¡Hola, lectores! aquí les traigo el capitulo seis, que no es tan largo como el anterior, pero tiene cosillas que pueden ser interesantes :3 sobre todo con cierto personaje(?)

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.


Capítulo VI

"Never alone"

Grecia, Athena – Templo de Virgo

Septiembre, 21 de 1749

Para Asmita de Virgo estar en presencia de aquella Pitonisa era algo que sospechaba que no pasaba a menudo, sobre todo contando de que aquella misteriosa mujer se mantenía a una distancia prudente de la gran mayoría de las personas del Santuario aun a esas alturas. Y después de haber escuchado los rumores tan… amplios sobre su gran proeza no le extrañaba de cierta manera verla ahora allí.

Eso, y que cierto amigo suyo había partido sin autorización para buscarla…

Sin lugar a dudas las emociones que rodeaban a esos dos siempre eran opacas por si solas, pero cuando se juntaban se completaban hasta el punto que podían hacer vibrar con facilidad su alrededor sin siquiera darse cuenta, y algo que solo muy pocos con una excelente percepción podría notar.

En ese momento cuando la Pitonisa se dispuso hablar, él la interrumpió.

—Perder la fe en la humanidad es un problema grave, aunque en ocasiones es bastante común. No obstante, perder dicha fe en sí mismo es aún peor y es algo que muchos no le dan la debida importancia.

Kaia intentó ocultar su sorpresa inicial, mientras observaba detenidamente esos orbes azul lavanda, pero luego apretó firmemente los labios antes de recordarse que el joven hombre que estaba en frente de ella era bien conocido por ser brutalmente sincero, y que en la mayor parte de las ocasiones solía tener la razón, puesto que podía ver mucho más allá que cualquier ser humano común.

Asmita sonrió levemente antes de volver a cerrar sus ojos al saber que había dado con la raíz del problema sin dificultad.

—Supongo que esa es la razón de la lucha de emociones en tu interior, pero ignoro porque has venido directamente a este lugar —él continuó hablando, y antes de que la mujer tuviera la oportunidad de contestar él nuevamente se le adelanto—¿Qué esperas encontrar aquí?

Ella subió un poco la barbilla tomando una profunda bocanada de aire.

—Como ya lo menciono la confianza es lo primordial para volver a tener el control —comenzó a decir con aparente tranquilidad—Temo que al perderla el miedo se ha ido apoderándose cada vez más de mi —murmuró llevando distraídamente una mano encima de su pecho sintiendo el suave latido de su corazón—Soy incapaz de proteger a mi hermana en estas condiciones.

El rubio asintió dándole la razón.

—Naturalmente —dijo con mucha serenidad—Y presumo que Defteros te dijo que quizás yo podría ayudar un poco a resolver ese conflicto que tienes —adivinó rápidamente sin borrar esa leve sonrisa de su rostro.

Una vez más Kaia apretó sus labios, porque ciertamente entre todos los Santos Dorados en la orden de Athena, el de Virgo seguía siendo demasiado directo en comparación a los demás que preferían reservarse los comentarios, o sacarle provecho de eso en tal caso.

Asmita de Virgo no hacia ni uno ni lo otro aparentemente.

—No tengo demasiadas opciones —habló nuevamente ella poco acostumbrada que alguien le hablara de esa manera.

—Por no decir ninguna, ¿o me equivoco? —dijo el Caballero con suavidad— Si no ¿por qué hubieras querido regresar con tan poca información? más sino fuera para aferrarte a eso como una esperanza que se ha abierto ante ti como la pequeña rendija de una ventana en una habitación dominada por la oscuridad total.

El silencio reino en el Templo ante esas últimas palabras dichas, porque la mujer de ojos bicolores por más que quería decir algo… al mismo tiempo no tenía nada que pudiera refutar. Y se dijo así misma que por mucho él de cierta forma se pareciera al antiguo león dorado, existía una enorme diferencia entre ambos, puesto que uno ya había tocado el eterno dolor del mundo, mientras que el otro había confiado ciegamente en la enseñanza de la naturaleza y no del propio humano como las habitantes de la Villa de Delfos.

—Muy bien, te prestare mi ayuda —habló nuevamente el Santo de Virgo captando nuevamente su atención—Pero me temo que no de la manera convencional —le dijo un poco más serio, frunciendo muy levemente el ceño.

Primeramente, ella estrechó la mirada intentando descifrar a lo que se refería.

—Estoy dispuesta a todo —dijo con firmeza, no pensaba volver sin alguna solución en sus manos.

—Es bueno escuchar eso entonces —Asmita aun con sus ojos cerrados elevó sus manos a la altura del pecho con las palmas encarándose, pero sin tocarse y al tiempo que su cosmos comenzaba a elevarse rápidamente haciendo que su rubio y largo cabello danzara a su alrededor por la fluctuación de energía.

Los instintos de Kaia saltaron casi al instante al percibir su inmenso poder, el vello en su nuca se erizó por completo y sus ojos brillaron levemente cuando su bestia interior intentaba de alguna manera advertirla. Pero siguió firme en su posición, mientras apretaba los puños y al mismo tiempo su corazón se aceleró ante la expectativa, porque obviamente no iba a solo conversar con ella.

Tenbu Hōrin —susurró el Guardián del Sexto Templo.

Casi al instante ella sintió como su cuerpo se entumeció prácticamente por completo, mientras apretaba los dientes con tanta fuerza que sus colmillos dañaron sus labios casi haciéndolo sangrar. Estaba conteniendo un potente rugido, puesto que una gigantesca parte de ella quería transformarse en el Direwolf y defenderse de alguna manera, o en tal caso atacar como un animal acorralado.

—Como habrás notado esto no será sencillo para ti —la voz de Virgo resonó por toda la sala principal—Te privare el sentido del olfato de cual a veces tu lado animal depende tanto.

Él extendió una mano hacia ella y con un leve movimiento de sus dedos, como si estuviera comprimiendo o extrayendo algo a la fuerza, que le arrancó aquel sentido.

La Pitonisa sintió por un segundo como si una descarga eléctrica la hubiera atravesado desde el centro de su cuerpo hacia arriba despojándola totalmente de su preciado olfato.

—Estoy usando la técnica a menor escala para no hacerte sufrir demasiado, porque a pesar que no es dolorosa la sensación está muy lejos de ser agradable, ¿no? —Asmita sabía que esa técnica era una de las más poderosas que poseía el Caballero de Virgo, pero usada correctamente podía hacer o deshacer los sentidos a su voluntad. Aunque lastimosamente no podía eliminar por completo la conmoción intensa y penetrante que producía que un sentido fuera arrancado de su portador.

Kaia pudo abrir un poco los ojos con esfuerzo viendo un poco borroso, mientras jadeaba con un peso terrible en todo su ser sintiéndose realmente aturdida.

—Creo que también te quitare el sentido del habla por ahora…

Y con eso dicho ella sintió como se lo arrancó con una nueva descarga la capacidad de hablar, al tiempo que apretaba los puños tan fuertes que sus nudillos se pusieron blancos.

—Has venido por mi ayuda, Pitonisa… como ves, yo te la he brindado, pero ahora dependerá de ti como manejar esta situación y si de verdad conseguirá ayudarte de alguna manera después de todo —comentó él nuevamente bajando lentamente sus manos junto con su cosmos—Dependiendo de eso, podre devolverte tus dos sentidos.

Al ir pasando poco a poco los segundos que para ella fueron eternos, comenzó a darse cuenta de que aquel entumecimiento en su cuerpo se evaporaba como si nunca hubiera pasado. Y la visión ahora la notaba más clara… sin embargo, seguía algo aturdida y desorientada, pero no era para menos.

Abrió lentamente sus labios para decir algo, pero los volvió a cerrar cuando ningún sonido salió de ellos… Con su corazón latiendo de prisa aspiró profundamente para tratar de tranquilizarse, más, sin embargo, mientras lo hacía se dio cuenta que no captó ningún tipo de aroma, ni siquiera el más mínimo. Entonces enfocó su mirada nuevamente en el Santo Dorado que permanecía impasible como si no le hubiera arrebatado dos de los sentidos a un ser humano.

Con un profundo suspiro lo que pudo hacer es una pequeña reverencia demostrando así su agradecimiento de alguna manera.

—No me lo agradezcas aun, Pitonisa —él habló nuevamente aun sin abrir sus ojos—Tienes un largo camino que recorrer primero.

Kaia asintió ya comenzando a sentir un leve rastro de frustración por verse privada del habla, pero guardándose sus protestas dio media vuelta y se marchó sin prisa rezando que algo de aire fresco pudiera estabilizar un poco el resto de sus sentidos.

Asmita escuchó como los pasos de aquella mujer se iban mitigando hasta que finalmente desaparecieron, pero justo en ese instante otros más ligeros y conocidos se aproximaron a él. Y a pesar que su pequeña pelirroja se encontraba en silencio él más que nadie podía dar crédito que en su cabeza estaba siendo invadida por muchas incógnitas, incluso aun la sorpresa era muy palpable en ella.

—¿Que sucede? —le preguntó con suavidad al tiempo que alzaba levemente su mano hacia la Vestal.

Shea hizo un leve mohín con los labios pensativa, al tiempo que aceptaba tímidamente la silenciosa propuesta de su amado.

—No pude evitar pensar que, si estuviera a su alcance, no le hubiera infligido algún disgusto con esa técnica.

El Santo de Virgo no respondió en seguida al tiempo que sintió los dedos de su pequeña mano encima de la suya. Y tomándola dulcemente acercó su menudo cuerpo hacia él escuchando un leve jadeo de su parte cuando apoyó su mejilla levemente en su pecho.

La alemana estando claramente entre confundida y ruborizada solo atinó a parpadear y acariciar sus hebras doradas torpemente.

—¿D-Dije algo malo, Asmita-sama? —la joven balbuceó con su pulso latiendo ruidosamente en sus oídos, también sintiendo su rostro extremadamente caliente, puesto que nunca había notado esa reacción de su parte.

Asmita solo sonrió para sí mismo sabiendo que ella no podía ver la expresión de su rostro. Para muchos solo hubieran visto ese acto hacia la Pitonisa como algo sumamente despiadado siendo una mujer y que seguramente ese no sería la manera más efectiva para ayudarla, sin embargo, Shea lo observó rápidamente con otros ojos, viendo realmente en su interior, y eso, aunque insignificante para algunos, para él simplemente le demostraba que su amor por ella no tenía fin.

—¿Asmita-sama…?

El suave tono dulce de su voz instó a que se apartara un poco para sonreírle con gentileza.

—No pasa nada, pyaar.

Shea frunció el ceño al tiempo que ladeaba levemente la cabeza aun con un ligero tono carmín en sus mejillas. Y antes de que pudiera objetar si quiera algo, el Caballero tomó suavemente su barbilla entre sus dedos índice y pulgar instándola a que se inclinara hacia él, y así poder darle un leve beso en la comisura de sus carnosos y tibios labios.

—Creo que se te hace tarde para ir con la esposa de Degel a reponer la despensa en Rodorio —le dijo separándose lentamente y apartando su mano de ella, mientras que cerraba sus ojos, pero no sin perderse el bello rubor en sus mejillas que solo fue empeorar, haciéndola ver adorable y más hermosa si fuera posible.

—Eh... yo… —ella intentó balbucear levemente aturdida por esa muestra de amor que aún le alteraba los sentidos. Luego abrió los ojos de par en par al procesar mejor las palabras del rubio—¡Scheiße! ¡Fluorite me va a matar! —un poco exaltada hizo una veloz y algo torpe reverencia aun claramente sonrojada para después encaminarse a toda prisa a la salida del Templo.

Asmita sonrió ligeramente, y volvió abrir sus ojos al escuchar como repentinamente los pasos se detenían justo antes de conseguir llegar al exterior. Entonces vio como la pelirroja se giraba hacia él y con los labios le dijo que lo quería y que volvería pronto, con esa mirada ambarina brillando de amor y con su rostro trigueño levemente enrojecido, para posteriormente terminar de irse a toda prisa, algo, que solo causo que su sonrisa se ampliara un poco más.

Un suave suspiro escapó de sus labios con esa agradable sensación en su pecho, y con eso volvió a su meditación.

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Para Kaia la frustración comenzó a ser la primera emoción en dominarla conforme los días pasaban con rapidez... al verse privada del sentido que más empleaba para guiarse, y que le podía decir casi con exactitud si alguien le mentía, también detectar alguna otra emoción fuerte, aparte de rastrear, e infinidades de cosas más que creía que su lista jamás iba a tener fin. Estaba de más decir que la inseguridad en ella había aumentado en vez de disminuir al no poder distinguir los olores familiares que la rodeaban, era como estar en un mundo totalmente nuevo y extraño, y que obviamente no parecía gustarle ni a ella ni a su parte animal.

Y si eso no fuera lo bastante malo, ya sin la capacidad de hablar; su comunicación se volvió prácticamente nula. Y que a pesar que no solía entablar conversación con casi nadie su repentino silencio causaba que más de uno la miraba con extrañeza.

Sobre todo su hermana…

En ese preciso momento Ione la estaba observando con ojos idénticos a los suyos tratando desesperadamente de descubrir lo que estaba pasando.

—¿Qué pasa, Kaia? Desde que volviste de ese viaje te has comportando diferente y distante —murmuró la Oráculo con preocupación dejando en un segundo plano su propio malestar.

Sin embargo, La Pitonisa solo pudo apretar los labios, puesto que a pesar que deseaba responderle ningún sonido saldría de su boca.

—¿Adelfí? —su gemela intentó nuevamente, moviendo nerviosamente sus manos al no obtener respuesta en ese silencio tan incómodo para ambas—¿Te encuentras bien?

Kaia miró fijamente su expresión algo consternada antes de asentir levemente sintiendo al mismo tiempo como estar en presencia de su gemela lo hacía todo más complicado de cierta manera, aunque no era culpa de Ione ni mucho menos...

Comenzó a caminar pasando a un lado de ella hacia alguna parte donde pueda estar sola.

—¿Por qué no me dices nada?

Esa pregunta con ese matiz de dolor en su voz causó que se detuviera por un momento con su corazón apretándose dolorosamente en su pecho, pero se obligó a sí misma seguir avanzando, aunque esto supuso un enorme esfuerzo cuando en realidad no quería que su hermana se preocupara por ella.

Definitivamente no se encontraba bien, y seguramente Ione ya se estaba imaginando que la ignoraba deliberadamente por alguna loca razón, y tenía razón, porque jamás se le pasaría por la cabeza que un hombre en el Santuario tendría la habilidad de arrebatar los sentidos y que justamente es eso lo que le había pasado. Si no lo hubiera presenciado por si misma tampoco hubiera creído que fuera posible… más aun cuando el Caballero no tenía relación directamente con una deidad para ayudarlo a conseguirlo.

Todo eso se le estaba haciendo malditamente difícil.

Aun no comprendía como se suponía que eso podría ayudarla, porque si bien no estaba nuevamente cerca de perder el control, tampoco lo estaba de tenerlo completamente. Solo estaba frustrada, confusa y ciertamente comenzaba a enojarse, pero tenía el gran presentimiento que el Santo Dorado aún no le devolvería sus sentidos, puesto que ella seguía estancada justamente como lo había estado antes de marcharse del Santuario.

Y estaba en lo cierto, en ese momento después de haber atravesado una vez más las Casas Zodiacales, recorriendo el lugar como un animal enjaulado, Asmita de Virgo la observó cómo bajaba los escalones percibiendo su falsa tranquilidad desde el Sexto Templo, mientras el viento suave mecía su rubio cabello. Y a su lado se encontraba la pelirroja que no podía ocultar demasiado bien su preocupación por la mujer que había visto por meses, y que solo recientemente antes de quedarse sin la capacidad de hablar habían entablado alguna que otra conversación después de lo sucedido con el primer ataque de los Santos Negro contra la hija de Manigoldo, además que no hace mucho tiempo que Asmita le había mencionado que gracias a ella y a su hermana es que pudieron regresar a la vida junto con la ayuda incondicional de la Diosa, pero que sin las mujeres de la Villa de Delfos no pudo haberse efectuado exitosamente.

Sinceramente de alguna forma sentía que les debía tanto, dado que gracias a ambas habían traído de vuelta al hombre que quería y que aprendió amar con todo su corazón. Sabía muy bien que no lo hicieron pensando en nadie realmente… solo cumplieron el mandado de la deidad, pero aun así no cambiaba el hecho de que se sentía con una enorme deuda.

No la conocía del todo, para no decir nada más allá de su nombre… sin embargo, no podía evitar sentirse intranquila al verla de esa manera.

Un suave beso en la coronilla de su cabeza la sacó de sus pensamientos, y parpadeando suavemente observó como esos ojos azul lavanda la miraban con cariño, y con esa pequeña sonrisa en su rostro atractivo.

—¿Alguna vez te mencione que la empatía que sientes por los demás me recuerda al de la joven Athena? —le dijo acariciando su mejilla donde tenía esa larga cicatriz.

Ella se mordió nerviosamente el labio inferior, mientras negaba con un ligero matiz de rubor en sus mejillas.

—Solo me pregunto si la Pitonisa podrá cumplir con su objetivo, ha pasado varios días y creo que no ha habido ningún cambio —Shea respondió mirándolo con su ceño fruncido.

—Ciertamente no ha hecho ningún tipo de avance y a estas alturas puede incluso retroceder —él notó como la alarma se reflejó en esos orbes ambarinos, así que se dispuso a tranquilizarla—No te preocupes, Shea, no llegara a eso.

El ceño fruncido de la Vestal solo se pronunció más ante la confusión.

—¿Por qué lo dice?

Asmita le sonrió un poco más antes de volver su mirada hacia los Templos que estaban por debajo de Virgo.

—Porque no estará sola por mucho tiempo más —y en el momento en que la alemana iba a preguntar, obviamente más confundida que antes tratando de descubrir lo que no estaba viendo, él posó sutilmente su mano en la parte baja de su espalda para comenzar a guiarla al interior de la Casa—Pronto lo notaras tú también... por eso, como bien dije, no te preocupes más, kamal.

Entonces la pelirroja con un suave suspiro no le quedó de otra que confiar ciegamente en él, con la febril esperanza que le fuera bien a la mujer de largo cabello y piel dorada.

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Él no tardo mucho tiempo en darse cuenta, pero simplemente dejó que el tiempo transcurriera, porque no era de su incumbencia, dado que también quería dejarle su espacio sea lo que sea que le hubiera dejado su amigo como consejo… más, sin embargo, para Defteros ya era más que evidente de aquella muchacha no iba por buen camino.

Un suave suspiro abandonó sus labios cuando sus pasos lo guiaron hacia la zona cercana al coliseo, donde a veces grupos de aprendices decidían entrenar, pero que en ese momento permaneció desierto, ya que no faltaba mucho tiempo para el atardecer.

No obstante, la vio allí, sentada en lo alto en uno de los tantos viejos pilares que estaban esparcidos por todo el terreno. Honestamente ignoraba la pregunta en su cabeza de cómo le hizo para encaramarse hacia la cima, sencillamente solo se acercó observándola como ella permanecía impasible de piernas cruzadas, y con su barbilla apoyada en su mano mirándolo silenciosamente.

Quizás se viera tranquila y despreocupada, pero el balanceo insistente de su pie indicaba que estaba claramente inquieta y algo malhumorada, puesto que el resto de su cuerpo quería demostrar todo lo contrario.

El Geminiano esperaba de alguna forma que le dijera algo, incluso aquel extraño sobrenombre, pero no decía ni una sola palabra, el único gesto que hizo fue estrechar aquellos ojos exóticos hacia él como si estuviese pacientemente esperando algo…

Arqueando una ceja ante ese extraño comportamiento se aventuró hablar primero, lo cual era sumamente fuera de lo normal desde que la conoció.

—Muchacha, ignoro lo que tú y Asmita conversaron —comenzó a decir viendo como le prestaba toda su atención aparentemente—Pero he notado que te has comportado de una manera un tanto… diferente —le dijo ladeando levemente la cabeza como si intentara descifrarla—¿Está todo bien? —preguntó cordialmente sin indagar demasiado en el tema que tanto parecía perturbarla.

Sin embargo, Kaia arrugó su nariz como si algo le disgustara de su comentario, pero... aun sin poder decir nada se daba cuenta que eran casi las mismas palabras que había repetido su gemela, siendo él e Ione los únicos que realmente se habían percatado de que algo no encajaba.

Y al no obtener respuesta, el hombre moreno comprendió que definitivamente algo extraño estaba sucediendo, y obviamente no pudo sacarle nada de información al rubio, que con su bendita mirada enigmática le dijo que pronto lo averiguaría por sí mismo.

Por eso es que había ido a verla en primer lugar.

No quería admitirlo, pero le preocupaba de cierta manera.

—¿Te encuentras bien? —Defteros repitió nuevamente en un vano intento para que le contestara, pues le parecía demasiado raro, incluso escalofriante que permanecía tan callada. Conociendo que le gustaba hablar, sobre todo con él, que no se le daba muy bien socializar con otras personas.

Esta vez, la Pitonisa asintió muy levemente, y eso bien podría haber sido suficiente para cualquier otra persona, pero sabía muy bien que eso estaba muy lejos de ser la realidad... Ese simple gesto no lo convenció en absoluto, puesto que a esa distancia podía notar con facilidad la tensión de su menudo cuerpo y de cómo apretada sus manos continuamente, tal vez en un vano intento de liberar estrés.

Frunció el ceño, más que confuso.

—Realmente no creo que lo estés, muchacha —quizás ella pretendía engañarse a sí misma, pero no a él.

Se atrevía a decir que la conocía lo suficiente como saber que eso no era para nada normal.

Entonces la Pitonisa abrió sus labios, pero los volvió a cerrar después de unos segundos y Defteros detalló como parecía resoplar con aparente irritación, negándose una vez más a responderle. Él tensó su mandíbula antes de rendirse finalmente, pensando que simplemente ella no estaba de humor para hablar, a pesar que eso no terminaba de convencerlo. Así que solo se dio media vuelta sin decir nada más, aunque realmente no deseaba irse sin saber exactamente qué estaba pasando.

Pero cuando apenas dio un par de pasos para alejarse, se detuvo, pensando más profusamente en lo inusual que era todo eso, porque su raro comportamiento comenzó un día más tarde de que hubieran llegado al Santuario, y suponiendo que eso fue incluso después de que tuvo el encuentro con el Santo de Virgo como él había sugerido, a partir de allí ella no parecía querer hablarle a nadie, pero igual se le veía frustrada de alguna manera, y claramente mostraba signos de ello.

Pero y si realmente no es que no quería hablar… sino más bien ¿es que no podía? Eso explicaría muchas cosas, y con ello su extraña actitud.

Si era así, entonces…

Sus ojos azules se estrecharon un poco ante el conocimiento y el presentimiento de lo que podría ser, así que girándose a ella una vez más con esa enorme duda en su mente.

—No puedes hablar, ¿Verdad?

La respuesta que le dio Kaia fue suficiente para él, puesto que ella lo observó con sorpresa, claramente sin esperarse que diera en el clavo, para segundos después hacer una ligera mueca. Y el Geminiano realmente evitó resoplar, mientras pasaba una mano por su cabello azulado para tratar de tranquilizarse y no ir directamente hacia Asmita y fundir el Templo de Virgo en lava ardiente, porque se suponía que el hombre más cercano a Dios podría ayudarla con algún pequeño comienzo, no algo más allá que quitarle el sentido del habla a la Pitonisa.

De alguna manera debió imaginarse que el rubio usaría un método tan extremista…

Con un profundo suspiro volvió a mirarla, ahora comprendiendo mejor porque se le veía de esa manera tan distante, a parte de la frustración que parecía tener destellando en esos ojos bicolores, y honestamente él estaría prácticamente en las mismas condiciones si esa fuera su situación. Más bien le sorprende que se lo tomara de una manera tan pacifica, aunque tenía que suponer rápidamente que no había avanzado demasiado… dado que no le habían regresado el habla.

Pero ahora todo comenzaba a cobrar un gran sentido; por la falta de comunicación de su parte no se había acercado nuevamente, puesto que no sabía cómo expresarse, y eso a su vez, parecía ahogarla en frustración. Pero indagando más en el tema ¿Por qué Asmita le quitaría específicamente el sentido del habla? Si no conseguía ver alguna razón lo suficientemente valida como para ayudarla en su enorme problema.

Y mientras más lo meditaba una pequeña idea iba tomando forma con rapidez en su cabeza, siendo un poco obvia dada las circunstancias, hasta comenzaba a creer que tenía la leve impresión de que la Pitonisa podía haber tenido esa misma idea hace mucho tiempo.

Pues quizás eso era lo que realmente necesitaba, aunque eso no quería decir que le iba a gustar.

Teniendo eso en cuenta decidió seguir adelante.

—¿Desde cuándo no has tomado tu forma de Direwolf, muchacha?

Defteros notó como ella entornó los ojos obviamente sin caerle en gracia la pregunta…

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Kaia resopló no muy contenta, mientras sus pies descalzos tocaban la tierra y la hierba fresca, siendo rodeaba por la espesura del bosque, no demasiado lejos del Santuario. El Geminiano podía jurar como lo intentaba atravesar con la mirada, la verdad le había costado un mundo convencerla de que bajara de aquel pilar y que lo siguiera hasta ese lugar más retirado de ojos curiosos, también contando que eso le daría tranquilidad a la Pitonisa en cierto sentido, porque estaba casi seguro de que la respuesta era la que se había imaginado.

—Estoy seguro que no has intentado cambiar de forma desde aquella vez —le dijo viendo como ella se cruzaba de brazos de manera algo testaruda, refiriéndose al terrible episodio donde dio caza y muerte a los Santos Negros—¿Por qué no lo intentas, muchacha?

Había pensado y recordado que las veces en que ella se había transformado en la bestia plateada, en sí no utilizaba cuerdas vocales para hablar, lo hacía con un extraño poder donde podía proyectar sus pensamientos de la forma que podía ser escuchada claramente.

Pero si ella pudiera emitir alguna especie de gruñido, lo hubiera hecho en ese mismo instante al proponerle tal cosa.

No era fácil, eso era cierto, y para Kaia pensar dejar salir a su parte animal nuevamente le atemorizaba… revivir esos macabros recuerdos donde el sabor metálico y salado de la sangre predominaba por sobre todo lo demás. Y en la ausencia de su sentido del olfato podría afectar de alguna forma su comportamiento animal, ya ni siquiera estaba segura… pero de lo que si estaba, es que no quería herir a personas inocentes, y sobre todo al hombre que estaba en frente de ella que de buena gana estaba intentando ayudarla.

Aquel demonio se había acercado extrañado por su comportamiento, y rápidamente había deducido lo que ocurría.

No deseaba hacerle daño.

—Asmita siempre hace algún movimiento por alguna razón consistente —aunque eso no implicaba tener tacto o alguna consideración hacia los demás, pensó él con algo de enojo—Al quitarte el habla te está forzando aceptar finalmente a tu lado animal para comunicarte, y al mismo tiempo sostenerlo sin mayores preocupaciones como hacías en el pasado —murmuró pacientemente viendo como la joven mujer lo miraba aun con algo de recelo, pero el rubio de ojos azul lavanda lo había sermoneado suficiente veces como para llegar a conocerlo bien.

Todo eso Kaia lo sabía, no obstante, desde que hace un día se había percatado de eso había entrado en una especie de negación, intentando buscar otra manera, pero que obviamente no había conseguido.

Ella dejó salir un largo suspiro sin saber que más hacer, no quería seguir en esa situación por siempre, el Direwolf dentro de ella exigía salir, aullando tristemente anhelando correr por los bosques y observar la luna en lo alto del cielo, mientras la noche llevaba una suave brisa fresca en su denso pelaje. Mordió suavemente su labio inferior con indecisión, pensando también que su hermana estaría muerta de preocupación por ella por su actitud tan pedante y poco común.

Y mientras tanto, Defteros esperó pacientemente viendo las emociones pasar fugazmente por su rostro de piel dorada, pero era su decisión seguir adelante, y él la respetaría sea cual sea.

Finalmente después de unos pocos minutos de pensarlo, Kaia aceptó con un leve asentimiento de cabeza y sus hombros levemente caídos con resignación. Tenía que enfrentar cara a cara con su temor más grande, el Direwolf era una parte de ella y que la ayudaba a proteger a su gemela.

No podía seguir temiéndole de esa forma.

El hombre de largo cabello azul observó cómo poco a poco la determinación en aquellos ojos exóticos que parecían brillar teniendo el cambio cerca, y sonrió para sí mismo. Y ahora en frente de él tras un pequeño destello de luz se encontraba esa majestuosa bestia de denso pelaje gris platinado. Nada en comparación con el menudo cuerpo femenino, se veía imponente y lista para enfrentarse a cualquiera, incluso a sí misma.

—¿Mejor? —preguntó él con suavidad.

Entonces ella alzó un poco su nariz, pero casi enseguida ella sacudió su cabeza con disgusto.

Sinceramente es aún más incómodo no poder olfatear nada en esta forma —respondió con su voz dulce haciendo eco a su alrededor mientras volvía a resoplar.

Y esta vez Defteros la miró con incredulidad, si notar como ella no solo había sido despojada de su sentido del habla, sino también del que más su naturaleza animal presidia, con razón había estado tan irritada.

—Maldita sea con Asmita —él gruñó sin poderlo evitar antes de suspirar pesadamente, para ceder al impulso que cada vez crecía más en su interior de hablar seriamente con el Santo de Virgo sobre esos métodos suyos de ayudar a la gente.

Pero siquiera antes de comentar algo más, el Geminiano rápidamente se percató como la Pitonisa empezó a moverse con incomodidad sobre sus patas, agitando un poco su peluda cabeza, y sus orejas moviéndose en todas direcciones, y en sus ojos se podía ver la inquietud que sentía. Él tensó la mandíbula al darse cuenta que se estaba poniendo nerviosa, no poseer el preciado sentido del olfato en aquella forma perturbaba de una manera muy significativa a su parte animal, pues simplemente un lobo sin su olfato no era nada.

Lýkos… —llamó suavemente aquel apodo que le había impuesto inconscientemente—Debes tranquilizarte un poco —le dijo, mientras poco a poco se iba acercando a ella sin ninguna pizca de temor.

Kaia negó aun sin mirarlo cada vez más alterada, con la idea tentadora de volver a su forma humana.

Quizás esto fue una mala idea.

—Solo debes mantenerte serena, sé que es difícil pedirlo —sobre todo cuando él no tenía la más mínima idea de cómo sería aquella desesperación—Pero no puedes retroceder ahora —murmuró extendiendo su mano hacia ella con la intención de tocarla.

Fue justo en ese momento su mirada exótica se posó en el Caballero, viendo fijamente cuanto se había aproximado, y además, tenía su mano alzada. Kaia dejó de moverse, y le mostró los colmillos sin dejar de observarlo con atención, pero Defteros no se dejó intimidar por esa demostración falsa de advertencia, solo se quedó quieto aun con su mano extendida, porque sus orejas estaban erguidas y no amenazadoramente hacia atrás, también podía ver en sus ojos ese brillo salvaje del animal, pero que seguía siendo inteligente, y como la última señal, había un leve matiz de temor seguramente recordando la vez en que lo había lastimado, sin embargo, ella debía de darse cuenta que no se volvería en ese momento aquella bestia encolerizada y salvaje.

Él solo se dispuso arquear una ceja sin intenciones de apartarse, y la Pitonisa resopló una vez más con resignación percatándose que su intento por apartarlo había fracaso, al tiempo que agachaba un poco su cabeza aun con un poco de recelo.

Entonces el hombre moreno pudo sentir en ese instante la suavidad de ese denso pelaje claro entre sus dedos, mientras pasaba una suave caricia por debajo de las orejas. Esperando que de esa manera ella supiera que no le temía, y que podía seguir manteniendo el control… no obstante, aun podía notar su clara inquietud.

Con un lento suspiro pasó muy lentamente su caricia hacia su cuello donde su pelo era mucho más tupido.

—"Me volveré fuerte, progresare para que nosotros dos vivamos de una forma digna… y eso se lo demostraremos al mundo" —él dijo en un tono suave antes de retirarse poco a poco posando su mirada nuevamente en aquellos ojos tan resaltantes.

El Direwolf ladeó levemente la cabeza observándolo fijamente, casi estrechando su mirada sin comprender sus palabras. Entonces el hombre de piel morena y largo cabello azul oscuro se dio media vuelta para empezar alejarse de ella.

—Esas fueron las palabras de un niño lleno de esperanzas —comentó deteniéndose brevemente para mirarla sobre su hombro antes de agregar—Las palabras de mi hermano.

Eso fue más que suficiente para captar la atención de la Pitonisa que casi enseguida sus orejas se agazaparon hacia atrás y el brillo de sus ojos se volvió peligroso, mientras que el Santo Dorado volvió a retomar sus pasos hasta sentarse finalmente en un tronco caído esperando así atrapar la gran curiosidad que tanto la caracterizó desde que la conoció.

¿Con que propósito me dices eso, daimónio? —ella formuló esa pregunta con intriga, puesto que si pretendía "calmarla" mencionar el nombre de aquel que masacró a varias Pitonisas no era un buen tema para empezar sinceramente.

Defteros se tomó un poco de tiempo en responder, mientras cruzaba su pierna, apoyando su tobillo en la rodilla y su mano descansaba en su cadera.

—Estoy consciente que para las habitantes de Delfos el llamado destino es de suma importancia para ustedes, pero a veces suceden cosas que ni las Pitonisas pueden predecir —dijo negando suavemente con tranquilidad—Y solo hay unos pocos Dioses responsables de estos… acontecimientos que no siempre son para el bien de algunos humanos —él dejó salir un lento suspiro antes de continuar—Las acciones de Aspros, las más crueles, no fueron hechas simplemente porque así lo dicto tu corazón, sino a causa de una semilla maligna que fue implantada cuando éramos solo unos niños… infectando sus pensamientos y creencias con oscuridad, y todo esto por un ser totalmente despreciable.

Las orejas del Direwolf se irguieron nuevamente con atención, puesto lo que el hombre le decía, tanto ella como a su hermana desconocía esa parte de la historia.

—No intento justificar sus actos, solo deseo que observes que cuando tú perdiste el control en unos minutos viéndolo todo en un segundo plano, así lo sintió mi gemelo por quince largos años.

Aun con un poco de suspicacia Kaia volvió a ladear su cabeza examinándolo, queriendo tener más que nunca su sentido del olfato para saber con exactitud si le mentía, siendo solo un simple cuento con el único propósito de calmarla. Sin embargo, dado la forma ausente que el Caballero miraba a un punto indefinido del bosque, supo que le estaba siendo sincero, además que podía escuchar el casi imperceptible tono de nostalgia y dolor en su voz profunda.

En ese momento le estaba mostrando una parte de un pasado oscuro.

Y antes de que Defteros se diera cuenta, ella se había acercado lentamente a él dejando su inquietud atrás, rodeando el tronco donde se encontraba sentado y luego se echó en la hierba mientras lo observaba fijamente.

No sabía porque, pero le estaba dando la impresión que la Pitonisa lo estaba protegiendo inconscientemente, y eso de alguna forma le hizo sentirse reconfortado.

Carraspeó suavemente antes de volver en lo que se había quedado.

—Despertar de ese trance y saber las cosas atroces que se cometió, puede fácilmente doblegar el espíritu de cualquiera —murmuró recordando haber visto esa mirada de culpabilidad y arrepentimiento en los ojos de su gemelo justo antes de que se marchara del Santuario—Creo que empiezo a entender de esta manera un poco más porque Aspros se marchó —dijo más para sí mismo que para ella, puesto que la muchacha había hecho prácticamente lo mismo una vez que la Oráculo estaba fuera de peligro—No digo que tu caso sea igual que el de él, pero si tiene algo de similitud de cierta forma.

Kaia analizó sus palabras en silencio. luego suspiro con suavidad mirándolo atentamente con una duda rondando por sus pensamientos desde hacía ya bastante rato.

¿Por qué me has ayudado?

Sus ojos de azul profundo se posaron en ella nuevamente antes de responder.

—Supongo que deseaba hacer algo por ti, muchacha, cuando no tuve la oportunidad de ayudar a mi hermano —dijo con sinceridad observando directamente la mirada penetrante del Direwolf, pero que seguían siendo expresivos y curiosos... y que extrañamente le producía ciertos sentimientos que se habían comenzado alojar en su pecho—A parte que también existe otras emociones que me impulsaron a ello, aunque en estos momento no he podido descifrarlos exactamente —y entonces estiró su mano para acariciar su suave pelaje, esta vez entre sus orejas viendo como la bestia cerraba sus ojos un tanto confusa e intrigada por sus palabras, pero aun así otorgándole mucha más confianza a él y a si misma que hacía unos minutos atrás.

Defteros estaba consciente que para la Pitonisa recuperara por completo la seguridad sería mejor avanzar poco a poco, un paso a la vez. Aunque ya a esas alturas tenía la certeza de que el Caballero del Sexto Templo estaría más complacido con su avance como él mismo se sentía en ese momento, y que las cosas por fin mejorarían finalmente después de recorrer un largo camino.

Pero no contaba que dentro de unos meses todo sería completamente diferente.

Y lamentablemente no para bien.

Continuara...


Asmita y su modo de ayudar D: aunque admito que tuve un pequeño problema en esa parte, fue algo complicado adaptarlo según lo que menciono Tenma cuando le tocó experimentarlo, así que agarre algo de allí, lo que decía en ss clásico, y ademas de un poco de imaginación propia :3

Y... Bendito sean los Dioses, no pude evitar poner esa escena de Shea con Asmita jajaja

Bueno, creo que con lo que le dijo Defteros a Kaia al final, este ya sabe que siente algo, aunque no sabe exactamente el que... pero ya lo veras morenazo 7u7

Advierto que se preparen para el siguiente cap, que es uno de los mas largos hasta ahora y que sucederá cosas sumamente importantes D:

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

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¡Únanse, las esperamos!

Okami Akai