Mordió la punta del lápiz viendo a su crush, pretendía ser disimulado; aunque Hanamaki le decía que era demasiado —muy, mucho— obvio. Estaban a media clase de matemáticas y era aburrido. Visualizó el pizarrón lleno de números frotándose los ojos luego, tratando de ocultar un bostezo que no estaba dispuesto a dejar escapar.

Distraídamente miraba a Oikawa que copia y copiaba, suspiró embobado con aquel perfil, miro los labios ajenos, aquellos que durante las prácticas de vóley le llamaban la atención. Estaba seguro que Oikawa los humectada, no podían ser así de brillantes y llamativos.

Suspiró, desearía besar aquellos labios.

Hanamaki lo codeo molestándolo.

— Ya ¿Acaso tienes quince? Acabas de suspirar como una niña.

— Tenemos quince, Hanamaki.

Frunció el ceño sin entender aquel chiste que de gracioso no tenía nada.

— Arruinas todos mis chistes ¿Por qué eres mi amigo?

Escucho a su mejor amigo bufar y decir cosas que realmente no le importaban. Volvió su concentración a aquel chico que le robaba los suspiros, lo observó levantarse con gracia cuando fue llamado por el profesor, dictándole que resolviera el ejercicio escrito en la pizarra. Oikawa sonrió parado frente a la clase, luego el profesor lo llamó a él.

Mordiendo la punta del lápiz nuevamente, fue hacia el frente, parándose al lado del chico castaño.

Oikawa Tōru lo miro de reojo.

Iwaizumi Hajime se puso nervioso.

Una gotita de sudor le cayó por el costado de la frente, haciendo una mueca con los labios se llevó la mano al cuello inconscientemente.

Estaba nervioso, sí.

No era la primera vez que estaba alrededor del chico alto, hacia una semana las actividades deportivas habían empezado y Oikawa a viva voz informo que estaba buscando la posición de setter, Hajime quería ser rematador, si las cosas funcionaban bien ellos trabajarían juntos en aquellos tres años, de solo pensarlo la sangre se le subía a la cabeza.

Estaba a solo un paso de su crush, dueño de sus suspiros, y dueños de todas sus masturbaciones matutinas. No le daba pudor admitir esta última parte, pero prefería guardárselas para él mismo, excepto por Hanamaki, él solo sabía todo lo que Iwaizumi hacía, aun no entendía el porqué.

El profesor les indicó proceder a realizar los ejercicios copiados, Oikawa asintió e inmediatamente tomó la tiza. Iwaizumi lo imitó, pensando un poco. No era muy difícil el cálculo, en pocos minutos lo resolvió y el castaño igual, con la aprobación del profesor ambos fueron de vuelta a sus asientos.

Esta vez Hajime se sorprendió cuando Oikawa lo miro, su crush le sonrío tímidamente antes de bajar la mirada, después de eso no pudo apartar la vista del castaño en ningún momento. Esperaba el momento en que el dueño de sus suspiros lo mirara nuevamente, si debía rezar lo haría.

La campana de finalización de la clase sonó, era la última hora así que solo metió las cosas dentro de su mochila, su amigo salió primero tras el culo de Matsukawa. Volteando los ojos salió del salón, un tiro a su uniforme lo detuvo a medio pasillo, virando el rostro se encontró con aquellos ojos tan hermosos como las luciérnagas, demasiado brillantes, demasiado hermosos, demasiado todo.

— Yo...

Oikawa mantenía en su rostro aquella sonrisa brillante, aquella en la que las esquinas de su boca de alzaban en armonía, formando una mueca fantástica, apreciarla era todo un gusto. Apretaba las correas de la mochila mientras se balanceaba con torpeza.

— Sí.

Hajime soltó el monosílabo por puro instinto.

— ¿Ah?

— Digo… podemos ir juntos, somos vecinos.

— Oh. — Oikawa se cubrió la boca soltando una risa. — Claro, podemos ir juntos, aunque quería saber si podíamos entrenar un poco.

— Creo... que sí.

Oikawa suspiro agitando la mano en un parloteo cuando ambos empezaron a caminar en dirección al gimnasio, según el castaño estaba un poco nervioso ya que no se conocían muy bien y no quería sonar algo mandón al pedir que entrenaran un día en el cual tenían libre. Lo único que Hajime podía hacer era seguirle el paso y asentir con la cabeza varias veces, Oikawa podría ser hermoso pero no se callaba por un solo segundo.

Aquella tarde Iwaizumi Hajime empezó a ser llamado: Iwa-chan.

Iwaizumi lo odio y a la misma vez lo amo.