¡Hooola, gente bonita! ¿Que tal?

Aquí su servidora, Kata Potter, trayéndoles un fanfic inspirado en el cómic de una hermosa artista, Feriase (tengo su permiso, descuiden jeje). No les voy a mentir, lloré cuando lo leí, si bien es corto, me movió el corazoncito jeje XDD.

En fin, les va y espero que les guste:3

Imagen: Ayantiel


Tengo esa noche tan viva en mis recuerdos. Mi padre y yo vivíamos solos en una pequeña cabina bajo Skyloft. Mi madre falleció cuando yo era apenas un bebé, por lo que mi padre tuvo que criarme solo.

Aquella noche hacia un poco de frio y el viento soplaba con fuerza, las nubes negras amenazaban con llover. Yo, un niño pequeño de no más de diez años, me encontraba sentado en mi cama mientras miraba por la ventana.

Mi padre caminaba de un lado a otro, poniéndose su uniforme. Era un hombre alto, de cabello y barba castaños. Él era uno de los caballeros que patrullaban por los cielos durante la noche; me atrevo a decir, uno de los mejores caballeros que Skyloft haya visto.

Me miró y me sonrió. Se estaba preparando para salir. Entre mis manos estaba su casco y gafas que usaba cuando volaba sobre su fiel Loftwing.

-Toma, papá.- le dije con una sonrisa, mientras le tendía su casco.

-Gracias, hijo.- me respondió, sacudiéndome el cabello. Acto seguido, se puso su casco y me tendió su mano.

De un brinco me bajé de la cama y tomé su mano, saliendo de la pequeña cabina que era nuestro hogar. No teníamos mucho, pero nos teníamos el uno a otro… y nada más importaba.

Al llegar a la plaza de Skyloft, pude ver a más Caballeros preparándose para volar. Esa noche, los caballeros habían sido llamados para una importante misión. Mi padre silbó y a los pocos segundos, su enorme y majestuoso Loftwing aterrizó frente a nosotros. Aunque yo fuera a despedirlo a la plaza todas las noches, siempre quedaba sorprendido cuando veía a tan hermosas aves tan cerca de mí.

-Cuídate, Link. Volveré pronto, ¿está bien?- dijo mi padre mientras se montaba en su Loftwing.

-Sí, papá.- dije, estirándome, intentando alcanzarlo. Estaba tan alto.

Se acercó una pareja junto con una niña de mi misma edad; era el Director Gaepora junto a su esposa y su hija, Zelda. El Director se acercó más hacia donde estaba mi padre, hizo un gesto con la mano y emprendió vuelo. Yo corrí hasta la plataforma por donde saltan los Caballeros y agité mi mano en el aire.

-¡NOS VEMOS, PAPÁ!- grité, esperando que me escuchara, sin dejar de agitar mi mano.

Mi padre era el Capitán de los caballeros, y junto a ellos fueron hacia su misión, en la cual consistía en volar hacia ese cumulo de nubes que se encontraba al noroeste de Skyloft y detener a un enorme grupo de Skytails, antes de que atacaran Skyloft. Él se adentró en la horda, yendo siempre a la cabeza. Aquella batalla fue casi eterna, hasta muy entrada la noche…


Me quedé despierto, esperando por él, como siempre lo hacía. Me encontraba fuera de la cabina, apoyado sobre el barandal, mirando la inmensa negrura del cielo nocturno y tormentoso. A lo lejos, pude ver que los caballeros sobre sus Loftwings regresaban a Skyloft. Sin perder tiempo, corrí hasta la plaza para recibirlo, sin embargo…

Miré en todas direcciones, esperando encontrar a mi padre. Los caballeros pasaban a mi lado, sin decirme nada. Miré hacia el cielo, me acerque a la plataforma, miré hacia el vacío… nada…

Esperé y esperé… pero nunca apareció.

No sé cuánto tiempo estuve mirando hacia el vacío, pero una mano sobre mi hombro me sacó de mis pensamientos; era el Director Gaepora, con una expresión preocupada.

-Lo siento mucho, hijo…- susurró el Director, y me entregó el casco de mi padre, magullado y con las gafas rotas. –Es lo único que encontramos de tu padre…

Mi labio tembló, mis ojos se llenaron de lágrimas. No, no podía ser cierto. Lo tomé entre mis manos, temblorosas. Sentía mi corazón latir fuertemente. Todo se quedó en silencio…

Corrí hasta la plataforma, ignorando los llamados del Director.

-¡PAPÁ!- grité. -¡PAPÁ!- otro grito. Y otro.

Lo llamé, grité su nombre, esperando que me escuchara… una y otra vez... hasta que me quedé sin voz.

-¡PAPÁ!


La lluvia comenzó a caer, empapando todo Skyloft. Pero a mi nada me importaba, no sentía frio ni me importaba estar sin paraguas, quedando empapado. Solo sentía un profundo dolor dentro de mi pecho.

Me encontraba sentado detrás de unas cajas de madera, llorando, sintiendo como el cielo lloraba conmigo. De pronto, dejé de sentir la lluvia… Cuando levando la cabeza, veo a una pequeña niña con el cabello como el sol, sus ojos tan claros como el cielo y con una bonita sonrisa en su rostro, cubriéndome con su paraguas.

Me tendió su mano.

No me dijo nada, solo se quedó mirándome. Dudé por un momento, pero finalmente agarré su mano.

-Tienes las manos frías…- me comentó. -¿Tienes frío?

Negué con la cabeza.


Al día siguiente, me mudé a la Academia para Caballeros de Skyloft, donde vivía Zelda. Mi padre y el director habían sido buenos amigos, por lo tanto él no dudó ni un segundo en darme un hogar… ya que ahora estoy completamente solo…

Zelda me guio hacia mi nueva habitación. Era una estancia enorme, comparada con la que tenía en la pequeña cabina. Dejé mis cosas sobre mi cama y me senté sobre ella.

-¿Te parece si abrimos la ventana? Dejemos que entre un poco de luz.- me dijo Zelda. Se subió a una silla y abrió la contraventana. Afuera todavía llovía.

Me quedé mirándola, era muy dulce y me estaba haciendo compañía… pero, me dolía el pensar que nunca más volvería a ver a mi padre, que nunca podríamos volver a casa. Inconscientemente, tomé el casco de mi padre y las lágrimas volvieron a bajar por mi rostro. Una lágrima cayó sobre las gafas ya rotas.

Sentí los pasos de Zelda y tomándome desprevenido, me atrajo en un abrazo.

-Aquí estoy para ti…- susurró Zelda.

Sin poder soportarlo más, le devolví el abrazo y dejé que el llanto saliera. Creo que nunca había llorado tanto como lloré aquella vez…


Pasaron dos años desde aquella noche. Fue complicado, por pude salir adelante. No me he sentido tan solo; Zelda ha estado ahí para mí, como ella dijo hace dos años.

Durante ese tiempo he estado practicando el tallar en madera, como lo hacía mi padre. Me encontraba en mi habitación, haciendo un pequeño Loftwing de madera; quería hacerle un regalo especial a Zelda para agradecerle todo lo que hizo por mí durante ese tiempo. No era gran cosa, tenía varios detalles y no era proporcional, pero es el mejor que he hecho hasta ahora.

-Un solo detalle más y habré terminado…- me dije a mi mismo, mientras añadía color con un poco de pintura.

Una vez terminado, vi mi obra, di una sonrisa y salté de la cama, con la intención de ir a entregarle mi detalle a Zelda. Subí las escaleras y me acerqué a la puerta de su habitación… cuando escuché un llanto.

La puerta de la habitación de la esposa del Director se encontraba entre abierta. Desde allí provenía ese débil lamento. Con paso lento me acerqué y pude ver lo que había sucedido… Zelda se encontraba apoyada en la cama de su madre, con el rostro escondido entre sus brazos, llorando. El Director estaba su lado, llorando también… la madre de Zelda estaba enferma.

Debido a una peste desconocida, muchos estaban cayendo enfermos, incluso la madre de Zelda.

Ella no pudo más con esa enfermedad… y se fue, al igual que mi padre.


La madre de Zelda fue una de muchos otros tantos que se fueron, debido a esa rara enfermedad, dejando muchas familias dolidas.

Busqué a Zelda por Skyloft con un paraguas en la mano, estaba lloviendo. Me dirigí al cementerio y allí la vi, sobre la tumba de su madre, de rodillas, llorando. Me acerqué y puse el paraguas sobre ella, evitando que siguiera mojándose. Al notar que ya no caía la lluvia sobre ella, se volteó. Su rostro empapado por la lluvia y sus lágrimas, sus ojos azules hinchados y con oscuras ojeras.

Le tendí mi mano y di una suave sonrisa, a lo que ella me la devolvió y tomó mi mano.

-Siempre estaré para ti…- le susurré.

Ella se levantó y nos abrazamos bajo el paraguas. La escuché llorar en mi hombro, y dejé que se desahogara todo lo que quisiera. Yo jamás la dejaré sola. No todo estaba perdido… Nos teníamos el uno al otro… y nada más importaba.


Pasaron varias semanas. Zelda y yo nos encontrábamos buscando a su mascota Remlit, Mia por todo Skyloft. Me adelanté un poco, con la intención de buscarla dentro de una cueva. Pero algo iba mal, cuando noté que ella no me seguía. Vi cómo se apoyaba en un árbol, y se veía realmente exhausta.

Mi corazón se paralizo cuando vi como caía al suelo.

-¡ZELDA!- grité, corriendo hacia ella.

Algo grave le pasaba a mi amiga. Temblaba y su cuerpo tenia una temperatura normalmente alta. Grité por ayuda, y como pude la cargué hasta su casa.


Pasaron los días, y la salud de Zelda iba de mal en peor, con los mismos síntomas que tuvo la madre de Zelda antes de morir; una fiebre muy alta, escalofríos, tos seca.

Ese día fui a visitarla, llevándole un ramo de Flores de Corazón, esas que tanto le gustaban. Me senté a su lado, viendo su rostro pálido, como temblaba ligeramente debido a la fiebre.

Tomé una de sus manos, que estaba muy fría.

-Zelda… por favor, no te vayas. No me dejes solo…- apreté un poco su mano, apoyando mi rostro sobre su cama. –Eres lo único que tengo… Si te vas, estaré solo otra vez… - le rogué, sin poder evitar que mis lágrimas volvieran a caer.

No sé cuánto rato estuve llorando a su lado, sin soltar su pequeña mano. De pronto, sentí como ella apoyaba su otra mano contra la mía, dando un suave apretón.

-N-no me iré, descuida…- susurró.

Levanté mi mirada y me encontré con la suya, tan azul como el mismo cielo. Sonreí y a la vez lloré.

-¡Zelda!- exclamé, mientras sentía más lagrimas por mi rostro.

-No te dejaré solo, Link...

Asentí con la cabeza. Acaricié su frente bañada en sudor, desordenando su flequillo recto. Me sonrió débilmente, atrayendo mi mano a su mejilla y se quedó dormida. Yo no me separé de ella en ningún momento.

Poco después, Zelda se pudo recuperar ya que habían encontrado la cura a esa enfermedad. Volvió a ser esa niña alegre que hacía que el sol sintiera envidia de tan hermosa sonrisa. No hubo día en que no compartiéramos juntos.

Después de todo, nos teníamos el uno al otro… y no importaba nada más.


¿Que tal? ¿Les gustó? Es bien dramático y tierno, como a mi me gusta jajaja XDD

Espero que haya sido de su agrado y no duden en dejar sus comentarios, quejas, tomatazos, etc. jajaja XDD

Se despide, Kata Potter.