¡Hola, queridos lectores! Primero que nada quería decirle que este es un capitulo muy especial por varias razones, una revelación, un encuentro intenso y un choque de palabras...

Ahora este tiene toda la razón de tener el rango "M" 7u7

¡Esperamos que les guste!

Declaimer:

Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.

Advertencia: Este capitulo contiene lemon, se recomienda discreción.


Capítulo X

"Together"

Grecia, Athena – Santuario

Agosto, 31 de 1750

—¿Una nueva misión, amigo mío?

El Santo Dorado de Géminis detuvo sus pasos al escuchar la voz del hombre de largo cabello rubio que se encontraba en la entrada del Templo de Virgo. Defteros asintió levemente con un corto suspiro sosteniendo el casco de su armadura bajo el brazo.

—Así es, y para ser más específicos a Egipto —comentó con los labios levemente fruncidos en una mueca.

Asmita inclinó la cabeza hacia un lado con una leve sonrisa en la comisura de sus labios.

—Entonces presumo que será un viaje bastante largo.

—Un mes aproximadamente si utilizo Another Dimension para regresar —expuso pensando que a pesar que la Guerra Santa había quedado atrás no quería decir que sus deberes como Santos de la Orden de Athena quedarían aun lado... Todo lo contrario, aun había mucho que investigar para las futuras Guerras por venir—Ahora debo prepararme, Sisyphus y yo partiremos por la mañana —agregó, recordando como ambos fueron asignados aquella tarea, pero había dejado al hombre de cabellera castaña en Sagitario para prepararse igualmente.

—De cierta forma a todos nos ha tocado tomar rumbos distintos gracias al Patriarca, es normal que desee estar preparado —el rubio comentó amenamente.

Defteros estuvo de acuerdo ante eso, y aunque iba a estar lejos del Santuario, lo que le hacia la tarea un poco difícil de sobrellevar era que iba a estar distanciado de cierta persona… y no le agradaba la idea para nada, pero deber era deber.

Tras un momento de silencio, mientras que ambos simplemente observaban el horizonte con el suave viento meciendo sus cabellos, un par de pasos que subían los escalones sin prisa capturó la atención de los Santos Dorados.

Shea, terminó de pasar el último peldaño percatándose de la presencia de los hombres al subir la mirada, al mismo tiempo que le daba un enorme mordisco a un gran trozo de pan.

—Defteros-sama, buen día —comentó la joven tras parpadear varias veces y haber tragado el alimento.

El Geminiano respondió aquel saludo con un leve asentimiento de cabeza un poco sorprendido por el apetito voraz que parecía tener ella, y que curiosamente cada vez que la veía últimamente siempre estaba comiendo algo. Mientras que la pelirroja cargando con una cesta con provisiones posó su atención en el Caballero de Virgo y le sonrió dulcemente con un leve rubor en sus mejillas antes de inclinarse en una reverencia, y seguir su camino hacia el interior del Templo degustando su delicioso pan.

Casi en seguida los ojos azules marino se posaron en su amigo.

—¿Manigoldo y Kardia aún se meten con ella? —preguntó apretando los labios para evitar reír de más.

Asmita suspiró ante sus palabras para posteriormente sonreír con gentileza hacia su amada.

—No puede pasar por la Casa de Cancer o Escorpio sin recibir uno que otro comentario, hasta tuve que intervenir en su momento, ya que le hicieron sacar su fogoso carácter —dijo secretamente divertido al recordar la expresión de los Santos al ver a la alemana toda hecha una pequeña furia… aunque eso solo conllevó a que se metieran más con ella—Por lo visto no lo olvidaran por un largo tiempo me temo.

Discretamente Defteros cubrió su boca con su mano y tosió para disimular la risa que deseaba salir ante el recuerdo. Allí mismo en el Santuario, hacia tan solo dos meses atrás, se había festejado la boda de uno de sus compañeros, y el banquete de celebración tras la ceremonia fue bastante llamativa donde participaron cada Santo de Oro y sus acompañantes, un momento de compartir que fue bastante ameno y agradable para todos. Y la velada solo se hizo más entretenida por el comentario que soltó la pelirroja después de haberse pasado con la bebida, lo cual le arrancó risas y carcajadas a la mayoría de los presentes, siendo un material demasiado jugoso para Kardia y Manigoldo como para simplemente dejarlo pasar. Hasta el mismo Sisyphus había mencionado que le logró arrancarle una leve sonrisa a El Cid, pero hasta él lo ponía en duda.

Pero a pesar de todo fue una celebración memorable en muchos sentidos con todo y sorpresas.

Iba a decir algo al respecto, pero guardo silencio cuando se percató como el rubio observaba fijamente el interior de la Casa de Virgo con una mirada particular y significativa, junto también con una leve sonrisa que parecía afectuosa.

—Shea está embarazada —Asmita soltó con suavidad y sin apartar la vista.

Esa repentina noticia causo que el hombre de piel morena parpadeara un par de veces, al tiempo que asimilaba las palabras de su compañero, demasiado incrédulo como para reaccionar debidamente.

—¿Cómo sabes eso? ¿La sanadora ya la examino? —preguntó con intriga, puesto que la pelirroja no parecía estar en cinta, seguía delgada aunque la ropa de Vestal podría ser bastante engañosa.

—Solo lo sé —contestó el Santo de Virgo con su sonrisa ampliándose un poco más, recordando los momentos exactos donde había percibido un muy leve cosmos detrás de la esencia de Shea, tan leve y pequeño, pero que cada día se hacía más fuerte—Ella claramente no sabe que una nueva vida está creciendo en su interior, pero esta tarde planeo llevarla hacia la sanadora y así pueda confirmarmelo.

—Eso explica entonces su tremendo apetito —murmuró ganándose una suave risa de parte de su amigo—Bueno, Asmita, no sé qué decir… más que felicitarte y que todo marche bien —le dijo con absoluta sinceridad.

El Guardián de la Sexta Casa lo miró esta vez antes de asentir en agradecimiento.

—Gracias, amigo mío. Lo mismo digo para ustedes.

Y con eso Defteros se retiró finalmente aun con aquella noticia en su mente, pensando al mismo tiempo que el rumor no tardaría en correrse rápido, puesto que era agradable saber que una nueva criatura llegaría al Santuario, convirtiéndolo poco a poco en un lugar donde volvía a tener vida y actividad. Estaba feliz por su compañero y por esa muchacha pelirroja que tras haber sufrido tanto tenían la grata oportunidad de ser felices.

Al igual que todos en el Santuario.

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Ya para principios de Octubre, tras un poco más de un mes después de su partida, el Santo Dorado de Géminis y Sagitario regresaron finalmente a Grecia después de un largo y exhaustivo viaje.

Para el hombre de tez morena no supuso ningún problema abrir un portal que los condujeron a ambos enseguida al Santuario, donde el sol implacable de la tarde estaba bajando para refrescar y así dar paso a la noche poco a poco. Primero que nada, se dirigieron hacia el Templo Papal a dictar su informe, a pesar que una inmensa parte del demonio de la isla Kanon deseaba encontrarse con ella, pero mientras más rápido cumplía su deber, más rápido podría regresar a su lado.

No fue ninguna broma que su presencia le hizo una gran falta, se había acostumbrado tanto a ella estando a su alrededor que sentía un vacío por dentro. Hasta había pasado noches sin poder conciliar adecuadamente el sueño, pensando el día donde pudiera volver a encontrarse… porque la amaba febrilmente, y solo esos meses después de su confesión todas esas emociones solo se intensificaron aún más cada día. Le gustaba estar a su lado, así fuera para el único hecho de observarla, mientras ella caminaba por el bosque, acompañándola incluso a dar alguno que otro mensaje de la naturaleza. Y con la recuperación casi total de la Oráculo, las cosas no podrían estar en un mejor momento de paz para todos ellos.

Por esa misma razón apenas su reunión con el Patriarca finalizó, no esperó más para ir a verla en su recinto que aun compartía con su gemela, pero se encontró con que ninguna de las dos se encontraba allí. Muy amablemente la Vestal de brillante cabellera rubia y esposa de Degel le comentó que la Oráculo había salido recientemente junto con un inusual acompañante, mientras que la Pitonisa tenía un buen rato que no la había visto por los alrededores. Y eso sin duda llamó su atención, y se dispuso a comenzar a buscarla con el crudo pensamiento de lo que había ocurrido meses atrás donde la halló solitariamente en una cueva encadenada como a un animal salvaje y descontrolado. Esto solo instó a que un pequeño atisbo de ansiedad se clavara en su pecho, puesto que había estado afuera más de un mes y no sabía nada de lo que bien pudo haber pasado en el Santuario, y aunque las cosas parecían tranquilas y nada fuera de lo común, había aprendido a que no podía guiarse por eso.

Solo entonces recordó aquel colgante de cuarzo que ahora llevaba con él a todos lados, y que en su viaje había mantenido consigo como una forma de sentirse conectado con ella.

Intentando calmarse un poco se internó en el bosque siendo uno de los últimos lugares donde no había revisado por ser bastante extenso, donde la piedra blanca poco a poco comenzó con su leve resonancia en su mano causando que se relajara un poco, aunque realmente volvería a respirar con normalidad una vez que la hubiera encontrado.

Ni siquiera se percató que ya el cielo estaba totalmente oscurecido hasta que llegó a un bello y amplio claro donde se encontraba un pequeño lago de agua casi cristalina dándole un aspecto fantasioso. Y todo pensamiento racional se fue escapando de su cabeza de a poco, como si estuviera cayendo en un trance, mientras caminaba ahora con pasos pausados conforme se acercaba más a la orilla, con sus ojos azules fijos en la pequeña silueta en medio del agua. Sintió como la tensión en sus músculos se iba al reconocer a la menuda mujer que se bañaba con tanta serenidad que parecía parte de la misma naturaleza, pero no paso demasiado tiempo cuando ella pareció notar su presencia, y con movimientos lentos y gráciles fue caminando lentamente a la orilla con el agua apenas llegando a su cintura.

Sin lugar a dudas para el demonio era una hermosa visión, su largo y glorioso cabello brillante, ahora suelto y húmedo era reflejado por la luz de la luna que solo hacia resaltar las gotas de agua que resbalaban por su piel dorada. No supo en que momento tragar se le había supuesto una tarea sumamente difícil, pero lo tenía simplemente hechizado con su lento andar y esos ojos exóticos que no dejaban de observarlo.

Se estremeció levemente en el instante en que sus finos y frescos dedos tocaron su rostro, apenas percatándose que ya se encontraba en frente de él.

—Por fin estas de vuelta —comentó Kaia en un suave susurro y una leve sonrisa dibujada en sus labios.

Él prácticamente se encontraba sin aliento sin poder dejar de mirarla, ella no parecía preocuparse en lo más mínimo su estado de desnudez, enfocando toda su atención en su persona. Y antes que nada la Pitonisa se colocó de puntillas al tiempo que lo atraía hacia abajo para poder unir sus labios en un beso que ambos habían estado esperando desde el día en el que el Santo Dorado tuvo que partir hacia aquella misión.

Defteros gruñó levemente ante el sabor de sus labios, olvidándose por un segundo todo lo demás que no sea en su boca cálida que le daba gratamente la bienvenida... Sintió que abrazaba su cuello para aproximarlo aún más a su femenino cuerpo, mientras que él rodeaba su estrecha cintura sintiendo con las yemas de los dedos su piel fresca por el agua y tan suave que no importa que la Cloth se interpusiera entre ellos, igualmente logró arrancarle otro estremecimiento y mucho más fuerte que el anterior. El beso se prolongó todo lo que la capacidad de sus pulmones les permitió a ambos, separándose a duras penas para tomar un pequeño respiro mirándose a los ojos viéndose reflejado en la mirada del otro.

—Me alegra haber regresado —murmuró él con voz ronca sin intensión de apartarla, importándole muy poco que la había alzado y sus pies ya no tocaba el suelo, uniendo su frente a la de ella tras soltar un profundo suspiro sintiéndose nuevamente completo otra vez.

Tras disfrutar unos segundos más de esa manera, el Geminiano se permitió observar sus ojos exóticos nuevamente tras fruncir el ceño ante cierto tema.

—¿Por qué no te encontrabas en el Santuario? —preguntó con un leve matiz de preocupación en su tono.

La Pitonisa simplemente se encogió de hombros restándole importancia al asunto.

—Estar aquí era una manera de relajarme ante tu ausencia, dado que tu aroma estaba muy arraigado en el Santuario y solo comenzaba a desesperarme —comentó ella negando con suavidad, porque su parte Direwolf había reconocido aquel hombre como su pareja, y al no estar a su alrededor le causaba ansiedad de cierta forma.

Él no pudo refutarle nada, puesto que otorgarle semejante susto a no encontrarla no era su culpa, no lo hizo a propósito, solo buscaba la manera de sobrellevar su distanciamiento.

—Es bueno saber que estar aquí te ha ayudado —dijo inclinándose un poco para dejar que ella volviera a tocar el suelo con sus pies, y posteriormente se quitó la capa blanca para protegerla del fresco de la noche.

Además que verla de esa manera le alteraba lo sentidos, si era honesto consigo mismo.

—Eso y pensar que volverías a mí me tranquilizaba —Kaia murmuró posando sus manos en su pecho y colocándose nuevamente de puntillas buscó nuevamente el contacto de sus labios.

Lo cual él no le hizo esperar demasiado con otro beso igual o más abrazador que el anterior, pero este prologándose por mucho más tiempo, explorando el interior de sus bocas con todo ese anhelo acumulado de tantos días. Sin embargo, mientras el beso se incrementaba en intensidad y sus pequeñas manos se aferraban a su cuello, Defteros no pudo evitar recordar en ese preciso instante que su cuerpo desnudo estaba presionando el suyo, y ni la armadura de por medio podía evitar que sintiera el calor que transmitía o siquiera impedir que su propia imaginación volara hacia un terreno peligroso.

Sobre todo, cuando su fragancia femenina comenzó a flotar a su alrededor, sus propios dedos acariciaban su piel, ansiando poder tocar más, con la frustración de la Cloth que le hacía sentir cada vez más cuando sus besos húmedos y calientes comenzaron hacerse insuficientes, puesto que deseaba probar más.

Mucho más allá de sus carnosos labios…

Entonces decidió que era el momento de apartarse, sentía que una parte de él estaba a una distancia considerable a perder el control, por eso mismo debía de retroceder un par de pasos y mantener la calma. Y una vez que respiró hondo aun con su corazón acelerado por el rumbo de sus sentimientos, pudo notar como Kaia lo estaba observando repentinamente con demasiado detalle, con su mirada bicolor estrechándose levemente.

—¿Qué sucede? —preguntó con el ceño levemente fruncido.

Ella ladeó levemente la cabeza reacia a separarse demasiado.

—Huelo algo diferente…

El ceño del Geminiano se frunció un poco más.

—No sé a qué te puedes estar refiriendo.

Sus ojos exóticos se cerraron, y acercando lentamente su nariz a su cuello donde su pulso latía fuerte y rápido. Un escalofrió le recorrió de pies a cabeza y tuvo que obligarse apretar los puños con fuerza cuando sintió su nariz rozar su piel morena, percibiendo como aspiraba profundamente su aroma hasta que sus pulmones estaban completamente llenos.

—No sé qué es exactamente, pero me atrae —su dulce voz sonó levemente más enronquecida.

Y él tenso la mandíbula, subiendo su mano y enredando su mano en la cabellera oscura para sostenerla y apartarla un poco en el momento en que sintió su tibia y húmeda lengua rozar su cuello.

Lo mismo fue como un relámpago de placer que lo atravesó por completo.

—Kaia… —él se contuvo para no gruñir, sosteniendo con su mano libre su hombro apretando sin querer la tela blanca de la capa con demasiada fuerza. Notando que seguramente lo que ella había olfateada era su propia y creciente excitación que le provocaba sus labios y el pensamiento constante de que estaba desnuda ante él—No hagas eso —murmuró confundido por su repentina intensidad.

Ella pareció obedecer, no obstante, su mira seguía siendo curiosidad y un poco más brillante de lo usual alzando un poco la barbilla antes de volver hablar.

—¿Esto es lo que llaman los seres humanos deseo?

Él no supo cómo tomarse aquella pregunta, tensando la mandíbula sin saber que contestarle exactamente.

—Mientras estábamos en Delfos escuche decir a las otras Pitonisas que algunas decidían irse al encontrar el amor —comenzó a decir recordando aquella que había sido como una segunda madre para ella y su hermana—Mientras que otras se marchaban por aventurarse más allá, dejándose llevar por el placer carnal con aquellos que creían dignos. Y debo de admitir que a su momento no comprendí demasiado bien, pero ahora creo saberlo finalmente —murmuró, su mirada cayendo levemente meditando muy bien sus palabras antes de volver hablar—Eso mismo deseo yo en estos momentos.

Defteros se quedó incrédulo, viendo fijamente aquellos ojos que por todo ese tiempo le habían robado mucho más que su corazón y pensamientos, y que en ese instante había algo más brillando que aceleraba y quemaba su pulso.

Pero aun así que una gran oportunidad se le estaba presentando en bandeja de plata, y por más que él mismo deseara completamente aquella mujer no podía hacerlo.

—No creo que eso sea sensato, Kaia —negó esté tomándola suavemente de los brazos para apartarla un poco suponiendo un gran esfuerzo para él; cuando en realidad quería estrecharla y fundirse con ella de todas las maneras posibles.

La expresión de confusión de parte de la Pitonisa fue limpia.

—Yo… pensé que desearías lo mismo —murmuró pensando que quizás por alguna extraña y loca razón su olfato la había engañado, o tal vez se había confundido de sentimiento… si bien, aún estaba aprendiendo—Perdona… quizás me equivoque…

Él negó lentamente interrumpiendo sus palabras y al mismo tiempo sintiendo la tensión en su cuerpo.

—Más que un deseo es… —el hombre de piel morena apretó los dientes sin saber cómo decirle lo que pensaba sin que sonara tan patético y miserable por su parte—No quiero… mancillarte de esa manera —logró decir a duras penas sintiendo desprecio por sí mismo. Siempre había sido tratado como el segundo, como un ser humano que ni siquiera debía haber existido, apartado de todo lo demás por estar maldito, causando repulsión a donde quiera que fuera, y solo ganándose miradas de desprecio a todo aquel que fuera lo suficientemente insolente para verlo directamente, porque... incluso otros ni siquiera querían posar sus ojos en él para no ensuciarse la vista con su sola presencia.

No tenía ningún derecho si quiera de tocarla.

Cerró lentamente sus ojos al sentir como sus delicadas manos acariciaban su rostro hasta acunarlo entre ellas, entonces él también subió sus propias manos cubriendo las suyas, con ese peso en su pecho que comenzaba hacerse doloroso de vez en cuando, porque sentía que no merecía tener a alguien como ella en su vida.

—No vas a mancillarme, Defteros —murmuró Kaia con una sonrisa gentil, viendo las turbulentas emociones reflejado en sus ojos azules cuando finalmente los abrió para mirarla.

—Eres una Pitonisa… tienes que permanecer pura.

La mujer negó lentamente con su sonrisa ampliándose un poco más.

—Eso es un gran mito de los humanos —reveló con un leve encogimiento de hombros—Erróneamente ellos pensaban que al compartir en cuerpo y alma quedamos manchadas para siempre despojándonos de nuestro título —comentó acariciando su piel morena con sus pulgares—El acto carnal es lo más natural que existe, no solo entre las personas sino también en los animales. La única forma que podamos dejar de ser Pitonisas es si nosotras mismas así lo decidimos —para ella no pasó desapercibida el brillo de sorpresa reflejado en su mirada profunda—Yo no dejare de serlo mientras mi hermana sea la Oráculo, pero eso no implica que no puedo estar con el hombre que le pertenece mis sentimientos.

Defteros no sabía que decir ante esa nueva revelación, aunque una gran parte de él seguía insistiendo que la idea de solo tocarla era un insulto para ella… teniendo un pasado como el suyo que a pesar del tiempo lo seguía persiguiendo de vez en cuando.

Apretó suavemente sus manos entre las suyas con afecto e indecisión.

—Kaia, no creo que yo…

Entonces ella lo calló suavemente posando un dedo encima de sus labios.

—Las otras personas no definen quien eres, solo tú puedes hacerlo. Y me encargare, si me lo permites, de cuidar ese corazón que tanto los humanos crueles maltrataron por una profecía mal interpretada—dijo la Pitonisa con firmeza y decisión, al mismo tiempo que deslizaba una de sus manos hacia abajo en su pecho, encima de los latidos fuertes de su corazón.

Sin palabras, así es como ella lo dejaba.

Y no pudo controlar más el impulso de inclinarte y tomar su boca en largo y picante beso que pretendía de esa manera demostrarle lo que le hacía sentir. Degustando sus labios de melocotón que cada vez más se volvía a dicto a ellos, mientras que la menuda mujer correspondía con el mismo ímpetu, entregándose sin ningún tipo de reservas. Ahora enterrando sus dedos en su cabellera azulada para aferrarse a él, al tiempo que devoraba su boca, percibiendo como sus fuertes manos descendía hacia sus caderas brindándole sensaciones placenteras y que casi le arrancaban un suspiro.

Él se apartó por un momento de sus labios, pero, aun así, estando tan cerca que sus narices se rozaban.

—Géminis… —comenzó a decir con voz levemente más ronca—Regresa al Templo.

Tras decir aquellas palabras, la Cloth de Oro se desprendió de su cuerpo en un destello, y en un haz de luz Dorada obedeció a su portador volviendo a donde pertenecía como una estrella fugaz en el firmamento del cielo nocturno.

Pero ellos apenas eran conscientes de eso, porque en seguida Defteros volvió a capturar sus labios, conteniendo al mismo tiempo un bajo gruñido al sentir como su femenino cuerpo se pegaba al suyo amoldándose casi perfectamente. Pasó sus manos por detrás de su espalda, estremeciéndose al sentir toda esa piel tersa y suave a la altura del pecho y abdomen donde la tela no estaba de por medio, puesto que al estar sin la armadura se había quedado con su vestimenta usual, lo cual consistían solamente en los pantalones de cuero, su calzado y aquellas vendas que pronto se deshizo.

Los labios de él abandonaron su boca para descender por su delgado cuello, sintiendo que su perfume a melocotón lo estaba emborrachando rápidamente junto con todas esas gratas sensaciones. Kaia se aferró a sus fuertes hombros, mientras ladeaba su cabeza para darle todo el acceso a su cuello que quisiese, soltando leves suspiros de gusto al sentir esos suaves y tibios besos en esa zona tan sensible para ella, al tiempo que un curioso cosquilleo comenzó alojarse en su vientre y en la zona aún más baja a esta. El agarre en su cintura se estrechó aún más, apreciando lo duro y másico que era su cuerpo masculino contra el suyo, pero que al mismo tiempo la trataba con suma delicadeza y cuidado.

Entonces ella se aventuró también, con sus dedos explorando toda esa espalda ancha y desnuda, todo lo que sus manos pudieran abarcar. Sintiendo esa piel caliente, aquellos músculos tensarse levemente con cada movimiento, y escuchando los vagos sonidos parecidos a gruñidos que él dejaba escapar, aunque a esas alturas no estaba segura si lo estaba confundiendo con los suyos.

Una leve mordida en la unión de su cuello con el hombro le arrancó un suspiro mucho más profundo, arqueando levemente su espalda encantada con esa sensación, pero al mismo tiempo una parte de ella, la más animal, comenzaba a desesperarse queriendo que la tocara en todas partes, y aliviara de cierta manera aquella creciente necesidad que tenía por él.

En un momento el Geminiano la tomó más firmemente por la cadera y la nuca, para girar levemente e inclinarse en el suelo aprovechando que la capa blanca de la Cloth seguía presente encima de sus hombros, tomando ventaja la recostó finalmente encima de esta con la hierba debajo como un leve acolchado. Y ya posicionado arriba de su pequeño cuerpo vio como esos ojos exóticos transmitían cariño y un deseo tan intenso que no le extrañaría que los suyos se hubieran oscurecido también, deleitado como su largo y ondulado cabello enmarcaba su bella figura que solo causaba que sintiera más ansias por ella, ya sintiendo su propia erección presa en sus pantalones de cuero. Las manos de Kaia volvieron acunar su rostro moreno para arrastrarlo nuevamente hacia sus labios y continuar aquel beso que no hacía más que volverse apasionado a cada segundo.

Defteros estando hambriento y dejándose llevar completamente dejando sus inseguridades de lado, sus dedos bajaron por el contorno de su tentadora silueta, al mismo tiempo que lo hacían sus propios labios descendiendo nuevamente por su cuello, pero atreviéndose a ir mucho más allá, decidido probarla e intentando tomarse su tiempo, aunque las reacciones de ella con sus pequeños suspiros junto con uno que otro gemido le estaba costando bastante el esfuerzo.

Sus colmillos levemente arañaron a propósito la piel delicada de su clavícula sintiendo su leve estremecimiento de su parte. Y al llegar un poco más abajo no pudo evitar apartarse solo un poco para observar la belleza de su piel dorada, y completamente embelesado tomó uno de esos gruesos mechones sedosos de color castaño oscuro que casi siempre había ocultado parte de su cuerpo y lo retiró hacia un lado repitiendo la misma acción con el otro, quedando finalmente maravillado por la visión que estaba ante él… sus senos eran pequeños, pero que para él se le antojaban perfectos, teniendo una forma casi perfectamente redondeada y de pezones color canela, y que en ese momento estaban semi erectos.

La fuerza e intensidad de aquella mirada azul profunda, mientras la observaba de esa manera causó que se mordisqueará el labio inferior, empezando a sentir como la afectaba de una forma mucho más placentera.

—Defteros… —Kaia murmuró, repentinamente percatándose del latido fuerte de su propio corazón.

Su voz sonando un poco más tersa solo lo incentivó a que la mirada directo los ojos con un apetito voraz y silencioso reflejado en ellos, antes de que bajara su boca a uno de esos pequeños botones de carne y atraparlo entre sus labios.

Ella dejó escapar un jadeo ante aquella sensación de su lengua caliente y húmeda rodeando su pezón, llevando impulsivamente una de sus manos a su cabellera azulada para enredar allí sus dedos, apretándolo al mismo tiempo más contra su pecho ante aquella exquisita sacudida que estaba atravesando su cuerpo inexperto bajo su boca hambrienta.

Sus cortos gemidos le hacían sentirse complacido, sintiendo como se retorcía bajo de él de una forma que lo estaba volviendo loco de deseo, y sin poder contenerse separó con cuidado sus piernas con su rodilla para poccionarse finalmente entre sus muslos, hacia aquel centro caliente. Gruñó ante la sensación de presionar su dura erección contra su carne blanda y húmeda sin importar la tela de su pantalón de por medio, escuchando el gemido más profundo que ella produjo, mientras que sentía como jalaba mechones de su cabello inconscientemente domada por todas esas fuertes emociones. Por puro instinto empezó a empujar contra ella en un pequeño bamboleo al tiempo que pasaba a probar el otro pezón, queriendo dejarlo duro y brillante como el otro, capturándolo esta vez suavemente entre sus dientes atento a cada una de sus reacciones, perdiéndose también en lo que eso provocada en él.

Sus pequeñas embestidas pasaron hacer un poco más fuertes, sintiendo como el demonio dentro de si quería liberarse y reclamarla finalmente, pero se contenía a duras penas, pensando constantemente que debía ser cuidadoso, puesto que aparte que no poseía experiencia más que confiar en su propio instinto, ella era virgen y menuda, por lo cual no quería lastimarla si no se controlaba adecuadamente.

—¡Defteros…!

Él tensó la mandíbula dejando su seno al escuchar gemir su nombre de esa manera, definitivamente se lo estaba haciendo malditamente difícil. Volvió a subir para tomar posesión de sus labios, agradablemente sorprendido cuando ella lo beso de una manera totalmente ansiosa, domada por el hambre salvaje que él había despertado.

Tenía que saber si estaba lista, se estaba volviendo realmente loco.

Dejó de presionar sus caderas para deslizar una mano hacia abajo, hacia el pequeño triangulo de rizos oscuros, sintiendo entre sus dedos por sí mismo lo caliente y mojada que se encontraba entre sus suaves pliegues.

El Geminiano se apartó bruscamente de sus labios, jadeando con agitación y cerrando los ojos con fuerza.

—Maldición —masculló casi en un ronco gruñido.

Inclinó su cabeza hasta que su frente sudorosa quedo apoyada en su hombro escuchando su respiración igual de agitada que la suya en su oído, mientras sentía sus brazos rodearle. Kaia impulsivamente elevó las caderas hacia arriba domada por ese desquiciante deseo de que la acariciara más, a ver si así aliviaba ese delicioso tormento.

—Tócame, Defteros… estoy… —se detuvo para morderse el labio inferior ante el pulso frenéticamente acelerado—Estoy… comenzando a perder la cordura.

El Geminiano gruñó como respuesta antes de hablar con voz ronca.

—Entonces somos dos.

Cumpliendo el deseo de ambos empezó a tantear el capullo de su flor, donde su néctar le facilitaba la tarea de separar esos pequeños labios inferiores, explorando y oyendo al mismo tiempo como la respiración de ella se volvía mucho más pesada y forzosa haciendo leves movimientos con sus caderas incentivándolo a seguir y no detenerse. Muy lentamente fue capaz de ingresar un dedo en ese resbaladizo e íntimo lugar ganándose un gemido más fuerte de la Pitonisa, estando más que deseoso de sentir esa funda caliente alrededor de su miembro que no hacía más que palpitar desesperado por fundirse en aquel fuego líquido.

Experimentó probar sacar sus dedos para volver a deslizarlos adentro disfrutando de la respuesta de su amada que solo le confirmaba que iba por buen camino a pesar de su inexperiencia. Agarrando algo más de confianza se atrevió a ser un poco más insistente, aumentando un poco más la velocidad, y con ello los gemidos y suspiros de Kaia. Y cuando estos aumentaron progresivamente de volumen, decidió agregar un segundo dedo, lo cual le hizo sentir como ella clavaba las uñas en su espalda, por lo que en su momento lo asustó pensando que la había lastimado, pero casi enseguida ella gimió su nombre con más fuerza arqueando su espalda aplastando sus pequeños senos desnudos contra él en una maravillosa sensación.

Él giró un poco su rostro buscando su cuello para murmurarle antes de darle una pequeña mordida.

—Sé que estas cerca, Kaia, puedo sentirlo —intentó intensificar las sensaciones de ella apoyando su codo en el suelo para que no le cayera todo su peso, y así posar su mano libre en uno de sus pechos apretándolo suavemente y frotando el pezón en su palma sin dejar de deslizar sus dos dedos de su apretado interior.

Y fue allí donde un millar de emociones explotaron para ella, un placer nunca antes conocido barrió su cuerpo con pequeños espasmos, mientras se mordía el labio inferior con fuerza para no gritar, o en tal caso, aullar de placer, clavando al mismo tiempo sus uñas en su maciza espalda, dejando que esas sensaciones la llevaran complemente a tocar lo que parecían ser las estrellas.

Para Defteros sentir los temblores insistentes en el cuerpo de ella fue como llenarlo de satisfacción al tener el conocimiento que logró llevarla a la cima. A pesar de la tensión que sentía en sus músculos por estar conteniéndose durante mucho tiempo consiguió apartarse solo lo suficiente como para observar la maravillosa visión que la joven mujer le otorgaba, sus parpados estaban levemente caídos con la respiración aun agitada, turbada con la neblina de placer aun aferrada a ella, y en su piel dorada podía notarse un ligero rubor que no solamente cubría sus mejillas, sino también el resto de su femenino cuerpo.

Era una imagen de ella que difícilmente podría olvidar jamás.

Tragó hondo al mismo tiempo que apretada los dientes con fuerza, puesto que su sola visión solo lo empujaba más a perder la cabeza.

Entonces Kaia formó una dulce sonrisa en sus labios, y aun un poco aturdida subió sus manos para rodear su cuello.

—Creo estar preparada para recibirte —le dijo entre leves jadeos, sintiendo los vestigios de esa exquisita sensación que nunca antes había experimentado.

Él gruñó una vez más haciendo una ligera mueca, puesto que estaba más que decir que hasta ya se encontraba adolorido, pero solo ver su menudo tamaño comparado con que era considerado uno de los más alto entre los Caballeros le daba un poco de temor, queriendo tener la misma seguridad que la Pitonisa le demostraba.

—Kaia…

Su negativa quedó atrapada en su garganta cuando ella lo haló hacia abajo para arrebatarle un lento y ardiente beso que solo incentivaba las llamas de la pasión que sentía.

—Se lo que sigue, Defteros… —murmuró contra sus masculinos labios sintiendo su aliento caliente contra su piel—No tienes por qué preocuparte por mí, esto es lo más natural que existe y lo acepto totalmente.

—No deseo que sientas dolor —refutó él a su vez con el ceño fruncido en concentración y su frente perlada en sudor por el esfuerzo enorme que está siendo sometido.

Ella no dijo nada respecto a eso, solo se encargó de tomar su mano grande y la arrastró hacia abajo, allí donde su núcleo caliente lo esperaba, él se tensó mucho más al sentir como estaba aún más húmeda que antes, producto de su orgasmo anterior. El Geminiano veía fijamente sus ojos extravagantes, y la forma en que mordía levemente su labio inferior conteniendo un suspiro ante la sensación de ser tocada de nuevo en esa área que se había vuelto aún más sensible.

—Tómame, daimónio… tómame y hazme sentir que te pertenezco en todos los sentidos posibles.

Eso fue suficiente para él, que con un leve gruñido pobremente contenido rompió su autocontrol. La besó ese instante con un anhelo y desesperación tan grande que le arrebató a la mujer un leve gemido de sorpresa, sintiendo como el demonio en él tomaba el control de la situación, mientras en algún momento se deshacía del resto de sus prendas deseoso de entregarse en cuerpo y alma también con la única mujer que amaba febrilmente.

Sus cuerpos se ajustaron y amoldaron como dos piezas perfectas, su erección ya liberada presionando su muslo interno prácticamente palpitando ante la anticipación, sin dejar de devorar sus labios con hambre insaciable pretendiendo distraerla lo más posible de lo que vendría a continuación.

Entonces Kaia alzó un poco más sus caderas incitándolo inconscientemente, y sin separarse de su boca él guio su duro miembro a su entrada húmeda, donde fue entrando de a poco haciendo aplomo de cada gota de autocontrol para no arremeter en una sola estocada ante la sensación increíblemente placentera de esa funda resbaladiza, más semejante a una seda caliente. Contuvo un gruñido al sentir como llegaba al tope al mismo tiempo que ella se aferraba aún más a su cuerpo, con un bajo gemido retumbando en su garganta reacio también abandonar sus labios, ignoraba completamente si el hecho de sentir como clavaba las uñas con fuerza en sus hombros era por dolor o solo por la intensidad del momento, decidió que lo mejor sería aguantarse de esa manera hasta que sus paredes internas se acostumbraran a él, aunque eso lo volviera loco en el proceso.

Después de unos segundos, ella finalmente se separó de sus labios para respirar temblorosamente, percibiendo como se adaptaba, al tiempo que ese leve dolor, muy semejante a un fuerte pellizco menguaba progresivamente. Dejó de calvar sus uñas para recorrer nuevamente su amplia espalda, sintiendo la fina capa de sudor y aquellos músculos que permanecían tensos, y sonrió levemente al escucharle murmurar en su oído una palabra de amor con esa voz enronquecida y profunda.

Defteros comenzó a moverse únicamente cuando la sintió relajarse un poco entre sus brazos, allí fue donde el verdadero placer empezó a dar rienda suelta. Deslizarse fuera y dentro de su carne caliente y apretada era algo simplemente indescriptible, al punto que ya no podía controlarse cuando sus embestidas agarraron velocidad e impulso, con ella de bajo ya gimiendo nuevamente su nombre intentando seguirle el ritmo moviendo sus femeninas caderas en su encuentro.

—Kaia… —su nombre salió de sus labios más como un gemido ronco, recorriendo con su mano lo largo de su pierna que se había enroscado en sus caderas rodeándolo deliciosamente acercándolo más con cada empuje que solo aumentaba en intensidad.

Bajó sus labios hacia su cuello una vez que ella le dio acceso total al echar ligeramente la cabeza hacia atrás, sintiendo nuevamente como sus uñas mordían rudamente su espalda, pero muy lejos de causarle dolor solo acentuaba el placer que lo estaba dominando casi por completo, amenazándolo a lanzarlo de un precipicio. Las estocadas pasaron hacer cada vez más rápidas y profundas ya con el Geminiano prácticamente aferrándose a sus caderas y elevándola un poco, con su nariz enterrada en la curva entre su cuello y hombro embriagándose con su dulce aroma al igual que los sonidos que brotaban de sus suaves labios. Kaia suplicó, suplicó ante ese mar de pasión y placer que la estaba devorando siendo aún más fuerte que la vez anterior, con esa sensación de fogosidad como si estuviera ardiendo con él, sintiendo ese poderoso cuerpo encima del suyo embistiéndola con fuerza y casi sin delicadeza, como si hubiese dejado su humanidad mucho tiempo atrás siendo totalmente el demonio que tomara posesión de su cuerpo.

Antes de que se diera cuenta aulló de placer en el instante en que todo explotó en luces brillantes, casi al mismo tiempo que sintió como el rugía con fuerza en su oído tras el último empujón llenándola completamente con su semilla caliente.

Regresar a la normalidad después de tan fogoso momento, rodeados de un silencio muy lejos de ser incómodo. Sus latidos erráticos volvieron a su ritmo al igual que sus respiraciones, Defteros sintiendo ahora una pesadez relajante por todo su ser apenas fue capaz de quitarse de encima de ella para evitar aplastarla con su peso, pero rodeando su cintura la arrastró con él hasta que la mejilla de Kaia quedó encima de su pecho, casi al instante ella se acurrucó a su lado, mientras que el Geminiano tomaba una profunda respiración sintiéndose realmente en paz, notando que las palabras simplemente sobraban…

Dejó de observar las estrellas en ese cielo nocturno para posar sus ojos en ella y decirle que debían de regresar al Santuario, pero calló lo que tenía que decirle al ver su respiración acompasada y tranquila, se había quedado dormida.

Entonces medito sus posibilidades, estar de aquella manera con Kaia fue suficiente para decirse a sí mismo que podían irse más tarde, porque estar así, con ella, la naturaleza rodeándolo junto con esos sonidos nocturnos le brindaba una armonía que no deseaba que se acabara nunca.

Y con la decisión ya tomada estiró su mano para alcanzar el borde de la capa blanca de su capa, y tirar un extremo para llegar a cubrirla, afortunadamente siendo una tela bastante grande para eso. Inclinó levemente su rostro para posar sus labios en esa abundante cabellera castaña oscura, con sus dedos acariciando dulcemente su cintura, mientras finalmente se dejaba llevar por el sueño, dispuesto a descansar un rato antes de marcharse.

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Frunció levemente el ceño ante la claridad que lo comenzó a perturbar y que obligó a que abriera los ojos, gruñó suavemente algo aturdido incorporándose en sus codos al tiempo que su vista se acostumbraba.

Lo primero que notó fue que aparentemente acababa de amanecer, y lo segundo, que se encontraba solo. Confundido, observó a su lado buscando algún rastro de su compañera, pero con lo unció que se topó fue una perturbadora mancha roja en la tela que lo hizo empalidecer un poco, suponiendo rápidamente de donde provenía ese liquido carmesí. Con algo de frenesí se puso de pie observando con atención hacia donde se pudo haber ido la Pitonisa, sin embargo, no tardó en dar con ella al encontrarla nuevamente en aquel lago.

Kaia no se inmutó al percibir como unos fuertes brazos la rodearon por detrás con delicadeza, al tiempo que sentía un suave y tibio beso posarse en su hombro. Sonrió levemente antes de girarse entre sus brazos viendo aquella mirada azul marina, notando también como él había decidido ingresar al agua sin siquiera molestarse en ponerse alguna prenda de ropa al igual que ella. El agua le llegaba por la cintura, pero a Defteros apenas y llegaba hasta sus caderas, pero a este no parecía importarle, porque toda su atención estaba puesta en su persona.

—Y yo que pensé que regresaríamos antes del amanecer —le dijo con suavidad, aunque se sentía muy lejos de estar inquieto por su ausencia en el Santuario—Pero en este momento no me importaría quedarme aquí por el resto de la vida —murmuró abrazando su estrecha cintura al tiempo que observaba atentamente sus ojos bicolores.

La Pitonisa ladeó ligeramente su rostro, con una media sonrisa posando ambas manos en su pecho amplio y moreno.

—Estabas durmiendo muy pacíficamente, no quise despertarte —dijo acariciando levemente su piel—Era lo que necesitabas.

Él asintió, porque no recordaba la última vez que había tenido un sueño tan tranquilo desde que había regresado a la vida. Había caído como un peso muerto sin siquiera ser consiente el momento en que ella se despertó y se marchó de su lado.

Esa mujer definitivamente podía hacer milagros.

—¿Cómo te sientes? —Defteros preguntó con una ligera mueca al recordar la mancha de sangre en la tela blanca.

—Perfectamente —respondió ella notando su preocupación—Solo sentí deseos de refrescarme un poco mientras dormías —realmente sentía una extraña sensación entre sus piernas, una cierta incomodidad, pero era completamente normal y no veía la razón de decirle, no quería que se alarmara por una cosa tan insignificante como esa.

Sin embargo, el ceño del hombre de tez morena se frunció sin creerle demasiado.

—Pero… había una importante cantidad de sangre —murmuró un tanto incómodo por el recuerdo. Sin soportar el hecho de la gran posibilidad de haberla lastimado de más.

Kaia negó con suavidad ante el ligero tono de alarma en su profunda voz.

—Te había dicho que es completamente natural… ya estaba preparada para eso.

El Geminiano frunció aún más el ceño viéndola fijamente, luego al pasarle un pensamiento por la mente no pudo evitar arquear levemente una ceja.

—¿Tuviste una visión?

La sonrisa de la Pitonisa solo se amplió un poco más al tiempo que asentía.

—Hace unas semanas —comentó memorando aquellas imágenes que la había sorprendido en primer lugar, donde esos besos ardientes llevaron a una unión mucho más pasional e íntima—Por eso decidí que era sensato saber un poco más sobre la unión entre un hombre y una mujer —honestamente, la búsqueda de información la había conducido a preguntarle a la pequeña compañera del Santo de Virgo, con la cual había establecido una buena relación de amistad durante esos meses, no obstante, la Vestal pelirroja enrojeció completamente al pedirle si podía explicarle el acto sexual. La muchacha entre balbuceos no pudo ni siquiera darle ningún concejo, puesto que el tema le apenaba demasiado, sobre todo cuando el Caballero de rubio cabello y ojos azul lavanda paso cerca de allí…

Por lo cual, acudió a otra joven con quien también se había relacionado, más específicamente la esposa del Guardián del Onceavo Templo. Fluorite resultó ser una joven encantadora que tras sorprenderse por su pregunta un tanto personal, no le molestó en lo absoluto prestar su ayuda con una gran sonrisa en el rostro, solo con un ligero rubor en su piel pálida.

Entonces él la sacó de sus recuerdos al hablar.

—Debí imaginármelo —Defteros comentó con una media sonrisa después de negar suavemente con la cabeza, porque a esas alturas ya se había acostumbrado a sus poderes de Pitonisa.

Sin embargo, en ese instante no pudo evitar sentir esa familiar y cálida emoción crecer en su pecho, haciéndose cada vez más grande conforme compartía su vida con ella… y saber cómo se había estado preparando todo ese tiempo, solo para hacer su unión con él mucho más especial, simplemente lo dejaba sin palabras. Subió una de sus manos hacia su mejilla acariciando con dedos gentiles la suavidad de su piel dorada, y Kaia a gusto con su demostración de afecto solo se apoyó a un más a su contacto, mientras se miraban fijamente a los ojos con bastante intensidad y silencioso amor.

Entonces, despacio la abrazo hundiendo su nariz cerca de su cuello para oler su perfume natural, con la agradable sensación de sus pequeñas manos rodeándolo también, acariciando al mismo tiempo su piel desnuda provocándole ciertos escalofríos, siendo consciente de su cuerpo desnudo al igual que el suyo, sintiéndolo como lo más natural del mundo, algo intimo que solo aumento la conexión entre ambos a un nivel único.

—Te amo —Defteros le murmuró con suavidad, al tiempo que la apretaba solo un poco más contra él.

Kaia sonrió cerrando sus ojos para dejar también que su aroma la envolviera por completó, embriagándola levemente al tiempo que contestaba.

—Yo también te amo —dijo sintiendo la calidez y dureza de su cuerpo más grande y fornido, pero que la trataba con suma delicadeza—Eres y siempre serás lo que me complementa, Defteros.

El Geminiano dejó salir lentamente el aire de sus pulmones al escuchar sus palabras, sintiendo el leve estremecimiento de su femenino cuerpo ante la sensación de su aliento chocar con la piel sensible de su cuello, y él sin poder evitar abrazarla solo un poco más fuerte. Jamás se cansaría de oír esas palabras provenientes de ella o verla expresarlas con gestos y acciones, porque era como un bálsamo que cubría su alma y la entibiaba.

Si… quizás se quedara un poco más con ella en ese lugar después de todo.

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Esa misma tarde, Kaia deambulaba habitualmente por el Santuario, puesto que ahora se sentía mucho más tranquila al saber que finalmente él estaba en su hogar. Lo había dejado descansando en el Templo de Géminis, porque a pesar que durmió bien, aún tenía vestigios de cansancio sobre su largo y exhaustivo viaje en una tierra desconocida y calurosa. La verdad fue difícil convencerlo de que lo hiciera, una vez que ambos hubieran regresado ella notó sus facciones relajadas, pero algo agotadas, así que pensó que era lo que más necesitaba en aquel momento. Defteros estuvo reacio a dejarla, porque, aunque no lo dijera en voz alta conocía ese brillo de preocupación en su mirada, no importase las veces que le dijera que se encontraba bien, él simplemente velaba por su bienestar por sobre todo lo demás.

Finalmente se despidió con la promesa de que regresaría, y si gustaba reposaría juntos para que ella también descansara un poco después de esa noche pasional, puesto que ciertamente sentía una ligera incomodidad en sus partes bajas y también algo de dolor en sus músculos, pero nada que un poco de descanso no aliviara... Sin embargo, muy a pesar que le apetecía mucho refugiarse nuevamente entre sus brazos y cerrar los ojos escuchando únicamente los latidos de su corazón rodeada de su aroma a cuero y almizcle, sabía que tenía que ocuparse de algo primero… por esa razón estaba rondando el lugar, esperando que el destino hiciera lo suyo para toparse con ese alguien para darle aquel nuevo mensaje de la naturaleza que había recibido momentos después de despertar esa mañana.

Sus pies descalzos la llevaron a ir a la escalera donde la conduciría al comienzo de las Casas Zodiacales, sintiendo una total tranquilidad y esa sensación de felicidad en su interior.

No obstante, sus pacíficos pensamientos fueron interrumpidos por unos pasos apresurados que estaban siendo acompañados por oraciones lanzadas en el aire. Kaia detuvo su andar para observar con curiosidad a la voluptuosa mujer de largo y negro cabello que descendía pisando fuertemente los escalones claramente enojada, con sus ojos verdes echando chispas, y que paso por su lado sin reparar en su presencia, muy inmersa en sus propios pensamientos y al tiempo que hablaba para sí misma.

—Hombres, un poco más imbéciles y no nacen.

Kaia ladeó levemente la cabeza estrechando los ojos aun viendo a la mujer de exótica vestimenta de rojo y amarillo.

Oh, entonces era ella.

Girándose por completo comenzó a bajar también para seguirla tranquilamente sin poder evitar escuchar su parloteo, mezclando palabras en otro idioma que ella no podía reconocer tan fácilmente a pesar que tenía un amplio conocimiento en ese aspecto por su posición como Pitonisa Mayor.

Después de unos pocos minutos la alta y hermosa mujer detuvo finalmente sus pasos, mientras resoplaba y posaba sus manos en sus caderas, viendo su entorno como si tratara de tranquilizar un poco su mal temperamento.

—En cinco lunas un gran suceso ocurrirá, y por el bien de tu familia una importante decisión deberás tomar.

Eso sin dudas llamó la atención de la otra femenina, que miro a la Pitonisa como si recién hubiera reparado en su presencia, estando a tan solo un par de pasos de distancia. Ella frunció levemente el ceño antes de cruzarse de brazos y ladear un poco la cabeza al tiempo que la examinaba.

—¿Es una predicción o algo así? —preguntó arqueando levemente una ceja oscura.

Kaia solo asintió con suavidad viendo atentamente esos ojos verdes, ya se había acostumbrado un poco a verla de vez en cuando después de esa gran boda de hacías unos meses, puesto que ahora visitaba Grecia un poco más a menudo a pesar que el viaje era bastante largo. Ciertamente ella era una mujer con un gran carácter y poder, su sola presencia instaba a que su Direwolf inclinara la cabeza con respeto absoluto, sin embargo, la latina había demostrado ser muy amable y sociable con todos los del Santuario, aunque cierto personaje la sacara de sus casillas con su apasionado carácter y sus ganas de meterse en problemas por una u otra razón.

—Entonces creo que es mucho pedir que seas un poco más específica —habló nuevamente la femenina de abundante cabello negro, ya familiarizada con los rumores de las visiones de la Pitonisa y la Oráculo que allí residían.

La Pitonisa se encogió un poco de hombros, mientras negaba.

—Solo me encargo de dar el mensaje que me ha susurrado la naturaleza —y a veces podía ver vestigios de una visión junto a dicho mensaje, pero dada la poderosa descendencia de aquella mujer era como un velo negro que no le permitía ver.

La otra suspiró pesadamente, al tiempo que también se encogía de hombros.

—Bueno ni modo que hacer, pero igual te lo agradezco —le dijo con una sonrisa encantadora—Supongo que lo tomare en cuenta cuando regrese a mi país —su sonrisa murió rápidamente, mientras sus ojos se posaron allá a lo lejos donde apenas podía divisarse la Séptima Casa Zodiacal—Porque no pienso quedarme ni un minuto más aquí con ese hombre estúpido —dijo alzando la nariz con orgullo, y su semblante cambiando nuevamente al enojo.

Kaia parpadeó un par de veces ante su drástico cambio de humor, y sin siquiera darle tiempo a preguntar su acompañante continuó.

—¿Cómo es posible? Le he dicho mil veces que no es un no, pero el muy idiota insiste —bufó enojada mirando a Kaia como si pudiera comprender perfectamente lo que decía—Hay hombres tercos, pero este lo supera por mucho.

—¿Algún problema? —aunque la respuesta era bastante obvia al parecer, la de ojos exóticos indagó por pura curiosidad.

—¿Tu no los tiene con el grandote moreno? —preguntó a su vez la mujer enarcando nuevamente una ceja.

Kaia frunció el ceño, tratando de comprender el significado de "problemas", pero analizando el comportamiento de la latina hacia el Guardián del Séptimo Templo no hallo similitudes con su compañero.

—No lo creo —respondió finalmente.

—Pues no saben qué suerte tienen —dijo con su pie pisoteando el suelo con impaciencia—Honestamente me da un poco de envidia —dijo con un leve suspiro de cansancio por la situación, pero siendo sincera a la vez sin una pizca de malicia.

—¡Calvera!

Ambas mujeres volvieron sus rostros ante el grito exasperado que provino del joven hombre de cabello rebelde y ojos azul rojizos, que venía andando con paso firme causando que su Cloth Dorada hiciera eco a cada paso que daba, y una mueca de molestia se vislumbraba en su rostro y su ceño fruncido.

—Mujer, no puedes irte de esa manera, la conversación no había terminado —repuso el Escorpiano cuando se detuvo a una muy corta distancia de la latina.

Los ojos verdes de ella se estrecharon peligrosamente, al tiempo que dejaba de cruzar sus brazos para poner una mano en la cadera y la otra señalándolo acusadoramente.

—La discusión termino en el preciso instante en que comenzaste a comportarte como un idiota cabeza dura.

Kardia apretó los dientes para después chasquear la lengua con enojo.

—¿Terco yo? eres la que se niega a ver la realidad de las cosas, mira quien es la terca ahora, mujer —dijo inclinándose hacia delante también colocando los brazos en jarra.

—Me has estado repitiendo lo mismo por más de cinco benditos años, Kardia, hay un límite para todo —su dedo índice casi tocaba la nariz del Escorpiano, mientras que a este no le quedaba de otra más que echarse un poco para atrás—No nos vamos a quedar a vivir en Grecia, y no tienes ningún derecho a obligarme.

El Santo de Oro se quedó en su sitio sin querer demostrar que se sentía un poco intimidado por ella, e igualmente bufo con algo de irritación por sus ultimas palabras.

—¿Cómo qué no? Maldita sea, eres mi esposa, ¿ves cómo eres de testaruda?

Ese solo comentario fue como si un fósforo hubiera entrado en contacto con un monto de hojas secas, porque casi enseguida eso solo avivo la discusión a una feroces llamas.

Kaia observaba intrigada y sin comprender ese acalorado intercambio de palabras entre esos dos.

—Esto va para largo.

La Pitonisa parpadeó un poco notando ahora la nueva presencia a su lado como un niño de alrededor de unos siete u ocho años miraba también la escena, con sus brazos atrás de su cabeza de abundante cabello negro sujeto en una coleta alta, y sin ninguna expresión en su redondeado rostro como si ya estuviera habituado.

Aunque honestamente ella estaba impresionada de no haber detectado su presencia antes, ese chiquillo era especial.

—¿Son así a menudo? —ella preguntó sin entender como dos compañeros podían discutir de aquella manera.

El niño chasqueó la lengua encogiéndose de hombros con algo de aburrimiento.

—La mayor parte del tiempo, pero luego el viejo se las arregla para contentar a mama —dijo ahora posando su mirada en ella—Le sugiero que nos retiremos, esto puede terminar de dos maneras, y ninguna de ella me gusta —agregó dándose la vuelta para comenzar a caminar.

—¿Dos maneras? —murmuró intrigada siguiendo al chiquillo, puesto que le parecía curioso todo ese asunto, los humanos seguían pareciéndole un completo misterio en momentos como aquel.

El niño asintió, ambos comenzando a subir las Casas Zodiacales.

—La primera, donde siguen discutiendo un laaaaaargo rato más sin que ninguno de las dos ceda y terminan… comiéndose a besos babosos y asquerosos —murmuró con una mueca de repulsión mientras sacaba la lengua—O la segunda que es lo mismo, pero antes de tiempo.

Kaia sonrió levemente ante los exagerados gestos del chiquillo como si tuviera ganas de vomitar. Ciertamente era… interesante charlar con una criatura tan sincera y pura como aparentaba serlo él, se notaba que a pesar de todo era un niño con una enrome personalidad y gran carácter como el de sus padres.

Finalmente, al alcanzar a la Tercera Casa, la mujer de ojos exóticos pauso un poco sus pasos al llegar a su destino mientras que el infante solo se giró hacia ella.

—Nos vemos, señorita, yo voy a ir con el tío Degel, a ver qué tipo de información me puede dar para usarla contra mi viejo —dijo con una enorme sonrisa con sus ojitos verdes brillando con travesura pura.

Ella no dijo nada más que una sonrisa y una leve despedida, observando como él se marchaba con paso despreocupado mientras tarareaba alguna canción. Entonces suspiro levemente al darse cuenta que ya podía marcharse a descansar, sus pies la llevaron sin siquiera pensarlo demasiado a la habitación principal del Templo, y abriendo lenta y silenciosamente la puerta encontró al hombre de tez morena reposando plácidamente en esa amplia cama blanca. Se acercó silenciosamente sin poderlo evitar, admirando su rostro atractivo y pacifico al dormir, estando boca arriba con su largo cabello azul oscuro desparramado por las sabanas, y ese cuerpo tonificado apenas cubierto por aquellos pantalones de cuerpo que abrazaban los fuertes músculos de sus piernas tonificadas por el entrenamiento al igual que el resto de él.

Sin dudas era un imponente hombre, y verlo de aquella manera solo le daban ganas de protegerlo de todo mal con garras y dientes si hacía falta.

Y estaba más que dispuesta hacerlo.

—¿Terminaste lo que tenías que hacer?

Su rica voz profunda y ronca hizo temblar levemente su corazón, bajó la vista viendo ahora esos orbes azul marino que apenas estaban abiertos, pesados por la soñolienta. Entonces se percató que él había tomado su mano en algún momento mientras divagaba.

Ella asintió con suavidad.

—El mensaje ha sido otorgado exitosamente.

—Perfecto —Defteros gruñó levemente con aprobación antes de jalarla con delicadeza para arrastrarla a la cama junto con él para encerrarla entre sus brazos, mientras soltaba un profundo suspiro de gozo comenzándose a embriagar con su pequeño cuerpo cálido, más que dispuesto a que durmieran juntos.

Y Kaia no pudo hacer más que acurrucarse entre su calidez envuelta por su exquisito aroma sintiendo realmente la felicidad, al tiempo que el sueño comenzó a vencerla a ella también.

Era hora de descansar finalmente junto a su daimónio.

Continuara...


Wow... tantas cosas, primero se descubre que Asmita estaba consciente del embarazo de Shea antes que ella xD ¿Y de que boda estarán hablando...? 7u7

Segundo, ese ñiqui ñiqui todo zukulento jo jo jo, aunque tenia bastaaaaante tiempo que no hacia un lemon y tomando en cuenta la personalidad de ambos creo que quedo bastante decente(?)

Kaia saco provecho de las visiones xD aparte que explicamos un poco lo de la pureza de las Pitonisas desde otro punto de vista.

Y tercero, finalmente aparece Calvera, y vaya forma de hacerlo jaja debo decir que su historia con Kardia es un poco compleja :'3

Por ultimo, lamento decir que a partir de ahora los últimos capítulos se subirán cada dos semanas en vez de una por razones personales, aunque igualmente intentaremos mantener la pagina de facebook activa subiendo algunas cosillas relacionadas con la saga.

¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!

Pagina de Facebook: Sisters Of The Heart-SSTLC

¡Únanse, las esperamos!

Okami Akai