Soap Lagoon

–Gusto en conocerte, ¿es mi cliente hoy? –Karin mira al hombre frente a ella, su cabello es blanco, su piel bronceada, un par -muchos- centímetros por encima de ella y esa mirada confusa en sus enigmáticos ojos turquesa.

– ¿Qué hacemos exactamente aquí? –es lo que sale de sus labios sin despegar los ojos turquesa de ella pero hablando con su amigo.

Karin quiere bufar fuerte. Odia esta clase de clientes: chicos lindos con los que cualquiera quisiera acostarse, pero que terminan aquí por su horrible personalidad. La sonrisa en sus labios no se desvanece mientras pretende esperar a que la conversación entre los hombres termine rápido.

–Solo… es un poco de diversión –comenta el rubio a su lado mientras se encoge de hombros y empuja al albino cerca de ella. –La chica es linda, solo disfruta.

El chico parece tropezar antes de que ella coloque las manos sobre sus hombros y tiré de él a la parte trasera del lugar. –Ahh, cierto, ¿tienes condones? –parece sorprendido por lo que ella asume una negativa a su pregunta, su sonrisa se mantiene mientras toma su brazo y le ofrecer el empaque plateado.

Las luces brillantes y la música alta llena el club, Karin se ha acostumbrado demasiado rápido aunque le parece gracioso que el chico sea cegado por ellas a tal punto de parecer un ciervo cegado por los faroles.

–No sales mucho, ¿verdad? –bromea al notar al desorientado albino.

– ¿Eso realmente importa? –él no parece ser del tipo amistoso, y aunque eso no es mucho del agrada de la morena sabe que debe cumplir con su trabajo.

La habitación a la que arriban es igual a las demás, una cama al centro con sabanas limpias, una mesa de noche y un mueble lleno de ropa.

–Ven, hazme mojar. –Él parece un poco tímido al principio, algo que no encaja mucho con ese aspecto de casanova que tiene pero que la hace reír –puedes jugar con mis chicas sí eso es lo que quieres –murmura antes de depositarle un beso en la mejilla.

No pasaron muchas cosas esa primera vez, él no era un cliente efusivo pero tampoco un chico pasivo; las caricias son firmes pero no rudas, los movimientos sincronizados con un ritmo tortuoso pero que la deja satisfecha, besos se limitan a todo menos sus labios y ella lo agradece, en general todo en él pare ser así…

El lugar al que Yoruichi la ha traído es muy diferente a lo que imaginaba, el bar es espacioso y las habitaciones muy pulcras, además de que las chicas parecen ser la clase de mujeres que te encontrarías en la escuela, el súper, el gimnasio… le agrada.

–Este es un trabajo para una mujer, donde ganamos el dinero de la lujuria que nadie resiste.

–Entonces ¿cómo lo hacen aquí? –pregunta ella mirando las luces sobre su cabeza y el letrero "Soap Lagoon" se lee en letras grandes y rojas centellantes.

–No es cómo crees, tú puedes escoger a tus clientes, siempre y cuando no sean clientes de otra chica, y puedes decidir qué hacer con ellos, si los quieres volver a ver… Solo divierte y cobra por ello –explica la mujer con una sonrisa.

–Bien, me desecharé a mí misma por dinero –su comentario parece hacer sonreír a la morena, bueno Karin no se deshará de su humor justo ahora.

–Bueno anota esto: uñas cortas, ninguna penetración sin condón y NADA de enamorarse. Tienes que cumplir con esto absolutamente.

– ¿Te gusto? –no debería importarle pero ella suele hacer esa pregunta con algunos clientes, por ejemplo aquellos que no son repugnantes en el acto.

–No estuvo mal –murmura colocándose los zapatos.

–Karin –él parece confundido así que ella continúa –por si quieres regresar, solo pregunta por mi.

–Toshiro –se limita a contestar regresando a lo que hacía antes.

–Espero regreses pronto, Toshiro –comenta cuando lo ve terminar de atarse las agujetas, no espera una respuesta, y bueno, tampoco la recibe.

Él regresa.

Dos semanas después del primer encuentro Toshiro regresa, su cabello luce más despeinado y su ropa menos formal, una chaqueta de mezclilla blanca, camiseta negra y jeans azules con deportivas negras.

–Gusto en conocerte, ¿Eres mi cliente hoy? –saluda ella una vez que él se ha sentado en la misma mesa.

– ¿Siempre dices lo mismo? –pregunta tomando un poco de su trago.

–Es un placer volverte a ver ¿Toshiro? –finge no reconocerlo, solo una de sus tantas estrategias para mantener esto divertido, el trago que le ha entregado sabe amargo más ella no lo rechaza.

Él asiente –Karin ¿no? –ella asiente al igual que el lo hizo tomando un último trago de su bebida.

–Ven conmigo, Toshiro –él se deja hacer hasta que ella para en seco. –Ahh, cierto ¿tienes condones? A mi no me queda ninguno –no recibe más respuesta que el brillo plateado del empaque entre las luces del lugar.

Karin calcula que ha pasado un mes desde que comenzó, el maquillaje y la ropa no parece exagerados y bueno hasta el momento no ha tenido ningún problema.

–Parece que te has acostumbrado ¿eh? –pregunta Yoruichi una vez que la ve salir de la habitación.

–No es tan malo como creí –admite volviéndose a atar el cabello.

–Bueno ahora puedes considerar ponerlo en tu boca, ¡Oh! y no olvides hacer lindos sonidos.

–Claro, amo la sensación de esa cosa en mi garganta –su tono sarcástico no pasa desapercibido para la morena.

–Considéralo por su hay un chico que lo valga por ahí.

– ¿Cómo terminaste aquí? –Han pasado tres meses y Toshiro ha terminado en su cama más de veinte veces si no cuenta esta última, pero esta es la primera vez que él ha preguntado eso.

–Digamos que encontré a gente con mis ideales –se limita a contestar.

– ¿Gente que esconde sus debilidades? –el chico sabe lucir demasiado confiado aun cuando se encuentra desnudo bajo las mantas.

–No exactamente, solo gente que nos ayuda a hacer negocio con las debilidades de otros. Fluidos de amor, fluidos corporales, nosotras nos hacemos cargo de eso –las palabras de la morena son acompañadas por un par de sus caricias efímeras. –Mientras tanto competimos para ver quién hace los sonidos más bellos o quien ha hecho acabar a más chicos, ya sabes ese es el estatus –bromea jugando con sus dedos en los pectorales del hombre.

–Bien… –él no suena muy convencido ante la corta, demasiado corta conversación que han mantenido, e incluso Kaein admite que tras los temas de los que han hablado esta vez se ha tornado incómoda.

– ¿Y por qué terminaste aquí? –pregunta antes de tirar de él para un beso húmedo. –¿Fue tu personalidad de mierda?

– ¿Personalidad de mierda? –más que ofendido Toshiro parece divertido mientras ella asiente. –No eres alguien para hablar ¿sabes?

–Soy una linda chica que ofrece sus servicios por algo de dinero, creo que nadie tiene problema con mi personalidad –bromea recibiendo otro beso.

–Claro, ningún chico se quejaría por estar contigo. –Karin no se describiría como una persona que se apega fácilmente a las personas, tal vez es un poco emocionalmente inepta pero está bien con esto, con conversaciones esporádicas, nada relevantes, con besos que pueden ir desde algo simplemente carnal hasta algo suave y diáfano. –Mi novia me dejo –murmura contra sus labios haciéndola reír.

– ¿Tu personalidad de mierda o tu tendencia a hablar de otras chicas cuando tienes sexo?

Toshiro no es un chico de risas o sonrisas fáciles, por ello Karin se regocija en el hecho de ser una de las pocas personas que lo hacen reír, o bueno, al menos él suele mencionar mucho ese hecho.

–Actitud de mierda supongo –murmura contra la piel de su cuello. –No era… tan expresivo… como ella quisiera –las palabras son pronunciadas entre besos y mordidas por toda la extensión de piel desde su cuello hasta sus pechos.

–Se nota que no te tuvo en su cama… O no sabía presionar los botones correctos para prenderte –las risas suaves se sienten cómplices en aquel ambiente.

–Tal vez –murmura y eso es lo último que queda de la conversación.

La próxima vez que un tema tan personal sale a colación han pasado tan solo dos días, lo cual es algo extraño. Toshiro limita sus visitas a una, o máximo dos a la semana, y los días que transcurren entre ellas siempre varían entre cuatro a cinco días, y sin embargo aquí está, besándola como si fuera lo mejor que podría hacer en su vida.

A Karin le gusta pensar que puede ser así.

–Entonces ¿Cómo es la vida de una chica como tú? –pregunta pasando su mano por la cintura.

– ¿Una chica como yo? –la sonrisa gatuna tira de sus labios.

–Sí, de esas chicas que no se avergüenzan de su lujuria –él continúa atrayendola en un beso.

–Soy más que eso ¿sabes? –antes de que él pueda defenderse Karin decide continuar. –Pero no es muy interesante, solo soy una chica normal que despierta por las mañanas, sale a trotar, hace algunas compras y después va a la universidad.

– ¿Universidad? –parece sorprendido.

–Estar aquí no es algo permanente, solo hasta que me gradué o me aburra –comenta restándole importancia con un encogimiento de hombros.

– ¿Tu familia sabe que estás aquí? –pregunta mientras sus dedos se enredan en los cabellos azabaches.

–Sí Ichi-nii se enterara le prenderá fuego a este lugar –una sonrisa acompaña sus palabras antes de que su ceño se frunza un poco –Y bueno, Yuzu se decepcionara de mí.

–Ya veo –él parece no meditar mucho su respuesta, aunque no es algo que ella pida, hablar de lo que su hermana pensaría de ella no es algo que le haga feliz, por lo que concentrarse en los ligeros tirones de cabello que le son proporcionados parece mejor opción. Después de lo que parece una eternidad llena de besos y más tirones de cabello, la alarma en su teléfono suena y ambos saben que es la despedida.

–Espero que regreses pronto –más que una frase dicha por rutina, Karin es consciente de que un tiempo para acá eso es cierto, ella espera que el cruce esa puerta con más frecuencia.

– ¿Quieres…? –comienza él sin mirarla abotonando su camisa. – ¿Te gustaría salir un día de estos?

Decir que está sorprendida es un eufemismo. Ella no puede creer que Toshiro le esté pidiendo una cita, y sin embargo él se ha dado la vuelta y le a morado expectante a su respuesta. Una sonrisa ladinas tira de sus labios antes de acomodar un mechón azabache tras su oreja – ¿Amas a chicas como yo que ni se avergüenzan de su propia lujuria?

–Es una posibilidad –responde antes de ponerse de pie y extenderle un papel –no te presionaré para tener una respuesta hoy, si te decides un día, o simplemente estás aburrida, solo mándame mensaje.

–Nos vemos más tarde –la morena se despide de su entrenadora con un movimiento de la mano.

El semáforo se encuentra en rojo. Sus ojos ónix se pasan por los autos que pasan en la avenida tan concurrida, muchas personas yendo a su trabajo, estudiantes esperando por ir a la escuela, lo mismo de siempre. Cuando el semáforo cambia a verde para los peatones Karin afianza su bolso al hombro y mete las manos en su sudadera caminando de regreso a casa para pasar el resto de su tarde en tareas de limpieza.

Sus dedos rozan nuevamente ese papel tentada a tomarlo, otro semáforo en rojo y al fin toma el valor para sacarlo de ahí mira el papel una un momento mientras él sale de la habitación considerando sus opciones…

Uñas cortas, ninguna penetración sin condón, hacer lindos sonidos y… NADA de enamorarse. Tienes que cumplir con esto absolutamente –recita en su mente antes de tomar su teléfono registrar el número y mandar un mensaje corto.

"Hola, mucho gusto en conocerte ¿Serás mi cita hoy?"

Notas de la autora:

1.-Muy corto pero creo que funciona. Hoy es un buen día para publicar esto, o eso creo, ustedes que opinan jajaja, espero les guste me quedó más corto de lo que pretendía, pero bueno la idea ya está.

2.- Agradezco a quienes leen y un poco más a quienes dejan review.

3.- Personajes de Tite Kubo, historia mía basada en la canción Soap Lagoon de Vocaloid sin más me despido, cuídense y sayonara.