¡Saludos, queridos lectores! Aquí les dejo el tercer capitulo, y que algunos se les hará familiar cierta parte por el pequeño spoiler que di en nuestra pagina de facebook, pero que ahora quizás se lleven una sorpresa interesante 7u7
En fin, aquí se explicara ciertas cositas importantes, así que atentos :3
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capítulo III
"Lýkos"
Grecia, Athena - Coliseo
Mayo, 07 de 1749
Las cosas en el Santuario se pusieron un poco tensas al correr de las semanas después de que un peligroso suceso casi se llevara dos vidas inocentes, pero que gracias a los Dioses y la valiente Vestal del Templo de Virgo no llegó a mayores, solo más que un enorme susto. Así mismo el Patriarca había tomado la decisión de que los Santos de Oro se turnaran para hacer rondas, aunque en un principio sabia que esto no seria suficiente, era mejor que nada, mientras los nuevos aprendices subían de nivel para ganarse las Cloth y atribuir más con la ayuda hacia el Santuario, pero por los momentos eso tendría que ser suficiente.
En ese momento algunos Caballeros de la Orden Zodiacal se encontraban en el Coliseo entrenando arduamente entre ellos mismos en un grupo pequeño, de esta manera sus habilidades físicas se mantuvieran en forma como lo había encomendado Shion, para que todos estuvieran en buenas condicionas por si algo llegara a suceder... Porque según la presencia de los Santos Negros eso podría suceder en cualquier momento, y a pesar que la terrible Guerra Santa ya era historia pasada no quería decir que debían relajarse completamente.
Defteros movió su cabeza hacia un lado para esquivar el golpe que le lanzo Degel antes de que él mismo respondiera de la misma manera, pero que igualmente el Acuariano esquivó con agilidad, y posteriormente retroceder para medir su próximo movimiento.
Ciertamente era extraño ver al amo del hielo pelear cuerpo a cuerpo cuando obviamente su punto fuerte era usar sus técnicas a distancia, sin embargo, no había ninguna duda que cada uno de ellos eran capaces de enfrentar a cualquier enemigo en diferentes circunstancias.
Y si eso a meritaba pelear puño a puño, entonces así seria.
Ahí se encontraban aparte de ellos, el Santo Dorado de Virgo, Piscis y Leo, este ultimo había vuelto hace un par de semanas de su pequeño viaje de Irlanda, mientras que el resto de los Caballeros se encontraban en sus Casas para no dejar los Templos Zodiacales sin protección, y siendo uno que otro rondaba los alrededores para vigilar.
Aunque en ese momento los pensamientos del hombre de piel morena había tomado otra dirección. A pesar que paso el tiempo no podía evitar darle vueltas al gran misterio que rodaba a las dos jóvenes mujeres provenientes de la Villa de Delfos, y más aun aquella muchacha con esa rara habilidad que lo había dejado prácticamente boquiabierto. El mismo Pope le había dicho que no hablara sobre el tema, pero eso no quería decir que podía apartarlo de su cabeza con tanta facilidad.
¿Como podría ser posible que una menuda mujer podría convertirse en una bestia mitológica tan salvaje e imponente?
Más aun, no comprendía por qué eso rondaba tanto por su mente.
Y a pesar que la había visto un par de veces desde entonces, había notado que ya no lo vigilaba tan atentamente como antes, pero sin lugar a dudas su mirada intensa se clavaba en él cuándo se topaban, sin embargo, ya no lo juzgaban, como si algo la hubiera hecho cambiar de opinión. Aun así las conversaciones eran pocas y no duraban demasiado más que la simple curiosidad de la Pitonisa por ciertas cosas aun, y cada vez que eso pasaba él no podía dejar de pensar en ese enorme animal plateado que había atemorizado a un par de Santos Negros, y que haría lo mismo con el resto de los habitantes del Santuario y a los alrededores si el rumor se extendía.
Las personas podían hacer cosas muy extrañas domadas por el miedo y el pánico.
—Pareces un poco distraído, Defteros.
El comentario de Degel lo sacó rápidamente de sus pensamientos trayéndolo bruscamente a la realidad, notando como el Santo de Acuario lo miraba fijamente con una ceja arqueada aun estando en posición de ataque junto con su respiración levemente acelerada y un par de gotas de sudor surcando su frente. Y como los demás en vez de su armadura dorada solo vestía la ropa de entrenamiento.
El Geminiano solo sonrió con un poco de tensión, al tiempo que le lanzaba un nuevo ataque que para el otro no fue ningún problema frenarlo con su brazo.
—No se de lo que me estás hablando.
Su compañero solo arqueó una vez mas una ceja antes de guardar silencio nuevamente, aunque sus calculadores ojos azules sugerían que no le creía en absoluto, pero prefirió respetar su privacidad. Con eso, el combate continuo un par de minutos más, mientras los espectadores observan atentos los movimientos de cada uno. Si bien realmente no peleaban con toda su capacidad servía para mejorar sus ataques cuerpo a cuerpo, sobre todo aquellos que no lo empleaban demasiado.
El Santo de Acuario esquivó el barrido de pierna que le lanzo su contrincante, saltando hacia atrás en un gran giro antes de caer perfectamente de pie, regulando un poco su respiración agitada. No obstante, cuando iba a dar el siguiente movimiento, se detuvo abruptamente cuando sintió una mano posarse en su hombro tan repentinamente.
—Cambiemos de lugar, Degel.
El hombre francés observó sobre su hombro como Asmita con sus ojos habitualmente cerrados tenía una ligera sonrisa en sus labios. No pudo evitar parpadear un par de veces algo intrigado, pero igualmente asintió levemente antes de arrojarle una mirada igual de impresionada al Geminiano que parecía tan o más incrédulo que el resto de los presentes. Entonces el hombre de larga cabellera verde camino hasta colocarse a un lado de Albafika y del pequeño león que parecía repentinamente emocionado por esa nueva batalla que estaba a punto de presenciar.
Defteros solo miró al Santo de Virgo con un poco de suspicacia, porque no era para nada común verlo participar tan abiertamente más que lo necesario… más aun siendo un combate de cuerpo a cuerpo, puesto que era bastante reservado en ese sentido. Debió entrenar a solas como él mismo y el resto de los Guerreros habían hecho alguna vez en el pasado, sin embargo, eso no dejaba de ser algo surrealista.
—¿Sucede algo, amigo mío? —comentó el rubio con bastante serenidad aun sin colocarse en posición de ataque, ya notando como el hombre moreno seguía estando inconscientemente a la defensiva. Sonrió para sí mismo, porque debía de reconocer que era un demonio astuto.
—Para nada —respondió Defteros con una media sonrisa preparándose para la próxima batalla. La ventaja es que no sentía cansancio a pesar que llevaba algún tiempo en combate, eso simplemente no era nada en comparación con el entrenamiento en la Isla Kanon.
Sin embargo, todos se quedaron totalmente atónitos cuando es un parpadeo el joven hombre de cabellera rubia se lanzó al ataque con un buen salto de impulso, chocando su puño contra el suelo donde un milésimo segundo antes había estado el Santo de Géminis que apenas le dio tiempo de esquivar con un brinco exclamando una sonora maldición. El puño de Asmita dejó un gran cráter que abrió la tierra debajo de él con su poderoso y veloz ataque, mientras alzaba su rostro hacia su viejo amigo y su sutil sonrisa se amplió un poco más.
En ese momento Defteros tragó hondo, porque sabía al igual que los demás que el Caballero de Virgo iba a ir en serio.
Pero igualmente le devolvió la sonrisa, porque eso bien podría ser interesante.
Así es como el combate comenzó entre los poderosos Santos de Oro. Asmita no tiene ninguna intención de ser suave, y rápidamente el Geminiano llegó a la conclusión que él tampoco lo seria, respondería de la misma manera, por lo tanto, la batalla que solo se había limitado a un rango corto de espacio ya prácticamente se había extendido casi por todo el coliseo, con movimientos tan rápidos que era difícil seguirlos a simple vista, golpe tras golpe sin limitaciones a pesar que tanto el demonio como el hombre más cercano a dios esquivaban con facilidad, aunque a veces recibían uno que otro ataque deteniéndolos con los brazos solamente para arremeter con igual fuerza. Tanto Degel como Albafika estaban claramente impresionados, aunque poco lo demostraban. Por el contrario, Regulus se encontraba sentado en el suelo de piernas cruzadas con las manos en los tobillos, con sus ojos azules resplandeciendo de emoción al presenciar tan implacable batalla.
—Esto es bastante inusual —murmuró con suavidad primero Albafika muy atento a la pelea. Su entrenamiento con el pequeño león estaba muy lejos de ser como ese, porque la verdad fue un poco duro de acostumbrarse, puesto que en el pasado jamás se había atrevido a estar cerca de otra persona así sea uno de sus propios compañeros, y mucho menos golpear con un ataque tan directo que tuviera que tener contacto con la piel contra piel.
—Ciertamente —colaboró el Acuariano, ya con sus anteojos puesto para vislumbrar con más detalle cada hábil movimiento que lanzaban Géminis y Virgo—Impresionante, pero inusual.
—Yo diría que es absolutamente fascinante —refutó Regulus con alegría, inclinado levemente hacia delante y sus felinos ojos atentos. Dado que jamás había visto al Santo de Virgo luchar de esa manera, y eso de cierta forma le hacía recordar a su padre, preguntándose si él había sido tan implacable como Asmita lo estaba demostrando a pesar de ser una persona serena. Entonces desvió la mirada hacia los dos mayores que tenía a su lado—¿Creen que podríamos tener un combate así de serio? —preguntó señalando los dos hombres en la lucha.
El Pisciano intercambio una mirada con el hombre francés, dado que el Santo de Leo aunque muy joven era portador de una fuerza y habilidad descomunal.
—Cuando venzas a Sisyphus en destreza y a Aldebaran en velocidad, lo reconsideraremos —respondió esta vez Degel con amabilidad—Quizás puedas vencerme en inteligencia y a Albafika en evasión.
Los ojos del joven de cabellera castaña se iluminaron aún más antes de asentir vigorosamente.
—¡Voy a dar lo mejor de mí! —exclamó lleno de energía y entusiasmo.
—Regulus… —llamó suavemente el hombre de cabellera celeste ganando nuevamente la atención del distraído león, que lo miró parpadeando con algo de confusión—Sera mejor que te muevas.
Solo entonces el Santo de Leo observó de reojo como un objeto contundente se acercó a él a una velocidad feroz. El menor se levantó y de un salto esquivo el gran trozo de escombro que se estrelló en el suelo justo aun lado del Pisciano que ni siquiera se inmuto al igual que su compañero.
—Vaya… —murmuró Regulus pestañeando sorprendido—Creo que me distraje un poco con la emoción —dijo frotando su cuello con una sonrisa apenada, pero al mismo tiempo despreocupada lo cual se ganó miradas empáticas de los otros dos.
Mientras tanto, en el fulgor de la batalla apenas con sus respiraciones ligeramente alteradas seguían propinando ataques y defensas buscando el punto de quiebre del otro, o hasta que decidieran por si mismos que era suficiente por el momento.
—Ciertamente algo te perturba —comentó el Santo de Virgo inclinado su cabeza hacia un lado para esquivar el puño del moreno—Lo he percibido desde que llegamos.
—Solo estoy enfocado en esta pelea… no sé tú, Asmita —Defteros contestó un poco harto de que todos se estuvieran dando cuenta de su estado cuando supuestamente era un maestro en ocultar sus emociones a curiosos.
Entonces el rubio lanzó un rápido golpe que el Geminiano detuvo cruzando ambos brazos en frente de su rostro para frenarlo, y frunció el ceño cuando se percató que su compañero había abierto los ojos observándolo con atención sin apartarse.
—¿Oh? Algo que ha permanecido oculto en tus pensamientos por mucho tiempo —prosiguió el Caballero de Virgo ignorando sus palabras ejerciendo aún más presión en su puño causando una gran ráfaga de aire que agitaba el cabello y el ropaje de ambos por el poder que desprendía—Un gran secreto diría yo.
Defteros se tensó cuando vio la mirada azul lavanda de su amigo y que lo acompañaba esa sonrisa conocedora en sus labios. No pudo evitar soltar un ligero gruñido de irritación antes de tomar un poco más de impulso en sus piernas y contrarrestar el ataque empujando con la gran fuerza de sus brazos para obligar Asmita a retroceder a una buena distancia prudente.
—¿Qué diablos pretendes, Asmita? —él exclamó modulando su tono de voz para evitar sonar tan enojado, más, sin embargo, sabia más que nadie que el Guardián de la Sexta Casa podía ver sus emociones con gran facilidad.
En cambio, el rubio no le contesto, solo su sonrisa se volvió un poco más amplia… enigmática, y sabía que por el brillo de sus ojos que intentaba descubrir la verdad.
Sintió como esa irritación lo impulso a lanzarse contra el hombre de cabellera rubia con fuerza, dispuesto que le dijera una vez por todas del por qué lo estaba colocando en esa situación. Arremetió justo como lo había hecho con su amigo en un principio, pero con la diferencia de que en el momento en que Asmita saltó para esquivar su ataque, propinó un nuevo golpe al suelo con mayor fuerza de la que era necesitaba para desprender un gigantesco trozo de tierra, y cuando apenas esta estuvo suspendido en el aire por unos pocos centímetros le dio una fuerte patada para enviarla en su dirección. El Santo de Virgo ni siquiera se inmuto o cambio su expresión, sin moverse de su lugar solo levantó su mano y con solo su dedo índice tocó justo en medio de la enorme roca dividiéndola en dos.
El hombre moreno gruñó para sus adentros ya pensando en su próximo ataque, pero el suave movimiento de un ropaje blanco llamó su atención con rapidez. Abrió ampliamente los ojos cuando detectó como una figura femenina de larga cabellera se desplazaba por el lugar como si nada, sin darse cuenta del peligro inminente al momento de que una de las mitades del escombro se dirigía rápidamente a su dirección con la promesa de aplastarla.
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Ese día Kaia había decidido explorar un poco más aquel lugar donde vivían, pero que aún estaban muy lejos de llamarlo hogar, sobre todo porque hasta ella misma preferiría que su hermana no saliera a menos que fuera absolutamente necesario, puesto por el peligro que pudiera encontrar ahí afuera.
El Patriarca no se lo había pedido, pero ella misma había tomado la decisión de hacer rondas de vez en cuando desde aquel acontecimiento que bien pudo haber terminado en tragedia con la niña de cabello de ébano junto con la joven de fuego y ámbar… y ese deseo fue en aumento en el instante que su instinto y presentimiento le susurraron que había algo extraño nuevamente, sin embargo, esta vez a ella no le llegaron por medio de ningún tipo de visión, así que se valía de sus premoniciones para guiarse. Por eso mismo se paseaba por todos los lugares que conocía, saltándose aquella regla que regia a sus habitantes, más que todo por estar inmersa en sus propios pensamientos.
Y eso solo se acentuó aún más conforme sus pasos la llevaron al enorme coliseo, donde se estaba efectuando una pequeña conmoción, pero que ignoro rápidamente.
Entonces sus ojos se entrecerraron al percibir algo muy sutil.
No obstante, antes de que se diera cuenta unos fuertes brazos la tomaron con brusquedad alzándola en vilo en un movimiento tan rápido que no le dio tiempo ni siquiera de soltar una exclamación, y solo justo antes de escuchar como un fuerte estruendo se percibió a poca distancia como si algo pesado se hubiera estrellado con mucha potencia.
—Muchacha… ¿Acaso no vez por dónde vas? —pudo oír una voz profunda y que se podía distinguir por el tono de voz que se encontraba algo molesto.
Ella subió su mirada notando unos ojos de color azul profundo reconociéndole al instante al igual que su aroma, sin embargo, su mente estaba muy lejos de estar en el presente.
Defteros resopló tratando de eliminar la tensión e agitación que sentía, mientras muy despacio dejaba que la mujer volviera a tocar el suelo con sus pies. Miró a su izquierda como esa gran roca ahora estaba incrustada en una parte de las gradas, destruyendo una gran zona de los escalones. Sus labios se fruncieron en una mueca al tiempo que posaba nuevamente sus ojos en la Pitonisa que ahora se negaba a mirarlo.
—Debes estar más consciente de tu alrededor —dijo cruzándose de brazos mirándola con intensidad—Pudiste haber muerto en cuestión de segundos. Esta es una zona prohibida para todo aquel que no sea un Santo o un aprendiz a la hora de que se es utilizando para los entrenamientos —él apretó los labios al notar como ella seguía sin prestarle atención, no parecía asustada ni nada, solo su vista estaba fija más allá de él casi sin mostrar alguna emoción—¿Estas escuchando, muchacha?
Pero Kaia simplemente no le respondió, era como si sus pensamientos estuvieran ausentes.
—¿Se encuentra bien?
El Geminiano escuchó la pregunta que le hizo Degel que se acercaba junto con el pequeño león y el Pisciano para saber el estado de la mujer, pero en ese preciso instante, solo por un momento él contuvo levemente la respiración, para segundos después alzar una mano hacia sus compañeros en una clara señal para que se detuvieran al ver como los ojos bicolores de ella se agrandaban un poco más y estos comenzaban a brillar de una manera algo antinatural, volviéndose mucho más salvajes… casi animal.
Él estrechó la mirada hacia la Pitonisa escuchando como un suave gruñido parecía vibrar en su pecho, entonces con lentitud ella abrió sus labios mostrando así como sus caninos estaban más alargados y filosos.
Mierda.
—¡Apártense! —exclamó Defteros en advertencia hacia los demás con voz clara, pero algo baja para no alterarlos.
Después de pronunciar esas palabras de advertencia el menudo cuerpo de la joven mujer en un destello de brillo cambio rápidamente a la forma de ese majestuoso e inmenso animal, que inmediatamente se lanzó hacia delante en línea recta, con su pelaje gris platinado resplandeciendo bajo la luz del sol en una veloz y feroz carrera con sus ojos brillantes enfocados, con el objetivo de salir del coliseo e internarse en el bosque que iba mucho más allá bajo la mirada incrédula de los presentes que solo se quedaron observando fijamente donde el gigantesco lobo se había marchado precipitadamente.
—Wow… —Regulus apenas murmuró sin aliento y con absoluto asombro.
—¿Qué rayos acaba de pasar? —preguntó el Pisciano preguntándose qué si tanto tiempo en soledad le había afectado de alguna manera.
—¿Eso realmente era un lobo gigante? —indagó a su vez el joven de cabello castaño—¿Existen?
Degel meditó un poco ajustándose las gafas en el puente de su nariz antes de hablar.
—Más bien un Direwolf diría yo.
Entonces los tres pares de ojos se fijaron en el hombre moreno que no parecía alterado o asombrado por lo que acababa de pasar. Pero este en vez de lanzar alguna explicación simplemente alzó las manos para detener cualquier tipo de preguntas.
—Primeramente no deben decir nada al respecto a los demás. El mismo Pope podrá explicarles a su debido momento, pero por ahora hay que ver a los alrededores, ella seguramente ha detectado algún intruso —señaló con seriedad al lugar donde el enorme animal había tomado rumbo.
Ellos parecieron pensárselo estando claramente algo inseguros y aun un poco turbados, sin embargo, igual asintieron confiando en su palabra.
—Muy bien, iremos a ver —el Acuariano dijo antes de que los tres se marcharan a gran velocidad.
Defteros dejó salir un largo suspiro al tiempo que pasaba una mano por su cabello, mientras pensaba que debía ser, sin embargo, los serenos pasos de Asmita solo causaran que frunciera el ceño y sus labios con leve molestia, pero más porque el rubio era el único que no parecía estar sorprendido era el recuerdo de como lo había empujado hasta casi llegar a su límite.
—Estabas preparado para esa reacción de su parte —comenzó a decir el Santo de Virgo ya a su lado refiriéndose a la mujer, para luego inclinar levemente la cabeza con una pequeña sonrisa adornando sus labios—Presumo que ese era tu gran secreto.
El Geminiano resopló antes de asentir de mala gana.
—Sinceramente aún tengo ganas de partirte la cara —le dijo al tiempo que le echaba una mirada furibunda, estando un poco de mal humor ajustando las vendas de sus brazos para tener con que distraerse y no ceder al impulso de cumplir su promesa—Aun no entiendo a que querías llegar con todo esto.
—Bueno eso puede que lo descubras un día de estos —respondió misteriosamente sin dejar de sonreír—Pero supongo que podemos tener la revancha cuando quieras.
El hombre moreno solo rodó los ojos cruzándose de brazos.
—No sé qué es peor… tus sermones o tus enigmas, Asmita.
Después de esa breve conversación ninguno de los dos dijo nada más.
Posteriormente, un buen rato había pasado desde entonces, y Kaia regresó con pasos lentos y perezosos al lugar donde inicialmente había salido literalmente disparada como una ballesta en una carrera casi desenfrenada. Pero esta vez fue un poco más sensata después de que la adrenalina abandonara su cuerpo, y tomó la decisión de rodear el Santuario hasta llegar el coliseo por una zona menos transitada. Aun así no deshizo su transformación, puesto que de esa forma su olfato era muchísimo más fino de lo que naturalmente era, así que pretendía intentar detectar nuevamente aquel rastro sutil que la había llevado a esa situación en primer lugar.
Sin embargo, no se esperó que al llegar, justo en medio del gran coliseo se encontraba aquel hombre de largo cabello azul y tez morena, junto con alguien más que reconocía como uno de los Guardianes de las Casas Zodiacales. Ella detuvo brevemente sus pasos al tiempo que alejaba su nariz de la tierra para observarlos antes de acercarse lentamente, pero siempre precavida.
Era curioso, no parecían realmente asombrados.
—¿Encontraste algo, muchacha? —el primero en hablar fue Defteros con su ceja levemente arqueada.
Ella movió su peluda cabeza negando con suavidad instantes después de meditarlo. No le debía una respuesta, pero las palabras del Patriarca resonando en su cabeza con advertencia bastaron para que cambiara de opinión a regañadientes.
—Perdí el rastro… —su voz se escuchó sin necesidad de abrir sus fauces, aunque no pudo evitar arrugar la nariz con molestia, ya que en un principio había pensado que podía dar con aquellos intrusos si se daba prisa, pero apenas llegó al sitio que se suponía había estado el aroma y este se había esfumado como si nunca hubiera estado allí.
—Entonces le informare de inmediato al Pope—comentó el Santo de Virgo abriendo sus ojos para dedicarle una mirada significativa a su compañero antes de retirarse con elegancia y tranquilidad.
Hubo un momento de silencio, mientras que ambos quedaban solos, en ese instante Kaia se sentó lentamente en sus cuartos traseros esperando detectar nuevamente aquel aroma, y al mismo tiempo le era extraño que aquel hombre aun permaneciera a su lado tan serenamente a pesar de estar en esa faceta tan atemorizante. Recordaba muy bien como las otras Pitonisas no podían siquiera mirarla directo a los ojos, más infundado por el miedo que por el propio respeto, y nada que decir de estar cerca de ella. Sobre todo la primera vez que cambio a un Direwolf…
—Pensábamos que las habitantes de la Villa de Delfos solo podían controlar a los animales y no transformarse en alguno de ellos.
Las repentinas palabras del Geminiano la sacó bruscamente de sus pensamientos, ella lo miró notando como la observaba con atención aun estando de brazos cruzados esperando pacientemente su contestación.
Kaia resopló un poco, mientras sacudía un poco la cabeza pensando si responderle o no, pero repentinamente se percató que le debía aunque sea eso, dado que él a su vez le había respondido a muchas de sus incógnitas a lo largo de esos meses, contando que se estaba ganando su respeto por solo el hecho de no verse intimidado por ella.
—Normalmente no —respondió ella momentos después con suavidad antes de cerrar los ojos y cambiar a su forma más humana, dado que no quería que el Patriarca la pillara en esas condiciones, tristemente tenía que obedecer alguna que otra regla—Las Pitonisas comunes solo pueden controlar a los animales colocando este collar en el cuello de alguno y así podemos comunicarnos y ver a través de ellos —explicó abriendo nuevamente los ojos tocando el collar que sostenía una bella piedra de cuarzo blanco—Pero… solo en mi caso, no lo necesito para hacerlo —esa era una gran habilidad que tenía el cuidado de usar solo de vez en cuando, puesto que le quitaba energía y requería de gran concentración.
—Pareces ser solo tú misma al ser un Direwolf—él murmuró frunciendo un poco el ceño.
—Y lo soy —le dijo posando su mirada en aquellos ojos azul tan profundos—Cada cientos de años nace una Oráculo de carne y hueso para guiar a la Villa con sus visiones más enfocadas y precisas. Y a su vez también nace una Guardiana para protegerla, concediéndole un gran don animal para hacerlo, y el mío fue este —explicó rememorando aquellos recuerdos de su infancia que fueron felices con aquella mujer que habían tratado como a una madre—Fue una sorpresa que en esta era la Oráculo y su Guardiana nacieran como gemelas idénticas, lo cual solo afianza enormemente el vínculo entre nosotras.
Habían sido abandonadas siendo apenas unas niñas en medio del bosque firmemente tomadas de la mano con tan solo dos años de vida. Luego las Pitonisas las encontraron ya habiendo prevenido eso gracias a los mensajes que la naturaleza les habían susurrado. La líder se había encargado personalmente de criarlas e ir enseñando poco a poco como hacer sus deberes cuando el momento fuera el indicado en aquella Villa sagrada, puesto que primero tenían que alcanzar la madurez para tomar las riendas de sus títulos.
Arkhes había sido una mujer con un alma fuerte, pero bondadosa y que las acogió con una sonrisa en sus labios y con sus ojos color ocre brillando de amor y entendimiento por esas pequeñas que les depararía un enorme futuro por delante. Su repentina partida cuando ellas tan solo tenían diez años les había pesado más que a ninguna otra… para cumplir su propio destino con el poderoso león dorado que ellas habían tenido el placer de conocer, dejando así su deber de Pitonisa Madre para dejarlas al cuidado de las demás.
Una triste sonrisa curvó sus labios mirando ahora la tierra bajo de sus pies descalzos, puesto que aun recordaba como la noticia de su muerte le habían causado a ella y a su hermana un profundo pesar en sus corazones, porque jamás la olvidarían… y tras pasar esos quince largos años aun la recordaban con mucha claridad.
—¿Estas bien, muchacha?
Ella solo amplió un poco más su sonrisa para luego alzar sus ojos y ver como él tenía su ceño levemente fruncido. Ese hombre sin duda alguna era extraño, porque a pesar de su pasado duro y tormentoso se preocupa por alguien que solo lo había acosado y juzgado en primer lugar sin miramientos.
—Estoy bien —murmuró con suavidad, sintiéndose por primera vez a gusto con otra persona desde que llegaron al Santuario que no fuera su propia hermana.
Podría aclamar ser un demonio, pero tenía un buen corazón.
Un corto tiempo posterior de lo sucedido, ya con el cielo nocturno sobre sus cabezas, los tres Santos Dorados que habían estado en entrenamiento regresaban después de haber inspeccionado exhaustivamente los alrededores. Y a pesar que no consiguieron nada sabían que igualmente debían reportárselo al Patriarca, y este a su vez tenía el deber de explicarles por qué una mujer proveniente de la Villa de Delfos poseía esa extraña y peligrosa habilidad de cambiar directamente a una criatura mitológica.
Degel estaba sumido en sus pensamientos, caminando casi a la par del hombre de cabellera celeste ignorando como el joven Santo de Leo se había adelantado un poco, mientras parloteaba para sí mismo de lo tremendamente emocionante que había sido ese día, aunque él y Albafika ya le habían mencionado que no debía decir ninguna sola palabra a nadie, ni siquiera a su propio tío.
Aunque eso lo veía bastante difícil, dado por el entusiasmo de Regulus y que no guardaba silencio conforme se acercaban a Sagitario.
—Supongo que estas preguntándose si de verdad ella detecto una amenaza —murmuró el Pisciano sin mirar a su compañero.
El hombre francés solo dejó escapar un pesado suspiro antes de asentir.
—Eso era lo que pensaba en un principio cuando no encontramos nada, pero no creo que se haya lanzado a la carrera simplemente para cazar un ciervo —dijo con lógica recordando la mirada feroz y decidida de la gran bestia plateada.
Eso era muy cierto, aun así para Albafika le costaba creer que algo como los Santos Negros hubieran resurgido nuevamente después de tanto tiempo. Algo debería estar muy mal, o simplemente se estaban confundiendo de intrusos.
Aunque muy en el fondo sabía que eso no era cierto.
—Sin embargo, todo esto no deja de ser inusual y más aún que haya permanecido como un misterio —continuó Degel momentos después tomándose la barbilla tratando de buscar una posible respuesta. A pesar que sabía que pronto serian respondidas no podía dejar de pensar en el gran número de posibilidades—Por lo que note en el coliseo Defteros lo sabía, y presumo que Asmita ya lo venía sospechando.
—Y qué manera de presionarlo para que intentara confesar —comentó el Santo de Piscis alzando sutilmente ambas cejas ante el recuerdo de aquel combate tan crudo. Haciendo parecer su batalla de práctica con Regulus como si hubiera sido un mero juego de niños, porque a pesar que no pensaba ir enserio en alguna pelea de entrenamiento, ninguno se esperó que el rubio tomara ese comportamiento.
—¡Sí! ¡tienen razón! ¡Fue súper asombroso! Realmente no puedo esperar para contárselo a Connor —exclamó el Santo de Leo girándose hacia ellos al haber escuchado sus palabras, con sus ojos azules brillando aun de emoción acumulada y sus puños al aire—Espero de verdad que el señor Asmita me deje entrenar algún día con él, quizás de esa forma podre experimentar un poco más como lucho mi padre en su época —el joven siguió divagando más para sí mismo que para los demás, al tiempo que seguía su camino con una sonrisa genuina en su rostro.
No obstante, el Acuariano sin prestar demasiada atención a las palabras del pequeño león se sumió una vez más en sus pensamientos, puesto que aún tenía el leve presentimiento de que había algo más profundo que simplemente forzar al Geminiano a que hablara, pero conociendo al hombre más cercano a dios no era para nada fácil de adivinar sus verdaderas intenciones.
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Un mes más tarde, Aldebaran de Tauro se encontraba en ese preciso momento bajando por las Casas Zodiacales después de tener una plática amena con Sisyphus, ambos estando de acuerdo en aumentar la intensidad del entrenamiento del pequeño león y de Teneo. Podría sonar un tanto injusto, dado que Regulus era poseedor de una Cloth Dorada, pero tenía bastante fe que para su aprendiz podría serle útil practicar con él, puesto que si Teneo quería aspirar en un futuro la armadura de Tauro debía de llegar a la altura de un Guardián de la Orden Zodiacal.
Eso también ayudaría al Santo de Leo a ir madurando con cada aprendizaje, dado que siendo tan joven, con un carácter muy enérgico y vivaz, a veces no prestaba la debida atención, ya que se distraía con facilidad en ciertos casos, o simplemente no analizaba correctamente la situación. Por esa razón Sisyphus había impuesto un arduo entrenamiento, las cualidades del jovencito al ser todo un prodigio tenían que ser guiadas por un buen camino, y con mayor razón aun porque Regulus parecía más emocionado que nunca con el aprendizaje.
Saludó de buen agrado a Asmita cuando paso por Virgo, y nuevamente el rubio rechazó con una sonrisa ligera su propuesta de beber sake, porque aunque sabía lo religioso que era el joven hombre no perdía realmente nada con intentarlo. Y siendo sinceros no pudo evitar reír con fuerza cuando la Vestal pelirroja que se encontrada al lado de este hizo una mueca inconscientemente seguramente recordando el sabor fuerte de la bebida que una vez degustó hacia bastante tiempo. Igual dejó la invitación abierta antes de seguir su camino, por si alguno de los dos se animaba finalmente.
Al atravesar la Casa de Géminis esperó encontrarse con su Guardián solitariamente en alguna parte del Templo, con su mirada perdida entre sus propios pensamientos. Sin lugar a dudas el Tauriano pensaba seriamente en integrarlo en el aprendizaje de Teneo, para que le echara una mano de vez en cuando, y quien sabe, quizás también hasta de los nuevos aspirantes para que pudiera salir de ese mundo de aislamiento que aclamado demonio se había hundido a pesar que lo peor de su época había pasado. No obstante, debía entender que el misterio del paradero de su gemelo debía influir en grande también en su comportamiento, y como un viejo amigo de su hermano lo comprendía perfectamente, dado que Aspros, Sisyphus y él mismo habían tenido una fuerte amistad en el pasado… y que esta fue deteriorándose con el tiempo por el mismo Aspros al estar obsesionado de convertirse en el nuevo Patriarca, aunque a su momento ninguno tenía idea del verdadero motivo de que su personalidad se volviera retorcida y hasta cruel.
Pero vamos, Defteros tenía ya un gran futuro por delante, y tenía la fuerte esperanza de que saliera de ese encierro en algún momento.
Conforme se acercaba la salida del Tercer Templo, no pudo evitar comenzar a escuchar una voz, notando a su vez a dos figuras que se encontraban en la entrada. Al reconocer a dichas personas iba a comentar algo con humor, pero drásticamente calló al escuchar una parte de la conversación que no le agrado en lo absoluto.
—No necesito de tu permiso para pasar por el Templo, Defteros.
El hombre de tez morena ni siquiera se molestó ante la forma en que se dirigía a él, simplemente su sonrisa con su peculiar colmillo se volvió un poco sarcástica.
—No sé lo que te impide pasar, Elián, como ves no te estoy obstruyendo el camino —le dijo con voz clara cruzándose de brazos.
El otro hombre de cabello negro estrechó la mirada hacia él con molestia y una rabia contenida que ya el demonio de la Isla Kanon estaba acostumbrado a ver.
—Ciertamente no mereces portar la Cloth de Géminis —comentó este casi escupiendo las palabras—No estoy de parte de Aspros a pesar que fue un gran Guerrero —dijo caminado por su lado prácticamente empujándolo con su hombro al pasar—Pero al menos él si podía llamarse un Santo de Athena sin manchar el nombre —dijo finalmente con una mirada cruel antes de descender finalmente por las escaleras con los puños apretados por la ira contenida.
Defteros simplemente no dijo nada al respecto, aunque ciertamente la sonrisa en sus labios murió lentamente hasta tensar levemente la mandíbula. Respirando profundamente tratando de autoconvenserse de que sus palabras no lo estaban afectando en lo absoluto, total, ese era el trato que siempre había llevado, y al parecer portar una armadura Dorada no cambiaba ese hecho para algunas personas.
—No debería de hablarte de esa manera tan irrespetuosa.
Él observó al Santo de Tauro con tranquilidad que se acercaba con su imponente altura antes de encogerse levemente de hombros restándole importancia.
—Elián solo está enfadado por el rumbo en que tomaron las cosas, perdió su cosmos, y todo por lo que había entrenado por toda su vida se esfumo en un instante, puedo comprenderlo.
Recordaba hace un tiempo que Elián de Auriga fue un gran Santo de Plata, pero que después de la Guerra Santa su alma se hundió con pesar y desdicha, y ahora solo le quedaba servir al Santuario de otra manera que seguramente lo hacía sentirse inútil en comparación con su pasado.
Aldebaran negó con su ceño fruncido claramente con molestia.
—Aun así eso no es excusa para tratar así a los demás —espetó con desaprobación—Requiere de una mejor conducta… quizás esto demande que se lo comuniquemos al Patriarca.
—Solo déjalo estar —Defteros dijo sin querer seguir hablando del tema realmente.
Sin embargo, el gran Toro Dorado era conocido por seguir las reglas e imponer disciplina y enseñanza a los que la requerían, y podría llegar hacer bastante terco en ese ámbito, las cicatrices de quemaduras en su cuerpo podían dar fe a ello.
—Tu tampoco debes dejarte pisotear de esa forma —continuó el hombre de cabello blanquecino alzando su voz sin darse cuenta—Ser un Santo Dorado equivale haber invertido esfuerzo, alma, sangre y corazón para llegar hacerlo.
El Geminiano soltó un leve suspiro aun sin mirarlo.
—Aldebaran, como bien sabrás yo solo tengo la Cloth de Géminis en este momento dado que mi hermano no la quiso… además de marcharse y dejar el puesto vacante nuevamente.
Ese comentario solo instó al que el Santo de Tauro diera un paso y colocara un mano en el hombro de su compañero de armas captando su total atención ahora observando fijamente a esos ojos de intenso azul marino.
—No te menosprecies, Defteros —habló Aldebaran con fuerza puesto que sus palabras solo lo habían hecho enojar más aun, apretando levemente el agarre de sus dedos, puesto que le molestaba que pensara esa manera de él—Debes sentirte orgulloso más que nadie, porque a pesar de todo lo que afrontaste siempre lograbas colocarte de pie —dijo esta vez con más seriedad de la que el normalmente demostraba.
El hombre de cabello azulado solo lo observó inmutablemente antes de volver hablar.
—Siempre viendo lo honorable a todo —le dijo con una media sonrisa en la comisura de los labios que solo podría ser ironía.
Los ojos verdes de Aldebaran solo se entornaron levemente antes de ejercer un poco más de fuerza en la mano de su hombro, pero justo en el momento en que abrió la boca para agregar algo, una persona se interpuso repentinamente entre los dos.
Tanto el Santo de Géminis como el de Tauro se quedaron perplejos al ver nada más y nada menos que a la Pitonisa haciéndole frente al Guardián de la Segunda Casa. La menuda mujer tenia sutilmente la barbilla en alto, con su menudo cuerpo justo en frente de Defteros, sin ninguna emoción dominando sus facciones delicadas, solo sus ojos extravagantes demostraban cierta intensidad, en un silencioso reto.
Casi como si…
Ella miró fijamente al corpulento hombre con cicatrices que prácticamente la doblaba en tamaño, y que sin embargo, no parecía para nada intimidada.
—¿Señorita Pitonisa? —murmuró este arqueando una ceja con curiosidad posando sus ojos en los de su compañero con intriga, pero más bien este estaba igual de confundido.
Pero la mujer no contestó, simplemente lanzó una mirada a la mano que estaba en el hombro del hombre moreno, y solo entonces Tauriano pareció comprender, así que la retiro lentamente.
Esta vez Kaia pareció más complacida, a pesar que su mirada seguía siendo peligrosa observándo de arriba abajo al gran Toro Dorado como si realmente no consideraba el hecho que él podía partirla en dos fácilmente con una mano sin ningún esfuerzo si así lo quisiera.
Luego ella posó sus ojos exóticos en Defteros, evaluándolo lentamente.
—¿Te encuentras bien, daimónio? —preguntó Kaia con suavidad.
—Pues… supongo que sí, muchacha —respondió este arqueando igualmente una ceja sin comprender demasiado bien la extraña situación.
La Pitonisa asintió con lentitud antes de retirarse tan silenciosa y repentinamente como había llegado, mientras que los dos hombres observaban como ella se marchaba hasta desaparecer por la Casa de Géminis seguramente para seguir subiendo los Templos Zodiacales.
Defteros frunció el ceño pensando el repentino comportamiento de aquella muchacha, y entonces sus cejas se alzaron al descubrirlo finalmente.
¿Ella lo había defendido de alguna manera?
Parpadeó un par de veces cuando Aldebaran empezó a reír en carcajadas fuertes y estruendosas casi haciendo vibrar las paredes del Templo, al tiempo que le daba un par de palmadas en la espalda con tanta fuerza que estuvo a punto de derribarlo.
—Es una mujer descomunal para defenderte de esa forma de mí, ¿No es así? —le dijo aun riendo con gracia, dejando su reciente molestia en el pasado, agradablemente sorprendido de la escena que acaba de presenciar. Haciéndole recordar a su vez a una mujer de rebelde rizos claros y mirada violeta.
El Geminiano sinceramente no tenía duda de ello, aunque no sabía si ella se le había enfrentado con la confianza de que podía casi igualar su tamaño en su forma de Direwolf, o simplemente porque así era ella… a pesar que claramente había malinterpretado la situación creyendo erróneamente que su compañero lo estaba hostigando por el tono fuerte de su voz. Aun así no pudo evitar sonreír para sí mismo, puesto que era la primera vez que sentía que alguien lo protegía verdaderamente además de su propio gemelo cuando era tan solo unos niños.
Finalmente el Guardián de la Casa de Tauro se retiró con una enorme sonrisa tras despedirte de su compañero de armas, con el gran presentimiento de que esa mujer de larga cabellera y ojos inusuales iba a hacer una diferencia en la vida del aclamado demonio de la Isla Kanon.
Continuara...
Ajaaaaam ¿que les pareció leer el Santo de Virgo y Géminis combatir de esa manera? No se, pero de solo imaginarme Asmita luchando cuerpo a cuerpo... ufff me calienta mas que el sol de verano... 7u7 okno jaja
Ya se sabe un poco la historia de las gemelas :3 quisimos introducir un poco a Arkhes, la que muchos suponen que es la madre de Regulus, aunque para nosotras es todo un hecho jeje
Y que Kaia hubiera "defendido" a Defteros de Aldebaran pues wow, hay que darle un premio a la mujer jaja porque según los datos que hace tiempo Shiori otorgó sobre la altura de cada Caballero, Defteros mide un metro noventa, lo cual lo hace jodidamente alto, y ella apenas le llegaría aproximadamente como cuatro a cinco dedos por debajo del hombro... y eso dejaría al gran Toro midiendo dos metros y diez centímetros, la aplasta solo con mirarla xD
En fin, ajustense los pantalones, porque la siguiente actualización sera un poco... "fuerte" por así decirlo, si recordaran cierta partesita el capitulo seis del fanfic de Manigoldo, hasta creo que debo cambiar el rango a la historia muajajaja
Pd: "Lýkos" significa "lobo" en griego.
¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
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¡Únanse, las esperamos!
Okami Akai
