¡Saludos, queridos lectores! Aquí esta la actualización, y perdonen por mantenerlo en ese suspenso xD pero vamos a ver finalmente como se resuelve este gran problema 7u7
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capítulo IX
"Demon heart"
Grecia, Athena – Templo de Leo
Abril, 01 de 1750
Apenas logrando salir de su estado de shock, con cada fibra de su ser sufriendo una agonía al verla de esa manera, Kaia se acercó a ella. Simplemente no podía estar muerta, no podía, Ione seguía a duras penas aferrada al mundo de los vivos.
Podía sentirlo.
—Pero… —lentamente se humedeció los labios temblorosos y resecos—No… no padece esa enfermedad… —dijo más para sí misma, sufriendo por ella.
Sin embargo, apenas había alzado su mano hacia la Oráculo cuando una fuerte exclamación llamó rápidamente la atención de los tres. De pie a una corta distancia se encontraba la joven chica rubia y al propio Santo de Leo, que con grandes ojos azules quedaron totalmente impactados ante la sangrienta escena.
Primeramente, nadie dijo nada, un total silencio reino por tan solo un par de segundos más, y que para algunos de ellos fueron eternos. Si se ponía la adecuada atención, podría escucharse el leve sonido de un alfiler cayendo al suelo mientras todos ellos se miraban.
Hasta que todo se volvió una locura repentinamente, la sanadora rápidamente dejó a un lado su sorpresa inicial para comenzar a dar instrucciones con firme determinación y así la llevaran a la habitación más cercana del Templo. Y con pasos veloces acercándose al Caballero de Sagitario dando una evaluación rápida a la mujer inconsciente mientras caminaba a su lado siendo seguida por los demás. La joven irlandesa hizo una mueca bien disimulada ante la condición nada favorable en que se encontraba la Oráculo, siendo un diagnostico muy poco alentador solo a simple vista.
—Lo siento, Sisyphus-sama, pero no puedo dejar a nadie en el cuarto —murmuró Connor con el ceño levemente fruncido viendo la expresión afligida de todos los presentes una vez que él depositara el cuerpo inmóvil y enfermo de la mujer sobre la cama.
—Está bien, esperamos a fuera —respondió con cansancio el hombre de cabello castaño sintiendo una fría gota de sudor deslizarse por su frente, sin preocuparse de que en su propia armadura había rastros de sangre. Pero parpadeó levemente al recordar algo, frenando sus pasos antes de siquiera comenzar a marcharse—No sé si sirva de algo, pero hace un momento escuche mencionar a su hermana que ella no padece esa enfermedad —mencionó con el ceño algo fruncido, porque ni siquiera él sabía exactamente a que se había referido la Pitonisa con eso, si todas las señales eran mucho más que obvias.
La sanadora pareció meditar un par de segundos sus palabras con sumo interés, pero antes que pudiera responderle alguien se interpuso en la conversación dando un paso hacia ella.
—No voy a dejarte sola aquí adentro —repuso inmediatamente el joven león.
—Regulus… —Connor negó con suavidad observándolo con tristeza al tiempo que lavaba sus manos en un tazón de agua limpia—Sabes bien por que no puedo dejarte.
Sin embargo, él volvió a negarse casi igualando la misma determinación que ella expresaba con tanta fuerza.
—No voy a marcharme —y testarudamente se colocó a un lado de la cama en espera de las siguientes instrucciones de ella, como siempre había hecho desde que comenzó ayudarla en esos temas.
La irlandesa suspiró pesadamente, mientras asentía, porque sabía que esa pequeña discusión no los llevaría en nada, y tenía a una paciente a quien necesitaba atención con suma urgencia. Pero... eso no quitaba el hecho de que su corazón se estrujaba en su pecho al ver aquella mirada algo desolada en Regulus, puesto que sabía muy bien a quien le recordaba dado por su triste historia.
Mientras que Sisyphus captando los sentimientos ocultos en aquella conversación de la rubia y su sobrino se dio media vuelta, aunque no sin antes darle un último vistazo a la Oráculo y confiando silenciosamente su vida en las sabias manos de la sanadora. Entonces salió fuera de la habitación para seguidamente detenerse abruptamente y hacer una leve mueca al ver a la Pitonisa como se había quedado de pie totalmente anclada al frente de la puerta, mirando con enormes ojos todo el panorama que se había presentado allá adentro. Luego el Santo de Sagitario poso sus orbes azules se posaron en el hombre de tez morena, percibiendo que al igual que él le estaba resultando muy difícil mantenerse al margen.
Kaia no sabía con exactitud si realmente el aire estaba pasando a través de sus pulmones o si simplemente ya no estaba respirando. Su mente estaba muy lejos de ubicarla en el presente, haciéndole creer que estaba en un segundo plano incapaz de aceptar esa cruda realidad.
Con un poderoso nudo en su garganta que le dificultaba tragar caminó lentamente hasta apoyar su espalda en la pared a un lado de la puerta, ignorando a todo lo demás, y fue deslizándose poco a poco hasta llegar en suelo, donde recogió sus piernas y las abrazó, posando su frente en sus rodillas. Dejando que las lágrimas que había estado conteniendo todos esos días fluyeran libres, porque sabía que no había nada más que hacer.
Solo simplemente esperar.
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Definitivamente estaba preocupado.
Ella no parecía responder a nada de lo que la rodeaba, como si se hubiera aislado en el tiempo, volviéndose irrelevante, mientras sus sentidos estaban enfocados en una sola cosa. Había transcurrido casi un día completo y no la pudo convencer de que comiera, a pesar que la Vestal Madre le llevó un poco de alimento y ella simplemente la ignoró como a todos los demás, inclusive a él mismo.
Podía entenderla de cierta manera, sin embargo, eso no querida decir que no le afectaba o doliera su estado.
Nadie sabía con exactitud que pasaba en aquella habitación, pero ciertamente cada uno de ellos saltaron fuera de sus pieles en el instante que la puerta se abrió, aunque solo para ver como el joven león salía apresuradamente con lo que parecía ser un bulto de sábanas blancas con considerables manchas de sangre, y que dejaba mucho que desear del estado de la mujer enferma. Regulus se dirigió hacia alguna parte y regresando segundos después con una bolsa de lona junto con una expresión de cansancio y tensión dominando sus facciones antes de ingresar nuevamente a la habitación, cerrando así la puerta detrás de él.
Al decir verdad como iban progresando las cosas ninguno de ellos estaba seguro si el futuro sería muy alentador.
—Defteros…
Ese suave murmullo lo atrajo nuevamente a la realidad, se separó inmediatamente de la columna que había estado apoyándose momentos antes para acercarse sin dudar a la Pitonisa, que seguía sentada en el suelo en la misma posición que había tomado desde un principio sin separarse al lado de esa puerta.
Una presión se comenzó a instalar rápidamente en su pecho al ver como ella había girado lentamente su rostro para observarlo, y no le gusto para nada la palidez de su piel dorada, sus parpados caídos y las sombras oscuras que ya se había formado, pero sin duda lo peor era sus ojos opacos y cansados, como si estuviera a punto de rendirse.
—Necesito que tengas presente la promesa —le dijo apenas con suficiente fuerza para que él la escuchara.
Para el Geminiano fue como si un puñetazo directo perforara su estómago, contrajo los puños y tensó la mandíbula tan fuerte que sintió como los colmillos pinchaban dolorosamente sus labios. Sinceramente fue incapaz de responderle, solo la observó intensamente por unos segundos más antes de darse la vuelta con el propósito de salir y calmarse un poco, puesto que estaba a punto de estrellar su puño en una de los pilares, lo cual no sería lo más sensato en ese momento.
No deseaba alejarse realmente de ella, pero corría el enorme riesgo de fundir todo en lava si no se tranquilizaba.
Y mientras caminaba a grandes zancadas con su ceño fruncido, cerrando y abriendo los puños para intentar de alguna manera relajarse, se topó inesperadamente con una Vestal que venía igualmente con apuro.
La pelirroja de ojos ámbar subió su mirada sorpresiva hacia el Santo en cuestión.
—Defteros-sama —saludó la joven dando una fugaz y respetuosa reverencia antes de comenzar a rodearlo para seguir su camino, sin embargo, frenó nuevamente sus pasos para volverse a mirarlo—Oh, Asmita-sama dijo que bajaría en cualquier momento —le dijo con prisa para después seguir sus pasos por el mismo pasillo por donde había venido el Santo Dorado.
Él ni siquiera se inmutó o siquiera se atrevió en pensar en las palabras dichas por la alemana, simplemente continuó caminando hasta que finalmente llegó a la entrada del Templo de Leo, donde el aire frío meció su cabello y refresco un poco sus pensamientos acalorados. En ese preciso momento se permitió soltar un largo y pesado suspiro, intentado en vano relajar sus hombros increíblemente tensos, puesto que era prácticamente imposible, las palabras de Kaia se repetían una y otra vez en su cabeza, torturándolo y causándole una angustia silenciosa. Para él era inconcebible hacer lo que ella le pedía, y aun peor a esas alturas.
Honestamente sentía que su viaje fue completamente en vano, o una pérdida de tiempo si realmente no consiguieron nada que pudiera salvar de alguna forma a la Oráculo, también por ende a la mujer que rápidamente se había ocupado un lugar no solo en sus pensamientos, sino también en su corazón magullado.
¿Cómo podía cumplir aquella promesa? Si ni siquiera estaba seguro de poder aceptar la cruda realidad que se estaba presentando cada vez más cerca de ellos...
No se le escapaba por alto que muy recientemente le había rondado por la mente una opción más que podía utilizar… Aquel poder de borrar los recueros y que lo empleo anteriormente en Dohko de Libra para eliminar sus conocimientos sobre la procedencia de la Cloth de Athena. En teoría podría usarlo en ella en el trágico caso que su hermana no lograra sobrevivir, pero… mientras más lo pensaba más desistió de la idea con una profunda amargura.
No podía hacerle eso a Kaia, verla vivir en una mentira día a día no era la mejor manera para que siguiera adelante, y no le garantizaba de ninguna forma que en algún momento descubría por sí misma la terrible verdad, lo que causaría un desastre mucho mayor de proporciones épicas.
Llevó sus dedos a su frente, peinando hacia atrás con verdadera frustración los mechones rebeldes ahogando un gemido de total consternación, al tiempo que llevaba su mirada al cielo claro, sintiendo un profundo dolor instalarse en su pecho que amenazaba con ahogarlo.
Maldita sea, no sabía que más hacer.
—Aparentemente esos pensamientos te están consumiendo.
Defteros parpadeó un par de veces ante la voz que le hizo anclar nuevamente los pies sobre la tierra. Se giró esperando ver al Santo de Virgo, pero falló miserablemente en ocultar su asombro al encontrarse con la mirada desinteresada de su gemelo.
Aspros arqueó levemente una ceja ante su silencio prolongado.
—¿Acaso aun te sorprende verme por aquí, hermano?
El de tez morena parpadeó un par de veces más, dándole un poco la razón, porque a pesar de que él había estado de vuelta hacia un poco más de una semana, ciertamente sus caminos no se habían cruzado demasiado, por no decir nada, sobre todo por el viaje que hizo con la Pitonisa. Y al regresar su atención había estado totalmente enfocada en todo ese gran problema, que hasta se había olvidado por un segundo la presencia de Aspros nuevamente en el Santuario, lo cual era bastante irónico cuando meses atrás no podía dejar de pensar en ese tema.
Dejó salir un pesado suspiro al tiempo que frotaba su frente, ya que realmente no tenía paciencia en ese momento para sostener la conversación sarcástica de su propio hermano. Y lo que agregaba tensión incomoda entre ellos, es que el inmenso enigma permanecían flotando en el aire, con preguntas sin respuestas dejando un gran vacío entre ambos, lo cual hacia todo un poco más difícil.
—No sabes hasta qué punto realmente —murmuró él haciendo que su contestación fuera válido para ambas oraciones antes dichas.
Aspros lo miró de reojo por un momento antes de posar su mirada hacia el horizonte.
—Y supongo que todo tiene que ver con la Pitonisa vinculada a la Oráculo.
Y Defteros realmente no quiso demostrar cuan afectado se encontraba por ese tema en particular, haciéndole recordar como un golpe entre las costillas lo que estaba sucediendo realmente y de la posición en la que a él lo dejaba, pero teniendo a su gemelo tan cerca era obvio que no podía ocultarle nada.
Que mierdas, si ni siquiera estaba seguro si podía controlarse a sí mismo.
—No es como si me interese realmente, pero si te sirve de algo es completamente natural que esto esté sucediéndole, dado la conexión de la Guardiana con la Oráculo que ni siquiera nosotros mismos somos meramente capaces de comprender del todo —el antiguo Santo de Géminis habló, encogiendo levemente sus hombros despreocupadamente como si estuviera hablando del clima—Más que eso es algo que va más allá de nuestra imaginación, como con los gemelo; una alma sostiene a la otra, y si una de ellas cae… la otra también lo hará emocional y físicamente hablando —recordaba la sensación de aquel fatídico día donde vio morir a Defteros, sintiendo como si una parte de él fuera arrancada como una extremidad, pero cuidadosamente se encargó de mantener su semblante inexpresivo al pensar en ello—Pero siendo Guardiana y gemela a la vez su cordura está atada a la vida de la Oráculo por un vínculo aún mayor.
El demonio de la isla Kanon observó esta vez a su hermano levemente asombrado por sus palabras, como si estuviera absolutamente seguro de lo que se estaba refiriendo.
—No pensé que sabias tanto de la Villa de Delfos y de sus habitantes, hermano —murmuró él estrechando levemente la mirada.
Y el hombre de piel pálida giró su rostro para encararlo con una sonrisa sarcástica dibujada en sus labios.
—Te sorprenderías de lo mucho que puedes aprender con los años al ser aspirante al puesto del Patriarca —le dijo al tiempo que agitaba un par de pergaminos en su mano izquierda que en ningún momento Defteros se percató que llevaba consigo—Pero supongo que puedo emplear estos conocimientos enseñándole una o dos cosas que podrían ser de utilidad a Shion, ya sabes… para que no se desperdicien —agregó en un tono un tanto burlón.
El actual Geminiano iba agregar algo referente a eso, sin embargo, su gemelo lo interrumpió nuevamente, moviendo su dedo índice de un lado a otro siendo una clara negativa.
—No, no, Defteros, es preferible dejar algunas cosas como están.
Este se tragó un leve gruñido de su parte, antes de tomar una buena bocanada de aire, porque obviamente ni Aspros ni él mismo querían hurgar en el pasado, ciertamente había cosas que eran mejor dejar atrás para poder seguir adelante sin mayores tormentos.
Sin embargo, eso no quitaba que una enorme interrogante surgiera en su cabeza.
—¿Hallaste lo que buscabas allá a fuera? —preguntó esta vez con suavidad, observando atentamente la reacción de su gemelo.
Ante esa pregunta tan compleja, Aspros borró lentamente su sonrisa lentamente posando sus ojos en su mano libre, en su palma abierta, mirando fijamente esa gran cicatriz de quemadura que ya había sanado, pero que igualmente estropeaba su piel blanca hasta extenderse casi hasta sus dedos y su muñeca donde reposaba la cadena con aquella preciosa piedra azul. Era un claro recordatorio que lo perseguiría por el resto de sus días, pero que estaba perfectamente consiente que el arrepentimiento ya no sería parte de él nunca más.
Una leve sonrisa, pero esta vez genuina surcó sus cincelados labios ante ese hecho.
—Podría decirse que sí.
Para Defteros fue todo lo que necesito saber por los momentos, relajando un poco la tensión de sus hombros al quitarle un diminuto peso de encima del que venía cargando inconscientemente todo ese tiempo.
Entonces el gemelo mayor comenzó avanzar nuevamente, y justo cuando pasaba por su lado, apoyó brevemente la mano en el hombro del menor deteniéndose unos instantes.
—Es bueno regresar finalmente, hermano —le murmuró Aspros para después apartarse y seguir descendiendo serenamente por el resto de los Templos Zodiacales.
El de piel morena no pudo evitar que una sonrisa tirara de la comisura de sus labios descubriendo sus colmillos, sin esperarse que tan solo ese simple tacto aliviara una gran parte de la sombra que fue su pasado por todos esos malditos años, a pesar que no hablaron demasiado, tan solo esas simples palabras fue algo reconfortante para él. Ahora sabia con un poco más de seguridad que la convivencia con su hermano no iba hacer tan mala, sobre todo con el conocimiento que compartirían el Templo de Géminis, y no era algo que le molestara la idea en primer lugar, puesto que originalmente el dueño original de la Cloth de Oro seguía siendo Aspros, él solo era un sustituto a fin de cuentas.
Observó por encima de su hombro el interior de la Casa de Leo, y con un profundo suspiro ingresó nuevamente con esa familiar y cruda emoción presionando su pecho al intentar volver a aquella sala, donde la Pitonisa seguía sin moverse ni un centímetro lejos de su hermana.
Él no podía hacer nada más que brindarle su apoyo desde aquella distancia, porque deseaba darle su espacio muy a pesar que una enorme parte de él quería mandar todo al diablo y estrecharla entre sus brazos, pero tuvo que ceder a ese feroz impulso.
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Así fueron transcurriendo las horas hasta que comenzaron a hacerse días.
El estado de la Oráculo seguía siendo incierto, hasta el mismo Patriarca se había presentado apenas cuando la noticia llegó a sus oídos, mostrando también la preocupación ante tal conmoción. Pero que a pesar de toda la gravedad del asunto, la sanadora se negó igualmente dejarlo pasar sin importar su alto rango, así que como los demás solo le quedaba aguardar.
Aunque por su parte, no podía evitar incluso tener ciertos pensamientos que solo lo atormentaban cada vez más al ver el agotamiento y la falta de energía en Kaia. Desconocía totalmente lo que surcaba por sus pensamientos o si se estaba aferrando aquella vaga conexión con su gemela, pero el simple hecho de ver su salud decaer lo dejaba totalmente inquieto y con un mal sabor de boca… Y casi al llegar el cuarto día, ya con el cielo nocturno domando el cielo por encima del Santuario, Defteros tomó la rápido decisión de alejarse un poco por un momento, puesto que de verdad necesitaba enfriar sus ideas.
Había creado rápidamente un portal, y Sisyphus que tampoco se había separado por mucho tiempo lejos de la habitación, le echó una mirada curiosa, pero al mismo tiempo comprensiva, entonces silenciosamente y sin mediar palabras le dijo que estaría allí por si sucedía algo; él le avisaría.
El Geminiano con una leve inclinación de cabeza y un pequeño vistazo hacia la mujer, cruzó hacia la otra dimensión solo por unos instantes antes de que este lo transportada a una zona que era bastante familiar para él en su tiempo de juventud.
Y es ahí donde estaba, en aquel campo de entrenamiento que en ese instante permanecía desierto, con escombros de columnas y piedras por todos lados. Él se encontraba sentado en unos de aquellos pilares caídos, por lo menos hacia una noche fresca y silenciosa, nada en comparación con su mente en plena ebullición con todos esos acontecimientos... y sinceramente no sabía con certeza cuanto tiempo había pasado, si tan solo un par de minutos o ya había sido horas, fuera cual fuera el resultado estaba consciente que debía de volver pronto, porque no faltaba mucho más para que finalmente la sanadora anunciara el estado precario de la Oráculo, siendo una batalla constante para salvarle la vida durante esos días y noches, iba a llegar un punto donde se podrá apreciar si los esfuerzos habrán valido la pena o no.
Y siendo cualquiera de los resultados deseaba permanecer a su lado, no importase si eso lo iba a destruir a él mismo en el proceso.
Ya estaba familiarizado.
No obstante, antes de ponerse de pie o usar su técnica nuevamente, escuchó un par de pasos tranquilos que comenzaron aproximarse. Y cuando levanto la vista, sus ojos se abrieron levemente con asombro al vislumbrar como la Pitonisa avanzaba hacia él con su vestido blanco casi iluminado por la luz de la luna que le hacía verse como una ninfa del bosque recién salida de un cuento de fantasía, una visión que momentáneamente le quitó la respiración, puesto que de cierta forma no parecía real… Después de esos duros días no podía creer que se encontrara finalmente fuera del Quinto Templo.
Antes de que pudiera reaccionar, ella se sentó lentamente a su izquierda con un ligero suspiro proveniente de lo más profundo de su alma, mientras que Defteros no podía salir de su estupor.
—¿Qué sucedió? —preguntó rápidamente intentando disimular la alarma de su voz, y maldiciéndose a sí mismo por no haber estado allí cuando la sanadora dio su veredicto.
Kaia simplemente cerró con lentitud sus ojos, también con cansancio antes de responder en un tono suave, pero tranquila.
—Ione estará bien... perdió mucha sangre, pero sobrevivirá.
—¿Pudiste verla? —después de unos segundos el Geminiano formuló la pregunta despacio, como si temiera aventurarse a saber más del tema.
Ella asintió lentamente ante el recuerdo.
Con ese simple gesto a Kaia no le pasó por alto el alivio que se podía ver reflejado en sus duras facciones masculinas, que a pesar que el cansancio y el agotamiento lo dominaban tanto a él como a todos ellos que estuvieron al pendiente de la situación, no era nada comparado con esa sensación de creciente paz. No quiso indagar en todo lo que la joven rubia le había comentado, o de las futuras acciones que tendrían que tomar a futuro, porque sentía que no era momento para decirlo. Lo importante es que su hermana se recuperaría después de todo, por esa razón para ella fue muy significativo verla nuevamente, que a pesar que estaba inconsciente, respiraba, y no pudo evitar que un par de lágrimas se deslizaran por sus mejillas sintiendo que finalmente todo estaría bien. Ahora solo debía dejarla seguir descansando, porque no era un secreto que la recuperación sería un proceso largo, pero que estaba segura podría afrontarlo.
Y entonces su atención se dirigió en el hombre de tez morena que en ese momento se encontraba a su lado en un silencio reconfortante, que a pesar que se encontraba mental y físicamente agotada nunca abandonó realmente sus pensamientos… y de lo que significaba para ella, saber que nunca se apartó demasiado sin importar si eran buenos o malos momentos, siempre estuvo allí pese a la situación, y eso le dejaba una sensación muy reconfortante que llegó a ser dolorosa con el constante conocimiento si las cosas con su gemela hubiera terminado con un resultado distinto.
Pero ahora... podía respirar con más calma, casi embriagada con ese cálido sentimiento.
Ella lentamente llevó su mirada hacia abajo, en aquella cadena donde permanecía el topacio imperial con esos hermosos tonos entre naranja y rojo. Con una leve sonrisa alzó su mano pequeña por encima de la piedra preciosa deteniéndose brevemente allí rozando con las yemas, antes de posarla encima de su mano más grande donde con sus dedos acariciaba suavemente las partes donde la armadura no cubría la piel tibia al tacto, que le produjo ciertas emociones que hicieron temblar su propio corazón. Mientras que el Geminiano muy lejos de sobresaltarse por su toque, tomó con suma delicadeza su mano con un poco más de firmeza para alzarla y acercarla a sus propios labios rozándolo muy sutilmente, al tiempo que cerraba los ojos y aspiraba suavemente el sutil perfume a melocotón que desprendía su piel dorada.
Ese simple gesto la hizo sonreír comprendiendo que él también apreciaba la sensación de aquella manera tan especial y que no hacía falta las palabras, porque lo sentían en sus propias almas.
—Lamento hacerte pasar por un mal momento —ella murmuró tiempo después, aun con sus dedos entrelazados dándose apoyo mutuamente.
Él no pudo evitar embozar una media sonrisa negando lentamente con la cabeza restándole importancia al asunto. Aunque sinceramente había considerado la posibilidad de llevarla a otro lugar completamente aislado con Antoher Dimension si no hubiera quedado otra opción… no le hubiera importado luchar contra el Direwolf si con ello conseguía que siguiera con vida hasta que eventualmente algo se le ocurriera.
—No hay que pensar más en ello por el momento —respondió apretando afectuosamente su mano en la suya—Me parece que deberías ir a descansar —surgió observándola aun claramente preocupado por su estado.
—Solo si me respondes a una duda que tengo y que necesito aclarar antes de eso.
El hombre de cabellera azulada arqueó la ceja ya bastante acostumbrado con su curiosidad, pero le parecía extraño de cierta manera que tuviera alguna duda demasiado urgente como para retenerla e inquietarla.
—¿Qué significa para ti el amor?
A pesar que su pregunta fue formulada con suavidad igualmente lo pilló desprevenido, y posteriormente hizo una leve mueca, porque creía que era el menos indicado para responder, dado por su pasado solitario.
—No creo que pueda darte una buena respuesta, pero supongo que solo debes cerrar tus ojos y pensar cuidadosamente en esa persona —comenzó a decir con el ceño levemente fruncido, puesto que no sabía bien como contestar o expresarse. Notando como ella había cerrado sus ojos escuchando atentamente sus palabras—Tu propio corazón te susurrara y te lo hará sentir, te dirá que desea la felicidad de él o ella por sobre todo lo demás al igual que su bienestar, compartir tiempos tanto difíciles como alegres… supongo que para mí es como un sueño, porque el amor es un sueño en el que sueñan dos.
Kaia meditó solamente por unos instantes, llegando a una rápida conclusión que instó a que volviera a sonreír, porque ciertamente él le había dado una buena respuesta.
—Realmente no se mucho del tema, pero puedo decir que eso disipa mis dudas —comenzó a decir ella abriendo sus ojos para observarlo detenidamente. Y con lentitud y gracia, subió lentamente su mano a su rostro atractivo donde sostuvo levemente su mejilla viendo por sí misma la leve sorpresa que le había causado por esa simple acción—Todo lo que me has mencionado con tus breves palabras de verdad es lo que siento contigo, Defteros… y por eso creo firmemente que mi amor por ti es genuino —murmuró suavemente antes de inclinarse y depositar un leve beso en su frente.
Posteriormente la Pitonisa le dedicó otra sonrisa viendo como lo había dejado completamente congelado, y ella finalmente se levantó decidiendo ir a descansar, porque sinceramente de un momento a otro temía caer en el suelo y quedar complemente rendida.
Sin embargo, apenas había podido dar unos cuantos pasos cuando sintió como la tomaban repentina, pero suavemente de su muñeca… y al girarse se encontró con esos ojos de un azul tan profundo como el mismo océano en la noche estrellada. Ella parpadeó un par de veces sin comprender por que la detenía, él parecía completamente anonadado, y cuando estaba dispuesta a preguntar que ocurría él la interrumpió.
—Lo que has dicho… —el Geminiano empezó a decir con voz levemente enronquecida por las emociones que se estaban agolpando una tras otra en su interior—Kaia, eso significa que… —él calló de nuevo incapaz de completar las frase al haberse quedado prácticamente sin palabras.
La Pitonisa ladeó levemente su rostro notando a su vez como el apretón de su muñeca se afianzó un poco más. Podía oler su emoción y también su inseguridad, pero no comprendía demasiado bien del por qué, así que igualmente decidió aclarárselo de una manera más directa.
—S 'agapó.
Defteros contuvo por unos instantes la respiración al escuchar aquella palabra de amor en griego que significaba que lo amaba, algo que jamás pensó oír en su vida por nadie, y muchos menos de una mujer tan única como aquella. Entonces domado por fuertes emociones y sentimientos soltó el agarre de su muñeca para así sostener su mentón y elevarla hacia él para capturar sus carnosos labios con los suyos en un beso abrazador, impregnado de afecto y pasión.
No duro demasiado tiempo, puesto que el demonio se apartó solo lo suficiente como para rodear su menudo cuerpo con sus brazos, y sostenerla fuertemente y con cariño contra él, mientras apoyaba su mentón en su delicado hombro, dejándola casi completamente aturdida.
—Me parece entonces… que ambos sentimos lo mismo el uno por el otro.
Su voz profunda y su aliento cálido le hicieron cosquillear la piel sensible de su cuello, para luego una sonrisa sincera se dibujara más ampliamente en su rostro, al tiempo que posaba sus manos en su fornida espalda, sintiendo como la estrechaba más entre sus brazos.
El corazón del demonio finalmente estaba donde le correspondía...
Después de permanecer unos cuantos minutos más de esa forma, Defteros decidió que finalmente ella necesitaba ir a descansar después de todo, porque seguramente querría ir a visitar a su hermana al recuperar un poco de sus energías. Así que sin mediar palabra se apartó un poco, pero solo lo suficiente para mirar sus exóticos ojos y sentir un gran calor que casi lo hacía gruñir de satisfacción al notar su amor latente e igual de cálido como él mismo sentía por ella. No pudo evitar descender su rostro y rozar sus labios nuevamente una íntima caricia que hizo cosquillar sus sentidos, ganándose por parte de ella una mira llena de comprensión y afecto.
Entonces juntos emprendieron marcha nuevamente hacia los Templos sin la necesidad de usar un portal o sin decirse nada, pues sencillamente no le hacían falta, solo la compañía del otro era más que suficiente en ese instante.
Al llegar a la Tercera Casa él se detuvo mientras la miraba con atención.
—Dame un momento, dejare a Géminis en su pedestal.
Ella simplemente asintió con una ligera y algo cansada sonrisa al tiempo que lo veía marcharse por el amplio pasillo. No le molestaba esperarlo en lo absoluto, a pesar que estaba agotada completamente, puesto que sabía que él la acompañaría a su recinto, aunque realmente ignoraba por qué dejaría la Cloth.
Sin previo aviso, a tan solo unos minutos siguientes, su sonrisa se borró de su rostro al llegarle a su delicado olfato un aroma a cuero ligado con sándalo que instó a que estrechara la mirada con cautela. De reojo observó cómo alguien se acercaba… ese hombre tan idéntico al actual Santo de Géminis, pero con su piel pálida y aquella aura de arrogancia que los hacia tan diferentes para ella a tan solo simple vista.
Aspros se detuvo a unos pocos pasos de distancia, sus intensos ojos azules recorriendola con la mirada con suma lentitud, y Kaia sin inmutarse en lo más mínimo le devolvió la mirada con sus ojos ligeramente brillando salvajemente en advertencia, aunque decidida a mantener la compostura.
—Vaya… esto sí que parece realmente interesante.
Para la Pitonisa no pasó desapercibido la manera en que había entornado sus ojos hacia la dirección donde Defteros se había marchado, para luego volver a posarla sobre ella algo despectivamente, aun así Kaia se mantuvo en silencio.
—Una sola advertencia, Pitonisa, espero que no estés con mi hermano como una forma de llegar a mí como una venganza, porque te llevaras una desagradable sorpresa —le dijo el antiguo Guardián de ese Templo con una sonrisa peligrosa—No es la primera o ultima vez que sucede —lo decía por experiencia propia, ya que en el pasado muchos no habían podido llegar directamente a él por ser portador de una armadura del más alto rango, y entonces habían dirigido su atención en su hermano gemelo.
Había perdido la cuenta de cuantas veces había ayudado a limpiar sus feas heridas físicas, pero las emocionales no pudo alcanzarlas realmente… y no iba a dejar que esa historia volviera a repetirse.
—Como la gemela mayor, supongo que sabes a lo que me refiero ¿No?
Kaia resopló levemente ante sus obvias palabras.
—Y sabes a lo que me refiero al decir que no permitiré que "nadie" lo lastime ¿Verdad? —espetó con una mirada igual de peligrosa que él mismo le había lanzado, pero con la diferencia de que sus ojos brillantes y sus caninos levemente más alargados completaban el cuadro amenazadoramente.
Pero muy lejos de intimidado, el hombre de cabello azul oscuro y piel pálida simplemente sonrió cerrando brevemente los ojos, secretamente complacido de cierta forma por su respuesta.
—Sera una divertida convivencia entre todos —le dijo un segundo después en un tono algo burlón, notando como su hermano regresaba, mirándolo a ambos con suspicacia. Pero antes de que siquiera este dijera algo al respecto lo interrumpió—Interesante compañera te has conseguido, hermano, y a pesar que muero por seguir con nuestra platica cierta niña me está esperando, y no es lo apropiado para una dama —dejando a Defteros con el ceño fruncido sencillamente se dio media vuelta y siguió su camino para descender por los Templos que le faltaban.
Y mientras avanzaba no pudo evitar mirar hacia atrás sobre su hombro con una media sonrisa, a pesar que la Casa de Géminis ya había quedado a las lejanías...
Pensando que Defteros tenía una gran oportunidad de ser feliz finalmente.
Continuara...
Ya vemos que Aspros esta intentando "integrarse" aunque Defteros aun no se acostumbra a su presencia y no es para menos xD
Ione se salva por los pelos, ¿pero que le habrá pasado realmente?
Huy... pero que manera de confesarse, nuestro querido demonio no podía creerlo :'3
Y Kaia demostrándole a Aspros que esta mas que dispuesta a defender a su monerazo de quien sea 7u7
Ahora, les advierto que el próximo capitulo es bastante... intenso, pero en un buen sentido(?) aparte que ahora si estamos cerca del final, porque solo faltan unos pocos capítulos más :'c
¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
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¡Únanse, las esperamos!
Okami Akai
