Después de mucho pensarlo, he decidido no traducir abuelo, porque se que en algunas partes la palabra "abuelo" va a sonar muy violento, así que Ace dirá chichi, que en japones significa padre, si, pero así se dirige Ace a Garp (observar el anime)


—¡AY, CHICHI! —gritó Ace, inmovilizado contra el suelo.

Garp había pillado a Ace en su camarote. El muy osado se había escondido detrás de la puerta, y en cuanto entró apareció de sopetón para darle una sorpresa, y se atragantó con una galleta que estaba comiendo.

Rápidamente, Garp lo redujo aunque Ace no hizo nada por evitarlo, ni siquiera ahora, que estaba siendo aplastado contra el suelo.

—¡ERES ESTÚPIDO! ¿qué rayos haces aquí? ¿Esta es tu forma de agradecerme, haciéndote pirata y darme un susto de muerte? —reprendió con toda su ira.

—Chichi, quería saludarte… —le costaba hablar con la mitad de la cara paralizada.

Se le estaba hinchando la vena. Su enojo no se detendría aquí, pero… Ace no hacía esfuerzo por soltarse de su agarre, y pensó que quizás…

Garp acabó soltando a Ace.

—Por fin. —suspiró de alivio y se puso en pie, sacudiéndose el polvo de los pantalones y arreglándose la camisa abierta y poniendo en orden su sombrero.

—será mejor que me digas lo que tienes que decirme, ¡MOCOSO!

—No me faltes, chichi.

—tu eres el que me falta a mi tomando esas malas decisiones. Ven conmigo ahora. Estás a tiempo de arreglar las cosas de buena manera, yo me en…

—Chichi, no sigas… —una sombra cruzó por su cara. Garp era recalcitrante, pero él era más obstinado todavía—. Ya tengo diecisiete años. Para dieciocho… —tragó saliva, inseguro.

—Ya lo se. —le cortó. Su mal genio no tenía filtro, estaba cabreado con razones.

Ace ya sabía que no sería tan fácil, nadie ni nada le haría cambiar de opinión, antes muerto que retractarse. Pero Ace no vino para rememorar viejos tiempos teniendo otra discusión. Ya era mayor, un hombre, y ahora podía decir las cosas claramente, con confianza.

Ace se lanzó a los brazos de Garp, abrazó su cuello y saltó unos centímetros del suelo para encontrar los labios del vicealmirante con los suyos.

Se sintió bien.

Garp se quedó atónito a los primeros momentos. No supo como reaccionar ante tamaña osadía, y encima viniendo de Ace…

—¿Qué pretendes, Ace? —dijo muy serio. Ya no había enfado ni disgusto, y si estaba mosqueado lo escondía muy bien bajo ese tono lúgubre.

La piel del vicealmirante palideció, y la sombra que oscureció su mirada fría como el hielo asustó a Ace. Era consciente de que podía provocar esa reacción, así que no tardó en recomponerse y le plantó otro suave beso en los labios, cerrados a cal y canto.

Garp no se inmutaba, estaba ahí, como una estatua. Ace levantó el mentón y lo obligó a mirarle a los ojos. Estaba aterrado pero decidido a hacerlo. Era fácil de adivinar que no le gustaba para nada lo que estaba ocurriendo en su camerino con la puerta cerrada, y de seguro algo escéptico todavía.

—Chichi… —lo besó con la boca abierta. Su lengua intentaba colarse, pero Garp mantenía los labios apretados.

—¡YA ESTÁ BIEN! — Garp Colapsó y apartó a Ace de un empellón.

El empujón de Garp dejó a Ace en el suelo. Y sabía que eso podía pasar. En tal caso, lo mejor era no preocuparse, pero… dolía tanto que te apartaran.

—Ace… —se volvió para mirar su espalda. Ace se negaba a levantarse, no quería mirarlo y que lo viera en ese estado; apunto de llorar—. No eres consciente de lo que haces.

—Si que lo soy. Ya soy mayor, un adulto, pero no me ves como tal. Para ti soy un niño ¿verdad?

—¡NO ES POR ESO! —Gritó enojado. Se agachó y zarandeó los hombros del joven—. Piénsalo bien, muchacho estúpido.

—¿Todo es porque soy un hombre? ¿o porque me consideras un familiar? No compartimos sangre. —ahora veía su rostro mojado. Vulnerable y patético, ni siquiera podía mantener la mirada hacia arriba mientras le reprochaba.

—¡PERO COMO TE…! —Se detuvo al descubrir que estaba apunto de abofetearle.

—Hazlo, venga, hazlo. Pégame si quieres. Arrearme como un niño travieso. Eso me gustaría, me gustaría que me sacaras mi estúpido amor a golpes. Los golpes duelen, pero esto me está quitando la vida. —sollozó. Se sentía tan incapaz.

Entonces Garp lo comprendió. Puede que Ace fuera joven, inepto, estúpido y estuviera perdido en la vida, pero su amor era real.

Garp abrazó a Ace con mesura. El gesto lo calmo considerablemente. Más relajado, dejó de llorar y le rodeó la ancha espalda de Garp con los brazos.

Seguro, Ace se apartó un poco del vicealmirante y le sostuvo la mirada, un segundo después, lo besó en los labios. Garp estaba reacio, pero la insistencia de Ace funcionó; entreabrió la boca y dejó pasar la rosada lengua del joven.

Desde que entró en el barco estaba decidido a perder la virginidad con la persona que verdaderamente amaba. Aunque Garp no lo viera del mismo modo que él lo hacía. Cuando Ace era pequeño, el amor que le procesaba era distinto al de ahora, porque a los ocho y diez años todavía era inocente. Pero cuando cumplió los quince empezó a mirar al abuelo de otra manera. Garp cambiaba a medida que pasaba el tiempo; su pelo se volvió completamente cano y sus arrugas más pronunciadas, pero más o menos mantenía la forma y de carácter no cambiaba. Pero dejó de verlo como su chichi y descubrió en Garp un hombre maduro y corpulento malcarado bastante interesante. Cuando empezó a auto-descubrirse, si quería tener un buen orgasmo, tenía que pensar en el. Cuando terminaba de eyacular le sobrevenía la culpabilidad para atormentarlo. Al principio le frustraba, porque cuando más luchaba contra el deseo más agobiado estaba, hasta que al fin lo pudo reconocer; que le gustaba Garp.

Siempre fue como un padre para él, aunque sabía que no compartían la misma sangre, y puede que ese echo le hiciera verlo desde otra perspectiva más amplia, y propiciara a su progresivo enamoramiento. Pero no dejaba de ser inapropiado, sobre todo por la edad. Ace sabía que tal vez era aún un poco joven para realizar el acto, y menos con alguien tan mayor. Pero no había nada que más deseara que consumar su amor, y si Garp quería...

El vicealmirante no estaba para nada seguro de lo que estaba haciendo. No solo se dejaba besar por ese estúpido muchacho, sino que también le devolvía los besos. Al principio no sintió gran cosa, no le disgustaba pero la cosa estaba lejos de agradarle, sobre todo por el prejuicio de saber quien era. Ace era menor de edad, no cumplía los dieciocho todavía aunque le quedaba poco, pero lo más tormentoso era… que lo había visto crecer. Lo vio recién nacido, con pocos meses de vida, con un año, dos, cinco, ocho, diez, trece, quince, diecisiete, había estado con él todas las etapas de su vida. Tenía que mantener los ojos cerrados o lo volvería a desdeñar, porque en el momento que los abriese y viera su figura, no vería a un atractivo joven moreno bien parecido y dispuesto; sino al niño que había cuidado y protegido como a Luffy, su nieto sanguíneo.

—Chichi… —susurró. Le quitó la chaqueta de vicealmirante y empezó a desabrochar los botones de la camisa.

A Garp le entró sofoco. Tenía más de setenta años. No era un retirado del mundo del vicio y pasiones carnales, aunque no se volvía loco como otros por echar un polvo. Se encontraba en buen estado de salud y aunque hacía algunos años que no lo hacía, no dudaba de que la cosa funcionara en la cama. Pero…

Ace empezó a desabrocharle el pantalón y se arrodilló. La yema de sus dedos rozaron el miembro del hombre. Garp dio un respingo. Ya no podía estar quieto y dejarse hacer.

Apartó a Ace y lo distanció tan lejos como de largo era su brazo.

Ace no podía describir lo que estaba sintiendo ahora mismo. Pero supuso que esto era lo más parecido a un vehemente rechazo con declaraciones románticas más parecido que viviría en toda su vida. Pero así era.

—Chichi, por favor, al menos, dame el gusto a mi. —declaró con tono suplicante.

—No puedo, si me llamas chichi… cómo quieres que… —Ace apart´ño las manazas de Garp y se adelantó para darle un profundo beso.

Tocó las manos de Garp y las guió a su torso desnudo. Quería instarlo a que tocara su cuerpo. Y lo consiguió; Garp apretó sus pectorales tonificados. Para ser menor de edad, Ace había conseguido tonificar bien su cuerpo. Ya tenía músculos bien marcados en el abdomen y los brazos, algo blandos todavía, pero con el tiempo y más batallas se endurecerían.

Un escalofría recorrió su columna vertebral; "batallas", contra los marines. No quería pensar en eso, y cuando su mente estaba apunto de colapsar de indignación, un cosquilleo que no experimentaba hacía años le hizo temblar. Las manos astutas y entusiastas de Ace encontraron el miembro de Garp que empezaba a llenarse de sangre.

Esto le recordó viejos tiempos con…:

—Garp, viejo enemigo, ¿quieres hacerlo? Puedes correrte en mi boca. —rió Roger completamente borracho.

—Ni hablar, ni hablar, los piratas no son mi tipo. —negó con vehemencia. Tenía la cara roja y una sonrisa de oreja a oreja por la bebida.

Hace unos momentos estaban librando una batalla, y de repente, marines y piratas se habían puesto a beber como compañeros de juerga.

—Venga, es fácil, se empieza con los besos y dejas fluir la cosa, te lo pasarás bien. —Roger se acercó a Gatas e intentó besarlo. Entonces le sobrevino las náuseas y vomito en el regazo de Garp. —lo siento.

—¡GYAAAAAAAAH! —gritó tan espantado como asqueado.

—Ya me encuentro bien, ya me encuentro bien, venga, dame un beso. —se incorporó y le invitó a hacercarse con un ademán.

—¡MALDITO CERDO PIRATA! —Gritó irritado. Ahora olería a vomito, y encima le había pringado sus pantalones.

Y en algunos de sus encuentros —que misteriosamente acababan en fiesta— Roger acababa convenciendo a Garp y los dos acababan haciéndolo, y casi ninguna de las veces estaban sobrios del todo.

Roger era un animal salvaje en la cama, apasionado y lleno de vigor. Era imposible no pasarla bien con el. Chispeante y en ocasiones mordaz. También estaba algo loco y aunque confiaba en los suyos, los sobreprotegía y saltaba a la mínima. Aunque por lo general era un tío alegre y afable bastante sonriente. Muy en el fondo —quizás no tan hondo— Roger le agradaba. Si no fuera un pirata, sería un amante ideal. —Aunque si se convirtió en su amante—

A quien tenía enfrente no era Roger, sino su hijo. Niño que prometió cuidar y proteger para no caer en los perjuicios de su herencia sanguínea. Aunque la sombra de su padre siempre le seguiría.

Palpó su abdomen, pellizcó sus pezones color aceituna y le lamió la clavícula. No era Roger, Roger no olía como Ace, y aunque tenían una complexión parecida, se notaba que le faltaba madurar.

Ace se estremeció. Restregó su paquete hinchado con el miembro descubierto de Garp. Ambos se dejaron llevar por una vorágine de besos y caricias. Ace se apresuró a quitarse la camisa verde y empujó al marine hacia atrás. Increíble pero cierto, Ace estaba sometiendo a Garp.

—¿Estás seguro que quieres hacer esto? Llegados a cierto punto, no voy a poder controlarme. —dolorosamente cierto.

Ace asintió levemente con la cabeza. Le temblaba un poco el cuerpo a causa de la incertidumbre. Era su primera vez y no sabía muy bien como iba la cosa y como le saldría a el. Pero Garp era un veterano con experiencia en muchas cosas más aparte de la Marina, seguro podía contar con el… o quizás estaba pecando de incauto y optimista.

—Garp… hazme el amor. —lo besó en la frente.

Su piel bronceada se tornó roja. Ace le mordisqueó el glóbulo de la oreja. Oyó decir a uno de sus tripulantes mayores que les gustaba eso. Parece que a Garp también le agradaba porque se estremeció de placer.

Se levantó de un soplo y llevó a Ace al sofá de su camerino y lo recostó sobre los mullidos cojines.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó, dubitativo.

—Lo que me has pedido. Te lo haré aquí y ahora mismo. Cuando esté dentro no pienso detenerme, tenlo en cuenta. —se bajó los pantalones, desabrochó el cinturón con avidez y le quito la prenda inferior de un tirón. Ace estaba ahora completamente desnudo. Su sombrero se había quedado tirado por alguna parte del suelo y se sentía vulnerable, sobre todo estando bajo la sombra de la imponente figura de Garp.

No podía librarse de los nervios, hasta que Garp se acercó para besarlo dócilmente en los labios.

Ahora podía mirar a Ace a los ojos sin perder la paciencia ni el juicio. Pensó que no podría hacerlo con todos esos recuerdos merodeando por su mente. Pero Ace tenía parte de razón; ya no era un niño. Se había desarrollado muy bien, y aunque no tenía la cabeza muy bien puesta, —como todos los jóvenes que parten al mar para convertirse en piratas— estaba seguro de su cuerpo y no iba a echarse atrás en su decisión. Definitivamente estaba preparado para el sexo.

Ace no tubo ni cinco segundos para estimularlo y su miembro palpitaba en deseo. Se escupió sobre la mano y humedeció su virilidad frotándola. Ace compuso una mueca de repulsión.

—¿Con saliva? —se asqueó.

—¿Y que pasa con eso? —espetó.

Antes de poder replicar, Garp se ensalivó los dedos y palpó la entrada del joven. Ace dio un ligero respingo y se echó hacia atrás. Pero Garp metió dos gruesos dedos de golpe ausentes de delicadeza. Incluso en estas cosas era un bruto descuidado

—Chichi… —se le escapó. Tenía la costumbre.

Pero a Garp ya no le importaba, ni siquiera intuía la molestia en la expresión intranquila de Ace. Estaba yendo demasiado deprisa y Ace era virgen. Si lo hacía con la misma brutalidad cuando estaba con Roger, su hijo lo pasaría mal.

Ace ya preveía que no iba a ser muy agradable. Conocía bien a Garp; era un bruto sin compasión y no sería distinto en el ámbito privado ni sexual. Si aquello sería como sus entrenamientos, dolería.

—Ve despacio. —dijo en tono de súplica.

Sacó los dedos al poco tiempo de estar moviéndolos dentro con movimientos circulares. Agarró su miembro y lo frotó un poco para humedecerlo y estimularlo más. Como si Ace nunca hubiera pronunciados sus últimas palabras, arremetió contra las nalgas del joven.

Ace sintió un fuerte dolor en el recto. Ya había visto que era grande, y es ahora que sentía su envergadura dentro de el que notó lo grueso que era. Garp alzo las piernas del joven y las sostuvo mientras empezó a moverse despacio. Pero para Ace iba apurado. Apenas lo preparó y ya se la había metido. Que poca paciencia.

—Ah… duele… chi…. —se tapó la boca. Se juró que si mismo que si sucedía no se quejaría.

Suplicándolo o no, Garp ya había cogido el gusto y se movía a sus anchas. Empezaba despacio porque le gustaba así, pero en breve aumentaría la potencia y arremetería sin piedad hasta eyacular.

—Ya te lo advertí. —subió la velocidad de sus embestidas.

—Ugh… uh…. Ah… ¡ay! —se mordía el labio inferior intentando controlar sus quejidos. Dolía, más de lo que pensaba, pero tras ese dolor se hallaba un atisbo de placer que incrementaba.

El cuerpo de Garp se pegó más al torso de su amante. Ace rodeó el ancho cuello de Garp y atrajo su rostro hacia el y lo besó en la mejilla, en la frente, y por último en los labios.

Más calmado, Garp seguía contoneándose dentro. Antes de culminar, le gustaba ir más despacio, y cuando estuviera a punto, empujaría más fuerte.

Ace hizo acopio de fuerza de voluntad y resistió las embestidas del vicealmirante lo mejor que pudo. Se le escaparon unas cuantas lágrimas, pero Garp ni se fijó, o eso parecía. Era mejor así, quería mostrar entereza y no debilidad. Entonces, Garp eyaculó dentro de Ace y el joven se estremeció. Menuda sensación; ser llenado de esperma caliente. Garp se apartó y dejó correr el esperma de la abertura del muchacho. Ace temblaba por las sensaciones experimentadas.

Sabía que no podía controlarse, pero Ace insistió y acabó teniendo sexo con un joven virgen. Seguro le había dolido; no tenía paciencia ni delicadeza, y aunque pensaba en el —muy en el fondo— se controló en la medida de lo posible; cuando solía hacerlo, se aguantaba las ganas de eyacular hasta llegar al límite para durar más en la cama, pero en cuanto su cerebro le advirtió que ya podía soltarlo, lo dejó salir relajadamente.

Garp acarició el estómago de Ace. Le temblaba todo el cuerpo pero estaba bien. Descubrió unas lágrimas en sus ojos y se las enjugó.

—Perdona, Ace. He sido tosco…

—¡ERES UN MALDITO SALVAJE, CHICHI! —gritó. Le dio un calambre y se volvió a tumbar—. Que daño.

—Te daré una pastilla y se te pasará. —se excusó.

—No quiero pastillas. Quiero llevar yo las riendas. Tu no sabes.

—¿Cómo que no se? —se enojó.

—Eres muy bruto, no sabes ser suave.

—¿Algún problema?

—¡Claro que hay un problema, me has echo daño, viejo de mierda! —gruñó.

Garp se quedó callado. Era verdad, aunque se sintiera ofendido, le tocaba morderse la lengua y asumir su culpa esta vez.

—Pero ya no estás en condiciones.

—No me has desgarrado por dentro, aunque casi… —suspiró—. Aún duele, pero puedo hacer más. —consiguió incorporarse. Aún le temblaban las piernas, pero su testarudez no tenía límites.

—¿Qué quieres ahora? —enarcó una ceja.

—Oye, Garp… ¿puedes ponerte otra vez?

Garp no lo captó a la primera, pero tampoco hizo falta explicárselo al final.

—Oh, claro, claro. —dijo con una confianza que no tenía.

Hacía ya mucho desde la última vez —aunque acababa de hacerlo—, Y no estaba seguro de poder con otra ronda.

Ace lo agarró de los hombros y lo tumbó en el sofá. Se sentó horcajadas sobre el y, con una mano en cada miembro, empezó a bombear con idéntico ritmo al mismo tiempo. La hinchazón del pene de Garp estaba empezando a bajar, pero con este nuevo estímulo recuperó su vigor.

—Me alegra que seas un viejo vicioso. —se relamió los labios seductoramente.

Garp enrojeció. A Ace le gustaba provocar ¿pero de esa manera? Nunca se lo hubiera imaginado.

—Garp. —se inclinó para darle un delicioso beso en los labios. La barba y el bigote le molestaban un poco al principio, pero ahora le gustaba la sensación que daba de cosquilleo.

—Siempre has sido un chico travieso. —estaba pisando brasas.

—Pero te gustan los niños malos ¿si?

Garp no estaba seguro de entrar en el juego. Ace le dio un par de besos en el cuello y lo lamió. Su lengua húmeda le hacía estremecerse.

Esto se parecía más a lo que hacía con Roger pero sin estar borracho.

Por una parte quería continuar con ese rollo. Roger sabía seducir y tenía carisma. Incluso aunque no te atrajera físicamente, sus palabras seductoras lograba embaucarte; como le pasaba a Garp tantas veces. Pero Roger nunca se quejaba de su forma follar ni le dolía, porque los dos eran igual de brutos, con la excepción de que el pirata sabía ser considerado.

Llegó un punto en que los dos se atraían físicamente; Roger y Garp, después de experimentar tanto en el Oro Jackson, llegaron a conocerse muy bien, y a puertas cerradas jugaban al juego de la seducción: "¿Te gusta mi abrigo nuevo? ¿quieres ver lo que hay debajo?" decía. "¿Habrá sorpresa para mi?" le contestaba Garp, ebrio. "Siempre hay sorpresa" y se quitaba la ropa.

Ace parecía interesado en el coqueteo. Garp no lo veía del todo mal, pero si le entraba un ataque de nostalgia de repente… no quería saber como respondería.

—¿No se suponía que ya eras un adulto?

—Pues soy un chico malo entonces. —se avergonzó. Las ganas las tenía, pero le faltaba las mejores respuestas para llegar a buen puesto.

—¿Y también un chico tonto?

—No te burles de mi. —ahora se estaba sintiendo pequeño.

Garp se rió entre dientes.

—Ugh… —al menos lo estaba consiguiendo ahí abajo. De nuevo su pene estaba duro.

—Ah… voy a metermela de nuevo. Quiero moverme a mi ritmo esta vez.

Garb frunció el ceño. ¿Qué ritmo? Si nunca lo había probado antes.

Ace se apresuró a ponerse encima y situó el miembro con cuidado. Bajó despacio y consiguió introducirlo. Ahogó un grito de dolor. Aún dolía, pero a medida que avanzaba se daba cuenta que ya no apretaba tanto y entraba mejor. Consiguió llegar a la mitad. Resollaba. Ya estaba dentro, pero no sabía que movimientos hacer; si de lado a lado o arriba y abajo.

Tiró de arriba y sintió una punzada de dolor. Moverse de izquierda a derecha parecía mejor opción. Garp lo dejó a sus anchas. Estaba bien que investigara un poco por su cuenta. Aunque preveía una petición de ayuda.

La incertidumbre y el nerviosismo del chico hizo sonreír a Garp. Como le gusta ver a los jóvenes fracasar. Eso luego les ayudaba a recapacitar y reforzar su voluntad y desatollar carácter.

La angustia se reflejó en el rostro del chico. Moviera donde se moviera, el dolor le impedía fluctuar.

—Chichi, es un poco doloroso. —no esperaba que el dolor lo paralizara.

Esta vez, Garp sintió compasión de Ace. Estaba claro que no podría, así que decidió ayudarle. Nada de abandonar, porque la herida que provocaría en su orgullo dolería y duraría más tiempo que las físicas. Y de seguro Ace insistiría hasta lograrlo.

Garp sostuvo con firmeza las caderas del moreno. Rotó su caderas con movimientos circulares. Fue un poco doloroso para Ace al principio, pero cuando más crecía el fervor y el placer, más rápido se atenuaba el dolor.

—Ah… ah… hah… chi… —gimió. Garp levantaba y subía sus propias caderas por su cuenta para darse más placer.

Lento pero sin pausa, la confianza de Ace fue ganando más terreno y empezó a moverse sin tanta ayuda del vicealmirante.

—Déjame a mi ahora. —le apartó las manos de las nalgas.

—Tienes un trasero firme, Ace, me gusta. —comentó

El comentario provocó que Ace quisiera que Garp no dejara de tocarle. Sus dedos ya se encargaban de separar sus nalgas facilitando la subida y bajada del pene y decidió cambiar la orden:

—No me muevas, solo agárrame. Quiero hacerlo por mi cuenta.

—Pero yo quiero moverme. —ahora que estaba empezando a coger un buen ritmo no podía hacerle eso.

—Por favor… chi… Garp. Estate quieto unos momentos, déjame a mi. —pidió.

Garp obedeció. No le gustaba del todo la decisión, pero de seguro sería igual de divertido ver esforzarse a Ace.

Ace se apoyó sobre el ancho abdomen de Garp. Conserbaba bien los músculos, pero también le había salido algo de barriga.

Separó más las piernas y empezó a moverse. Le costaba más de lo esperado. Garp lo podía mover con mucha facilidad mientras se ocupaba de otra cosa. Que envidia. Algún día sería tan fuerte como el.

Parecido a lo que Garp hacía al moverlo; Ace se contoneaba sin llegar a fluir del todo. Pero le gustaba, porque cada vez el placer le embriagaba más.

—Ah… chichi… —en ocasiones no podía evitarlo.

Pero a Garp ya no le importaba como le llamase.

—Muévete tu también… por favor. —pidió con un hilo de voz.

Se encogió de hombros y abrazó el abdomen del vicealmirante. Ya no podía mantener su espalda erguida por más tiempo.

Garp logró sentarse sin despegarse de Ace. Tenía sus piernas sobre las suyas . Lo asió un poco y empezó a mover las caderas.

—Ah… ah… ah… —gimió Ace, pletórico—. Chichi… por favor… ah… sigue.

—Claro que sigo, voy a continuar hasta correrme. —advirtió.

Ace se aferró a su cuello. Se sentía genial. Con esta postura, hasta Garp le costaba maniobrar y no era tan violento, pero mantenía un ritmo fijo.

—Chichi… chichi… —no paraba de repetir— chichi… más… chichi.—Ace presentía que enseguida el también terminaría

—Claro, nada me gustaría más. —la frente de Ace estaba perlada en sudor y su flequillo completamente mojado. Garp también estaba sudando, Ace estaba agotando su energía con tanto zarandeo.

—Ugh… chi… ah. AH, AH… AH. ME VOY. —reforzado por la adrenalina que corría por su cuerpo, Ace se consiguió dar unos valanceos para acentuar la fricción. Se sintió tan bien, y al final explotó de gozo.

El esperma de Ace vino primero y el de Garp unos segundos más tarde. Lleno otra vez, un agradable cosquilleo revoloteó en su estómago.

Exhausto, cayó agotado y complacido. Garp tubo que sostenerle para que no se diera contra el suelo.

—Ha sido genial. —quizás al principio no, pero luego lo disfrutó demasiado. Y aunque sus expectativas eran mejores, este final fue mejor de lo esperado.

—No ha estado mal. —después de tanto tiempo, no imaginó que sucedería con otro hombre, y menos con Ace. La culpabilidad quedó muy atrás. Estaba cansado pero feliz de haberlo echo. Y su mayor satisfacción fue ver la sonrisa de Ace en su dormido y apacible rostro.

Después de esto, Garp limpió un poco al joven y lo recostó sobre el sofá. Se vistió y fue un momento a la cocina a reponer fuerzas. Tan viejo y fue el joven Ace quien acabó rendido.

Cuando volvió a entrar en su camarote, ni Ace ni su ropa estaban. Garp se maldijo a si mismo. Pensaba que Ace había recapacitado un poco, pero no. Tan solo se había pasado para entretenerse un poco, aunque ni por esas dudaba de que sus sentimientos fueran reales. Solo esperaba que, se enamorase de otra persona, más joven y atractivo, que lo quisiera y lo cuidara y se olvidara de querer ganarse el amor de un viejo como el.

Aunque para que mentir; deseaba que algún día escarmentara y regresara suplicándole perdón y una oportunidad para ser marine y… que lo volviera a besar con ese arrojo y anhelo.


Quizás me pase, o tal vez no. Pero lo he escrito y que menos que publicarlo.