Egyptian Guitarby Kaiba Kisara
Chapter II: Ishizu Ishtar
Les contaré cómo estuvo el día de hoy:
Amaneció tranquilo, sin alguna nube cubriendo el cielo, con ese suave aire helado de las mañanas de Enero. Las mismas luces colándose entre la cortina, la rutina frente a mi apartamento comenzaba su ciclo esperado.
Monotonía.
No me quejaba de ella, siempre había algo que la cambiaba.
Quizá era el destino.
Aunque hacía tiempo que no tenía visiones claras del futuro. Algunas veces comenzaba a dudar si los dioses me habían abandonado. Quizá era siemplemente yo y mi horario.
Las 7:00 a.m. y todas mis pertenencias estaban listas para un nuevo día de enseñanza en Domino University of Ancient History and Anthropology, desde hacía unos meses que comenzé a dar clases como maestra sustituta del ph.D. Ronald Thomasson quien tuvo un accidente automovilístico donde se fracturó la cadera, aún sigue en rehabilitación. Sin embargo, tras su llegada, me ofrecieron una planta en Historia, acentuada en la civilización de Egipto.
Nunca me imaginé dar clases, me agradaba estar dentro del Museo pero no me quejo, cada día es un reto. Y más si se trata con mentes jóvenes día tras día.
No voy a mentir, es díficil hacerlo.
Pero es gratificante.
El reloj tan preciso marcó las ocho cuando la clase comenzó, aún habían algunos asientos vacíos... y conocía a cada uno de los ausentes, dos de ellos parecían tener una guerra diaria con el despertador, y la otra vivía algo retirado de la Universidad.
Comenzé revisando las tareas que les había asignado una semana antes mientras les daba tiempo para que se juntaran en equipo y discutieran para el debate de hoy: Monoteísmo y Politeísmo.
Una pequeña voz me sacó de las palabras que se arromolinaban en mis ojos, giré para ver esos resplandecientes ojos azulados y solté una suave sonrisa, asintiendo y marcando en su lista su asistencia, ella dio las gracias y corrió con su equipo.
Kisara era su nombre.
Era una muchacha joven, de cabello largo y claro con la mente abierta y centrada, tranquila des aspecto frágil; me gustaba leer sus reportes, eran muy objetivos con una pizca de subjetividad pero que no hace perder el enfoque real del asunto. Y cada vez que exponía sus ojos brillaban como si todo lo demás no existiera.
En cierto punto... me recordaba a mí misma tiempo atrás.
El tiempo pasó volando, una mirada rápida al reloj me hizo darme cuenta que ya era la 1:21 p.m. y que la clase debió de haber terminado hace veintiún minutos pero el campo de guerra seguía hirviendo de palabras y más palabras de mis estudiantes contra otros.
Desgraciadamente tuve que detenerlos, seguiríamos más tarde... la próxima semana, si aún quedaba tiempo, los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y aún tenía que preparar la nueva exposición del Museo. ¡Ah, y recordarle a Seto Kaiba que se tiene que despegar un poco de esa pantalla en donde vive!
-Kisara...
Una reacción extraña me hizo pronunciar su nombre, la muchacha volteó hacia mi con sus ojos bien abiertos esperando escuchar algo de mi, avanzó hacia mi con suavidad dándome la impresión de que era una geisha.
-Dígame profesora.
-Bueno... hay unos asuntos que quisiera discutir contigo, si me permites, claro.
-Adelante -sonrió.
-Como has de saber habrá una nueva exposición en el Museo, me gustaría requerir de tu ayuda si es posible.
-¡Por supuesto, claro que me gustaría! ¡Muchísimas gracias por esta oportunidad!
Su felicidad iluminó la habitación.
-Mañana, después de clases te espero.
-¡Sí, claro que estaré allí! ¡Muchísimas gracias! -Sonrió nuevamente, acomodó su mochila al hombro y se despidió para salir por la puerta.
Aún tenía esa sensación de haberla visto en alguna otra parte aunque supongo que alguien como ella sería muy difícil de olvidar, probablemente la estaría confundiendo con alguien más.
Suspiré, Seto nuevamente había olvidado nuestra cita para comer.
Últimamente ha estado menos centrado... algo ha estado pasando por su mente. Tal vez sea su nuevo proyecto.
Cuando terminé de revisar las tareas le marqué a Seto para saber de él y como siempre seguía trabajando, agendamos una cena para las nueve. Eso me daría tiempo de avanzar con la exposición del Museo.
Una visión me detuvo, la velocidad con la que pasaban las imágenes en mi mente eran algo perturbadoras, escuché una suave risa y la voz de alguien más llamándola, ambas voces me resultaban familiares pero más nada, todo volvió a la tranquilidad mental.
Algo estaba mal, no lo sabía.
Lo dejo todo en mano de los dioses.
