Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter III: The Voice

Ese mismo sueño. Esa misma sensación. Esa rasposa voz que se pega a mis oídos como la arena a mi cuerpo. Esos aromas. Esa fragancia de desierto. Y de nuevo está él, de frente a mi con las manos sobre las mías, entonando una melodía que me derrite el corazón; pero no puedo ver sus facciones perfectamente, sólo miro sus ojos: azules como los míos, pero con un tono más chispeante, más fuerte y vivo.

Él se inclina para besarme y yo sonrío, él alza una carcajada al aire y me vuelve a tomar entre sus brazos mientras contamplamos el amanecer, ambos envueltos por las caricias del viento y de la frescura del río golpeando a nuestros pies.

Reconozco la arquitectura del lugar, los penetrantes y dulzones olores de inciensos, reconozco la ropa que el usa y los vívidos colores sobre las paredes, roconozco a los dioses de las figuras que yacen de guardianes por doquier.

Y el despertador vuelve a sonar, justo cuando él susurra mi nombre.

-¡Kisara!

No, él no es mi príncipe azul... Sólo imaginé que mi gato me llamaba al momento de maullar; Ka es un hermoso gato pelo corto americano, negro como la noche y una mirada un tanto graciosa con su anisocromía azul y dorada.

Azul... azul como esos bellos ojos que sueño bajo la luna en estío; tan azul que puede comerse al mar entero, tan profundos y misteriosos...

Un escolofrío recorrió mi piel y decidí salir de cama, el tiempo no perdona a nadie.

Después de pelear con mi cabello, la tostadora y los panes que seguían saliendo negros, la falta de mantequilla, la mermelada regada sobre el piso, Ka que no quería levantarse de mi ropa, y el ensayo que no quería imprimirse... por fin pude salir de casa para embarcarme en la aventura más épica de mi vida: llegar a la universidad.

Sinceramente no sé cómo puedo seguir viviendo en estos departamentos frente al mar... bueno sí: 1) son baratos, 2) estoy acostumbrada, 3) la vista es hermosa, pacífica y romántica... bueno, si tuviera que compartirla. En fin.

El viaje no estuvo tan pesado como creí, los autobuses no se tardaron, no había tanto tráfico, aclaremos tanto más de lo normal, y pude llegar corriendo sin que mis pulmones salieran del pecho a jadeos. La doctora Ishtar es magnífica, tras una conversación ella asintió en mis llegadas de cinco o diez minutos tarde.

Ella es maravillosa, cómo me gustaría viajar para descubrir nuevos sitios arqueológicos, leer y conocer más, maravillarme con la divina vista de Egipto al aterdecer, al amanecer, o en cualquier faceta del día o de la noche.

-Kisara...

-Dígame profesora -volteá hacia ella, dejando mi libreta sobre el banco.

-Bueno... hay unos asuntos que quisiera discutir contigo, si me permites, claro.

-Adelante -sonreí suavemente.

-Como has de saber habrá una nueva exposición en el Museo, me gustaría requerir de tu ayuda si es posible.

-¡Por supuesto, claro que me gustaría! ¡Muchísimas gracias por esta oportunidad!

Los dioses me aman. El universo está alineado nuevamente. Hay un rayo de luz brillando sobre mí. ¡Oh, no lo puedo creer!

-Mañana, después de clases te espero -cruzó los brazos, mirándome con severidad pero con suavidad a la vez.

-¡Sí, claro que estaré allí! ¡Muchísimas gracias! -Tuve que sonreír... a decir verdad sonreír era lo único que podía hacer en este momento.

Me despedí de ella y salí corriendo hacia el pasillo, mi felicidad no cabía en este frágil cuerpo... al menos al ver las miradas de mis compañeros que se juntaban en los mismos grupos de siempre en las bancas que están frente al salón, en un pequeño jardín de esta área.

-¿Ahora por qué tan feliz?

-Ah... oh, Bakura -volvió a sonreír. ¿Raro, no?

Bakura era un compañero mío desde el kinder, es extraño que siempre hayamos estado juntos desde siempre. Es como un hermano para mi. Alto, de complexión delgada, ojos suaves como nubes un día de lluvia, su cabello es ligeramente blanco, con la piel lechosa. Siempre con sus lentes de lectura y aferrado a su maleta.

-Ahora me dirás que está sucediendo ¿o lo tendré que adivinar... a mi modo?

-Es sólo que -tomé un gran suspiro, mis mejillas estaban rojas de tanto sonreír-... la profesora Ishtar me ofreció trabajo, bueno... ayuda... para su exposición en el Museo.

-Interesante.

-¿Interesante? Si fuera cantante este sería mi...

-¿Grammy?

-¡Exacto! ¡Disco de oro, primer concierto! ¡Qué sé yo!

-Cálmate, bunnie, y acuérdate de respirar.

Allí va de nuevo... ese nickname jamás dejará de llamarme así. ¡Oh, maldita infancia!

-Por cierto ¿irás a la bienvenida?

-No lo sé ¿tu?

-Me da igual -se encogió de hombros y miró su celular-, nos vemos luego, bunnie, tengo cosas que hacer -y, como es costumbre en él, revolvió mi cabello antes de salir caminando suavemente, pavoneándose como le llamo yo, por los pasillos.

Típico en él... nada le impresiona.

Típico en mi... me impresionan las cosas grandiosas.

Ahora... a esperar. Mañana, como siempre, sería un hermoso día, el sol saldrá... bla bla bla y ¡tendré la mejor experiencia de mi vida! ¡Trabajar en la mejor exposición del mundo acerca de Egipto! ¡Y el gran honor de poder trabajar al lado de la profesora Ishtar!

Kisara...

Escuché nuevamente esa voz, como un susurro que atravesó mis oídos como flecha sobre diana, giré hacia todas las direcciones en los pasillos, todos estaban en su mundo, conversando entre ellos, riendo, sonriendo, chismeando...

Kisara...

Me aferré los libros al pecho y seguí mi camino.

Era lo único que podía hacer.