No soy dueño de DxD ni nada asociado.


Plumas Negras


Prólogo.


La memoria tiende a ser muy traicionera con el paso de los años, es como si la vida regalará madurez, pero quitará experiencias de lo que alguna vez fueron fotografías de emociones.

Se dice que conforme pasan los años, se empieza a olvidar, una fuerte amnesia golpea el lado cerebral, partiendo y dando forma a las conocidas lagunas mentales. Los seniles son los más indefensos ante esto, la cabeza pierde fuerza, y los golpes del olvido son demasiados fuertes para sus gastadas mentes.

Sin embargo, en este caso, la persona aquí presente, se había negado rotundamente a olvidar, había guardado sus recuerdos en un lugar más seguro y duradero, en donde pocas personas logran guardar algo más que dolor y amor; el corazón.

A pesar del transcurso de los años, Akeno Himejima no olvidaba nada lo que había visto y vivido en sus años de adolescencia.

Los años en donde se sintió más viva que nunca, estaban tallados en su corazón como una señal que ni el fuego y la sangre podría sacar.

El paso de los años le habían cobrado su belleza, ahora ya no tenía una fuerte melena negra en cola de caballo alta, si no que era una especie de cabello sedoso plateado y peinado en una coleta baja. Aún conservaba aquellos ojos violetas llenos de vida y juventud.

Su cuerpo había sido modificado, cambios leves, pero no extremos. Los pechos estaban levemente caídos, y en su piel había la presencia de arrugas, pero nada serio. A pesar de tener el tiempo de más de nueve décadas en ella se veía más joven de lo que era.

Ahora se encontraba retirada de cualquier actividad sobrenatural, se había mantenido al margen de lo que sucedía en ese mundo, pero por el respeto que tenía al sacrificio de su antiguo amor, no se involucraría más de lo necesario y viviría una vida pacífica en los suburbios santos de Tokio. Un lugar que era su hogar desde hace tiempo y donde estaba la sede de las cinco grandes familias.

Al salir de su habitación, vestida con el traje de sacerdotisa, fue recibida por sus súbditos, inclinados hacia ella.

Ella saludó con la misma cortesía. Después de tantos años había aceptado ser la cabeza del Clan Himejima después de la ejecución de su abuelo y la declinación de su prima Susaku.

— Buenos días Maestra Himejima. Permitamos acompañarla hasta su destino. — pidió cortésmente uno de sus súbditos, no era de extrañar la petición, después de todo ella había avisado que se iría de viaje después del desayuno, y no quería ser escoltada por alguno de ellos.

— Buenos días a ustedes también. No se preocupen, estaré bien sola. Gracias. — declinó amablemente, hoy era un día especial en donde quería estar completamente sola.

Era el aniversario de lo sucedido hace ochenta años.

Un día tan trágico como fresco para ella.

— ¿Estará bien sola mi señora?. — preguntó nuevamente su mano derecha en reverencia hacia su superior.

— No se preocupen... Todos los años hago este viaje, estoy acostumbrada. — dijo nostálgica. — Pueden traerme mi bolsa de viaje?

— En seguida mi señora. — al rato una bolsa pequeña de cuero gastado le fue tendida en sus manos. — Ergg... Mi señora.. Esta bolsa está algo vieja, no sería conveniente darle una más... ¿nueva? — al rato sintió que sus costillas eran presionadas con fuerza, cortesía de su compañera de trabajo, quien lo miraba molesta por sus anteriores palabras.

Dándose cuenta de su error, el joven trató de corregirse, y al pedir perdón a su señora ella simplemente se limitó a reír.

— Ara Ara, esta bolsa resiste mucho más de lo que imaginas. — dijo, sacándole gotas de sudor al chico. — no te preocupes, es una buena bolsa. — alejándose de ellos. — Me voy. — anuncio sin más.

Se despidió de sus personal, tomó el desayuno y antes de salir por la puerta, revisó la bolsa con las pertenencias ya elegidas previamente para irse.

Su última acción fue mirar el conservado altar, en donde una vieja fotografía de su madre se encontraban acompañada de la de su padre. Ambos ya fallecidos.

— Nos vemos, Mamá, Papá. — se despidió de ellos para comenzar su viaje.


La estación de trenes era eficaz y organizada, así que no le tomó tiempo para encontrar su tren y el vagón que debía disponer.

El tren estaba casi vacío. Sólo unas pocas personas lo llenaban, había asientos de sobra en el comedor y aprovecho esto para sentarse en una de las mesas que estaba cerca de la ventana.

Disfrutaba del paisaje, cuando de pronto se le acercó una joven bella de cabello negro, casi similar al suyo cuando era adolescente, sólo que está lo tenía corto, y ella vestía un uniforme estándar del personal de trenes de Japón.

—Su ticket por favor. — pidió amablemente la joven. Extendiendo su mano cubierta de un guante blanco.

—Oh claro, espera un momento por favor.— Busco en su bolsa el boleto del tren, al sacarlo, dejó salir parte del libro que tenía guardado sus pertenecías. —Ten querida.—

—Gracias...esto...tenga cuidado, el libro se le va a caer o alguien puede robarlo.— Sellando el ticket y entregándolo en las manos de la simpática viejita.

—No te preocupes querida... Es un libro viejo, aunque si te soy sincera, tiene más valor sentimental. — sonrió dulcemente a la chica que se sorprendió al ver la esencia que emanaba aquella señora.

Vaya... Así que esto es lo que llaman una mujer japonesa madura en sus años. Nunca espero ver esto considerado la época del año.

—Pensé que ya no existían las sacerdotisas. — murmuró la joven al ver la ropa de la mujer, sin darse cuenta de sus palabras. Al instante notó su atrevimiento. — P-Perdón, mis sinceras disculpas, tiendo a ser demasiado insolente. —

— Ara ara, no te preocupes querida. No me ofendiste ni nada. Solo que si me sorprende que conozcas este tipo de vestimentas, ya que no es común en los jóvenes. — dijo sin quitar su sonrisa.

— S-Sí bueno. Mi abuela fue una sacerdotisa hace tiempo, por eso conozco la vestimenta. — respondió aún a penada con la señora.

— Vaya... Eso sí es fascinante, ya no queda mucho de lo que fue la cultura japonesa original, pero me alegra saber que existen jóvenes que aún recuerdan los años culturales.—

— Muchas gracias, la verdad no es nada, mi abuela solía cocer su traje de sacerdotisa y yo le ayudaba en eso, aun conservamos su traje en una vitrina a pesar de que ella ya falleció hace tiempo.— contó la joven nostálgica, notando la sonrisa permanente de la mujer que la puso nerviosa al instante. — L-Lo lamento, no la molestare mas.—

— Oh no querida, no me molestas, al contrario es bueno tener a alguien con quien platicar de este tema, no suelo hablar mucho con los jóvenes de ahora. — la bella anciana sacó un juego de té de la bolsa de cuero, que sorprendió a la joven. ¿Cómo es que le cabe eso en esa bolsa? — vamos, conversa un poco más conmigo.—

— Esta bien.— acepto la joven, no sería educado rechazar la oferta de una señora de la tercera edad y lo sabía, pero antes debía completar su trabajo. — s-solo espereme un momento, debo terminar de revisar los boletos.—

— Adelante cariño, no te preocupes, mientras tanto yo preparare el té — la chica asintió y siguió con su trabajo, antes de que su jefe la encontrara platicando.


Al cabo de media hora, había terminado su trabajo. Cuando regresó al comedor, noto como la amable señora, ya tenía dos vasos de té, servidos en la mesa, ambos desprendiendo una fragancia oriental y deliciosa.

¿Donde había sacado el agua? la chica no pregunto, no sería muy sensato de su parte hacerle varias preguntas.

Al acercarse a la mesa, la antigua sacerdotisa, dejó de beber su té, y le dedicó una sonrisa mientras le tendía la taza de té humeante.

— Gracias.— respondió al gesto de la anciana. Sin saber dónde posar la mirada o dónde empezar, comenzó a sentirse nerviosa. — Uh...esto, ese libro.— señalando el viejo libro que se encontraba reposando en la mesa junto a ellas.

— Oh, ¿te llama la atención mi libro de viajes?. — acercando el libro a la mesa.— si gustas puedes darle un vistazo.— degustando nuevamente su taza de té, con los ojos cerrados.

— No, no se preocupe, solo estaba mirándolo, es que luce bastante viejo.— señaló el estado avejentado del libro.

— Bueno, este libro tiene casi mi misma edad. — respondió, la chica puso una cara alarmante que hizo la hizo reír.— tranquila, no supera el milenio.—

La chica negó con la cabeza.

— No, no, no me confunda, no es lo que piensa, yo...a mi lo que me sorprende, es que aún conserve ese libro en tan buen estado.— notando como el libro, pese haber perdido color, estaba bien conservado pues sus paginas no parecían tan desgastadas como debían serlo.

— Ara ara, como dije antes, este libro tiene un valor más sentimental, así que procuro cuidarlo para que no se desgaste.— notando la curiosidad de la joven al notar la mirada llena de dudas y sed de saber. — digamos que dentro de estas hojas...existe la historia de dos jóvenes que juraron estar juntos por siempre. — la atención que los ojos detonaron en la joven la hizo continuar.

— Entre estas páginas, hay una historia de amor y tragedia.— dijo, tomando un sorbo de su te, de su taza. Sonriendo nostálgica. — Vamos, abre el libro, no tiene nada que no sea cierto.—

La chica, un poco de dudosa, sostuvo el libro en sus manos, en donde pasó una corriente que recorrería por todo su cuerpo. Al abrirlo, noto que la pasta si estaba algo desgastada, pero nada serio, al ver la primera hoja en blanco, noto que algo estaba escrito en la parte superior.

Propiedad de Issei Hyodou.

La chica alzó una ceja— ¿Quién es el? — levantando la mirada en busca de una respuesta.

— El es parte de la historia. — respondió la Himejima, aun con su té cerca de sus labios. — es una historia larga...no se si quieras escucharla— abriendo un ojo, notando como la chica se debatía entre escuchar la historia o no.

Al cabo de un momento, la chica enderezo la espalda y puso una expresión seria pero llena de curiosidad.

—¿Y cómo empieza esa historia?. —

Se río.

—Empieza con una niña que no sabía que tenía alas hasta que cumplió los nueve años. — sonrió nostálgica, mirando la ventana que mostraba el mismo brillante cielo soleado como de aquel día.

Y con eso, la verdadera historia dio comienzo.


Nota de Autor.

La verdad es que odio y amo este tipo de historias.

Hace mucho que no escribo algo de DxD. Pero la cuarentena me ha ayudado a escribir y querer terminar un fanfic de anime.

Pero soy dibujante, así que entre terminar o hacer algo nuevo, siempre me termina ganando la segunda opción. Una mala costumbre que tengo generalmente en todo.

Esta vez parto desde algo nuevo, desde la perspectiva de un personaje que no ha sido muy evolucionado en otras historias.

Vamos, que Bustercall y Boobbie le han sacado provecho a Akeno. Y ahora yo quiero darle su protagonismo desde mi punto de vista, o al menos intentarlo.

Siento que Akeno es más que Ara, ara, masoquismo y odio a los caídos.

Así que si quieren ver a una Akeno algo diferente, aquí estará esta historia hecha para su deleite o tortura personal.

Quedan advertidos.

Dejen sus comentarios, estaré atento a cualquier opinión mala o buena de ustedes.

Los aprecia, JARCHY.


Adelanto.

— ¿Cómo te llamas.? — pidió el niño castaño.

— Akeno, Akeno Himejima. ¿Y el tuyo? —

— Akeno no seas miedosa. — dijo Tobio sujetándolo de la mano.

— No me agrada ese niño. — dijo su prima mirando al chico que se iba del santuario.

— Seamos amigos a partir de ahora y siempre.—

Capítulo uno: [Lazos de inocencia]