"How To Train Your Dragon" no me pertenece, este material fue elaborado sin fines de lucro, es solo entretenimiento. Hecho de fans para fans.


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LA NIÑA DEL VESTIDO NEGRO

Una noche especial, puede convertirse en la peor... con un corazón roto, deseando un nuevo comienzo. El sentirse sola y apartada del resto, siendo tan diferente de los demás.

Cuando la luz de la luna es opacada por las estrellas…

Pero no todo es malo, cuando sabes que siempre tendrás a alguien que esté ahí para ti, que importa si estás sola, mientras te tengas a ti misma, todo estará bien.

Su rostro se ilumino y sus ojos brillaron con ilusión al ver su reflejo en el enorme espejo frente a ella. Había estado esperando aquella noche con ansia desde hace semanas, cuando una carta de invitación para el gran baile de graduación apareció en su casillero junto a una rosa amarilla. Sin pensarlo dos veces acepto encantada y tomo todo el dinero que había estado ahorrando durante su último semestre de escuela, para comprar un hermoso vestido de tirante y pliegues color negro.

Su larga cabellara rubia estaba atada con un listón - en una coleta alta - su flequillo cubría gran parte de su frente y llevaba un ligero maquillaje en su rostro. Había hecho un muy buen trabajo y estaba orgullosa de ello. Se miró una vez más antes de ponerse los tacones, su teléfono vibro y vio un mensaje de Patapez, pasaría por ella en 20 minutos así que debía estar lista, guardo el teléfono celular en su pequeño bolso y se colocó un poco de perfume, se sonrió al espejo y abrió la puerta junto a él.

De forma casi simultánea la puerta del frente se abrió.

– Wow – dijeron al unísono al quedar de frente.

Ella soltó una risita al ver a su hermano con un elegante traje negro y sin sus largas rastas, su madre le había obligado a cortarse el cabello y no tuvo más opción que hacerle caso o su querida mascota emplumada terminaría siendo su próxima cena y eso era algo no que no iba a tolerar, así que muy indignado y a regaña dientes accedió a su petición.

– Y ¿Qué te parece? – dijo la rubia mientras levantaba un poco los brazos y bajaba la cabeza intentando esconder el leve sonrojo de sus mejillas.

– Te ves increíble… ¿De verdad eres tú? – pregunto aun anonado. – ¡Todos se sorprenderán al verte! – agrego mientras ponía en el suelo a su gallina e intentaba acomodarse la corbata.

– Déjame ayudarte – Brutilda acomodo la corbata mal atada y su hermano sintió asfixiarse.

– Incomodo – balbuceo.

– Yo no seré la única "impresión" de esta noche hermano, ¡te ves muy bien! – agregó emocionada.

– Seguro que sí - dijo sarcástico y sonreía para su hermana.

– Esta noche hermana será la mejor que los gemelos Torton hayan tenido en toda su vida – dijo mientras tomaba su mano derecha y colocaba un brazalete de plata con una forma bastante singular, un dragón de dos cabezas enroscado en su mano.

– ¿De verdad lo crees? – pregunto ilusionada al apartar la vista de su mano y mirándolo fijamente.

– Claro que si… tengo grandes planes para esta noche y deje lo mejor para el "final", ¿si sabes a lo que me refiero? – dijo pasando su brazo sobre su hombro y sonriendo de forma malévola mientras le giñaba un ojo. Brutilda lo miro incrédula.

– ¡Recordaran esta noche por toda la eternidad! – grito a todo pulmón estrujándola con el brazo.

– ¡Brutacio! – dijo empujándolo con su antebrazo. – Ya hablamos de esto, hoy no habrá ningún Loki... esta noche debe ser ¡perfecta! – recalcó.

– Y lo será – dijo mientras tomaba a la gallina en brazos y acariciaba su plumaje marrón.

– solo imagina a todas esas cabezas llenas de aire, todas juntas en la pista de baile, las luces bajarán su intensidad, una melodía romántica y lenta inundando el ambiente... todas esas parejas bailando - cerró los ojos y bailaba en círculos con la gallina en brazos. - viviendo un sueño... - dijo con dulzura y mirando tiernamente al ave. A Brutilda le pareció linda y a la ve triste aquella escena, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

– Esperando a que una lluvia de 30 kilos de mantequilla liquida caiga sobre ellos, ¡será grandioso! – la tierna atmósfera de quebró y el rubio reía de forma malévola.

– ¿Mantequilla?... No sé te pudo ocurrir algo mejor - dijo en un tono aburrido y con una cara de cansancio.

– No solo es "mantequilla", mi querida hermana -

La tomo de los hombros y la condujo hasta su habitación. De uno de los cajones de su escritorio sacó un pequeño frasco de vidrio que contenía una sustancia amarillenta y viscosa. Brutilda tomo la botella, la abrió y el hedor que emanaba inundó sus fosas nasales, por reflejo cubrió su boca y nariz dejando caer la botella. Pero, gracias a los rápidos reflejos de su hermano el pestilente contenido no cayó en la alfombra de la habitación.

– ¡Hey! ten más cuidado - le reprochó mientras tapaba la botella de nuevo.

– ¿Qué demonios es eso? - preguntó sin quitar sus manos de la cara.

– Mi querida hermana - Brutacio colocó una mano en su espalda y con la otra sostenía el frasco frente a él observando cada detalle de la solución amarillenta. - Esto es mi obra maestra, mi sueño dorado, la cúspide de años de búsqueda - hiso una pausa y sonrió. - Te presentó "la mantequilla de Yak" –

– ¿Qué?... ¿mantequilla de Yak?, ¡eso ni existe! - dijo abanicándose con su mano.

– Ahora si - se defendió, y muy tranquilo continuó. - durante los últimos seis meses e estado recolectando las grasas y aceites sobrantes de la cafetería de la escuela... -

– ¿cuándo hiciste eso? - interrumpió extrañada.

– Bueno, tal vez de mirar algo más que a tu "novio" te abrías dado cuenta - dijo sin ningún tacto de amabilidad y ella sabía porque. Agachó su cabeza avergonzada. Brutacio carraspeo y sin darle mayor importancia al asunto continuó.

– coloque seis barriles de treinta litros en la azotea de la escuela, alrededor de la explanada principal, las mangueras a presión están bien ocultas entre los barandales del segundo piso, estos estarán repletos de flores y listones -

– ¿Cómo fue que te dejaron hacer todo eso sin que nadie se diera cuenta? - preguntó. Él sonrió.

– Estas hablando con el presidente del comité organizador del eventos de la preparatoria Holiggans -

– ¿Es... es enserio? -

– Si... yo mismo me encargué de la decoración del baile... puedes creer la falta de visión artística de esos tarados... -

– Espera un momento, creía que ese chico Gustav de primer año, era el presidente del comité -

– Lo era, hasta que Patán lo arrojó por las escaleras... no quiero entrar en detalles, pero te aseguro que no podrá usar sus brazos en un buen tiempo, así que me ofrecí para ocupar su lugar - dijo entre risas

– Aja y debo suponer que tú no tuviste nada que ver con ese "accidente" mi querido hermano -

– No quería llevarme todo el crédito - se defendió fingiendo inocencia.

– ¡Brutacio! -

– Olvídalo… ¡Solo piénsalo! imagina a 278 personas despreocupados en un mismo lugar con sus mejores galas, en uno de los momentos más especiales de su vida, son la ofrenda perfecta para... -

– Para nuestro dios Loki -

– Exacto - dijo tomándola de los hombros y sacudiéndola energéticamente.

– Lo he planeado por meses será grandioso - su sonrisa sínica, igual que la de ella, desfiguraba sus facciones.

Alzo a la gallina sobre su cabeza y ambos comenzaron a reír imaginando la escena… pero no, – hoy no – pensó ella. Sacudió su cabeza y jalo la oreja de su hermano hasta la altura de su rostro.

- ¡Hey!, ¿cuál es tu problema? - gruño extrañado.

– Escucha bien, hoy será la primera cita que tendré después de haber terminado con Throk… y no dejare que lo arruines… ¡ENTENDISTE! – amenazo sutilmente soltándolo bruscamente.

– Esta bien, entonces – dijo sobándose la oreja y algo decepcionado de su hermana – Tendremos que aplicar el plan B –

– No, lo siento hermano, pero esta Brut no será una Torton esta noche – dijo sacudiendo las manos.

– Bien, en ese caso tendré que encargarme yo mismo de poner las ratas en el baño de niñas y colocar la pintura en las escaleras… cielos será una noche muy ocupada – dijo sobándose el mentón y meditando sus ideas. – Pero que quede claro que estas ves yo me llevare todo el crédito –

– Solo si prometes no molestarme por el reto de la noche – dijo mientras lo arrastraba hacia las escaleras, – vamos ya es tarde y Patapez llegara en cualquier momento –

– Trato hecho, y por cierto Brutilda, te vez realmente hermosa – dijo parándose en seco y mirándola fijamente con una sonrisa.

– Gracias hermano – contesto con una tímida sonrisa.

Claro que sabía que ella no aceptaría seguirle el juego esa noche, pero tenía que asegurarse para evitar arrepentimos de su parte, después de todo lo que ella había vivido los últimos meses, el realmente quería que ella superará todo aquello.

Una limosina color negro aparco frente a la escuela, Brutacio bajo primero y a paso apresurado se dirigió hacia las puertas del edificio, recibiendo miradas de asombro por parte de sus antiguos compañeros de clase que no lo reconocían a simple vista. Él era probablemente el único en toda la escuela que no tenía pareja para el baile y la razón era muy sencilla ya que no necesitaba de una cita para disfrutar de la fiesta, pues bailar no era precisamente la que planeaba.

Patapez bajo de la limosina y con movimientos torpes y un evidente nerviosismo extendió su mano derecha a la rubia para ayudarla a bajar del vehículo, compartieron una tímida sonrisa y ella se colgó de su brazo mientras comenzaron a caminar entre las decenas de chicas y chicos perfectamente dispuestos para la ocasión. Recorrieron el pasillo principal de la escuela y llegaron hasta el patio central de esta, la vista era maravillosa los barandales de los salones superiores estaban adornados con luces y un centenar de flores, las mesas redondas estaban colocadas a ambos extremos de la plaza dejando los alrededores de la fuente libres para que los jóvenes pudieran bailar. Al frente, en el escenario una banda animaba el ambiente.

Mientras buscaban una mesa para sentarse escucho a alguien llamarla por su nombre.

– ¡Brutilda! – a un par de metros observo a Astrid de la mano de su novio que se acercaban rápidamente para saludarlos.

– Te vez increíble – dijo la rubia de ojos celestes tomándola de los hombros y después abrasarla.

– Gracias – contesto tímidamente correspondiendo al abrazo de Astrid. Ella usaba un vestido ajustado color celeste que llegaba hasta las rodillas, su cabello rubio estaba suelto y ondulado.

– Feliz graduación chicos – dijo Hipo apareciendo detrás de su novia y levantando una mano a modo de saludo. Vestía un elegante traje color negro y su cabellera castaña estaba algo despeinada – ¿Dónde está Brutacio? – pregunto el castaño mirando a todos lados.

– Bueno, creo que está en el baño – un corto pero sonoro grito se escuchó del otro lado del patio seguido de una escandalosa risa y con una sonrisa nerviosa Brutilda tomo a Astrid y a Hipo de los brazos y comenzó a caminar.

– ¿Qué fue eso? – pregunto Patapez siguiendo a sus amigos.

– ¿Qué fue qué? – respondió su pareja sonriendo nerviosa. – Vamos hay que darnos prisa o nos quedaremos sin mesa – agrego sin soltar a los chicos.

– Pero que hay de tu hermano, ¿no deberíamos esperarlo…? –

– Nos alcanzara después, miren esa mesa está vacía – señalo una mesa al fondo del lugar y se apresuró hacia allá.

La cena fue servida y los cuatro disfrutaban de sus alimentos recordando los buenos momentos que habían vivido en la escuela, de vez en cuando Brutilda trataba de llamar la atención de los tres con temas triviales tratando de desviar la atención de las travesuras de su hermano que hacia sufrir a cualquiera que se le parara en frente. El ambiente se volvió un poco tenso al quedarse solo Brutilda y Patapez solos en la mesa pues Hipo y Astrid fueron a bailar, entre miradas cortas y sonrisas nerviosas ninguno de los dos se atrevía a romper el tedioso silencio que los inundaba, ellos eran amigos desde hace años y esta era su primera cita y ninguno de los dos sabia como actuar con el otro. Brutilda abrió la boca pero no pudo decir nada porque de la nada alguien llego a sentarse a su lado, eran Patán Jorgenson quien le sonreía de forma coqueta.

– Se te perdió algo "Mocoso" – dijo de forma indiferente la rubia.

– Dime preciosa que haces sentada aquí con este perdedor cuando podrías estar bailando con este galán – dijo ignorando su actitud e invadiendo su espacio personal.

Brutilda miro rápidamente a su compañero y este solo se encogió de hombros.

– No creo que a tu pareja le guste que estés coqueteando con las chicas de otros Patán – el pelinegro se soltó a reír por el comentario de su regordete amigo quien lo miraba molesto.

– ¿Pareja? Jajaja no me hagas reír no tengo pareja pececito – respondió desparramándose en la silla.

– ¿Qué dices? El gran Patán Jorgenson está solo en la fiesta de graduación – pregunto ella con ironía.

– Sé que perece imposible, pero así es –

– Vaya no creí que el rechazo de Astrid te hubiese afectado tanto – el rubio trataba de contener la risa al ver la cara de su amigo, porque si eran muy amigos a pesar de sus diferencias.

– Cállate cara de pez, además quien la necesita hay decenas de chicas que se mueren por bailar conmigo – dijo molesto por las risas de los otros dos.

– Es enserio Patán, ¿entonces por qué estás aquí solo? – pregunto Astrid apareciendo a su lado.

– No estoy solo – respondió recuperándose de la sorpresa. – Verdad preciosa – coloco su brazo alrededor de Brutilda mientras le sonreía de forma cómplice y como respuesta esta le torció la mano para que la soltara.

– Claro, lo que digas galán – rio acercándose más al rubio junto a ella.

– Tú te lo pierdes – todos se reían del avergonzado muchacho que trataba de ocultar inútilmente el sonrojo de su rostro.

– Brutilda, ¡wow realmente eres tú!... te ves realmente hermosa, me encanta tu vestido – La rubia se congelo al escuchar esa voz y solo asintió con la cabeza. – chicos que bueno que están aquí llevamos un buen rato buscándolos cierto cariño –

– Así es – dijo su acompañante abrazándola por la cintura.

– Heather, Throk – dijo Hipo a modo de saludo.

Brutilda se negaba a levantar la cabeza y solo escuchaba la conversación forzada entre los demás, Astrid y Heather hablaban de sus atuendos y su maquillaje mientras los chicos, incluido Patapez, hablaban del último juego de futbol americano en el que habían participado hace dos días, la tensión se sentía en el aire y a pesar de las sonrisas ninguno se sentía a gusto en la mesa, especialmente ella.

– Brutilda – le llamo la pelinegra y la susodicha se levantó de golpe de la silla, tomo su bolso y sin mirar a nadie se excusó.

– Disculpen, ahora vuelvo – dijo en un tono bajo.

– ¿Tilda? – Astrid se levantó de su silla dispuesta a seguirla, pero Hipo le tomo del brazo y con la mirada le dio a entender que se sentara.

Se encerró en el último cubículo, se recargo en la pared y saco tu teléfono del bolso, una a una veía melancólica las fotografías que en su mayoría eran suyas y de su hermano, se vio a si misma sonriendo y haciendo caras graciosas, siempre usando una gorra y con ropas holgadas y de colores opacos, recordaba como en ese entonces solo se dedicaba a hacerle la vida imposible a los profesores y molestar a sus amigos con sus bromas pesadas junto a su hermano, pero cuando conoció a Throk las cosas cambiaron repentinamente, de la nada comenzó a usar ropa más femenina, usaba perfume y arreglaba su larga cabellera rubia, dejo de hacer bromas con tanta frecuencia y se había vuelto más dedicada en sus estudio, su cambio fue realmente notorio para los demás hasta parecía otra persona y logro llamar la atención de varios de sus compañeros pero a ella solo le importaba un chico, había escuchado a las otras niñas decir que a él le gustaban "las niñas bien" aquellas que eran inteligentes y bonitas, que siempre se arreglaban y le caían bien a todo el mundo, así que ella literalmente se convirtió en una de esas.

Su nuevo comportamiento era realmente absurdo y en varias ocasiones peleaba con su hermano quien trataba inútilmente de abrirle los ojos, pero todo eso dejo de tener importancia para ella cuando Throk la invito a salir, las cosas parecían ir bien al principio pero Brutilda no podía ocultar su verdadera naturaleza por mucho tiempo, no podía simplemente ser una niña bonita y sumisa que hacia todo lo que le ordenaban, comenzó a hacer bromas de nuevo y a molestar a las chicas que osaban acercarse demasiado a su novio. Las cosas escalaron hasta otro nivel y lo que pareció ser un perfecto sueño hecho realidad se convirtió en una pesadilla, Brutilda volvió a ser la de antes y enseguida Throk rompió con ella. Él no había sido nada sensible al dejarla, un día Tilda recibió un mensaje suyo diciendo que debían dejar todo atrás y comenzar de nuevo, no entendió muy bien a que se refería así que fue a buscarlo para aclarar las cosas, al final lo encontró y lo que vio le rompió el corazón, el en los brazos de otra besándose, literalmente, frente a toda la escuela. Throk solo se limitó a decirle que las cosas ya no funcionaban entre ellos y que él se merecía algo mejor, seguro ella encontraría alguien que supiera tolerar su temperamento y soportar sus arrebatos de celos.

– Lo siento linda – fue lo único que dijo Heather mientras tomaba la mano de su nuevo novio y se alejaban de ella.

Nunca se había sentido tan humillada en su vida, el chico con el que siempre había soñado, el su primer amor, su primer novio, por quien cambio por completo su forma de ser y actuar se iba sin más de la mano con quien algún día dijo ser su amiga. Sentía un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos celestes mientras corría entre la multitud de entrometidos que murmuraban tras ver tal escena. Los siguientes días fueron duros para ella pero los pudo sobrellevar, ver a su ex novio con Heather paseándose por todos lados le resultaba demasiado doloroso.

Sintió un nudo en la garganta, pero se negó a llorar. Durante meses busco llamar la atención de Throk de nuevo pero este ni siquiera se atrevía a mirarla y eso la destrozo todos sus esfuerzos eran en vano y no sabía qué hacer, se sentía vacía sin él y nadie la entendía todos el mundo le decía que debía pasar página y seguir con su vida pero simplemente no podía hacerlo seguía aferrándose a él y para colmo Heather actuaba como si nada hubiese pasado y seguía tratándola como su amiga, Brutilda no podía seguir soportándolo más, creyó que la cita con Patapez podría ayudarla a distraerse y al principio todo iba bien hasta que ese par de traidores aparecieron frente a ella.

Tres chicas entraron al baño y ella podía escuchar cómo se burlaban de los demás, decidió ignorarlas y esperar a que se fueran para poder salir de ahí sin ser vista, no quería regresar a la mesa con los otros pero no tenía más opción, se sentaría entre ellos y trataría de ignorar a Throk y a Heather y disfrutaría del resto de la velada. – Si ese es un buen plan, un estúpido plan – pensó ella. – Tal vez solo debería irme – susurro.

– Me encanta el vestido de Brutilda Torton – eso llamo la atención de la rubia.

– ¿Lo dices enserio? – le pregunto su amiga incrédula.

– Claro que si – respondió la primera colocándose brillo labial.

– Saben que escuche chicas – dijo la tercera con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¿Qué? – contentaron las otras dos al unísono.

– Hipo y Astrid convencieron a Patapez Ingerman para que invitara al baile a Brutilda –

– No, no puede ser cierto – le dijo la primera.

– Lo es nadie la había invitado por el asunto de Throk y ellos sintieron tanta pena por ella que le insistieron a Patapez hasta el cansancio –

– No lo puedo creer –

– Así es, es más yo vi como Astrid metía un sobre y una rosa al casillero de Tilda –

– Lo dices enserio – su amiga asintió y la otra se manchó con el lápiz labial por prestarle más atención a su amiga. – Que desastre – dijo al ver su mentón.

– Debe haber papel higiénico aquí – dijo una de ellas mientras se agachaba y coloco ambas manos sobre las ranuras del estante debajo del lavamanos, pero antes de que pudiera abrirla la pequeña puerta la figura de una rubia alta paso alado de las tres chicas quienes la miraban estupefactas ya que creían que estaban solas en el baño. Brutilda no les prestó atención y se lavó las manos con toda la calma del mundo, las otras tres no movían ni un musculo y solo se limitaron a mirarla.

– Yo no abriría eso si fuera tu – le dijo a la chica que permanecía hincada en el suelo aun con las manos en la cerradura del estante. Su voz sonó fuerte pero calmada y su rostro no denotaba expresión alguna, sin previo aviso dio media vuelta y se encamino a la salida, las chicas solo se miraron entre si y se encogieron de hombros, Brutilda abrió la puerta y se recargo en ella dejando la entrada completamente abierta. Las chicas salieron corriendo despavoridas mientras gritaban, detrás de ellas decenas de ratas corrían tras ella hacia la salida.

– Te lo dije – dijo cruzándose de brazos sin cambiar su tono calmado.

Escucho unas risas cercas de ella y cuando volteo vio a Throk coqueteando con un grupo de chicas, eso no le sorprendió, con la mirada buscaba a la pelinegra y enseguida la vio del otro lado del recinto, pero lo que vio no le sorprendió tanto como el hecho de que su novio la tuviera casi de frente, ella estaba besando a Patapez. Siempre supo que él estaba enamorado de ella, pero no lo creía capaz de besar a la novia de otro.

– Todo en este mundo es posible – dijo en voz alta, camino hacia Throk y compañía y cuando él la vio acercarse comenzó a reír más fuerte pero la rubia no se molestó en voltear a verlo y eso lo desconcertó, ella siempre volteaba a verlo aunque sea por un instante ignoro a las otras chicas y la llamo por su nombre pero ella no respondió solo siguió caminando entre la multitud de chicos que se acomodaban en la pista de baile para disfrutar de la última pieza.

Tilda tomo una rosa roja de los arreglos de la fuente y sin más se fue del lugar, todos ignoraban su presencia todos menos su hermano quien molesto subió hasta el segundo piso más que dispuesto a llevar a cabo su plan, el momento había llegado se había prometido no llegar hasta ese extremo solo porque quería que su gemela se divirtiera en la fiesta, pero ahora que ella se había ido nada le impedía vengarse de aquellos que alguna vez la hicieron sentir miserable.

– Nadie se mete con un Torton y vive para contarlo – dijo antes de presionar el interruptor que había escondido dentro de su saco.

Recorrió por última vez los pasillos de la escuela recordando los buenos y malos momentos que vivió ahí, echaría de menos el colegio de eso no había duda, pero se consolaba pensando que pronto estaría en un lugar mejor, salió a la calle y camino dos cuadras hasta llegar a un pequeño parque, se sentó en uno de los columpios y observaba como poco a poco el lugar comenzaba a vaciarse. La brisa fresca acariciaba su rostro y ella sonreía al darse cuenta de lo estúpida que había sido al enamorarse de alguien como Throk, aún le dolía pero se convenció así misma de que lo olvidaría.

Lo entendió todo justo cuando escucho a esas tres chicas en el baño, desde que tenía uso de razón nunca le importo lo que los demás dijeran de ella siempre hacia lo que ella consideraba correcto, le llevo tiempo pero al final logro quitarse la venda de los ojos, es extraño cómo funciona la mente humana al escuchar que sus amigos le tenían lastima algo hiso click en su cerebro y volvió a razonar. Todos dudaban de ella y nadie la tomaba enserio, excepto su hermano. Ya les demostraría lo que realmente era Brutilda Torton, pero por ahora no tenía prisa dentro de un par de meses entraría a la universidad y solo era cuestión de tiempo para que todos vieran su verdadero potencial, llegaría el día en que todos la voltearan a ver solo a ella incluyendo a su ex novio, y ella sabría esperar por ese día. Tenía toda una vida por delante y quería seguir siendo la misma hasta el final de sus días ya llegaría alguien que la aceptara tan y como era ella y mientras tanto tenía a su hermano para hacerle compañía.

Su teléfono vibro y al ver las fotografías y videos que estaban publicando en la página de la escuela no pude evitar soltar una carcajada, todos absolutamente todos estaban llenos de "la mantequilla de Yak".

– Perece que todo salió bien al final – dijo entre risas. Se tomó una fotografía en el columpio y volvió a casa. Todo mejoraría a partir de ese momento así lo sentía ella, a partir de ese momento todo el mundo parecía girar en torno a ella porque ella era la protagonista de su propia historia y nada ni nadie lograría hacerla sentir menos preciada nunca más.

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FIN