¡Saludos, queridos lectores! por fin aquí esta la actualización, y como podrán notar es un capitulo bastante largo y lleno de contenido bastante... interesante.

¿Preparados para leer la "cólera" de nuestro demonio de la isla Kanon? 7u7

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.


Capítulo VII

"Mask"

Grecia, Athena

Marzo, 12 de 1750

Los meses se asemejaban mucho a un simple suspiro del tiempo, aunque una parte de ella sentía como si esos cinco meses hubieran sido largos, pero al mismo tiempo tan cortos. En ese momento se encontraba pacíficamente sentada encima de una gruesa rama de un frondoso árbol, un poco más alejada del Santuario, y desde allí podía ver la majestuosidad que hacía valer su nombre.

Estaba a gusto, su hermana de alguna forma se estaba aventurando un poco más del confinamiento que ella misma se había impuesto, y después de una larga charla entre gemelas, Ione comprendió finalmente todo lo que estaba pasando para poder recuperar nuevamente la confianza de su lado más animal. Y la Oráculo no se sorprendió ante la mención de aquel hombre de la Tercera Casa Zodiacal, más bien le sonrió con gentileza, mientras le palmeaba la mano con afecto, como si supiera algo que ella no y que obviamente no pensaba contárselo. Kaia por su parte no quiso insistir, porque respetaba las visiones que tenía su hermana y que a veces no podía compartir con nadie más.

Aunque ciertamente eso no quería decir que mitigara su curiosidad.

Soltó un pequeño suspiro dejando que las frondosas hojas le hicieran sombra en ese día soleado, pero repentinamente un cosquilleo en la parte de atrás de su cuello y un suave susurro en sus oídos la instaron a quedarse completamente quieta cerrando sus ojos para escuchar con sumo cuidado.

—La vida de los humanos es toda una aventura, aunque de vez en cuando da un giro por mala fortuna, y hasta los más inocentes caerán ante una realidad demasiado dura.

Sus labios se movieron con cada palabra pronunciada con suma suavidad, como si el viento liviano pasara a través de su cuerpo en una sutil caricia estando en una especia de trance, al tiempo que escuchaba con atención aquel mensaje de la naturaleza. Luego muy lentamente dejó salir el aire de sus pulmones en una pequeña exhalación.

Abrió nuevamente sus ojos observando con algo de curiosidad su alrededor, preguntándose si habría algún humano cerca para darle aquel mensaje, pero se quedó tranquila en su lugar diciéndose que el destino se encargaría de cruzarlo en su camino como siempre había pasado. Entonces recargó más su espalda en el tronco del árbol, mientras esperaba tranquilamente, y sin poderlo evitar sus pensamientos la llevaron a los sucesos de esos meses, porque últimamente no podía dejar de pensar en aquel hombre alto y de piel morena que la seguía ayudando en su camino de mantener el control de su bestia interior, y gracias a él había hecho un enorme progreso, puesto que ya casi había dejado atrás el cruel y traumático recuerdo de haber acabado con vidas humanas y atacado a su vez a alguien que se suponía que estaba de su lado. Aunque al decir verdad seguía un poco reacia de tomar su forma de Direwolf cerca de demasiadas personas, pero estaban trabajando en ello.

Pero dejando eso aparte, existía el hecho de que estando a su alrededor se sentía mucho más segura y a gusto, como cuando estaba en su forma humana y lo visitaba, porque a pesar que él no hablaba demasiado, siempre la escuchaba con atención. Y en su pecho comenzó aflorar una sensación curiosa y cálida que la embriagaba cuando estaba a su lado, o simplemente en el instante que a su delicado olfato saltaba el aroma a cuero y almizcle que lo caracterizaba, causando que su pulso se alterara un poco. Eso, sin dudas, solo pasaba con él, puesto que ya a esas alturas interactuaba algo más con el resto de los Santos Dorados, como por ejemplo; con el pequeño león que siempre tenía algo que decir y preguntar casi igualando su propia curiosidad.

Con el Caballero de Virgo a veces intercambiaba un par de palabras amenas sobre la vida misma y la naturaleza. Y también con la pequeña Vestal pelirroja que hasta se atrevería decir que habían entablado una especie de amistad con ella.

Casi lo mismo sucedía con el protector de la Casa de Cancer, que la saludaba con esa gran sonrisa sarcástica al tiempo que la pequeña niña corría para que la alzara en brazos, mientras su madre igual le sonreía con gentileza. Kaia sabía que aún estaban agradecidos de que de alguna manera participara en el rescate a pesar de que no estuviera previsto, y afortunadamente Mellea seguía brillando de luz y dulzura como si ya hubiese olvidado aquel atroz episodio.

Con el resto de los habitantes del Santuario ella ya se había percatado de que dejaron de observarla con recelo para sonreírle amablemente, sobre todo con esas jóvenes Vestales, principalmente la mayor que casi siempre se la topaba puesto que era una de las que las había atendido desde su llegada, sus ojos violetas y sonrisa genuina en ese rostro con pecas le caía bien, al igual que la rubia esposa del Santo de Acuario. Casi todos ellos ahora la saludaban con cordialidad y buena gana, aunque algunos eran mucho más expresivos en eso que otros.

Sin embargo, no podía comparar nada de eso por lo que sentía al estar cerca del solitario Caballero de Géminis. Era confuso, pero como esa sensación estaba muy lejos de ser incomoda o desagradable, no se preocupaba demasiado por ese asunto. Aunque ciertamente en las ocasiones donde muy sutil e inconscientemente sus manos se tocaban podía decir con exactitud que un ligero escalofrió escalaba por su columna hasta alojarse en su corazón haciéndolo saltar… una reacción curiosa, pero que le agradaba.

Ya en su momento entendería finalmente que ocurría.

Repentinamente sus agudos sentidos detectaron el sonido de unos pasos apresurados que atravesaban la espesura de aquel bosque. Se irguió un poco en la rama del árbol para observar hacia abajo de entre las hojas si sería el humano a cual debería dar el mensaje que hacía unos instantes había recibido, no obstante, observó curiosa como tres niños corrían desesperados en fila variando la edad de entre los ocho años, y el más pequeño parecía tener unos cinco o cuatro cuando mucho.

Pero lo que más le llamó la atención fue sus expresiones de total pánico y horror en sus rostros intentando por todos los medios no tropezar con nada y caer de bruces, siendo uno de ellos que tomaba de la mano al más joven que a duras penas podía seguirles el paso.

Ellos pasaron por debajo de ella sin percatarse siquiera de su presencia, más enfocados en correr que otra cosa. Seguramente eran hijos de los aldeanos de uno de los pueblos que estaban un poco más alejados de la villa de Rodorio, pero que estaba igualmente bajo la protección del Santuario.

Apenas unos segundos después un fuerte bramido causó que girara su cabeza hacia la dirección contraria, donde un enorme oso pardo se acercaba velozmente corriendo en sus cuatro patas jadeando y resoplando con irritación, siguiendo el mismo recorrido que el pequeño grupo de niños había tomado.

Kaia apoyó una mano en el tronco del árbol, mientras se inclinaba un poco para seguir observando, pero los perdió de vista aun escuchando al animal que intentaba darle alcance. Ignoraba por completo el motivo real del porque el oso los perseguía, solo tal vez habían invadido sin querer su territorio, o encontrado a sus oseznos, sea cual sea el motivo estaba más que claro que les daría alcance rápidamente, y no cabía duda el trágico final que tendrían.

En otro momento, más específicamente en el pasado, hubiera dejado ir aquella situación con un pequeño lamento para esas almas inocentes que serían tomadas por un sólido destino, pero... ahora mientras clavaba sus uñas en la corteza del árbol, no podía evitar pensar en actuar, queriendo defender esas vidas que tenían un largo camino por delante como para terminar de esa manera.

No sabía si era influencia de los habitantes del Santuario que había hecho mella en ella.

Pero una cosa era cierta…

Simplemente no podía quedarse de brazos cruzados si en su mano podía decidir otorgarles una segunda oportunidad.

De un salto bajó ágilmente del árbol, y a pesar que no se había transformado sola desde que el Santo de Géminis comenzó ayudarla hacia unos meses atrás no poseía tiempo para pensar en inseguridades.

Antes de que siquiera se diera cuenta ya había dejado salir al Direwolf y estaba corriendo todo lo que le permitían sus patas. Siguiendo con su olfato el aroma del oso esperando llegar a tiempo, y comprendiendo en ese mismo instante que aquel mensaje que le había dictado la naturaleza no había sido para nadie más que para sí misma.

Salió de entre los arboles ya al límite del bosque, escuchando los gritos de terror de los niños que apenas habían alcanzado llegar a la entrada de la aldea, con el animal furioso yendo a su encuentro rugiendo y con sus fauces abiertas. Ella en un rápido movimiento dio un largo salto intersectándolo a unos pocos metros de ellos antes de siquiera llegara a los chiquillos que lloraban completamente horrorizados. El oso se detuvo olfateo el aire alrededor de ella, y con un bramido se levantó en sus patas traseras intentando intimidarla con su gran altura de casi tres metros, sin embargo, ella agachó su cabeza junto con sus orejas y gruñó con fuerza mostrándole su propio arsenal de dientes dándole a entender que no iba a retroceder ni apartarse.

El pardo animal después de ver directamente a los ojos exóticos y brillantes de Kaia, lanzó un leve quejido antes de agachar la cabeza con respeto y volver apoyar sus patas delanteras en el suelo, para luego marcharse apresuradamente al interior de la naturaleza.

Y una vez que se aseguró de que el oso salvaje se hubiera ido para no volver, resopló con suavidad irguiéndose nuevamente con calma. Posteriormente se atrevió a mirar a los pequeños que habían permanecido abrazados unos con otros, mientras gimoteaban aun demasiados incrédulos como para siquiera reaccionar.

Fue el sonido de susurros que instó a la Pitonisa a que alzara la mirada, y unas personas del pueblo que se habían acercado a echar un vistazo por la fuerte conmoción de antes, se quedaron observándola con cautela y total asombro sin dejar en ningún momento de murmurar.

Pero siquiera antes de que pensara en irse un joven llegó corriendo de entre el bosque con la respiración acelerada y con falta de aire después de una gran carrera, y con sus ojos abiertos de par en par mirando al gran Direwolf, olvidando por un segundo el pesado saco de leña recién cordata que estaba a su espalda.

El chico levantó temblorosamente la mano que sostenía firmemente el hacha señalándola.

—Y-Yo... la vi —comenzó a decir entre balbuceos—¡Era una mujer antes de convertirse en eso! —acusó con agitación.

Los murmullos solo se hicieron aún más fuertes conforme las personas se iban aproximando cada vez más al lugar, y los pocos que habían presenciado la escena del principio no sabían si estar agradecidos exactamente o temer por sus vidas. Kaia ahora verdaderamente incomoda no le pasó desapercibido como una pareja mayor apartaba disimuladamente a los tres infantes lejos de ella, lo cual le hizo sentir un sabor amargo en la boca.

Le temían por sobre todo lo demás, eso era seguro.

—Por todos los dioses…

Los ojos exóticos del Direwolf se posaron en un hombre joven que se acercó de entre la enorme multitud que se había formado, mirándola de arriba abajo completamente incrédulo de lo que estaba en presencia de todos ellos, al tiempo que alguien le susurraba al oído, lo cual pareció solo aumentar su sorpresa. Kaia comenzó a sentirse realmente acorralada con esas personas desconocidas que estaban inconscientemente encerrándola en un círculo donde ya no tenía escapatoria alguna, claramente los aldeanos se encontraban presos por la intriga, y ella no tuvo otra opción más que volver a su forma humana con esa sensación de asfixia y con el temor al mismo tiempo de que su lado animal comenzara a reaccionar agresivamente.

Pero eso solo empeoró la reacción de los pueblerinos, los murmullos pasaron hacer exclamaciones más elevadas, hasta que el hombre joven que parecía ser el líder levantó su mano y todos hicieron silencio casi inmediatamente.

Él se aproximó a ella con cuidado y cautela, detallándola con ojos curiosos y críticos antes de comenzar hablar.

—Señorita, mi nombre es Stavros y soy el jefe del pueblo de Víla —comentó presentándose con amabilidad—Me atrevo a suponer que usted debe ser una ninfa con grandes habilidades —adivinó aun con la sorpresa marcando sus facciones—Y por lo que me acaban de contar a protegido a los nuestros.

Kaia optó por no decir nada, ni contradecir sus palabras, porque en realidad lo único que deseaba en ese instante es que le proporcionaran espacio para poder marcharse. Contrajo inconscientemente los puños sintiéndose cada vez más ahogada por toda esa multitud que la rodeaba, y como no era especialmente muy alta la mayoría de ellos la sobrepasaban, causando que pareciera ser un animal acorralado, y eso no le gustaba para nada ni a ella ni al Direwolf.

—Señorita —volvió a llamar el joven hombre de corto cabello rubio y facciones rusticas—Perdone que lo diga, pero noto que la bestia en su interior está manipulando casi por completo su lado humano —le dijo, mientras les hacía señas a los demás para que se apartaran un poco y le dejaran algo de espacio para respirar—Eso es realmente muy lamentable —agregó con suavidad.

Ella estrechó levemente su mirada notando de reojo como le habían dejado el espacio suficiente como para que pudiera irse si así lo deseaba, no obstante, las palabras de aquel hombre la detuvieron.

—Somos un pueblo pacífico y de buena fe, y por mis años de experiencia le puedo asegurar que usted está siendo corrompida… puedo verlo claramente en sus ojos extraños —señaló lentamente su ojo derecho de color avellana y el izquierdo lila—Y allí en el fondo se puede percibir a la bestia salvaje.

—Es parte de mi —ella se defendió alzando la barbilla un poco molesta por sus palabras.

El sujeto solo asintió con calma.

—Y no digo que no lo sea, solo que se puede apreciar con facilidad que esta algo… dañada por así decirlo. Es un animal, y como todo animal corre el riesgo de volver a sus instintos más salvajes, y un día puede pasar rápidamente a la tragedia en un abrir y cerrar de ojos si no tiene el debido cuidado.

Esas últimas palabras le causaron a la Pitonisa un leve estremecimiento que no pasó desapercibido para él.

—Ha pasado ¿verdad, señorita? —preguntó, divido entre la tristeza y el asombro—¿Ha matado a personas?

Pero ella se negó a dar una respuesta, diciéndose a sí misma que la muerte de aquellos seres había sido por una buena razón, y que no fue completamente consciente de ello. Sin embargo, por muy malignos que hubieran sido, hasta haber amenazado la vida de su hermana no dejaba de ser vidas humanas.

Entonces la mano del rubio hombre se posó encima de su hombro, aunque muy sutilmente para no alterarla, y así trayéndola nuevamente a la realidad.

—Hace unos instantes ha salvado la vida de nuestros niños. Eso demuestra que puede haber esperanzas para usted, y me ofrezco personalmente a devolverle el favor y buscar una forma de ayudarla y purificar a esa bestia para que esa tragedia del pasado no vuelva a pasar en un futuro —le dijo suavemente—Nuestros métodos son algo rudos, pero una mujer fuerte como usted no creo que tenga problemas en sobrellevarlo.

Sus palabras solo alimentaban su inseguridad, porque posiblemente tuviera razón en alguno de esos puntos. Había pasado varias meses y aún estaba en la dura transición de sentirse nuevamente a gusto con su parte animal, y a veces había días en que veía ese camino tan cerca, pero... de un momento a otro al encontrar a solas sentía que se hundía nuevamente en la oscuridad.

¿Realmente cabía la posibilidad de que el Direwolf al haber probado sangre humana de esa manera tan antinatural se hubiera corrompido de alguna forma?

Honestamente no tenía como saberlo, puesto que jamás se mencionó algo parecido cuando estaban en la Villa de Delfos, y ella era una de las primeras en que su apariencia era de una bestia tan mística como aquella. Quizás de alguna forma se estaba volviendo salvaje, y por esa razón le estaba costando tanto tomar el control nuevamente como antes.

Una lenta sonrisa surcó los labios del jefe del pueblo al verla dudar de aquella manera.

—No se preocupe, la ayudaremos a retener a la bestia en su forma humana y a domarla cuando este en la otra —aseguró con motivación. Posteriormente le hizo señas a un chico que estaba cerca de él para que se aproximara —Tráeme la herramienta facial, creo que será muy útil para ella.

—¿La de cuero, señor? —preguntó el muchacho algo inseguro al mismo tiempo que veía a la mujer de reojo—¿Está usted seguro que aguantara?

Después de volver a posar nuevamente sus ojos en ella evaluando nuevamente la situación, su sonrisa se volvió un poco más amplia al tener la respuesta perfecta.

—Dada las circunstancias creo que el herrero podrá hacer una de metal rápidamente para la señorita.

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Si... quizás esa fuera la respuesta después de todo esos meses.

Puede que recuperara la confianza a tal punto que sus preocupaciones se esfumaran, y así poder regresar justo como estaba antes de conocer el mundo exterior fuera de la hermosa Villa de Delfos.

Sin embargo, una parte de ella rechazaba por completo aquella idea, pensando en el hombre de tez morena e intensos ojos azules que por tanto tiempo estuvo allí en su progreso paso a paso con paciencia. Quería aferrarse a sus ideales y rechazar el ofrecimiento del pueblo, pero a su vez se sentía tan cansada…

Y aquella semilla de duda que estaba implantada en su cabeza había germinado y estaba creciendo con suma rapidez. Su lado animal podía estar pasando a ser salvaje, y por esa razón no terminaba de funcionar los métodos que se había impuesto por todo ese tiempo…

La solución podría ser esa, y debía de intentarlo.

Aunque lo frío del metal le molestaba más de lo que quisiera admitir, pero era una forma de retener su lado bestial, haciéndole recordar que era humana y que por eso debía de tener el control en todo momento y no dejarse llevar por sus instintos, porque ellos bien podrían desencadenar el despertar del Direwolf dentro de sí.

Ahora, esquivar las miradas de los pueblerinos no suponía ningún problema, no obstante, ir al Santuario era un asunto mayor…

Volvió a ser lo más sigilosa posible, pero si se topaba con alguien, se encargaba de no demostrar ninguna emoción sin preocuparle en lo más mínimo que se crearan rumores tras su peculiar y súbita apariencia.

Y con su hermana fue otro asunto, tuvo que tomar la decisión que solo la vería tres veces al día, justo en los momento de las comidas donde podía quitarse esa pesada prenda para poder comer, porque realmente no deseaba que Ione se preocupara aún más por ella cuando ya había iniciado suficientes problemas desde el primero ataque. Quizás cuando todo eso hubiera acabado le contaría finalmente, o si no había la necesidad de hacerlo dejaría las cosas así. Aunque por supuesto que su gemela ya sospechaba que algo raro sucedía, porque le esquivaba la mirada, pero nuevamente respetó su opinión pensando que ocurría algo similar como hacia unos meses atrás y solo requería su espacio.

Sin duda alguna, era duro… no solo por su hermana, sino también porque se comenzaba a dar cuenta que deseaba verlo, puesto que se había acostumbrado a su presencia. Y a decir verdad la calmaba justo como la naturaleza misma lo hacía.

Solo bastaba para cerrar los ojos y detectar su aroma característico para relajar sus sentidos.

¿Por qué le sucedía con él?

Como le gustaría saber la respuesta, pero durante al día posterior de salvar aquellos niños del pueblo, se encontraba un tanto ocupada, dado que le había accionado ciertas tareas lo cual precisaba gran parte del tiempo fuera del Santuario, y por lo tanto, no se había topado con él… Sin embargo, tal vez era mejor así, debía ocuparse de sus deberes para poder sanar esa parte corrompida y volver finalmente como había estado en un principio.

Aunque ciertamente le tomó por sorpresa que Stavros, el jefe de Víla, le hubiera recomendado permanecer en su forma animal cuando estuviera en el pueblo. Al principio dudo, pero el joven hombre alegó que eso la ayudaría a familiarizarse con el entorno y así podrían… amansar de cierta forma al Direwolf, para que de esa manera dejara su lado salvaje atrás.

Con un profundo suspiro cuadró sus hombros adoloridos y cansados, disponiéndose a continuar su descenso por el Santuario. Ya estaba atardeciendo y debía de darse prisa para comenzar la vigilia, porque ya era el segundo día y eso quería decir que debía cumplir su turno como bien lo habían planeado. Aunque una enorme parte de ella seguía rechazando esa idea, pero debía ser persistente si deseaba lograr su cometido.

Sin embargo, se detuvo abruptamente justo cuando estuvo a punto de salir finalmente del Santuario, puesto que allí de pie a unos pocos metros de ella, se encontraba el Santo de Géminis observándola fijamente, portando aquella majestuosa armadura Dorada que brillaba bajo el sol que se estaba ocultando a sus espaldas. Sus ojos de azul profundo estaban dilatados mirándola fijamente con total incredulidad, como si no puede creer lo que estaba presenciando.

Defteros había estado haciendo un pequeño recado en Rodorio, y ya se encontraba de regreso al Tercer Templo inmerso en sus pensamientos, preguntándose que había sido de la Pitonisa que no la había visto recientemente. Cuando él pasó por el bosque tampoco la halló en su forma de Direwolf… Al principio no le dio demasiada importancia al asunto, pero empezó a escuchar ciertos rumores que solo empezaba acentuar el extraño presentimiento que creció en la boca de su estómago, y que al parecer tenía que ver con la mujer de largo cabello castaño oscuro y ojos exóticos. Aun así no quiso creer de lo que oía, así que descartó cualquier tipo de pensamientos referente a ello, y meditó en esperar pacientemente a encontrársela y comprobar por sí mismo que todo estaba marchando naturalmente.

No obstante, comprendió de golpe que eso estaba muy lejos de la realidad, al ver cómo su femenino rostro era arruinado por completo por una máscara con la que hace tiempo atrás había estado muy familiarizado y que en ese momento crispó sus músculos con total tensión. Aunque la que estaba portando la joven mujer parecía ser de metal, que cubría desde la nariz hasta el mentón y siendo sostenida en su lugar por tiras de cuero negro.

Antes de darse cuenta se aproximó con lentitud hasta estar tan cerca que la Pitonisa tenía que alzar su mirada para encararlo. No podía dejar de observarla con intensidad, puesto que ella actuaba como si no tuviera un maldito bozal en el rostro.

Su mirada exótica parecía falsamente tranquila, pero muy en el fondo podía ver la incomodidad y algo más que le pareció peligroso dada su naturaleza.

—¿Por qué estas llevando eso puesto? —su voz sonó más fuerte y grave de la que pretendió, pero sencillamente no podía evitarlo. Al verla una furia silenciosa calentaba sus venas como el mismo magma.

Estaba haciendo todo el aplomo de su fuerza de voluntad para no arrancarle dicho objeto y fundirlo con sus propias manos.

Kaia se tomó su tiempo en responderle, analizando su extraño comportamiento, ya que podía olfatear fácilmente su ira y un ligero toque de temor, aunque esto último no supo exactamente por qué.

—No te preocupes, daimónio… estoy perfectamente, y esto es por mi bien.

Él tenso la mandíbula con molestia al notar como la voz de ella estaba siendo amortiguada por el frío material, seguramente le quedaba un poco ajustado, y al no ser para nada flexible podía dificultarle y hasta incomodarle al hablar, y eso solo incrementaba su irritación.

La verdad ya no estaba seguro si esa emoción era producida al recordarle su pasado, o por ver que la Pitonisa estaba pasando por algo similar.

Porque en su sano juicio no tenía ni la menor idea quien podía otorgarle aquella mascara simplemente por buena fe.

—¿Quién fue el que te lo coloco, muchacha?

Pero una vez más no le respondió lo que deseaba escuchar.

—Lo único que necesitas saber es exactamente eso; lo que estoy haciendo no solo es por mi bien... —ella comentó al tiempo que lo hizo a un lado para seguir su camino—Sino también por el de los demás.

Y con ello paso por su lado con la barbilla en alto dejándolo atrás, y pretendiendo olvidarse de ese encuentro, a pesar que en el fondo su Direwolf lanzó un quejido de inconformidad que decidió ignorar.

—Kaia.

La forma de pronunciar por primera vez su nombre con esa voz poderosa y levemente enronquecida domado por varias emociones fuertes, fue la que instó a que se detuviera y volviera su rostro nuevamente en su dirección. Encontrando al hombre de largo cabello azul oscuro mirándola sobre su hombro, con sus potentes orbes azules que transmitían una silenciosa promesa y que le erizó el bello atrás de su nuca.

Sin duda alguna estaba en presencia del temido demonio de la isla Kanon.

—Espero que sepas bien lo que estás haciendo.

Tras decir eso el Santo de Géminis continuó su camino sin querer ver la reacción de la Pitonisa ante sus palabras... sin darse cuenta que tenía los puños apretados, dado que en su mente persistía la imagen de ella con aquella atrocidad, pero no le quedo de otra más que intentar respirar hondo para tranquilizarse y una vez más decirse así mismo que no era su problema y no tenía por qué preocuparse, o si quiera meterse en eso.

Sin embargo... por más que se lo repetía no parecía surtir ningún tipo de efecto, porque simplemente no podía quedarse tranquilo mientras la veía pasar con aquella maldita mascara en el rostro. Algo dentro de él se revolvía, dividido entre la cólera y sus propios recuerdos, pero hizo lo mejor que pudo para resistir todo el impulso que lo conllevara a entrometerse directamente.

Aunque esa firme decisión comenzó a menguar rápidamente una de esas noches, en lo que tuvo una de aquellas pesadillas que aún lo perturbaban de vez en cuando, lo hizo levantarse como tantas veces ya había pasado. Se pasó una mano por el rostro sabiendo de ante mano que la madrugada estaba apenas empezando, e igualmente salió de la habitación principal para que el frío de la noche refrescara un poco su piel desnuda, puesto que solo portaba los pantalones de cuero, y hasta no le dio importancia a sus pies descalzos. Solo dejó escapar un largo y profundo suspiro pasando ahora una mano por su largo cabello azulado dejando ir una vez más sus pensamientos que tomaban simultáneamente la misma dirección, o más bien en dos últimamente…

Su hermano y en aquella mujer que de alguna manera lo estaba volviendo loco inconscientemente.

No obstante, no medito demasiado su dilema, puesto que sus sentidos desarrollados notaron una presencia. Al principio una parte de él se molestó, ya que pasar sin permiso por el Templo de Géminis no era algo que le cayera en gracia en ese momento, sobre todo con el creciente mal humor que solo iba en acenso desde hacía días, pero al detectar a quien pertenecía dicha presencia, sus emociones y cualquier otro tipo pensamiento se esfumaron en un segundo producto de la sorpresa.

La Pitonisa, resplandeciendo con su hermoso cabello ondulado sujeto en esa coleta alta, y con el resplandor de la luna iluminando el color castaño oscuro dándole un brillo de fantasía, y no le parecía extraño que la confundieran con una ninfa del bosque, si hasta él mismo creyó que le había robado el aliento.

Ella caminaba con tranquilidad con su vista fija al frente, y con aquel bozal que casi lo hacía refunfuñar de irritación. La mujer no parecía darse cuenta de su propia presencia, parecía estar muy concentrada en sus propios pensamientos, pero lo que evito que le dijera cualquier cosa fue su mirada… esos ojos exóticos tenían un brillo peculiar y que en todo ese tiempo que la conocía había aprendido a reconocer. Sus músculos se tensaron por la impresión, puesto que estos transmitían un poco más de esa esencia salvaje, mucho más de lo usual, como si la bestia que se encontraba en su interior estuviera más cerca de la superficie de lo que ella pudiera advertir… el Direwolf estaba allí, a la espera como un animal aprisionado y no parecía estar contento con su situación actual.

Mierda... algo no andaba para nada bien.

Gruñó para sus adentros al verla salir finalmente de la Casa de Géminis hacia aquel lugar que desconocía totalmente, pero que estaba seguro que tenía mucho que ver con esa mascara de metal y el extraño comportamiento de la Pitonisa.

Y para él, ya había sido suficiente, así que dando media vuelta regresó a su habitación buscando ropa más adecuada y su calzado, avanzando a grandes zancadas con su objetivo en mente, mientras descuidadamente se colocaba el sobretodo negro que usualmente no le gustaba utilizar, pero que en ese momento le vendría bien, puesto que no deseaba llamar la atención con la Cloth Dorada, por esa razón la dejó en el pedestal pensando en no demorarse demasiado tiempo a fuera. Sabía que lo que estaba haciendo era indebido sin informar a su ilustrísima a donde se dirigía, o si acaso porque razón salía del Santuario a esas horas, pero ciertamente no iba a esperar a la mañana, así que después se ocuparía de las posibles sanciones.

Se internó en el bosque, sacando de entre su ropa aquel colgante de cuarzo rosa que una vez le perteneció a la Pitonisa y que conservó después de que ella insistiera en su momento de que no era necesario que se lo regresara, y que hasta ese instante jamás pensó que tendría que utilizar para volver a rastrearla... aunque esta vez desde una distancia segura, puesto que el sensible sentido del olfato de Kaia podría detectarlo si se acercaba demasiado. Igualmente no paso mucho tiempo hasta que reconoció a donde se dirigía finalmente, a un pueblo un poco más alejado que Rodorio llamado Víla, y que en su corto periodo siendo el Santo de Géminis desde su resurrección solo había visitado un par de veces solo por el simple hecho de que su trabajo también consistía garantizar la seguridad de los pueblos que estaban bajo la protección del Santuario. Pero honestamente estaba muy lejos de sentirse a gusto en ese lugar, sobre todo por las miradas incriminatorias que algunos habitantes no se molestaban en ocultar.

Cuando llegó finalmente en el límite del bosque, faltaba solo un par de horas para que se diera el amanecer, y lo que observó a los lejos casi causaba que hiciera añicos la piedra en su mano, mientras un bajo gruñido retumbaba en su pecho. Pero se obligó a si mismo apretar los dientes para contenerse, al mismo tiempo que se acuclillaba detrás de un frondoso arbusto para observar mejor y no dejarse llevar por conclusiones apresuradas, sin embargo, la manera en que el enorme Direwolf se acercaba a un aldeano que sostenía en su mano una pequeña antorcha que hacía de lámpara; para recibir ciertas indicaciones, aparentemente le sugería que ella no estaba allí simplemente para dar una visita sorpresa a esa hora. Por esa razón pensó en quedarse por más tiempo, aunque sabía que podía arrepentirse más tarde de esa decisión, tenía el fuerte presentimiento de que no le iba a gustar para nada lo que pasaba allí y del supuesto misterio de aquella estúpida mascara.

Pero rápidamente todo fue para peor en el momento en que la bestia agachaba su cabeza dócilmente para dejar que le coloraba otro pesado y metálico bozal adaptado perfectamente al enorme hocico del Direwolf, al mismo tiempo que otra persona se acercó a ella y así pasar un ajustado arnés por su lomo y atarlo.

Defteros lograba verlo inclusive a esa distancia, no sabía cómo ellos no podían simplemente darse cuenta del brillo en sus ojos, porque a pesar que el místico animal se dejaba hacer, había algo en su mirada que parecía ser peligrosa y contenida. Y eso aparte se podía notar claramente en como la Pitonisa enterraba sus garras lentamente en el suelo junto con su respiración algo más pesada.

Ya para el amanecer tuvo que darse media vuelta y marcharse, porque si pasaba un segundo más allí solamente observando iba a ir directamente a la aldea y un cráter se abriría bajo de sus pies para dejar fluir un río de lava hasta consumir aquel poblado hasta sus cimientos… y mientras regresaba al Santuario ese pensamiento cada vez le parecía más atractivo, no le importaba para nada el hecho de que esas personas le temieran aún más, acusándolo de ser un demonio, más bien, le encantaría que le temieran. Guardó en su bolsillo nuevamente el colgante por temor a desintegrarlo con su mal temperamento, no podía deshacerse las imágenes de lo que ella había estado haciendo todos esos días como si fuera un perro o un animal de carga.

Y en ese preciso momento recordó sus palabras exactas.

Eso no era por su bien, era para el gran provecho de los hijos de puta que había sabido cómo manejar rápidamente la situación a su favor.

Ignoraba completamente del por qué había llegado a eso en primer lugar, pero a esas alturas poco importaba.

Por más que se repetía a si mismo, ya simplemente no podía quedarse al margen, y eso era todo un hecho. Sabía que tampoco podía interponerse directamente así que después de meditarlo rápidamente decidió seguir el camino por los Doce Templos Zodiacales e ir a ver directamente al Patriarca, e igualmente se preguntó si debería mencionarle algo a la Oráculo, pero decidió consultarlo antes de nada.

—Lo siento, Defteros, pero me temo que no podemos intervenir.

Las palabras del Pope lo dejaron anclado en su lugar, realmente había esperado que después de comunicarle todo lo que estaba pasando en ese pueblo este tomaría represalias contra el mismo.

Pero antes de siquiera poder decir algo el rubio continuó.

—Sé que el trato que está recibiendo la Pitonisa es completamente inaceptable, no obstante, parece que ella así lo ha aceptado —Shion dejó salir un lento suspiro al tiempo que frotaba brevemente sus ojos ante el difícil dilema de aquella situación tan compleja—Si el caso fuera distinto en el que ella hubiera sido obligada hacer esas tareas en contra de su voluntad, te aseguro que ahora mismo tomaría cartas en el asunto.

El Santo de Oro contrajo sus puños comprendiendo sus palabras, pero al mismo tiempo no queriendo aceptarlas.

Y el joven de ojos rojizos sabía que por el silencio del Caballero estaba sumamente preocupado por el estado de la mujer de largo cabello ondulado. Hasta él mismo se daba cuenta del alcance de sus emociones, ya que no podían ocultarle nada, había aprendido con el paso de esos meses a leer el estado físico, mental y emocional de los Guerreros para su bienestar. Por esa misma razón, había omitido por ahora el hecho de haber dejado el Templo de Géminis... tomaba ese comportamiento como algo que estaba completamente fuera del rango del interés propio, debía decir que él mismo hubiera hecho exactamente algo similar en su lugar.

Podía comprenderlo perfectamente, aunque Defteros lo ignoraba al igual que la gran mayoría de los habitantes del Santuario, y por ahora prefería que siguiera así por un tiempo más.

—Sé que no estás de acuerdo, pero debo pedirte que te mantengas al margen por los momentos.

Defteros meditó muy bien sus palabras antes de contestar.

—Con el debido respeto, su ilustrísima, no creo que pueda cumplir eso —él murmuró con suavidad.

Lejos de enojarse por su osada respuesta, Shion solo asintió levemente con empatía, sin duda era un tema bastante difícil.

—Aprecio tu honestidad, pero como bien dije antes; la Pitonisa así lo ha decidido y no hay mucho que nosotros podamos hacer.

El de ojos azules solo pudo inclinar su cabeza pensativo, porque más que nadie sabía el riesgo que no solo que estaba corriendo ella, sino las personas a su alrededor si las cosas seguían así, pero ciertamente ellos ya habían forjado su propio destino al igual que la mujer. Y aunque no quería aceptarlo sabía que esa era la realidad, y no tenía ningún derecho a entrometerse por más que en su interior deseaba hacerlo.

—Y con respecto a la Oráculo, me parece que es precario no mencionarle nada respecto al tema —comenzó a decir el Patriarca nuevamente, mientras se acomodaba mejor en su asiento de piedra—Debemos respetar la confidencialidad de su hermana, puesto que no nos corresponde decirle lo que está sucediendo. Además, que eso puede influir también en las acciones de la señorita Ione en querer salir del Santuario para buscar respuestas por sí misma en dado caso, y en vista por los pasados acontecimientos que atentaron en contra de su vida, eso ya no lo podemos permitir—dijo suavemente—Esperaremos atentamente como se desenvuelven las cosas, pero mientras tanto nadie debe involucrarse o decir nada.

A pesar de su reluctancia ante esa decisión, el hombre de piel morena no le quedó de otra que asentir nuevamente con respeto y aceptación.

—Hare mi mayor esfuerzo para que así sea.

Después de eso regresó a la Tercera Casa sintiéndose igual o más impotente desde que había descubierto lo que pasaba en aquel pueblo... pero su deber como Santo Dorado ya había sido establecido, aunque eso no quería decir que estaba satisfecho con acatar las órdenes.

Por eso mismo se encontraba dividido entre hacer lo que creía correcto y su deber, pero era algo que simplemente no podía ignorar, no cuando las pocas veces que la veía su semblante parecía otro, ya no poseía la misma energía, más bien daba la impresión que había sido drenada de ellas.

Él más que nadie sabía cómo había llegado hasta ese punto, y eso solo alimentaba su frustración más allá de lo que realmente podía soportar.

Y en una de esas tardes donde estaba más que seguro que la Pitonisa se dirigía nuevamente hacia el pueblo, ya no pudo contenerse del todo.

—Muchacha.

Su voz resonó levemente en el Templo de Géminis causando también que la mujer de largo cabello castaño oscuro se detuviera a unos pocos pasos de él prestándole una adecuada atención.

Y el Geminiano realmente tuvo que reprimir el fuerte impulso de zarandearla para que entrara en razón al ver el latente cansancio domando sus delicadas facciones, siempre arruinada por la máscara de acero que tanto había aprendido a odiar. Y no solamente eso, también la manera en lo que ella parecía tener una lucha interna demasiado constante con su parte animal, lo cual solo parecía aumentar su agotamiento… simplemente no podía comprender por qué seguía haciendo todo eso si realmente no la estaba ayudando, más bien todo lo contrario.

Él carraspeó suavemente consiente que se había perdido en sus pensamientos.

—Si alguna vez precisas ayuda, sabes que estaré allí para lo que necesites.

En ese preciso instante tras decir esas palabras notó como una fuerte emoción se revolvió en esos ojos bicolores con tanta fuerza que casi lo dejaban sin aliento, pero que, sin embargo, fue tan fugaz que no pudo ponerle nombre, porque Kaia bajó su mirada antes de asentir muy levemente para luego seguir con su camino en silencio. Lo que para Defteros solo le causó una extraña sensación en la boca del estómago que lo atribuyó rápidamente como un mal presentimiento.

Realmente esperaba que todo eso se solucionara de alguna manera, porque solo los Dioses sabrán lo que el demonio de la isla kanon era capaz si le hacían daño.

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Tan solo bastó dos semanas.

El próspero pueblo de Víla había comenzado su día alegremente con un festival que era bendecido desde la salida del sol hasta que este se ocultaba, lo llamaban Flóges, o el festival de las llamas de Apolo, en honor a la deidad del sol. Donde era decorado con todo tipo de flores entre los tonos rojo, azul y naranja en representación al fuego. E igualmente las personas vestían alguna prenda en esos mismos colores mientras reían, cantaban, comían y bebían felices, también se efectuaba danzas con fuego, competencias y todas clases de actuaciones de entretenimiento.

Ese año en particular se sentían más entusiasmados de lo usual, porque con ellos estaba aquella magnifica bestia plateada que los resguardaba. Stavros, el jefe, estaba de pie muy orgulloso a un lado del Direwolf que le habían colocado una corona de flores alrededor de su cuello tratándola esta vez como una invitada especial y el alma de la celebración, porque gracias a su ayuda el pueblo estaba más que nunca gozando una gran prosperidad.

Y como una invitada, le habían quitado aquel bozal metálico.

El hombre rubio sonrió ampliamente cuando otros forasteros y algunos otros lideres que visitaban al pueblo para la celebración admiraron con absoluto asombro al gran animal que permanecía dócil, incluso si agarran la suficiente valentía como para acercarse acariciar su tupido pelaje, este no hacía nada. Y realmente estaba satisfecho, el gran lobo infundía el respeto e intimidación en partes iguales, un claro mensaje de que estaban bien protegidos y respaldados, y que haría pensar dos veces a mentes maliciosas antes de meterse con ellos o siquiera robarles.

Para Kaia observar como otros ya la miraban sin temor ni miedo, solo un gran y profundo respeto, significaría que finalmente había cumplido con su objetivo. Durante esas dos semanas desde que se había topado con aquel pueblo prestándole apoyo continuamente en cualquier tipo de tareas como lo era jalar carretas, ayudar durante las cacerías, mover inmensos troncos de árboles o rondar la aldea durante algunas madrugadas para mantener la seguridad con sus habitantes, y siempre rodeada de personas para mantener su cordura intacta y siempre en forma animal. Porque según Stavros le mencionó; que mientras más tiempo estuviera rodeada de humanos como un Direwolf ese lado salvaje e irracional se aplacaría hasta dejar el fiel y seguro corazón humano.

Verdaderamente quería creer en todo lo que dijo y viendo los resultados quizás tuviese razón.

Pero entonces… ¿Por qué sentía que en todo ese tiempo solo se había estado engañado así misma?

Estaba muy lejos de sentir esa felicidad que los aldeanos en su alrededor parecían aclamar a los cuatro vientos mientras bailaban con las antorchas encendidas en sus manos en una danza armoniosa. Sinceramente tenía el estómago revuelto, porque el trato con su hermana se había vuelto prácticamente nulo, y hasta se había visto en la obligación de encerrar sus propias emociones para que no se filtraran en la conexión de gemelas. Y aunque Ione la había observado siempre con preocupación le dio a entender a ella que todo estaba bien, a pesar que muy en el fondo sabía que no era así.

También había un par de ojos azules, que si bien se había mantenido a raya, sabia de su preocupación… y ahora más que nunca se replanteaba el rumbo que había tomado su decisión.

Ya pronto podría volver al Santuario, puesto que después de eso no veía tan necesario frecuentar todos los días el pueblo, no obstante, si la llamaban allí estaría a pesar que una gran parte de ella no quería volver jamás.

El apogeo del festival alcanzó la cumbre más alta en el momento en el que sol estaba en el centro del cielo despejado, donde los pueblerinos en un gran homenaje empezaron a hacer un desfile donde recorrerían todo el pueblo al mismo tiempo que cantaban y danzaban con las antorchas, con ella encontrándose en el medio siendo el centro de atención. Aunque la celebración era bastante bulliciosa, su mente estaba aislada de todos ellos, mientras caminaba por pura inercia sin prestarle realmente atención a lo que la rodeaba, solo deseaba que todo se terminara, puesto que se sentía exhausta. Ninguno de esos días había dormido correctamente, y menos las noches en que hizo guardia, agregando también las tareas pesadas que fue impuesta, la tenían casi totalmente agotada... tampoco ayudo demasiado el conflicto que tenía internamente con sus creencias y las de aquellas personas, y agregando la presencia de la bestia habían dejado su mente casi en las mismas condiciones que su estado físico.

Solo tenía que soportarlo un poco más…

En ese momento conjuró en sus pensamientos esos ojos de azul profundo que la habían tranquilizado por todos esos meses y que ella simplemente le había dado la espalda, no tomando en cuenta sus emociones. Ciertamente de los errores se aprendía, pero eso no quitaba el hecho de sentirse como una imbécil ignorándolo deliberadamente de esa manera al igual como con su gemela.

Bufó levemente con molestia al sentir un poco de calor cerca de una de sus patas traseras, observó sobre su hombro como unos jóvenes demasiado entusiasmados por la bebida, y que tenía una antorcha en sus manos moviéndose al son de la música con las llamas peligrosamente muy cerca de ella, pero estos al darse cuenta le lanzaron una disculpa algo torpe y entre risas antes de darle un poco más de espacio. Estrechando un poco la mirada decidió dejarlo pasar, mientras su vista volvía al frente notando que no le faltaba demasiado para finalizar el recorrido. Y sus ojos se posaron en la esplendida vista del maravilloso bosque que se abría ante ellos más allá de una de las entradas al pueblo, y tuvo deseos casi sofocantes de lanzarse a la carrera y refugiarse en la naturaleza y alejarse de la civilización humana, pero sacudiendo su cabeza deshizo esa idea, ya que aún no era el momento.

Sin embargo, una vez más sintió un calor abrazador en su costado notando como otra vez el jovencito había aproximado demasiado la llama de la antorcha a su pelaje, pero en esta ocasión ella se encargó de lanzarle un bajo gruñido mostrándole levemente sus dientes, sin embargo, antes de que su advertencia fuera bien recibida sintió una palmada en su cuello, y girándose observó como Stavros la miraba desaprobatoriamente con sus ojos verdes, al tiempo que negaba con suavidad. Entonces obedeciendo a regañadientes volvió a resoplar dejándolo pasar una vez más.

El olor de humo ligado con el fuerte aroma de alcohol que circulaba con abundancia entre las personas comenzó a molestarle más de lo usual, al igual que los escandalosos cantos que retumbaban en sus tímpanos, se estaba estresando y lo sabía. Lo peor del caso fue que la mano que estaba firmemente en su cuello del jefe del pueblo no la estaba ayudando a contenerse, más bien todo lo contrario.

—Mantén a la bestia a raya, señorita, lo has estado haciendo muy bien hasta ahora.

Apenas lo escuchó murmurar como algo realmente lejano, y cuando tomó una profunda respiración pensó que de verdad podía mantener la compostura hasta que todo eso terminara.

Pero una vez más el mismo destino le enseñó que la naturaleza ya había formado un curso.

Todo pensamiento racional se esfumó en el instante en que sintió aún más calor en su lomo, gruñó alto oliendo rápidamente el aroma de su pelaje chamuscado. Enterrando sus garras en la tierra para frenarse giró bruscamente su cabeza hacia aquel muchacho que se le borró casi instantáneamente la sonrisa en su rostro para ser sustituida por una expresión de total espanto al mirarla. Todos permanecían ajenos a lo que ocurría, solo lo más cercanos se habían quedado inmóviles, Stavros le indicó algo, sin embargo, ella ya no lo escuchaba.

Desenfundó sus dientes filosos y blanquesinos, al tiempo sus pupilas dilatas observaban al osado humano, y con un rugido feroz se lanzó hacia él sin darle ninguna oportunidad de correr o huir, más que arrojar del susto la antorcha que fue a parar varios metros de distancias en el momento en que la inmensa bestia se le vino encima. El Direwolf lo mantuvo prisionero entre sus patas, mientras sus fauces estaban peligrosamente cerca del cuello del joven que no hacía más que lloriquear y gritar, lo cual solo motivaba a su instinto de cazadora.

Le gruñó una vez más pasando su lengua entre sus colmillos, con sus garras a cada lado de su cuerpo.

Pero no fue el llanto insistente del chico que la hizo volver en sí, sino más bien fue el grito de terror del resto de las personas a su alrededor. Kaia parpadeó y dejó de mostrar los dientes lentamente para alzar su cabeza y observar como cientos de pares de ojos la estaban viendo con un horror perturbador, más de uno con sus bocas cubierta por sus manos para evitar seguir gritando esperando que de un momento a otro ella finalmente cediera al impulso y le desgarrara la garganta a su víctima como justo había estado a punto de hacer.

Con un enorme peso en su estómago retrocedió apartándose del muchacho que se había desmayado segundos antes producto del pánico. Sacudió su peluda cabeza siendo incapaz de soportar sus miradas, era como una apuñalada directa a su confianza, todo por lo que supuestamente había trabajo todos esos días se había evaporado por un arranque de ira y descontrol.

Entonces sus ojos inquietos se posaron en el jefe del pueblo que la miraba fijamente con una frialdad y condena que la dejaron completamente helada.

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El sol finalmente se ocultó en el horizonte, indicando que la noche estaba a un paso de caer sobre el Santuario, y Defteros de Géminis estaba de pie a un lado de la entrada del Templo esperando ver pasar a la mujer de largo cabello ondulado y ojos exóticos, pero ya desde hacía bastante rato que se estaba preguntando si algo extraño estaba pasando, puesto que ya ella debió de haber regresado. De alguna forma había aprendido más o menos cuando la Pitonisa se marchaba y cuando regresaba, él simplemente se estaba cerciorando de que volviera sana y salva, sin embargo, ese día en particular le había escuchado decir a Aldebaran que la había visto irse mucho antes del amanecer, y aunque el gran toro no lo demostrara, también estaba algo desconcertado por su raro comportamiento, y ni hablar de lo que llevaba en el rostro.

Por eso, llegó a la conclusión que antes de ocultarse el sol ya se encontraría nuevamente en el Santuario, pero al ver como el cielo empezó a rápidamente a oscurecerse tuvo realmente un mal presentimiento. Así que con esa sensación de vacío en su pecho decidió buscarla por sí mismo a los alrededores, porque existían las ocasiones en la que Kaia no subía directamente al Templo Papal, donde en una de las cientos de habitaciones descansaba junto a su hermana, a veces simplemente ella decidía sentarse en algún otro sitio.

Pero... una vez más no halló ni rastro de la Pitonisa en ninguno de los rincones que se le podía ocurrir. Ya a esas alturas con ese mal presentimiento que no hacía más que acentuarse cada vez más en su pecho, dado que el cuarzo rosa no dio respuesta aparente, un indicio de que ella estuviera en una zona bastante apartada… viéndolo así no le quedaban demasiadas opciones. Oprimió los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, apretando los dientes abrió un portal que atravesó sin dudar dejando que la otra dimensión lo guiara al lugar donde pretendía ir para conseguir alguna respuesta rápida.

Su cabello pareció flotar en aquella fría dimensión hasta que el portal lo dejó en una de las más grandes habitaciones de la Casa Papal, lugar en el cual residía las mujeres de la Villa de Delfos. La estancia era gigantesca y pulcra, con blancos pilares estratégicamente distribuidos, una amplia cortina roja que iba desde el techo alto hasta el suelo se encontraba un poco más allá de la mitad, siendo los dominios más privados de las femeninas, pero justo antes se alzaba una plataforma de mármol que formaba un círculo perfecto donde usualmente la Oráculo recibía las pocas visitan que se acercaban a consultarle.

Y es justamente en ese lugar donde la menuda mujer con su ondulado cabello suelto desparramado por la superficie blanca, permanecía sentada hablando tranquilamente y en voz baja con el Santo Dorado de Sagitario que la escuchaba con atención apoyando una rodilla en el suelo para poder estar un poco más a su altura observándola detenidamente. Defteros sinceramente se quedó un poco extrañado, pero más no le dio demasiada importancia, ya que tenía un objetivo único en su mente.

Rápidamente su presencia se hizo notar, porque casi inmediatamente el hombre castaño se levantó lentamente mirándolo con un poco de sorpresa en sus facciones por haber irrumpido de aquella manera al recinto de la Oráculo.

—Defteros… —Sisyphus frunció levemente el ceño, porque aunque no lo vio llegar sabía bien que había empleado la técnica de Another Dimension.

El Geminiano solo le dedicó una mirada tensa antes de acercarse y dirigirse a la mujer que igualmente lo miraba con incredulidad y confusión.

—Lamento entrar de esta manera, Oráculo —él intentó que su voz sonara lo más natural posible, aunque en su interior la preocupación estaba haciendo estragos lentamente con su autocontrol—Pero quería hacerle una pequeña petición…

La vio parpadear varias veces y luego dudar un poco domada por la inseguridad, y ahora más que nunca Defteros podía notar que, a pesar que ella portaba un exacto parecido físico con su hermana por ser gemelas, podía ver la gran diferencia que las hacia a ambas tan distintas de una a la otra.

—¿En qué… puedo ayudarle, Santo Dorado de Géminis? —Ione aceptó finalmente tragando con algo de esfuerzo, y posando sus manos en el regazo pensando para sí misma que después de todo ella le debía mucho más de lo que el hombre de tez morena se podía imaginar.

—¿Sabe cómo se encuentra su hermana en estos momentos?

El ceño fruncido de la Oráculo solo se pronunció aún más ante la mención de Kaia, puesto que hacía semanas que su nuevo y extraño comportamiento la estaba lastimando de cierta manera, puesto que quería saber qué era lo que estaba pasando… en realidad deseaba que su hermana volviera a confiar en ella nuevamente, por esa sola razón no había indagado la posibilidad de averiguar por si misma lo que estaba sintiendo su contraparte.

A parte que ella misma estaba enrollada en un asunto particularmente difícil y que había estado perjudicando su salud más de lo que quisiera admitir, porque no era tonta, sabía que si entablaba una larga y tendida conversación con su Guardiana esta se daría rápidamente cuenta que algo le estaba pasando, y aun no estaba preparada para decirle.

Dejando salir un largo suspiro apretó levemente la tela de su vestido entre sus dedos sabiendo que esa acción no pasaría desapercibida por el Santo de alas Doradas que se encontraba a su lado. Humedeciendo sus labios se preparó para rechazar su petición puesto que no iba a romper la confidelidad de su gemela.

—De verdad lo siento, Géminis-sama, pero me temo que no pue… —repentinamente cerró la boca en un chasquido cuando una fuerte emoción la golpeó sin previo aviso. Posando una mano en su pecho tomó una gran y desesperada bocanada de aire con sus ojos abiertos de par en par.

Casi en seguida Sisyphus con preocupación posó una mano en el delicado hombro de la mujer.

—¿Se encuentra bien? —preguntó con bastante suavidad.

Ione lentamente alzó la mirada, observando primero al hombre castaño como si estuviera viendo a mucho más allá de él como si realmente no estuviera allí. Con esa nueva y súbita revelación martilleando su cabeza, su respiración se agitó y sus manos empezaron a temblar casi descontroladamente. Luego sus ojos bicolores se posaron en el Geminiano que parecía un tanto incómodo y curioso por el rumbo que había tomado la situación en tan solo un instante.

Ella abrió lentamente sus labios para intentar hablar, pero le estaba costando enormemente pronunciar una sola palabra con esa daga filosa atravesando su pecho.

—Tranquila… ve despacio —le aconsejó el Caballero de Sagitario viendo sus facciones pálidas.

La Oráculo cerró nuevamente sus ojos que ya estaban cargados de humedad, y asintió con suavidad antes de intentar nuevamente volver hablar.

—Kaia… ella esta… —se humedeció los labios repentinamente secos sintiendo como su voz temblaba como el resto de su cuerpo—…pasando por un momento terrible —fue todo lo que pudo decir, ahora con lágrimas frescas brotando lentamente de sus ojos al sentir como las emociones de su hermana se desbordaron al tal punto que rompió la barrera de ambas, y la traspasaba a ella como una ráfaga helada.

Para Defteros eso fue todo.

Su mandíbula se tensó para evitar lanzar un rugido de ira, porque sabía exactamente quienes eran los malditos culpables. No obstante, siquiera antes de mover un solo musculo la mujer de largo cabello interrumpió sus oscuros pensamientos.

—Espere… yo… yo deseo ir a donde esta Kaia —dijo apenas en un murmullo intentando ponerse de pie, pero casi inmediatamente comenzó a tabalearse, pero la mano fuerte y atenta de Sagitario la sostuvo, siendo él que se había convertido como un Guardián.

Sisyphus negó lentamente con su ceño fruncido, evidenciando así su inquietud y descontento con todo ese asunto.

—No creo que eso sea sensato.

El Geminiano contuvo un gruñido.

—Así es, a donde voy a ir puede que se vea involucrada en algo peligroso —le dijo falsamente con tranquilidad, aunque por dentro bullía como el magma dentro de un volcán a punto de erupción—Y dado las palabras del Patriarca no podemos permitir que salga nuevamente lastimada… además, que eso solo haría sentir a su hermana culpable si algo llegara a sucederle y eso no sería de demasiada utilidad en este caso —rápidamente ignoró la mirada penetrante que le lanzó su compañero de armas, sabía que estaba siendo un tanto insensible girando la situación al beneficio de ellos, pero no había otra manera. Él realmente iba a enfocar su atención en el pueblo, y no iba a darle la suficiente cuidado a la Oráculo, por esa misma razón ser hostil y sincero era lo mejor en ese momento.

Ione se sintió un poco lastimada por sus palabras, pero pareció ser suficiente como para hacerla recapacitar.

—Y en su condición tampoco sería una buena idea —colaboró el Santo de Sagitario ayudándola a sentarse nuevamente.

Mientras que ella solo se permitió asentir despacio, aun turbada por los sentimientos que no le pertenecían y las sensaciones nuevas de su cuerpo que se habían vuelto desagradablemente familiares, mientras más pasaba el tiempo que la dejaban fría y fuera de base.

—No se preocupe, sea como sea la encontrare —le dijo el hombre de largo cabello azul, teniendo una severa lucha interna. Aun sin querer que las oscuras intenciones apelaran a su lado bueno—Y la traeré a salvo.

Él se dio la vuelta creando así un nuevo portal, más, sin embargo, lo detuvo una voz a su espalda.

—Defteros… —llamó Sisyphus con suavidad—Recuerda cuales son las reglas.

Para el Geminiano no pasó inadvertido el tono de advertencia y seriedad tras sus palabras, y aun así no se molestó en girarse, simplemente comenzó a cruzar el umbral del portal sin mirar atrás.

—Pagare luego las consecuencias con el Santuario, Sisyphus, pero no voy a detenerme ahora.

Y con ello entró en la otra dimensión nuevamente, pero esta vez para salir directamente en el pueblo de Víla. Se encontró entonces con un panorama tranquilo y pintoresco que solo pudo aumentar su irritación, porque la gran mayoría de los aldeanos aun bebían y charlaban animadamente, siendo vestigios de una enorme celebración que se podía notar sin mucho esfuerzo. Incluso, aun había unas cuantas personas que seguían bailando una extraña danza, mientras eran rodeados por ojos curiosos y alegres.

Todo parecía tan normal, sin embargo, él sabía más que nadie que las apariencias podían engañar…

El portal se había abierto estratégicamente fuera de la vista de sus habitantes, pero en ese momento poco le hubiera importado si llamaba la atención.

Tomó del brazo al primer sujeto que tuvo la desgracia de pasar cerca de él, y que venía acompañado por una dama que ahogó una pequeña exclamación de asombro, mientras que el hombre solo pudo jadear con sorpresa parpadeando al mismo tiempo con confusión viendo la imponente altura del Caballero.

El brillo de su armadura Dorada los hizo empalidecer a ambos con suma rapidez.

—¿Dónde está la exótica muchacha que ha venido ayudarles? —preguntó sin rodeos estrechando la mirada aun con su mano firmemente apresando en el brazo del pobre hombre.

El aldeano sacudió la cabeza enérgicamente con desdén viendo disimuladamente su piel tostada, y Defteros supo en ese instante que lo había reconocido, pero sinceramente en ese preciso instante le importaba una mierda.

—No sé de lo que me habla, C-Caballero —le contestó este, con más valor que lo que sus palabras temblorosas quisieron realmente demostrar. Discretamente intentó zafarse del agarre mortal, pero obviamente la diferencia de fuerza era ridículamente alta... al tiempo que la mujer nerviosa se ocultaba atrás de su pareja sin saber exactamente qué posición tomar.

—Saben exactamente de a quien me estoy refiriendo —murmuró el Geminiano estrechando peligrosamente la mirada comenzando agotar su paciencia, porque sabía muy bien que le estaba ocultando la verdad deliberadamente.

El sujeto tragó hondo pensando desesperadamente como excusarse, puesto que al jefe no le gustaría para nada que hubiera divulgado lo que sucedió, y mucho menos a uno de los Guerreros de la orden de Athena y del Santuario.

—A-Aquí han venido muchos para el festival ¿sabe? —empezó a balbucear levemente, intimidado por su presencia—¿Puede usted ser más específico? A lo mejor la mujer de la que se está refiriendo aún sigue por los alrededores…

—¡Silencio, maldita sea!

Su feroz gruñido hizo eco por todo el poblado causando un silencio sepulcral después de que retumbaran las paredes. Mientras que con más fuerza de la que debería empujó al aldeano a la pared más cercana con brusquedad opacándolo con su gran altura, e inclinando levemente su rostro para que escuchara muy bien sus palabras ya viendo su miedo latente.

—Por el bien de este pueblo me dirás donde se encuentra —le dijo con voz levemente enronquecida por la cólera.

Y a continuación el pobre hombre se echó a temblar cuando Defteros apoyó su mano libre a un lado en la pared, y casi inmediatamente la piedra empezó a derretirse desliándose, goteando como si fuera lava liquida y espesa ante el increíble calor y poder que desprendía a través de su mano.

—¡Cariño! ¡Dile de una vez por todas! —exclamó de pronto la mujer con lágrimas en los ojos y sus manos en el pecho con desesperación.

Ante la petición, el tembloroso hombre solo pudo asentir lentamente vencido finalmente por el miedo, sintiendo como el Caballero Dorado lo soltaba con lentitud, pero con una silenciosa amenaza.

—Ella… se encuentra e-en el bosque… al pie de la montaña —dijo agachando la cabeza en forma de rendición—S-Si desea yo puedo guiarlo —propuso rápidamente, aún bastante nervioso.

—No será necesario.

La mirada que le dedicó el Santo de Oro bastó para hacer que ambos se aferraran uno al otro temiendo cada vez más por su seguridad contra alguien que supuestamente debía velar por su bienestar. Y antes de poder hacer algo más vieron como aquel demonio de tez morena se marchaba en dirección al bosque, estando aún demasiado atónitos y aterrados para siquiera salir corriendo despavoridos.

—Que los Dioses se apiaden de nuestro hogar… —murmuró suavemente la mujer aferrándose a su marido aun con latente terror en su corazón.

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Defteros buscó por bastante rato ya con el colgante nuevamente en su mano para que este le indicara qué dirección debía de tomar. Decidió atravesar directamente la espesura del bosque más cercana al pueblo por si el aldeano había osado a mentirle, y tal vez la Pitonisa se encontraba a los alrededores en su forma de Direwolf alejados de todos con sus emociones desbordadas y temiendo perder salvajemente el control. Realmente desconocía que tan grave era la situación como para que la Oráculo percibiera aquellos sentimientos de su gemela, siendo Kaia una mujer que parecía ser fuerte y que solo una vez la vio algo vulnerable... Pero mientras se aproximaba más al pie de la montaña, donde pudo notar a pesar de la oscuridad de la noche con la luna sido parcialmente ocultada por las nubes, como una gran cueva se habría paso en la roca. El mal presentimiento que tenía firmemente encajado en su pecho desde hacía horas lo único que hizo fue acuchillarlo dolorosamente pensando en las miles de posibilidades… que lo que hacía solamente era empeorar a cada paso que daba.

Al internarse en la cueva advirtió rápidamente como una pequeña luz iluminaba el fondo, y que a pesar de todo no era tan profundo como pensó que sería. Trató de agudizar sus sentidos, pero no pudo escuchar absolutamente nada, aunque sí pudo percibir levemente una presencia.

Y con la preocupación latente en su pecho apresuró los pasos en largas zancadas, pero lo que vio al final de aquella cueva lo dejó completamente sin respiración como si un puñetazo directamente en el estómago le hubiera arrebatado todo el aire.

El destello de las rusticas cadenas que apresaban sus delicadas muñecas, al igual que del pesado grillete en su cuello lo hizo pensar por un segundo que eso no era más que una horrible visión que su mente había conjurado solo para torturarlo. Que las personas de un pueblo tan prospero como lo era Víla no serían capaces de tanta maldad, pero veía que se equivocaba enormemente...

Ella se encontraba de pie con su vista fija en el suelo de aquella cueva, con su largo vestido blanco un poco opaco y manchado en los bordes por el polvo de la misma tierra bajo sus pies desnudos. Su cabello ondulado ocultaba parcialmente su rostro, sin embargo, desde a esa distancia podía ver claramente que aun portaba la máscara de metal.

Algo en su pecho se retorció dolorosamente, casi al mismo tiempo que en sus venas podía sentir la familiar sensación de fuego liquido en vez de sangre con forme detallaba su situación aún más. Y lo peor del caso es que sabía perfectamente que ella había notado su presencia, y que se estaba negando deliberadamente a encararlo.

Intentó dar un paso hacia ella pensando en despedazar esas cadenas y liberarla, pero su tenue voz lo detuvo al instante.

—No te acerques…

A él le costó comprender sus palabras, puesto que lo dijo casi en un murmullo sin atreverse a subir la mirada.

—¿Por qué te hicieron esto? —preguntó el Geminiano deseando acercarse, pero debía hacerlo con cuidado... la situación era sumamente delicada.

—Perdí el control otra vez —Kaia respondió esta vez observándolo con sus ojos exóticos impregnados en tristeza—Quizás esto sea lo mejor para mi después de todo —murmuró con suavidad aceptando su destino una vez más. El mismo jefe del pueblo le había dicho, horas después de que la dejaran en aquel lugar a su suerte, que a pesar de todos sus esfuerzos seguía siendo una clara amenaza y que por poco ese día habría corrido nuevamente sangre humana desde sus fauces. Su mirada se posó pensativamente en los grilletes que apresaban sus muñecas, y respiró hondo agradecida de sentirse tan cansada y entumecida en ese momento, así el dolor parecía ser un poco más tolerable—La bestia es tan parte de mi como yo de ella, y hoy aprendí por las malas que eso no lo puedo cambiar… —continuó con un leve encogimiento de hombros—Y por eso mismo tengo miedo. Realmente quizás un día pueda a volver hacer lo que era, pero mientras tanto, estar alejada podía ser una buena opción finalmente.

Para Defteros el claro sufrimiento de la Pitonisa lo alcanzaba sentir como el suyo en ese momento. Se le veía serena, pero en su expresiva mirada podía notar que por dentro algo en ella se había quebrado.

Y no exactamente su parte animal, más bien la humana.

—Muchacha… ambos sabemos que eso es lo último que te ayudara. Más bien desde que conociste a esas personas han envenenado tus pensamientos hasta este punto.

Kaia negó suavemente sin querer escuchar sus argumentos.

—Mientras he estado aquí he pensado en muchas cosas… y una de ellas es que no quiero lastimarte ni a ti ni a mi hermana —dijo con absoluta sinceridad—Y luego comprendí que mi mayor temor afloró en el instante en que comencé a confiar en ti… porque desde esa vez y desde ahora te estoy dando todo el poder.

El hombre de largo cabello azul frunció el ceño expresando de esa manera su confusión.

—¿El poder de qué?

La Pitonisa inclinó un poco su cabeza hacia un lado que para él le daba la impresión como si le estuviera sonriendo con una profunda desolación.

—De destruirme en cualquier momento… —entonces muy lentamente ella levantó su mano con el leve tintineo de las cadenas de fondo y señaló su propio pecho, justo encima de su corazón.

Los ojos azules del Geminiano se abrieron ampliamente al ir comprendiendo lo que ella quería decir... La Pitonisa no solo se había esforzado durante esas dos semanas y los anteriores meses solo para evitar hacerle daño a los que lo rodeaban, más específicamente a su propia hermana y a él. Kaia tenía una voluntad de hierro y a pesar todo lo que el pueblo de Víla le había hecho aún se mantenía de una pieza fingiendo que podía enfrentarse al problema sola, pero que si él lo deseaba tenía en sus manos el poder de destruir su confianza por completo.

Eso también podía significar que si alguna vez alguien se atrevía y lograba hacerle daño a él en alguna batalla saliendo gravemente lastimado, ella perdería el precario control… porque significaba tanto para ella como lo era la misma Oráculo.

—Déjame aquí, daimónio… vuelve al Santuario finge lo que viste y dile a mi hermana que estoy bien —continuó Kaia con un leve suspiro preparándose para darle la espalda.

Con sus músculos tensos de bajo de la Cloth Dorada él se acercó en dos zancadas sin darle tiempo a la joven mujer de reaccionar, la tomó con algo falto de tacto del brazo, y con su mano libre agarró el borde de la marcara de acero y gracias al poder de su cosmos ayudó a deshacer las tiras de cuero antes de agarrar el objeto con rabia y lanzarlo bruscamente al suelo lejos de ella. La Pitonisa solo atinó a parpadear viendo detalladamente las llamas danzando en sus obres azules antes de sentir como sus manos se deslizaron por su cuerpo, una hacia la parte de atrás de su cabeza cubriendo su nuca y enredando sus dedos en su cabello castaño oscuro, mientras que la otra tomaba su barbilla para alzarla un poco hacia él y descender su rostro hasta que sus masculinos labios tocaron los suyos.

Defteros saboreó el interior de su boca con un hambre que no sabía que poseía hasta ese instante, siendo un beso muy lejos de ser inocente o tierno, drenando sus fuertes emociones en esa muestra de afecto que quemaba su pecho y que solo sus carnosos labios parecían aplacar y al mismo tiempo encender. Y gruñó para sí mismo en el momento en que ella correspondió casi con el mismo ímpetu sintiendo la calidez de su menudo cuerpo aferrándose al suyo con sus delicadas manos en su pecho hasta que lentamente el beso fue menguando en intensidad, aunque no de sentimientos, siendo ahora un poco más lento mientras se exploraban mutuamente.

Entonces poco a poco él se apartó con el dulce sabor de ella grabado con fuego en su memoria para siempre. Abrió sus ojos intentando recuperar el aliento para ver los de ella brillando con una emoción que casi lo hacía ponerse de rodillas si así se lo pedía.

—Eres importante para mí… y eso también lo debes de comprender, Kaia —le dijo con voz ronca y profunda—Y estaré a tu lado todo el tiempo que haga falta, porque con o sin bestia estaré a allí pase lo que pase.

Ella abrió un poco más sus ojos con sorpresa separando lentamente sus labios para responderle, pero los volvió a cerrar cuando las emociones comenzaron a desbordarse en su interior una vez más, sin embargo, esta vez junto con lágrimas silenciosas. Defteros la aproximó aún más a su pecho rodeando su estrecha cintura y posando una mano en su largo cabello ondulado acariciándola pausadamente, mientras dejaba que ella drenada todo por lo que había pasado, sosteniéndola y prometiéndose que no volvería a verla de esa manera.

No dejaría que nadie le hiciera daño.

Hace bastante tiempo atrás ella lo protegió, y ahora era su turno de hacerlo.

Después de unos pocos minutos Kaia finalmente sintió que dejando fluir aquellas lágrimas había calmado una enorme parte de ella que había estado estrangulándola todo ese tiempo, amenazando con destruir su espíritu. El Santo de Géminis destruyó las cadenas que la habían mantenido prisionera, y al mismo tiempo en un mutuo silencio la alzó en sus brazos notando como seguía estando alerta, a pesar que se encontraba agotada en todos los sentidos posibles. Cruzó con ella en Another Dimension cayendo directamente al Tercer Templo Zodiacal, y tras avanzar unos pocos pasos se dio cuenta que se había quedado dormida después de batallar tanto tiempo contra el cansancio durante todas esas horas… así que sin pensarlo demasiado dejó a Géminis en su pedestal y luego se dirigió directamente hacia la habitación principal recostándola delicadamente en la amplia y acolchada cama, donde pretendía dejarla descansar todo el tiempo posible, y al día siguiente la dejaría que fuera hacer lo que quisiese, como seguramente sería ver a la Oráculo por ejemplo.

Por un momento se quedó observándola detallando sus facciones, y con un profundo suspiro de cansancio se pasó una mano por su cabello alborotándolo un poco en el proceso, para luego ir a sentarse en una de las sillas que ocupaba en la habitación. Viendo a la joven mujer en su cama y pretendiendo pensar en todo lo que paso aquel día y el tremendo giro de ciento ochenta grados que tomaron los acontecimientos.

No obstante, mucho tiempo después abrió lentamente los ojos cuando la leve claridad de la habitación le indicó que estaba recién amaneciendo. Se frotó un poco la vista percatándose que se había quedado dormido, aunque no le extraña demasiado, puesto que también se había sentido un poco fatigado por el tremendo ajetreo. Alzó la mirada para ver como la Pitonisa parecía seguir profundamente dormida sobre su costado, su propio corazón dio un vuelco, porque desde allí podía ver su hermoso rostro de tersa piel dorada y su expresión relajada, con sus largas pestañas oscuras reposando en sus mejillas. Soltó un profundo suspiro un poco reluctante a dejarla, pero quería en parte darle privacidad para que siguiera descansando sin ninguna interrupción, por esa razón se obligó a abandonar la habitación, pretendiendo buscar nuevamente la Cloth de Géminis e ir a presentarse con el Patriarca por el asunto urgente que había que atender con cierto pueblo.

Sin embargo, al llegar a la sala principal, justo antes de posar su mirada en la armadura de Oro, notó con curiosidad como la silueta de dos personas poco a poco se acercaban sin prisa con clara intenciones de atravesar el Templo. Entornó un poco la mirada a punto de no darle importancia, pero se paralizó por completo cuando algo dentro de él se sacudió por completo, comprendiendo rápidamente al reconocer la persona que se aproximaba con su elegante caminar que destilaba arrogancia.

El alto hombre casi exactamente idéntico a él, a excepción de su piel pálida a contraste con la suya, se detuvo a unos pocos metros de distancia, sus ojos azules se estrecharon al verlo lentamente de arriba a bajo, mientras que una lenta sonrisa algo irónica se dibujó en sus labios.

—Estoy de regreso a casa… hermano.

Continuara...


Este capitulo fue una locuraaaaaa, que momentos tan intensos xD pobre Kaia, cabe destacar que ella la dejaron en la cueva a partir del medio día, y no fue hasta que dio con ella en la noche D:

Aunque... ya Defteros probo esos dulces labios, y que manera de hacerlo eh 7u7)r

Y por ultimo, pero no menos importante, ¡Finalmente Aspros regresó! ¿Que pasara entre los hermanos y ese encuentro tan esperado? ¿El Santuario tomara cartas en el asunto contra el pueblo y su lider? D:

Esto señores y señoras apenas acaba de comenzar *risa malévola*

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

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¡Únanse, las esperamos!

Okami Akai