¡Hola, hola! Aquí esta el segundo capitulo (Bastante largo por cierto jaja) de esta historia, que solo se volverá mas... interesante conforme avanza, se los puedo asegurar xD

Por cierto a partir de aquíseguramente se verán ciertas menciones que ya pasaron en los anteriores fanfics de esta saga, así que atentos :3

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.


Capítulo II

"Double trouble"

Grecia, Athena - Santuario

Diciembre, 23 de 1748

Kaia suspiró suavemente antes de recargar su espalda en el pilar semi destruido en lo alto de un pequeño risco, y que daba una vista magnifica de la actividad del Santuario. Muy cerca del lugar donde los guerreros hacían sus entrenamientos, estando a una poca distancia de donde daba comienzo a los Templos Zodiacales. Las ramas de los arboles con sus frondosas hojas, le proporcionaban sombra ante el implacable sol de aquella tarde, y a su vez la permitía ocultarse un poco ante la vista de cualquiera que pasara por allí.

Ya había transcurrido prácticamente un mes y medio desde su llegada, e Ione aún se negaba a salir del recinto donde el Patriarca había asignado para ambas. A veces se preguntaba si su hermana quería regresar a Delfos, pero luego recordó que allí no había demasiada diferencia, puesto que sus compañeras no las miraban con buenos ojos cuando se hizo oficial el puesto de la Oráculo, y que esto consistía agarrar el mando de las visiones y predicciones de la villa, asignando así el resto de las Pitonisas para transmitirle los mensajes de la naturaleza a los seres humanos. A su vez Kaia se había convertido en la Pitonisa Mayor, ahora era la mano derecha y Guardiana de la Oráculo, siendo ella misma mensajera también de su hermana en ciertas ocasiones, puesto que a veces tenían visiones compartidas.

A pesar de ello, ambas habían cogido cariño a todas esas femeninas sin importarles que ese importante acontecimiento cambiara el pensar de la gran mayoría de las habitantes de Delfos.

Solo había una única persona que las trato con un amor incondicional y las instruyó con una sabiduría infinita inclusive después de saberse lo especiales que eran ellas. Esa mujer que la consideraba como una madre, pero que lamentablemente hacía ya bastante tiempo que había dejado ese mundo para unirse a la madre naturaleza... Y así mismo, fue una grata sorpresa encontrarse con aquel jovencito que había reconocido como su hijo, no solo porque su aroma era muy similar al de ella a conjunto con el de su padre, que las hermanas también habían tenido la oportunidad de conocer, sino por esa mirada dulce y bondadosa que causo que su corazón diera un vuelco en su pecho. Hasta había despertado la curiosidad de Ione para salir y conocerlo personalmente, lástima que el pequeño león había salido de viaje recientemente, pero quizás al volver haría que finalmente su hermana saliera de su pequeño encierro.

La Pitonisa se acomodó más en el pilar donde se encontraba sentada, viendo fijamente a los lejos las Casas Zodiacales hasta localizar el Templo Papal. Y sus labios se fruncieron levemente cuando sus ojos se posaron en su propia vestimenta donde su vestido de seda había sido reemplazado por uno prácticamente igual, pero la única diferencia en él era el tipo de tela mucho menos translucida. Aun no comprendía demasiado bien porque el mismo Patriarca se había acercado a ella para hacerle cierta petición con amabilidad, y cuando se vino a percatar aquella chica de corto cabello naranja cobrizo le había confeccionado la ropa que ahora llevaba puesta. Al parecer la antigua era un poco indecorosa, pero seguía sin entender en dónde precisamente. Pero lo dejo pasar porque seguramente eso era parte de sus costumbres extrañas, puesto que ellas habían convivido únicamente con el sexo femenino toda su vida, así que no le parecía extraño que de vez en cuando se perdiera de cosas tan mínimas, pero que parecía ser importantes.

En un ágil movimiento bajó del pequeño risco en el instante en que un pequeño grupo de aprendices dejo la zona de entrenamiento. Comenzó a recorrer el lugar sin apuro, mientras estaba inmersa en sus propios pensamientos, meditando lo que había aprendido hasta ahora de los Guerreros más fuerte del Santuario, y que por los momentos no había visto nada sospechoso o que activara su instinto protector. Se atrevería a decir que algunos la miraban con curiosidad, mientras que otros simplemente ignoraban su presencia olímpicamente tal cual como ella había hecho hacía con ellos.

Sin embargo, no podía darse el lujo de bajar la guardia, sobre todo con aquel hombre alto y moreno.

De repente, sus pasos se detuvieron cuando un sutil aroma llegó a su nariz y con intriga se acercó a un lado del risco donde enormes trozos de roca se encontraban junto con otras más pequeñas, como si allí alguien hubiera escogido ese preciso lugar como medio de entrenamiento.

Ladeó levemente la cabeza al ver un raro objeto que estaba cubierto por tierra y polvo como si llevara mucho tiempo allí olvidado. Entonces ella se colocó de cuclillas para tomarlo con cuidado tratando de descifrar que era… y ya en sus manos después de quitarle un poco la tierra que se había acumulado encima, notó rápidamente que el material con que estaba hecho era de un cuero grueso y algo rustico, con remaches de hierro, frunció el ceño porque no tenía la menor idea de lo que era.

Cerrando sus ojos llevó ese extraño objeto a su nariz, identificando rápidamente el aroma a cuero y almizcle que la había atraído hacía él desde un principio.

Y con eso, ya sabía quién podría darle una respuesta.

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El hombre de largo cabello y ojos de un azul profundo pasó una toalla húmeda y fresca por la exótica piel morena de su cuello para eliminar cualquier rastro de sudor por tan arduo entrenamiento que se había visto sometido desde el mismo amanecer. Practicar no solo lo mantenía en forma, sino que también lo distraía lo suficiente como para evitar pensar en ciertas preguntas que por más que se cuestionaba no tendrían una respuesta inmediata, solo con el tiempo la mayoría de ellas serian respondidas.

Aun así la mayoría de sus compañeros de armas parecía que se tomaron la resurrección sin demasiadas complicaciones o siquiera cuestionarse. Un ejemplo bastante grande seria la Caza Zodiacal próxima a la suya, el Templo de Cancer, porque a pesar que nunca tuvo un contacto directo con el Guardián Canceriano había escuchado los rumores de su carácter un poco problemático a pesar de ser el discípulo del Patriarca Sage. Y el mismo lo comprobó a los pocos días de estar en el Santuario, porque el sujeto de corto cabello rebelde y burlones ojos azul violetas pasó una brazo por sus hombros insinuándole sin ningún descaro la semejanza que tenía con su gemelo Aspros sin importarle demasiado lo delicado del tema.

Aunque diez minutos en el gélido frió de la otra dimensión bastó para que lo dejara en paz por un tiempo.

Por otro lado, Aldebaran, había sido amistoso y respetuoso con él, dado que conocía de su existencia porque había tenido una gran amistad con su hermano cuando eran solos unos niños entrenando para aspirar hacer Santos de Athena al igual que Sisyphus, Santo Dorado de Sagitario. Siempre los había visto juntos alejado entre las sombras, preguntándose si algún día podría socializar de esa manera más que con su propio gemelo.

No pudo evitar resoplar levemente con algo de frustración y cansancio, y no precisamente por el ejercicio físico. Conforme pasaba los días y estos pasaban hacer semanas, una sensación se estableció en su ser como si esperase que pasara algo y no podía relajarse por completo, puesto que después de regresar a la vida aun no entendía su propósito, o el destino que se le tenía deparado.

Destino…

Una sonrisa sin gracia deslumbró sus labios ante esa palabra que lo persiguió durante la mayor parte de su vida hasta que él mismo decidió cambiar eso.

Detuvo sus pasos al notar como una nueva presencia invadía la aparente paz del Templo de Géminis, y sus labios se fruncieron levemente al notar aquella mujer menuda se encontraba allí y lo miraba de una manera desafiante. Ella lo había estado vigilando la mayor parte del tiempo desde que se había presentado la primera vez en su Casa Zodiacal, tenía entendido según las palabras de algunos Santos Dorados que la muchacha rondaba a veces los otros Templos y sus alrededores, pero al parecer él era el centro de toda su atención. Frunció ligeramente el ceño también, porque hasta por los momentos no comprendía su osadía, como si fuera un alma libre sin siquiera detenerse a pensar que estaba prácticamente prohibido pasar por las Casas sin el consentimiento del Guardián, pero a ella no precia importarle en lo absoluto.

Y al instante de que la mujer de largo cabello se le acercó, no pudo evitar dejar escapar un ligero suspiro, porque a pesar que eran contadas las veces de que se le había aproximado de aquella manera, la mayoría de esas ocasiones era para preguntarle algo. Al parecer poseía una curiosidad aún más grande que su propia desconfianza.

Daimónio —ella lo llamó con suavidad.

Defteros solo pudo contener un leve gruñido ante ese sobrenombre que ella le había impuesto, sin las claras intenciones de llamarlo por su nombre. Honestamente no comprendía porque seguía siendo amable en vez de ignorarla toscamente hasta que no tuviera mas opción que marcharse.

Suponía que esa era una de las grandes diferencias entre él y su hermano.

—¿Qué deseas, muchacha? —le preguntó dejando la toalla alrededor de su cuello para poder cruzar sus brazos encima de su pecho desnudo.

Kaia no se inmutó ante la visión de aquel demonio imponente y atractivo, que ahora no portaba la hermosa armadura Dorada, sino que su vestimenta consistía en una mucha más simple y rustica, solo observó atenta aquella mirada azul marina casi sin parpadear evaluándolo cada instante.

A esas alturas había descubierto que ese hombre era una persona solitaria la mayor parte del tiempo y que prefería estar con la única compañía que le otorgaba su Cloth de Oro. Pero aun así eso no disminuía su aura poderosa y de gran carácter, aunque sospechaba que este era solo una fachada, su amabilidad así lo decía. Sin embargo, aún no podía fiarse de eso, puesto que su hermano había causado mucho daño en el pasado, y no permitiría por ningún motivo que el otro hiciera lo mismo y mucho menos a Ione, por esa simple razón ameritaba saber mucho más de él.

—Me parece que esto te perteneció alguna vez —ella murmuró con sutileza y de entre las largas mangas de su vestido alzó ante él aquel objeto que la había llevado aquel lugar.

El Geminiano se quedó de piedra, y sus pupilas se dilataron al observar atentamente aquella mascara que había formado parte de prácticamente toda su vida como un crudo recordatorio de su nacimiento maldito. Trató por todos los medios mantenerse firme y no retroceder ante esa visión como si lo hubiera teletransportado directamente al pasado… Y una nueva gota de sudor bajó por su frente al tiempo que tensaba la mandíbula para intentar controlarse.

El demonio que se había esforzado por forjar durante esos dos años quería rugir de furia y de dolor ante esos recuerdos, mientras que esa parte de él más sumisa y empática solo deseaba retroceder y ocultarse.

Pero luego cerró los ojos por unos instantes para poder exhalar lentamente el aire que no sabía que había estado conteniendo.

—¿Dónde hallaste eso? —preguntó a su vez volviendo abrir los ojos mirando a la Pitonisa directamente a los ojos.

Ella entornó la mirada, claramente curiosa por la ola de emociones que barrio su rostro de tez morena tan rápidamente para luego recuperar la compostura, y que habría pasado desapercibido por cualquiera menos para ella.

—Estaba abandonado —contestó Kaia con un leve encogimiento de hombros.

Él maldijo por lo bajo, puesto que seguramente aquella mascara había sido una de las tantas veces que se había desprendido de su rostro ante la paliza que le proporcionaban los otros aprendices cuando lo pillaban entrenando a escondidas. Y sinceramente le sorprendía el hecho de que la hubiera encontrado, dado que eso fue hacía bastante tiempo.

—¿Qué es?

La duda estaba reflejada en esa mirada exótica, sabía perfectamente que no tenía por qué responderle, eso pertenecía a una parte sumamente privada de su vida. Simplemente podía darle la espalda, marcharse y tragarse él mismo la amarga respuesta… no obstante, la genuina curiosidad de la mujer que lo había estado vigilando casi día y noche no le permitía tener una ruta de escape tan cobarde como aquella.

Deseaba febrilmente deshacerse y cerrar ese capítulo de su vida.

—Es un símbolo —respondió momento después, tomando el objeto en su mano para observarlo casi sin expresión alguna—Un símbolo por haber nacido bajo la estrella de la mala suerte —dijo con casi en un gruñido interno sintiendo una opresión muy familiar en su pecho, aquella que sintió a lo largo de casi toda su vida al verse despreciado por casi todo aquel que lo miraba con desaprobación.

—Bajo la estrella de la mala suerte… —ella repitió en un susurró sinceramente intrigada.

—La vida puede resultar muy desgraciada inclusive para una mera sombra —comentó sin mirarla. Toda su atención se encontraba en la máscara que había llegado aborrecer y odiar con intensidad.

Kaia lo observó ahora en silencio, atenta ante aquella mirada azulina levemente oscurecida por los recuerdos. No solo denotaban enojo, sino también predominaba una profunda tristeza que la dejó momentáneamente confusa.

El demonio de la isla Kanon soltó un profundo suspiro cerrando nuevamente los ojos, tratando de controlar sus turbulentas emociones antes de volverlos abrir con lentitud. Entonces de la palma de su mano comenzó a crear y a fluir unas pequeñas hondas de lava ardiente que se movían y fluctuaba como si se tratara de un flujo de magia, y que comenzaron a consumir la máscara de cuero hasta volverla nada. Solo las gotas de magma oscura en el pulcro suelo era una prueba de lo que se había consumido realmente.

—El destino a veces es mal interpretado por los seres humanos, muchacha.

Y con eso dicho, Defteros la miró a los ojos muy breve y significativamente antes de darse la vuelta y marcharse sin decirle nada más, solo dejando una estela de fuertes emociones que dejaron a la Pitonisa genuinamente sorprendida e incapaz de mover un solo musculo.

Ella lo observó marcharse, con el cabello detrás de su nuca erizado al percibir y oler todos esos sentimientos. Parpadeó suavemente antes de bajar un poco la mirada pensando solemnemente en sus palabras, puesto que al momento de decirlas se había percatado que la vieja profecía de un par de gemelos que nacería uno bajo la estrella de la buena fortuna y el otro bajo de la mala suerte siempre se había tratado de ellos.

Negó suavemente con la cabeza, mientras la esquina de sus labios se curvaba suavemente en una sonrisa irónica, recordaba perfectamente como la Pitonisa Madre de ese entonces le había contado esa triste historia. Pero jamás llegó a pensar que eso había afectado horriblemente hasta ese punto y hasta mucho más a esos hermanos, o mejor dicho… a uno solo.

Definitivamente Defteros de Géminis no poseía la misma horrible mirada de su gemelo. Y en ese instante donde le había hablado brevemente de su pasado realmente se lo había demostrado solo con una simple mirada.

Ciertamente era una pena que a veces los mensajes de la naturaleza que ellas tenían el deber de transmitir no fueran recibidos debidamente.

Kaia llevó lentamente una mano encima de su pecho donde su corazón latía con pesar. No sabía por completo su historia, pero no era difícil imaginársela. Además que, gracias a su pequeño don, que no era tan grande como el de su hermana, podía ver pequeños fragmentos de imágenes de la difícil vida de aquel niño de piel morena y cabello azulado.

Y que a pesar de toda su mala suerte, sostenía aun un bondadoso corazón.

No debería sentirse culpable, porque en primer lugar ellas ni siquiera habían nacido para esa época cuando se dicto dicha profecía, e igualmente las Pitonisas solo se encargaban de dar los mensajes a los humanos y allá ellos como debían de interpretarlos. No obstante, mientras caminaba para salir fuera del Templo de Géminis, no pudo evitar pensar que si no fueran por esos pequeños mensajes del mismo destino que la Villa de Delfos otorgaba, quizás él no hubiera tenido una vida tan dura después de todo.

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Había algo extraño en el ambiente.

Ya para a mediados de Marzo, Kaia no pudo evitar ponerse alerta, puesto que su instinto le indicaban que las cosas ya no marchaban con tanta naturalidad… era como si se sintiera repentinamente observada.

¿Algo maligno quizás?

Apretó los labios, mientras vigilaba el Santuario, sentada al pie de uno de los pilares de piedra que se encontraban junto al lugar vació donde en tiempos recientes había estado la estatua de Athena, un lugar sagrado que le proporcionaba una buena vista de toda la zona, con el sol comenzándose a ocultar por el horizonte y tomando prestada la fina y amplia visión de una lechuza. Aleteaba suavemente deslizándose por el cielo observando todo con sumo cuidado, buscando ese algo que la mantenía inquieta.

Sinceramente se sentía un poco frustrada, porque hasta los momentos no había recibido ningún mensaje de la naturaleza, y al parecer su hermana tampoco, dado que esta no le había mencionado nada al respecto. Solo agradecía que Ione no percibiera esa inquietud que la atenazaba a ella, pero era comprensible, puesto que sus sentidos eran muchos más desarrollados que una Pitonisa común. Por lo menos así la Oráculo no tendría que tener los nervios de punta o preocuparse por si algo pudiera ocurrir de improvisto.

Sin embargo, cuando estuvo a punto de transmitirle al ave que cambiara la dirección de vuelo se vio obligada a dejar de controlar a la lechuza que se alteró por romper la conexión tan bruscamente. Y ella que había permanecido todo ese tiempo en el suelo aun lado de la gran estatua de la Diosa totalmente concentrada, soltó un leve jadeo de sorpresa llevando su mano a su pecho.

Sus ojos se cerraron nuevamente casi de inmediato al ver aquellas imágenes que acudían a su mente siendo muy poco nítidas, pero que aun así podía reconocer, y sinceramente lo que vio no le gusto para nada.

Un par de seres humanos de negra armadura, irrumpiendo cerca del Santuario y…

Llevándose a Ione a la fuerza bajo las estrellas de un cielo nocturno.

Apretó con fuerza lo dientes para evitar gruñir con ferocidad, obligando a su lado salvaje retroceder, porque no era el momento ni el lugar para dejarlo salir. Respiró hondo para tranquilizarse un poco, y comenzar analizar aquella visión con más calma de la que en realidad sentía, y mientras lo hacía, no dudo en ir de inmediato a ver a su hermana para asegurarse que se encontraba bien y a salvo.

Finalmente la encontró sentada en la amplia habitación blanca de tras de la enorme cortina mirando el paisaje que le brindaba la ventana, entonces pudo respirar con alivio.

—¿Sucede algo?

Le sonrió levemente a su hermana menor que había notado rápidamente su presencia, y la miraba con ojos curiosos y algo confundidos, porque obviamente por la conexión que poseían sabía que algo raro pasaba.

—No nada, solo vine a chequear como estabas —le dijo negando con suavidad.

Y decidió marcharse, puesto que si se quedaba por más tiempo lo más probable es que iba hacer interrogada. Ione se le veía tranquila así que supuso rápidamente que solo ella había tenido aquella visión.

Sus pasos la condujeron hacia las afueras del Templo del Patriarca, observando atenta la tonalidad del cielo que estaba empezando agarrar un brillo oscuro.

Eso era lo que su instinto le había estado indicado todo ese tiempo, esa misma noche intentarían llevar a su hermana.

No tenía idea del porqué, pero el solo simple hecho que quisieran secuestrarla era más que suficiente como para hacer que su lado protector se pusiera en guardia sin siquiera cuestionarse lo demás.

Y obviamente no iba a permitirlo.

Más inquieta que nunca, dio una vuelta por todo el lugar esperando que anocheciera, porque por más que rondara la zonas cercanas al Santuario no hallo algo que le indicara que algún invasor estuviera cerca. Sabía que el mensaje que había vislumbrado era bien entrada la madrugada, entonces lo único que tenía que hacer era esperar, aun así no podía evitar impacientarse hasta casi sentirse como un animal enjaulado.

Por esa misma razón se quedó sentada en lo alto de la rama de un gran árbol que rodeaba al último Templo, aguardando con sus sentidos vibrando en su interior ante la anticipación. Sus uñas estaban clavadas en la corteza, hundiéndose cada vez más al pensar en aquellas pobres almas que intentarían siquiera tocar un solo cabello de su hermana. Pero conforme los minutos pasaban, una idea paso por su cabeza.

¿Qué tal si se hacía pasar por Ione para descubrir porque iban detrás de ella?

Sonaba un poco descabellado, pero de verdad ameritaba saberlo, no simplemente ir por sus cuellos sin saber exactamente sus motivos, en especial cuando se suponía que casi nadie sabía que la Oráculo de Delfos residía ahora en el Santuario más que los propios Santos Dorados y alguna que otra Vestal.

Su mirada subió al cielo donde la posición de la luna indicaba que ya era bien avanzada la madrugada antes de que las nubes comenzaron a ocultarla, sumiendo todo en una noche un poco más oscura. Allí decidió bajar y comenzar a descender pensando que los intrusos debían de acercarse primero por el norte donde terminaba el pueblo y daba comienzo al frondoso bosque junto al Santuario.

No le importo para nada internarse dentro de las Casas Zodiacales, ignorando si sus Guardianes permanecían dormidos o no, en su mente había solo un objetivo como si olvidara por un momento todo lo demás que la rodeara. He instantes después de atravesar el Templo de Aries, su mirada se volvió un poco más salvaje, al tiempo que llevaba su mano a la tira que sujetaba su cabello y lo soltó dejándolo libre y que la brisa meciera un poco sus hondas naturales.

Una sonrisa astuta adornó sus labios, puesto que no le era para nada difícil aparentar ser su hermana.

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Ione se despertó exaltada, su respiración se encontraba agitada y sentía que su corazón se iba a salir de su cuerpo en cualquier momento. Se llevó una mano al pecho al tiempo que se sentaba a la orilla de la cama parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la oscuridad. Tenía una pequeña opresión en su pecho, como si fuera un mal presentimiento.

Kaia.

Alzó la mirada dando un rápido vistazo por la amplia habitación, confirmando rápidamente que su hermana no se encontraba allí. Y que debería estar durmiendo a esas horas junto a ella, sin embargo, esa noche se acostó sin preocupaciones de que Kaia a veces le gustaba dar paseos nocturnos antes de ir a la cama dado por su naturaleza y ella estaba acostumbrada a eso, pero esta vez estaba consiente que las cosas podrían ser muy diferentes.

Sus pies descalzos la llevaron a recorrer la habitación con ansiedad, dándole vueltas varias veces al asunto y a esa insistente presión en su pecho dada la conexión que tenía con la naturaleza que le llevaba a creer que tenía algo que ver con su hermana mayor. Sabía que la Pitonisa se había comportado de una manera un tanto extraña esa misma tarde cuando irrumpió tan repentinamente a su habitación, le pareció que su mirada le ocultaba algo, pero se había ido tan rápidamente que pensó un segundo que solo se lo había imaginado. Se mordió el labio inferior mirando nerviosa la puerta blanca mientras jugueteaba con sus manos tratando de decidir qué hacer, porque sinceramente no deseaba salir, preferiría quedarse oculta y no encontrarse con esos hombres de brillantes armaduras y de impresionante poder, a pesar que Kaia ya le había dicho anteriormente que por ahora no representaban peligro alguno, prácticamente lo mismo que le había mencionado el Patriarca hacía tiempo ya.

No estaba realmente segura si debía de confiar, había vivido tantos años aislada que no sabía cómo actuar o que hacer ante desconocidos, y en ese lugar solo había mantenido una mera conversación con el mismo Pope, la Vestal Madre de abundante cabellera cobriza y con ninguno más.

Estaba segura que casi nadie sabía de su existencia y deseaba que se mantuviera así por los momentos.

Pero… ahora simplemente no podía quedarse sentada y esperar, sabía que a su hermana le sucedía algo, lo podía sentir hasta al fondo de su ser y no podía ignorarlo, ella era lo más preciado que tenía en la vida.

Así que tomando una gran bocanada de aire para darse valor, ignoró el acelerado latido de su corazón desbocado por el temor y caminó hacia la puerta para salir de la habitación que por todos esos meses había sido su refugio personal ante ese mundo de personas desconocidas. Y lo único que le aliviaba un poco era que a esas altas horas de la madrugada no habría demasiados inquilinos despiertos, lo cual hacia esa pequeña aventura un poco más tolerable.

Se escabulló con pasos silenciosos por los amplios pasillos y sala hasta que finalmente la condujeron hacia la entrada del Templo Papal, y desde allí observó algo ansiosa todo el camino que tendría que recorrer para salir del Santuario, porque tenía el leve presentimiento que Kaia se encontraba a las afueras de este. Y con pasos dudosos, comenzó a bajar los escalones que la conduciría al Templo de Piscis, lamentándose una vez más no tener la habilidad y agilidad de su hermana para trepar árboles o escalar peñascos y demás, dado que ahora se veía en la dura obligación de atravesar las Doce Casas Zodiacales en vez de rodearlas como le había escuchado decir.

Por lo menos no había tenido problemas al entrar a Piscis. Lo único que percibió fue un aura de profunda soledad, y en Acuario solo le dieron ciertos escalofríos, dado que se sentía mucho más fresco que el exterior. En Capricornio tampoco fue problema a pesar que estuvo a punto de morir de un susto al escuchar el mero ruido de unos pasos, pero salió huyendo antes de siquiera saber a quién le pertenecían.

Por otro lado, en Sagitario estuvo más segura por el silencio que reinaba en el lugar, como si su Guardián aún no se había levantado para cumplir con sus labores, y no era para menos porque faltaba más o menos como una hora antes del amanecer. Y en el Templo de Escorpio reinaba el silencio al igual que en el de Libra, recodando que había escuchado mencionar a su hermana que esos Caballeros se encontraban muy lejos de allí lo cual le pareció estupendo. No obstante, en Virgo fue un asunto muy distinto, porque encontró al Santo de Oro meditando en la sala principal, no estaba segura si había notado su presencia, o si simplemente la había ignorado… pero tampoco se quedó allí para averiguarlo, solo pasó lo más rápido que pudo algo nerviosa sin hacer demasiado ruido.

En el Quinto Templo igualmente reinaba el silencio como en Libra, puesto que el pequeño león se encontraba de viaje, y solo brevemente se lamento de ese hecho teniendo más que curiosidad por conocer a ese joven. En Cancer había escuchado pequeños pasos corretear, y también oír alguna que otra maldición vagamente al momento de salir del Templo, prestándole a esas alturas poca atención dado que sentía una ligera ansiedad por encontrar a Kaia lo más pronto posible para asegurarse por sí misma de que estaba bien, y regresar sin ningún contratiempo a su recinto actual.

Podía saborear finalmente el alivio cuando estaba más próxima al salir por fin de las Doce Casas, sin embargo, al atravesar la Casa de Géminis creyendo que podía salir invicta sin haberse topado con nadie, se encontró para su mala suerte, con el Santo Dorado de pie en medio de la sala mirándola fijamente con ojos sumamente curiosos cuando detecto su presencia.

Defteros observó con atención a la mujer que tenía en frente que se veía un poco pálida ante él.

Se había despertado en medio de la noche producto de una pesadilla que lo venía persiguiendo desde que había regresado a la vida. No persistían todo el tiempo, pero si lo suficientemente a menudo como para considerar pasar noches en velas ante ese tormento, porque en sus sueños lo atenazaban esos últimos segundos antes de morir, esa cruda sensación del poder atroz de su cosmos chocando con el de su hermano en una abrumadora energía que barrio por completo su cuerpo, para luego ver fijamente aquella mirada malvada volverse genuina y de ese azul natural viéndose uno al otro hasta que la oscuridad lo consumió por completo… y al despertar abriendo abruptamente los ojos domado por la agitación, se encontraba con que la armadura de Oro estaba arropando en su cuerpo. No sabía si la había llamado en sueños o simplemente siendo tan perceptiva a sus emociones lo intentaba reconfortar o proteger de cierta manera.

Por eso mismo había cogido la costumbre de levantarse de la cama después de esos episodios para salir y refrescar un poco sus pensamientos, porque sabía muy bien que no volvería a conciliar el sueño, no después de que esas emociones tan vividas latieran a través de él como una resonancia.

Lo curioso que esa noche a diferencia de las demás, se había topado con la gran casualidad que momentos después de haberse levantado y dirigirse a la sala principal del Templo, a su paso se había cruzado aquella mujer de mirada exótica y de abundante cabello, pero esta no pareció reparar en su presencia, simplemente siguió su camino con la decisión marcada en sus facciones delicadas rumbo más allá de la Casa de Géminis.

Eso sin lugar a dudas le había parecido algo sospechoso, pero contando que no era asunto suyo tomó la decisión de no entrometerse, a pesar que esa mujer misteriosa hacia todo lo contrario en su vida desde que la conoció.

Ahora se encontraba con que aparentemente la misma muchacha permanecía justo al frente de él, siendo bastante rato que la vio pasar, pero que curiosamente en todo el momento que llevaba allí jamás la había visto regresar de vuelta.

Arqueó una ceja, viéndola fijamente como su abundante cabello castaño oscuro estaba suelto y cayendo en hondas hasta muy por debajo de las caderas, pero a diferencia de las muchas otras ocasiones que se la había encontrado, ahora ella tenía una postura distinta... un poco más retraída, inmóvil como una estatua griega, como si su sola presencia la intimidara y le causara más desconfianza que las veces anteriores, y asegurándose de mantener una distancia bastante considerable de él.

Y esa mirada…

Era también muy diferente, como si le tuviera alguna especie de temor y no esos orbes curiosos y vivaces, aparte también que se negaba mirarlo directo a los ojos.

Casi era como si estuviera en presencia de otra persona, como si…

Un momento.

Un maldito momento.

Dejó de cruzar los brazos en su pecho domado totalmente por la incredulidad ante la nueva revelación, recordando como el Pope les había mencionado en la primera reunión de los Dorados de como dos mujeres pertenecientes de la Villa de Delfos habían llegado al Santuario, y que todos hasta los momentos habían visto solo a una.

Hasta ahora.

Él más que nadie estaba familiarizado con el tema de los gemelos, de lo parecidos físicamente que podrían ser. Más la gran diferencia casi siempre residía en las personalidades, justo como en ese momento.

Gemelas, la Oráculo y la Pitonisa proveniente de Delfos no solo eran hermanas, sino también gemelas.

Una sonrisa un tanto sarcástica curvó sus labios ante la ironía y casualidad de todo. Y ciertamente la verdad es que lo había pillado totalmente desprevenido.

Por su parte, Ione tragó con dificultad al tiempo que su corazón dio un poderoso vuelco en su pecho, uniéndose a esa sensación que la había despertado en primer lugar. Esa mirada azul profunda casi congeló la sangre en sus venas, puesto que era prácticamente la misma que había visto en aquella visión hace tanto tiempo atrás, de ese cruel hombre que había asesinado a unas inocentes Pitonisas que su único pecado fue confiar en el Santo Dorado para dar la predicción del Santuario. Aun así se repitió así misma que no era el mismo hombre, tratando de aplastar su pánico y el miedo visceral que rugía como un nido de serpientes en su estómago, Kaia se había encargado personalmente de vigilarlo hasta llegar a la conclusión de que no consistía un verdadero peligro para ninguna, pero honestamente una parte de ella se negaba a creerlo, dado el parecido casi exacto entre los dos.

Carraspeó suavemente la garganta para agarrar valor de alguna parte de su ser, su hermana estaba en alguna parte en una situación y que seguramente no ameritaba nada bueno según su intuición. Y aunque seguramente no podría ayudarla como quisiera, en cualquier de los casos estaría allí para hacer todo lo que estuviera a su alcance… no la dejaría a su suerte, estaría a su lado siempre que los Dioses se lo permitieran.

Pensó en seguir su camino, ignorando lo mejor que podía aquel Caballero de Oro, porque a pesar que por dentro se estremecía como una hoja por fuera intentaba mantenerse digna, aunque cualquiera que estuviera prestando la debida atención notaria el ligero temblor de sus manos. Sin embargo, todo eso se desplomó en un segundo en el momento en el que él levanto su brazo para impedirle el paso.

—Oráculo —habló finalmente el Santo de Géminis con voz baja, pero en un tono grave—¿Piensa salir del Santuario?

Ella parpadeó varias veces asombrada de que la detuviera porque sinceramente no se lo había esperado. Y al mismo tiempo Defteros intentó no suspirar con algo de exasperación, puesto que meditándolo rápidamente no podía dejar que esa mujer se aventurara al exterior y mucho menos sola y a esas horas. Ciertamente no era asunto suyo lo que pretendía hacer ella al igual que paso con su hermana, pero en este caso la Oráculo de Delfos era una alta prioridad para ellos como si fuera la misma Diosa Athena que tendrían que proteger.

Era de gran importancia para el futuro del Santuario y no debía correr ningún peligro.

Primero el Patriarca lo despellejaría vivo si se enterase que la había dejado marchar sin haber intervenido.

Por otro lado, Ione intentó no entrar en un pánico mayor, deseando regresar desesperadamente a la seguridad de su habitación. No sabía que hacer o cómo actuar, era como si su mente se hubiera quedado repentinamente en blanco ante esa mera acción. Ese hombre poseía una gruesa e imponente voz, y ni hablar de su estatura.

—¿Y bien?

Ella se casi salta fuera de su piel internamente al escucharlo, volviéndose cada vez más nerviosa retrocediendo un par de pasos, pero no más puesto que realmente no pensaba retirarse. Aunque sinceramente no tenía ni la más remota idea de cómo le haría para pasar a ese titán de fuerza descomunal.

—Y-Yo…

El hombre de piel morena arqueó una ceja azulada bajando lentamente el brazo esperando su respuesta. Reparando rápidamente como ella insistía en no mirarlo a los ojos, su mirada bicolor no subía más allá de su barbilla debía suponer. Se notaba a kilómetros que era una mujer muy precavida y desconfiada, aunque de una manera muy diferente por lo que había visto en su gemela.

La Oráculo trató de suprimir los nervios respirando hondo e intentar salir de esa situación lo más rápido que pudiera.

—N-Necesito ir a resolver un asunto —respondió simplemente sintiéndose orgullosa que no le temblara demasiado la voz. Posando su mirada ansiosa a los lejos, allá donde la salida del Templo se encontraba como una bendición.

—¿Un asunto? —repito él para sí mismo, preguntándose qué sería tan importante como para realizarlo a esas horas, y de paso para completarlo a las afueras donde su protección seria casi nula. No, definitivamente no podía dejarla ir si apreciaba su propia vida—Lamento decirlo, pero me temo que no puedo dejarla marchar por su seguridad.

Ione se tensó ante sus palabras, pero en vez de escuchar a su sentido común y retirarse como en realidad quería hacerlo, la inquietud que burbujeaba en su interior al pensar en su hermana gano la partida.

Apretó firmemente los labios con decisión, oprimiendo una mano en su pecho aun con la ansiedad latente en su interior.

—Voy a ir —comenzó a decir con certeza inamovible, incluso con el miedo atenazando su garganta en un apretón de hierro—Es mi hermana, y nada me impedirá estar con ella.

Y por casi una milésima de segundo, Defteros notó como ella pudo ser capaz de observarlo directo a los ojos para después desviar la mirada de nuevo rápidamente, pero por ese minúsculo instante vio por sí mismo la seguridad y que realmente no iba a ceder. Era un misterio que era lo que le ocurría a su gemela como para colocarla en esa situación que claramente estaba fuera de su zona de confort.

Dejó escapar un lento suspiro, porque no tenía muchas opciones y tenía el presentimiento que no sería aceptable que la tomara en brazos y llevara a su recinto, bien podría ofenderse y decidir marcharse, lo cual podría ser perjudicial para todos ellos de alguna forma.

Maldición, al parecer no le quedaba de otra.

—Bien… —se dio media vuelta dándole la espalda—Entonces mi deber será escoltarla, al Patriarca le importa su seguridad antes que a nada.

Ione se alarmó una vez más, no deseando la compañía de alguien desconocido y mucho menos del hermano de quien le causo mucho dalo a la Villa.

En su experiencia, las personas no eran de fiar.

—P-Puedo hallar a Kaia sola, puesto que tenemos una enorme conexión —aseguró velozmente con un leve balbuceo, sus uñas mordiendo duramente la piel suave de sus manos en un intento por anclarse a un valor que realmente no sentía.

Él le dedicó una media sonrisa mostrando ese pequeño colmillo digno de un demonio para luego mirarla sobre su hombro.

—Y no me cabe duda de eso, muchacha —le dijo con un eje de tristeza que supo ocultar muy bien, porque él más que nadie sabía de lo que ella se estaba refiriendo. Hace mucho tiempo atrás había tenido esa clase de conexión muy fuerte y sólida que solo los gemelos eran capaces de entender, pero al distanciarse una gran parte de esa rara habilidad se fue perdiendo. Si bien no se había extinguido completamente, a veces se preguntaba si alguna vez volverían afianzar ese vínculo—Pero me temo que no daré mi brazo a torcer... y entonces es aquí donde usted decide, o la acompaño a buscar a su hermana o ninguno de los dos saldrá del Templo de Géminis.

Ella tragó hondo viéndose completamente acorralada, incapaz de pensar en algo lo suficientemente rápido y bueno como para seguir evadiéndolo. Así que lo único que pudo hacer es asentir lentamente y a regañadientes después de mucho meditarlo, pensando que la seguridad de su gemela era mucho más importante que su renuencia de ser acompañada.

—Entonces en marcha —susurró él.

Y así el hombre de cabello azulado y de impecable armadura Dorada se encamino con la mujer hacia el exterior de las Doce Casas, sin poder evitar como un nombre acudió rápidamente a su mente mencionado por ella misma.

¿Kaia?

Con que ese era el nombre de la misteriosa mujer…

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En ese momento la Pitonisa pensó que el autocontrol siempre había sido crucial para ella, y ahora más que nunca tenia que ser capaz de resistirse a la tentación de dejar salir su lado más salvaje ante esos dos hombres que solo la trataban como aun saco inútil de carne.

Unos Santos de Negra armadura, los mismos que había visto en su visión, y que se hacían llamar León Menor Negro y Centauro Negro… este ultimo la cargaba sobre su hombro, un sujeto corpulento y de sonrisa algo arrogante y orgullosa de portar aquella fuerza. Mientras que el otro de complexión normal se mantenía a su lado al tiempo que caminaban con total tranquilidad y seguridad, satisfechos de haber cumplido con su misión de la mejor manera posible sin llamar la atención no deseada de los Guerreros más fuerte de la Diosa Athena.

—Debo decir que me esperaba mas seguridad de parte del Santuario.

El hombre corpulento chasqueó la lengua con una enorme sonrisa antes de hablar internándose aún más en lo profundo del bosque.

—Después de la Guerra Santa su número se redujo bastante, y además elegimos la hora perfecta para actuar. Es una completa suerte que la mujer nos facilitara las cosas agradablemente sin tener que irrumpir demasiado —dijo riendo entre dientes ante esa gran hazaña.

Kaia rodó los ojos, tragándose la rabia que sentía al ser tratada de esa manera, además que sus manos estaban atadas a su espalda y se encontraba amordazada. Estaba de mas decir que se sentía totalmente ofendida de que alguien tan despreciable osara a jactarse que fue una presa fácil, cuando en realidad prácticamente se dejó atrapar yendo directamente en la trampa.

Pero por más que deseaba terminar aquella situación, su deber ahora era averiguar a donde se dirigían, y quien era la mente detrás de todo eso para poder poner cartas en el asunto si era necesario. Por eso mismo solo se encargaba de quedarse quieta, cooperar y tratar de escuchar todo lo que pudiera, puesto que a según lo que les había oído decir era que al parecer pensaban erróneamente que ella era la Oráculo, y no porque sabían realmente quien era, sino porque creían que toda aquella femenina que poseía las marcas rojizas de bajo de los ojos era símbolo de serlo. Eso lo había averiguado en parte, dado que cuando la capturaron comprobaron que las marcas eran reales y no simplemente pintadas sobre la piel… algo que le había dado repulsión cabía destacar.

Eso la aliviaba de cierta manera, ya que en sí no sabían prácticamente nada de lo que consistía la Villa de Delfos y de sus habitantes. Pero a esas alturas se percató tardíamente que la visión que había visto no había sido Ione, sino más bien ella misma, y que por su naturaleza feroz y protectora se había anticipado a los hechos demasiado pronto.

—¿Pero cómo el signore pensara sacarle la información? —preguntó nuevamente León Menor.

Eso llamó la atención inmediata de la Pitonisa que entornó los ojos escuchando atentamente.

—Sinceramente no lo sé, pero imagino que tendrá sus buenos métodos —respondió alzando su mano libre que estaba apretada en un puño firme al tiempo que mirando al otro con una sonrisa—Aunque yo no podría, la armadura de Centauro Negro me da mucha fuerza y podría matarla de un solo golpe antes de tiempo.

El otro solo se carcajeó ante la insinuación, encantado con esa opción sin percatarse como la mirada de Kaia cambiaba por completo, volviéndose mucho más brillante con forme la ira se habría paso en su interior.

—Lo bueno es que es baja y delgada, no aguantara más que un par de golpes antes de que confiese finalmente.

Y antes de que alguno de los siquiera pudieran reaccionar, un enorme cuerpo de denso pelaje estaba aplastándolos a la altura del pecho. Al tiempo que un par de ojos bicolor los miraba con ferocidad y con un arsenal de dientes preparados para desgarrarlos sin piedad alguna.

Mientras tanto, no muy lejos de allí, Defteros se encargó de ir siempre delante de la mujer de larga cabellera, aunque realmente esto no suponía ningún problema, puesto que ella siempre se mantenía a una distancia prudente de él. Aun así, no deseaba que se alejara demasiado por si algún peligro estuviera asechándolos repentinamente, y su deber ahora consistía en proteger a la Oráculo sobre todo lo demás. Y conforme se acercaban donde la joven mujer le había indicado que creía que se encontraba su hermana dada sus fuertes emociones, entonces el Geminiano comenzó a percibir una energía poderosa, pero muy diferente al cosmos que estaba acostumbrado a presentir en las personas.

—Hay que tener cuidado —le murmuró en voz baja mirándola rápidamente sobre su hombro viendo como asentía lentamente atemorizada.

Pero casi al instante se escucharon una conmoción y unos ruidos extraños. El de tez morena no dudo en correr hacia aquella dirección siendo seguido por ella, preguntándose si de verdad la otra muchacha corría grave peligro, sin embargo, la escena que se presentó en frente de ambos sugirió que era todo lo contrario.

Allí bajo el cielo nocturno apresando a dos guerreros portadores de Cloth oscuras no podía ser otro animal más que un enorme Direwolf de denso pelaje gris platinado, y que mantenía a ese par de sujetos prisioneros con sus poderosas patas delanteras cada una aplastando el pecho cada sujeto contra el suelo para evitar que se levantaran.

Sus ojos azules se abrieron de par en par al ver semejante criatura salida directamente de un libro mitológico, tan grande que no suponía ningún problema intimidar con facilidad a los guerreros más fuertes con esos dientes capaces de destrozar la carne con facilidad, y esos ojos que le parecieron un poco familiares…

No le harán daño a mi hermana si yo puedo impedirlo.

Esa voz feroz con un tono femenino provenía del animal, como si sus pensamientos fueran transmitidos en voz alta para que todos los presentes pudieran escucharla.

Los hombres más que asustados, estaban impactados y sorprendidos tratando de quitar ese enorme peso que ejercía sobre ellos, mientras maldecían pensando rápidamente que hacer ante esa situación tan imprevista.

—¡Maldición!, ¡Maldita bestia! —escupió uno de ellos alterado al ver como esas fauces se acercaban amenazadoramente a ellos al tiempo que gruñía y se relamía los dientes como si pudiera saborear ya su carne ensangrentada.

—¡Kaia!

El grito de Ione pareció hacer reaccionar al gran animal, que se detuvo al instante para alzar la cabeza y con sus orejas totalmente erguidas viendo fijamente a la mujer que estaba a tan solos a unos pocos pasos al lado del Santo Dorado.

—Adelfí …—el Direwolf dio un pequeño salto hacia ella ignorando por completo la mirada del hombre moreno, teniendo su completa atención en su hermana—No debes estar aquí, es completamente peligroso.

Defteros iba actuar, pero se detuvo al ver lo dócil que se había vuelto en un parpadeo, preguntándose si debería dejarla acercarse a la Oráculo a pesar que parecía que obviamente se conocían. Sintiendo al mismo tiempo su propio cuerpo en tensión ante la presencia de la enorme bestia que poseía una mirada que brillaba con inteligencia, con un ojo color avellana y el otro lila, unas curiosas marcas rojas de bajo de estos en ese abundante pelaje platinado, pero antes de agregar algo observó de reojo un movimiento de parte de esos seres malignos que lo puso nuevamente alerta junto con el animal.

—¡Seguramente es la otra!, ¡Agárrala y huyamos! —exclamó el corpulento hombre a punto de lanzarle un ataque hacia el Direwolf que le gruñó enfurecido interponiéndose entre él y la joven mujer—¡Photia Rouphithr…!

Pero justo antes de siquiera de terminar de lanzar la técnica, al tiempo que el otro en una alta velocidad se dirigió rápidamente a un costado para agarrar a la Oráculo seguramente, el Santo de Géminis susurrando una maldición silenciosa se agachó rápidamente para posar una mano en el suelo mirando fijamente a los agresores.

¡Mauros eruption crust!

Repentinamente el suelo se abrió justamente de bajo de los Santos Negros, y un chorro potente de magma los atrapó con una fuerza devastadora como si fuera un geiser quemando sus cuerpos en vida hasta el punto de consumirlos por completo, solo dejando rastro de viscosa lava oscura y cenizas en el aire.

Defteros se levantó con lentitud, apretando la mandíbula con algo de irritación, puesto que al eliminarlos había desecho completamente cualquier opción de información que pudiera sacarles a alguno de ellos. Con un profundo suspiro se dijo que no había nada que hacer, ya que lo que lo hecho, hecho estaba. Así que su mirada regresó a la Oráculo que parecía claramente afectada ante el intento de ataque, de pie junto aquel enorme animal. La coronilla de la cabeza de Ione apenas le llegaba a la altura del lomo, lo cual esto lo hacia bastante imponente hasta sobrepasar su propia altura… y eso que se consideraba uno de los Caballeros más altos después del Santo de Tauro.

—¿Q-Que paso? —preguntó la Oráculo, subiendo temblorosamente su mano para posarla en el pelaje del Direwolf que conocía también y que la había protegido toda su vida.

El gigantesco lobo bajó un poco su cabeza para dejar que ella le acariciara y así ayudarla a tranquilizarse un poco. Pero internamente pensó que no podía decirle la verdad, que intentaron secuestrarla a ella porque querían el poder de la Oráculo de Delfos, simplemente no podía decirle eso a su hermana. De por si vivía con inseguridad como para caerle con esa noticia, no deseaba que tuviera que vivir mirando sobre su hombro con temor.

Sencillamente no se merecía esa vida.

No debes salir del Santuario, adelfí, es peligroso para ti —le dijo a su vez ignorando su pregunta y alzando su mirada viendo la confusión en los ojos de Ione—Mejor regresemos… —murmuró con suavidad y antes de que pudiera objetar algo más, ella cerró los ojos y volvió a su forma humana en un pequeño destello de brillo.

Solo entonces Kaia posó sus ojos en el Caballero de Oro que solo las observaba en silencio, evaluando la situación.

El hombre de piel morena estaba impresionado por todo lo que paso, pero aun así no lo demostrada. En ese momento podía notar lo idéntico del parecido de las gemelas, sobre todo porque ahora Kaia portaba su largo cabello suelto justo como el de su hermana lo cual hacia casi imposible diferenciarlas. Respirando profundamente pasó una mano por su cabello azul oscuro tratando de eliminar la tensión de su cuerpo ante lo que acaba de pasar, y con paso tranquilo se acercó a ambas pensando que sería mejor dejar el centenar de preguntas para más tarde.

—¿Estas bien? —preguntó con suavidad atento aquella mirada bicolor.

Por un momento, Kaia se sorprendió por el simple hecho de que él se dirigía a ella sin haber dudado por ningún segundo a cuál de las dos se dirigía, como tantas personas les había pasado. Hasta las mismas mujeres de la villa con que se habían criado se habían equivocado alguna vez.

Era agradablemente refrescante saber que alguien más pudiera hacerlo.

—Estoy perfectamente —respondió con suavidad—Puedo cuidarme sola, daimónio.

Defteros solo dejó escapar un ligero gruñido antes de responder.

—Eso acabo de notarlo —murmuró más para sí mismo que para ellas—Regresemos al Santuario… debemos informarle al Patriarca lo sucedido y necesito el testimonio de ambas.

Eso último logró tensar más a Ione que a la propia Kaia, aunque esta última no le agradaba demasiado la idea de tocar el tema de su habilidad. Pero antes de poder siquiera presentar una queja o negativa ya el Santo de Oro había empezado emprender el camino de regreso, puesto que ya estaba dando indicios de comenzar el amanecer. Lo cual ambas no tuvieron otra opción más que intercambiar miradas un poco preocupadas antes de seguirlo, y cada uno inmersos en sus propios pensamientos.

En el momento en que cruzaron Tauro, Aldebaran que se había recién levantado solo pudo mirarlos con ambas cejas levantadas claramente sorprendido, pero sabiamente no dijo nada al respecto al ver pasar a las gemelas. Mientras que Defteros solo se lamentó de no poder usar la otra técnica de Another Dimension para teletransportar a los tres directamente con Shion, dado que no seria bien sobrellevado por las mujeres, sobre todo la Oráculo que se veía más reacia a confiar en alguno de ellos.

Sin embargo, esa idea no resulto tan mala cuando tuvieron que atravesar la Cuarta Casa Zodiacal.

—¿Oh? Pero vaya que esto si es jodidamente interesante.

El hombre de tez morena evitó no rodar los ojos ante las palabras mordaces de su compañero de armas. Pero obtusamente este se les atravesó en el camino con una sonrisa de oreja a oreja y con sus ojos azul violetas brillando con burla y diversión sin querer desaprovechar esta jugosa oportunidad, causando que el demonio de la Isla Kanon casi gruñera con molestia. Lo único que le impedía hacerlo a un lado bruscamente era la pequeña niña italiana que se encontraba sentada en su hombro viéndolos con curiosidad e inocencia.

—Manigoldo… —murmuró este casi sin paciencia—Hazte a un lado.

No obstante, el Canceriano chasqueó la lengua antes de posar su mano libre en la cadera.

—Es que estoy malditamente impresionado. Yo que pensé que ibas a morir en celibato, y no solo llegas con una, sino con una copia —para hacer énfasis a sus palabras señaló con su pulgar a las gemelas con una sonrisa burlona—No conocía ese lado de ti, hombre, me gusta.

Deffteros tensó la mandíbula lanzándole una mirada peligrosa dispuesto apartar a la pequeña para poder encargarse del padre.

Papà granchio —Mellea llamó suavemente a su padre jalando un poco un mechón de corto cabello azul—Hambre ahora.

—Bien, bien ya vamos —repuso este de mala gana, pero al mismo tiempo agradeciendo internamente de haber sido salvado por la campana—Tragas como un barril sin fondo, mocosa —y con un movimiento de su mano y una sonrisa sarcástica adornando sus labios se despidió de los presentes.

El Geminiano solo atinó a masajear las sienes antes de negar agradeciendo que Kardia no se encontrara en el Santuario para lanzarle unas cuantas indirectas similares. Y las hermanas solo se encontraban intrigadas ante esa conversación, aunque Ione se encargó de ocultarse atrás de su gemela por puro instinto ante la presencia de un nuevo hombre que al parecer no sabia respetar el espacio personal de nadie.

—Vamos —les indicó levemente el Santo avanzando nuevamente terminando de atravesar la Casa de Cancer.

Por fortuna el resto de los Templos no supuso ningún otro percance dado que la mayoría de las Casas Zodiacales se encontraban solitarias, dado que sus Guardianes no se encontraban por diferentes motivos, solo El Cid con un leve movimiento de cabeza los dejó pasar por Capricornio con su rostro de granito impasible ante la presencia de las dos mujeres. Degel al parecer estaba pasando tiempo de caridad con su esposa, puesto que tampoco lo habían visto, mientras que por otro lado, se habían topado con Albafika que prácticamente tuvo casi la misma reacción que el Santo de Tauro, y que los dejó pasar sin ningún comentario, solo sus cejas azul celestes estaban alzadas demostrando de esa manera su sorpresa.

Llegar finalmente al Templo Papal fue todo un alivio para el hombre moreno, ya que todos esos acontecimientos en tan poco tiempo fueron de gran impacto, aun más siendo esos meses tan pacíficos. Sin embargo, no cabía dudas que las cosas podían ponerse rápidamente tensas, dada la aparición de esos seres malignos que todos habían creído eliminados hacia ya muchos años atrás.

—Gran Patriarca —Defteros posó una rodilla en el suelo mientras inclinaba la cabeza en el usual saludo que se le profesaba al líder de todos ellos. Aunque siendo honesto seguía siendo un poco extraño ver a ese joven hombre en tan importante puesto y no resguardando el Templo de Aries.

—De pie, Defteros —respondió con suavidad haciendo un leve gesto con la mano—Debo decir que esto en bastante inusual —comento rápidamente el Patriarca observando la presencia de las mujeres de Delfos. Era una suerte que tenía el hábito de madrugar, tan pronto como el sol tocaba el punto más álgido del Santuario—Pero confió de que se trata de algo de suma importancia.

—Así es, en menos de media hora sucedió un altercado… —luego se detuvo abruptamente, tensando al mismo tiempo la mandíbula al percatarse del dímela en que se había metido.

Por solo un instante observó sobre su hombro, sosteniendo atentamente la mirada de la Pitonisa que era bastante intensa, y denotaba también un poco de nerviosismo que lo hizo resoplar con fuerza volviendo nuevamente su vista al frente donde el Patriarca esperaba su respuesta. Para él era obvio que el poder de la gran bestia feroz era un secreto muy bien guardado entre las hermanas y que no deseaba revelar, puesto que era algo privado, pero por otro lado debía informarle a su superior exactamente como habían sucedido las cosas. Y decir que un Direwolf mitológico había aparecido de la nada reteniendo a los Santos Negros antes de volver a desaparecer no sonaba demasiado lógico ni tampoco creíble.

Apretó los puños con algo de fuerza, no deseaba colocarla en una situación incómoda… aquella mirada se lo había dicho todo. Verdaderamente no comprendía porque le costaba tanto decir algo tan simple, sobre todo cuando ella había hurgado en su vida sin siquiera pestañear, pero suponía que debía relacionarlo con su pasado. Podría ser un demonio por fuera, pero en su interior seguía siendo un hombre demasiado amable y empático.

Maldición, ¿Que debía hacer?

Entonces un sutil roce en sus dedos de su mano izquierda causó que abriera los ojos con sorpresa, pero permaneció quieto sin llegar a girarse para mirar. Sabía perfectamente que era ella, dando sutilmente su permiso para que hablara, lo cual fue realmente un alivio para él.

Defteros carraspeó suavemente su garganta antes de comenzar hablar nuevamente, sin notar como el Lemuriano había mirado con curiosidad cada una de las reacciones y acciones del Santo de Géminis.

—Justo antes del amanecer aparecieron dos Santos Negros en el bosque alrededor del Santuario, más específicamente en el lado suroeste —comenzó a decir el hombre de ojos azul profundo—Sus intenciones eran muy claras, buscaban a la Oráculo de Delfos. Pero no obstante, la Pitonisa siendo no solo su hermana sino también su Guardiana tomó su lugar sin dudarlo. La Oráculo tenia las intenciones de ir en su búsqueda, me vi en el deber de acompañarla por su seguridad, y debido a que son gemelas tienen una gran conexión y podíamos llegar a ella más fácilmente —explicó brevemente antes de proseguir—Finalmente cuando llegamos a la escena, había un Direwolf reteniéndolos cuando intentaban huir con ella misma… —hasta él mismo pensó que se escuchaba como si hubiera perdido la cabeza fantaseando un sueño, pero así eran las cosas—Los Santos Negros intentaron atacar y llevarse a la Oráculo desesperadamente, así que no me quedo otra opción que eliminarlos al instante.

Shion escuchó atentamente sus palabras con calma ocultando su sorpresa inicial ante la mención del animal, y posteriormente cerró sus ojos para meditar profusamente antes de asentir con suavidad posando ahora su mirada en las hermanas.

—Debemos aumentar rápidamente la seguridad en el Santuario, y averiguar porque están rondando repentinamente, aparte de saber que nuestro numero disminuyo casi a lo mínimo cuando el resto de los Santos de Plata y Bronce quedaron sin cosmos —dijo antes de comenzar a ponerse lentamente de pie para bajar los pocos escalones del pedestal pensando que aparte de los Dorados revividos y de unas cuantas Vestales un gran grupo de jóvenes habían llegado para entrenar y convertirse en los nuevos guerreros que podían defender la voluntad de Athena, pero por ahora ellos no tenían casi experiencia como para siquiera ayudar, eso quería decir que tendrían que aumentar la intensidad de los entrenamientos—Gracias por venir a informarme y traerlas de vuelta sanas y salvas, Defteros, ya puedes retirarte —murmuró suavemente a unos pocos pasos de distancia del Caballero.

Defteros inclinó un poco la cabeza con respeto, sin embargo, antes de siquiera darse la vuelta para marcharse la voz del Patriarca lo detuvo nuevamente.

—Y por favor, mantén la información de la Pitonisa en secreto por los momentos —mayormente no quería que el rumor se corriera y que en algunas personas comenzara a infundirse el miedo, puesto que no era un tema que debía de tratarse tan a la ligera, nunca había visto un Direwolf, pero suponía que debía ser bastante sorprendente e intimidante.

Kaia observó atentamente como el Geminiano asintió con lentitud antes de comenzar a retirarse finalmente, y ella sintió un leve alivio aunque solo fuera momentáneo, puesto que la mirada penetrante del Patriarca en su dirección les indicó que le debía una muy larga explicación y del por qué se lo habían ocultado.

Pero mientras veía aquel hombre alto y moreno marcharse, no pudo evitar intercambiar una breve mirada con él antes de que este desapareciera finalmente tras las grandes puertas dobles.

Continuara...


Uff... cuantos sucesos e información hubo en este capitulo xd

Primero que nada, ¿que tal les pareció descubrir que estas mujeres son gemelas? ironía pura ¿no? jaja posteriormente subiremos a la pagina un dibujo de como se ve Kaia e Ione :3

Y sobre el tema de la transformación del Direwolf, se que suena bastante loco xD pero no sonaba tan fantasioso al recordar que en el Gaiden de Sisyphus aparecen centauros, y bueno ademas que los dioses son de carne y hueso en este anime/manga entonces no parece tan alocada la idea de una Pitonisa con esas habilidades (Y quisimos dar un giro completo a lo que concierne a las protas) y los Direwolf superan en tamaño a los lobos comunes, que si llegaron existir y que eran protagonistas en varias mitologías, aunque Kaia es mucho mas grande porque es... "especial" por así decirlo.

Pero no se preocupen, ya se ira explicando un poco mas de esto y de la Oráculo en el siguiente cap :3

Pd: "daimónio" significa "demonio" en griego.

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

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Okami Akai