¡Saludos, queridos lectores! nuevamente aquí esta la actualización de esta larga historia xD y alguien dijo... ¿dramas existenciales? y ahora es que se comenzara notar esa atracción 7u7
Y a pesar que para algunos la escena anterior de la masacre no fue tan exagerada, hay algo que pasa mucho más adelante que si se gana y por mucho el rango "M" muajajaja
Pd: en nuestra pagina de facebook ya colocamos como se ve físicamente Kaia junto con una pequeña ficha :3
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capítulo V
"Lost and found"
Grecia, Athena - Templo de Géminis
Septiembre, 10 de 1749
En ese instante la Tercera Casa Zodiacal permanecía habitualmente tranquila, todo lo contrario lo que sentía su Guardián en ese momento, puesto que a pesar que su semblante era sereno la turbación podía notarse fácilmente en la profundidades de sus ojos azules. Incluso la Cloth de Géminis no había abandonado su cuerpo, a pesar de que ya había terminado la ronda de vigilancia donde normalmente ahora estaría reposando en su pedestal a la espera de que su dueño pudiera necesitarla nuevamente, pero esta vez era diferente...
Primero, no podía dejar de pensar en el hecho de que si Aspros algún día regresaría finalmente, puesto que ya casi transcurría un año desde que habían vuelto a la vida, y a su vez se había marchado, pero no tenía ninguna noticia sobre él, solamente poseía la certeza de que estaba con vida.
Fuese cual fuesen sus deseos sabía que solo le restaba esperar.
Y aparte de eso, sin lugar a dudas las cosas en el Santuario se había calmado un poco con la caída de la organización de Nero, sin embargo, la seguridad no había disminuido para nada, la intromisión y el incidente que sucedió solo les hacía aumentar la vigilancia, puesto que bien podría suceder algo en el futuro y con resultados totalmente desastrosos, pese a eso, los habitantes ahora podían tomarse un ligero respiro, si bien seguían estando alertas en cualquier caso…
En cambio, él se encontraba sumamente pensativo muy lejos de considerarse relajado, y al decir verdad los rumores que se extendieron por todo el lugar tampoco lo ayudaban demasiado, porque ya no era ningún secreto que la Pitonisa podía convertirse en una bestia capaz de hacer lo que sea con tal de proteger a la Oráculo, y Shion siendo el Patriarca, finalmente tuvo que calmar los aires explicando brevemente sin entrar en demasiados detalles, solo lo suficiente para satisfacer la curiosidad de aquellos que nunca se habían imaginado que podría ser realidad más allá de una fantasía mitológica.
Inconscientemente llevó sus dedos a aquella piedra blanca que aún permanecía atada a su cuello, y que en tan solo unos pocos días había ayudado a sanar casi perfectamente la herida de su brazo, y que normalmente se hubiera tardado un par de semana en cerrarse y cicatrizar. Pero... más que eso, lo que lo inquietaba de cierta manera era tener el conocimiento que a tan solo dos días del ataque de los Santos Negros ella se hubiera marchado, la había visto descender por el Templo de Aries dirigiéndose a la salida del Santuario aparentemente tranquila y silenciosa, pero a pesar que no llevaba nada en las manos; como bolso con comida y demás, tenía el fuerte presentimiento de que se iba para no volver, eso le había indicado la mirada opaca y ausente que sus ojos bicolores había transmitido sin siquiera observarlo directamente como usualmente hacia cuando se topaban, solo se le veía decidida… y no podía detenerla, no era asunto suyo sus motivos y siendo solo una Pitonisa no recaía en él el deber de escoltarla como sucedía en el caso de su hermana, pero eso no quería decir que en algún momento no le dio el impulso de seguirla o siquiera preguntarle a donde iba.
Aunque al final prefirió guardar silencio, porque una vez más no era de su incumbencia.
Entonces… ¿Por qué se sentía de esa manera?
Para él no tenía una explicación razonable, porque a pesar que se conocían durante casi un año las interacciones entre ambos no habían sido demasiadas frecuentes. Si bien ciertamente desde que un poco antes del incidente donde la vio como un Direwolf por primera vez sabía que algo había cambiado, puesto que su forma de tratarlo había dejado de ser hostil, y ahora pasaba hacer casi amistosa, a parte de la gran curiosidad que demostraba la mujer y que había decido aparentemente confiar en él más que en cualquier otro habitante del Santuario que no fuera su propia gemela, y eso lo dejaba desconcertado.
Ni siquiera sabía que nombre ponerle a su relación, si eran simplemente conocidos, o podía llamarla una amiga.
Pero indudablemente algo tenía que ser, puesto que tenía la leve sospecha que ella no lo defendería de alguien que media más de dos metros de altura si no lo considerara alguien que realmente le importase aunque sea un poco, rememorando lo sucedido con Aldebaran hace cuatro meses atrás.
¿Y eso quería decir que tenían alguna especie de conexión?
Pues era sumamente frustrante estar confundido por algo tan simple, pero en su defensa, no se relacionaba demasiado con las personas más que con unos pocos, y muchos menos con una mujer.
Pero la verdad sea dicha, ahora que estaba consciente de que se había ido y que tal vez no regresaría, se comenzaba a dar cuenta de que muy en el fondo disfrutaba de su compañía. Ella rompía la monotonía de su día a día cada vez que iba a visitarle para hacerle alguna clase de pregunta domada por su curiosidad innata, y se podía decir que hasta se sentía a gusto en los pequeños momentos que se encontraba a su lado. Sabía que esas sensaciones no habían comenzado de la noche a la mañana, no obstante, había empezando a pensar más en ello justo desde el instante que le había entregado aquel cuarzo blanco para sanarlo, esa proximidad lo había aturdido de cierta manera.
Un lento y pesado suspiro escapó de sus labios, puesto que no sabía describir exactamente aquellas emociones, y muchos menos deducir el por qué. Lo único de lo que podía estar seguro es que se sentía agradablemente diferente con esa mujer que ahora lo trataba como a un igual, y que en ese momento él se encontraba con una gran impotencia, puesto que no pudo hacer nada más que ver como se marchaba.
Repentinamente salió de sus pensamientos al escuchar unos pasos que se aproximaban por la sala, junto con eco y el suave resonar del tintineo metálico de una armadura. Defteros se giró lentamente para encontrarse al Guardián de la Novena Casa, y tuvo que disimular su sorpresa al notar como el Santo Dorado de Sagitario llevaba en brazos a la mujer de larga cabellera castaña oscura que eran tan idéntica a su hermana como dos gotas de agua, pero que sin embargo, él aprendió a diferenciar muy bien.
Sisyphus se detuvo a una corta distancia sosteniendo el frágil cuerpo de la Oráculo por la parte de abajo de sus muslos, prácticamente estando sentada de cierta manera en su brazo, mientras que ella se apoyaba en el hombre de cabellera castaña pasando su delgado y femenino brazo por detrás de sus hombros. Era una manera para evitar lastimarla demasiado aun en su condición delicada de recuperación.
Y denotando por la mirada algo tensa e insegura de su compañero de armas, dedujo que la decisión de traerla no había sido suya, e igualmente había algo raro entre esos dos que se estaba comenzando a forjar, puesto que sabía que ella prácticamente no se comunicaba casi con nadie más que con unos pocos, y que ni siquiera llegaba a contarlos con los dedos de la mano.
Finalmente el hombre de cabello castaña se inclinó levemente para que ella con extremo cuidado pudiera tocar el suelo con sus pies descalzos.
—Defteros —saludó brevemente el Caballero de Sagitario con una inclinación de cabeza, al tiempo que suspiraba y en un gesto tenso llevó sus manos a su corto cabello, obviamente no demasiado seguro de estar haciendo lo correcto llevándola hasta allí. Pero ciertamente no podía permitir que bajara sola todo ese recorrido desde el Templo Papal hasta el de Géminis.
El demonio de la isla Kanon ni siquiera le respondió, solo estrechó la mirada mientras arqueaba una ceja, posando su vista en la mujer de extravagantes ojos. Y aunque la Oráculo intentaba ocultarlo, se notaba que le costaba mucho moverse pese al dolor de su cuerpo, aun así con esfuerzo se obligó a sacar valor para ver al Geminiano a los ojos sin titubear o sentirse intimidada, puesto que tenía una gran petición que hacerle.
—Oráculo… —comenzó a decir el hombre moreno, sobresaltándola un poco al no esperarse que le hablara primero—¿A qué se debe esta inesperada visita?
Tragando hondo por un instante para darse aún más fuerza, los ojos bicolores de ella se posaron en el collar que reposaba y resaltaba en su cuello por el tono tostado de su piel. Demorándose su mirada aun poco en la piedra antes de alzar nuevamente la mirada con el valor nuevamente renovado.
—Yo… pues —Ione carraspeó suavemente para buscar su voz repentinamente perdida por los nervios, pero ese solo acto le causo un pinchazo en sus costillas que decidió rápidamente ignorar—Deseo pedirle, Santo Dorado de Géminis, que por favor busque a mi hermana y la traiga de regreso al Santuario —dijo pausadamente y con voz suave, sus pequeñas manos que se encontraban ocultas bajo su ropaje estaban apretadas en dos puños temblorosos, pero su valor solo llegaba hasta cierto punto.
Defteros solo aspiró profundamente para sí mismo cerrando los ojos por un momento, porque de alguna manera sabía desde el principio que por esa dirección se iría el tema de conversación. No había otra razón para que ella fuera ante él de manera tan repentina tomando muy en cuenta que paso todos esos días en cama prácticamente más inconsciente que despierta sin poder siquiera mover un solo dedo producto de la brutal golpiza que se había visto sometida hasta casi atentar con su vida.
—Lo siento, muchacha, pero aunque quisiera no puedo hacer eso —él respondió con una media sonrisa sin gracia momento después al observarla detenidamente. La verdad es que deseos de ir a buscarla no le faltaban, pero no importaba lo que él quería—El único que puede darme una orden directa es el mismo Patriarca, y a pesar que usted es de suma importancia para el Santuario mi deber es protegerla no obedecerla —y así eran las leyes que regían a ese lugar y los dos Santos de Oro lo sabían muy bien, aunque lo llevaran contra sus deseos.
Sabía que podía sonar cruel y pedante, pero las cosas no funcionaban de la manera que ella pensaba y tenía que hacérselo saber. Sin embargo, aun así la mujer no retrocedió o siquiera se ofendió con sus palabras, solo estrujo la tela de su vestido bajo sus manos estando bastante ansiosa, pero para nada dispuesta a retirarse.
—Entonces como la Oráculo de la Villa de Delfos, le sugiero que encuentre a mi hermana, o no me dejara otra opción y atravesaré las puertas que dan hacia las afueras del Santuario para hacerlo yo misma.
El Geminiano alzó ambas cejas, mientras le echaba un vistazo rápido a Sisyphus que lo observó de vuelta encontrándose en el mismo grado de sorpresa e impresión que él mismo.
—¿Está consciente que quizás su hermana no quiera ser encontrada, verdad? Supongo que por eso se ha marchado, ¿No? —repuso él con una ceja arqueada y respetando en silencio sus osadas palabras, anteponiendo el bienestar de su gemela antes de que a su propia timidez.
—Eso lo sé muy bien —la mujer repuso con un poderoso nudo que se comenzó a formar en su garganta, pero sin decir nada más al respecto.
Y entonces cuando él iba agregar algo más para negarse, Ione solo aumento la sorpresa de ambos hombres al arrodillarse en el suelo sin importar el dolor de esas heridas que aún no habían terminado de sanar, colocando sus manos en el frío suelo e inclinó su cabeza con su frente encima de sus manos ignorando la terrible agonía de su cuerpo que gritaba por un respiro que no podía darle aun, no hasta cumplir su cometido.
—Por favor, estoy consciente de que no tengo posibilidades para hacerlo yo sola en mi actual condición, aunque igualmente lo intentare si no queda otra manera —murmuró ella apretando sus manos claramente con desesperación e impotencia—Por eso confió que usted pueda hacerlo.
El Geminiano parpadeó despacio al verla de aquella manera, sin embargo, no podía dejarse influenciar por sus palabras o sus acciones.
—¿Y por qué cree eso? —el demonio preguntó con más seriedad y con voz clara.
La Oráculo esta vez volvió alzar la vista observándolo nuevamente con decisión y seguridad, a pesar que por dentro temblara como una frágil hoja.
—Porque sé que es el único en el Santuario en que Kaia confía, y al mismo tiempo la conoce más que cualquier otro en este lugar después de mi —le aseguró sin titubear.
Esa vez Defteros no pudo evitar tensar su mandíbula, puesto que si rememoraba todo desde que ambas llegaron de la Villa de Delfos la Pitonisa solo se había relacionado con su persona. Y si bien al principio sentía que estaba muy lejos de conocerla realmente, en su interior existía ese pequeño vínculo donde claramente sobraban las palabras y a lo que en ese instante la Oráculo se estaba refiriendo exactamente, una clara indirecta, puesto que no estaban solos y algo que solo él podía entender.
Dio un largo suspiro de resignación antes de volver hablar bajo la ansiosa mirada exótica.
—Muy bien, pero quiero advertirle que no puedo asegurarle nada —contestó un poco de mala gana con un leve gruñido, dado que eso bien podría traerle varios problemas en un futuro si no actuaba con cuidado. Aunque una parte de sí mismo sabía que había estado esperando a la más mínima oportunidad para poder hacerlo—Sin embargo, Sisyphus, espero que seas tú que se lo comuniques a su ilustrísima y se le expliques las circunstancias —le dijo a su compañero con una media sonrisa formándose en sus labios.
A lo que el Santo de Sagitario solo pudo sonreír levemente y asentir ante esa petición.
—No te preocupes, creo que puedo ocuparme de eso —el castaño respondió con amabilidad, esperando que el Pope entendiera sus motivos, y siendo ahora su mano derecha esperaba que eso influyera positivamente también de cierta forma.
Mientras tanto, la mujer de tez dorada dejo escapar temblorosamente el aire de sus pulmones adoloridos sabiendo que había estado conteniendo el aliento en todo ese momento a la espera de una respuesta positiva, el alivio amenazaba con derrumbarla en ese mismo instante.
—Se lo agradezco —murmuró ella con una sonrisa de verdadera esperanza y alivio, mientras se incorporaba un poco—Sé que será una tarea difícil… sobre todo localizar su paradero, pero puede ayudarse con el cuarzo —señaló indicando el collar que reposaba en su fuerte cuello—Tenemos un gran vínculo con dichas piedras, puesto que lo usamos por años, así que cada vez que se acerque más a su ubicación la piedra hará una pequeña resonancia.
Y aunque la Oráculo no decía nada a juzgar por su mirada preocupada y ansiosa, podía deducir que también tenía el miedo latente de que su hermana estando tan turbada por los recientes acontecimientos pudiera descontrolarse un poco. Y estando a las afueras en un lugar desconocido no acrecentaba nada bueno, mayor aun si había personas observando, y estos podrían querer tomar cartas en el asunto en contra ella, algo que ponía en riesgo la seguridad no tanto de la Pitonisa sino de aquellos desafortunados que la hicieran sacar de sus cabales.
—Entonces partiré en seguida —comentó el Santo de Géminis dando media vuelta pensando en los rápidos preparativos que tenía que hacer antes de partir.
La mujer solo asintió infinitivamente agradecida, llamando esta vez su atención el Santo de grandes alas Doradas que se había encargado de escoltarla hasta allí.
—Es hora de irnos para que pueda descansar correctamente —comentó Sisyphus colocándose a su lado e inclinándose hacia ella para ofrecerle su mano y así ayudarla a ponerse de pie.
Ella se forzó a alzar su mirada hacia él, y un poco cohibida aceptó su ayuda posando sus fríos dedos en su mano más grande y cálida que la sostuvo con firmeza, pero con suma delicadeza a la vez. Entonces Ione volvió a posar su mirada en aquel hombre de larga cabellera azul marina rezando para que pudiera encontrar a Kaia, anhelaba verdaderamente volver ver a su gemela.
—Que la madre naturaleza lo guíe en su búsqueda y los traiga a ambos de regreso.
Defteros se detuvo brevemente al escuchar sus palabras, y observó sobre su hombro como ella lentamente se ponía de pie con un poco de esfuerzo con ayuda del hombre castaño, con su mirada brillante y nostálgica por el regreso de la persona más importante de su vida. Él no pudo evitar que su sonrisa se acentúe un poco más aunque con algo de amargura... Posteriormente volvió a seguir su camino, puesto que de cierta manera le hacía recordar a su propio hermano y en la época en que estaba más que dispuesto a convertirse en una sombra para que su gemelo brillara todo lo posible, viéndolo siempre desde lejos a la espera de su regreso sin saber que solo estaba incentivando aquella diminuta gota de maldad…
Sacudiéndose esos pensamientos tortuosos, se enfocó en arreglar lo justo y necesario para su salida, y en menos de una hora ya se encontraba listo, con un pequeño saco con suministros, y ya con la caja de pandora donde se encontraba la Cloth de Géminis resguarda y cubierta con una tela blanca para no llamar la atención. Fue muy cuidadoso al salir del Santuario sin ser visto por alguien y más aún alguno de sus compañeros de armas, dado que no le apetecía que le hicieran preguntas que en ese momento no deseaba responder.
Pero ya encontrarse a las afueras del Santuario internándose en el bosque más cercano comenzó analizar que ella seguramente agarraría una ruta más natural. Lo primero que hizo fue barrer la zona en busca de huellas o algo parecido, pero no encontró nada que fuera de mucha importancia. Y conforme transcurría prácticamente un día tratando de encontrar alguna pista que le indicara el camino exacto por donde la Pitonisa se había marchado, se dio cuenta que de verdad no iba hacer para nada sencillo por muy entrenado que pudiera estar como Guerrero. Ella sabía moverse bastante bien entre la naturaleza, y si había tomado la forma de un Direwolf podía recorrer una gran distancia en un periodo corto de tiempo antes de agotar sus energías.
Por un momento se le ocurrió la opción de que la mujer bien pudo haber regresado a la Villa de Delfos, sin embargo, lo descartó rápidamente, puesto no podía ser tan simple. Y si así fuera; la misma Oráculo se lo hubiera mencionado como una gran posibilidad.
Empezó a replantearse que de cierta forma no era el más apto para aquella misión, se daba cuenta que no era suficiente quedarse dando vueltas alrededor de la espesura del bosque a la espera de encontrarse con una pista milagrosa. Eso quería decir que también tendría que ir a los pueblos cercanos, porque cabía la probabilidad de que hubiera visitado alguno, aunque esto lo colocaba en duda realmente, no obstante, tenía que indagar en cada opción que pudiera imaginarse, y no limitarse con una sola opción si esperaba dar con ella lo antes posible. Pero… no era demasiado bueno socializando con otras personas y menos aún con desconocidos, lo cual la tarea se le podía antojar un tanto incomoda y desagradable, pero ya no había marcha atrás… solo esperaba que aquella piedra de cuarzo pudiera ayudarlo realmente en algún momento.
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Kaia dejó que la brisa fresca y con ese toque salado intentara despejar su mente, pero que aun a esas alturas era incapaz de lograrlo. En ese instante observaba desde un risco alto, con frondosos árboles aquel pueblo cerca del mar, un escenario pintoresco y llamativo totalmente diferente al cual estaba acostumbrada. Escuchó a las gaviotas graznar junto con las olas que rompían en la arena cerca del pequeño muelle.
En ese momento estar rodeada de la naturaleza la calmaba de cierta manera, pues apenas se internaba en un pueblo con esos sonidos de las carrozas, niños jugando, las personas hablando, y tantas cosas más mezclándose a los olores exóticos ocasionaban que la bestia dentro de sí hiciera el ademan de descontrolarse.
Pero por eso mismo lo hacía.
¿Que mejor manera de intentar controlarse que estando en el centro de algo que pudiera perturbarla? pues así podía intentar entrenarse. Sin embargo, había transcurrido varios días y aún no había hecho demasiados avances, para no decir ninguno, y antes de que se diera cuenta tenía que internarse nuevamente en el bosque para no colapsar...
Durante esas casi dos semanas desde que había salido del Santuario sin una meta todavía en mente, solo con el único pensamiento de alejarse para no hacerle daño a nadie más. Pensando en alguna manera de que eso no volviera a pasar, porque desde lo ocurrido se sentía ansiosa, sensible a casi todo lo que la rodeaba, como un animal alterado que al más mínimo sonido quería mostrar los colmillos en advertencia.
Y se negaba a vivir así.
Por lo menos las noches para ella era un poco más tranquilas, puesto que estando en la naturaleza comía y bebía de lo que esta misma podía brindarle, descansando en la raíces de los árboles, para que a la mañana siguiente entrar en el pueblo y pasear siempre ignorando la mirada curiosas de las personas, no obstante, no duraba mucho tiempo hasta que se sentía aturdida nuevamente.
Pero esta vez iría al poblado de noche esperando correr con mejor suerte.
Solo… tenía que intentarlo, las pesadillas la asechaban por las noches, y ya no sabía con seguridad si eran visiones o meros sueños. Tampoco sabía que pensar o qué hacer con exactitud… Quizás esa no era la mejor opción o siquiera la manera adecuada, pero por los momentos era lo único que se le ocurría. Era eso o quedarse en el Santuario a la espera de algo que bien no podría llegar, además, sabía que el rumor se expandía rápido por el Santuario y podrían llegar a temerle, sobre todo porque la gran mayoría no la conocían demasiado bien, y con su hermana inconsciente con aquellas heridas espantosas solo podía aumentar su estrés y hasta causarle ira al recordar que no pudo llegar a tiempo para salvarla.
Se sentía ahogada por la culpa y el arrepentimiento en partes iguales, igualmente no tenía casi ninguna relación con sus habitantes por lo que no había casi ninguna clase de confianza.Y con el único que podía atreverse a llamar amigo, lo había herido en su arranque de ira bestial, y eso era algo que la perseguía casi tanto como haber matado a sangre fría.
Lentamente el leve sonido de los grillos la hizo reaccionar y volver a la realidad, y tomando una profunda respiración bajó despacio y cautela hacia el pequeño, pero vivo pueblo de Gláros, con sus luces en faroles alumbrando bajo el cielo nocturno. Si volvía a fallar no sabía realmente que hacer después, sencillamente no podía regresar a la Villa de Delfos sin su hermana, eso era seguro, y menos aun siendo la Guardiana de la misma Oráculo, y a su vez como su protectora sabía que no debía alejarse de ella por demasiado tiempo, pero volver al Santuario en el estado que ni siquiera confiaba en si misma tampoco era lo más sensato, le daba temor de cierta manera reaccionar bruscamente ante algún aliado solo por el simple hecho de acercarse a su gemela… lo primero era que debía de asegurarse que podía incluso soportar estar rodeada de ruido y sonidos extraños, mientras se encontraba cerca de personas desconocidas sin alterarse, y solo entonces regresar al Santuario sería un poco menos complicado…
Si no… pues tendría que proteger a Ione desde las sombras a partir de ahora.
Las luces del pueblo llamaron un poco su atención, iluminando las calles y a la actividad que aún se encontraban sometidos los lugareños, sobre todo, aquellos sitios donde desprendía un fuerte olor alcohol, y que se escuchaba claramente la música y voces bastante animadas, pero que rápidamente prefirió ignorar. Los mercantes se paseaban de aquí para allá haciendo negocios rápidos a cuyas pequeñas tiendas que permanecían abiertas pese a que el sol ya se había ocultado, también o los caballos jalando las grandes carretas con mercancía preparándose para ir a los establos más cercanos para un merecido descanso.
Respiró un poco aliviada con forme caminaba, puesto que a pesar que había bastante actividad, aunque recién había oscurecido, no era tanta como en el día.
Y siendo un pueblo cerca de la costa mercante donde se hospedaban también viajeros quería decir bastante.
Nuevamente tuvo que ignorar aquellas miradas curiosas y suspicaces hacia su persona, seguramente por su llamativa vestimenta blanca, las marcas rojas debajo de sus ojos bicolores, y además la corona de hojas en su cabeza. Era totalmente comprensible, porque quizás muchos de ellos ignoraban la existencia de las Pitonisas, o incluso ya hasta habían comenzado a pensar que eran solo mero mito, puesto que tenían mejores cosas que pensar con tantas mercancía que vender e intercambiar, también a clientes que satisfacer... y ya contaban la favorable bendición de los Dioses para eso.
Sin embargo, su inexperiencia aun demasiada grande tratando y conociendo a los humanos no la tenía preparada para la clase de almas despreciables y perdidas que una mujer sola podía tener la desdicha de encontrarse.
Repentinamente sintió como unos fríos dedos se cerraron en su brazo, causándole que internamente saltara a la defensiva, apretando con fuerza los dientes para evitar gruñir amenazadoramente, fijándose como un sujeto de más o menos de mediana edad con su cabello pintado con algunas canas y el rostro ruborizado al igual que sus ojos húmedos… y esa sonrisa torcida que le pareció asquerosa, mientras la miraba de arriba abajo de una manera que jamás había visto, pero que le repudio en seguida.
—Eres una belleza muy exótica —dijo el hombre viejo inclinándose de un lado a otro como si le costara mantener el equilibrio—Soy realmente afortunado… de ¡hip! toparme contigo primero —pasando su brazo libre por la nariz en un gesto torpe—Ven, vamos a un rincón. Te pagare muy bien como para que te compren unos zapatos decentes —balbuceó tironeando más de ella.
Kaia solo comenzó a sentir como unas garras filosas atrapaban su estómago y lo comprimían fuertemente ante la emoción negativa que le produjo esa mirada lasciva junto con el apestoso y repulsivo olor alcohol que le llegaba a su delicado olfato.
Esta vez no pudo evitar lanzar un gruñido bajo al tiempo que mostraba sus ahora afilados colmillos.
—No se atreva a tocarme con sus dedos manchados de impureza —siseó apartándose de un tirón sin despegar peligrosamente la mirada.
El hombre viejo frunció el ceño claramente descontento, pero en el momento en que iba a replicar enojado e insatisfecho solo pudo ahogar un jadeo.
—¡¿P…Pero que mierdas?! —exclamó en un balbuceo al ver como esos ojos demasiado extravagantes ahora brillaban en la oscuridad, dándole un aspecto terrorífico como si hubiera salido de los confines del mismísimo Inframundo.
El sujeto en cuestión no tardo demasiado tiempo en reaccionar, retrocediendo en un tambaleo torpe casi tropezando con sus propios pies al momento de huir.
Por otro lado, Kaia comenzó a darse cuenta que ir al pueblo fue realmente una mala decisión, aunque lamentaba que esa experiencia desagradable fue lo que le hizo ver la realidad finalmente. Solo le daban ganas de aislarse con la madre naturaleza lo más pronto posible, pero cuando se giró para marcharse casi se dio de bruces con un par de caballos que tironeaban un carreta, estos se encabritaron relinchando con algo de fuerza cuando el dueño templó las riendas bruscamente para frenarlos, lo cual solo causó la molestia del mercante gritándole que tuviera más cuidado antes de seguir con su camino. Ella intentó por todos los medios no alterarse pensando en salir del pueblo lo más pronto posible con pasos apresurados haciendo caso omiso a las personas que la observaban, un perro cercano comenzó a ladrarle justo en el instante que unos niños con sus risas estrepitosas tropezaron con ella, el canino le gruñía con las orejas plegadas hacia atrás presintiendo la bestia dentro de ella que luchaba incomoda y para nada contenta.
Se cubrió los oídos mientras se detenía, cerrando sus ojos para intentar respirar hondo y calmar su alocado pulso, al tiempo que también apretaba la mandíbula con fuerza. Simplemente no podía transformarse en aquel lugar lleno de gente, con solo el recuerdo del sabor y el olor de la sangre de aquella vez comenzaron trastornarla y a jugar aún más con su pobre autocontrol.
En el preciso instante que pensaba que no podría tranquilizarse, sintió un suave toque en su hombro junto con un aroma de cuero y a almizcle que floto en su dirección y que reconoció al instante... Además, que no causo el mismo efecto brusco y árido que había pasado con el otro sujeto entraño minutos antes.
Abrió lentamente sus ojos y observó perpleja como una mirada azul profunda estaba posada sobre ella.
El Santo Dorado de Géminis realmente estaba allí opacándola con su gran altura.
—Daimónio… —murmuró ella despacio, pestañeando un par de veces sin poderlo creer. Y rápidamente su ceño se frunció, porque no se había esperado para nada encontrarlo en ese lugar tan lejos del Santuario.
—Muchacha, es bueno encontrarte finalmente, pero me parece que es mejor que nos alejemos por tu propio bien —le dijo este con su voz profunda, muy atento a los que lo rodeaba y evitar que algo más la perturbara.
Más, sin embargo, Kaia siguió mirándolo fijamente con sus preocupaciones de hace un instante esfumarse en un parpadeo dejándola solamente con suma intriga y curiosidad. La vestimenta que el Geminiano llevaba puesta consistía en unos pantalones negros y bota altas del mismo color, junto con una camisa blanca y pulcra de mangas largas de botones, y que descuidadamente los primeros se encontraban desabotonados mostrando el rico contraste de su piel morena. En su hombro sostenía la tira de cuero de la caja donde su Cloth se encontraba recubierta por la tela clara, y finalmente colgando de su brazo libre estaba lo que parecía ser un sobretodo negro.
Pero un grupo de hombres borrachos y cantando a todo pulmón que pasaron tremendamente cerca de allí la distrajeron muy lejos su atención de él. Sus pupilas se dilataron levemente ante el fuerte escándalo, mientras hacia una mueca.
—Vamos.
Entonces Defteros la ayudó a guiarse por el pequeño pueblo de Gláros hasta que finalmente ambos llegaron al límite del bosque. La mujer de largo cabello castaño oscuro respiró profundamente la pureza que le brindaba la misma naturaleza, y se recargó suavemente de un árbol dejándose caer poco a poco hasta quedar sentada. Dejando que lentamente esa pequeña paz le infundiera tranquilidad para estabilizar nuevamente sus sensibles y alterados sentidos.
En cambio, él la observo detenidamente en silencio esperando pacientemente a que recobrara la compostura. Era toda una suerte de que la hubiera encontrado en el momento más indicado, puesto que justo cuando unos días atrás había pensando que su búsqueda terminaría en un gran fracaso... sin embargo, al preguntar en una aldea cercana a este un comerciante marinero le mencionó que había un rumor de una joven algo llamativa con sus características en el pueblo junto a la costa. Y con forme se fue aproximando el cuarzo en su cuello empezó con una leve resonancia, un poco parecida a las que hacían las Cloth cuando se comunicaban con otras, fue por eso que se dispuso a darse prisa sin importar que la noche cayo rápidamente sobre él.
Ahora encontrándose nuevamente con ella después de buscarla por casi toda una semana entera no quiso indagar realmente en esa extraña emoción que se había vuelto familiar y que le hacía sentirse a gusto cuando estaba a su alrededor. Por los momentos debía preocuparse únicamente en su misión y no retrasarse más de la cuenta, puesto que a pesar que tenía fe en que Sisyphus había convencido a Shion, no tenía ni la menor y mínima idea como había reaccionado este, o si habría alguna especie de repercusiones graves.
Decidió mantener las distancias, solo aproximándose lo suficiente como para dejarle su espacio, pero igual de atento por si ocurría algo. Así mismo se encontró pensando en sus siguientes palabras, no queriendo inquirir lo que había estado a punto de suceder en el pueblo.
Sin embargo, la Pitonisa fue mucho más rápida para iniciar el tema de conversación.
—¿Piensas regresarme al Santuario? —preguntó ella suavemente aun sin levantar la vista.
Defteros dejó escapar un lento suspiro antes de contestarle.
—Estoy seguro que no es lo que deseas… —dijo colocando lentamente la caja de pandora en el suelo, mientras hablaba—Pero es lo que me encomendó la Oráculo.
Ante la mención de su hermana Kaia alzó la mirada con una expresión leve de sorpresa. Internamente sentía alivio de que Ione finalmente hubiera recuperado la conciencia, sin embargo... eso le hizo recordar nuevamente del motivo del porque se había ido.
Sus ojos exóticos lo observaron nuevamente, examinándolo con lentitud en busca de aquella herida, pero que era difícil de conocer el estado de esta dado por las mangas largas de su camisa. En cambio, notó el collar que aún permanecía en el cuello y supuso rápidamente que había logrado sanarlo después de todo.
—No puedo volver… —ella murmuró desviando la mirada apretando suavemente la tela de su vestido entre sus dedos—No en las condiciones en las que estoy, y definitivamente no sin aprender a controlarme de nuevo.
—Supongo que ese es el motivo por el que te encontrabas deambulando por el pueblo —y al no recibir una respuesta inmediata de su parte, él no pudo evitar pensar lo muy afectada que se encontraba aun por lo sucedido hace más de dos semanas en el Santuario, puesto que se negaba a mirarlo a los ojos por demasiado tiempo, como si la culpa aun pesara en su corazón—El motivo por el que crees perder rápidamente el control cuando antes eso no pasaba en situaciones similares a esta; es porque sientes miedo de ti misma, muchacha —le dijo antes de acercarse más a ella y colocar posteriormente con suma suavidad el sobretodo en sus delicados hombros para protegerla un poco del fresco de la noche, y a su vez alejando el fugaz pensamiento de que la hacía ver aún más menudita y delicada—Y falta de seguridad en tus capacidades me atrevería a decir.
Ella no contestó en seguida, meditando silenciosamente sus palabras. Comenzando a percibir que su propio pulso y respiración ya estaban casi normalizados a lo que él decidió continuar.
—No puedo asegurarlo, pero creo que conozco a alguien que podría saber cómo ayudarte —mencionó cruzándose de brazos estando un poco pensativo, y al mismo tiempo resistir la tentación de tocarla para brindarle de alguna forma su apoyo, ya que se veía aún bastante afligida.
Eso claramente llamó la atención de la mujer que subió casi instantáneamente la vista con curiosidad, pero también con un poco de recelo.
—¿Realmente podría ayudarme a controlar al Dirwolf que hay dentro de mí? —preguntó con suspicacia.
Defteros apretó un poco los labios indeciso antes de responder.
—Quizás… —contestó a su vez—Me parece que es mejor que ponerte a prueba en un lugar con personas que claramente ignoran la existencia de un animal mitológico con esas capacidades.
Esa vez la Pitonisa le dio la razón, para posteriormente dejar escapar un largo suspiro aun sintiéndose bastante insegura con todo eso.
—¿Confías en mí, muchacha?
Esa inocente y aparentemente simple pregunta la pilló un poco desprevenida, pero mientras miraba nuevamente esos orbes de un azul tan profundo y al mismo tiempo tan solitarios, supo en seguida que la respuesta en un gran si, y que hasta los momentos se percataba verdaderamente de ello... A pesar de todo, ese hombre de tez morena había estado a su alrededor de una u otra manera, aunque la gran mayoría de las veces no había sido intencional, sin embargo, no quitaba el hecho de que seguía estando allí.
Al parecer se había acostumbrado a su presencia al igual que él con ella.
—Confió lo suficiente como para dejarte la vida de mi hermana en tus manos si algo llegara a pasarme —Kaia dijo con bastante seriedad a la vez que lo observaba directamente.
Para el Geminiano esa sola oración significo mucho para él, pues como muchas otras cosas que a otras personas le parecía común, como por ejemplo; ese mismo y simple gesto de confiar en alguien… para él era muy diferente, porque prácticamente nunca lo había experimentado, no más que con sus propios compañeros de armas o cuando había tenido esa enrome conexión con su hermano cuando niños. Y eso podría ver claramente en ella y en su mirada llamativa donde se podía observar sin ninguna dificultad la pura sinceridad brillando en sus ojos.
De verdad que se esa emoción se sentía agradable.
Sonriendo para sí mismo extendió finalmente su mano hacia ella.
—Entonces en marcha.
Y cuando la joven mujer de largo cabello castaño oscuro aceptó su propuesta, colocando su pequeña mano encima de la suya, pudo sentir una suave calidez que se filtraba lentamente en su pecho al tiempo que cerraba sus dedos en su delgada y delicada mano.
—De todas formas, tu hermana amenazo con venir ella misma si yo no lo hacía —él agregó con una media sonrisa.
Ella se levantó lentamente, mientras que dejaba escapar una cantarina y suave risa que lo dejó prácticamente sin respiración al oírla reír por primera vez de esa manera.
—Me alegra escuchar inmensamente que Ione esté dispuesta a aventurarse nuevamente al mundo exterior por mí, pero debo recalcar que no será necesario esta vez —comentó Kaia con una leve sonrisa en sus labios, al tiempo que observaba las estrellas a través de entre las hojas de los árboles sintiendo el calor que le brindaba aquella prenda enorme de ropa y que al mismo tiempo portaba su característico aroma a cuero y almizcle. Para después posar su mirada nuevamente en el Caballero de Oro sin que su sonrisa se desvaneciera—Vamos antes de que de verdad cumpla con su promesa —dijo con un poco más de humor y esperanza, comenzando a caminar en dirección al Santuario, sintiéndose más optimista gracias a él.
Sin embargo, el demonio de la isla Kanon se quedó mirando fijamente cómo se alejaba... estando por primera vez cautivado de aquella manera, pero se obligó a sí mismo a cuadrar los hombros para recuperar la compostura y ponerse también en marcha aun con su corazón latiendo de prisa en su pecho.
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Tan solo pasaron tres días cuando finalmente llegaron a su destino, siendo un viaje bastante corto, dado que ya tenían el conocimiento exacto hacia donde se dirigían. Por otro lado, la convivencia entre ambos durante el transcurso de ese pequeño viaje fue algo peculiar, puesto que el hombre de ojos azules no era demasiado hablador a menos que la situación lo a meritara realmente y por lo que en general permanecía en silencio, todo lo contrario a la Pitonisa que no perdía la oportunidad de preguntar cuando algo llamaba su atención, a la que él le contestaba pacientemente. Y a su vez Kaia descubrió que el Geminiano la vigilaba la mayor parte del tiempo, incluso en los momentos cuando descasaba por las noches... por lo que notó, no pasaba mucho tiempo antes de que él despertara y no parecía demasiado ansioso por recuperar el sueño, y pensó que lo más probable es que fueran las pesadillas que lo seguían asechando producto de una terrible secuela gracias a la guerra pasada.
Sin embargo, no le molestaba que fuera atento con su persona, porque sabía que de alguna forma la protegía, y eso realmente nunca le había pasado, dado que ella bien podía defenderse sola, además que su rol siempre había sido de Guardiana, nunca lo contrario.
Era interesante ese efecto que aquel hombre parecía causarle…
Finalmente pasar por los primeros Templos Zodiacales a esa hora de la tarde no fue supuesto ningún inconveniente, contando que Aries no contaba con ningún Guardián, Tauro al parecer no se estaba por los momentos, y el de Géminis se encontraba a su lado, pero no terminaron su camino allí, ambos sabían que tenían que ir directamente hacia su ilustrísima para notificarle su llegada inmediatamente.
No obstante, al llegar a Cancer ninguno de los dos se esperó un peculiar recibimiento.
El hombre de cabello corto y ojos de un intenso azul violeta les sonrió ampliamente al percatarse que eran ellos que pasaban por su Templo.
—Oh, miren nada más, pero si eres la mujer de que todos hablaban —comenzó a decir a Manigoldo aproximándose descuidadamente.
Kaia frunció levemente el ceño sin captar sus palabras, y disimuladamente le echo una mirada al Santo Dorado a su lado que parecía estar tan confundido como ella. Sin previo aviso el Canceriano colocó una mano en el hombro de la Pitonisa importándole muy poco si invadía su espacio personal.
—Alba-chan me contó la proeza que hiciste allá con los bastardos de los Santos Negros —dijo este ignorando como ella se tensó notablemente—Joder, bien hecho, mujer, se ganaron finalmente lo que merecían —alzó su pulgar libre en una señal de aprobación.
Defteros intentó mantenerse al margen de la conversación, sin embargo, por el rabillo del ojo notó la clara rigidez e incomodidad de ella al ser mencionada aquella noche. Sabía de ante mano que Manigoldo no lo decía con malas intenciones, más que todo porque gracias a la Pitonisa tuvieron una oportunidad de rescatar y salvarle la vida a su mujer y a su hija sin que estas salieran gravemente lastimadas, pero el efecto que causaba en Kaia era prácticamente lo contrario por esos terribles recuerdos que pretendía superar aun.
Así que muy sutilmente avanzó un paso hacia el hombre de ojos azul violáceo, apartando sutilmente su mano de ella al tiempo que le lanzaba una mirada de desaprobación.
—Recuerda que es una Pitonisa, Manigoldo —le dijo como una gran excusa para así poder alejarlo de ella con más tacto—No debes dirigirte a ella de esa manera.
El Caballero de Cancer primero lo observó con una ceja ligeramente arqueada y los labios algo fruncidos, para luego darse cuenta de su postura. Chasqueó la lengua, mientras que llevaba sus manos a las caderas con una sonrisa burlona deslumbrando su rostro.
—Tsk, vaya ya entiendo, no debo tocar la mercancía ajena —repuso el Canceriano ladeando la cabeza con su típica sonrisa volviéndose un poco picara—Hombre, lo hubieras mencionado antes, entiendo perfectamente tu posición… si sabes a qué me refiero —murmuró esto último moviendo sugerentemente las cejas antes de proseguir un poco más animado—Bueno, igual iré a ver si Gioca volvió con la bambina de las clases con el rey del hielo —y con un leve movimiento de su mano se despidió, claro, no sin antes lanzarle una mirada cómplice a su compañero de armas al tiempo que le guiñaba un ojo entre risas.
Una vez que se hubo marchado Defteros se permitió suspirar con pesadez ante el comentario muy fuera de lugar del Guardián de la Cuarta Casa. Entonces posó nuevamente la mirada en la mujer de largo cabello y pudo deducir rápidamente por su expresión que se había estancado en las primeras palabras de Manigoldo y que no sabía cómo tomárselas, si positiva o negativamente.
—Como ves, tus acciones no fueron malas al punto de vista de otros.
Hizo el comentario por el simple hecho de aliviar un poco el peso de la culpa, sin embargo, ella se giró a encararlo y en su mirada bicolor claramente persistía el gran debate interno.
—Supongo… que puedes tener razón, daimónio —Kaia mencionó con suavidad intentando relajarse nuevamente.
Y sin más que decir, ambos siguieron su camino sin mayores percances, más que ciertas miradas curiosas y alguna que otra de sorpresa bien disimulada por parte del resto de los Santos Dorados, pero que no le prestaron una mayor importancia por los momentos.
Presentarse ante el Patriarca fue un tanto… incomodo, a pesar de que el lemuriano estaba aliviado de que los dos regresaron a salvo, igualmente no se hizo esperar la reprimenda que dirigido al Santo de Géminis que había abandonado su puesto sin hacer una petición previa.
Shion controló el leve impulso de pellizcar el puente de su nariz, mientras observaba fijamente a la Pitonisa y al Caballero a su lado. Al parecer había tardado un poco en dar con ella, y era normal dado que no se sabía su paradero exacto, sin embargo, después de haber pasado una semana la Oráculo empezó mostrar signos de mucha ansiedad, por lo cual Sisyphus había tomado el deber de vigilarla por si se le ocurría hacer apto de desaparición al igual como lo hizo su gemela, y siendo ella tan importante para el Santuario no podían permitirse que volviera a pasar por otro atentado… más bien se sentía bastante impotente de cierta forma por no haber podido participar, puesto que se le hacía imposible abandonar su puesto tan a menudo como en realidad quería hacerlo teniendo tantas cosas por hacer.
Con un suspiro de cansancio midió muy bien sus palabras antes de hablar.
—A pesar de que dejaste sin resguardo el Tercer Templo sin avisar agradezco que hayas traído de regreso a la Pitonisa —dijo con suavidad, pero al mismo tiempo con seriedad—Dado su inquebrantable vínculo con la Oráculo es precario mantenerla… estable, no obstante, me temo que esto no puede volver a repetirse de esta manera.
Eso quería decir que si alguna vez Kaia desidia macharse nuevamente en circunstancias parecidas a esas el Geminiano no podría volver a buscarla deliberadamente, como un claro castigo por lo sucedido recientemente, por lo tanto, la Oráculo seria retenida en el Santuario aun si eso quería decir que fuera en contra de su voluntad por su seguridad.
Esas eran las reglas y debían respetarse.
Shion notó en ese momento como el alto hombre moreno parecía tensarse tras sus palabras, porque este estaba apretando firmemente los labios hasta forma una fina línea para evitar contradecirlo, y a pesar que igualmente asintió lentamente acatando su orden sin chistar, pudo ver el gran desacuerdo y la leve irritación en su mirada azulina. Shion entornó levemente los ojos analizando así su rara conducta, y sobre todo de como parecía resguardarla incluso de él, puesto que a pesar que la femenina se encontraba a su lado; Defteros estaba a unos pasos más adelante de ella, y notoriamente mucho más cerca de lo que usualmente él se mantenía distanciado de las personas.
Era como si estuviera protegiéndola…
Eso, sin duda, había llamado su atención, abrió ampliamente los ojos con repentina sorpresa, antes de lentamente sonreír para sí mismo al comprender lo que estaba pasando en realidad y agradeciendo que el casco dorado ocultada alguna de sus expresiones, porque necesitaba mantenerse impasible, ante todo.
—Por otro lado, dada las circunstancias no tuvimos la oportunidad de agradecerle formalmente su participación, Pitonisa —comenzó a decir el lemuranio recostándose un poco en el respaldo del asiento de piedra. Ella lo observó con atención y Shion pudo percibir muy bien su gran conflicto interno—Gracias a usted la situación no paso hacer más grave, facilitándole así que los Santos de Oro hicieran su trabajo con mayor rapidez sin demasiados percances… solo lamento que su hermana se haya visto involucrada de esa manera —realmente lo decía de corazón, el estado en que había quedado la Oráculo había sido para alarmarse.
—Le agradezco sus palabras, Pope-sama —ella comentó haciendo una pulcra reverencia, aunque todos los presentes estaban más que claro que se notaba la tensión tras sus palabras.
Shion solamente asintió antes de hacer un ligero movimiento de su mano como si fuera una pequeña bendición para su persona.
—Entonces ya pueden retirarse.
Cuando finalmente se marcharon y las puertas dobles de madera se cerraron a sus espaldas, Kaia se permitió tomar una profunda respiración eliminando así un poco la rigidez de su cuerpo, con el conocimiento de que el Santo a su lado la seguía con la mirada obviamente con algo de preocupación, porque podía olerlo fácilmente, más, sin embargo, él no dijo nada al respecto, solo le comentó brevemente un dato que iba a necesitar antes de despedirse y encaminarse al Templo que había dejado por tantos días solo.
Ella lo observó tan solo unos minutos más, hasta que su alta figura desapareció por el pasillo. Y luego con un leve suspiro se dirigió donde anteriormente había sido el lugar donde convivía con su hermana menor, encontrándose con que un Caballero de grandes alas Doradas permanecía cerca de la puerta como si estuviera montando guardia, con sus brazos cruzados en su pecho en un porte imponente, pero que al divisarla la Pitonisa advirtió como su mirada clara y azul era sumamente amable, y casi una imperceptible sonrisa se dibujó en las facciones del hombre antes de dejarla pasar a la habitación con un leve asentimiento de cabeza.
El encuentro con su gemela fue grato, Ione apenas la vio entrar por la puerta y ya se había lanzado abrazarla con fuerza ignorando lo mejor que pudo sus dolores, agradeciendo a la madre naturaleza y aquel hombre por traerla con ella nuevamente. Kaia solo pudo corresponder con afecto su abrazo sintiendo una increíble pesadez en su pecho que no era otra cosa sino pura culpa por causarle a su hermana semejante preocupación. Apoyó su barbilla en su hombro al tiempo que se aferraba igualmente a ella.
No había la necesidad de decirle que lo sentía profundamente, puesto que casi siempre sobraban las palabras entre ambas.
Posteriormente después de que tuviera una larga y tendida conversación con Ione, primero preguntándole por su estado, omitiendo por los momentos su pequeña aventura durante esas semanas. Más tarde tendría tiempo de contarle lo sucedido, por ahora deseaba febrilmente saber cómo resolver su enorme problema… porque a pesar que estaba tranquila de alguna manera, una parte de ella aun sentía que por la más mínima provocación podía estallar, más que todo producto del pánico y la inseguridad que rápidamente debía de recuperar.
Con eso en mente, poco durmió esa noche esperando a que saliera el sol para poder salir nuevamente del Templo Papal y bajar por las Doce Casas Zodiacales, repitiéndose una y otra vez en su cabeza lo que le había mencionado el Santo de Géminis el día anterior antes de despedirse. Al llegar finalmente por la Sexta Casa no tardó demasiado tiempo en toparse con aquella Vestal de brillante cabellera pelirroja.
Yesta al percatarse de su presencia se detuvo repentinamente parpadeando con evidente sorpresa de verla allí.
—Muy buenos días —murmuró la joven alemana de ojos ámbar haciendo una leve reverencia—¿Se le ofrece algo?
Kaia evaluó el pulcro Templo de Virgo antes de dirigirse nuevamente hacia la Vestal que aparentemente estaba en medio de sus quehaceres mañaneros.
—Deseo hablar con el Guardián de esta Casa… por favor.
No era ningún secreto que Shea tardó un par de segundos en ocultar su incredulidad ante su inusual petición, puesto que rara vez se había detenido hablar con ella más que unas cuantas palabras amables y saludos cordiales. Y siendo honesta, con el único que la había visto conversar más extensamente era con el amigo del Santo de Virgo… bueno, si eso se podía llamar conversación de parte de él, puesto que era bien conocido por ser un hombre de pocas palabras.
Más curiosa que nunca realmente quería preguntarle el motivo, pero ciertamente no era asunto suyo indagar en las ocupaciones de la Pitonisa. Y si era sincera consigo misma, estaba agradecida internamente de que hubiera ayudado a salvar a la pequeña Mellea y a su madre, por eso también se sentía en deuda.
Así que dejando todo ápice de sospecha aun lado, inclinó levemente su cabeza antes de sonreírle con gentileza.
—Muy bien, entonces sigame por favor —le dijo dando media vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo—En estos momentos él se encuentra en medio de una meditación, pero creo que no le importara atenderla.
Con eso dicho la guió hasta dar con la sala principal, donde el Santo Dorado de Virgo permanecía en posición de loto con sus ojos cerrados habitualmente en meditación, aunque este alzó casi imperceptiblemente su rostro al momento en que ambas llegaron. La alemana se acercó lo suficiente para hablar, pero igualmente manteniendo una distancia respetuosa.
Shea hizo una impecable reverencia cumpliendo su rol de Vestal con eficacia.
—Asmita-sama, la Pitonisa desea hablar con usted.
Solo entonces el hombre de larga y sedosa cabellera rubia analizó y evaluó momentáneamente la situación silenciosamente por unos segundos, ya llegando a él esas emociones de parte de la Pitonisa.
—De acuerdo —habló con suavidad, ahora dirigiendo su atención a la pelirroja—Gracias por traerla, pyaar, ya puedes retirarte.
Para Kaia no pasó desapercibida la reacción de la muchacha, que se ruborizo hasta la punta de las orejas ante ese dulce apelativo de parte del Caballero sin que a este le importase demasiado que estuvieran en presencia de alguien más. Lo cual la Vestal con un balbuceo y con su rostro ardiendo se retiró lo más pronto posible huyendo prácticamente apenada, mientras que el rubio solo poseía una ligera sonrisa de amor en sus labios con su cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, como si estuviera divertido de la exagerada reacción de su pareja por tan solo una palabra.
—Entonces… ¿a qué se debe esta inesperada visita? —él inquirió de pronto llamando la atención de la mujer de mirada extravagante.
Ella carraspeó suavemente, mientras cuadraba sus hombros, mirándolo con más seriedad y determinación.
—He venido aquí porque deseo solicitar su ayuda, Santo Dorado de Virgo.
En ese momento Kaia miró con cuidado como esos ojos de un tono azul lavanda cargados de conocimiento y sabiduría se abrían con lentitud para observarla detenidamente.
Y una sutil sonrisa adornó los labios del joven hombre antes de que volviera hablar con voz serena.
—¿Oh?... Eso parece sonar bastante interesante.
Continuara...
Y esto señoras y señores se va a prender en candelaaaaa D:
Primero, ya Defteros como que sabe que siente cositas por ella 7u7 hasta el mismo Shion se dio cuenta a parte de Manigoldo, carajo jajaja
Segundo, ¿Que hará el Santo de Virgo para ayudarla? jo jo jo, ademas, que no pude evitar agregar un poco de AsmitaxShea (shemita xd) y no sera la ultima vez, al igual que otras parejas(?)
Pd: "pyaar" significa "amor" en idioma hindi.
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Okami Akai
