¡Saludos, lectores! lamentamos esta larga espera, pero deseamos de corazón que haya valido la pena, después de todo estamos cada vez mas cerca del final de esta historia :'3
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capítulo XI
"Benediction"
Grecia, Athena.
Febrero, 22 de 1751
Un joven muchacho caminaba tranquilamente por la sala principal del Templo, siendo él mismo el Guardián de la Casa de Leo. Estiró sus músculos perezosamente algo agarrotados por el arduo entrenamiento que se había visto sometido hacia unas pocas horas antes.
Hace algún tiempo que había dejado de ser solo un adolescente, ahora había puesto pie en la madures y eso se podía ver claramente en su altura y en sus facciones más maduras, siendo ahora un joven bastante atractivo, con su imponente armadura dorada y sus risos castaños un poco más largos y rebeldes. Y aunque sus ojos azules aun expresaban cierta ingenuidad, se podía apreciar el apetito de conocimiento y aventura.
Detuvo repentinamente sus pasos cuando su instinto se activó, alertándolo de un inesperado cosmos que se presentaba como un portal que se abrió a sus espaldas. El bello de su cuerpo se erizó ante la presencia, y sus ojos se dilataron como los de un felino listo para el ataque, sin embargo, sus defensas bajaron poco a poco cuando reconoció al instante esa técnica como Another Dimesion, y de este emergía el Santo Dorado de Géminis portando igualmente su Cloth Dorada.
Regulus arqueó una ceja al tiempo que ladeaba la cabeza con extrañeza, porque a decir verdad su compañero de armas parecía un tanto inquieto.
—¿Defteros…? —murmuró el joven león con curiosidad.
En cambio, el hombre de piel morena observaba en todas direcciones como si estuviera buscando a alguien, y una gota de sudor resbaló por su frente en el momento que observó los ojos del más joven.
—¿Dónde está Connor? —interrogó bruscamente ignorando por completo sus palabras.
Eso solo hizo que Regulus parpadeara claramente extrañado, pero siquiera antes de que le diera tiempo a responder una tercera voz se unió a ellos.
—Oh, Defteros-sama… ¿Me buscaba? —dijo acercándose la encantadora joven de cabellera rubia y ojos azules que aun desprendía inocencia y amabilidad, pero que había florecido gratamente en belleza. Y que casualmente había estado pasando por allí y escuchó el principio de la conversación por casualidad.
—Te necesitamos con total urgencia —gruñó con tensión el antiguo demonio de la isla Kanon, tomándola suavemente del brazo cuando la chica se aproximó lo suficiente a ellos—No hay tiempo que perder.
—¿A dónde? —preguntó esta vez el Santo de Leo viendo como había captado la atención de la joven irlandesa que no protestó en ningún momento, pero igual ambos sintiéndose cada vez más perdidos.
—Alemania.
Fue todo lo que dijo antes de usar nuevamente su técnica para llevarlos a ambos aquel país tan lejano, ni siquiera Connor le dio tiempo de decir nada cuando fue tragada por aquella extraña dimensión.
Regulus se quedó de pie, viendo fijamente el punto donde había desaparecido ambos, volviendo a parpadear realmente intentando comprender lo que acababa de suceder.
—¿Alemania? —repitió en voz alta segundos después.
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Asmita acarició con dedos gentiles la frente sudorosa y algo rojiza de su kamal, que en ese preciso momento atravesaba por un momento de gran sufrimiento. Luego frunció ligeramente el ceño cuando percibió como el aire comenzó a fluctuar cerca de ellos cargada de energía, así que, dándole un suave beso en la frente, se dispuso a salir un momento de la habitación justo en el instante en que cerraba la puerta tras de sí y un portal se abría.
El Santo de Virgo observó internamente aliviado a su amigo y a la joven sanadora que parecía algo turbada y un poco mareada por ese repentino viaje de salto entre dimensiones para llegar allí.
—¿Has venido preparada? —preguntó mirándola detenidamente después de saludar cordialmente.
—¿Disculpe? —la joven irlandesa murmuró aun claramente confundida.
Entonces la atención de Asmita se volvió hacia el hombre de piel morena, y Defteros gruñó levemente mientras se cruzaba de brazos.
—Dijiste que era urgente, Asmita, así que la traje todo lo rápido que pude.
De verdad que Connor estaba tratando de entender la situación, pero se le estaba haciendo verdaderamente difícil.
—Uh… ¿En qué puedo ayudarlos? —se aventuró a preguntar, porque para ella era obvio que necesitaban de su conocimiento en el arte de la sanación, pero no estaba segura cual era el problema.
Un alarido proveniente de la habitación de atrás del rubio fue un claro indicativo que llamó bastante su atención. Ella frunció el ceño con preocupación, porque había sonado como si alguien estuviera sufriendo, sin embargo, antes de que si quiera pudiera preguntar quién era, la lógica le dio rápidamente la respuesta.
—Shea… —susurró Connor con sorpresa, y un nuevo quejido de dolor aparentemente de la pelirroja le hizo darse cuenta que su rápida sospecha podían ser cierta—¿Ella esta…?
—En trabajo de parto —completó Asmita con una media sonrisa algo tensa.
Al principio la joven sanadora abrió ampliamente los ojos con asombro, pero al segundo siguiente su mirada se volvió más seria y verdaderamente determinada. Se giró hacia el Santo de Géminis más que dispuesta a ayudar a una de las chicas que se había vuelto su amiga en el Santuario.
—Defteros-sama, por favor volvamos a buscar mis cosas. Ella precisara un té para ayudarla a sobrellevar un poco el dolor.
El moreno solo pudo asentir tras soltar un suspiro cansado, antes de abrir un portal hacia la otra dimensión, y con un leve asentimiento hacia Asmita se marchó junto a la chica que le dio un par de indicaciones y prometiendo que volverían pronto.
Después de irse, el hombre de cabellera rubia ingresó nuevamente en la habitación, donde la pelirroja permanecía con los ojos cerrados y respirando pausadamente. Sabía que ella se preparaba para soportar otra dolorosa contracción, y deseo en ese momento poder hacer más para la persona más importante de su vida.
Shea sintió un leve peso que hundía un poco el colchón a su lado, así que entreabrió los ojos para observar al joven hombre de orbes azul lavanda.
—Asmita… —murmuró suavemente con algo de cansancio.
Él le sonrió con ternura inclinándose un poco para depositar un leve beso en su frente.
—Lo estás haciendo muy bien, pyaar.
La pelirroja tragó con dificultad mientras cerraba nuevamente los ojos al tiempo que una corriente de dolor atravesó su cuerpo hasta su vientre abultado. Ella apretó las mantas entre sus dedos con su rostro se ruborizándose por el esfuerzo, tensando la mandíbula para no gritar de dolor, solo un alarido se escuchaba de su persona.
Asmita suspiró pesadamente al verla de esa manera, las cosas se habían puesto un poco complicadas cuando comenzó su labor de parto muy lejos de Grecia, pero la joven en su última etapa de embarazo había estado algo sensible y melancólica por sus hormonas alborotadas, y había añorado prácticamente día y noche con lágrimas en los ojos ir a su país natal, hacia aquella casa donde nació y creció para sentir de alguna forma una conexión con su familia. Él no pudo rechazar la idea, ya que la alemana había estado teniendo muchos problemas para conciliar el sueño desde el séptimo mes, y teniendo un leve presentimiento cumplió su deseo, y finalmente ella pudo dormir tranquila en la antigua estructura que había llamado su hogar en el pasado.
Lo malo es que había pasado una semana con dolores leves, y ninguno de los dos le pareció sentado hacer el viaje de vuelta al Santuario en esas condiciones. Y en el momento en que de verdad comenzaron las contracciones, apenas pudo comunicarse con su amigo para que trajera a la sanadora que ya poseía alta experiencia en partos. Dado que sería demasiado arriesgado para la futura madre y el bebe viajar entre dimensiones, puesto que no sabía si tendría alguna repercusión.
—¿Dónde está Connor?
El rubio salió de sus pensamientos ante la suave voz de su patnee, la joven tenía la respiración un poco agitada tras pasar aquel horrible dolor, y lo miraba con sus ojos ámbar brillando de lágrimas contenidas.
Realmente su corazón se apretaba en su pecho con empatía.
—Regresó nuevamente al Santuario. Digamos que Defteros se olvidó comentar el pequeño detalle de que estabas en el proceso de traer al bebe al mundo —le dijo con una leve sonrisa en los labios.
Shea solo resopló claramente descontenta.
Ella realmente quería a Connor allí, porque de verdad poseía el miedo terrible de que algo saliera mal. Tenía temor por su bebe que ya amaba con todo su ser desde que se enteró de que estaba embarazada.
Un suave beso en la comisura de sus labios la hizo salir de sus atormentados pensamientos, viendo como el hombre de su vida la miraba con amor.
—Todo saldrá bien, mi pequeña kamal —comentó al percibir sus turbulentas emociones.
Ella solo pudo asentir suavemente, al tiempo que cerraba los ojos dejándose llevar por su voz serena que comenzó a cantar un suave mantra para intentar relajarla todo lo posible.
Defteros no tardó en regresar junto con la compañía de la sanadora, y además de ellos dos también se había incluido el Santo de Leo, que quería ayudar a la rubia con todo lo posible ya que se había acostumbrado a echarle una mano cada vez que ejercía su labor. Aunque Shea no estuvo convencida al principio, pero una nueva oleada de dolor la hizo olvidarse del asunto, solo queriendo que todo eso terminara pronto.
—Cada vez que tengas una contracción, puja con todas tus fuerzas, Shea —indicó la rubia pasándole un paño húmedo por la frente para refrescarla—Eso puede que haga el parto más rápido —le dijo con una sonrisa mientras que la alemana asentía.
Las horas fueron pasando hasta que la tarde dio paso a la noche, y la joven sanadora estaba al tanto de todas las señalas que lanzaba la pelirroja, pero mientras las contracciones se hacían más intensas, Shea no podía evitar comenzar a maldecir con fuerza y en su idioma natal.
—Falta poco, Shea.
—Scheiße —siseó, estaba pujando con fuerza ya casi ni teniendo un descanso entre dolor y dolor.
Connor apartó un poco la manta para observar una vez más entre las piernas de la futura madre, y entonces alzó la mirada hacia el Santo de Virgo y asintió.
—Muy bien, es la hora.
La rubia le indicó a Asmita que se posicionara detrás de Shea y cuando tuviera nuevamente otra contracción la inclinara hacia delante para ayudar a empujar al bebe hacia afuera. Regulus estaba bien preparado a su lado con una manta para recibir a la criatura, y mientras que Defteros esperaba afuera de la habitación solo por si una emergencia llegara a pasar, aunque todos sabían que más bien se encontraba allí como un apoyo moral a su amigo.
No paso mucho tiempo hasta que un fuerte llanto se escuchara resonando por el cuarto y aquella antigua casa.
Con una radiante sonrisa la joven irlandesa le dio al recién nacido a Regulus que aun parecía sorprendido por ese pequeño milagro de la vida a pesar que no era la primera vez que ayudaba a la chica en traer una criatura al mundo. Primero Connor se fue a lavar las manos para enjuagase la sangre y el resto de fluidos, para luego entre ella y el Santo de Leo lavar al bebe, mientras que Asmita le murmuraba palabras de confort a su amada que ahora estaba casi desmayada del alivio y el cansancio.
Entonces la rubia le hizo señas al nuevo padre para que se acercara y sostuviera en brazos al fruto de su amor.
—Felicidades, es una niña sana y hermosa —le dijo Connor con una radiante sonrisa junto con Regulus que también parecía feliz.
Asmita observó a esa pequeña y delicada criatura en sus brazos que permanecía con los ojos cerrados. Una pequeña mata de cabello rojizo se asomaba por la manta a contraste con esa piel rosada y clara en sus redondeadas mejillas. Él no pudo evitar sonreír al sentir ese cálido y agradable sentimiento que se estableció en su pecho, un profundo y extenso amor por su hija.
La sanadora le pidió al hombre un momento para poder ocuparse de la madre, para lavarla y ayudarla a cambiarse de ropa a una más limpia. Así él tuvo la oportunidad de presentársela a su amigo que aguardaba afuera.
Defteros permaneció sentando observando atentamente al Santo de Virgo sonriendo sin reservas a su primogénita con absoluto cuidado y detalle mientras la miraba con un inmenso afecto. Y él no pude evitar pensar que a pesar que todos ellos seguían siendo los mismos, una pequeña parte había cambiado para bien, y todo gracias a esas mujeres que ahora compartían sus vidas, y a los hijos que algunos ya tenían o los que estaban por venir al mundo.
Y eso era solo el principio del largo recorrido como almas gemelas, por lo que podía notar en los ojos azul lavanda del Santo de Oro a su lado.
Una media sonrisa asomó sus labios, quien lo diría… el poderoso y antes temido Asmita de Virgo, que en el pasado le había costado mucho comprender sus propias emociones, ahora las reflejaba como el agua cristalina.
Aunque no tenía mucho que opinar, dado que hasta él mismo ya a esas alturas no le importaba estar rodeado de personas o siquiera como estas lo miraban, siempre y cuando ella estuviera a su lado.
—¿Te gustaría sostenerla?
El Geminiano frunció levemente el ceño, notando como el rubio volvió la mirada hacia él con una ligera sonrisa, pillándolo perdido en sus pensamientos.
Deftero se aclaró suavemente la garganta antes de hablar.
—Gracias, pero es muy pequeña —le dijo observando a la diminuta criatura—No quiero lastimarla sin querer —agregó echándolo un rápido vistazo a sus propias manos, que sin duda alguna eran enormes en comparación a la recién nacida.
La sonrisa de Asmita solo se amplió un poco más junto con una mirada misteriosa, para posteriormente posar sus ojos nuevamente en la adorable niña que tenía en sus brazos.
—Por los vientos tranquilos que soplan a todos les tocara en su momento pasar por esta experiencia, amigo mío —murmuró acariciando gentilmente la mejilla rozada y regordeta de su pequeña, que apenas se movió adorablemente en sueños. Esperando pacientemente ver a su patnee y compartir aquel momento tan único y especial—Solo te recomiendo que vayas teniendo práctica.
Defteros estrechó los ojos al captar casi enseguida la indirecta del rubio, pero cuando estuvo a punto de decir algo al respecto, la puerta de la habitación se abrió finalmente para dejar ver a la joven irlandesa con una gran sonrisa en su rostro junto con Regulus, que a pesar que estaban un poco cansados como todos por la larga espera del nacimiento, seguían teniendo esa felicidad de traer con éxito a una hermosa criatura al mundo.
—Ya puede pasar, Asmita-sama —comentó Connor haciéndose un lado—Shea está más dormida que despierta, pero está ansiosa de conocer a la pequeña.
El joven hombre de ojos azul lavanda no pudo disfrazar la dulzura que se dibujó en su expresión al pensar en ella, pensando murmurarle a su amada el nombre que tenía pensado para la niña.
—También está agotada, pero se recuperará muy bien —agregó la sanadora.
—Es bajita, pero muy fuerte —comentó esta vez Regulus fielmente al lado de la joven, alzando su pulgar con aprobación—Lo hizo fantástico, yo creo que en su lugar me hubiera desmayado —dijo con humor ya pareciéndole completamente natural por todas aquellas veces que había ayudado a la rubia con tareas como esas.
Entonces el Geminiano se puso de pie lentamente presintiendo que ya era hora de irse, puesto que seguramente Asmita decidiría quedarse un tiempo en aquel lugar antes de movilizarse con su pequeña esposa y la recién nacida.
—Cualquier cosa pueden avisarme, no me molesta en lo absoluto venir a chequearla en unos cuantos días —habló nuevamente la irlandesa con amabilidad y cariño.
Y Asmita volvió a sentir en una forma de agradecimiento ante todos los presentes.
—Lo tendré en cuenta, y esta demás decir que agradezco lo que han hecho hoy —dijo el Caballero de Virgo con una leve sonrisa, dado que la situación hubiera salido con resultados muy diferentes si no fuera por ellos.
—No hay de que, Asmita —respondió esta vez Defteros, mientras abría un nuevo portal justo cuando los más jóvenes se despedían—Avisa si necesitas algo.
El rubio avanzó hacia la puerta de la habitación, pero justo antes de que el de tez morena atravesara la otra dimensión, lo observó sobre su hombro con aquella sonrisa que ocultaba mucha sabiduría.
—Solo ten presente mis palabras, Defteros.
El Geminiano con el ceño fruncido solo asintió lentamente en respuesta, al tiempo que cruzaba el portal con los dos muchachos.
Y a pesar que el frío gélido de la otra dimensión los envolvió rápidamente, ya su mente se fue muy lejos de allí, hasta el punto de ignorar como el joven león abrazaba con cariño a la exhausta rubia. Sus pensamientos estaban casi totalmente concentrados en las palabras de su amigo, porque si lo conocía bien, entonces Asmita claramente sabia algo que él no, y eso lo dejaba intrigado y un poco curioso.
Pero solo el tiempo revelaría a lo que se estaba refiriendo exactamente.
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El sol se comenzaba a ocultar por el horizonte, y dos Santos Dorados bajaba tranquilamente y sin prisas por las Casas Zodiacales. Uno de ellos dejó escapar un largo bostezo de pereza, mientras que el otro lo observó con una ceja arqueada y una sonrisa burla dibujada en sus labios.
—Vaya, Manigoldo, ni siquiera hemos empezado a beber ¿y ya estas hecho mierda? —preguntó el hombre de larga y rebelde cabellera azulada, y poseedor de unos ojos de un tono azul rojizos que brillaban de diversión.
El Canceriano chistó de mala gana por su comentario.
—Esa chiquilla me consume las energías al perseguirla por todas partes todo el maldito día.
Kardia solo rió por lo bajo después de atravesar Géminis que parecía habitualmente tranquilo.
—Por lo menos tu hija te respeta —él murmuró rodando los ojos con algo de exasperación, y con sus brazos cruzados detras de la cabeza.
—Joder, igual necesito recuperar algo de hombría tomando unos cuantos barriles de cerveza —dijo el de ojos azul violeta con una mueca en los labios.
—Si es que tu mujer no te busca al bar antes de las siete —comentó nuevamente el Escorpiano riendo entre dientes sin desaprovechar la oportunidad de molestarlo.
Pero lejos de irritarse con su comentario, el Santo de Cancer soltó una ligera carcajada.
—¿Buscarme? ¿Bromeas? Si está lo suficientemente loca como para acompañarme a beber, aunque admito que no tiene mucho aguante —y esta vez miró a su compañero de armas con una expresión de burla—No como la tuya que te arrastrará de la oreja por engañarla tomando en otro bar.
A Kardia se le borró la sonrisa socarrona del rostro al mencionarse a la imponente mujer latina.
—Hombre, si piensas que soy posesivo imagínate a Calvera —repuso con un leve bufido, aunque solo admitía para si mismo que eso le encantaba de ella, era excitante cuando se comportaba de esa manera tan territorial—Además, no la voy a engañar yendo a otro bar, yo… ¿Qué mierdas?
Los dos Santos se detuvieron lentamente una vez llegado a la sala principal del Templo de Tauro, ante aquella visión que dejó a ambos perplejos.
—¿Eh? ¿Es lo que creo que es…? —preguntó Kardia arrugando la nariz con desconcierto e incredulidad.
En cambio, Manigoldo se acercó un poco más, inclinándose hacia delante examinando el enorme cuerpo que se encontraba en el suelo antes de silbar por lo bajo con ambas cejas alzadas.
—Esto parece un problema, merde.
—¿Tu crees? —le dijo el Escorpiano sarcásticamente con una ceja arqueada.
—Voy a tener que ir avisarle —habló nuevamente el de cabello corto cruzándose de brazos, y ladeando un poco la cabeza pensativo.
—Oh, vamos... ¿tú? ¿siendo tan generoso?—indagó Kardia riendo entre dientes.
El Santo de Cancer bufó algo exasperado con las palabras de su compañero que intentaban pullarlo.
—Quiera o no se lo debo, maldita sea —farfulló encogiéndose de hombros, luego se dio media vuelta para poder salir del Templo —Haz algo útil y quédate a vigilar.
—¡Mierda! ¡Manigoldo! ¡¿A dónde vas?!—exclamó el de ojos azul rojizos, pero ya era demasiado tarde... el Canceriano ya se había marchado. Entonces chasqueando la lengua con intriga e incomodidad sus ojos volvieron al cuerpo inconsciente, y posó ambas manos a las caderas sin saber que hacer exactamente en aquella situación—Joder.
Por otro lado, el Guardián de la Tercera Casa, examinaba con cuidado aquel papel con ese curioso mensaje que le había mandado nada más y nada menos que su propio hermano.
"¿Quién diría que Inglaterra no me disgustaría tanto como pensaba? Aunque estoy hablando únicamente del lugar, sinceramente aquí las personas me aburren.
Supongo que pronto volveré, a no ser que el 'Gran' Patriarca tenga una nueva misión para mi ya que estoy afuera.
Y por favor, hermano, no hagan del Templo de Géminis un chiquero, odiaría encontrar manchas sospechosas por el lugar.
Aspros"
Defteros frunció el ceño ante el corto y sarcástico mensaje con esa pulcra caligrafía… por lo menos debía de agradecer internamente que se había empezado a comunicar. Era el primer paso en el difícil y lento recorrido de reconstruir la relación fraternal, aunque eso suponía recibir misivas como esa…
Y la verdad es que lo más apropiado seria responderle, pero mientras volvía a releer, solo pudo soltar un profundo suspiro bajando aquel trozo de papel al tiempo que pensaba profusamente, porque el problema era ese... no sabía que decirle. Obviamente no poseía el característico sarcasmo de su hermano, y dudaba mucho que Aspros quisiera saber su vida amorosa con Kaia, además que para él era un tema un tanto personal, y no conseguía nada realmente relevante que contarle aunque sea para rellenar unas cuantas líneas.
—¡Eh! ¡Defteros!
El Geminiano si giró ante su llamado, encontrándose curiosamente al Guardián de Cancer aproximándose a su encuentro en un leve trote. Manigoldo parecía tener algo de prisa, y a pesar que aquella sonrisa socarrona estaba presente en su rostro se le veía algo tenso, y eso sin dudas le parecido realmente extraño.
—¿Qué pasa? —preguntó el de tez morena arqueando una ceja azulada.
El Santo de Cáncer se detuvo a su lado con su respiración solo un poco alterada, y rápidamente con su pulgar señalando hacia atrás de sí.
—Quizás quieras venir conmigo a Tauro.
—¿Le paso algo a Aldebaran? —indagó con curiosidad—Pensé que estaba en el coliseo desde temprano.
Manigoldo cambio su peso de un pie a otro como si se encontrara un poco impaciente.
—Hombre, Aldebaran se puede cubrir el trasero el solo —repuso el Canceriano rodando los ojos antes de agregar—Más bien se trata de tu mujer.
Los ojos del Geminiano se abrieron ampliamente con absoluta sorpresa, y el de corta cabellera azulada ni siquiera pudo decir o agregar algo más, cuando este ya había creado un portal y cruzado en un parpadeo.
En la Segunda Casa Zodiacal, Kardia movía un pie impacientemente pensando que tenia menos tiempo para beber a cada instante que pasaba. Con una mueca en sus labios, sus ojos se posaron en el gran cuerpo del lobo que se encontraba tumbado en el suelo aparentemente inconsciente. Chistó antes de rascarse la barbilla, ahora analizando un poco más la situación, preguntándose si esa gran bestia era la que todos sus compañeros se habían estado refiriendo anteriormente, el mismo que había ayudado con el tema de los Santos Negros… lo cual sinceramente le daba un poco igual.
lo único que lamentaba era no haber estado allí para darles caza, moría por usar nuevamente su uña para acechar e infligirle dolor a un enemigo.
Ah… qué tiempos aquellos.
Un ligero destello lo sacó bruscamente de sus pensamientos, y vio perplejo como el cuerpo del animal en un halo de luz, redujo drásticamente su tamaño hasta quedar el femenino cuerpo más humano de la que reconocía como la mujer de Delfos.
—Esto si que es jodidamente interesante —dijo para sí mismo en voz baja, examinando a la mujer desmayada.
Sorpresivamente y por puro instinto, dio un salto hacia el lado contrario donde súbitamente apareció un portal al mismo tiempo que maldecía por lo bajo, viendo ahora como de este surgía el Santo Dorado de Géminis.
—Joder, Defteros, avisa —murmuró el de rebelde cabellera y ojos azul rojizos, disgustado por ese pequeño sobresalto.
Sin embargo, el Geminiano ni siquiera le prestó el más mínimo cuidado, sus ojos estaban enfocados en la mujer que permanecía tendida en el suelo, y que sin perder ni un segundo se agachó hasta apoyar una rodilla en la superficie e inclinándose hacia ella para levantarla delicadamente y acunarla entre sus brazos. Un frío real se apoderó de sus venas al ver la palidez de su rostro y labios, aparte de que estaba completamente laxa sin llegar a reaccionar al moverla.
Y justo en ese instante llegó Manigoldo con una cara de pocos amigos.
—¡Hombre! Me hubieras esperado para cruzar también el maldito portal y ahorrarme la caminata —repuso el Santo de Cancer con algo irritación.
En cambio, Kardia hizo una mueca al verlo.
—Idiota, la próxima vez no me dejes así —le acusó con su roja uña señalándolo—Sabes que no se que hacer en este tipo de circunstancias.
Manigoldo solo sonrió con burla, pero antes de contestar fue interrumpido por el moreno.
—¿Por qué no la llevaron enseguida? —preguntó casi conteniendo un gruñido, mientras acunaba un poco más entre sus brazos a su amada que aún no daba indicios de despertar.
Esta vez el que contestó fue el Escorpiano, que se llevándose una mano a la cadera, también lo señaló con su uña sin temor a su propia vida.
—¿Perdón? Ella era un gigantesco animal antes de que llegaras —dijo señalando ahora a la mujer—Hubiera sido un gran problema con todas esas escaleras, además, no me apetecía tragar pelo.
Solo entonces, Defteros se tragó los malos comentarios, dejando escapar en cambio un largo suspiro lleno de tensión y preocupación, pensando al mismo tiempo que a pesar de todo, tuvieron la consideración y la decencia de ir avisarle mientras que el otro se quedaba con ella. Con eso en mente y sin mediar palabras, más que un leve asentimiento de cabeza como forma de agradecimiento, se puso de pie con su compañera en brazos ya teniendo en claro a donde tenía que ir exactamente.
Después de que el antiguo demonio de la isla Kanon se hubiera marchado, Manigoldo y Kardia intercambiaron una breve mirada antes de encogerse de hombros, para seguir su camino y salir del Santuario finalmente.
—Ah, maldita sea, ahora si que necesito una buena bebida —comentó el Caballero de Cancer estirando sus músculos, mientras el Escorpiano solo se rió entre dientes ante lo extraño que fue esa situación.
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Una joven de aproximadamente de dieciocho años y que poseía una abundante cabellera rubia, tarareaba una melodía alegre de su tierra natal mientras arreglaba un pequeño ramo de flores sencillas, pero que para ella significaban mucho. Una sonrisa dulce se dibujó en sus labios, y un poco de calor ruborizo sus mejillas al recordar como el Santo de Leo le había obsequiado aquellas flores con una enorme sonrisa en su rostro juvenil y atractivo antes de salir hacer una pequeña misión justo aquella mañana. Ella no pudo evitar pensar en esa cálida sensación que entibiaba su pecho agradablemente al solo imaginar sus ojos increíblemente azules, en ese corto y rebelde cabello castaño claro, y, sobre todo, en esa especial atención que parecía dedicarle a su persona con esa sonrisa única y brillante de hoyuelos que brillaba como el mismo sol.
—Connor.
La aludida se sobresaltó un poco, casi dejando caer el pequeño y delicado jarrón donde sus flores se encontraban. Luego, llevando una mano a su pecho ante el alocado latido de su corazón, parpadeó un par de veces notando repentinamente al Santo de Géminis que estaba ya a su lado y con alguien en brazos.
—Defteros-sama… ¿En qué puedo ayudarle? —preguntó disimulando haber sido pillada sumida muy profundamente en sus pensamientos, pero entonces sus ojos azules observaron con mayor atención a la mujer de largo cabello castaño oscuro, que permanecía en silencio, pero algo aturdida como si recién hubiera despertado de un largo sueño—¿Se siente bien?
El Geminiano hizo una ligera mueca con los labios.
—Precisamente por eso estamos aquí —comenzó a decir, tratando de ocultar la preocupación que perforaba su estómago y que trataba inútilmente de ocultar—Acaban de encontrarla inconsciente.
Fue entonces que la irlandesa comenzó a comprender mejor la situación.
—Vengan, síganme por favor.
Y con una sonrisa gentil los guió por el gran Templo de Leo hasta una pequeña habitación, pero bien iluminada donde se había decidido que vería a sus pacientes mas importante, como lo eran los Dorados, las Vestales y uno que otro invitado especial. Esta se encontraba bien amueblada, con una cama mediana de pulcras sábanas blancas, junto a ella un pequeño banquillo de madera, un largo mueble estaba en una esquina para los acompañantes, y al otro lado se encontraba un escritorio con bastante papel y tinta, aparte del montón de hierbas y flores medicinales que perfumaban agradablemente el ambiente.
Defteros depositó cuidadosamente a Kaia en la cama, puesto que se le veía un poco frágil, y luego él se apartó solo un poco para que la rubia pudiera hacer su trabajo.
—Muy bien, señorita Kaia —comenzó a decía Connor al tiempo que tomaba asiento en el banquillo—Cuéntame cómo se siente.
La Pitonisa tomó una profunda respiración, sintiéndose a gusto al estar recostada en esa suavidad de esas almohadas, pero sinceramente prefería el propio calor que le brindaba el hombre de ojos azules.
—Un poco mareada —murmuró con voz algo baja llevándose la mano a la frente.
—Estaba desmayada en su forma de Direwolf, presumo que fue durante un larga rato antes de que la encontraran finalmente —comentó el Geminiano con el ceño fruncido, sin querer alejarse demasiado de ella.
Connor asintió suavemente mientras empezaba a tomar notas en un pergamino, luego subió la mirada hacia la mujer de largo cabello.
—¿Algo más que hayas sentido fuera de lo común incluso antes del episodio de hoy?
Kaia arrugando levemente la nariz fue capaz de incorporarse un poco cuando el mundo dejo de darle vueltas, pensando detenidamente antes de responderle a la sanadora.
—Desde hace un tiempo he tenido ciertos malestares estomacales, aunque nosotros pensamos que fue la desagradable situación que sucedió en Diciembre lo que altero mi apetito, pero hace una semana se intensifico un poco más —murmuró viendo la clara expresión de sorpresa en el rostro del hombre ante esto último, prontamente le sonrió levemente con algo de debilidad para que no se preocupara—Fue cuando saliste ayudar al Santo de Virgo, Defteros, y solo fue algo pasajero —le dijo con un leve encogimiento de hombros—No quería preocuparte por nada.
El Geminiano tensó la mandíbula ante sus palabras.
—Kaia… —no sabía que decirle exactamente, dividido entre el leve enojo por haberle ocultado tal cosa, o conmovido por pensar de esa forma tan considerada.
Connor se removió en su asiento y carraspeó suavemente ante la intensidad de la mirada entre ambos.
—Uh… bueno —comenzó a decir nuevamente la rubia para llamar la atención de la Pitonisa—¿Y por casualidad tuvo vomito junto con esos malestares más intensos?
—Una o dos veces —ella le respondió suavemente—Aunque lo había atribuido a que había olfateado un animal muerto en el bosque, y el aroma nauseabundo me había provocado que se me revolviera horriblemente el estómago.
La irlandesa se toqueteó la barbilla con la suavidad de la pluma un par de veces mientras meditaba y observaba sus notas. Luego se levantó para examinarla sin poder ocultar una leve sonrisa tras imaginarse cierta sospecha que esperaba confirmar pronto.
Lo primero que evaluó fue su rostro perfilado, notando su piel un poco pálida, pero era normal si se le había bajado la presión al punto de desmayarse. No parecía presentar signos de deshidratación u alguna otra enfermedad, solo se le veía algo débil, y la manera en que le veía tragar saliva constantemente podía deducir rápidamente que estaba sintiendo nauseas, pero trataba de ocultarlo para no inquietar más de lo debido al hombre de brillante armadura.
Pero con esa veloz evaluación solo hizo que su sospecha ganara fuerza, y entonces regresó a tomar su papel y pluma para volverse a ella, siempre bajo la atenta y preocupada mirada del Santo Dorado.
—Se que estas preguntas que le haré a continuación pueden ser algo incomodas, pero realmente son necesarias en este caso —dijo la rubia con una tímida sonrisa.
El Geminiano solo pudo arquear una ceja con curiosidad y confusión, observando como Kaia le devolvía la mirada, pero ella simplemente volvió a encogerse de hombros. Defteros sabia de ante mano que a ella no importaba, él simplemente dejó salir un suspiro antes asentir también.
—Muy bien —comentó Connor preparada para anotar las respuestas—¿Cuándo fue… la primera vez que tuvieron relaciones íntimas? —preguntó con un leve rubor en sus mejillas.
El hombre de piel morena no pudo ocultar su asombro, aunque la Pitonisa realmente no tardó en responderle tras meditarlo durante unos segundos.
—Hace unos cuatro meses.
—Bien… eso quiere decir que en Octubre —murmuró de nuevo la rubia escribiendo antes de proseguir—¿Con cuanta frecuencia lo hacen y cuando fue la ultima vez? —dijo con un semblante un poco más serio y profesional, a pesar que sus mejillas siguieran ruborizadas y solo se intensificaba el color.
—Muy frecuénteme… —respondió con calma—Y ayer por la noche.
El antiguo demonio de la isla Kanon no pudo evitar desviar la mirada avergonzado sintiendo un extraño calor en sus mejillas, honestamente poco acostumbraba a sentirse de aquella manera. De verdad que no sabía cómo Kaia podría hablar del tema con tanta naturalizad como si se tratase del clima, era algo tan intimo y privado que de solo estar consciente de que alguien más estuviera al tanto era mucho para él siendo su personalidad tan reservada, pero… a pesar que en ese sentido sin duda alguna eran polos opuestos, aun así, se complementaban perfectamente, y no la cambiaría por nada del mundo.
Aunque eso significaba que de vez en cuando pasara momentos como ese.
—Vale… ahora ¿Podría ponerse de pie un momento, señorita Kaia? —dijo después de haber pasado el bochorno inicial—Si no está demasiado mareada, claro está —agregó la irlandesa con amabilidad.
La Pitonisa asintió, y Defteros se aproximó casi enseguida para ayudarla a levantarse extendiéndole su mano para que se apoyara en él, sin importarle que no se lo pidió en ningún momento. Entonces ella le dedicó una pequeña sonrisa, y realmente él intentó imitarla, aunque la tensión por la preocupación que sentía por su salud se lo impedía del todo siendo muy palpable.
—Bien —murmuró Connor complacida, concentrándose totalmente mientras dejaba el papel aun lado y se inclinaba para detallar con sumo cuidado el abdomen de la mujer. Pasó su mano por encima de su vientre, muy superficialmente viendo su forma—¿Aun tiene su ciclo mensual? —preguntó notando el pequeño, pero notorio abultamiento.
Kaia frunció brevemente el ceño pensativa.
—Lo tengo —dijo un poco más curiosa por las acciones de la sanadora hacia ella—Pero admito que desde diciembre ha sido realmente irregular.
Y con esa respuesta, la rubia se enderezó de nuevo con una enorme sonrisa decorando sus labios, lo cual solo aumentó la confusión de la pareja.
—Creo que ya lo tengo muy claro —dijo tomando sus anotaciones y echándole un breve vistazo antes de volver a mirarlos—Señorita Kaia… está usted embarazada.
Para Connor siempre era un verdadero gusto observar las variadas reacciones de las parejas ante aquella noticia; la Pitonisa parecía tan sorprendida que era incapaz de decir algo, mientras que el Santo de Oro dejó caer su propio peso sentándose afortunadamente en la cama con los ojos abiertos desmesuradamente aun sin soltar la mano de su mujer en ningún momento. La irlandesa se cubrió levemente sus labios para ahogar una pequeña risa de felicidad por ellos, y por el Santuario en general, que estaba prosperando rápidamente, llenándose de vida… puesto que Kaia era la tercera mujer que quedaba embaraza, aparte de Shea que ya había dado luz recientemente y otras dos que a tenia sus hijos más crecidos.
Y eso que apenas estaban en febrero.
Con una dulce sonrisa, y sinceramente un poco divertida internamente por la reacción de los futuros padres, volvió hablar.
—A veces sucede que algunas mujeres siguen teniendo su ciclo mensual a pesar que esta algo alterado, por si se lo preguntan —dijo ahora posando su mirada en la Pitonisa que seguía incrédula—Por lo que me has contado, generalmente todo comenzó a partir de diciembre, por eso deduzco que fue concebido en octubre, y con los síntomas que se comenzaron a presentar debes de tener los cuatro meses de embarazo.
Kaia parpadeó lentamente, aun procesando la noticia, y a la que la sanadora posó suavemente su mano en su hombro con mucha empatía.
—Te indicare una dieta balanceada y que te ayudara a sentar estomago —murmuró antes de girarse y buscar algunas hierbas y papel.
Después de salir de la habitación, se encaminaron hacia la salida del Templo con nuevas instrucciones. Defteros aun no podía creer lo que estaba pasando, sentía como si estuviera viendo todo en un segundo plano, pensando que se había imaginado todo lo que le había dicho la muchacha rubia. Hasta que se detuvo bruscamente justo al comienzo de las escaleras para descender, obligando de cierta manera a la mujer de largo cabello castaño oscuro a detenerse también por sus manos unidas.
Entonces Kaia posó su mirada en él viendo de cerca la intensidad de aquellos orbes de ese azul marino tan profundo. Notando por si misma la incredulidad y el asombro que seguía dominando sus facciones, y que seguramente ella también estaba manifestando.
—Kaia… —murmuró prácticamente sin aliento y tampoco sin saber que decir exactamente—Yo… tu… estas esperando un bebe… —volvió a decir con suavidad.
Ella asintió lentamente, tan sorprendida aun como su pareja, pero aun así le sonrió cálidamente mientras alzaba la mano y acariciaba su mejilla de tez morena, a lo que él la sostuvo con afecto, pero estaba vez había algo de perturbación en su mirada azulina.
—Lo siento si es demasiado pronto para… formar una familia, yo…
Pero fue interrumpido por ella.
—Defteros… escúchame, sé que es una gigantesca sorpresa, y honestamente ni siquiera se me había ocurrido hasta este momento ser madre algún día—para ella no pasó desapercibida el leve brillo de dolor que paso fugazmente por sus ojos, pero enseguida se ocupó de tranquilizarlo —Pero… si es lo que la madre naturaleza quiere, entonces lo acepto con mucho gusto —le murmuró con una sonrisa al tiempo que bajaba su mano junto con su mirada y la posaba en su vientre soltando un largo suspiro—La vida que aquí crecerá es fruto de ambos, y sé que será recibido con absoluto amor.
El Geminiano dejó salir el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta, realmente aliviado con su respuesta. Y esta vez la esquina de su boca se curvó en una media sonrisa mostrando su colmillo mientras la abrazaba protectoramente por la espalda, rodeándola con sus brazos y posando sus manos encima de las de ella que seguían en su vientre, sintiendo como Kaia se relajaba con un leve suspiro de gusto escapando de sus labios recostándose más contra él. Disfrutando gratamente de aquel momento que jamás pensó que podía tocarle en algún instante de su tormentosa vida antes de conocerla.
Aunque… siendo honesto estaba inmensamente feliz y aterrado en partes iguales, puesto que la idea de ser padre era algo que aun parecía demasiado irreal, pero aprendería y le dedicaría a su hijo o hija una especial atención.
—Maldita sea, Asmita tenía razón una vez más —dijo de pronto casi en un gruñido sin darse cuenta que lo había dicho en voz alta, pensando en lo que le había dicho su amigo justamente una semana atrás.
—¿Cómo dices?
—Pues... solo son divagaciones —Defteros negó suavemente posando su nariz en su cabello y aspirando su dulce aroma de melocotón, algo que no se cansaba de hacer—No te preocupes —le murmuró apretándola un poco más contra su cuerpo, sintiendo realmente un deleite inundar su sistema mientras cerraba sus ojos por un momento.
Entonces su leve sonrisa se amplió un poco más, recordando que finalmente podría tener algo interesante que contarle a su hermano en la próxima carta después de todo.
Continuara...
Ahhhhhhhhh debo admitir que la primera parte donde Shea da a luz ya lo había escrito incluso mucho antes de comenzar este ffc xD solo quise poner el nacimiento de su tierna hija, no me culpen(?)
Ujum... entonces hay un pan en el horno de Kaia... 7u7
Y esa convivencia entre Manigoldo y Kardia tan única, siempre me parto de risa cuando escribo algo sobre esos dos jajaja
Sin más que decir, solo que estamos a dos capítulos para terminar :'3
¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
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¡Únanse, las esperamos!
Okami Akai
