La familia de los Sparda.

Capitulo 8: Un trato y nuevas inquilinas.

Ambos gemelos corrían con dirección a donde estaba la presencia de su amigo castaño, el cual su aura decencia de manera que casi desaparecía, cosa que tenía tensos a los chicos Sparda, aunque el mas alarmado era Dante, ya que Issei se había vuelto un buen amigo de este, en el caso de Vergil, aunque este no lo admitiera, en parte el chico castaño le llego a caer bien.

Mientras que las dos ángeles caídas los seguían, pero se quedaban por muy atrás de los chicos, ya que debido a esto, podría ser que los chicos las reprocharan por no haberles dicho que la chica que acompañaba a Issei era también una de su grupo también.

Mientras que con ambos gemelos, estos usaban su velocidad sin consideración, debían de salvar a su amigo, pero es en ese entonces, Vergil comenzó a recordar del lo de esta mañana, y de que la chica que supuestamente era la novia de Issei, podía ser una ángel caída, y de el hecho de no haber tenido su cita el día de hoy, esto no estaría sucediendo.

- Oye Dante… - llamó Vergil a su hermano mientras estos seguían corriendo.

- ¿Qué sucede? – dijo Dante de forma seria, mientras no quitaba su vista del camino.

- Ya se me hacía raro que Issei consiguiera una cita, es decir, ese chico a ojos de cualquier chica es una amenaza masiva – dice Vergil con molestia, y dando a entender su vista del chico.

- jeje, lo sé Vergil, no digo que Issei es un pervertido con todas las letras describiéndolo perfectamente, pero él es especial, el tiene una sacred gear muy poderosa, y que podía serle de utilidad en esta situación, así que si es posible, tal vez deberíamos ayudarlo con eso, si es que podemos salvarlo – dijo Dante con seriedad.

- Eso lo entiendo, ¿pero cómo te diste cuenta de esa treta también? Tú no parecías prestar atención a eso – dice Vergil con algo de duda.

- Porque a diferencia de ti, se ocultar muy bien las apariencias, y también sospechaba de esa chica, pero por desgracia no podíamos hacer nada, y eso me molesta… detesto que intenten tomarme el pelo – dice Dante con algo de enojo, el era de esos tipos que no toleran que lo engañen o que le digan mentiras.

- Hmph, yo pienso lo mismo, así que hay que dejar de perder tiempo, su aura esta casi desapareciendo – dijo Vergil seriamente, mientras corre con más rapidez.

- ¡Ya rugiste! – dijo Dante con una sonrisa, mientras el también aumenta la velocidad.

En otro parque de la ciudad.

Mientras tanto en otro parque de la ciudad, se podía ver a un chico de cabellera castaña tirado en el suelo con el estomago perforado, mientras que se desangraba rápidamente.

Frente a él estaba una chica, pero no era cualquiera, era la misma chica con la que Issei tuvo una cita, solo que ahora su vestimenta era diferente.

Ahora la chica vestía como una sádica masoquista, usando un sostén de hule color negro, y que este tenía una maya negra tranparente que cubría su escote y que llegaba hasta su cuello, la parte de abajo dejaba mucho que ver, al ser unas pantis negras con aros de plata a su alrededor, y dejando mostrar perfectamente su retaguardia, usaba unas botas negras de tacón de aguja, los cuales llegaban hasta sus rodillas, y que en sus brazos tenia guantes negros que llegaban a sus codos.

- jeje, ups… creo que me excedí con eso… bueno no importa, no me culpes por esto querido, culpa de esto a Dios por nacer con un sacred gear, y no te preocupes tendré este lindo recuerdo de ti, al menos de seguro sería un consuelo para ti ¿no es cierto? – dice la ángel caído de forma burlona mientras mira en su muñeca un brazalete que Issei le había regalado.

La chica estaba por retirarse, cuando de la nada una se escucha un "Bang" y una bala pasó rosando uno de sus brazos, dejándole un ligero rasguño y que de este salía algo de sangre.

- ¡¿Qué carajos?! ¿Quién anda hay? ¡Sal ahora mismo! – dice la chica de manera molesta mientras crea en su mano derecha una lanza de luz de color verde.

- Sabias que es de mala suerte burlarse de un muerto, si lo haces de esa forma estarás maldita por el resto de tu vida y tu alma sería atormentada por la alma de quien asesinaste – dice una vos de entre los árboles, y de entre ellos poco a poco se va revelando una pistola de color negro de la cual se produjo el disparo.

- ¿Quién eres tú? ¿Cómo es que estas aquí? – dice la ángel caído a quien se esconde entre los árboles.

- Solo vinimos porque tú acabas de cometer una seria equivocación – dice otra voz de manera fría, y que provenía del mismo lugar, dando a entender que eran dos intrusos que se metieron a esa dimensión de bolsillo.

Entonces los dos individuos salen de la oscuridad de los árboles, revelándose a Dante y a Vergil, mientras que el primero tenía a Ivory desenfundada mientras que apuntaba con esta a la chica. Al verlos la chica se sorprendió, ya que eran los dos demonios los cuales sus otras compañeras debían de eliminar.

- ("Imposible, ¿Cómo es que esos dos siguen vivos? O esas dos fueron derrotadas muy fácilmente, o simplemente no cumplieron con las órdenes que nos dieron. Bueno da igual, si siguen vivas les daré un severo castigo por esto") – se dice en sus pensamientos la caída morena, ya que al parecer Raynare y Kalawarner no cumplieron con su objetivo, así que debería de hacerlo ella misma. Pero lo que no sabía, era que estos dos chicos no eran de tomárselos a la ligera.

Vergil se acerco a ver el estado de Issei, pero vio que ya nada se podía hacer por él.

- ¿Cómo esta? – preguntó Dante mirando de reojo a su hermano, el cual como respuesta solo niega con la cabeza, haciendo que Dante gruñera y mirara a la caída con una mirada de ira.

- Así que ustedes vinieron aquí ¿solo por ese chico? Pfff… jajajaja, que gracioso, unos demonios preocupados por un humano… sin duda es un muy mal chiste – dice la caída riéndose.

- El no era un simple humano… él era nuestro amigo, y si sigues burlándote te borraré esa estúpida sonrisa de tu cara a punta de tiros – dice Dante con su ira creciendo, al igual que su aura cosa que alarmo a la chica, y puso una cara seria en su hermano gemelo.

- Dante… contrólate, si sigue elevando tu poder de esa forma, estaremos bajo sospecha – dice Vergil mirando fijamente a su hermano, ya que podría hacer que se descubran sus identidades y eso los pondría en la mira de enemigos tanto de los maous como de su propio padre.

- ¿Y dejar que esta perra maldita se salga con la suya? Pues ni lo pienses – dice Dante a punto de presionar el gatillo, pero rápidamente Vergil le pone una mano encima de su pistola deteniéndolo.

- ¡Ya basta, Dante! Si planeas provocarle más problemas a nuestro padre, ten por seguro que todos y cada uno se le vendrán encima como moscas, además que las facciones no deben de saber que estamos aquí, así que contrólate o me veré forzado a hacerlo por ti – dice Vergil mirando a los ojos a su hermano, claro que le molestaba el cómo se comportaba este, pero era su hermano, y debía siempre sacarlo de los problemas que siempre provoca.

Dante gruñía entre dientes, quería volarle los sesos a esa perra con alas, pero su hermano tenía razón, las demás facciones no debían saber de su estadía en el mundo humano, ya que algunas odian a su padre, y han tenido oportunidades de matarlo más de una vez así que no era recomendable atraer los problemas. Así que a regañadientes bajo su arma, pero le dedicó una palabras a la ángel caída.

- De no ser por mi hermano, te haría volar toda la cabeza a punta de balazos, pero por esta vez te salvas – gruño Dante con enojo – pero si llego a ver tu estúpida cara otra vez, entonces no me contendré y te llenaré el cuerpo de plomo, ¿me escuchaste? – terminó de decir con una mirada exactamente igual a la de su padre y de su hermano.

- jajaja, no tientes a tu suerte, demonio-kun~ - dijo la caída de forma burlona mientras le guiña el ojo a Dante, mientras que desaparece en un círculo mágico.

Una vez después de que la ángel caída se fuera, las otras que estaban con los gemelos Sparda llegaron al sitio, y de paso vieron el cuerpo sin vida de Issei, y se pusieron algo tristes, en serio que esto no les gustaba para nada.

- Dante-kun, Vergil-kun, ¿se encuentran bien? – pregunto Raynare con algo de timidez, haciendo que los gemelos las miraran de manera seria, cosa que la puso nerviosa a ella y a su amiga.

- Ustedes sabían de esto, ¿cierto? – preguntaba Vergil mirando fijamente a las dos chicas.

- S-sí, estábamos haciendo nuestro trabajo, por eso no debían enterarse de esto, l-lo sentimos… no queríamos que esto no pasara – dice la caída morena con tristeza.

- Ray-san tiene razón, si no cumplíamos con lo que nos ordenaron, nos matarían a ambas, es por eso que no podíamos decir nada de nuestros demás compañeros – decía Kalawarner con pesar.

- Entendemos sus razones, pero si nos hubieran dicho sobre esto, entonces… Issei no estaría muerto – dice Dante que desvía su mirada hacía el cuerpo de su amigo castaño, mientras aprieta los puños con enojo e impotencia.

- D-de verdad lo sentimos, odiamos matar a personas inocentes, y nos duele ver todo esto, por favor perdónennos – decía Raynare, mientras que ella y la otra agachan la mirada con mucha vergüenza.

Pero justo antes de que alguien dijera algo, un círculo mágico había aparecido, y era uno que los gemelos Sparda reconocían muy bien. Vergil pudo notar que en una de las manos de Issei tenía uno de los panfletos con el símbolo de la familia Gremory, y que de seguro esa es la razón de que Rías fuera convocada en ese lugar.

- Vaya, la pelirroja sí que sabe aparecer en el momento indicado – decía Dante con sarcasmo, mientras que mira el circulo brillar con intensidad.

- Ustedes dos, ocúltense entre los árboles, Dante y yo nos encargaremos de esto – le dice Vergil a las chicas, ya que la heredera del clan Gremory podría sospechar de ellos, así que era mejor que se ocultaran.

Las caídas se confundieron por eso, pero al ver la mirada fría y penetrante del peliblanco mayor, estas asienten con algo de nervios, y se van a ocultar entre los árboles del parque.

Entonces entre el resplandor del círculo rojo, apareció una hermosa chica de cabello pelirrojo como la sangre y que vestía con el uniforme de la academia. Era Rías Gremory, la cual esta se sorprende de ver a ambos gemelos Sparda en ese lugar, y después nota el cuerpo sin signos vitales de Issei en el suelo.

- ¿Ustedes? ¿Qué están haciendo aquí y que le hicieron a este chico? – pregunto Rías mirando fijamente a ambos peliblancos.

- Eso mismo nos preguntamos nosotros, y no pienses mal, nosotros no le hicimos daño a Issei, intentamos salvarlo de una ángel caído, pero fue muy tarde – dijo Vergil de manera seria y mirando fijamente a la pelirroja.

- ¿Y qué les hace pensar que les voy a creer? ¿Tienen pruebas al respecto? – exigió Rías con tono serio.

- Solo esto – dice Dante sacando de su gabardina una pluma negra, la cual pertenece a Raynare, entonces Rías comprobó que era de un ángel caído.

- Muy bien, creeré en su palabra, pero respóndanme algo, ¿Cómo conocían a Issei? – pregunto Rías con más calma.

- El suele acompañarnos a la academia, además lo conocemos por lo que hace en esta jejeje – dice Dante con una risa, ya que más de una vez el junto con Issei y sus otros amigos han espiado a las chicas de la academia, pero solo Dante es el único que logra salirse con la suya, dejando a su suerte al castaño y a su par de amigos.

- Ya veo. Y puedo preguntar ¿Qué estaban haciendo ustedes dos por aquí? – preguntó la pelirroja con algo de curiosidad.

- Eso no es de su incumbencia señorita Gremory – respondió tajantemente Vergil, haciendo que la chica se molestara – pero dejando eso de lado, ahora quiero preguntarle a usted ¿Qué hace aquí? – Contra-pregunto Vergil, Rías dudaba si decirles o no sobre lo que tenía Issei, pero opto por algo mucho mejor.

- En vez de que se los diga ahora, por que mejor no lo discutimos mañana en mi club, y de paso les haré el favor de revivirlo – dice Rías con una sonrisa misteriosa.

- Aguarda… déjame adivinar…tú ya sabías que Issei poseía un sacred gear, y esperabas el momento para unirlo a tu grupito, ¿estoy en lo correcto? –preguntaba Dante con su típica sonrisa burlona.

- Efectivamente, estuve vigilando a Issei Hyodo desde que entro a la academia, así que esperaba el momento para hablar con él y de convencerlo para que se uniera a mi séquito – respondió Rías con mirada seria.

- Entiendo, entonces lo revivirías para unirlo a tu grupo – dijo Dante con los brazos cruzados.

- Así es, pero en cambio quiero negociar con ustedes, por el bien de Issei – dice Rías con una sonrisa astuta, ganándose las miradas serias de ambos Sparda.

- ¿Qué planea esta vez señorita Gremory? – preguntó Vergil con tono molesto, ya sabía que la chica no era una tonta, y que podía sacar provecho de la situación.

- Eso mejor lo podemos discutir pasado-mañana, les prometo traer a Issei de vuelta, pero esta es mi condición. Entonces, ¿Qué dicen? – dijo la pelirroja con una sonrisa confiada.

Los hijos del caballero oscuro veían esto con malos ojos, sin embargo su padre les advirtió que no tuvieran problemas con el clan Gremory otra vez, así que de mala manera debían aceptar el negociar, pero lo harían de forma civilizada, sin tener que llegar a otra tonta confrontación.

- Muy bien, hablaremos con más tiempo mañana, pero que quede claro que lo haremos de forma pacífica, sin peleas ni nada por el estilo, ¿entendido? – dijo Vergil con seriedad, sacando una sonrisa en la chica pelirroja.

- De acuerdo, les aseguro que no habrá problema alguno, tienen mi palabra – les dice Rías con una sonrisa de confianza.

- Que conste que lo hacemos por Issei lindura, por otra cosa… estas por tu cuenta – dice Dante con una sonrisa arrogante.

Ya teniendo acordado reunirse mañana después de las clases, Rías se llevo el cuerpo de Issei, mientras que los chicos quedaron en el lugar con caras de fastidio, pero no les quedaba de otra, era salvar a su amigo, o quedarse sin hacer nada.

Luego de que la pelirroja se fuera, las caídas salieron de su escondite, notando que ya era de noche, cosa que los gemelos notaron también.

- Vaya, ya oscureció, debemos de regresar a casa o el viejo se molestará – dice Dante mirando el cielo.

- Es cierto, padre debe de estar esperándonos, debemos de volver ahora – dice Vergil seriamente, lo último que menos deseaba, era tener problemas con el patriarca de la familia, pero sin embargo…

- O-oigan… ¿y qué hacemos nosotras? – dice la chica peli-azul con algo de timidez, llamándole la atención a ambos chicos.

- Hey, ¿ustedes no deberían irse a su casa también? – preguntó Dante confundido.

- Lo que sucede es que… si regresamos a nuestro escondite, los demás nos castigarán por no cumplir con nuestras ordenes, y si nos quedamos por aquí llamaremos la atención de los demonios… - decía la chica morena con nervios, no tenían un lugar a donde ir, al notar eso los hermanos, sabían que eso era verdad, pero no podían ayudarlas con eso. A menos que…

- Oigan chicas… - dice Dante llamándoles la atención a las chicas, y despertando un mal presentimiento en Vergil.

- Dante… lo que sea que estés pensando, pues olvídalo, ya nos has metido en muchos problemas – dice Vergil de manera molesta a su hermano, pero Dante se hace el sordo a sus advertencias.

- ¿No les gustaría quedarse en nuestra casa? – dijo Dante con una sonrisa, y eso solo hiso que su semejante pusiera una mano en su cara, señal de que estaba molesto, otra vez su hermano los metería en más problemas.

Ya estando caminando hacia la residencia de los peliblancos; las chicas se sorprendieron por la petición de Dante, intentaron negarse, pero Dante las convenció de que vinieran, lo que ellas le agradecieron mucho por su buen acto. En cambio Vergil… este estaba maldiciendo entre dientes por lo que su hermano estaba haciendo, por más que intento persuadirlo y decirle que su padre no aceptaría este tipo de invitación, pero Dante solo le dijo que lo ayudara a convencer a su "viejo" de dejar que esas ángeles caídas se quedaran por un tiempo hasta que pudieran buscar otro lugar a donde ir, y Vergil, tragándose las ganas de darle una paliza en ese momento a su hermano, aceptó de mala gana.

- Sigo pensando que esta es una idea sumamente ridícula – dice Vergil con suma molestia.

- Vamos Vergil, no sea tan cascarrabias y apiádate de ellas, ya han sufrido mucho y deberíamos de ayudarlas, además… te la pasaste muy bien en la cita de hoy con Kalawarner, ¿no es así? – decía Dante de forma pícara, sacándole una vena roja de enojo a su hermano.

- ¡Eso no cuenta! Además… sabes que nuestro padre es muy difícil de que podamos convencer – dice Vergil con fastidio.

- Eso ya lo sé, pero solo por esta vez, luego ayudamos a esas chicas por aparte – dice Dante mientras pon las manos detrás de su nuca de forma despreocupada.

- Ugh… no sé cómo es que tengo que soportar estas ridiculeces tuyas, juro que pagaras por todas las veces que me has hecho pasar por una humillación – dijo Vergil con fastidio mientras que se cruza de brazos.

Las chicas que por su lado iban por detrás de ambos chicos, escuchaban de manera disimulada la conversación de estos, y varias preguntas llegaron a su cabeza… ¿su padre sería de esos demonios de clase alta que no confía en las demás seres sobrenaturales? ¿Estaba bien el aceptar quedarse en casa de ellos? Esas eran sus preguntas, no querían causarles problemas a ambos, pero estaban en una situación muy difícil, y que agradecían el gesto que ellos hacían por ellas, así que para retribuir esta mano que les ofrecieron, harían cualquier cosa por ellos, era lo máximo que podían hacer.

Tiempo después, residencia de los Sparda.

Ya eran como las 7:30pm, y después de una caminata algo larga, finalmente llegaron a la residencia de la familia más poderosa del inframundo, ambos chicos iban a entrar primero para hablar con su padre al respecto, así que les pidieron a las chicas que entren después y que no dijeran una sola palabra, al menos si les permitían opinar.

- ¡Hey, viejo! ¡Ya llegamos! – Dante llamó, pero extrañamente su padre no estaba sentado donde acostumbraba estar. - ¿viejo? ¿En dónde estará? – se preguntaba algo confundido, al igual que su hermano.

- ¿padre? Somos Dante y yo… - Vergil también llamaba a al patriarca de la familia, pero sin resultado alguno.

- No está en su habitación tampoco, ¿A dónde se habrá ido ese anciano? – dijo Dante con clara confusión.

- Tienes razón… él no se iría sin avisar antes. Algo no cuadra aquí – dice Vergil de forma seria mientras se detiene a pensar, si su padre iba a salir a atender asuntos importantes, el les hablaría de forma telepática, pero al parecer no lo hiso. Había algo muy extraño en todo eso.

- ¿Chicos? ¿Todo está bien? – pregunto Raynare algo confundida por lo que estaba pasando, al igual que su compañera.

- Sí, lo que ocurre es que nuestro viejo no está, pero en algún momento ha de venir así que ¿Por qué no se relajan? Después de todo, si llegara a aparecer nosotros hablaremos con él, para que les permita quedarse aquí un tiempo, así que estense tranquilas – dice Dante con una sonrisa.

Ambas chicas aun se sentían algo incómodas por el trato que están recibiendo, pero aun así se sentían agradecidas de que los chicos les tendieran una mano, en este caso Dante, ya que Vergil no aprobaba esta idea, pero él era así, le costaba confiar en los demás.

Mientras tanto; en las cercanía al mar.

En un lugar muy alejado de la civilización, más específicamente a la orilla del mar, en un gran risco en el cual las olas golpean con fuerza, se ve a alguien parado en la punta de ese risco, mirando el mar se ve a un hombre de aparentes 40, cabello blanco como la nieve y que lo tiene peinado hacia atrás, y vestía con un traje color morado con detalles rojos.

Se trataba de Sparda, el cual se quedaba admirando la vista del mar desde el acantilado, mientras que la luz de la Luna y las olas solo hacen un paisaje de ensueño, cosa que mantenía despejada la mente del caballero oscuro, mientras que la brisa marina nocturna pasa por su cuerpo, mientras el está con los ojos cerrados, sintiéndose completamente en paz.

Sin embargo su momento de tranquilidad se ve interrumpido por alguien que aparece de la nada.

- Me alegra que vinieras, ¿te gusta la vista de este lugar? A mí me encanta venir a veces a este lugar, es sumamente hermoso – dijo una voz sumamente cálida y dulce, y Sparda no tenía que voltearse a ver a la dueña de esa voz.

- Vine como me lo pediste, pero aun no entiendo, ¿Qué es lo que deseas de mi? Gabriel – dice el peliblanco abriendo los ojos y teniendo una expresión seria mientras mira el gran océano.

- No es por nada en especial, solo quería continuar con nuestra platica de hace unos días – dijo la reconocida como la serafín más fuerte y la mujer más hermosa del cielo, Gabriel.

- ¿Solo para eso me trajiste? Ya te lo había dicho Gabriel, no hace falta que hagas eso, te dije que no estoy enojado contigo por lo que pasó hace tiempo – dijo el caballero oscuro con cierto tono de reproche en su voz.

Ante toda respuesta de la rubia, esta solo posó su cabeza en la espalda del maou supremo, mientras que se escuchaba unos cuantos sollozos de su parte.

- No… enserio necesito hacer esto, lo he querido hacer desde hace un tiempo, pero debido a muchas cosas no lo he hecho. Por favor, Sparda-san, solo déjame hacerlo, necesito desahogar esto que siento en mi corazón con usted, solo con usted, como debí de hacerlo hace 15 años. Solo te pido que me escuches… por favor – suplicaba la hermosa rubia de ojos azules, mientras derramaba unas lágrimas silenciosas en la espalda del demonio legendario.

Sparda no respondió, se mantuvo en silencio, su mirada se puso sombría, mientras recordaba ese acontecimiento que ocurrió hace 15 años aproximadamente, donde lo que el mas amaba en el mundo… le fue arrebatado.

Un silencio fúnebre se hiso presente, cosa que hacía que el corazón de la ángel de cabellera rubia se estrujara de manera dolorosa, ese pesar que sentía tenía que sacarlo de su pecho, y con quien quería descargarse, era nada menos que con el legendario caballero oscuro, el maou absoluto de todo el inframundo, Sparda.

Después de unos minutos, el que decidió romper ese eterno silencio fue…

- De acuerdo. Oiré todo lo que me tienes que decir, después de todo, veo que enserio quieres sacar todo eso que te atormenta. Así que adelante, te escucharé – dijo el patriarca Sparda, haciendo sonreír a la serafín, la cual estando en su espalda, le da un abrazo.

- Gracias… Sparda-san, gracias por querer escucharme – agradeció Gabriel con una voz cargada de dulzura y de agradecimiento, mientras que el peliblanco se mantenía de espaldas a ella.

Pero lo que la serafín no podía ver, era que en el rostro del Sparda resbalaba una silenciosa y fugaz lágrima, mientras que el hombre tenía los ojos cerrados.

- No me agradezcas, creo… que también debo de hablar algunas cosas contigo… Gabriel – decía Sparda, con una voz que denotaba calma, una que muchos no suelen ver en él.

- Claro, puedes decirme lo que quieras, si necesitas algo de mí, lo haré con mucho gusto, lo que quiera – dice Gabriel posando su cabeza en el hombro del demonio, este se sorprende por eso, pero no hiso nada, al parecer solo podía tener ese tipo de acercamiento con esa hermosa ángel rubia, y que sin que ella lo notara, Sparda tenía una minúscula, pero pacífica sonrisa.

Entonces ambos seres de diferentes facciones de quedaron hablando, hasta que la noche dio paso a otro brillante día, esta era una relación oculta para los demás, pero eso no importaba, lo único que importaba eran ellos dos, solo estaban ellos, se olvidaban de sus deberes y de los demás, solo ellos estaban. Sin que nadie los moleste, y manteniendo una vista en donde se podía ver el sol salir, dando a entender que empezarían de nuevo con su rutina. Pero que en algún momento debían de encontrarse en otra de estas reuniones privadas, solo para hablar, solo para… ser ellos mismos.

Bueno… aquí otro cap mas, espero y les gustara. Por el momento no tengo nada que reportar, he estado muy ocupado y deje inconcluso este cap, pero pude sacar tiempo para terminarlo, así que perdón el retraso jeje.

Les deseo un gran y poderoso ¡PURAVIDA! a todos lo que lean este fanfic y que sacan un poco de su tiempo para leerlo, les prometo que no quedaran decepcionados.

Carlos se despide deseándoles buenos días/tardes/noches, o a la hora que sea que lean esta historia, su servidor se despide y les saluda a todos.

Hasta otra…