¡Hola, lectores! aquí esta el cuarto capitulo 7u7 supongo que sera un poco fuertes para algunos, pero... creo que es justo que le cambiáramos el rango a la historia por ser un poco más... fuerte por así decirlo.
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Advertencia: Este capitulo contiene algunas escenas explicitas, se recomienda discreción.
Capitulo IV
"Beast of blood"
Grecia, Athena – Santuario
Septiembre, 03 de 1749
Ella quería creer que ese día en particular era como cualquier otro, que hablaría un poco con su hermana antes de hacer su recorrido matutino alrededor del Santuario, más, sin embargo, desde que abrió los ojos temprano esa mañana tenia una fuerte sensación de inquietud, hasta el punto que tenía un ojo puesto en Ione la mayor parte del tiempo esperando que esta no se diera cuenta o empezaría a sospechar. Pero conforme avanzaba la mañana y nada pasaba se comenzó a sentir realmente frustrada, sobre todo cuando llego el medio día.
La mayoría de los habitantes de aquel lugar podrían estar relajados a excepción de unos pocos, dado que no hubo más incidentes desde que el último fue hace cuatro meses atrás, pero ella se mantenía alerta de todas formas, porque las cosas no podían terminar así como así, el mundo real no funcionaba de esa manera.
Posteriormente después comenzó a entender que su sospecha inicial era correcta, puesto que ya para cuando estaba muy avanzada la tarde, notó como los pocos guerreros que residían en el Santuario parecían agitados buscando. Casi nadie hablaba, simplemente la mirada perspicaz de la mayoría barría por todos lados sin detenerse a perder el valioso tiempo. Fue entonces que se enteró al escuchar a una de las Vestales que habían desaparecido aquella mujer italiana y su pequeña, y por ello la tensión crecía en el Santuario con demasiada rapidez.
Sinceramente consideró ayudar en la búsqueda, a pesar que no era asunto suyo, pues al imaginarse aquellas pobres almas inocentes perdidas en algún lugar la instó a que reaccionara finalmente. Quizás con su olfato refinado podía aportar un grano de arena, y a lo mejor también eso ocasionaría que su inquietud acabara de una vez por todas, aunque... muy en el fondo sabía que había algo más que le causaba esa sensación extraña en la boca del estómago, y por esa misma razón tomó la decisión de contribuir, no obstante, lo haría después de chequear a su gemela, y si fuera posible pedirle que viniera con ella para no perderla de vista mientras no se encontraba cerca, así se sentiría un poco más tranquila y concentrada para buscar debidamente.
Sería peligroso alterarse en su forma animal en esas circunstancias.
Pero sus planes se vinieron abajo súbitamente al sentir un pequeño pinchazo de dolor en su cabeza, como si una leve corriente hubiera pasado a través de su cuerpo hasta llegar a los dedos de los pies. Se sintió confusa, pero solo por un instante, y eso la motivo a seguir adelante con mayor prisa.
Y al llegar a la habitación donde se suponía que debía estar su hermana solamente la encontró inusualmente vacía.
Casi entra en pánico y en descontrol, hasta ella misma sintió como la bestia dentro de si se agitó, pero pudo controlarle respirando temblorosamente antes de relajarse, pensando que Ione bien pudo salir por unos minutos. Y recientemente había pasado la ocasión en que realmente salió del recinto del Pope aunque fue una sola vez apenas hacia una semana atrás. Aun le parecía increíble que se hubiera aventurado a estar afuera, a pesar que lo que la haya motivado fue una visión y un mensaje de la naturaleza que debía ser transmitido y ella no se encontraba para entregarla.
Entonces se dio cuenta del motivo del revuelo en el Santuario, era la visión que había tenido la Oráculo y que ahora se estaba cumpliendo a pesar que ya fueron advertidos.
Con eso en mente emprendió el camino de vuelta por las Doce Casas esperando toparse con su hermana en alguna parte. Rezando internamente para que no hubiera salido los confines del Santuario por ninguna razón, porque ahí comprendería verdaderamente que algo no estaba bien.
Repetidamente intento concentrarse y encontrar la conexión con su hermana para percibir lo que estaba sintiendo en ese momento, alguna pista que la pudiera llevar a su paradero, pero… simplemente a ella no le llego nada, un frio silencio.
Sus puños apretados bajo las largas mangas de su vestido blanco solo ejercieron más presión al tiempo de que pasaba por Tauro y no había dado con ella. Su corazón estaba acelerado ya a esas alturas ignorando prácticamente todo lo que estaba a su alrededor, y en el momento en que llego al Templo de Aries, se topó con dos Guardianes que se encontraban en la entrada de este observando el horizonte como si estuviesen pensativos.
Sisyphus de Sagitario dejó salir un largo suspiro sintiendo él mismo la tensión en todo su cuerpo por aquella situación que no hacía más que agravarse.
—No entiendo cómo pudieron haber desaparecido de esa forma.
El Santo de Géminis simplemente apretó un poco sus labios con algo de molestia.
—Lo que es peor es que lo hubieran hecho aquí mismo en el Santuario.
El hombre de cabellera castaña solo pudo darle la razón. Eso solo indicaba que habían subestimado al enemigo, además que la seguridad estaba un poco lejos de ser óptima dado el número reducido de Guerreros, sin lugar a dudar era un tiempo de crisis y restauración para el Santuario y sus habitantes donde estaban más vulnerables que nunca.
—La mayoría de los Dorados aún siguen buscando —comentó nuevamente Sisyphus, para luego posar su mirada en el cielo—Yo sobrevolé los alrededores, pero es difícil adivinar que hay bajo la copas de los árboles, sobre todo si ellos aprendieron a ocultarse tan bien.
—Esperemos encontrarlas pronto. Manigoldo está casi fuera de sus cabales —dijo con suavidad, aunque no podía evitar apretar sus puños con algo de ira, porque ciertamente le había agarrado cierto cariño a la pequeña niña de encantadores ojos azul violeta y cabello de ébano como todos los demás, y le enfurecía saber que alguien bien podría estar apresándola en contra de su voluntad. Aunque se había quedado en la primera Casa Zodiacal por si alguna de las dos aparecía después de haber buscado hacia un par de minutos sin éxito, y luego su compañero alado se le había unido al haber fracasado también en encontrarlas.
Era normal que el Canceriano estuviera rechinando los dientes sediento de venganza, puesto que no solo se había esfumado su inocente hija, sino también a la madre que apenas tenía poco de una semana de haber reaparecido después que se le creyó muerta.
Repentinamente se percató de un movimiento por el rabillo de ojo, y al girar un poco su rostro notó como esa mujer de piel dorada y mirada exótica los estaba observando desde una pequeña distancia. Parecía haber llegado allí recientemente, él estrecho la mirada porque había algo en ella que no parecía lo normal… se le veía un poco agitada y algo pálida se atrevería a decir.
Sin embargo, ni siquiera le dio tiempo de preguntar cuando esta se les acercó sin dudar al hombre que había tenido más trato.
—¿No la han visto pasar?
Sisyphus frunció levemente el ceño al igual que su compañero antes de hablar.
—¿A quién se refiere, señorita Pitonisa? —preguntó amablemente el castaño.
Kaia los miró a ambos claramente en tensión, ya que súbitamente sentía la garganta seca y áspera... Todo lo contrario de sus manos sudorosas y frías, puesto que estaba comenzando alterarse de verdad conforme avanzaba el tiempo y ese mal presentimiento se le instalaba en lo más profundo de sus entrañas.
—A mi hermana —logró murmurar intentando mantener el aplomo.
Primero los dos hombres intercambiaron una mirada de confusión antes de negar lentamente.
—No… —respondió el Geminiano observando con atención las extrañas señalas que lanzaban la Pitonisa—Y creo que si alguien hubiera visto irse a la Oráculo no dudarían en escoltarla... tampoco creo que saliera de esa manera sin avisarle —agregó con un poco de cautela.
—Tampoco la vi cuando sobrevolé el Santuario —respondió esta vez el Santo de Sagitario, puesto que era de uno de los pocos que conocían la apariencia de la afamada Oráculo de Delfos por cierto encuentro casual hacia tan solo una semana.
Kaia solo pudo maldecir, mientras agachaba un poco la cabeza y cerraba los ojos tratando de concentrarse nuevamente y buscar el rastro de su hermana. Pero conforme pasaba los segundos sin tener éxito alguno… comenzó aislarse en si misma, con esa presión en su pecho sintiendo como el control poco a poco se le estaba escurriendo de los dedos producto de la desesperación.
En cambio, Sisyphus dio un paso adelante para preguntarle si se encontraba bien, dado que sabía de la gran conexión que tenían los gemelos, sin embargo, Defteros lo detuvo colocando una mano en el pecho del castaño, con una mirada seria y también algo tensa.
—¿Qué pasa? —preguntó confundido el hombre de cabello corto en un tono de voz bajo.
—Escucha, Sisyphus, no te vayas alarmar por lo que seguramente estas a punto de presenciar —comenzó a decir sin despegar la mirada de la mujer de larga cabellera—Solo digo que dejes las preguntas para más tarde… y quizás quieras también mantenerte al margen.
Definitivamente ella no estaba bien, ese comportamiento pareciera ser el de un animal enjaulado, y normalmente estos al ser liberados repentinamente no eran demasiado amigables por así decirlo…
Presentía que debían tener mucho cuidado.
Así que lanzándole una breve mirada cautelosa al Santo de Sagitario, que con su expresión más seria solo asintió aunque no comprendía demasiado bien lo que estaba sucediendo o lo que estaba por venir, pero igualmente confiaba en él. Entonces Defteros se acercó un poco a la joven mujer, pero con suma prudencia, si bien siempre manteniendo una distancia.
—Muchacha… —él llamó con suavidad—¿Te encuentras bien?
Sin embargo, Kaia no lo escuchaba, simplemente estaba apretando firmemente sus labios tratando de pensar con coherencia, calmarse y así buscar una respuesta para el misterioso paradero de su hermana... a pesar que su conexión parecía aparentemente cortada solo debía de rastrearla, conocía su aroma a la perfección desde toda la vida, entonces la conseguiría sana y salva, y todo terminaría finalmente como un feo susto que pronto olvidarían, y que ese tonto presentimiento solo era la jugarreta de su propia mente tras hundirse en el pánico.
Bruscamente toda clase de pensamiento racional se evaporó al instante cuando algo traspasó su cuerpo como un aire tan frío que hasta llegaba hacer doloroso, como si una mano invisible hubiera atravesado su pecho y estrujado su corazón sin piedad arrebatándole el aire casi por completo. Soltó un jadeo abriendo los ojos de par en par subiendo lentamente su mirada hacia un punto indefinido sintiendo un latente dolor en varias zonas de su cuerpo, con un aterrador conocimiento de esa sensación.
Ione… estaba sufriendo.
Algo le estaba pasando a su hermana.
A su gemela…
La razón de su existencia.
—Maldición… —masculló Defteros retrocediendo un paso al ver esa mirada más salvaje, extremadamente diferente a las otras veces que la había visto cambiar. Al segundo siguiente aquella hermosa mujer se convirtiera en un parpadeo en una bestia enorme que gruñía ferozmente, mientras se lanzaba hacia delante en una carrera casi demencial—¡Síguela! —le gritó a Sisyphus sin fijarse bien si el hombre estaba en shock o no por lo que acaba de presenciar casi irreal, solo se lanzó atrás del Direwolf casi totalmente convencido que lo llevaría hacia la Oráculo, suponiendo rápidamente que si debía de haberse comportado de esa manera tan errática solo significaba que algo andaba muy mal.
—¡Tratare de seguirlos desde arriba!
Le holló decir a Sisyphus que seguramente ya estaba alzando vuelo, a pesar que su tono de voz se escuchó tenso pudo reaccionar rápido.
Y eso era lo que realmente importaba en ese momento.
No tardó demasiado tiempo para darle alcance al ágil animal que se había internado en el bosque. Ella parecía fuera de sí, como si repentinamente hubiera captado la localización de su hermana por algo que había pasado, y seguramente algo extremadamente malo por los gruñidos que lanzaba y sus fauces levemente abiertas que dejaban ver ese arsenal de dientes blancos.
—Adelfí… adelfí…
Defteros escuchó con cuidado sus susurros que parecían de ansiedad, pero que contenían una furia contenida. Él simplemente permanecía al margen pensando que no serviría de nada hablarle en ese momento, puesto que sabía que no le prestaría el más mínimo de atención.
Habían recorrido una buena distancia, y ya el cielo nocturno estaba por encima de ellos cuando el Direwolf abruptamente alzó la cabeza con las orejas erguidas. El Geminiano pensó en primer lugar que había perdido el rastro, pero vio preocupado como sus pupilas se dilataron y su mirada se volvió aún más salvaje, tanto que todo rastro de inteligencia humana se había perdido.
Y Kaia solo podía percibir el olor de la sangre de su hermana.
Con un rugido feroz ella incrementó su velocidad, pero esta vez sus garras se clavaron en la tierra con cada paso para aumentar la distancia de sus grandes pasos adelantándose al Santo Dorado, con un solo pensamiento en su cabeza.
Matar y cazar a la pobre alma quien había osado herir a Ione.
Y antes de que ella misma se diera cuenta tenía entre sus fauces el cuello de un Santo Negro después de haber arremetido contra Medusa en el instante que detecto al grupo. Los gritos del hombre solo incentivaron su sed de sangre, tanto, como el deseo de alejarlo violentamente del cuerpo inmóvil de su hermana que solo le produjo al Direwolf una ira incontrolable que incluso después de destrozar a su víctima no pudo ser saciada. Entonces desenfundó sus dientes blancos goteando sangre fresca y viscosa, dando un paso hacia delante rugiendo amenazadoramente ante la mirada perpleja de la mayoría de los espectadores.
Y en un parpadeo el Santo Dorado de Cancer llevó el alma del líder que comandaba aquellos hombres malvados, mientras que el de Piscis rápidamente se percató como al lugar llegaba Defteros, pero antes de que ninguno de los dos pudiera hacer algún movimiento para acercarse a la joven madre italiana y a su pequeña, el Direwolf se lanzó erráticamente contra Heracles Negro, que soltando una maldición intentó contener a la bestia que pretendía alcanzarlo entre filosas dentadas, y que a duras penas lograba esquivar cada mordida.
—¡Hydrus Gorgeous Kick! —exclamó Hidra Negra después de saltar en el aire en dirección a la Pitonisa, extendiendo su pierna con la intención de proporcionarle una patada para que liberara a su compañero.
Más, sin embargo, Kaia con un gruñido feroz agarró a Heracles del brazo para lanzarlo lejos de ella con un grito de dolor, para ahora enfocar rápidamente toda su atención en el Caballero Negro más pequeño y vulnerable que osó atacarla, girando su cabeza hacia en su dirección en el instante de que este falló su ataque logrando atrapar su pierna entre sus filosos dientes justo antes de que pudiera escapar de un salto disfrutando del quejido agónico de este.
Albafika se obligó a sí mismo a no sentir empatía por aquellos seres del mal… que aquella bestia se encargara de darle el castigo que se merecían. Así que ocupó toda su atención en Mellea y Gioca, esta última abrazando a la niña contra su pecho para que no viera tan horrenda masacre, también notó como Sisyphus había llegado a la escena desde el cielo.
—Es hora de irnos, las llevare a un lugar seguro —murmuró tomando de la mano a la joven de ojos grises que se veía un poco atemorizada, pero que asintió con decisión al tiempo que se ponía de pie. Entonces él dirigió su mirada al Geminiano con seriedad—Te encargo el resto, Defteros —le dijo antes de alzar a las dos en brazos sin problemas y salir del lugar sin tiempo que perder, porque a pesar que sabía que el Direwolf se encontraba de su parte también estaba consciente que las cosas estaban a punto de salirse de control.
Aun herido, Heracles Negro pudo ponerse de pie lleno de desprecio e ira por aquel animal, y pretendió arremeter contra ella para sujetarla del cuello con sus fuertes brazos, pero los instintos súper desarrollados del Direwolf la instaron a que se girara bruscamente hacia él soltando a su presa actual dejándolo desangrándose en el suelo, y rápidamente ella se lanzó contra el corpulento Caballero Negro… la armadura de Heracles lo hacía fuerte y resistente, pero no paso demasiado tiempo para que comenzara a gemir angustiando y espantado cuando la bestia lo tenía acorralado contra el suelo en cuestiones de segundos dominada totalmente por la ira. Heracles intentaba por todos los medios y con desesperación sostener aquella peluda cabeza entre sus manos para desviar las mordidas, pero el gigantesco lobo colocó una de sus enormes patas con garras en el brazo ya herido del hombre, y presionando contra el suelo al tiempo que sus dientes atrapaban el otro libre de un poderoso mordisco, incrustándole los colmillos que atravesaron fácilmente la carne por donde la armadura no lo protegía.
Y un grito de total agonía escapó de lo más profundo de su ser sintiendo como prácticamente lo comenzaba a desgarrar y desmembrar sin piedad alguna.
Defteros con una leve mueca observó la situación con total tensión, mirando como el Direwolf hacia pedazos el cuerpo del Santo Negro formando un charco de sangre. Él no pudo evitar tragar hondo, viendo que por otro lado a Sisyphus que ya había llegado hacia un par de minutos advirtiendo también perplejo aquella sangrienta escena, mientras estaba con una rodilla en el suelo y sostenía en sus brazos el cuerpo inmóvil y frágil de la Oráculo.
Su mirada azul marina se posó en aquel Caballero Oscuro que aún quedaba con vida. Hidra permanecía tendido boca arriba en el suelo también en un pequeño charco de sangre que la herida de su pierna producía con abundancia, observando totalmente espantado y mortalmente pálido como el animal destrozaba su víctima… y que sabía perfectamente que si no huía; entonces pronto llegaría su turno.
—D-Detenla…
El suave y débil susurro llamó la atención de los dos Dorados, que se percataron de como la Oráculo había logrado abrir finalmente los ojos a pesar de los feos morenotes que dominaban sus facciones, con la mitad de su rostro ya hinchado de la tremenda paliza que el líder le había proporcionado. Recuperando la conciencia, a pesar de la magnitud de las heridas en su cara y el resto de su cuerpo.
—Detenla… por favor —repitió ella con su mirada bicolor cansada y adolorida fija en el Santo de Géminis, y casi al mismo tiempo haciendo una mueca de dolor al más mínimo movimiento, sintiendo la humedad de la sangre resbalar por su labio partido hasta su barbilla.
—Realmente no creo que sea prudente hacerlo ahora —indagó Defteros algo inseguro escuchando escalofriantemente como poco a poco los gritos de dolor de aquel ser maligno se fueron convirtiendo en leves quejidos, hasta que finalmente no se escuchó nada más que la propia carne siendo arrancada y desgarrada…
Un sonido bastante grotesco y desagradable para estómagos débiles.
Era bien sabido que se podía poner súbitamente agresiva inclusive con aquellos que consideraba aliados si osaba a interrumpirla, y definitivamente lo mejor para ellos es que no los viera como enemigos también.
Ione lentamente negó con la cabeza dejando escapar un leve gemido de sufrimiento y angustia por su hermana.
—Si ella… si ella no vuelve en si… se volverá completamente salvaje e irracional… —ella murmuró con sus ojos anegados en lágrimas viendo por si misma lo que era capaz de hacer su Guardiana tras perder la cordura—No volverá hacer… ella misma jamás —dijo despacio con ese nudo doloroso en su garganta, y con la firme esperanza resguardada en aquel hombre de piel morena y de ojos azules, porque así lo había visto en una visión.
Era el único que podía ayudar a su hermana en ese momento.
—Por favor… —suplicó casi sin aliento.
Defteros maldijo por lo bajo, notando como el Direwolf después de acabar la vida de Heracles maligno, ahora dirigía toda su atención en Hidra Negra que intentaba huir arrastrándose por la tierra lejos de ella dejando un feo rastro de líquido carmesí.
—Vamos a intentar domar a la bestia entonces —dijo él con una leve sonrisa, aunque realmente estaba lleno de tensión.
Ione casi pudo desmayarse aliviada ante la aceptación del Caballero a su petición, y ciertamente los punto negros que bailaban ante sus ojos indicaba que pronto sucedería, solo su preocupación por su gemela la estaba reteniendo de no perderse en la inconsciencia, y justo en ese momento fue consiente de como una calidez la acunaba.
—Deberíamos retirarnos, la sanadora debe atender sus heridas cuanto antes.
La voz de aquel hombre de cabellera castaña que la sostenía muy delicadamente debido a su actual estado, capturó su atención. Y se fijó en esos orbes azules puros y sinceros que la dejó confundida por un instante antes de que repentinamente se diera cuenta de que lo estaba viendo directo a los ojos, para luego notar alarmada sus intenciones de ponerse de pie con ella en brazos para marcharse como bien había dicho.
Rápidamente y sin pensar, poso una mano lastimada en su pecho en un triste vago intento de detenerlo.
—N-No… no iré a ningún lado hasta que mi hermana vuelva en si —repuso claramente con debilidad y algo frenética al pensar en ser separada de la presencia de su gemela en esas condiciones. Su respiración dolorosamente entrecortada le indicaba que había algo muy mal en el área de su pecho, pero incluso así pensaba luchar por quedarse allí.
Estaba determinada a hacerlo, costase lo que costase.
Sisyphus observó detenidamente la condición de la Oráculo que era bastante delicada, más bien era todo un logro de que aun permaneciera consciente a pesar que respiraba con bastante dificultad. Los lazos que las unían a ambas eran sumamente fuertes y únicos, tanto, como para velar la seguridad de la otra sin importar las circunstancias, y entonces acudió a sus pensamientos la imagen de su difunto hermano mayor… y en ese instante tomó la decisión de respetar los deseos de la joven mujer.
Mientras tanto, Kaia gruñendo ferozmente mostrando sus blancos colmillos hacia la última presa que quedaba con vida, que se había arrastrado en un mero y desesperado intento de alejarse de ella. Comenzó a avanzar hacia él despacio, disfrutando de la cacería y del momento justo en que saltaría directamente hacia su garganta para despedazarla y saborear su sangre tibia y fresca hasta que el último aliento de vida saliera de su cuerpo descuartizado.
Sin embargo, algo se interpuso entre ella y su presa…
Ese hombre de largo cabello azul y de tez morena portando aquella brillante armadura Dorada se encontraba ahora de pie en frente de Hidra, impidiéndole el paso mientras su mirada azul tan profunda permanecía seria.
El Direwolf agachó su cabeza y lanzó un gruñido más fuerte de advertencia para que se apartara de su camino.
—Me temo que no habrá más masacre por el día de hoy, lýkos —Defteros dijo con una mirada decidida a pesar de la tensión de su cuerpo, puesto que no quería enfrentarse realmente a ella, y no porque temiera no estar a su altura, lo cual era ilógico por ser un Santo Dorado, sino más bien muy en el fondo no quería lastimarla de ninguna manera posible.
Kaia solo le mostró aún más los dientes manchados de sangre sin intenciones de retirarse.
El Geminiano observó detenidamente esos ojos dilatados y salvajes, su pelaje gris platinado estaba cubierto de brillante sangre fresca desde la mandíbula hasta el pecho después de haber desgarrado los cuerpos de los Caballeros Oscuros, dándole un aspecto bastante intimidante. Reparó también que ella ya no respondía o siquiera hablaba, se notaba que a cada momento que pasaba solo perdía cada vez más el control, y sus pensamientos racionales se evaporaban.
Apretó firmemente los puños al momento que supo que la Pitonisa ya lo consideraba como a un obstáculo y se había convertido en una presa más.
Estaba perdiendo su humanidad.
Entonces Kaia arremetió contra él a un a gran velocidad, donde el Caballero de Oro la esquivó fácilmente de un salto largo alejándola a propósito de aquel Santo Negro furibundo. Afortunadamente ella estaba enfocada totalmente en atacarlo lo cual lo volvió a intentar nuevamente, con sus garras enterrándose en la tierra para agarrar mucho más impulso y ganar velocidad.
Defteros apretó los dientes pensando alguna manera de que hacer para que volviera en sí.
—Muchacha, entra en razón. Tu hermana ya se encuentra a salvo —dijo mientras esquivaba otra embestida. Obviamente sin tener resultados positivos puesto que ella solo hacía de oídos sordos—Maldición, esto no será fácil —farfulló al tiempo que con los pies bien firme en la tierra y sus manos alzadas, contuvo el brusco ataque del Direwolf tomándola a cada lado de la cabeza, mientras esta forcejaba de un lado a otro completamente colérica bramando y gruñendo sin parar.
La enorme bestia con sus fauces abiertas intentaba morderlo sin éxito lo cual solo le causaba más y más frustración.
—Vuelve en ti de una vez por todas.
Hablarle no funcionaba, más bien solo parecía aumentar su ira, sin embargo, una rápida idea surcó su mente. La soltó por un instante, dejándole la ventaja intencionalmente al animal de clavar uno de sus enormes colmillos en el antebrazo donde estaba ese pequeño espacio donde la armadura de Oro no llegaba a protegerlo. Pero Defteros pese al dolor no se inmutó en lo más mínimo, solo agarró esa acción a su favor, su mano libre atrapo el tupido pelaje que rodeaba el cuello del Direwolf, y su hombro aun con su brazo atrapado entre sus fauces, logró empujarla y someterla contra el suelo al mismo tiempo que lo soltaba por el tremendo impacto, quedando ambos estratégicamente en frente de la Oráculo y el Santo de Sagitario.
—¡Reacciona, maldita sea!—rugió ya harto de la situación sometiéndola a pesar que ella luchaba por liberarse entre rugidos de ira—¡Ahí está tu hermana sufriendo! No se ha ido a atender sus heridas por estar esperando por ti —aunque sus palabras eran duras en su opinión en la única forma que veía que podía traerla a la realidad.
Los ojos bicolores del Direwolf observaron aquella silueta del hombre de grandes alas que sostenía el menudo cuerpo de su gemela. Entonces poco a poco dejó de luchar, sus pupilas volviendo a la normalidad viendo fijamente el cuerpo realmente lastimado de su hermana, que con ojos idénticos a los suyos la miraban con cansancio, amor y esperanza a pesar de estar completamente adolorida y agotada.
—I…Ione… —logró murmurar ya totalmente quieta con la respiración agitada y su atención fija en su hermana menor.
Entonces Kaia sintió como el peso en su lomo finalmente se apartó para dejarla libre. Con lentitud se incorporó en sus codos, observando su alrededor muy despacio como si era incapaz de creer que esa escena tan grotesca y escalofriante de cuerpos mutilados en charcos de sangre hubiera sido por su culpa. Resopló un poco ante el olor metálico del líquido carmesí que estaba impregnado en sus delicados sentidos, al igual que el sabor que inundaba su paladar y que le revolvió el estómago.
Sus ojos se posaron nuevamente en su gemela y luego en el Santo de Sagitario.
—¿Puedes llevarla al Santuario, por favor? —le pidió con voz suave, aun aturdida por tantas emociones la adrenalina que aun quemaba su sistema.
Sisyphus asintió sin decir nada, ignorando ahora la débil protesta de la Oráculo.
—Kaia… no… —Ione intentó decir que no quería marcharse sin ella, pero su hermana la interrumpió negando suavemente desviando la mirada al suelo.
—Yo… iré dentro de unos instantes, adelfí… estaré bien.
Ione cerró lentamente sus labios que estuvieron a punto de decir algo para negarse, pero ella misma sentía la turbación de su hermana mayor. Sabía que precisaba tener su espacio, y estar rodeada de personas en el Santuario no iban ayudarla y mucho menos en ese estado… por esa razón no tuvo más remedio que aceptar que ese hombre de corta cabellera castaña la llevara volando lejos de allí, mientras rezaba que Kaia volviera pronto, y su consciencia finalmente se desvanecía dándole la bienvenida a la oscuridad.
A los pocos segundos en que el Caballero de Sagitario alzó vuelo con la Oráculo en sus brazos, Albafika llegó nuevamente al lugar presenciando el sangriento panorama que había quedado, con semblante impasible. Entonces con un pesado suspiro se acercó a Defteros que le había dado su espacio al gran Direwolf que observaba de forma ausente la tierra, mientras seguía echada en el suelo.
—¿Pusieron a salvo a la Oráculo? —preguntó con suavidad el de cabellera celeste viendo como su compañero asentía lentamente apartando la mirada de la bestia plateada. Decidió no preguntar por la sangre fresca que brotaba lentamente de su brazo derecho, ya que al demonio no parecía importarle, eso podía significar que no era nada grave.
—Sisyphus se está encargando de eso ahora —le respondió al tiempo que ambos posaron sus ojos en el único sobreviviente que ya se encontraba totalmente inconsciente en el suelo con una horrenda herida en su pierna que seguía sin dejar de sangrar profusamente—Y a este hay que llevarlo al Santuario y encarcelarlo, y si sobrevive supongo que será interrogado.
—De eso me puedo ocupar yo —Albafika agregó antes de arquear ligeramente una ceja color celeste—¿Pero que pasara con ella?
Defteros respiró profundamente, mientras seguía la mirada del Pisciano hasta donde la Pitonisa aun en su forma animal se estaba comenzando a marchar con pasos lentos y pausados hacia el interior del bosque.
—No te preocupes por eso.
'
'
Muerte.
Eso es todo lo que había causado ella...
A pesar que esas vidas no eran para nada inocentes, fue realmente la masacre de sus cuerpos que la trastornaba tanto, y de esa manera que no podía dejar de ver esa escena digna de una pesadilla repetirse una y otra vez en sus pensamientos.
Y toda esa sangre…
No la soportaba, por eso mismo sus pasos y olfato la llevaron a un río cercano, donde volvió finalmente a su forma humana, con el aire fresco de la noche acaricio su piel desnuda. Sus rodillas se flexionaron hasta dejarse caer en el suelo al ver su reflejo en el agua, y contuvo temblorosamente el aliento viendo fijamente como su mentón estaba presente la sangre brillante y viscosa y que bajaba por su cuello hasta su pecho tal y como había manchado su pelaje en su forma de Direwolf. Jadeó al tiempo que acercaba sus manos al agua fría para lavarse con desesperación queriendo eliminar por completo la atrocidad que había cometido.
Juraba que aun podía escuchar los gritos resonando en sus oídos, de la carne siendo desgarrada y los huesos al romperse y ser triturados. No pudo evitar temblar más por los recuerdos que por el frío que comenzaba a sentir… habida visto toda la masacre como a través de una fina tela roja de seda, siendo completamente incapaz de controlarse o frenar ese impulso tan salvaje de cazar y matar que la domino por completo.
Jamás había arrebatado una vida humana, pero a su vez nunca había perdido la cordura de esa manera...
A pesar que Arkhes le había mencionado una vez, que dado por el fuerte vínculo que las unía como gemelas, y más siendo ella la Guardiana de la Oráculo, su cordura podía depender de la salud de Ione, eso quería decir que si su hermana moría… cabía la enorme posibilidad de que ella se volvería complemente en un Direwolf salvaje e irracional, y ese suceso solo le demostraba el comienzo de su locura al sentir como lastimaron a su gemela.
Por esa misma razón su vestido blanco había desaparecido dejándola sin nada, solo su cabello ahora suelto cubría parte de su cuerpo desnudo, ni siquiera había quedado la corona de hojas que usualmente llevaba, solo su collar de cuarzo permanecía en su cuello. El cambio fue tan brutal y repentino, al igual que había estado tan cerca de volverse salvaje, que todo lo material se evaporo.
Era un pequeño indicio de advertencia de lo cerca que estuvo de perderse en ese abismo de demencia.
Dejó escapar un leve quejido de dolor cuando sus manos intentaron lavar con el agua su hombro donde también tenía sangre, pero mientras la limpiaba se dio cuenta que poseía una larga herida que llegaba hasta su clavícula, seguramente por el ataque que había lanzado uno de los Santos Negros al intentar defenderse desesperadamente de ella. Con dedos temblorosos bordeo la sensible y dolorosa herida que parecía un poco profunda, y que sería un claro recordatorio de lo que había hecho esa noche. Entonces apretando sus labios se abrazó a si misma, mientras agachaba la cabeza con pesar, y un miedo terrible comenzó a filtrarse rápidamente en sus venas, puesto que bien pudo haber lastimado a la niña italiana y a la madre que se encontraban en el lugar, pero que afortunadamente fueron sacadas del sitio a tiempo.
Sencillamente no quería ni imaginarse que hubiera pasado si el Santo Dorado de Géminis no la hubiera detenido, si su sed de sangre se detendría con la muerte del ultimo Santo Negro, o… hubiera arremetido igualmente con los que debería considerar sus aliados, sobre todo con aquel hombre de armadura de alas doradas por el simplemente hecho de sostener a su hermana, eso bien pudo haber activado su instinto protector y seguramente lo hubiera ataco sin detenerse a meditarlo demasiado, porque en ese estado no podía pensar nada más que alejar a todos de Ione sin importar que.
Tenía un enorme peso de culpa en su corazón, puesto que siendo Pitonisa su deber era con la madre naturaleza, y lo que había hecho parecía completamente antinatural.
Las vidas malas o buenas no debían de ser arrebatas de esa manera tan violenta y brutal..
—¿Por qué estás aquí, daimónio? —preguntó ella en voz baja sin levantar la vista ante la presencia que había notado hacia bastante rato, pero que había decido ignorar hasta ahora.
Defteros no respondió de inmediato, simplemente la había estado observando todo ese lapso sin atreverse acercarse más por el simple hecho de que ella necesitaba tiempo para analizar lo ocurrido, a pesar que esto podía turbarla. Si se hubiera aproximado inmediatamente pudo haber obtenido un rechazo más brusco, o quizás se vería cara a cara nuevamente con esa mitológica bestia, pero ahora que la veía mejor solo estaba en presencia de una mujer que había perdido notoriamente la confianza en sí misma, y que se consideraba más un peligro que una protectora.
Respirando profundamente se acercó con tranquilidad, notando como su cabello ondulado y sumamente largo caída como una cascada castaña oscura por su espalda y por sus hombros, cubriéndola lo justo para guardarle un poco de pudor.
Entonces él se quitó la capa de su armadura posándola suavemente encima de sus hombros desnudos.
—No voy a dejarte sola aquí después de lo que acababa de suceder… y menos aun estando herida —le dijo obviamente sin pasarle desapercibido la lesión de su hombro—Te llevare de vuelta al Santuario.
Por un momento Kaia pensó en replicar o negarse, puesto que no deseaba estar rodeada de personas, pero le había prometido a su hermana que regresaría, además que así podía comprobar su estado.
Aunque ahora tenía miedo de sí misma.
Entonces ella sin alzar su mirada simplemente asintió con lentitud, por lo que Defteros se inclinó hacia ella y sin consultarle la alzó en brazos sin sentir ninguna resistencia u objeción de su parte, por lo que dedujo que la Pitonisa en ese preciso momento no le importaba que la llevara, cuando en otro tiempo seguramente le hubiera reclamado con la barbilla en alto con su orgullo en juego, eso solo le daba a entender lo frágil que ella se encontraba en ese momento.
El camino de regreso al Santuario fue silencioso, el Geminiano de vez en cuando echaba un vistazo a la mujer para saber su estado, puesto que sinceramente la herida de su hombro parecía ser dolorosa, sin embargo, ella no decía absolutamente nada ni demostraba dolor en sus facciones un poco pálidas mientras estaba envuelta en su capa blanca. Una sensación muy extraña se arremolinó en su pecho, pero que decidió ignorar al tiempo que llegaron a las escaleras que daba el comienzo al ascenso de las Doce Casas, dándose cuenta que reinaba un extraño silencio y quietud aun a esas horas si recién había anochecido.
Por esa razón después de meditarlo un poco se detuvo en el Templo de Géminis donde la llevó finalmente a una de las espaciosas salas que tenía un banquillo. Y casi inmediatamente cuando volvió a inclinarse para dejarla sentada, ella finalmente alzó su mirada confundida, puesto que obviamente había esperado que la llevara ante el Patriarca y posteriormente ante Ione.
—Es mejor que te quedes aquí por ahora, presumo que no te apetece estar rodeada de preguntas si vamos directamente a ver a la Oráculo —le dijo irguiéndose en toda su altura—Posteriormente de que la sanadora se ocupe de ella le pediré que venga y atienda tu lesión… así después puedes ir sigilosamente a encontrarte con tu hermana.
Kaia solo pudo mirarlo fijamente un par de segundos, secretamente asombrada en parte por ese gesto tan considerado y amable de su parte. Y se recordó a si misma nuevamente que debajo de todo esa ruda apariencia de demonio existía el gran y bondadoso corazón de un Santo Dorado.
Entonces sus ojos lentamente lo recorrieron, deteniéndose en el pequeño río de sangre que bajaba y manchaba la armadura de Oro de su brazo derecho. Solo pudo apretar los labios al darse cuenta de la fea herida sangrante que no parecía ser otra cosa que causada por un objeto punzante, o más específicamente un enorme colmillo afilado.
¿Cómo no había recordado que lo había herido?
Aparte de que la había ayudado a entrar en razón, se había ganado una despiadada mordida de tal manera que no pudo evitar sentir aún más culpa ahogando su corazón.
—No te preocupes por eso, muchacha, sinceramente he recibido heridas mucho peores.
Ella no dijo nada, solo se puso lentamente de pie sin importarle en ese momento su desnudez y que la capa sobre sus hombros no la cubría por la parte de adelante, solo su cabello ocultaba sus curvas y senos, toda su atención estaba fija en la sangre que fluía aun lentamente de la carne abierta. Levantó ambas manos tomando con suavidad su brazo fuerte examinando con cuidado la herida sintiendo el peso de su mirada y la calidez que palpaba en la yema de sus dedos aun en la misma armadura. Sin lugar a dudas transmitía mucha fuerza, ni siquiera parecía inmutarse como si la herida no estuviera allí realmente, aunque igualmente la culpa la estaba carcomiendo por dentro.
Y tomando una profunda respiración cerró sus ojos un momento, y al abrirlos nuevamente ya había apartado sus manos de él, esta vez miró directamente aquellos ojos de un azul tan profundo y pudo ver varias emociones reflejada en ellos, y entre ellas la confusión y la intriga de sus acciones, también había algo más que no supo ponerle nombre, pero que, sin embargo, la hacía sentirse un poco extraña.
Sin apartar la mirada, Kaia llevó esta vez las manos a su propio cuello donde descansaba su preciado collar de cuarzo, y lo desató para después aproximarse más a él acortando las distancias. Sin darse cuenta Defteros se quedó sin aliento cuando vio como ella se colocaba de puntillas y con cuidado alzó sus manos hacia él, sintiendo levemente el roce de sus dedos en la parte de atrás de su cuello donde lo atravesó un leve estremecimiento, repentinamente prendado de aquella mirada exótica estando más cerca que nunca, tanto, que podía apreciar claramente el roce de su cálido aliento en su piel antes de retirarse con la misma lentitud de antes, y solo entonces se percató que ella le había colocado aquel collar donde la piedra blanca reposaba allí donde su aliento lo había rozado.
—Atreves de la piedra sagrada podré ayudar a sanar tu herida… fluyendo en ella un poco de mi poder —explicó brevemente Kaia apartándose ahora un poco, aferrándose más en la capa blanca para cubrir mejor su cuerpo.
El hombre de tez morena no supo cómo responderle, ya que era muy contada las veces que alguien se había ofrecido ayudarlo tan abiertamente de esa manera, no importaba que seguramente la Pitonisa lo estuviera haciendo impulsada por la culpa.
Ella se atrevió a sonreír un poco, aunque esa sonrisa no llegaba iluminar sus ojos opacos y atormentados. Posteriormente comenzó a caminar pasando por su lado, pero antes de retirarse finalmente lo observó sobre su hombro sin importarle que ese solo movimiento le causara un pinchazo de dolor.
—Gracias por todo lo que has hecho hoy, Defteros de Géminis —le dijo sinceramente mirándolo por un instante más para luego marcharse.
Kaia se encargó de llegar al Templo Papal con todo el cuidado y el sigilo posible sin ser detectada por nadie más, ayudaba bastante que la mayoría de los residentes tuvieran sus mentes ocupadas en los recientes acontecimientos, pero los murmullos y rumores no se hicieron esperar, y mientras estaba oculta atrás de unas de las columnas del pasillo, tras oír unos pasos y el tintineo de una armadura pesada, no pudo evitar escuchar la conversación.
—Míralo por el lado bueno, Manigoldo —comenzó a decir el portador de la Cloth de Piscis caminando sin apuro aun lado de su compañero después de haber ido a ver al Patriarca para anunciar el reporte—Podemos decir que ya todo el asunto de los Santos Negro acabo finalmente.
Aun así el Canceriano chasqueó la lengua con irritación tras llevarse los brazos detrás de la cabeza.
—Tsk, igual me hubiera gustado que el muy desgraciado no se hubiera muerto antes de hablar personalmente con él. Ya sabes… una conversación seria de hombre a hombre en el Yomotsu justo como con el imbécil de Yudo —le dijo con una gran sonrisa cínica mostrando su dedo índice que desprendió un poco de energía azulada.
Albafika rodó los ojos antes de negar lentamente con la cabeza ante el sadismo del hombre de orbes azul violeta.
—La sanadora dijo que no podía hacer nada por él, ya había perdido demasiada sangre —murmuró con un leve suspiro queriendo ir a descansar porque había sido un largo día—Aunque eso me lo vi venir en el momento en que lo deje en la celda.
—Mi único consuelo es que seguramente se pudrirá en el Infierno junto con sus compañeros con un terrorífico recuerdo de despedida —repuso Manigoldo más satisfecho con ese pensamiento—Merde, hasta yo me hubiera meado encima si una bestia así me descuartizara hasta morir —agregó mientras se frotaba la barbilla con una sonrisa burlona en los labios—Bueno bueno, Alba-chan, supongo que tuvieron su merecido… ahora mi mujer aguarda por mí en la habitación, y realmente espero que sin ropa —definitivamente necesitaba demostrarle a ella en esa "discusión especial" que había prometido antes.
El Pisciano hizo una mueca desviando su mirada he intentado ocultar el ligero tono carmín de su rostro antes de hablar.
—Por favor ya basta con eso, Manigoldo.
Se pudo escuchar la risa impertinente del hombre de cabello corto azul antes de hacer otro comentario que pusiera más en vergüenza a su compañero, mientras salían del Templo hacia sus propias Casas Zodiacales, dejando a Kaia con una sensación horrible en la boca del estómago cuando las palabras de ambos se repitieron en su mente trastornándola cada vez más… y no tanto por el hecho de que aquel Santo Negro que había dejado muy malherido había sucumbido finalmente a la muerte cobrándose no a una, sino tres vidas aquella noche… más bien era una de las ultimas oraciones.
'Si una bestia así me descuartizara hasta morir.'
Llevó temblorosamente sus manos a sus oídos para intentar acallar los gritos otra vez, aunque sabía que estaban solo en su cabeza al igual que el sabor y olor de la sangre. Tuvo que obligar a sí misma a respirar hondo varias veces para empujar esos pensamientos en el fondo de su mente cuando por fin decidió salir del escondite para dirigirse a la habitación donde su hermana y ella descansaban.
Pero con cada paso que daba más segura estaba de su decisión… apenas cuando supiera que la vida de Ione no correría peligro y que se recuperaría de sus delicadas heridas...
Entonces… ella se marcharía del Santuario.
Continuara...
Admito que disfrute haciendo la escena donde ella destroza a los Santos Negros... pero no es mi culpa D: eso es culpa de la ultima temporada de Game Of Thrones que nos volvió algo insensibles y sanguinarias xD
Pues bien, les advertimos que ahora es que se va a poner intensa la cosa, esto va a estar como la virgen de guadalupe jaja
Pd: ya se podran imaginar quien es la sanadora actual del Santuario 7u7
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Okami Akai
