en su hombro.
—Ah, mi cielo, pero si eso ya pasó —dijo muy seguro de sí mismo. Le encantó sentir el momento en que su esposa tensaba la espalda, incapaz de negar sus palabras. Niña tonta. Besó su cuello, concediéndole ese tiempo fuera, a veces las palabras sólo sobraban—Me voy —informó soltándola en el proceso, pero ella no lo recompensó dándose la vuelta. No le dirigió una mirada antes de que saliera de la habitación, pero Sasuke sabía que Sakura se moría por volverse. Maldita sea, él se moría porque lo hiciera.
Salió de su casa alegre, a pesar de la lluvia y del frío. Se arrebujó mejor en su gabardina negra, dispuesto a disfrutar de esa caminata y de sus pensamientos. Le agradaba pasear bajo la lluvia, pues las calles parecían estar hechas sólo para él en dichos momentos. La gente parecía tener una renuencia innata a salir durante las precarias lloviznas de invierno, además que fuera de la temporada no muchos decidían permanecer en Londres. Así que todo lucía desértico, de tanto en tanto se cruzaba con algún muchachito corriendo para llevar un recado, o con lacayos refunfuñando al ser enviados a tareas engorrosas, cuando todo el mundo se calentaba junto a las chimeneas. Los bares, aunque estaban abiertos, sólo mantenían en su interior a aquellos eternos borrachos, que muchos sospechaban ya eran residentes permanentes. No había mujeres pavoneándose con sus brillantes vestidos primaverales, todo eso era un espectáculo que sólo se desplegaba bajo el sol. Londres dormía tras cada puerta cerrada y él recorría sus recovecos como un único espectador de la belleza oculta. Una solitaria ave surcó los cielos, soltando un silbido por lo bajo. Sasuke alzó la cabeza para seguir su vuelo y se detuvo un instante al verla aterrizar en una esquelética rama.
—Una alondra —murmuró para sí, mientras observaba con detenimiento al pequeño animal grisáceo.
Le había tomado años poder distinguir a esas aves en particular, a simple vista todos los aláudidos eran exactamente iguales. Pero alguien como él ya no podía cometer errores de ese tipo, con el tiempo incluso había comenzado a identificarlos por el sonido de sus graznidos. Bajó la cabeza cuando una gota de lluvia le impactó en el parpado, hora de seguir se dijo internamente. Pero fue sólo un segundo el que necesitó, para saber que ya no estaba tan solo como antes. Se volteó lentamente sobre su hombro, para encontrar la calle vacía y silenciosa. Enarcó una ceja volviéndose hacia su izquierda y al encontrarse con... nada, sonrió y sacudió la cabeza. Sakura ya le estaba contagiando su paranoia.
—Buenos días —dijo una persona que pasaba a su lado, sobresaltándolo en el acto. Con un demonio, ¿de dónde había salido ese? Sasuke asintió en dirección del hombre y retomó el paso, antes de ponerse a buscar ojos acechantes en los matorrales. Y ese estúpido pensamiento fue el que lo instó a girar ligeramente el rostro hacia la densa arboleda de su lateral derecho. No vio nada y la lluvia ya comenzaba a colársele por entre los pliegues de su gabardina. Algo estaba mal, aunque bien podría ser sólo su sugestionada cabeza.
—Soy un estúpido —se murmuró por lo bajo, al notar lo que estaba haciendo. Mojándose como idiota, mientras esperaba que algo saliera a atacarlo de detrás de un árbol. Nadie estaba en ese lugar, nadie estaba siguiéndolo y sobre todo nadie...
—No intente nada. —¡Ah mierda! Se dio una bofetada mental por estar apresurando conclusiones, y al moverse un centímetro notó como el cañón de una pistola se incrustaba bajo sus costillas. Ay, chico, esto empeoraría antes de mejorar. Pues en casos como este, no podía simplemente intentar arrebatarle el arma. Debía esperar el momento justo y saber cuándo hacer su movimiento, entonces se escaparía como tantas veces había hecho ya.
—Mi dinero está en el chaleco —masculló sin intentar nada, tal y como el hombre le había indicado; si era un ladrón ordinario tomaría el dinero y se daría por bien servido. A sus espaldas resonó una risa hueca, Sasuke frunció el ceño molesto. La teoría del ladrón ordinario, acababa de ser abolida. Éste venía a pagarse una deuda antigua, pero ¿qué? ¿Algún padrino resentido? ¿Algún familiar molesto? La idea de que fuese una viuda en busca de una satisfacción, lo hacía estremecer. Las mujeres eran mucho más vengativas que los hombres, si él no lo sabría.
—Camine —le indicó el extraño, ejerciendo mayor presión con su arma.
Un poco tarde reparó en que lo estaba guiando a un carruaje, contrariado por ese giro de los acontecimientos, intentó volverse para ver a su... ¿qué? ¿Secuestrador? No supo decirlo, el golpe que recibió sin previo aviso en la boca lo disuadió de intentarlo dos veces.
—Hijo de puta... —masculló, presionando la mano contra su sangrante labio. Le había dado con la culata del arma, si no le había tirado un diente fue por mera coincidencia. Aunque él estaba casi seguro que sentía más liviana la mandíbula.
—¿Le he dicho que se detuviera?
Sasuke aún estaba contando sus dientes, por lo que ni siquiera había reparado en que había dejado de caminar. Miró a los lados con cautela, no había una puta alma. Eso se ganaba por salir caminando, la gente normal usa carruajes. Bueno, le dijo una voz en su interior, al menos ahora usarás uno. Y él tuvo que darle crédito a su conciencia, pues de un segundo a otro el hombre —a quien aún no podía identificar— lo empujó al interior del carruaje sin darle tiempo a que lo hiciera por sí solo. Se volvió a tiempo de ver cómo la puerta se cerraba, entonces se lanzó hacia la manivela justo cuando pretendían trabarla, y comenzó un forcejeo con el hombre de afuera. Cuando pensó que la victoria sería suya, la puerta del otro lado se abrió de sopetón y sin darle tiempo a distinguir bien la silueta de la persona, le asestaron otro culatazo pero esta vez a su nuca. La fuerza se le escapó automáticamente de las manos y fue deslizándose contra uno de los asientos tapizados, como si de un muñeco de trapo se tratase. Luego todo se apagó.
En un repaso mental, notó que aún sentía dolor por lo que pudo deducir que estaba vivo. No sabía si esas eran buenas o malas noticias, pues al intentar mover sus manos las notó entumecidas y atadas a su espalda. Estupendo, sus pies habían corrido con la misma suerte, sentía alrededor de sus tobillos la cuerda que los mantenía unidos a las patas de la silla que ocupaba. Alzó la cabeza soltando un gemido por lo bajo, sentía algo líquido y cálido correrle por el cuello. Sangre, dedujo mientras terminaba de analizar sus limitaciones. Las ataduras eran firmes, pero al menos sólo se trataba de cuerdas. No que pudiera romperlas, no en esa posición al menos. Pero podía intentar zafar sus pies si tan sólo lograba deslizar la soga por la pata de la silla, tendría que equilibrarse en las traseras por un segundo y voila.
—Ni siquiera lo intente. —La voz de aquel hombre resonó desde un punto que él no pudo determinar, o quizás no quiso pues entonces se vería en la difícil tarea de aceptar que lo habían atrapado.
Lentamente dejó caer las patas de la silla en su lugar, podía ser temerario pero la idea de que le dispararan no se le hacía para nada tentadora. Sobre todo si no podía mirar a la cara a su asesino, quien lo matara tendría que llevarse la carga de ver sus ojos hasta el último segundo. Para él eso era un hecho.
—¿Qué mierda quieren? —instó hacia la oscuridad frente a su silla, aunque sabía que las personas que lo habían capturado se encontraban detrás de él.
—Es bastante simple, milord.
Sasuke enarcó una ceja con suspicacia, ¿ladrones educados? ¿Le ofrecerían un té durante la conversación? Diablos, él podía tomar una pastas en ese momento.
—Bien, dime el monto te pagaré lo que quieras. —Normalmente los secuestros implicaban a una persona familiar de alguien rico, no al hombre rico en cuestión. Eso lo confundía un poco, pero qué va, tenía dinero como para pagar su propio rescate.
—No se trata de dinero.
—¿No? ¿Y entonces qué? —gruñó, ya sin poder contener su mal genio.
Sasuke no era esa clase de víctimas que permanecía sumiso y expectante. Si no le encontraba un sentido lógico a ese secuestro, comenzaría a repartir golpes con la misma silla pegada al trasero. A decir verdad eso no era tan mala idea, sin duda podría levantarla o quebrar una pata. Era madera, liviana y rompible.
—Se lo diré sin rodeos lord Pembroke, esta tarde nos topamos con uno de sus amigos. Verá, pensábamos dejar esto en privado pues aún no ha hecho nada que valga la pena ser reportado. —La voz fue acercándose lentamente, hasta detenerse a su lado. Sasuke volvió el rostro y observó a un hombre no muy alto, en realidad mucho más bajo que él, pero de aspecto rudo y fibroso. Sin duda esa fisionomía haría a más de uno vacilar el sostenerle la mirada, pero Sasuke no se fijaba mucho en esos detalles a la hora de armar pleitos. Por el momento, sólo estaba viendo a un hombre que lo estaba cabreando conforme pasaban los segundos.
—¿Reportado? —preguntó con los ojos en finas líneas.
—No hay necesidad de fingir —le espetó su secuestrador con una sonrisa de medio lado. Él no se dio por aludido, por lo que se quedaron viendo en silencio por un largo minuto—. De acuerdo, señor, si quiere hacerlo de este modo. —Hizo una corta pausa en la que miraba a alguien detrás de ellos. Sasuke vio como una mano sin dueño le entregaba a su captor un arrugado papel— "Las palabras de un autor cuyo nombre ya conocen, vuelven una vez más para hacerlos estremecer. Pues esta velada mis queridos lectores, las cosas van a comenzar a arder. Y desde la puerta roja de un sir que ya muchos identificarán, nos llegan los chismes frescos que a una lady acaba de deshonrar..."—El hombre lo miró arrogante tras leer aquellas líneas, Sasuke intentó mantenerse imperturbable pero la posición no se lo permitía. Era su artículo, el que Sai debía publicar esa semana. ¿Cómo diantres había llegado a las manos de aquel individuo?—. ¿Necesita escuchar más o cree que ya lo reconoce?
—No será necesario —señaló con humildad. A decir verdad había hecho una entrada digna de aplausos con ese artículo, sería algo difícil de olvidar.
—Lord Pembroke, ¿es esta su manera de confesar que usted es el autor de este insultante artículo?
—No —murmuró, escueto, se lo llevaría a la tumba pero nadie le oiría admitir que él era el Fantasma. Nunca, ni siquiera cuando la soga estuviese alrededor de su cuello, posibilidad que parecía crecer conforme pasaban los segundos—. Dije que lo reconozco, porque pienso que todo Londres lo reconoce... es un artículo de El Conde Fantasma.
—Un artículo que no ha sido publicado aún —remarcó el extraño, como si con eso pudiese acusarlo de algo.
—¿Y qué con eso? Cualquier idiota puede identificar las formas de expresión del Fantasma, es cuestión de leer una línea... —El hombre sacudió una mano frente a su rostro para silenciarlo.
—Repito que no tiene usted que fingir, nosotros lo sabemos. Y no es nuestro objetivo matarlo o castigarlo por esto... —Lo miró sin dar crédito a sus palabras, pues la modalidad del secuestro parecía contradecirlo un poco.
—¿Tiene por costumbre secuestrar a las personas para hacerlos sentir más seguros?
El hombre sonrió con dureza, algo que más bien pareció la mueca de un animal mal amaestrado.
—Sólo deseamos advertirle de buen grado que se aleje del periodismo clandestino. Este artículo es un ataque directo a un lord de la corona inglesa, ¿piensa usted que es digno de un conde difamar a otro hombre de su clase?
Sasuke bajó la mirada pero no avergonzado por sus palabras, sino más bien en gesto pensativo. Este individuo no parecía noble, pero hablaba correctamente y parecía muy interesado en mantener en paz las relaciones de los lores y la corona. ¿Quién podría ser? Lo miró un segundo más, la fisionomía, las manos grandes, el rostro adusto y el gesto alerta. ¡Un funcionario! ¿Quién más? ¿Cuantas veces había visto hombres como este caminado los pasillos del palacio real? Siempre observando, atentos y dispuesto a proteger los intereses de sus reyes con su propia vida.
—Así que la corona ha decidido seguirme la pista, ¿verdad?
—No me sorprende que deduzca rápidamente mi posición, milord, pues usted ha dado muestra de su inteligencia todos estos años. Pero eso se termina aquí y ahora. —En ese instante su tono sonó severo, nada que lo preocupara realmente. Aun así intentó lucir atento—. Si el Conde Fantasma publica aunque sea una receta para hacer galletas, tenga por seguro que no seré tan indulgente.
Sasuke rió con suavidad, la idea de publicar una receta lo divertía. Pero al funcionario esto no le pareció muy respetuoso, pues lo fulminó con la mirada.
—Lo lamento —susurró incapaz de contener la risa—. Es que usted ha cometido un gran error, mi buen amigo, y creo que yo voy a pagar por los pecados de otro hombre.
—Es astuto, no lo niego. Pero yo no cometo errores.
—Está atribuyéndome dones que el gran salvador no me ha otorgado. —Sasuke clavó su vista en los pequeños ojos celestes de aquel individuo, notó que estaba tratando con alguien experimentado. No era un crío, pues su rostro delataba el paso del tiempo en las tenues arrugas de sus ojos, aun así no podía dejar que pensara que tenía al Fantasma—. No niego que me fascinaría contar con la agudeza literaria de este escritor—Vaya, Sasuke, tranquilízate allí—, pero me temo que mi campo se limita a las aves y algún que otro animal de rapiña.
—Pembroke es usted un actor consumado, ¿lo sabía? —Diablos, ¿acaso este hombre había estado hablando con Sakura?—. Lo he estado vigilando, he visto cada uno de sus movimientos. Aún me es difícil determinar cuál de todos los hombres que muestra al mundo es el verdadero. Por momentos parece un esposo y padre devoto, al siguiente está llevando a un hombre al campo de honor con mentiras que lo hacen parecer a usted un joven inocente. Y luego están esos instantes en los que parece que el mundo lo atosiga, lo he visto caminando por las calles a altas horas de la madrugada. Arriesgando su integridad física, sólo para encontrar algo de diversión. Incitando trifulcas en bares de mala reputación, paseándose por callejones cargando sólo una daga en el bolsillo. —Se arrimó hasta que sus ojos no pudieron ver más que los suyos—. ¿Cree que voy a caer en sus trampas? Usted tiene más de mil caras y el Fantasma es una de ellas. Tiene la inteligencia, la agudeza, el talento y los medios para ingresar a la intimidad de los estratos más altos. ¿Va a negármelo?
Se encogió de hombros mientras le exponía su más inocente sonrisa.
—Sólo soy un observador de aves —sostuvo con completa convicción. El funcionario lo miró fijamente, para luego chasquear la lengua y apartarse unos pasos. Sasuke se permitió soltar un leve suspiro entre dientes mientras éste le daba la espalda, si esto era una advertencia eso significaba que lo dejarían en libertad.
—Mi buen lord, dado que no nos estamos entendiendo voy a ponerlo de esta forma. —Por un segundo Sasuke pensó que intentaba hacerlo sentir seguro con su tono sosegado y su mirada tranquilizadora, algo que no funcionaría mientras él continuara amarrado—. Sea usted o no el Fantasma, cosa que no dudo, si veo un artículo más las consecuencias no se harán esperar. A mis jefes les encantará leer las cosas que un lord piensa de su rey y de su país. No sea estúpido, tiene una familia a la cual proteger, tiene una buena vida y se está arriesgando a ser acusado de traición por los pensamientos reformistas que transmiten sus escritos...
—¿Reformistas? —instó con incredulidad. Sí podía ser que no le agradaran las cosas, pero él sólo hacía observaciones para divertirse un poco, no para intentar cambiar algo.
—Así es como lo verán las personas, cuando yo presente mi informe sobre usted.
—Entonces estaría condenando a alguien inocente.
—Tal vez —aceptó con solemnidad, Sasuke frunció el ceño—. Pero dígame, ¿a quién condenaría usted llevando esto más lejos? ¿A su esposa? ¿A ese pequeño...? —Se silenció como si estuviese pensando—. Claro... ¿Indra? —Sus músculos se tensaron, pero no se atrevió a abrir la boca, tan sólo le estaría dando la razón—. ¿O que tal a todos sus ayudantes? —Sacó de su bolsillo un precario papel—. ¿Lord Sai Nakamura? ¿El americano Juugo Hebi? ¿La prostituta de Les déschets? —Volvió a dirigirle su completa atención—. ¿Cuál de todos ellos?
Los ojos de Sasuke podrían estar disparando veneno en ese instante, estaba más que decidido a degollar a ese hijo de puta. ¡Lo amenazaba! A él, lo estaba amenazando, sin tapujos, sin recelos, sin miedo. Oh definitivamente, tenía que enseñarle algo de modales.
—Sabe, mi buen señor, acaba de insultar a un lord... supongo que sabe lo que eso significa. —El hombre por un segundo abrió los ojos sorprendido por sus palabras, pero rápidamente se recuperó de su pequeño traspié.
—Nada de eso, milord, yo no estoy en condiciones de batirme a duelo... no pertenecemos a la misma clase.
—¡Me importa una mierda!—exclamó alzando la voz de forma repentina, el hombre respingó sin poder evitarlo—. Usted ha formulado una amenaza abierta hacia mi familia, ¿acaso espera que no le exija una satisfacción? Desáteme y tomaré la espada que quiera darme, lo venceré en el campo de honor como el hombre que soy.
—Nada le gustaría más, ¿verdad Pembroke? Siempre que algo se vuelve una molestia, simplemente le quita la vida. —Conforme hablaba se acercaba a él—. No voy a darle esa oportunidad, yo no intento más que advertirle que el camino que está usando lentamente se vuelve más empinado. Abandoné esta lucha inútil y viva con las comodidades de un hombre de su clase, no intente ser la voz del pueblo. Porque esas voces rápidamente son acalladas.
—Ha sido usted claro —musitó sin ninguna emoción en su timbre—. ¿Va a liberarme ya?
El funcionario volvió a mirar a sus espaldas y una vez más clavó sus ojos en él.
—No me gustaría que esto se repitiera. —Sasuke sonrió, sin ánimos de remarcar su antipatía ante la reunión desde el inicio—. Por lo que espero haya comprendido todo lo aquí hablado. —No le respondió, pero su mirada lo mandó a él y a su advertencia, al mismísimo infierno—. Correcto —murmuró el hombre casi con agrado y entonces sin previo aviso, otra vez, llegó el golpe acallador.
Lo último que vio fue la sonrisa complacida del funcionario, antes de que su cuerpo perdiera una vez más el sentido.
