Bienvenidos a una nueva actualización.

Perdón, se me hizo tarde. Quería actualizar antes y ya pasó un mes de San Valentín.

Bueno, basta de esto y hora de leer:


Capítulo 3

Me haces bien

—¡No me digas que te asusté! —se burló Nina después de dejar caer sus manos metálicas sobre mi escritorio con mucha fuerza, en el cual estaba ensimismado, atendiendo unos documentos.

—Hola, ni me di cuenta que estabas aquí —saludé a la adolescente con calma aunque en verdad sí fue escandalosa su llegada, que por poco me hizo tirar los papeles al suelo—. ¿Ocurrió algo?

Fue en ese momento en que la joven me contó que, junto con su tío gruñón, estaban avanzando en el nuevo plan de dominación mundial, algo que me aseguraban que no fallaría y también se preparó una venganza al marsupial arruina-todo. Debía ir cuanto antes a la reunión para saber más detalles, me dijo al final, y en seguida ella se fijó en algo que tenía entre mis cosas, en unas cuantas monedas del parque de Von Clutch. Debido a esos objetos, la gótica comenzó a hacer preguntas, como qué hacían ahí o acaso los tenía de recuerdo, y sin mucho pensar, le respondí con la verdad, que había ido hacía poco. A ella le pareció raro que me gustara ir al escenario de nuestra última derrota como equipo y me miraba con una expresión de aún más extrañeza al decirme que yo estaba sonriendo como un idiota. Ni me había dado cuenta de eso y, para cambiar el tema de conversación, le avisé que podía asistir ya mismo a la condenada reunión. Ambos nos dirigimos hacia la plataforma transportadora y, en un instante, nos encontramos rodeados de paredes hechas de chatarra, es decir, en el laboratorio del iceberg. Rumbo a la sala de conferencias, la chica de pelo negro me observaba sin ningún disimulo, como estudiándome, algo que traté de ignorar, y al final me comentó que había algo raro en mí. No hubo tiempo para explicaciones ni nada por el estilo porque los dos ya nos encontramos con el doctor Cortex, quien protestó por no haber venido antes.

El cabezón me arrojó sobre la mesa unos planos para un nuevo rayo evolutivo, capaz de volver a simples animales en grandes monstruos con habilidades especiales y, lo más importante, es que estarían bajo nuestro control con un dispositivo. Sus ideas eran posibles de llevar a cabo y todo se veía bien organizado; sólo restaba hacerlas realidad y se notaba con facilidad que el gran Uka Uka estaba involucrado, el cual reveló a los parientes una forma de obtener energía. La base de operaciones sería en una isla cercana a Australia y, si los héroes de la isla N. Sanity se atrevían a asomar sus narices por allí, les esperaba una serie de trampas. Había que empezar cuanto antes, ordenó el pelón, y utilizaríamos a los animales autóctonos de ese lugar olvidado para que fueran nuestras víctimas. Hasta ahí estaba todo bien, hasta que él me obligó a desmontar el acorazado y utilizar el metal para crear diversas máquinas, además de explotar a mis rinocerontes marinos como peones y luego desecharlos. Ante eso último, no sabía qué hacer porque de seguro que él no les pagaría por su trabajo, tal como yo lo hago, y en el momento en que decidí oponerme, mi teléfono sonó, con lo me fui de la sala para atender la llamada. Resultó ser una buena idea lo de darle mi número a la zarigüeya en el último encuentro, porque me traía noticias por parte de su jefe, que al final aceptó la propuesta, así que mi tripulación pasaría a ser de su propiedad.

—¿Cómo fue que se apoderaron de tu barco? —me gritó el barbudo enseñando los dientes, tras la mentira que le conté, que mis secuaces organizaron un motín y me avisaron con el llamado.

—Pero llegarán al primer puerto que encuentren y abandonarán la nave —expliqué tratando de verme atemorizado a la ira del líder del N Team—. No todo está perdido; tenemos el acorazado.

A pesar de que aquel hombre se mostraba enojado, esto no parecía desalentar sus esperanzas de conquistar el mundo, así que me dio algunas copias de sus planos para que empezara con el trabajo y pronto vería con qué reemplazar a sus esclavos que nunca lo fueron. Cuando regresé al supuesto barco amotinado, lo primero era comunicar las nuevas noticias a los mutantes, así que una vez que estaba en la sala de control, anuncié una reunión importante por el micrófono. Ahí estaban todos los rinocerontes reunidos en un gran salón, viéndose impacientes, y luego de subirme al pequeño escenario, comencé a explicar lo que estaba pasando. Fue difícil llegar a la parte en que ellos tendrían que abandonar la vida de pirata, que tanto les gustaba, para entrar al mundo de los autos y de los parques de diversiones. Era de esperar a que protestaran, por no darles la opción de elegir algo mejor, sin embargo, cuando les dije lo que Cortex planeaba hacer con ellos, todos estuvieron de acuerdo a irse con Von Clutch. Al final del anuncio, me despedí de ellos, agradeciéndoles con una voz entrecortada por ayudarme a cumplir mi sueño, y que iría a visitarlos de vez en cuando. Apartarme de mis leales empleados fue algo que me dolió y, para nuestro último viaje, nos acercamos lo más posible al Mundo del Motor, que por suerte estaba próximo a la costa. Los llevaría hasta allá con un transporte anfibio, pensé, aunque la inesperada presencia de alguien me recordó que me había olvidado de algo: de apagar el transportador.

—¿Con que había un motín, no? —preguntó sonriendo triunfante la chica de ojos azules—. Pues a mí me parece que todo está como antes. Ya sabía que ocultabas algo. Cuando lo sepa mi tío…

—Nina, por favor —le supliqué, mientras que ella se aproximaba con presunción hacia mi lado.

—Haremos un trato: no diré nada y tampoco harás nada —propuso aunque no sabía qué era lo quería—. Pienso traicionar a mi tío y no quiero que te entrometas. Ya lo hablé con mi socio.

Me reveló que su cómplice era la máscara mágica negra, quien estaba de acuerdo, y además, le darían a Neo una última oportunidad. Esto me tomó por sorpresa, pero como ella bien dijo, no podía estar en su contra, o sufriría las consecuencias, me amenazó al final. Por un lado, estaba bien enterarse de una cosa así antes, y no en el momento, sin embargo, no sabía si yo sería la próxima víctima, o qué planeará el amarillento en mi contra cuando sepa que no lo ayudé. Mas ella lo tenía todo bajo control, que no debía preocuparme por eso, me dijo, y ahora quería saber todo lo que le ocultaba. Le dije la verdad, porque no se me ocurría una mentira, y al terminar insistió en ir conmigo hasta el lugar de atracciones automovilísticas, sólo por diversión. Una vez en aquel sitio, el cyborg alemán nos esperaba en la entrada, junto con su mecánica mutante quien sonrió aún más al verme, y los dos les dieron una cálida bienvenida a los nuevos operarios que lo observaban todo con asombro. Estarán bien, me dijo la zarigüeya que caminaba junto a mí, estando al final del grupo que iba de excursión para conocer las instalaciones, con el sujeto verdoso del megáfono como guía. Por suerte, aquel era un día en que el recinto estaba cerrado para el público, sino parecería que había un desfile de fenómenos, y en el momento en que el tour se iba hacia Isla Misteriosa, Pasadena no quiso continuar y me invitaba a hacer lo mismo.

—Vamos a tomar algo —me dijo sonriente la rubia y luego reparó de los que estaban detrás de nosotros—. Hacía mucho que no te veía, Nina. ¿Cómo has estado? ¿Y tú quién eres, colega?

—Soy Rusty Walrus, el cocinero —contestó la morsa con esa misma seria expresión de siempre.

Con más razón aún, la chica con coletas nos llevó al sector de comidas, en donde el que quería que Crash formara parte de su cazuela conoció su nueva estación de trabajo, encontrándose al mismo tiempo con un asustado compañero de trabajo. Ahí fue en donde el chef demostró sus habilidades, mas ahora debía concentrarse en la comida rápida, y él parecía arreglárselas muy bien. Cuando estábamos todos disfrutando de la comida recién servida, el teléfono de la joven estudiante sonó, con un enfadado pariente del otro lado de la línea, exigiendo saber en dónde estaba ella. Había muchas cosas por hacer y que no debía perder el tiempo, le indicó, y fue así que tuvimos que regresar de inmediato al acorazado, para que la chica pálida retornara al frío laboratorio. Ahora fue el turno de Pasadena para insistir en seguirme, que quería conocerme un poco más de esta forma, agregó, y no podía decirle que no. El gran vehículo se veía muy vacío a la vuelta, logrando que me entristeciera por un momento, mas eso no duró mucho porque la mutante encendió la radio sin previo aviso y comenzó a bailar, tratando de permanecer en su asiento. Llegamos y dejé a la zarigüeya en la cubierta, con lo que se puso a contemplar el mar, mientras que yo acompañé a Nina al transportador, porque ella lo quería y no sabía por qué, si conocía el camino. Y en seguida me di cuenta la razón: quería respuestas, sobre por qué actuaba esa marsupial con tanta confianza, así que me puse a explicar que éramos amigos.

—¿Amigos? —respondió ella mientras que se detuvo de repente y me miró de una forma rara—. Aquí pasa algo, lo sé. Lo veo todo el tiempo en la Academia. Si siguen así, se unirán al club.

Esta conversación no me estaba gustando y, en cuanto a eso último, la de manos mecánicas me contó el chisme de que el doctor N. Tropy y Megumi estaban saliendo, y que su tío no tenía ni la menor idea de eso. Ya con ella, eran dos quienes insinuaban algo demás, y no quería escuchar otros argumentos, porque vio con claridad los "síntomas", indicó. Lo que más me molestaban eran sus preguntas, y quería saberlo todo para confirmar sus sospechas, pero eso era algo que no quería compartir. Le pedí por favor que se fuera a su casa, para que no se acrecentara la ira del viejo Cortex, y a regañadientes, ella obedeció, no sin antes amenazarme de que esto no se había acabado. Por fin me libré de la adolescente chismosa y apagué la máquina para que no me sorprendiera de nuevo, de esta manera pude ir a ver a la joven de traje de competición, y no la encontré donde la dejé. Aparte del sonido del mar, las gaviotas y de algún motor encendido, no se oía nada que me pudiera dar una pista de donde estaba, ni siquiera escuchaba sus pasos sobre el suelo de madera. Todo esto me llevó a pensar en que la O'Possum se había enojado y se fue, dando por terminado esta amistad tan repentina, sin embargo, dejé de pensar en esto cuando sentía algo por un hombro. Ni bien quise darme vuelta para averiguar qué era eso, un sonido fantasmal bastante fuerte me sobresaltó, y pronto le siguieron unas risas agudas.

Al ver bien de qué se trataba eso, me fijé que fue la rubia, quien se había ocultado dentro de un bote salvavidas, para poder darme un susto, y pese a que lo logró muy bien, sonreí y le pregunté si había esperado mucho tiempo. Salió de ese lugar con agilidad, y me respondió que sí se cansó de esperar, con lo que la llevó a planear una venganza. Después de eso, me pidió una recorrida por el acorazado, algo que me parecía bien para esquivar los fuertes rayos del sol del mediodía. Mientras caminábamos por estrechos pasillos, la muchacha me decía que hacía mucho que no me veía con la bata de laboratorio, y que no le gustaba mucho el estilo anterior, gris y zurcido. No sabía qué decir a eso, y por otro lado, tampoco me consideraba era un buen guía, mostrando casi sin decir nada cada habitación que visitábamos. Todo se veía más desolado sin la marinería, todo tan vacío, y para poder reemplazarlos, así como conseguir que el buque de guerra volviera a funcionar, me estaba dirigiendo hacia el taller, donde tenía guardados los androides asistentes de laboratorio. Los dos permanecimos un buen tiempo ahí, en donde ella me ayudaba a activar a los robots, pero también se dedicaba a curiosear los artefactos. Esos asistentes fueron mis primeros secuaces, así que no hacía falta dar indicaciones porque estaban al tanto sobre su trabajo en la nave, haciendo que la tarea terminara pronto. Luego de esto, nos fuimos hacia la cocina, donde había una caja sobre la mesa.

—¿Qué es eso? —preguntó la de ojos verdes mientras se aproximaba a la caja cerrada con una cinta. No sabía qué había dentro y por qué estaba esa cosa ahí, y por eso le pedí que se alejara.

—Ten cuidado —le dije en el instante en que Pasadena quería desentrañar lo que había dentro, incluso la agitó, mas luego de olfatearla, me pidió con desesperación que la abriera ya mismo.

Al instante de desatar la cinta, comprendí por qué la O'Possum exigió de esa manera, porque de seguro que sintió el aroma de los seis muffins que estaban ahí, y que al parecer (por una nota) fueron hechos por la morsa cocinera. Aquel regalo fue inesperado, porque sabía que el cocinero no se dedicaba a la pastelería, y la zarigüeya tomó uno y le dio un mordisco ni bien se lo ofrecí. Enseguida fui a preparar un poco de té para la merienda, y ya cuando estaba listo y servido, la chica comentaba que no tomaba infusiones con frecuencia, sin embargo, al final dijo que le gustaba. Después, los dos estábamos contando anécdotas, hasta que esto fue interrumpido por una llamada en el teléfono de la mutante: era el cyborg alemán, quien llamó para que viniera a atender un asunto urgente. Ese mecanismo giratorio en el centro del parque dejó de funcionar, me explicó pronto, y que una máquina expendedora se volvió loca. A ella no le gustaban esos tipos de reparaciones, más se dedicaba a los autos, comentó, no obstante, tenía que ir a hacerlo antes de que vinieran los visitantes al día siguiente. De esta manera, ella me pidió que la llevara de vuelta al Mundo del Motor y lo hice, esta vez en un auto más pequeño que el anterior. A diferencia del viaje de ida, en esta ocasión la mecánica no encendió la radio, sino que se la veía pensativa y, a pesar de que tenía que enfocarme en manejar, también estaba pensando en algo.

Estaba recordando lo que dijo Nina y me parecía que tenía razón: creo que tenía que reconocer que la rubia me estaba gustando, porque teníamos mucho en común y, a la vez, las diferencias entre nosotros no me molestaban. Me gustaba que siempre estuviera sonriendo y su modo de ser tan impredecible, además, ella era linda y sus ojos verdes tenían un brillo especial. Me salvó en varias ocasiones y eso jamás lo olvidaré, pero, ¿en qué rayos estaba pensando? Ella merece algo mejor que un débil y deforme científico malvado, y por otro lado, tenía que respetar este acuerdo de ser amigos y nada más. De repente, me di cuenta que ya estábamos muy cerca del parque y también que la joven de cola prensil tenía la cabeza apenas apoyada sobre uno de mis hombros. Cuando apagué el motor del vehículo, ella aún seguía en esa posición por un rato más hasta que se levantó y me observó a los ojos, intentando decirme algo. Cuándo nos volveríamos a ver, preguntó de improviso y también tomándome de una mano, con lo que le respondí que cuando ella quisiera, que esperaría su llamado. En seguida ella quería saber sobre si contaba con un tiempo libre, ahora que me dedicaría a trabajar en el nuevo plan de dominación, y no sabía bien si lo tendría, ya que de seguro estaría ocupado y en un sitio más que alejado. Ante esa respuesta insegura, ella exclamó algo molesta que no quería perder más tiempo y se acercó despacio, sin saber aún qué se proponía.

—¿Qué estás —no pude terminar la pregunta porque ella me tapó la boca con sus suaves labios.

—Me gustas —dijo después de alejarse un poco y sin dejar de sonreír—. ¿Tú me quieres a mí?

—Sí —contesté perplejo, porque no podía creer lo que ocurrió, y más tarde, ella quiso saber por qué, con lo que traté de explicarle lo que me parecía—. Porque en verdad que me haces bien.

—Ahora supongo que también debo decirte por qué te quiero —comentó luego de agarrar mi rostro y besarme con pasión, sin embargo esas palabras me inquietaron—. También creo que me haces bien, como dices, y feliz, y además porque no eres lindo: los chicos lindos son tontos.

No sabía cómo reaccionar a eso último y, al final, me reí, porque ella me contó acerca de su día de furia con Crash, al tratar de pedirle cierta cantidad de monedas, que con dificultad consiguió. Tenía que admitir que aquellos dos entrometidos tenían toda la razón, pero no me importa en absoluto. Pasadena pasó a ser mi salvación ante la amarga vida de ser un esclavo del N Team.


Aquí termina este especial. Espero que les haya gustado y gracias a los que llegaron hasta el final.

No se olviden de los reviews.