Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter V: Un poco de locura y otro de verdad.

"...Sabes, el tiempo ha regresado el reloj, sabes, tus manos cubren mi corazón, y no quiero olvidarte, y no puedo cambiarte, serás siempre el mejor. Porque llevas en la sangre, ansiedad por abrazarme..."

Y el reloj volvió a sonar.

Una dulce voz, esa misma con la que siempre sueño, resonaba de nuevo, con más ansias, dentro de mi mente, tan adherida a mi como las sábanas a mi cuerpo. Y esos azules ojos, suaves, irreales y llenos de vida.

Era extraño que algo pudiera llamarme la atención. Pero dentro de su voz había una gran insistencia, allí oculta entre mis sueños se encontraba a alguien que había conocido tiempo atrás.

Ahora me escuchaba como Ishizu.

Suspiré tranquilamente, tal vez allí estaba la respuesta. Gracias a Ishizu yo mismo había creado mundos alternos e historias 101 en la mente.

En cuanto me arreglé no pude evitar notar las nubes que cubrían la ciudad, unas nubes llenas de agua y tormenta, como con las que soñé.

Genial, ahora soy meteorólogo.

Me encerré nuevamente en el trabajo, aún tenía unas diez horas antes del evento en el Museo con Ishizu... las aprovecharé para terminar el proyecto en el que trabajaba con meses de anterioridad.

Y sí, las nubes rompieron, descargando una fuerte lluvia que parecía no importarle al CEO.

Suspiré.

Tal vez debería de dejar de leer tantas historias románticas y de fantasía antes de dormir.

Aunque... Tal vez debería escribirlas y volverme una escritora famosa.

Eso implicaría dormir más, me agrada la idea.

-Oye... -escuché la voz de Bakura desde afuera de la puerta-. ¿Estás viva?

-Hmm... -me apresuré a ponerme la bata encima-. ¿Qué sucede?

-Te llevaré así que puedes dormir unos cinco minutos más, te espero abajo.

-¿Me despiertas para decirme que puedo dormir unos minutos más?

Bakura siempre tenía un humor extraño pero era mi mejor amigo, siempre estaba allí para apoyarme y cuidarme. Sonreí suavemente, decidida a olvidar mis fantasías nocturnas; corrí al baño, hoy sería un largo y excelente día.

Me miré al espejo al terminar de arreglarme, el color azul que brillaba allí frente a mi era más pálido que aquellos ojos que solían mirarme. Unos ojos azules que resplandecían de poder y elegancia, profundos, oscuros, misteriosos, en donde quizá podría ahogar mis penas. Suspiré.

-Kisara despierta... -y agité la cabeza, salpicando de agua el lugar.

Bajé las escaleras con mi mochila de escuela y otra pequeña maleta para el resto del día, Bakura se encontraba haciendo el desayuno... él era un gran cocinero, sólo que no le gusta admitirlo. Si yo tratara de hacer algo para mi... muy probablemente todo el edificio se incendiaría.

-Buenos días... ¿Te apetece un omelette? ¡Qué bien, porque ya lo hize, ahora come!

-Gracias.

Delicioso. En extremo delicioso.

-¡Ahora apúrate qué vámos tarde!

-¡¿Qué?

Bakura soltó una suave carcajada al verme escupir el jugo, guardó todas las cosas en su auto que habia estacionado frente al departamento; él tenía otras clases y entraba tres o cuatro horas más tarde que yo por lo que para mi era imposible pedirle ayuda.

-¡¿Vienes o no?

Rápidamente corrí hacia la salida, y allí estaba él con su traje de siempre: esos pantalones de mezclilla deslavados, con sus converse azul marino, una playera de polo clara y una chaqueta para darle formalidad a su presencia, sus gafas de lector empañadas. Y con una sombrilla en la mano, esperando por mi al pie del edificio.

-Gracias.

-¡Apúrate o habrá mucho tráfico!

-¡Sí, sí, gracias!

Y entramos, parecía que entre más nos acercábamos con más fuerza la lluvia caía. Bakura repasaba para su examen de Literatura Inglesa, no conocía muy bien el tema pero le ayudaba leyendo para él de sus apuntes.

-Y llegamos en un tiempo récord. Y me debes una cena.

Me ayudó a bajarme del auto y caminamos hacia la entrada de la universidad. Le volví a dar las gracias pero él simplemente asintió, diciendo que tenía que estudiar y se perdió entre los pasillos de la institución, aún faltaban unos minutos para la primera clase del día por lo que hoy no corrí, como solía hacerlo todos los días.

Y como era de esperarse las clases pasron lentamente, hasta que llegó el turno de la doctora Ishizu quien, sabía yo, no iba a poder atender clases debido al pesado trabajo que debería de tener en el Museo por lo que decidí salir apresuradamente hacia el lugar.

-¿Ya te vas?

-Ah, Bakura... -le regalé una sonrisa, y como siempre él permanecía con el libro en las manos-. Sí, o se me hará tarde.

-¿Quieres que te lleve?

-Pensé que...

-Ya te lo he dicho, pensar de más te hace mal -sonrió con su típica sonrisa de siempre, aguda y retadora.

-Gracias, Bakura.

-No lo menciones -y me golpeó en la cabeza con su pequeño libro de bolsillo-. Andando, bunnie.

El lugar estaba lleno de peronajes que corrían de un lugar a otro, guardias con sus transmisores monitoreando que todo estuviera en orden, reconocí a alguna de las personas que se encontraban allí, el curador del Museo, quien nos llegó a dar unas cuantas clases, el vicepresiente de la Asociación de Bellezas del Pasado, periodistas locales del Diario Domino, el director de la Universidad, y el profesor que daba clase en Maestría quien siempre saludaba con una sonrisa pegada al rostro.

Bakura me deseó buena suerte y salió por una pequeña calle que daba a una gran avenida, yo avanzé entre la gente, los guardias tenían conocimiento directo de Ishizu que Kisara, estudiante de octavo semestre, próxima a graduarse (ésto no sabían, pero estaba orgullosa de decirlo), sería la ayudante de la doctora Ishtar.

-¡Gracias a los dioses que llegaste, pensé que te retrasarías! -Sonrió con dulzura y esa pizca de seriedad característica en ella.

-No me lo perdería por nada del mundo.

-Muchas gracias, Kisara -me entregó unas hojas-. Quisiera que me ayudaras checando que todo lo de la lista se encuentre perfectamente ordenado, limpio y presentable.

-Por supuesto.

-¿Y Kisara? Muchas gracias.

Asentí con una alegría enorme y caminé hacia la sala que estaba a punto de ser exhibida. Mi corazón parecía salir del pecho con tanta fuerza que podría causar un terremoto, bueno, tal vez... La verdad era que estaba muy, muy, muy emocionada.

Las bellezas allí dentro no puedo describirlas con facilidad como la que tengo para describir mi día.

Estatuillas de los dioses principales, jeroglíficos y manuscritos en copto, placas, obeliscos, pedazos de sandalias y vasijas de diario, artículos mortuorios, escritos, y allí al fondo de la habitación una gran roca con una bella y misteriosa tablilla cincelada en ella.

Mis ojos parecían hiptonizados de tanta hermosura, la pintura en dicha obra en relieve aún conservaban su color original, no muchas cosas lo hacía con el paso del tiempo, las tormentas de arena, la humedad y el calor infernal que existe en Egipto. Allí se alzaba una representación de los antiguos duelos del pasado, pero en la parte inferior izquierda se encontraban tres figuras, una masculina y dos femeninas... una de ellas tenía cierto aire de familiaridad con la doctora Ishtar.

Avanzé hacia la siguiente estela de piedra y mis ojos se encontraron frente a ese ladrón de buenas noches, esa figura era la misma que me visitaba noche tras noche, esa vestimenta, esa forma de presunción y estilo.

-Dioses... eres tú...

No estaba loca.

Ahora... yo misma me daba miedo.

-Eres tú... -leí la descripción: Sumo Sacerdote del Faraón Atemu-. Bueno... Sumo Sacardote -hize una suave reverencia-, un placer... supongo... ah... Soy... Kisara, y... me gustaría que... dejaras de... tu sabes... visitarme... Es una sensación... extraña.

Escuché una risa seca hacer eco en toda la habitación.

-¿Eres real? -Me acerqué a la piedra.

-No.

Volteé hacia atrás.

Un joven admiraba la estela que se alzaba monumentalmente, sus ojos estaban concentrados en la piedra pero sin duda era alguien muy importante: el CEO de la compañía KaibaCorp., y uno de los patrocinadores principales del evento y novio de la doctora Ishtar.

-Supongo que trabajas aquí también.

-Soy... estudiante de la doctora Ishtar -con un extremo nerviosismo pegé las hojas a mi pecho, bajando la mirada-. Ella... me pidió ayuda con... la exposición.

-Ah -cerró los ojos con esa misma sonrisa que Bakura solía dar, tan retadoras y picantes.

No me atreví a decir nada acerca del traje que estaba usando, uno parecido al de la pintura. Un traje egipcio de gala, como los que usaba la nobleza y la cohorte del faraón.

-¿Kisara?

-Ah, doctora todo está listo... -llevé la mirada hacia atrás para encontrarme con la mirada de la doctora Ishitar.

-¿Kisara estás bien?

-Sí, sólo me impactó ver... todo esto...

Ishizu sonrió y me pidió que la acompañara a ver los últimos detalles que habían hecho para la cena de inauguración. La seguí hacia la salida, volteando hacia atrás antes de salir, esperando ver al señor Kaiba el cual había desaparecido aparentemente.

Sí, me estaba volviendo loca.