¡Hola, queridos lectores! después de otra larga espera les traigo la actualización, siendo este el antepenúltimo capitulo de este fanfic :'3
Como cuando creías que el drama se había terminado llega esto owo
Pd: el titulo del capitulo significa "géminis" en griego.
¡Esperamos que les guste!
Declaimer:
Nota: Saint Seiya The Lost Canvas no nos pertenece al igual que sus personajes.
Capítulo XII
"Dídymoi"
Grecia, Athena – Santuario
Abril, 28 de 1751
Era increíble como la vida misma podía dar un giro tan sorprendente... En tan solo unos tres años atrás desconocía por completo el mundo maravilloso y curioso que le brindaba, con sus cosas únicas, tanto buenas como malas. Sin duda, ya no podía ni imaginarse volver a pisar la villa de Delfos, aunque muy en el fondo, y solo de vez en cuando, le llegaba cierta nostalgia, pero solo era algo efímero que no duraba demasiado, pues la presencia de aquel que se había convertido en lo más importante y querido de su vida podía hacerle olvidar todo lo demás, solo con un simple vistazo a esos ojos y fundirse en ese mar de azul profundo bastaba.
De sus labios dejó salir un pequeño suspiro, sin darse cuenta como su hermana la observaba con una dulce sonrisa.
—¿Eso es un suspiro de cansancio o felicidad?
Kaia le correspondió la leve sonrisa antes de responder.
—Puede que quizás ambas.
La Oráculo, por su parte, asintió comprensivamente mientras se acomodaba mejor en el banco de piedra.
—Te comprendo perfectamente, hermana.
El silencio volvió a reinar, pero ambas estaban a gusto de aquella manera, simplemente disfrutando de la compañía de la otra justo como solían hacer en el pasado. Una buena forma de esperar pacientemente al regreso de los Santos.
—¿No has pensado dejar el puesto de Pitonisa, adelfí?
La hermana mayor supo ocultar muy bien la sorpresa ante esa inesperada pregunta de su gemela, aclarándose suavemente la garganta antes de responder.
—Sabes que a estas alturas es fácil considerarlo, aunque también estas consciente que no puedo dejar de serlo mientras sigas siendo la Oráculo —murmuró con suavidad.
Ione cerró los ojos al tiempo que se acentuaba más su pequeña sonrisa.
—Quizás ya se acerque el momento para que ambas dejemos finalmente ese destino, solo faltas unos pocos años más.
Esta vez la Pitonisa se volvió para ver a su hermana menor con incredulidad, pero esta solo le sonrió más gentilmente, y antes que pudiera decir algo el Santo de grandes alas Doradas y cabello castaño se aproximó a ellas.
—Esta todo en orden —comentó Sisyphus con una gran sonrisa después de hablar brevemente con la sanadora. Era precario mantener la salud de Ione al máximo dado su estado—Deberíamos irnos para que puedas descansar.
La Oráculo aceptó la mano que le brindaba, y antes de levantarse le dio una fugaz mirada a su gemela con un brillo especial en sus ojos exóticos, para que después el Santo de Oro se despidiera amablemente de Kaia con un leve gesto de la cabeza, para así ambos regresar al Noveno Templo.
A Kaia no le quedó de otra más que resoplar levemente con algo de frustración, puesto que no tenía más opción que quedarse con la gran duda ante las palabras de su hermana, y que seguramente era algo relacionado con alguna visión de suma importancia. Así que entonces posó distraídamente su mano en su abultado vientre, mientras meditaba y esperaba que llegara Defteros para que juntos visitaran a la sanadora.
Habían pasado tan solo dos meses después de la gran noticia de su embarazo, y todo cambio rápidamente para mejor. La noticia se regó por el Santuario como la pólvora, y las parejas de los Santos Dorados no tardaron en buscarla para felicitarla con calurosas sonrisas y uno que otro abrazo, especialmente su hermana.
Su daimónio se había vuelto aún más protector con ella, y siempre estaba muy atento a sus movimientos, cuidándola como si fuera una delicada flor silvestre. En ese momento la había dejado sola, únicamente porque él tenía un asunto importante e inesperado que resolver con bastante prisa, y ella simplemente prefirió no entrometerse y dejarle su espacio. Aparte que no podía caminar todo lo rápido que quisiera y ambos habían decidido no intentar pasar por la otra dimensión solamente para evitar algún inconveniente con su embarazo. Por esa razón ella había estado esperado junto a su hermana, aunque honestamente le inquietaba un poco el hecho de que él se estuviera tardando más de lo que había calculado.
Aunque lo cierto era que no paso demasiado tiempo sola, cuando unos amistosos pasos comenzaron a escucharse por el largo pasillo, Kaia subió la mirada curiosa, encontrándose con la mujer de ojos verdes y descendencia latina, junto con la joven madre italiana, y por último la francesa rubia que sostenía a una pequeña criatura en brazos.
—Oh… ¿Qué haces aquí tan sola? —preguntó en seguida la esposa del Santo de Escorpio, aproximándose a ella—No pensé que ese grandote moreno sería tan irresponsable —dijo con las manos en las caderas y observando en varias direcciones a ver si daba con él.
—Vamos, Calvera, no todos los hombres son como Karida y Manigoldo —comentó Gioca con humor.
Kaia simplemente negó con lentitud atenta al sentimiento de protección que desprendía aquella poderosa mujer latina.
—Lo estoy esperando, su hermano se marcha hoy —respondió sin demasiadas explicaciones.
Entonces las tres recién llegadas parecieron un poco sorprendidas antes de asentir, puesto que comprendían de cierta forma el pasado turbulento de los hermanos gemelos.
—Bueno, entonces supongo que te haremos compañía hasta que vuelva —comentó Fluorite amigablemente con una sonrisa antes de tomar asiento al lado de la Pitonisa.
Igualmente, Gioca con una cálida sonrisa se sentó al lado contrario, mientras que Calvera prefirió quedarse de pie, puesto que siendo una mujer bastante activa le costaba de cierta manera quedarse sentada por demasiado tiempo. Siendo sincera, Kaia no comprendía demasiado bien sus comportamientos, ellas le brindaron una confianza y amistad tan rápido que la confundía un poco. Sobre todo, con el hecho de que ella ni Ione se relacionaron demasiado con ninguna, pero se había dado cuenta que todas intentaban formar un círculo especial, contando que a esas alturas prácticamente todos los Santos Dorados tenían una compañera a su lado.
Sorprendentemente eso incluía hasta el mismo Patriarca.
Inesperadamente un pequeño ruidito, más parecido a un diminuto gimoteo, llamó la atención de Kaia hacia a la beba que la rubia francesa sostenía tan cuidadosamente.
—¡Oh! Hola, pequeña —murmuró Fluorite sonriente, apartando un poco la manta para que las demás pudieran observarla—Por fin despiertas, Ahimsa.
La bebita de apenas dos meses de nacida dejó salir un largo bostezo, aunque solo eso bastó para ganarse los corazones de las mujeres.
—Más te vale que Shea vuelva pronto, porque presiento que a alguien le despertara el hambre —comentó Gioca entre risas.
La Vestal del Templo de Acuario hizo una ligera mueca al imaginarse tal cosa.
—Uh… lo hará en cualquier momento… creo —murmuró peinándole suavemente su manta de cabello pelirrojo.
Por lo que la alemana le había mencionado, Asmita se encontraba en ese momento ayudando a Aldebaran con el entrenamiento del Santo de Leo que estaba a punto de finalizar mientras Sisyphus no podía por los momentos, y Shea tuvo que ingresar a la cocina a petición de Nerys por un pedido especial de urgencia, y que solo la pelirroja supuestamente podía preparar con eficacia dado lo complicado del pan, y que no tomaría más de dos horas, así que le encargó a ella el cuidado de Ahimsa mientras tanto.
—¿Cuántos meses tienes ya? —preguntó Calvera curiosa tras un breve silencio, y con una dulce sonrisa.
La Pitonisa medito un poco sus palabras memorando que justo esa misma mañana el Geminiano le había mencionado con una pequeña sonrisa los meses que ya tenía, y que no faltaba mucho para el nacimiento.
—Seis —Kaia respondió finalmente.
—¿Qué? ¿Seis? —repitió la italiana, echándole una breve y rápida mirada a la de ojos verdes.
Calvera parpadeó un par de veces, detallando ahora más cuidadosamente a la Pitonisa, y con su ceño levemente fruncido mientras pensaba, evaluando el gran tamaño del vientre de la joven mujer.
—Honestamente pensé que tenías los ocho —murmuró llevándose una mano a la barbilla—Cuando estaba embarazada ni siquiera se acercaba a ese tamaño, y eso que soy bastante alta.
Gioca asintió colaborando sus palabras.
—La mía tampoco —dijo está negando lentamente, luego paso sus ojos en la rubia—¿Y tú qué opinas?
Fluorite las observó claramente confundida, señalándose a sí misma de forma interrogante sin saber exactamente que decir.
—¿Yo? pero si no he tenido hijos aun, me temo que no tengo ningún tipo de experiencia.
Calvera rió con suavidad antes de hablar y aclararle.
—Creo que se refiere a que eres la mejor amiga de la esposa del rubio mortalmente honesto.
—Exactamente —colaboró la italiana con una sonrisa—¿Cómo era ella en su embarazo?
Ahora comprendiendo todo mucho mejor, la Vestal meditó por unos instantes al tiempo que arrullaba a la pequeña criatura.
—Pues… la de Shea era bastante pequeña la verdad, creo que se le empezó a notar como a los cinco o seis meses —dijo finalmente la francesa.
Kaia con bastante tranquilidad se llevó una mano nuevamente a su vientre prominente, pensando en las palabras de las tres, pero se daba cuenta que podría ser cierto que algo extraño sucedía, puesto que a esos meses el tamaño de la barriga de…
—Oh…
Repentinamente la leve exclamación de la mayor interrumpió sus pensamientos, para segundos después un portal de energía se abrió a un par de metros de distancia y que llamó la clara atención de todas y que solo confirmó la sospecha de Calvera al percibir una extraña fluctuación en el aire.
De dicho portal surgió el actual Santo de Géminis, que al verlas y detallarlas solo arqueó una ceja con curiosidad al advertir todas esas femeninas reunidas junto a su compañera.
—Buen día, Defteros-sama —saludó alegremente la rubia Vestal.
—Buen día… —él murmuró vagamente en respuesta, claramente un poco confundido.
Con grandes sonrisas, las tres mujeres se pusieron de pie despidiéndose de la Pitonisa, puesto que ya era hora de que Fluorite fuera a ver si la pelirroja había salido finalmente de la cocina. No obstante, al pasar por un lado del Geminiano, Calvera no pudo evitar darle un par de amigables palmadas en el musculoso brazo moreno con su sonrisa aún más amplia y las cejas levente arqueadas con picardía.
—Buena suerte, grandote —comentó esta antes de seguir con su camino junto con Gioca que no pudo contener la risa.
—¿Qué ha pasado? —Defteros preguntó curioso al tiempo que se aproximaba más a ella.
Kaia simplemente se encogió de hombros con suavidad viendo como le extendía una mano.
—Solo me hacían compañía —le dijo con una leve sonrisa, aceptando su ayuda para ponerse de pie.
El Geminiano asintió agradecido que no hubiera permanecido sola en su ausencia.
—Lamento tardar tanto —comenzó a decir mientras que empezaban a caminar por el pasillo, en dirección hacia la habitación donde la sanadora la recibiría—Se prolongo más de lo debido la salida de Aspros —murmuró con una ligera mueca.
—¿Algo anda mal? —ella preguntó al ver su expresión.
Defteros dejó salir un leve suspiro antes de negar.
—No precisamente, solo un pequeño intercambio de palabras —dijo apretando suavemente su mano entre la suya con afecto. Realmente no quería preocuparla, puesto que ella era capaz de ir a confrontar a Aspros sin importarle en lo más mínimo que estuviera embarazada.
—Tu hermano comprenderá y aceptara progresivamente cuál es su lugar. Y eso lo ayudara a reestablecerse finalmente.
El hombre no dijo nada más al respecto, dado que sabía que ella tenía razón, solo había que esperar... La arrogancia que poseía Aspros le haría el camino un poco más complicado.
No intercambiaron nada más hasta llegar finalmente al cuarto donde la irlandesa los estaba esperando. La simpática chica los dejó pasar, aunque ambos rápidamente notaron la tensión tras su sonrisa amable, pero ninguno quiso indagar por puro respeto, lo cual, la rutina del examen físico hacia la futura madre dio comienzo, y algunas de las sencillas y básicas preguntas para saber cómo iba todo.
Un examen bastante satisfactorio, un buen indicio de que todo marchaba bien.
Sin embargo… antes de finalizar, Connor no pudo evitar suspirar con algo de tensión, mordisqueando su labio continuamente sintiéndose algo nerviosa. Entonces Kaia posó una mano encima la de la rubia con comprensión, percibiendo sus inquietudes desde que habían llegado.
—Algo te inquieta, puedes compartirlo con nosotros si así lo deseas.
La sanadora alzó la mirada con una leve sonrisa tímida antes de asentir con suavidad.
—Bueno… la verdad siempre he tenido esta sospecha, pero no quería decir nada hasta poder confirmarlo —ella se inclinó un poco hacia delante mientras hablaba para posar una de sus manos en el abultado vientre y cerrar los ojos ante el suave movimiento que percibía—Tampoco pude evitar escuchar lo que las otras chicas dijeron —murmuró abriendo los ojos con las mejillas algo ruborizadas al revelar que había oído la conversación—Y me parece que ciertamente no es normal el crecimiento tan apresurado del tamaño del vientre.
Eso, sin dudas, alarmó casi inmediatamente al Geminiano que dio un paso hacia ella con clara preocupación mientras que la Pitonisa permaneció tranquila, pero atenta.
—¿Cómo que no es normal? ¿Sucede algo malo?
Esta vez, Connor le sonrió para tratar de tranquilizarlo antes de hablar.
—No malo, solo que a pesar que aún no puedo confirmarlo… —ella se aclaró la garganta antes de continuar—Creo que puede estar embaraza de gemelos.
Si Defteros creía que la noticia de que Kaia estaría esperando un bebé lo había impactado, sin dudas saber ahora que incluso serian dos, fue como si un sudor frió le recorriera por completo, incapaz de creer lo que estaba escuchando.
—Las posibilidades siempre fueron demasiadas altas al ser cada uno gemelo —explicó brevemente la irlandesa—También puede ser de que simplemente sea un bebé de gran tamaño, pero confió que es lo primero dada las circunstancias.
Gemelos…
El hombre de piel morena se pasó una mano por el cabello con creciente tensión, puesto que sin querer no podía evitar pensar en su dura infancia por estar a la sombra de su propio hermano gemelo por una cruel profecía, y obviamente no quería que volviera a repetirse esa triste historia y mucho menos aun con sus propios hijos.
Sus ojos se posaron en su mujer, que permanecía calmada como si aceptara aquella noticia con tanta naturalidad mientras hablaba con la rubia sobre el tema para satisfacer su curiosidad.
—Connor… ¿Podría hablar contigo un minuto? —él preguntó de pronto, interrumpiendo la conversación.
—Oh… eh… por supuesto —murmuró la sanadora con sorpresa antes de levantarse.
Los dos salieron un momento de la habitación, y el Geminiano podía sentir claramente sus propios músculos terriblemente tensos.
—¿Si, Defteros-sama?
Él observó a la rubia por unos instantes, y con una profunda respiración habló;
—¿Por qué si habías sido una gran sospecha preferiste guardar silencio?
Connor se movió algo incomoda, tratando de ocultar que estaba bastante avergonzado por ese tema.
—Bueno… la verdad no quería precipitarme a los hechos, o preocuparlos innecesariamente.
—¿Preocuparnos? —indagó él con los ojos levemente entornados.
Entonces ella suspiró con suavidad, preparada para lo que diría a continuación y que sabía que solo crearía más tensión.
—Se que para muchos padres tener gemelos es una gran bendición —comenzó a decir ella con un ceño levemente fruncido—Pero… mi preocupación se enfoca es en la madre… usted sabrá que los partos de gemelos son particularmente difíciles.
El Santo de Géminis se paralizó antes esas últimas palabras.
—Y honestamente la señorita Kaia me inquieta aún más por su contextura, además que… bueno usted es un hombre bastante alto y robusto —explicó ella viendo su imponente altura—Así que hay probabilidad de que los bebes sean grandes si llegan a término, lo cual hará todo un poco más difícil.
—¿Qué tanto? —Defteros preguntó enseguida apretando los dientes sin darse cuenta.
—Pues… —la sanadora no estaba segura de contestar, pero no era justo que se lo ocultara tampoco—Algunas mujeres no logran soportar el parto, o los bebes nacen antes de tiempo... en este caso ella tiene mucho en contra a pesar que es una mujer fuerte —Connor volvió a dejar salir otro suspiro con sus hombros derribados con pesar—Podría pasar una desgracia.
Defteros se quedó sin respiración, viendo por sí mismo el dolor en las profundidades de los dulces ojos azules de la sanadora, sintiendo como la misma realidad lo golpeaba duramente.
—Por eso no quise apresurarme, pensando que quizás tuviera solo uno, pero… a pesar que no puedo asegurarlo como ya dije, lo más probable es que esté esperando gemelos.
Él estaba consciente de sus palabras, pero una parte de él se había quedado estático, escuchándola a la lejanía, hundiéndose en una aterradora posibilidad.
¿Kaia… podría morir?
¿Se quedaría sin ella o sus hijos?
Repentinamente sintió un ligero toque en su brazo, y parpadeando un par de veces, bajó la mirada descubriendo que la irlandesa tocaba ligeramente su brazo para traerlo a la realidad, junto con una leve sonrisa dibujada en su blanco rostro.
—Se que todo lo que he dicho no es más que desalentador, pero quiero que sepa que igual haremos todo lo que sea necesario para que nada malo llegue a pasar.
Él simplemente asintió de manera ausente, sin saber cómo sentirse en ese momento… posteriormente regresó a la habitación mientras la sanadora permanecía afuera para darles algo de privacidad. Y Defteros embozó una muy leve sonrisa al verla sentada en la cama mirándolo con atención, se veía simplemente hermosa, así que con pasos lentos se aproximó y al estar a su lado él se inclinó hasta arrodillarse en el suelo y rodear su cintura con sus brazos, apoyando su cabeza en su grande y abultado vientre, sintiendo como ella pasaba afectuosamente sus dedos por su cabellera, peinándolo en silencio, porque obviamente ella podía percibir y olfatear su inquietud, respetando de esta manera su silencio…
Defteros cerró los ojos dejando que sus caricias lo trasportaran a un lugar mucho más tranquilo y en paz, especulando en que podía pensar en alguien que podría descubrir si la sospecha era correcta. Y también pensaba en una opción que hacía tiempo rondaba por su cabeza, pero que ahora estaba cobrando mucha más fuerza que nunca.
'
'
Era todo un hecho ahora.
Iban hacer gemelos.
Asmita se lo había confirmado finalmente dos días después, puesto que el Geminiano había recordado que su amigo había podido percibir a la diminuta criatura que crecía dentro del vientre de su esposa pelirroja cuando esta apenas tenía unos pocos meses, distinguiendo su pequeña esencia, algo que normalmente los Caballeros podían hacer solo cuando el embarazo estaba casi a término, pero la habilidad del Santo de Virgo no era para nada sorprendente conociendo que el hombre más cercano a Dios tenía la perspectiva de sus sentidos mucho más desarrollada y refinada que el resto.
El Guardián del Tercer Templo pasó un mano por su cabello al tiempo que suspiraba con pesadez, haciendo también una leve mueca sintiendo la persistente tensión de su cuerpo que se negaba abandonarlo. Tenía igualmente los músculos agarrotados, y por más que se repetía a si mismo que todo saldría bien una parte de él seguía notoriamente aterrada.
—Tus propios pensamientos te van a consumir, Defteros.
Él se giró lentamente ante la dulce voz femenina, encontrando a la mujer de largo cabello castaño oscuro observándolo con esa mirada extravagante que rápidamente había aprendido amar. Ella le sonrió suavemente mientras posaba su mano en la armadura de Oro que permanecía en el pedestal, al tiempo que la otra se posaba en su abultado vientre.
—¿Crees que alguno estará destinado a portarla? —Kaia murmuró acariciando lentamente la superficie de la Cloth.
—Honestamente… —él comenzó a decir mientras se aproximaba a ella—Espero que no, ni con ella ni con ninguna otra armadura —aunque la verdad, por la fecha los gemelos estaban destinados a nacer bajo la constelación de Cancer si todo marchaba bien…—No me gustaría que por culpa de una Cloth tuvieran una constante rivalidad —dijo con una mueca al recodar su propio pasado.
Entonces él no pudo evitar tomar su mano, llevándosela a sus labios para aspirar su dulce aroma adictivo, y así tranquilizar un poco sus pensamientos.
—No tienen por qué ser rivales si aprenden a convivir en armonía, sin presiones o aspiraciones demasiado altas —comentó ella viéndolo suspirar nuevamente.
Defteros se quedó en silencio aun sosteniendo su mano mientras veía de reojo el brillo dorado que desprendía Géminis, meditando profusamente aquella situación, olvidándose por un momento lo que harían sus hijos en un futuro, puesto que no podía evitar pensar en lo que sucedería cuando ellos nacieran y en la salud de su compañera, o más bien de los tres juntos.
—Kaia… —él murmuró viendo directamente aquellos ojos al tiempo que se acercaba tanto que no había espacio de por medio, aunque su vientre prominente interfiriera a él no le importaba. Movió perezosamente su mano allí donde sus pequeños crecían día a día, y se lo demostraban con esos movimientos que aún lo sorprendían agradablemente, haciendo que se alzara en su interior aquel instinto de amor y protección para con ellos—Vamos a casarnos.
Ella parpadeó un par de veces, ladeando la cabeza con algo de desconcierto.
—¿Casarnos?
El Geminiano asintió suavemente.
—Quisiera que los gemelos nacieran en matrimonio, no me gustaría que fueran incriminados por eso.
Kaia medito sus palabras, pensando que para ella era extraño y confuso en partes iguales esa tradición de los humanos, porque básicamente era formalizar ante los demás algo que ya estaba sobre entendido como ser pareja de alguien. La madre naturaleza les había enseñado que eso no era realmente necesario, dado que si ambas partes realmente se amaban entonces su amor jamás se rompería...
Y honestamente era igual de confuso sobre el tema de los hijos bastardos.
Defteros apretó un poco los labios, adivinando rápidamente lo que pasaba a través de los pensamientos de ella.
Y la realidad no era que deseaba eso para que sus hijos nacieran legítimos, le importaba muy poco esa opinión aparte que simplemente no era prioridad, más bien… con todo lo que estaba pasando, todas esas malas noticias sobre el parto que superaban fácilmente a las buenas, no deseaba que algo malo sucediera y lo carcomiera el arrepentimiento junto con un sufrimiento agónico, que a conjunto con lo primero lo iba a destruir lentamente… quería el honor de llamarla su esposa pasara lo que pasara.
Aunque… quizás se estaba anticipando demasiado, su negatividad e inseguridad lo estaba enfermando de cierta forma, la preocupación realmente lo afectaba más de lo que había pensado.
Él suspiró apretando afectuosamente su mano más pequeña y delicada, antes de soltarla con resignación arrepentido por sus propios pensamientos.
—Kaia… yo… olvidado, quizás podremos esperar —murmuró sintiéndose algo culpable por presionarla de esa manera tan repentina.
Entonces el hombre sintió el suave toque de sus manos en su mejilla, como cuando siempre pasaba en sus momentos de inseguridad. La Pitonisa le sonrió, captando su mirada sosegada, porque sabía bien cuál era su temor, ella misma estaba consciente de los enormes riegos, aunque nunca lo había hablado realmente con él, pero no hacía falta conversarlo para darse cuenta de su turbación y pánico constante desde que se supo la noticia.
—Vamos a casarnos —le dijo viendo su asombro inicial, para luego pasar al alivio, felicidad y por último al infinitivo cariño.
Defteros tomó suavemente su barbilla para alzar un poco su hermoso rostro de piel dorada, para descender poco a poco a sus labios, con ella cerrando lentamente los ojos en espera.
—Gracias… —él susurró antes de unir finalmente sus labios en un beso tierno y amoroso.
Solo esperaba febrilmente que todo saliera bien.
Y al mes siguiente se efectuó una pequeña ceremonia sin demasiados detalles, donde únicamente estaban presente los Santos Dorados y sus respectivas parejas, incluido el Patriarca quien fue que dirigió la boda, como la más alta autoridad que dirigía al Santuario en la ausencia física de la Diosa.
El hombre de tez morena portaba su brillante armadura de oro, que bajo el sol de aquel día lanzaba destellos dorados junto a sus camaradas, dándole un aura imponente… pero él no tenía ojos para nadie más que para la menuda mujer que pronto se unirían por un vinculo oficial. Que con su largo y sencillo vestido blanco con flores de igual color, abrazaba su cuerpo dando a relucir su avanzado embarazo, dándole un aspecto de inocencia pura, la corona de hojas y flores en su cabellera solo completaban la escena perfecta.
Lo único que para el antiguo demonio hacía falta realmente era la asistencia de su propio hermano, que por ciertas circunstancias que escapaban de las manos de todos no pudo presentarse. Aunque en cierta parte de la ceremonia juró que pudo sentir su presencia, como si estuviera escondido en algún lugar observando todo entre las sombras, pero simplemente lo atribuyó a su imaginación.
Y después de esa pequeña, pero significativa boda ellos trataron de relajarse y de disfrutar sus días, a pesar que la movilidad de Kaia era bastante reducida, puesto que apenas podía caminar o siquiera mirarse sus propios pies. Pero eso a él no le importaba y tampoco atenderla, y definitivamente los continuos movimientos de los bebes en su vientre cada vez que posaba su mano allí le era motivación de sobra que lo hacían sonreír.
Pero… finalmente el día llegó, y como se había temido un mes antes de la fecha establecida.
Un diecisiete de Junio la noticia rápidamente se corrió, los dolores dieron comienzo temprano en la mañana, pero decidieron esperar con calma antes de que empezara el verdadero momento del parto. La sanadora no tardo demasiado tiempo en presentarse en la Casa de Géminis después de haberse preparado adecuadamente, y venia acompañada por el joven león tan dispuesto como estaba para ayudarla en todo que tenía a su alcance.
Cuando la labor de parto realmente empezó muchas horas después; se decidió, que a pesar de su clara desaprobación, que el Geminiano permanecería a fuera de la habitación, porque su nivel de preocupación era tan alta que la Pitonisa podía detectarlo fácilmente y podría afectarla, además que las cosas rápidamente podrían ponerse… acaloradas con su carácter algo volcánico. Por esa razón fue bastante duro despedirse de ella, que con una dulce y tensa sonrisa por las dolorosas contracciones le murmuró que todo estaría bien, aunque ambos estaban sumamente reacios a soltar la mano del otro.
Pero no se encontraba solo mientras esperaba afuera, acompañándolo se encontrada el Santo de Virgo y Sagitario, e incluso el gran toro Dorado pasó brevemente tras haber escuchado la noticia, ansioso por saber cuándo los gemelos nacerían finalmente, prometiendo al hombre de piel morena que volvería a frecuentar a ver como marchaba todo, no sin antes de darle un par de poderosas palmadas de apoyo en su espalda.
Un rato después Defteros suspiró con pesadez, pasando sus manos por su rostro tras pasar apenas la primera hora.
—Honestamente no sé cómo permaneciste tan calmado, Asmita —él comentó de pronto rompiendo aquel silencio, sentándose bruscamente en un banco de madera.
El rubio con sus ojos cerrados le dedicó una leve sonrisa.
—No te equivoques, amigo mio, jamás había sentido un miedo tan grande y a la vez tanto temor en lo que conozco de vida —murmuró el rubio con sinceridad, memorando cuando su pyaar dio a luz a su pequeña—Ni siquiera cuando llegó la llegada de la Guerra Santa.
El de tez morena solo resopló levemente para sí mismo, pensando que desearía tener la misma tranquilidad que transmitió Asmita en aquel momento a pesar de la situación, pero sabía que no le quedaba de otra.
No paso mucho tiempo hasta que una nueva presencia irrumpiera en la estancia, los presentes se volvieron y el Geminiano alzó la mirada con sorpresa al descubrir a la esposa del Santo de Escorpio. La mujer de abundante cabello negro sonrió ampliamente al ver al futuro padre mientras se acercaba a la puerta de la habitación con paso confiado.
—No voy a dejar a esa pequeña rubia sola para traer a dos pequeños al mundo —le dijo en forma de respuesta hacia aquella pregunta que no hacía falta formular. Le guiñó un ojo antes de tocar suavemente la puerta con los nudillos.
Defteros ni siquiera logró salir de su asombro inicial cuando le permitieron el paso a la mujer latina dentro del cuarto, y se escuchó claramente la alegría y el alivio de la sanadora. Al ver la llegada de un par de manos extras lo tranquilizaba de cierta forma, puesto que sentía casi con seguridad que no sería un parto fácil, y la irlandesa, como cualquier otro ser humano se cansaba, por esa razón era bueno tener un poco de ayuda.
Aunque sinceramente eso lo hacía sentirse también un poco inútil por no poder hacer absolutamente nada más que solo esperar y preocuparse. Sobre todo, con el hecho que jamás se había separado de su lado ni en los peores momentos, y ahora por su incapacidad de mantener debidamente la calma a causa de su inquietud debía separarse de ella.
Era increíblemente frustrante…
Las horas continuaron pasando, y con ello se podía comenzar a escuchar con mucha más frecuencia los alaridos y gemidos de dolor que lanzaba la Pitonisa, lo cual solo aumentaba la intranquilidad del Geminiano, que no hacía más que pasar sus manos por el rostro para quitarse todo rastro de sudor frió, estando más nervioso que nunca. El Santo de Sagitario le sonrió con algo de comprensión, mientras que el de Virgo simplemente se apoyó en el la pared también dedicándole una breve mirada compasiva, sabiendo por el largo y difícil tramo que estaba pasando su amigo ya con la experiencia propia, sin embargo, a otro nivel muy diferente.
Llegó en un punto donde hubo varias visitas, entre ellos Degel, nuevamente Aldebaran y hasta el mismo Patriarca, pero ciertamente el Geminiano no presto la debida atención a las palabras de ninguno de ellos al estar sus pensamientos enfocados en una sola cosa.
Siempre había creído que la paciencia era una de sus virtudes, puesto que paso dos años en la isla Kanon perfeccionando su poder día a día, forjando su carácter demoniaco, algo que no resulto ser fácil, pero que con paciencia pudo lograrlo finalmente.
Pero ahora…
Era muy distinto, algo que lo superaba enormemente.
Su corazón dio un poderoso salto en su pecho cuando repentinamente el llanto de un bebé rompió el eterno silencio que se había establecido, se quedó completamente estático escuchando atentamente aquel sollozo que se filtró rápidamente en su corazón. ¿Ese era su hijo? Algo dentro de si se estremeció por completo, arremolinando las emociones en su interior. El hombre castaño y el rubio solo sonriendo viendo lo transparente que eran las expresiones de su rostro moreno en ese momento.
Entonces la puerta de la habitación se abrió solo lo suficiente para que Regulus asomara la cabeza con una radiante sonrisa, Defteros en seguida para ponerse de pie y se dio prisa para acercar aun sin aliento por la revelación de que finalmente se había convertido en padre.
—Felicidades, es una niña —comentó risueño, pero casi al instante cerró un poco más la puerta cuando vio las intenciones del Geminiano de entrar—Es mejor que esperes a que nazca la segunda, órdenes directas de la sanadora —le dijo igual de risueño antes de cerrar completamente.
Defteros no pudo evitar gruñir de irritación mientras se quedaba de pie justo al frente de la entrada de la habitación, contrayendo los puños decido a ingresar desesperadamente, pero un rápido pensamiento lo atravesó en ese instante después de analizarlo realmente.
Esperen… ¿Una niña?
¿Había tenido una niña?
Esa nueva revelación instó a que volviera a sentarse, con la clara sorpresa deslumbrando en sus facciones. Cuando le dijeron que iban hacer gemelos había dado por sentado que serían varones, dado por su propia historia no había llegado siquiera a imaginar que el resultado podría ser todo lo contrario. Sin embargo, ahora… pensar en aquella criatura que bien podría parecerse a kaia con algo de sus propios rasgos, le causaba un sentimiento poderoso, y también un deseo descomunal de conocer a su pequeña y estrechar a su esposa entre sus brazos por darle tan hermoso regalo.
No obstante, su felicidad comenzó a verse opacada paulatinamente tras transcurrir los minutos notando que el silencio seguía siendo el mismo en la sala, sus compañeros poseían el ceño levemente fruncido, pero no se atrevieron a decir nada al respecto. El Geminiano se levantó para caminar por la habitación de un lado a otro mientras la preocupación lo dominaba rápidamente, preguntándose por qué tardaba tanto el segundo nacimiento, puesto por lo que él y Connor había platicado, los primeros minutos eran esenciales y tanto la madre como los niños corrían más riesgos con forme el tiempo avanzaba.
Después de media hora, Sisyphus que portaba su armadura dorada por si alguna emergencia sucedía, parpadeó un par de veces al percibir como la Cloth comenzaba a brillar intermitentemente.
Y Defteros se detuvo en seco al verlo.
—¿Esta resonando? —preguntó este con el ceño fruncido.
El castaño alzó la mirada con una gota de sudor bajando por su frente al sentir que le quería decir su armadura.
—Sagitario está haciendo resonancia a la respuesta de Géminis.
Eso solo causo más confusión en el hombre de tez morena, que sabía bien que su Cloth se encontraba en su respectivo pedestal.
—Si Géminis está actuando de esa forma… —Asmita comenzó a decir con calma tras unos segundos—Eso quiere decir que el segundo a nacido finalmente.
Complemente sin aliento Defteros observó en seguida en dirección a la puerta, pensando que el rubio tenía razón, dado que la armadura reaccionaba al nacimiento, porque aparte de que eran gemelos habían nacido después de todo bajo la constelación de Géminis.
Pero entonces… ¿Por qué a esas alturas no escuchaba otro llanto?
Con un mal presentimiento atravesando sus entrañas se aproximó a grandes zancadas a la puerta seguido de Sisyphus, sin embargo, apenas estaba a punto de posar su mano en el picaporte, cuando esta se abrió mostrando al joven león, pero su semblante era muy distinto al que mostro anteriormente, parecía tenso, aunque intentaba ocultar con una sonrisa claramente forzada, lo cual no representaba un buen augurio.
—¿Qué es lo que está sucediendo? —el Geminiano preguntó rápidamente intentando ver lo que pasaba adentro de la habitación, pero solo pudo vislumbrar como había alguna especia de agitación.
El Santo de Leo junto un poco más la puerta para obstaculizarle la visión a propósito.
—Solo un percance, puedo decir que ya ha nacido, pero debes de esperar un poco más —le dijo mostrándose algo inquieto.
Defteros iba a decir algo, pero cerró la boca de golpe al notar como la ropa del joven tenía grandes rastros de sangre, y la forma que traba de ocultar sus manos decía que también había sangre en ellas.
—¿Qué…?
Antes de siquiera completar su pregunta el chico levemente alarmado cerró inmediatamente la puerta.
—¡Regulus! —rugió Defteros, dispuesto a derribar aquella maldita puerta de una vez por todas.
Aunque justo antes escuchó como unos pasos apresurados, se giró para observar cómo Sisyphus se dirigía hacia la salida con claro apuro.
—Sisyphus… ¿Que pasa? —llamó suavemente con confusión.
El castaño se volvió y el moreno pudo ver la tensión en su rostro.
—Voy a ir a buscarla, va a venir sola… si es que no está en camino ya —murmuró preocupado porque la Oráculo no debía bajar sola en su condición.
Con eso el Santo de Sagitario se marchó dejando al Geminiano con un mal sabor de boca al comprender lo que significaba aquellas palabras, puesto que, si estaba preocupado por Ione, eso solo quería decir que algo lo bastante malo debía estar pasándole a Kaia para que su gemela lo sintiera.
Apretó los puños con fuerza tensando la mandíbula, sintiendo como estaba creciendo rápidamente la desesperación en su interior.
—Debes de dejar que ella haga su trabajo, Defteros —la voz de Asmita lo trajo nuevamente a la realidad—Date cuenta que si entras ahora lo que veras no podía gustarte y sin querer tu preocupación podía alterar sus labores —murmuró suavemente mientras seguía apoyado en la pared—Connor no está sola, una Diosa encarnada esta con ella para ayudarla, amigo mío.
El hombre de largo cabello azul permaneció en silencio, dejando que las palabras del rubio lo hicieran entrar en razón antes de que él mismo ingresara a la habitación a la fuerza.
—Cuando el momento sea el indicado podrás entrar.
Entonces el Geminiano dejó salir un pesado y frustrado suspiro finalmente asintiendo pero casi a regañadientes, puesto que el deseo de ver a Kaia y a sus hijas lo estaba consumiendo vivo.
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Solo transcurrió una hora más, pero que para él fue como una completa y cruda eternidad.
Tuvo que ver como la Oráculo llegó y pasó como una exhalación sin siquiera reparar en la presencia de nadie, simplemente entró a la habitación sin siquiera llamar, y él solo pudo apretar los dientes deseando desesperadamente hacer lo mismo, porque honestamente ya se estaba volviendo loco.
Algo andaba muy mal, y definitivamente ya no podía soportarlo.
Más decidido que nunca se levantó con un solo propósito en mente, acercándose a la puerta bajo la atenta mirada del rubio y el castaño, con su mandíbula tensa de tanto contener su enojo y preocupación. Pero justo antes de llegar esta se abrió mostrando al Guardián del Quinto Templo, sin embargo, estaba vez salió complemente cerrando la puerta a sus espaldas mientras miraba fijamente al moreno, su expresión habitualmente sonriente; ahora poseía un semblante serio, sin una pizca de temor a enfrentar al antiguo demonio de la isla Kanon.
Regulus había presentido claramente el fuerte y amenazante cosmos de uno de sus compañeros, por esa razón había salido para mantener eso afuera de la habitación y darle un poco de tiempo a Connor de hacer un milagro.
—Déjame entrar, ya he espero suficiente —murmuró él en un tono bajo pero peligroso.
El joven de cabello castaño se mantuvo firme y silencioso, algo más que claro que no iba a apartarse.
—Regulus… —Defteros gruñó estrechando la mirada, observando como las pupilas del más joven se volvían alargadas como las de un felino.
Azul contra azul, una silenciosa batalla donde el poder de sus cosmos ya se podía percibir sin problemas. Sisyphus hizo ademan de intervenir, pero rápidamente notó de reojo como Asmita negaba con suavidad, lo cual causó que el Santo de Sagitario frunciera el ceño con confusión, hasta que una repentina presencia irrumpió en la habitación por medio de un portal.
Defteros gruñó contrayendo aún más los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos, sintiendo su propia ira comenzar a bullir como magma espeso por sus venas, sin importarle en lo más mínimo si explotaba su cosmos en ese preciso instante, lo único que quería para apaciguar su ira era que le dejaran verla.
Repentinamente sintió como algo se posaba en su hombro, una sensación familiar que lo obligó a salir de su estado, entonces observó a su derecha y cualquier pensamiento desenfrenado se enfrió al instante por la impresión…
Sus ojos se abrieron ampliamente al ver el rostro de su hermano que permanecía a su lado con su mano apoyada en su hombro.
Aspros arqueó lentamente una ceja azulada, y con calma posó su mirada en la del joven león, que tan sorprendido como el moreno parpadeó varias veces ante su inesperada presencia. Para el antiguo Santo de Géminis no le era difícil suponer lo que sucedía, con las emociones de su gemelo tan fuertes que traspasó sin problemas aquella barrera que se había alzado entre ambos y que una vez pensó indestructible, con ese hecho le bastaba saber que algo malo realmente sucedía.
—No creo que sea sentado librar una batalla de mil días solo por esto —dijo este con una sonrisa irónica antes de que se borrara lentamente para dar paso a una mirada más seria y penetrante—Déjalo pasar, Regulus.
El castaño iba a replicar, pero el gemelo mayor volvió hablar y esta vez inclinándose para susurrarle, aunque le importaba muy poco que su hermano lo escuchara realmente.
—Si la situación es tan mala como pienso, entonces deberías dejarlo pasar a verla —le murmuró estrechando la mirada—Todos lo que estamos aquí presentes sabemos lo que es sufrir una perdida, y peor aun lo que es no poder despedirse adecuadamente.
Sus palabras pudieron hacer mella rápidamente en el joven león, que lo transportó hace más de quince años en el pasado, e inclusive mucho más atrás… algo que jamás podría olvidar en su vida. Haciendo una ligera mueca, meditó unos segundos más antes de soltar un ligero suspiro dejando caer sus hombros, para luego volver a subir la mirada con profunda nostalgia y pesar hacia el hombre de piel morena.
—Está bien, Defteros —le dijo Regulus arrepentido de su actitud sin considerar siquiera en ponerse en su lugar—De todas formas, ya se habrá hecho todo lo posible —murmuró más para sí mismo masajeando su cuello tenso.
El Geminiano se tensó aún más con sus últimas palabras, pero decidió no hacer más preguntas y verlo por sí mismo. Le hecho una breve mirada de agradecimiento a su hermano, ante el sorprendente hecho que había ido allí solamente por él…
Tomando una profunda respiración, finalmente entró, y lo primero que sus ojos observaron fue a la mujer latina de pie a un lado muy cerca de la entrada, ella sostenía en cada brazo a par bultos enrollados en una pequeña manta, iba acercarse, pero la profunda expresión de Calvera de tristeza lo hizo frenarse, entonces volvió el rostro hacia la dirección donde ella había posado su triste mirada y lo que vio en la cama simplemente le quitó todo el aire de sus pulmones y que congeló la sangre en sus venas.
Allí en la cama Kaia se encontraba tendida, y tanto como su ropa como las sabanas aun había alguno que otro rastro de sangre que no se pudo limpiar aun, su palidez era casi perturbadora, y sus ojos… permanecían cerrados. Al lado de ella sentada en la cama estaba la oráculo llorando silenciosamente mientras sostenía su mano con cariño. La rubia irlandesa tenía una de sus propias manos apoyadas en el hombro de la desconsolada mujer, como si le estuviera brindando su apoyo, aunque su semblante era tan triste y preocupada como el de los demás.
No supo en qué momento avanzó hasta estar de pie a un lado de la cama, con sus ojos fijos en la mujer que le pertenecía su corazón, ni siquiera notó como Ione al verlo se levantó lentamente para dejarlos solos, con su rostro contorsionado por el dolor y el llanto, y entre llorosos se despidió de su hermana con un leve apretón de manos sin que esta respondiera en ningún momento. Salió de la habitación sin poder contener el mar de lágrimas que fluían libremente por sus mejillas, esperando refugiarse en los brazos de su amado para buscar un poco de consuelo.
Él simplemente caminó un par de pasos más hasta llegar por fin a su lado, y solo se dejó caer de rodillas sin ser consciente de nada más. Subió una de sus manos que poseía un leve temblor y acarició muy levemente su cabello oscuro, inclinándose hacia ella con un profundo dolor y presión en su pecho que le dificultaba enormemente respirar.
—Lo siento, Defteros-sama, hice todo que pude… ahora todo dependerá de ella…
La suave voz de Connor apenas la escuchó como un susurro lejano mientras ella se retiraba lentamente para darles su espacio.
Defteros sentía un poderoso nudo en su garganta al verla de aquella manera, puesto que parecía estar…
En seguida apretó los dientes con tanta fuerza que poco le importó que los colmillos se clavaran dolorosamente en sus labios; no, no iba a pensar en eso, a pesar que el color dorado de su rostro había casi desaparecido, dominando una gran palidez, o de su respiración tan pesada y superficial que de un segundo a otro podría tomar su último aliento.
Sus hombros temblaron ante la devastación de las emociones en su interior, e inclinándose un poco más para apoyar su nariz en su frente, mientras su otra mano buscó la de ella mucho más fría, sosteniéndola con un suave apretón.
—Kaia… —comenzó a decir en un ronco susurro—No te vayas… no te alejes de nosotros.
Con esas simples palabras sentía que se ahogaba, desesperado por ver sus exóticos ojos, su sonrisa o su dulce voz llamándolo.
No quería perderla.
No antes de decir que la amaba con toda su alma, aunque sea por última vez…
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Su mente y su cuerpo se sentía tan pesados y nublados que le supuso un esfuerzo enorme solo la simple acción de abrir los ojos, seguramente lo había intentado varias veces, puesto que sentía que volvía a caer en la inconsciencia como si la oscuridad la arrastrara, pero esta vez quería lograrlo, porque sabía que algo pasaba, algo realmente importante que su instinto se lo gritaba en lo más profundo de su mente.
Abrió los ojos lentamente, parpadeando para intentar que la iluminación no perforara su cabeza como dolorosas agujas. Inmediatamente notó la boca muy seca, que hasta le costaba tragar, pero lo más notorio era esa sensación de gran debilidad en cada rincón de su cuerpo, como si fuera hecha de plomo. Apretó los labios para evitar soltar un gemido ante aquella horrible sensación, pero pudo dejarlo de lado al estar sólidamente consciente y ver que se encontraba en una habitación que le resultaba familiar. Observó a su izquierda, costándole un poco al sentir su cabeza aturdida y tan liviana como si estuviera en una nube, entonces vio la ventana alta y los tranquilos rayos del sol que atravesaba las cortinas que se movían suavemente con la ligera brisa.
Cerró nuevamente los ojos y tomando una profunda respiración, intentado rememorar lo que había pasado, porque no podía recordar casi nada. Frunciendo el ceño con intriga y esta vez volvió un poco su rostro hacia la derecha mientras al mismo tiempo abría sus ojos nuevamente, el aliento quedó atrapado en su garganta cuando repentinamente notó que no estaba sola en la cama.
Dos pequeñas criaturas, una al lado de la otra se encontraban profundamente dormidas levemente envueltas en un par de mantas que los abrigaba bien. Y… al otro lado estaba el hombre que amaba, que permanecía dormido en su costado muy cerca de las criaturas, sus ojos estaban cerrados y su respiración acompasada, pero aun así su ceño permanecía fruncido como si no estuviera a gusto en sus sueños.
Sus ojos se llenaron de lágrimas sin darse cuenta, esos eran sus bebes…
En ese momento comenzó a recordar todo con más claridad, lo difícil que había sido traerlos al mundo, hasta el punto que había perdido la conciencia más de una vez por el tremendo esfuerzo y dolor, pero la insistencia de la sanadora la ayudó en la última etapa, hasta que… se había sentido tan débil que no pudo permanecer más tiempo despierta, oyendo claramente la alarma en la voz de la rubia, pero en ese instante él había dominado por completo sus pensamientos hasta que la oscuridad se la tragó.
Y ahora… ahora sabia lo cerca que había estado de la muerte, y no se imaginaba el terror que debió pasar él al pensar que sus pequeños crecerían sin una madre…
Con su corazón encogido ante ese pensamiento, hizo un esfuerzo para colocarse de costado para observar a los tres con más detenimiento, pero eso solo le arrancó un leve quejido, su cuerpo agotado y entumecido protestaba por cualquier mera acción. Entonces se dio cuenta tardíamente que ese pequeño sonido despertó casi instantáneamente al hombre moreno, que abriendo sus ojos azules la miró algo aturdido y con ceño fruncido, luego parpadeó un par de veces, quizás pensando que era un sueño más, pero lo cierto era que apenas se percató de la realidad un jadeo de sorpresa escapó de sus labios, incorporándose en uno de sus codos con brusquedad con intenciones de inclinarse hacia ella, sin embargo, los suaves ruiditos de parte de los bebes como si estuvieran a punto de despertar ante el sorpresivo movimiento. Él se quedó quieto al instante, repentinamente consciente que sus hijos estaban entre los dos.
Un poco más calmado el Santo de Géminis dejó salir un suspiro entre agotado y aliviado antes de volver a recostarse con cuidado, para después extender su mano hacia ella para acunar su mejilla, y al sentir su piel cálida de nuevo sintió una fuerte emoción apresar su garganta.
—Kaia…
Ella levantó con lentitud sus dedos aun sintiéndose débil, pero fue capaz de cubrir su fuerte mano con la suya, disfrutando de su toque. Y siendo esos ojos azules tan intensos y que en ese momento brillaban levemente por lagrimas contenidas, pero el demonio no parecía darse cuenta al estar totalmente concentrado en ella.
—Estas bien y viva —murmuró él con voz ronca, esbozando una genuina sonrisa por primera vez desde el trágico momento.
La Pitonisa asintió lentamente con un suspiro de gozo, cerrando sus ojos y aspirando profundamente captando ahora el particular y único aroma de los gemelos, una mezcla de la esencia de ambos que le hizo sonreír aún más ampliamente. Abriendo sus ojos para ver nuevamente a Defteros y suspirar de nuevo al detectar fácilmente su amor.
—Perdiste mucha sangre… —él dijo haciendo una leve mueca, y con su pulgar empezó acariciar su pómulo con cariño—Realmente pensé que te iba a perder…
Había sido un completo tormento la espera de saber si sobreviviría o no, ella había permanecido inconsciente por más de un día. Afortunadamente Shea e Ione se pudieron encargar de los gemelos, para alimentarlos ya que obviamente su madre no era capaz de hacerlo, una enorme ayuda para él que con el corazón destrozado no sabía exactamente que debería hacer. Le debía mucho a esas mujeres, sobre todo a la sanadora y a la esposa de Kardia, puesto que sin esta ultima y sus habilidades como Diosa logró intervenir a tiempo lo más seguro es que hubiera sucedido una gran tragedia.
Entonces Kaia giró un poco su rostro hacia su palma y deposito un suave beso antes de hablar con algo de esfuerzo.
—Mientras… pueda ser capaz de luchar… nunca te abandonare, Defteros.
Su propia voz sonaba extraña a sus oídos, siendo un poco raposa y apenas en un susurro, pero él la escuchó fuerte y claro. El Geminiano apartó lentamente su mano demorándose un poco más al rozar sus labios de melocotón con su pulgar, sentía una euforia intensa de felicidad de escucharla después de todo lo que había pasado.
Y ambos posaron los ojos en los pequeños que se movían levemente entre pequeños ruditos aun en sueños, y Defteros acarició con ternura la mejilla del bebe que tenía justo a su lado.
—Ella nació primero —dijo con cariño para luego repitió la misma acción con la otra criatura—Y después de mucho esfuerzo de parte de todos nació él… —murmuró ahora viendo a los ojos de su amada para ver su reacción.
Kaia parpadeó un par de veces con sorpresa, viendo fijamente en intervalos a cada bebé, además de que una dulce sonrisa se dibujara en sus labios en el proceso, posando su mano en el pequeño cuerpecito del niño a su lado, sintiéndolo suavemente respirar.
Sin duda estaba agradablemente sorprendida por ese descubrimiento.
Un niño y una niña… ninguno de los dos se lo había esperado.
—Son perfectos… los dos —susurró suavemente no queriendo despertarlos, feliz por el momento en contemplar a ambos, junto al hombre que poseía su corazón, quien solo le dedicó una sonrisa ligera en respuesta.
Ellos cerraron sus ojos nuevamente para volver a descansar dejando que la tranquilidad los arropara, al tiempo que sus manos volvían a encontrarse y entrelazaban sus dedos con afecto.
De ahora en adelante todo iba a mejorar estando unidos como una verdadera familia.
Y ni los Dioses mismos los iban a separar.
¿Fin?
¿Y que les pareció la sorpresa de que en realidad los gemelos sean una hembra y un barón? :3 y lo siento para aquellos que pensó que el bebe que llevaba Fluorite en brazos era su hijo y el misterio que ronda a Ione xD somos malvadas(?)
Después de más drama finalmente llega la paz para nuestro querido demonio, su vida no ha sido nada fácil incluso después de revivir :'3
Y ya nada más queda el epilogo, que como es bastante cortito comparado con los capítulos anteriores, ese si lo subiré la próxima semana.
¡Nos vemos en el próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
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¡Únanse, las esperamos!
Okami Akai
