¡Hola, lectores! Aquí les traje este nuevo capitulo, y como les había dicho anteriormente... la trama aun esta un poco lejos de terminar uwu

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.


Capítulo VIII

"Beast heart"

Grecia, Athena – Templo de Géminis

Marzo, 26 de 1750

Defteros realmente no podía creerlo, se había quedado casi completamente estático con miles de emociones arremolinándose en su interior. Había esperado que ese día llegara, más una gran parte de él no pensó que de verdad pasaría finalmente. Después de todo el hombre que tenía en frente nunca se había comunicado con él en todo ese tiempo, maldita sea, si habían sido un año y más de cuatro meses, hasta una parte de él había comenzado a creer en la posibilidad de que no regresaría.

Sin embargo, allí estaba su hermano gemelo como si nada hubiera pasado. Su ropa consistía en pantalones oscuros, una camisa blanca muy pulcra, y encima de esta un sobretodo negro perfectamente abotonado.

Honestamente le estaba contando salir de su incredulidad, en cambio, Aspros observó su entorno con calma.

—Veo que han mantenido el lugar en mi ausencia —comentó este sin siquiera posar su mirada en la Cloth de Géminis que se encontraba a solo unos pasos de ellos.

El de tez morena iba a decir algo, apenas saliendo con esfuerzo de su sorpresa, pero frunció el ceño al notar que su gemelo no estaba solo. Aun lado de él se encontraba una hermosa jovencita bastante alta, ya que la coronilla de su cabeza le llegaba a la barbilla de su hermano, tenía un hermoso rostro de porcelana blanca, cabello largo gris platinado, una parte siendo sujetado en dos pequeñas coletas, y el resto caía como una cascada sedosa por su espalda, además de ser portadora de unos expresivos ojos azules, a juego con el vestido de un tono un poco más oscuro y de encaje negro.

—Muy buenos días, Defteros-sama, mi nombre es Chris Walden y en un gusto completo conocerlo —dijo con una voz suave y tan dulce como su mirada, mientras hacia una perfecta reverencia.

El Geminiano arqueó ambas cejas sin poder ocultar su impresión, al tiempo que pasaba nuevamente la mirada hacia su hermano claramente sin comprender lo que estaba pasando, sin embargo, Aspros ni siquiera se inmuto, como si la presencia de la joven a su lado realmente no le fuera de mucha importancia.

—Bienvenida —fue todo lo que pudo decirle, con un poco de suspicacia y sin apartar la mirada de su gemelo.

Y cuando iba agregar algo más referente a su repentina llegada, notó con curiosidad el brillo de plata y oro de un pequeño cofre que el antiguo Santo de Géminis sostenía firmemente en su mano, y repentinamente un escalofrío escaló por su espalda al percibir una energía proveniente de ese objeto que le hacía tremendamente familiar.

Pero con una media sonrisa, Aspros alzó el pequeño cofre agitándolo un poco en el aire antes de apartarlo de su vista.

—Nada de lo que te puede incumbir por los momentos, hermano menor —le dijo con una media sonrisa.

Defteros no pudo evitar apretar los puños para evitar sentir ese vestigio de molestia, aunque en vano, porque anteriormente había llegado a pensar que las cosas entre ellos mejorarían y no iban a ocultarse nada, pero ya veía que las cosas iban hacer totalmente diferentes.

—¡Oh…! —repentinamente Chris parpadeó varias veces con sorpresa—Aspros-sama, no sabía que había lobos tan grandes en Grecia —comentó señalando hacia delante más allá del hombre de piel morena.

El actual Santo de Géminis cerró los ojos por un instante maldiciendo mentalmente antes de observar sobre su hombro. El gran Direwolf se encontraba a unos metros de distancia de ellos con su cabeza gacha, y a pesar que sus orejas no estaban echadas hacia atrás seguía mandando una clara advertencia teniendo sus filosos dientes al descubierto, este no emitía ningún gruñido solo miraba fijamente y casi sin parpadear a su hermano como si ya pudiera imaginarse así misma arrancándole una extremidad. Defteros suspiró con pesadez, porque sabía que ella no lo atacaría, puesto que si hubiera sido así ya lo hubiera hecho. Además, que la mirada en sus ojos exóticos no era irracional como cuando perdía el control, no estaba seguro exactamente cómo describirlo, solo lo sabia.

Aunque igualmente no era bueno.

Se giró a ver a Aspros para detallar su reacción, pero este permanecía impasible, para nada sorprendido de ver a una bestia enorme de pelaje plateado, ojos bicolores, con marca rojas por de bajo de estos que prácticamente lo estaba mirando amenazadoramente.

Entonces el demonio de la isla kanon volvió a posar su mirada en la Pitonisa y lentamente extendió una mano hacia ella y la llamó suavemente, y sorprendentemente bajo la asombrada mirada de la joven inglesa el Direwolf respondió, y con pasos lentos y cuidadosos, siempre con sus ojos puestos en el hombre recién llegado, se posó a un lado del Geminiano.

Kaia se había despertado esa mañana casi de golpe cuando cierto aroma, que reconoció al instante hasta en sueños, llegó a sus fosas nasales, se había sentado en la cama lentamente con sus ojos levemente dilatados sin siquiera preocuparse en donde se encontraba, solo aspiró profundamente y pudo deducir que ciertamente ese olor era inconfundible… y antes de darse cuenta la bestia surgió, y con un objetivo en mente salió de la habitación principal para ir silenciosamente como si se tratara de una cacería.

A pesar que la pequeña historia que el daimónio le había comentado sobre su gemelo aun razonaba en su cabeza, necesitó mucho de autocontrol y confianza que creía perdida para no hacer nada inhumano contra ese hombre que le devolvía la mirada sin una pizca de temor en sus ojos azules, los mismos que habían visto en su visión y que de manera cruel y sanguinaria había asesinado a las Pitonisas. Más bien en su interior estaba en parte sorprendida de no haber intentado desgarrarle la garganta después del episodio del día anterior, pero la presencia del Guardián de la Tercera Casa era como un ancla para ella de alguna forma en ese momento.

—Debes calmarte, muchacha.

Resoplando suavemente y casi de mala gana volvió a su forma más humana sin dejar de obsérvalo en ningún momento.

La reacción de la joven de cabellera gris fui bastante sutil, llevando delicadamente una mano a los labios para cubrir un poco su sorpresa, mientras que parpadeaba repetidamente como si le costara creer lo que acababa de presencia. En cambio, Aspros apenas pestañeó posteriormente posando su mirada en su hermano apenas arqueando una ceja azulada de forma interrogante.

—Sé que nos ven cómo demonios, Defteros, pero esto es ridículo —comentó el de piel blanca.

El nombrado solo pudo contener un gruñido de molestia ante su comentario, aunque podía ver claramente por la muy sutil, pero repentina tensión en el antiguo Geminiano que al reconocerla como Pitonisa había revuelto un poco la desgracia del pasado.

—Aspros…

Aunque su tono de advertencia fue rápidamente ignorada e interrumpida.

—Interesante compañera tienes ahí —su sonrisa irónica rápidamente abordó sus labios sin siquiera afectarle la afilada y exótica mirada de la joven mujer—Pero más me gustaría saber qué relación tiene con el Templo de Géminis —indagó cruzándose lentamente de brazos y ladeando levemente su rostro en un gesto algo arrogante.

—Pues ella es… —calló de pronto, puesto que en ese momento Defteros descubrió que no sabía exactamente cómo responder, abriendo un poco más sus ojos ante esa revelación como si repentinamente recordó las fogosas emociones que ambos sintieron la noche pasada. Lentamente observó la hermosa e inusual mujer que tenía a su lado, y realmente se preguntó cómo debía de llamarla, porque aparentemente ella había dejado de ser una simple conocida y mucho más que una mera amiga.

La forma que devoro sus labios y aquellas fuertes sensaciones quemado en su pecho le hizo saber que era sumamente especial para él.

¿Pero... hasta qué punto llegaban sus sentimientos?

Una interrogante que lo dejó estupefacto, pero ahora la preocupación que había poseído por su bienestar había cobrado un gran sentido.

Sin embargo, Aspros resopló levemente con exasperación sacándolo abruptamente de sus pensamientos.

—Ahora no poseo tiempo para esto —repuso este posando a propósito a la vista en el cofre dorado que aun sostenía en su mano—Tengo una conversación pendiente y algo urgente con el nuevo Patriarca, hermano.

Y dándole una última mirada a ambos el antiguo Guardián de esa Casa Zodiacal pasó por su lado para seguir su camino con paso despreocupado, siendo seguido por la jovencita que muy cordialmente se despidió con una reverencia y una sonrisa amable.

Defteros no pudo relajarse a pesar que ya no se visualizaban las dos siluetas por el pasillo de la sala principal, ese encuentro con su gemelo había sido demasiado extraño, sobre todo el hecho de venir acompañado por la femenina, si era sincero consigo mismo. Con sus labios levemente fruncidos, sus ojos cayeron en la Pitonisa, que aún mantenía la mirada fija por donde se había ido el hombre de tez blanca, ella se mantenía tranquila y casi ninguna expresión surcaba su rostro.

Más bien, se lo había tomado mejor de lo que había esperado.

—No se puede decir con certeza si tu hermano ha cambiado realmente —comenzó a decir la Pitonisa con suavidad—Pero supongo que eso estamos por averiguarlo —entonces ella volvió su rostro para mirarlo significativamente.

Dejando salir suspiro pesado se obligó a dejar pasar la conversación por el momento, porque sabía que ella tenía que verlo por sí misma, justamente como había hecho con él la primera vez que sus caminos se habían cruzado, además, que dentro de poco tenían que irse, puesto que no solo Aspros tenía que hablar con algo de urgencia con el Patriarca.

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El joven hombre de larga cabellera rubia y ojos rojizos, con su cabeza protegida por el elaborado casco dorado, vistiendo esa la larga toga negra, y con las joyas que destellaban de vez en cuando con el sol de la mañana, le daba un aspecto solemne, y que infundía total respecto ante todas esas personas que se habían aglomerado sin dejar de expresar su sorpresa y creciente temor luego de que se anunciara que el mismísimo Patriarca visitaría el pueblo de Víla. Acompaño por dos Santos Dorados que se posicionaron a cada lado de su ilustrísima, y sus armaduras infundiendo casi el mismo respecto que el hombre en cuestión, era una imagen digna de admirar y sentirse intimidado en partes iguales.

Shion esperaba pacientemente que todos se reunieran finalmente y que el jefe del pueblo hiciera acto de presencia, puesto que no les había dejado ningún margen de tiempo a los habitantes para prepararse para su llegada. Ya con la historia que se le habían comunicado fue más que suficiente como para que se hubiera levantado de su trono de piedra a tomar cartas en el asunto inmediatamente.

El Santo Dorado de Sagitario se encontraba a su lado, y siendo su mano derecha desde que habían regresado a la vida su deber estaba allí junto con él. Y a su izquierda, el Santo de Géminis permanecía impasible, pero se le notaba a leguas por la tensión creciente de su cuerpo que no se sentía cómodo en aquel lugar, sobretodo recordando lo que había pasado allí demasiado fresco en su mente… finalmente Kaia, la Pitonisa y Guardiana de la Oráculo, se encontraba al lado del hombre de piel morena, admirablemente sus ojos posados al frente sin bajar la mirada.

—Está tardando demasiado —gruñó el Geminiano sin temor de ser escuchado por esas personas, aunque permanecían a una distancia prudente y cuidadosa.

Sisyphus inclinó levemente la cabeza dándole la razón.

—Solo hay que considerar que puede estar preparándose debidamente a nuestro encuentro.

Defteros observó su compañero con sus ojos levemente entornados por la característica amabilidad del Caballero de alas Doradas, normalmente él mismo se consideraba amable hasta cierto punto, pero especialmente ese día y con esa gente no sentía ninguna clase de clemencia.

—O tal vez podría estar aprovechando estos minutos para escapar.

El de cabello castaño solo pudo sonreír con seguridad, con sus ojos azules mirando al Geminiano con empatía.

—Eso ya lo tenemos cubierto, Defteros, no hay por qué preocuparse —respondió esta vez el lemuriano casi con la misma leve sonrisa que poseía el Santo de Sagitario.

Por otro lado del pueblo, el joven hombre y jefe del lugar caminaba apresuradamente alejándose todo lo que podía del centro del pueblo donde estaba reunida su gente. Su mirada a pesar que era decidía una gota de sudor bajaba lentamente por su frente demostrando así su ansiedad y tensión. Y más atrás de él, tratando de seguirle el paso, un joven muchacho que tenía en sus manos las riendas y la silla de montar para uno de los caballos que lo esperaba en el establo.

—D-Disculpe, señor, por entrometerme, pero… —el chico tragó hondo temblorosamente temiendo que su próxima pregunta pudiera ponerlo en aprieto—¿Los del Santuario no lo tomaran como si estuviera huyendo?

Sus ojos verdes observaron ofensivamente al joven por encima de su hombro sin reducir la velocidad de sus pasos.

—Claro que no, muchacho —dijo antes de que su vista regresara al frente—Solo pienso ir a uno o a dos pueblos vecinos, quizás sus líderes me apoyen también —murmuró más para sí mismo, pensando lo más rápido que podía—Ellos estuvieron aquí en el festival.

El chico asintió, sin embargo, aun así no pudo evitar seguir sintiéndose nervioso con todo eso.

—Bueno sí, señor, pero…

Repentinamente el jefe tuvo que frenar abruptamente para no chocar de bruces con algo que había aparecido de la nada con una velocidad increíble justo al frente de él, como un borrón Dorado. Ni siquiera sintió como el muchacho se estrelló contra su espalda, lo único que podía notar perplejo era como un hombre alto de corto cabello negro y fríos ojos grises lo miraban casi sin portar ninguna emoción en su rostro. El alma se le vino a los pies al notar rápidamente la Cloth de Oro puro y los largos cuernos de la misma que lo hicieron palidecer aún más si era posible.

El Cid de Capricornio avanzó un solo paso hacia él con su blanca capa hondeando con la leve briza dándole un aspecto imponente.

—¿Acaso existe algún honor en un hombre que huye sin importar dejar todo atrás?

La voz profunda y fría del Caballero junto con su mirada grisácea impasible y tan penetrante, podía poner a cualquiera de rodillas rogando por misericordia, y esta vez no era un caso diferente.

—Yo… yo no pesaba huir, Capricornio-sama —repuso el de cabello rubio pretendiendo mantener su postura erguida, aunque una parte de él deseaba apartar la mirada y encogerse completamente intimidado.

—Entonces no le importara ver al Patriarca en este mismo instante.

Pasar entre los aldeanos sorprendidos siendo escoltado por un Santo Dorado no era una visión demasiado digna, sobre todo cuando los rumores ni siquiera se hicieron esperar ni un segundo más. Aun así el jefe del pueblo intentó por todos los medio no bajar la barbilla, y menos en un momento como ese. Solo se ocupó de ir a su lugar el frente de la gente y tener el suficiente cuidado de no observar a ninguno de ellos directo a los ojos para no flaquear.

—Pueblo de Víla —Shion comenzó hablar fuerte y clara notando como El Cid se mantuvo cerca—Como bien sabrán, todos tenemos distintas creencias, pero todos nosotros le servimos a grandes Dioses… y como meros seres humanos servimos y coexistimos bajo sus reglas junto con las nuestras —posteriormente alzando lentamente una de sus manos en dirección hacia la mujer de largo cabello ondulado—Por eso hoy estamos aquí presentes, porque se cometió una serie de acciones en contra de todo lo que creemos correcto, y como Guerreros de la Diosa Athena, debe prevalecer la justicia en cada uno de los rincones a donde nuestra mano pueda llegar.

El líder iba a comentar algo, pero el breve y seco gruñido proveniente del temido demonio de la isla Kanon le indicó que aún no era su turno para hablar.

—Stavros, como jefe de este pueblo comprenderás que tu deber es responder no solo por tus actos, sino la de tu gente.

Los nuevos murmullos estallaron, sin embargo, el joven hombre apretó los dientes e intentando tranquilizarse mentalmente y así no retroceder.

—Discúlpeme su ilustrísima, pero si me lo permite deseo convocar a los otros líderes de los pueblos cercanos que estuvieron presentes en nuestro festival —comentó al tiempo que los aldeanos callaban para escuchar sus palabras—Ellos darán fe de lo que presenciaron —mientras hablaba sus ojos se posaron en la mujer que lo observaba directamente—De como la bestia se volvió tan dócil ante la presencia de todo aquel que se le acercara…

Shion escuchaba con atención lo que tenía que decir en su defensa, pero al mismo tiempo sintió el peligroso cosmos que se elevaba a su lado izquierdo, y que solo él y sus Caballeros podían percibir con facilidad. Ni siquiera tenía que mirar al Geminiano para saber que su ira se estaba incrementando peligrosamente.

—Es cierto que tomamos ciertas medidas cuando la cólera de la bestia volvió resurgir, pero era meramente por su bien. Era precario hacer que se calmara lejos de todos antes de comenzar nuevamente el proceso de sanarl…

—Silencio.

El líder calló inmediatamente, notando como su ilustrísima levantaba una mano hacia él para darle más poder a sus palabras.

—Pero…

Intento replicar, pero a pesar que los ojos rojizos del poderoso y joven hombre estaban parcialmente ocultos por el casco dorado sintió repentinamente un estremecimiento como si su alma fuera traspasada por una penetrante mirada.

—Ya he escuchado suficiente, Stavros —acusó el lumuariano molesto internamente por esa actitud—Lo que se ha hecho aquí no es nada más que aprovecharse de la inocencia de una mujer que creyó es tus palabras, y que también hiciste creer a tu gente que lo que estaban haciendo era simplemente lo correcto —dijo negando suavemente—Mi deber no iba hacer entrometerme puesto que ella había tomado su decisión, pero en vista de que lo que han hecho a base de engaños y tomando beneficio propio de ello, conscientes que lo que se hacía estaba solo perjudicando más su situación con sus últimas acciones inhumanas; me he visto en el deber de intervenir finalmente para que esto no vuelva a ocurrir nuevamente.

—Excelencia… —el de ojos verdes tragó hondo pensando muy bien lo que iba a decir—Juro que lo que intentamos era por su bien, en su mirada se podía ver el salvajismo de la bestia. Nadie puede transformarse de esa manera a menos que una fuerza mayor los controles.

—Debería quitarles la protección que les provee el Santuario —Shion dijo con severidad oyendo claramente el jadeo colectivo de las personas y la palidez que domino el rostro del jefe del pueblo—Pero dejare esto como una clara y ultima advertencia. No obstante, habrá grabes represalias —él señalo nuevamente a la más afectada de todo eso—Primero deberás presentarle públicamente una disculpa.

Stavros se encogió ante sus palabras queriendo rechazar la idea, pero sabía que no era prudente negarse a esas alturas con semejante peso que caía en sus hombros del destino de su pueblo... ya que si no tenía la protección del Santuario estarían completamente a su suerte.

Con derrota volvió su rostro hacia aquella mujer que no hacia otra cosa más que mirarlo casi sin ninguna expresión en su rostro, pero justo antes de decir algo, fue interrumpido nuevamente por el Pope.

—De rodillas, unas simples palabras de disculpas no serán suficientes.

Los ojos verdes del líder miraron con incredulidad a su superior, porque no creía realmente necesario ir a tales extremos por una simple mujer, sin embargo, la pesada mirada del dirigente del Santuario lo hicieron titubear.

—Es lo mínimo que puedes hacer, siendo una Pitonisa puede exigir mucho más que un par de frases y una inclinación de cabeza, Stavros.

Nuevamente jadeos de asombro y expresiones de total asombro reino entre todos ellos, y el jefe volvió a mirarla con otros ojos.

—N-No puede ser… ella…

—¿Que las marcas rojizas en su rostro, la corona de hojas encima de su cabeza y el hecho de que este tan unida con la naturaleza no fue señal suficiente? —intervino esta vez el hombre de piel morena casi escupiendo las palabras entre dientes, pero teniendo una letal calma.

En ese preciso instante el pobre líder de la aldea comprendió realmente la gravedad de la situación.

—Las ofrendas deberán venir de parte de todo el pueblo de Víla —exclamó Shion alzando ambas manos hacia lo alto, con las largas mangas de su toga meciéndose con el viento—Dichas ofrendas deberán ser colocadas donde anteriormente se encontraba la estatua de Athena, se le rendirá tributo a nuestra Diosa y se le pedirá perdón ante la injusticia que se ha cometido.

Los Santos Dorados observaron como todos ellos inclinaron sus cabezas con respecto ante aquella decisión, incluido el jefe de la aldea que apasionadamente y arrepentido le pidió disculpas a la joven mujer. Mientras que en silencio, Sisyphus sonreía para sí mismo al notar rápidamente como Shion paso hacer ese joven Caballero de Aries lleno de convicciones y sueños, a convertirse en el Patriarca que los ayudaría a lidiar con todo lo malo o bueno que viniera en el futuro… era un enorme paso a lo que se avecinaba.

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De los labios de Kaia escapó un lento y suave suspiro de cansancio, sus hombros aún seguían un poco tensos después de todos esos acontecimientos que uno tras otros hicieron mella en ella. Ni siquiera había tenido una mañana tranquila, había empezado con que nada más y nada menos que Aspros, el antiguo Santo de Géminis y el responsable de las muestres de las Pitonisas hacia años atrás, había puesto un pie nuevamente en el Santuario. Después de ese rápido encuentro se había dirigido a ver a su hermana para comunicarle la llegada de ese hombre, para advertirle, y la expresión de miedo de Ione había sido suficiente como para que la dejara segura en la habitación e ir a cerciorarse que ese peligroso hombre no rondara a los alrededores en donde la Oráculo residía, porque no era que desconfiara en las palabras de Defteros, pero ciertamente aun no confiaba en su gemelo.

Posteriormente apenas había salido del recinto especial, cuando se tomó nuevamente con el demonio de piel morena, anunciando que debían ver al Pope después de que Aspros y su compañera hubieran terminado su audiencia. Lo cual no le vino mucho en gracia, pero igualmente aceptó, aunque la verdad no deseaba repetir el episodio en su mente de lo que había vivido el día interior, pero como habitante del Santuario y Guardiana de la Oráculo de la Villa de Delfos sabía que era necesario, puesto que así dictaban las reglas. Pero ciertamente no se esperó que el joven Patriarca después de haber escuchado la historia de lo sucedido, inmediatamente concluyó que era hora de intervenir, y Kaia por medio de su olfato podía percibir claramente ese descontento y enojo de él, lo cual le sorprendió puesto que no tenían demasiado interacción entre ellos.

Y llamando a su mano derecha, fueron en seguida al pueblo de Víla, con el Santo de Sagitario alzando vuelo para comunicarle a los pueblerinos de que iban en camino.

Fue cuando ya estaban esperando que ella se dio cuenta que todo lo que sucedió; el mismo Patriarca lo había tomado esa ofensa como propia, porque sin darse cuenta tanto ella como su hermana estaban bajo el halo de su protección, agregando que gracias a ellas que los Santos Dorados estaban de vuelta.

Porque a pesar que nunca nadie había vuelto a mencionar ese detalle, estaba consiente que se sentía en deuda.

Realmente fue una enorme presión con todas esas miradas encima de ella al ser dictada la sentencia, como si ella fuera la culpable de todo. Aun así con la barbilla en alto no se dejó intimidar nuevamente, ahora que sabía realmente el propósito de haberla engañado jamás volvería caer en la misma. Se sentía ofendida y su Direwolf deseaba darles una probada de su propia medicina, pero se mantuvo calmada sin darle el gusto a ninguno de ellos de mostrar cuanto la habían afectado, en especial a Stavros… pero tampoco le dio gusto que se postrara, con su rodillas y manos tocando el suelo pidiendo disculpas, que según su olfato le indicó que eran sinceras, pero más domado por el miedo que por otra cosa.

Si las personas del pueblo finalmente aprendían algo bueno, entonces entendería que su labor estaba hecho, porque los Dioses no se apiadarían de ellos una segunda vez.

Luego de eso había regresado al Santuario con la única compañía del Geminiano, porque tanto como el mismo Patriarca y los otros dos Dorados tenían otro asunto entre manos. Y ella sabía muy bien que el hombre a su lado seguía tenso, sobre todo con el regreso de su hermano mayor tenía grandes motivos de estarlo, por esa razón no intercambiaron demasiadas palabras. Él estaba más silencioso que de costumbre absorbido por sus propios pensamientos, y ella no se encontraba en una situación diferente honestamente.

Y mientras salía de la Tercera Casa ya estando sola, no pudo evitar llevar lentamente los dedos a sus labios y rozar muy sutilmente recordando esa acción de parte del hombre de tez morena que la había impresionada totalmente, porque jamás había sabido lo que era un beso hasta que Defteros se lo demostró, dado que lo poco que ella y su hermana sabían eran simplemente historias de las jóvenes Pitonisas que se enamoraban de algún humano. Lo que la misma Arkhes le había sucedido cuando tan solo eran unas niñas en la flor de la inocencia… Pero ahora había experimentado por si misma lo que era ser tocada por él, y todos esas fuertes emociones que la habían embriagado en ese momento y que aun persistían en su ser…

Ciertamente el tema aún seguía algo confuso para ella, pero luego tendría tiempo de analizarlo más adecuadamente.

Con eso en mente comenzó su ascenso hacia los Templos Zodiacales, porque aún le quedaba una sola cosa más que resolver, y eso era con su hermana… puesto que la había evitado por mucho tiempo, y casi no habían intercambiado palabras entre sí, muchos menos pasado algún tiempo juntas como en el pasado, que habían sido prácticamente inseparables.

Y era enteramente por su culpa.

Todo por creer las mentiras de un ser humano...

Quizás en algún momento Ione quiso ayudarla de verdad de alguna forma, como solo una hermana podría hacerlo, pero eso nunca lo sabría con certeza, porque a pesar que su sentido del olfato era bueno ni siquiera había confiado en si misma o escuchado si quiera sus instintos, y el resultado no había sido para nada bueno. De alguna u otra manera, las personas más cercanas a ella habían sido afectadas también, y juraba que eso no volvería a pasar.

Aprendería a confiar en su instinto justo como la madre naturaleza le había enseñado hacerlo, y por eso mismo le había otorgado ese don.

Entró al gran recinto en que ambas ocupaban y atravesó la amplia sala más allá de la gran cortina que separaba las habitaciones, buscándola. Y finalmente la consiguió en el cuarto principal, la vio sobresaltarse sombre la cama casi bruscamente, lo cual instó a que Kaia estrechara un poco la mirada con curiosidad, puesto que la estancia también estaba a oscuras, ya que la luz del sol no podía atravesar la tela que se encontraba sobre las amplias ventanas decorándolas, algo inusual en Ione que normalmente le gustaba escuchar a los pájaros cantar, mientras la luz del sol iluminaba la habitación.

Con pasos lentos y cuidadosos se acercó a la Oráculo, pero esta simplemente bajó la mirada a sus manos que se encontraban sobre su regazo, dejando que su largo y ondulado cabello ocultaba un poco su rostro.

Adelfí… —la Pitonisa tomó asiendo a su lado en la cama, meditando muy bien la situación—Tengo mucho que contarte —murmuró con suavidad notando casi instantáneamente como ella desprendía un leve aroma a ansiedad—Pero me parece más importante que me digas que sucede.

Sin embargo, ahora era el turno de Ione de mostrarse renuente a hablar y eso realmente le preocupó, porque quizás tanto tiempo presentándole esa misma actitud pudo haberla lastimado más de lo que había imaginado.

Su hermana soltó un profundo suspiro mientras dejaba caer los hombros.

—Solo puedo decirte que no hay nada que hacer, Kaia, simplemente esa es mi realidad —le contestó en un tono bastante bajo apretando las manos hasta formar puños—Y la acepto.

La Pitonisa frunció el ceño sin saber a qué se refería, pero después de unos segundos tratando de analizarlo, a ella le llegó una muy sutil fragancia que la alarmó por un momento. Cerró sus ojos y comenzó a olfatear para tratar de identificar, y cuando se dio cuenta de dónde provenía se levantó de inmediato de la cama colocándose al frente de su gemela, e inclinándose tomó su mano izquierda sin que la Oráculo opusiera ningún tipo de resistencia.

Se congeló en el apto al ver unas manchas rojizas levemente difuminadas en la palma, acercó su nariz a ella aspirando profundamente para cerciorarse.

Y pensó que su corazón se saltó un latido.

Era sangre…

Con sus ojos abiertos de par en par soltó lentamente su mano, notando ahora como la Oráculo había alzado la mirada hacia ella con una expresión de total tristeza dominando sus facciones pálidas y demacradas.

—Ione… —Kaia susurró sin aliento.

¿Cómo no se había dado cuenta que su hermana estaba en esas condiciones?

Había estado tan enfocada en sí misma y en su problema que no le había prestado atención a la salud de Ione. Obviamente su gemela había bloqueado el vínculo para que no sintiera su estado físico o mental, pero ni siquiera había estado lo suficientemente cerca de ella ni por un minúsculo tiempo para detectar que algo estaba mal, si lo hubiera hecho quizás no tendría esa desagradable sorpresa. Se sentía como si un balde de agua fría la bañara por completo al saber que había sido completamente egoísta con la persona que había estado junto a ella desde el vientre materno.

Maldita sea, era su Guardiana.

Y... la había descuidado de la peor manera posible.

—No, adelfí, no te culpes —comenzó a decir Ione con una melancólica sonrisa—Esto tenía que suceder pasara lo que pasara —murmuró tratando de ser lo más gentil posible.

Aun así la Pitonisa se negó a creerlo.

—No… no es posible, Ione —dijo con un hilo de voz al tiempo que su gemela se levantaba, y a pesar que se le veía realmente débil la acunó entre sus brazos, pero fue incapaz de corresponderle debido al shock del momento, golpeada cruelmente por la realidad—Tiene que haber una cura —rápidamente pensó en la sanadora que residía en el Quinto Templo, pero una vez más la Oráculo deshizo sus esperanzas.

—Esto ya lo habíamos visto anteriormente… y sabemos bien cuál es el resultado final.

Los ojos de Kaia se humedecieron, porque sabía bien a quien se refería sin meditarlo demasiado... el mismo hombre que había luchado contra aquella enfermedad mortal, pero que ni siquiera un poderoso Santo Dorado pudo hacerle frente.

Pero ella no iba aceptar ese destino.

—Me niego —subió sus manos y tomó delicadamente los hombros frágiles de su hermana, y con un temor enorme que casi consumía su corazón observó su expresión de sorpresa—Voy a buscar una cura, no me importa si es la misma enfermedad o si lo has visto en una de tus visiones.

La mirada de la Oráculo se volvió triste y empática, puesto que sabía que era difícil para ella.

—Kaia…

—No vas a morir, adelfí, no lo harás.

Esta vez la Pitonisa sí abrazo a su gemela, sosteniéndola fuerte con ese abrazo intentando desesperadamente pedir disculpas, pero simplemente no tenía tiempo para intercambiar más palabras. Tenía que darse prisa para empezar su búsqueda, así que la dejó en la habitación con una promesa brillando en sus ojos, y antes de que se le partiera el alma dejarla en esas condiciones, se marchó.

Justo cuando abrió la puerta a gran velocidad casi se tropieza de bruces con alguien que tenía intenciones de entrar. Ella parpadeó un par de veces al notar al Santo de grandes alas Doradas, y en ese momento después de un par de segundos, pudo advertir la preocupación y tristeza reflejada en su mirada azulina y supo casi de inmediato que él también sabía lo que asechaba a la Oráculo, por esa razón no se necesitaron mediar ninguna palabra entre ellos. Con un leve asentimiento de cabeza y con absoluta determinación a pesar del miedo atroz que sentía, el Caballero se hizo a un lado, ambos permitiéndose tener un ápice de esperanza al cual aferrarse.

Pasó como una exhalación por los Templos, y mientras lo hacía no pudo evitar llevarse una mano a su cabeza sintiendo un insipiente dolor producido por el estrés y la desesperación que apresaba rápidamente su corazón, no solo por la enfermedad de Ione, sino también lo que podría significar si su destino seria partir de ese mundo. Un peso comprimió su pecho tan solo de imaginarlo, ambas había pasado por tanto como para que finalmente acabara de esa forma, o más bien a las pobres almas desafortunadas que estuviera cerca de ella si su hermana llegara a fallecer.

Sin previo aviso, sintió como algo la tomó por la muñeca deteniendo su andar, un pequeño jadeo escapó de sus labios y sus ojos se volvieron un poco más brillantes, a duras penas conteniendo un gruñido. Y volvió su rostro contra aquel que osaba a detenerla en un momento como aquel, más que dispuesta arrancarle el brazo para que la soltara, sin embargo, su repentina ira se enfrió al instante al ver como aquel hombre de largo cabello azulado y piel morena la miraba con intriga, mientras aun sostenía firmemente su muñeca.

Entonces ella fue repentinamente consiente de su entorno, percatándose que se encontraba en el Templo de Géminis.

—¿Qué sucede? —Defteros preguntó con el ceño ligeramente fruncido, porque obviamente no era la misma mujer que había visto poco tiempo antes. Se podía ver claramente lo alterada que se encontraba, si bien estuvo a punto de atacarlo, también lo había visto en sus ojos más luminosos y feroces.

Sus mirada exótica primero se posaron en su mano grande y fuerte, de cómo lentamente la soltaba, antes de subir y observar sus orbes de azul profundo.

Entonces Kaia nuevamente sintió como su corazón se hundía en su pecho.

No volvería hacerle daño, se lo había prometido a sí misma.

Apretando los labios y tomando una profunda respiración se acercó un paso más cerca, dejando que su rico aroma a cuero y almizcle la envolviera.

—Acabo de enterarme que mi hermana está enferma —soltó sin rodeos y con determinación—Y no pienso quedarme viendo como poco a poco se extingue su vida sin hacer algo al respecto.

El Geminiano no pudo ocultar su sorpresa ante sus palabras, pero viendo como su femenino cuerpo permanecía tenso supo realmente que eso realmente estaba sucediendo.

Últimamente las cosas en el Santuario se estaban escapando de las manos de todos al parecer.

—¿Existe algo que puedo hacer? —él preguntó seriamente.

Entonces Kaia volvió aproximarse un poco más al punto de apenas unos pocos centímetros los separada, pero desde allí podía percibir su calidez. Posó suavemente su mano en su pecho donde la armadura de Oro lo protegía, pero aun así sentía el fuerte latido de su corazón.

—Solo debes prometerme una sola cosa, Defteros —se humedeció los labios preparándose para lo que tenía que decirle a continuación, y que sabía que no iba a gustarle—Si por algún motivo no puedo hacer nada y… la madre naturaleza decide llevarse a mi hermana fuera de este mundo, tú debes… —guardó silencio por un momento intentando recobrar la compostura al sentir un fuerte nudo en su garganta—Debes acabar con mi vida, puesto que al morir Ione me volveré completamente salvaje e irracional…

Los ojos azules de él se abrieron y su mandíbula se tensó ante su inusual petición, y antes de que se diera cuenta ya estaba negandose hacerlo.

—No voy hacer tal cosa, Kaia —respondió entre un bajo gruñido.

No obstante, ella sostuvo su mirada decidida.

—Solo confió en ti para hacerlo, si no me detienen causare un rastro sanguinario con todo aquel que se cruce en mi camino, completamente cegada por la locura de la muerte de la Oráculo y al mismo tiempo de mi hermana.

Defteros volvió a negar lentamente, incapaz de aceptarlo. Ella simplemente no podía venir y decirle que la matara, las cosas se estaban saliendo de control demasiado rápido en un corto periodo de tiempo.

—Ahora mismo iré a buscar alguna especie de cura o ayuda —continuó ella con suavidad, pero con firmeza a la vez—Por eso mismo antes de marcharme debes prometérmelo… no quiero herir a nadie más.

Y justamente cuando ella comenzó a retirar su mano de su pecho, el Geminiano la tomó entre la suya con delicadeza al tiempo que la miró directamente a los ojos con la misma determinación que ella sentía.

—Voy acompañarte, porque no voy a dejarte sola en esto y menos por todo lo que has pasado recientemente —murmuró apretando suavemente su delicada mano dándole un poco más de énfasis a sus palabras, ya pensando en solicitarle al Patriarca ese permiso especial para acompañarla. Aunque esta vez no creía que Shion iba a negarse ante esa situación tan delicada.

Kaia quedó sin aliento, inesperadamente conmovida… sintiendo esa sensación cálida, como cuando siempre pasaba cuando estaba con él y se extendía un poco más allá, un toque directamente a su alma haciéndole saber que realmente no se encontraba sola.

Él le sonrió levemente con ese característico colmillo sobresaliendo un poco de sus masculinos labios.

—Creo habértelo dicho anteriormente.

Entonces imitando su sonrisa ella asintió con lentitud agradecida de tenerlo a su lado. Por lo menos sabia con seguridad, que si algo malo llegara a sucederle a su hermana y a ella, él estaría presente en sus últimos pensamientos racionales…

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No sabía exactamente que iba hacer o como lo iba a lograr, pero tenía que hacerlo… no importaba si aquel viaje estaba poniendo realmente a prueba su estado emocional y mental.

Muchos de los curanderos que residían en los pueblos cercanos al Santuario le decían lo mismo al mencionarle los síntomas de su hermana. Kaia solo callaba apretando los labios, mientras escuchaba con atención como intentaban destruir sus esperanzas, luego se marchaba sintiéndose cada vez peor, sin saber exactamente si estaba comenzando a experimentar los síntomas de su gemela o simplemente era ella misma y su mente que la traicionaba. Defteros cada vez que la veía de aquella manera se aseguraba de guiarla a la seguridad que le brindaba estar rodeaba de la naturaleza, la resguardaba todo lo posible, aunque él mismo sentía una potente impotencia al verla de aquella manera, de cómo sus manos temblaban levemente al tratar de controlar sus propias emociones, su rostro un poco pálido y su respiración se volvía algo errática… era como un crudo recordatorio si algo realmente terrible le sucedía finalmente a la Oráculo.

Un pensamiento que comenzó a formar un enorme peso en su pecho que le costaba incluso lo más básico como tomar aire. No estaba seguro si era miedo o algo mucho más intenso al imaginarse, no solo perder esa conexión que sabía que ambos compartían, sino también tener el horrible deber de quitarle la vida con sus propias manos…

No podía, simplemente no sabía cómo cumplir una promesa que lo único que causaba en él era una dolorosa estaca clavándose directamente en su corazón.

Al quinto día, cuando realmente comenzaba a creer que no había nada que pudieran hacer, un habitante del pueblo de Gláros les comentó que quizás un viejo curandero que se encontraba meditando más allá de las montañas podría ayudarlos, pero que, sin embargo, no estaba seguro si seguía con vida, puesto que su edad era bastante avanzada. Ninguno de los dos rechazo la idea, no tenían nada que perder realmente así que decidieron intentarlo, aunque el estado de Kaia que decaía a cada segundo le indicaba que su gemela estaba empeorando tan rápidamente que la barrera que podía imponer la Oráculo se veía derribada por su creciente y alarmante debilidad.

Fue en ese momento en que ella comenzó a dividir sus pensamientos en dos, porque una gran parte de ella deseaba ir con su hermana y estar a su lado resguardando lo que le quedaba de vida hasta el final, pero esa otra parte que no quería rendirse, se negaba aceptar esa cruel realidad.

Les tomó casi dos días llegar a la enorme y frondosa montaña ricamente poblaba de flora y fauna, un lugar realmente agradable, pero que en ese momento ninguno de los dos presto atención. La Pitonisa buscaba un rastro humano intentando concentrarse para seguirlo, si bien convertirse un Direwolf era una gran opción por sus sentimos más refinados, no quería arriesgarse… sobre todo cuando la bestia en su interior aullaba de desesperación, rasgando la superficie queriendo cumplir como su deber de Guardiana, pero ella tenía firmemente sujeta con cadenas... por ahora. Aunque ese enorme esfuerzo de no dejar salir al animal estaba haciendo mella en ella, lo cual solo aumentaba la preocupación del Geminiano que siempre estaba atento a su estado.

Kaia se detuvo un momento cuando se percató que estaban muy cerca, podía oler claramente un rastro de un ser humano. Más, sin embargo, antes de siquiera avanzar un solo paso sintió un fuerte y desgarrador dolor en su pecho que casi la hicieron ponerse de rodillas, se cubrió la boca con su mano al tiempo que una fuerte tos sacudía su menudo cuerpo, sintiendo como la garganta le ardía en carne viva.

Después de que paso, alejó sus manos temblorosas de su rostro, viendo que en su palma no había nada, pero eso no significo que un sentimiento terrible de angustia casi dominaba por completo sus pensamientos.

Su hermana…

Suavemente sintió como unos brazos fuertes la rodeaban, y parpadeó varias veces observando hacia arriba como Defteros la sostenía con la impotencia y preocupación brillando en sus ojos azules.

—Kaia… —el comenzó a murmurar solo para ella—Pase lo que pase a continuación, estaré contigo —le dijo con voz ligeramente más ronca, mientras posaba una mano en su nuca enredando levemente sus dedos en su cabello ondulado, apreciando como apoyaba su frente en su pecho sintiéndola temblar levemente. Y él poso su nariz encima de su cabellera oscura, aspirando profundamente el perfume natural y único de ella a melocotón que recién había descubierto por su cercanía, intentando al mismo tiempo tranquilizarse así mismo.

Tras estar un par de segundos de aquella manera, él finalmente la soltó poco a poco. Kaia dejó salir el aire temblorosamente de sus pulmones al tiempo que lo miraba con tristeza, esperando que nada terminara de la manera en que más se estaba temiendo, y que veía más real que nunca.

Con pasos cuidadosos el rastro la condujo a una pequeña cueva que estaba siendo resguardaba por bastante maleza y algunas enredaderas. Al principio ver la oscuridad de la misma le hizo recordar por un momento lo que vivió no hace mucho, pero sintiendo el dolor latente de su gemela cogió valor nuevamente, entrando siempre con el Santo Dorado a su lado. Luego de recorrer una pequeña distancia, no tardaron mucho en encontrar al anciano que hacia vida allí, él se encontraba recargado de la pared de roca arropado levemente por una manta algo desgastada junto con una pequeña fogata, y con sus pequeñas cosas desperdigadas por el pequeño lugar, se le notaba que los años le estaban comenzando hacerse cada vez más notorio en su cuerpo, sobre todo en su cabello completamente dominado por las canas, y su piel frágil arrugada en todas partes. Pero aun así el anciano los observaba a ambos como si no le sorprendiera realmente verlos en ese lugar, poseía una tranquilidad que desconcertó por un momento al demonio de la isla Kanon, mientras que ella simplemente se arrodilló lentamente posando sus manos en la tierra e inclinando su cabeza con respeto.

Aquel viejo humano tenía una gran conexión con la naturaleza, ella lo podía sentir con tanta claridad que le daba ese aire familiar de aquel Caballero de Leo que una vez conoció.

—Una mensajera especial de la madre tierra… —comentó la voz áspera del anciano observándolos con ojos cansados, pero tan sabios e inteligentes—Existe una poderosa razón para haber venido hasta aquí acompañada por un Guerrero Dorado.

Defteros no dijo nada, solo decidió mantener una distancia prudente, pero siempre atento.

La Pitonisa subió nuevamente su mirada hacia la más sabia, y de una manera corta y directa le dijo sus motivos de la visita y su gran consternación.

—Esa… sin duda es una enfermedad con un destino poco alentador —habló nuevamente el viejo hombre tras escuchar su pequeño relato.

Kaia abrió ampliamente los ojos incapaz de dar creído a lo que oía.

—Entonces… Ione…

Sin embargo, el anciano negó con suavidad antes de continuar.

—Lo que padece tu hermana es algo previamente premeditado por la mano humana, y se puede salvar solo si ella decide ser salvada, jovencita —luego cerró lentamente sus ojos después de darle una mirada significativa—Pero si llegas a tiempo, nada más que la verdad puede hacer una gran diferencia en el curso de la historia.

Eso fue suficiente como para que dentro de ella aflorara velozmente esa pequeña semilla de esperanza que siempre había tenido, pero que fue cruelmente maltratada durante ese viaje. Con una temblorosa sonrisa que volvió a iluminar sus ojos le brindó una reverencia y un agradecimiento, mientras que el viejo hombre solo asentía diciéndole que ya podía marcharse. Lo cual Kaia se levantó con prisa dando media vuelta y descubriendo que Defteros ya no se encontraba allí. Con sorpresa y un sobresalto en su corazón salió apresuradamente de la cueva, y lo encontró esperando por ella con una media sonrisa, y a su espalda estaba abierto un portal donde se podía ver la otra dimensión.

Entonces él le extendió su mano y ella la tomó sin dudarlo como si sus fuerzas fueran renovadas, y el Geminiano la atrajo hacia su cuerpo con suavidad para así juntos pasar por el portal e ir directamente al Santuario.

Ciertamente el viaje con la técnica de Another Dimension era como una exhalación si realmente sabias a donde llegar, pero para Kaia eran como segundos eternos. El hombre a su lado le transmitía cierta seguridad, pero una gran parte de ella quería sucumbir a la preocupación y a la ansiedad… estar a la expectativa sobre el estado de su hermana a pesar que podía sentirlo era un tormento contaste que ni siquiera ella misma podía comprender del todo.

El portal se abrió directamente en la Casa Papal, más precisamente en el lugar donde residían ambas, comenzó a buscarla con el corazón en la garganta sintiendo un terrible peso en su estómago, alegándolo simplemente a la enrome preocupación que se negaba abandonarla, a pesar de las palabras que le había dicho el anciano sanador. Se obligó a calmarse e incluso tratar de controlar el temblor persistente de sus manos heladas, y un suave toque en su hombro de parte del Santo de Géminis la ayudó de cierta manera a continuar.

Saliendo de la habitación se percataron de unas extrañas gotas en el suelo un poco oscuras, y frunciendo levemente el ceño la Pitonisa se inclinó para poder observar mejor. Pero antes de reconocer a simple vista lo que era, ya su propio olfato le dijo la respuesta, golpeando no solo sus sentidos, sino también paralizando su corazón.

Sangre.

Sus ojos se ampliaron subiendo inmediatamente la vista, Defteros le devolvió la mirada de intriga y preocupación, por lo que sin más tiempo que perder y decidida a encontrar a Ione, ambos salieron con paso apresurado del Templo Papal siguiendo ese pequeño rastro de gotas carmesí, que a pesar que eran pequeñas seguía siendo alarmante porque era continuo. Y cuando sus pies descalzos se detuvieron a un tramo de las escaleras de la entrada, se quedó congelada al ver desde esa altura como el camino de sangre continuaba Templo abajo hasta que se perdía más allá de lo que su fina vista podía captar.

Todo en ella se estremeció ante la escena que estaba surgiendo en su mente, una sucia treta que le estaba jugando el pánico que se abría paso cada vez más desde sus entrañas, sintiendo como a cada segundo que pasaba empalidecía aún más.

Ya no podía sentirla...

Definitivamente tenía que encontrarla lo más pronto posible.

—Kaia… —el murmuró con suavidad sin apartarse de su lado, viendo reflejado en su rostro el miedo latente, pero antes de siquiera volver hablar ella lo interrumpió posando su mirada decidida hacia él nuevamente.

—Por favor, llévame al Templo de Leo.

Su tono de voz aunque tranquila, estaba muy lejos de ser firme, ya que se podía percibir fácilmente que comenzaba a quebrarse, y eso para él fue como una larga daga clavándose lentamente en su pecho. Así que simplemente asintiendo, asegurándose al mismo tiempo de que su propia expresión fuera imperturbable, creo un nuevo portal que los condujo en un parpadeo a la entrada de la Quinta Casa.

Los pasos de su armadura hacían un leve eco en la estancia, muy diferente a los silenciosos de la Pitonisa, pero una vez que avanzaron más allá de la sala principal se detuvieron al escuchar al mismo tiempo el sonido de otras pisadas, pero que estas eran un poco más pausadas.

Y con su respiración detenida bajo la expectación, Kaia casi se dejó caer de rodillas ante la visión que venía acercándose lentamente a ellos tras el oscuro pasillo.

El Santo de grandes alas Doradas, con su corto cabello ocultando levemente su rostro, llevaba en sus brazos el cuerpo inconsciente de la Oráculo, que tenía su cabeza posada en el hombro del castaño, su antes inmaculado vestido blanco ahora totalmente empapado de sangre a la altura del pecho, también lo estaba su barbilla y su cuello como si toda esa sangre había sido expulsada de su boca. Su palidez era casi absoluta, sus labios prácticamente blancos tenia rastro de todo ese líquido carmesí, y sus manos delicadas e iguales de pálidas se encontraban inmóviles encima de su vientre, donde la sangre ya se había comenzado a extender en la tela de su ropa antes blanca.

Entonces Sisyphus frenó poco a poco sus pasos al percatarse de sus presencias, subiendo lentamente su mirada afligida y de dolor ante la Pitonisa que tenía tosa su atención en su gemela, que con la respiración atascada en su garganta y sus ojos casi completamente dilatados no podía dejar de observar a su hermana.

Ione… parecía estar…

… sin vida.

Continuara...


Bueno, bueno... creo que me acabo de dar cuenta que nos encanta agregar drama(?) y que momento para cortar el capitulo ljasdkasldkjas soy malvada D:

Sin embargo, aunque el encuentro de los hermanos no fue el esperado por parte de Defteros, por lo menos Aspros regreso y eso es lo importante por ahora xd y no vino solo 7u7 Se que mucho se habían imaginado la reunión entre los dos como una explosión de caos jaja pero ya se vera como va cambiando un poco la personalidad de Aspros poco a poco para bien(?)

Uff a eso lo llamo poner al pueblo de rodillas, nuestro Shion se esta siendo grande :'3 y finalmente vemos que el morenazo no dejara a Kaia sola, no importa que pase.

Pero ahora... ¿Como saldrán de esta?

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

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¡Únanse, las esperamos!

Okami Akai