Saludos y perdón porque quería actualizar antes.
¡Gracias por sus reviews y me alegra que les guste!
Ahora a lo importante: a leer:
Capítulo 2
Volver a verte
Qué día bastante extraño fue aquel en que una antigua rival de las pistas se convirtió en nada menos que una amiga, y no sabía si las rarezas continuarían, a pesar de que teníamos mucho en común. Después de aquel trago en la casa-taller de Pasadena O'Possum, decidí que ya tenía que regresar a mi acorazado y enfrentarme a ese problema que de seguro que era lo más difícil de resolver en mi vida. Tanto trabajo me había costado conseguir ese gran buque de guerra y luego organizar todo con ayuda de mi tripulación de rinocerontes mutantes, que nunca pensé que en tan poco tiempo tendría que abandonarlo. Eso era renunciar a lo que más quería y todo por la culpa del doctor Cortex, que lo veía siempre como algo malo, como perder el tiempo con puras tonterías; sólo le molestaba ya que supongo que quería un sirviente o un esclavo que lo siguiera a todas partes. Un tiempo lo fui mas no me gustaba esa idea: convivir con él era una auténtica pesadilla, dentro de un castillo de los cuentos de terror. Todavía no sabía qué rayos decirles a mis marineros, que pronto tendrían que irse de acá para poder enfrentarse al mundo, y también era un misterio para mí cómo reaccionarían, porque desde siempre aquellas bestias imponentes podían ser capaces de matarme de un solo golpe. Todo era tan complicado y sólo quería que las cosas no salieran tan mal para todos, mas como integrante del N Team, debería estar acostumbrado a la mala suerte, porque éramos los malos en esta historia.
Sin embargo, aunque se trataba de un gran problema, me costaba pensar con claridad porque me distraía recordando todo lo sucedido cuando fui al parque y pasé un par de horas de recreo con la chica zarigüeya. Sí, hacía mucho que no me entretenía de esa manera, si bien me sentía bien creando máquinas o reparándolas, pero lo de aquel día fue algo por completo distinto. Quería volver, y más ahora que logré comunicarme con algunos contactos que podrían estar interesados en unos buenos trabajadores, sin importarles que sean los resultados exitosos de un experimento de laboratorio. Esas personas no se mostraban muy seguras con la oferta, era cuestión de esperar, así que para desconectarme de ese mal rato, regresé al Mundo del Motor, en busca de aquella mutante de pelo rubio y ojos verdes. ¡Maldición! aquella última descripción me hizo recordar de repente a la Bandicoot hermana de Crash, que de por sí ambas compartían muchas semejanzas, pero a la vez eran muy diferentes. No sé por qué la quería tanto y ni siquiera logramos nada, excepto ser siempre enemigos desde hacía años; algo muy diferente con la empleada del cyborg alemán, que conseguimos ser amigos y en tan poco tiempo. Eso era algo que me inquietaba: ¿acaso estará jugando conmigo?, ¿de verdad que sólo buscaba amistad o estaba preparándome una vil trampa? Iba a averiguar esas cosas este día y, si no la veía por ninguna parte, aun podía conducir un auto a toda velocidad, algo que en realidad me gustaba.
—¿Quién será el primero en caer? —pregunté ni bien arrancó la carrera en la pista Inyección de Combustible Fósil, provocando diferentes reacciones en los competidores que pude observar.
Luego de atravesar una cueva de paredes pintarrajeadas, noté que uno de los rivales tenía una camioneta azul con un fardo de forraje en la parte de atrás, y se me hacía conocida. Se resolvió el misterio al observar a quien estaba tras el volante y ahí estaba ella, concentrada pero a su vez sonriendo mientras conducía, con sus coletas volando en el aire y más todavía cuando encendió los propulsores. Aun la marsupial no se dio cuenta de que yo era uno de los participantes, con lo que se lo haría saber arrojándole la próxima arma secreta que me tocara; sólo esperaba a que me dieran algo sencillo y no el mortal pollo incendiado. Fue así que una bola de plumas impactó en su vehículo, luego de salir de un túnel que aparentaba ser la garganta de un dinosaurio de cuello largo, y ella interrumpió sus insultos cuando vio al responsable del hecho. No debía tratar a una señorita de esa manera, me aconsejó, y al apartar los ojos del camino en ese instante, Pasadena atropelló a un torpe trabajador del parque que estaba arreglando un bache. A pesar de oír el grito de terror de ese tipo, nosotros nos echamos a reír y, en el momento siguiente, la rubia parecía que iba a golpearme, aunque sólo se acercaba para combinar nuestros autos. Esta vez la joven no apareció en la torreta, sino que estaba conduciendo ese armatoste, aunque una auténtica máquina mortal, para los demás, por supuesto. Con la oportunidad de disparar, mantuve alejados a esos tontos pilotos.
—¡Atrapé algo bueno con el lazo! —exclamó feliz la zarigüeya al conseguir un coleccionable que se trataba de un mono con un explosivo amarrado. Lo soltó en medio de la ruta cuanto antes.
—¡Toma eso, cara de mono! —grité mientras le disparaba a ese colosal cavernícola de madera, convirtiéndolo en solo astillas y le iba a suceder lo mismo a los pterodáctilos de más adelante.
Sin embargo, no pude lograr ese objetivo recién propuesto porque la chica mecánica ya quería su turno para destruir los blancos y, desde luego, para atemorizar a los competidores. De nuevo la marsupial malgastó municiones, aunque por poco casi le dio a ese dinosaurio volador hecho de papel maché, logrando que pendiera de un solo hilo. Aquel bicharraco se caería en cualquier momento y está por demás decir que sería peligroso que terminara sobre la cabeza de alguien, y sólo esperaba a que yo no fuera ese alguien. Nosotros contábamos con gran ventaja ante los demás, obteniendo por ahora un cómodo primer puesto, y no hacía falta desviarnos para tomar el atajo. Cada tanto lanzaba a la pista un primate con dinamita en lo posible, creando de esta forma una especie de suelo minado. Ya estábamos a la mitad de la tercera vuelta, con lo que faltaba poco para cruzar la línea de meta, no obstante, cuando ya estaba por entrar a la boca del reptil prehistórico de cuello largo, todo se volvió oscuro y no sabía qué rayos había pasado. Lo siguiente que pasó fue que me estaban sacudiendo y me costaba trabajo descubrir quién lo hacía, además también estaba apoyado sobre cosas que me lastimaban. Al final me di cuenta que era la mutante quien me estaba haciendo reaccionar y alcancé a notar lo preocupada que se veía, así como su voz se oía distante. Cuando pude escucharla bien, observé que había por todas partes indicios de que se había vuelto realidad mis temores.
—¡Responde de una vez! ¿Me escuchas? —gritó la O'Possum con desesperación y ahí por fin le hablé. Ella se mostró un poco aliviada con eso y, esta vez, habló con mucho más calma—. Nos cayó un pterodáctilo y parece que te golpeó muy fuerte, por esa herida que tienes en la cabeza.
De inmediato traté de asegurarme de que eso era cierto, pero me sentía tan fatal que no tenía fuerzas para levantar el brazo, y creo que eso no era necesario porque algo me estaba mojando la frente. Permanecí inmóvil para no complicar más las cosas, aunque también debía reconocer que estábamos en medio del camino, con lo que corríamos el riesgo de ser arrollados por otros autos. Lo peor era que la muchacha casi no se había hecho ningún rasguño, por su naturaleza animal tal vez, mientras que yo necesitaba atención médica urgente; era tan patético de ser tan débil y lo empeoró todo posteriormente al accidente que me desfiguró. Por suerte, el único vehículo que se nos aproximó fue una deteriorada ambulancia, manejada por esos trabajadores del Mundo del Motor que llevaban la ropa de los enfermeros. Me encontraba de mal humor porque detestaba los hospitales, que me recordaban a ese día fatídico en que pasé a ser un cyborg, si bien esta vez no me molestaba mucho ya que ella permaneció a mi lado, haciéndome recordar de inmediato que era seguro quedamos en los últimos lugares de la carrera. Salí de ese lugar horas después porque tan sólo se trataba de un corte y nada más, aunque había perdido el sentido por un momento, y todavía me sentía un poco mareado, quizá por el golpe o la pérdida de sangre. No más carreras por un tiempo, me aconsejé sin saber si lo cumpliría, y por muy raro que sonara, Pasadena me tomaba de un brazo, ayudándome a caminar.
—Eso no es necesario —le dije justo después de bajar un escalón con torpeza, demostrándome que yo me equivocaba, con lo que ella me agarró y luego me observó desafiante—. ¡Está bien!
—No creas que te iras así —exclamó ella con determinación—. No parece que puedas conducir.
Ahí fue que la zarigüeya me obligó a descansar un poco en su guarida, la cual tardamos mucho en llegar por mi culpa, pero llegamos de todas formas. Durante el camino, me disculpé por ser un debilucho y la joven se echó a reír, como si le hubiera contado un chiste, aunque después explicó que no debía preocuparme, que esas cosas pasaban, más aun a los humanos; ante eso no sabía cómo reaccionar. Quería preguntarle por qué ella no terminó la carrera con su auto, si aún tenía posibilidades de ganar, pero me parecía conocer la respuesta: creo que ella no sería capaz de dejarme en ese estado. Ahora que lo pensaba, esto no iba bien: primero me quemó y lastimó un dragón mecánico y luego pasó esto; no quería saber qué me sucedería más tarde. Esta amistad era algo peligrosa, le dije una vez que la muchacha me exigió sentarme en el sillón rústico que tenía, y de nuevo sonrió, respondiendo que no debía ser tan negativo, que todo fue sólo un accidente, pero se quedó en silencio de repente. Luego la mutante se puso seria y fue explicando que el peligro existía en todas partes, sobre todo siendo un científico malvado, sin embargo lo importante era que la estábamos pasando bien y había que destacarlo. A pesar de sus ingenuas palabras, la chica tenía razón y consiguió que sonriera, todavía más cuando dijo que tenía un buen presentimiento con esta relación y que se esforzaría para que perdurara, haciendo al mismo tiempo una especie de trato para que yo también luchara.
Acto seguido de decirle que lo intentaría (no quería prometer algo que tal vez no cumpliría), ella se puso feliz y se acercó para abrazarme, algo que por un lado me dolió por los golpes que aún tenía, y también me gustó, al sentir su calor así como su perfume. Al pensar en eso último, el dolor se fue por un momento, que reapareció en un instante ni bien ella se alejó, aunque me sentía un poco mejor cuando me miraba sonriendo. En seguida, ella se levantó del sillón de un salto diciendo que iría a traer algo para comer y regresó al rato con un paquete de galletas entre sus manos. Algo dulce para reanimar, me decía, y fue así que tuve que aceptar sus galletas con chocolate, aunque había algo que me molestaba: ella estaba siendo amable, mientras que yo le daba problemas. La rubia notó mi preocupación y, cuando me preguntó la razón, le revelé que tenía un problema con Cortex y no sé por qué le dije todo lo que había pasado, arrepintiéndome al final por no responderle otra cosa. A ella se le ocurrió una idea: preguntarle a su jefe si podía aceptar a los rinocerontes para que se encargaran de las tareas más pesadas, las cosas que los trabajadores comunes les costaba hacer. Tenía que admitir que era una buena solución y podían encajar a la perfección y, mientras pensaba en esto, la marsupial me obligaba a levantarme para ir a preguntárselo ya mismo a Von Clutch. Me gustaría que se lo tomara con más calma, mas ahí estábamos, recorriendo el colosal parque en busca del alemán.
—No es un asunto urgente—protesté en voz baja porque otra vez ella me tomó del brazo, algo que llamaba la atención de los tontos visitantes, mas nada la detenía—. En serio, no hace falta.
A lo último llegamos a una sala de control, en donde aquel sujeto de piel verdosa observaba lo que las innumerables cámaras, que estaban repartidas en todo el terreno, mostraban. Lejos de gritarle que volviera al trabajo, el que tenía un parche en un ojo preguntó sonriendo de oreja a oreja a qué vinimos y, cuando notó que yo estaba, se sorprendió y comentó alegre que me salvé de milagro. Pasadena fue directo al grano, como era su costumbre, y la respuesta por parte de él fue que lo pensaría, pero era probable que aceptaría la propuesta, sólo debía esperar un poco a que organizara las cosas. Casi estaba resuelto este asunto, algo que me aliviaba, sin embargo, me sobresalté cuando él comentó entre risas que había algo raro entre ella y yo, porque advirtió que su empleada me observaba sonriendo. Ella fue la primera en explicar que éramos amigos, y él no parecía creerlo del todo porque seguía riéndose de una forma sospechosa, aunque no dio explicaciones ya que nos echó de una manera brusca de su lugar de trabajo. La zarigüeya se reía por esa escena y luego me invitó a ir de nuevo a su taller porque me veía pálido, que no parecía que estaba mejorando, y fue así que me guió hasta ese lugar. Una vez en el sillón, ella trajo unas latas de gaseosa y comenzó a hablar, planeando lo que podíamos hacer ni bien me recuperaba, mas yo apenas le respondía porque me sentía muy cansado, quizá sea por el último accidente.
—Parece que tendrás que quedarte aquí hoy —indicó ella con seriedad al ver que yo me estaba durmiendo, pese a todos mis intentos por seguir despierto. Luego ella estiró uno de sus brazos hacia mí, alarmándome, con el fin de tocar mi frente con su mano, en la parte que no metálica, por supuesto—. Tienes fiebre. Creo que debimos pedirles unos analgésicos a los enfermeros.
De pronto, la joven salió corriendo hacia no sé dónde, no sin antes decirme que me quedara quieto, algo que ya lo estaba haciendo, y el silencio en el ambiente ayudó a que me quedara dormido. Una parte de mí no quería que descansara en ese lugar, sino en mi propio hogar, mas no logré obedecerlo y me quedé ahí quien sabe por cuánto tiempo. Sin siquiera abrir los ojos, sentí algo frío en la cabeza y mucho no me importaba saber de qué se trataba, mientras que por otro lado, había algo cálido, como si estuviera tapado con una manta. Al cabo de un rato, quería saber lo que estaba pasando y, al tratar de tocar lo que tenía en la cabeza, me encontré con una bolsa de hielo que ya empezaba a molestarme. Aun medio dormido, quise levantarme aunque tenía algo pesado que pensé al principio que era una frazada, pero no lo era: no sabía por qué justo estaba ahí, pero se trataba de la marsupial, durmiendo con tranquilidad encima de mí. Esto me pasmó, porque hacía mucho tiempo que alguien estaba tan cerca, y a pesar de lo raro que parecía todo esto, por un lado me gustaba que estuviera ahí, sentir su respiración y su calor. Se veía que la mutante se estaba despertando y me quedé paralizado cuando me vio a los ojos, también al decirme que yo estaba mucho mejor, hasta volvió el color en mi cara, indicó. Quizá lo que estaba viendo ella era que me estaba ruborizando y todo esto me ponía nervioso.
—¿Qué estás haciendo? —pregunté con la voz entrecortada y ella se mostraba algo confundida.
—Estabas temblando de frío y esto fue lo único que se me ocurrió —respondió con calma ella y con una sonrisa, cosas que aún me inquietaban y también por lo que quería preguntarle. Estaba sin saber decírselo o no y ella aprovechó el silencio para reírse—. Me gusta tu modo de ser.
—¿Sabes lo que significa "ser amigos"? —pregunté, temiendo que se enojara por esa tontería.
—Claro que sí —afirmó con seguridad—. Aunque lo nuestro debería ser una "amistad especial".
No quise tocar más el tema, si bien aún no sabía qué era lo que ella estaba buscando o tan solo era ingenua, aunque no debía serlo tanto si quería al Bandicoot cabeza hueca. Eso era algo que lo averiguaría más adelante y, una vez en el acorazado, luego de despedirme de la chica con la promesa de que nos volveríamos a ver otro día, no podía dormir pensando en todo lo que había pasado. Bueno, desde siempre me costaba dormir, pero en este caso no eran los problemas los responsables, o que era difícil conseguirlo por tener un misil en la cabeza, sino que se trataba de ella. Era complicado admitirlo, y es que sólo podía pensar en ella. ¿Qué demonios me ocurría?
No se olviden de escribirme un review.
