Disclamer: Nada de lo conocido me pertenece.

"Este fic participa en el minirreto de marzo para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

BETA: Robinfleur.

REVISION: Miss Lefroy.


Andrómeda dejó al pequeño Teddy en su cuna, acompañó a Harry a la puerta, despidiéndose con un abrazo antes de que se marchase. Después fue a la cocina para tomar una copa de vino antes de irse a la cama.

Viendo el techo, pensaba en todo lo que había pasado hacía dos meses. Aunque se sentía triste y sola, estaba encantada y agradecida con el joven Potter por ayudarla con Teddy. «Es un padrino excepcional y será un gran padre», pensó Andrómeda mientras caía en los brazos de Morfeo.

Caminaba por un túnel oscuro y que se le hacía interminable, pero con sus pasos fijos en la luz que se intuía al final del mismo. A medida que avanzaba, la boca del túnel se ensanchaba y había más iluminación.

Finalmente, cuando tuvo la luz frente a ella, identificó unos ojos verdes como esmeraldas.

—Harry, ¿eres tú? —preguntó, esperanzada.

No hubo respuesta, así que decidió acercarse otro poco. Sabía que no tenía nada que perder. Contra más se acercaba, más brillaban los ojos y se sentía más feliz por encontrarse con Harry.

—No soy Harry, pero me alegra igualmente verte, Andrómeda —dijo una voz femenina. Andrómeda se detuvo, aguantando la respiración, un tanto asustada—. Soy Lily, la madre de Harry.

Andrómeda se dio cuenta de lo tonta que había sido. «¿De quién más podían ser esos ojos?», se preguntó, soltando un suspiro de alivio.

—Gracias por venir —comentó con una sonrisa—. ¿Te apetece tomar un café?

—Me encantaría —respondió la señora Potter, acercándose, y la luz hizo resplandecer su cabello color bermejo.

Toda la estancia se fue perfilando y tomando forma, para descubrir que estaban en el callejón Diagon.

Lily tomó del brazo a su invitada y la condujo a una mesa redonda a su derecha.

—Gracias por darle tanto amor a mi hijo, Andrómeda —afirmó la joven nada más sentarse.

La señora Tonks se sonrojó un poco, estiró las manos y apretó las de Lily de forma cariñosa.

—Harry es un hombre excelente —murmuró en respuesta—. Todo gracias al amor que vosotros le enseñasteis.

Ambas mujeres sonrieron justo cuando dos tazas de café aparecían sobre la mesa.