Saint Seiya vs el Coronavirus

Estamos en el año 1990 y Seiya iba camino a la Mansión Kido para ir a ver a Saori como siempre. Hace poco había sido la guerra santa contra Poseidón y aún tenía varias heridas pero sanaba rápido y quería ver como seguían sus amigos.

—Oh, buenos días—se escuchó la voz de una mujer cerca.

—¿Eh, Shoko? ¿Qué haces aquí?—.

Desde que Saori se instauró como la diosa Athena, las saintias dejaron de ser guerrera tan activas y se dedicaban más a su verdadera labor: Guardia y espionaje. Shoko a veces venía a dejar informes a Saori de ciertos eventos.

—Es que mi hermana se enfermó, le dio coronavirus—.

—¿Ah? ¿Qué es eso?—preguntó el chico.

—¿Qué no sabes? Está en las noticias—.

—No veo la tele—.

—Todo el mundo esta enfermo, hasta fui al supermercado y casi no hay gente—.

—Con razón vi todo tan vacío, hasta el trafico esta muy poco concurrido—.

—Sí serás, hasta mis amigas se enfermaron. No sé porque me salvé, mi hermana Kyoko a cada rato me tose y estornuda en la cara—alegó la pelirroja.

—Tal vez somos indestructibles—.

—Mejor veamos a Saori, quería ver si tenía gel antibacterial—.

Cuando entraron a la Mansión, todo estaba tan muerto que daba miedo y se veía a Mii de Delfin bastante enferma y pálida.

—¡¿Qué te pasó?!—exclamó Shoko en shock.

—Me enfermé, Xian me contagió también. Vino de China infectada, ¡achu!—.

—Ay, mi hermana se enfermó y tuve que venir yo a dejar unos informes—.

—Saori esta arriba, ya se enfermó. Maldita sea, hasta los dioses no están a salvo. ¡¿Cómo es que no están enfermos?!—reclamó la rubia.

—No sé, jamás me he enfermado—explicó Seiya.

—Ni yo—.

—Malditos suertudos—.

Ambos subieron y cuando entraron al cuarto de Saori, ella estaba en cama con fiebre y un cubrebocas maldiciendo el haber nacido en cuerpo humano por esta ocasión.

—Seiya, Shoko. No se acerquen a mi, soy peligrosa—deliraba la diosa.

—Guau, esta hirviendo en fiebre—le tocó la frente la pelirroja.

—¿Cómo es que no se enfermaron? Los idiotas no se enferman, eso explica muchas cosas—sonrió débil la diosa.

—¡Oye!—reclamaron ofendidos los dos ponys.

—Va a comenzar una guerra santa, debo ir al Santuario. Debo proteger a la Tierra—.

—No, tú no te vas. Tienes que recuperarte como sea—declaró Seiya de forma firme.

—Tengo que ir, los santos dorados me necesitan. Hades nos va a hacer trizas si no voy—.

—No mi ciela, te quedas aquí y te vas a curar—alegó Shoko y se fue por el paracetamol.

—Demonios, me enfermé en el peor momento—.

Shoko se encargó de bañar a una hedionda Saori ya que había sudado mucho en cama y Seiya fue a preparar un caldito de pollo. Según él se enteró, Shun e Ikki se enfermaron al igual que Hyoga por culpa de Shiryu y se sorprendieron de que Seiya no haya mostrado síntomas.

—Ahí tienes tu caldito de Thanos, Saori—.

—No tengo hambre—.

—Di ah—.

—Ah—.

—Es como cuidar a una niña enferma, se va a curar rápido—.

En la noche, los santos resucitados por Hades fueron a Japón ya que no estaba en el Santuario y cuando llegaron vieron que Athena estaba con fiebre y delirando.

—Seiya, métemela con todo y bolas—soñaba de forma perversa la diosa.

—¡Diablos señorita!—balbuceó Saga sonrojado.

—Gime más para mí, Shoko—siguió diciendo la diosa.

—¿Athena es así de pervertida?—preguntó Afrodita curioso.

—No lo sé, pero se me ocurre un plan—sonrió Camus de forma malvada.

—¿Qué piensas Camus?—pidió saber Shion al respecto.

—¿Y si nos la llevamos al Inframundo y enfermamos a todos los espectros para que estén débiles?—.

—Que grande la tienes Seiya, no va a entrar—siguió diciendo Saori soñando.

—Está perra está loca—murmuró Shura.

Un rato después , Shoko y Seiya estaban alarmados ya que les dejaron una nota que decían:

Santos de bronce:

Tomamos prestada a la señorita Athena para usarla como arma biológica contra el ejército de Hades. Vayan por ella al Infierno porque no tenemos mucho tiempo.

Atentamente.

Shion de Aries y colaboradores.

—Ay no, otra vez secuestraron a Saori. Y mi armadura esta hecha pedazos—maldijo Seiya.

—Todos están enfermos, nos la tenemos que jugar pero Saori nos va a a tener que aumentar el salario. Quería ver las caricaturas—suspiró la pelirroja.

—¿Espera, a ti te pagan?—.

—Vamos al Santuario, espero que alguien nos ayude—.

Con el poder de sus cloth, fueron rápido al Santuario ya que urgía ir hasta allá pero para su sorpresa estaban enfermos y con fiebre.

—Estúpido coronavirus, no debimos dejar que el Viejo Maestro llegara—maldijo Aioria enfermo.

—Ay no, ya llegó la infección—maldijo Seiya al respecto.

—¿Cómo es que esos dos no enfermaron?—se preguntó Milo con los pies en agua tibia.

—Los idiotas no se enferman—maldijo Shaka molesto.

—¿Por qué insisten tanto en eso? No soy una idiota… bueno, reprobé matemáticas otra vez… y también historia… ¡pero no soy una tarada!—reclamó la saintia.

—Niños, escuchen. Se llevaron a Athena al Inframundo, tienen que activar su Octavo Sentido para no morir ahí—.

—¿Y como se hace eso?—preguntó Seiya confundido.

—Tiene que acercarse a su propia muerte—explicó el santo de Virgo sonandose la nariz.

—Pues Saori parece más muerta que viva, va a entrar sin problemas—alegó la saintia de Equuleus.

—¿Cómo me puedo acercar a mi muerte?—pensaba en voz alta el santo.

—Creo que nosotros ni la muerte nos quiere—murmuró Shoko con el tema del coronavirus.

—Tengan un mapa del Inframundo, esto los guiará por todo el lugar—les prestó un papel Dohko.

—Ah bueno, vamos para allá. Chayito—.

Los dos santos salieron volando rumbo a Alemania en el Castillo Helstein donde se ubicaba la entrada al Inframundo. El lugar estaba muy lúgubre y varios espectros ya estaban bastante enfermos y los dos los derrotaron más fácil.

—Maldita Athena, ¿usó el coronavirus para debilitarnos? Fue un juego sucio de su parte—.

Pandora se quejaba en cama ya que tenía fiebre y también estaban tirados los santos resucitados por Hades más enfermos todavía.

—Maldita sea, la cepa mutó por el cosmos de Athena. Nos infectó más rápido—maldijo Saga tirado.

—Niños, vayan rápido. Se llevaron a Athena al Infierno—les ordenó Shion a punto de esfumarse ya que las 12 horas terminaron.

En ese momento, Shion usó su magia de sirena y reparó al instante las armaduras de Pegaso Y Equuleus hasta una versión más poderosa.

—¿No necesita sangre?—preguntó Seiya que conocía el proceso para reparar cloths.

—Han estado expuestos a los fluidos de Athena un gran periodo, eso hará al trabajo. Muévanse rápido, vayan por ella—.

Los santos murieron por la enfermedad y que se les acabó el tiempo de vida que les dio Hades, así que sin nadie que fuera una amenaza, fueron directo al Infierno.

—Según el Viejo Maestro debemos acercamos a nuestra muerte. ¿Se te ocurre un plan?—preguntó Shoko viendo el enorme hoyo.

—Que sea lo que dios diga, ¡piensa rápido!—.

Seiya empujó a su amiga y ambos cayeron desde muy alto hacia el Inframundo y encendieron sus cosmos lo más alto que podían para amortiguar la caída. Por suerte, unas alas salieron de sus armaduras y empezaron a volar en el aire.

—Guau, no sabía que estas armaduras tenían alas—mencionó la pelirroja.

—Así que el apodo de burro con alas no era de adorno—.

El Inframundo era un sitio feo y oscuro, lleno de muertos y en el lugar se veía a cada espectro enfermo porque Saori los contagió a todos.

—Pobres espectros, ni ellos resistieron la enfermedad. La misión es acabar uno por uno—.

Una masacre se llevó a cabo aprovechando que el ejército de Hades estaba hirviendo en fiebre incluso hasta los pobres jueces del Infierno que su cosmos disminuyó mucho.

—Eso fue demasiado fácil, ¿Dónde está Saori?—se preguntó Shoko viendo la habitación de Giudecca.

—Mira, una nota. ¿Qué dice?—.

A quien corresponda:

Si preguntan donde estamos, fuimos a los Campos Eliseos a poner en cuarentena a la maldita Athena. Ya se contagiaron todos mis espectros, se suspende la guerra santa hasta que todos tomen su paracetamol.

Atentamente.

Hades.

—Eso se le llama estrategia—.

—¿Cómo llegamos a los Campos Elíseos?—preguntó Seiya curioso.

—El mapa de Shaka decía que sigamos la ruta del río. Sigamos el camino—.

El par de santos tarados fueron directo a los Campos Eliseos y cuando llegaron allí, vieron que estaba vacío. Aquí estaban las almas de los héroes que Hades aprobó hace tantos años que casi no tuvieran pecados y todos los presentes tosían con fiebre.

—Oigan, ¿alguien sabe donde llevaron a la diosa Athena?—preguntó Seiya curioso.

—Allá, esta en una cámara aislada—alegó una de las ninfas del lugar.

En ese momento, los dioses Gemelos estaban parados frente a ellos y tenían mascarillas de las gruesas y aún no se habían enfermado.

—No se van a llevar a la diosa Athena, Hades nos las confío. ¿Cómo es que ustedes no se han enfermado?—preguntó Hipnos molesto.

—Todo el mundo hace esa pregunta—suspiró la saintia molesta.

—Sí nos da a la diosa enferma, la llevaremos a casa—.

—Ni lo sueñen, aún estamos en guerra santa y cuando se cure, será asesinada—alegó Thanatos.

En ese momento, se vio salir a Saori bastante enferma y delirando por la fiebre, mientras los dioses se alejaban por el terror ya que tenía escurrimiento nasal y tosía a casa rato.

—Quiero un cuento para dormir—ordenó la diosa sin saber donde estaba.

—Saori, debes descansar—.

—¡No, hay guerra santa y Athena salvará el mundo! ¡Achu!—.

En ese momento, Athena comenzó a disparar rayos de cosmos muy al estilo Dragon Ball y veía a los dioses gemelos como villanos genéricos de anime, dándole en las mascarillas.

—Thanatos, no respires y vámonos de acá—le intento decir el sujeto pero este ya hajia caído enfermo.

—Creo que respiré sin mascarilla cuando me comí mi almuerzo hace unas horas—alegó el dios ya cayendo por la enfermedad.

—Llevense a esa diosa problemática antes de que enfermen más por su culpa—les advirtió Hipnos poniéndose su cubrebocas.

—Bien, nos vamos. Lamento las molestias, se suspende la guerra santa—se despidió Seiya cargando a su diosa enferma.

—Sí se enferman, tomen paracetamol y échense Vaporub en el pecho—aconsejo la saintia sonriente.

Mientras tanto en el Santuario, ya habían pasado varios días ya que el tiempo era diferente en los Campos Eliseos y se veía a todo el personal reunido para la guerra santa comandados por Dohko de Libra que se había vuelto joven.

—Athena está en el Inframundo secuestrada por Hades. ¡Vamos por ella!—.

—¡Sí!—alzaron el puño todos animados.

En ese momento, Seiya y Shoko entraron al lugar y Saori comenzó a toser bastante fuerte y a estornudar porque para ella no había pasado más que una noche.

—¡Ya rescatamos a Saori!—saludó el castaño sonriente.

—Guau, que rápido sanaron. Ella sigue bien enferma—comentó Shoko desconociendo como funcionaba el tiempo entre dimensiones.

Todos se pusieron pálidos y habían respirado la cepa que la diosa tenía en su cuerpo, por lo que horas después todo el Santuario entró en cuarentena otra vez. Saori sanó dos días después y de le contó los detalles de su secuestro.

—¡¿Qué yo enfermé a todo el Inframundo?!–exclamó en shock la pelilila.

—Sí, les estornudaste y tosiste. Luego deliraste y creías que era una Sailor Man, flotaste sobre lo y destruiste un auto con tu rasho láser cuando volvimos—.

—Ah, y creo que nos informaron que Hades se murió de coronavirus ya que es antivacunas y no toleró todos los microbios que tenias, junto a los dioses gemelos—.

—Que vergüenza, esta no es la batalla épica que esperaba. Bueno, tengo hambre. Quiero ir a casa—.

—No podemos, andamos encerrados en cuarentena hasta que todos sanen—sonrió nervioso Seiya.

—Auch, que sad. ¿Por qué siempre me persigue la desgracia—.