Egyptian Guitar by Kaiba Kisara
Chapter VIII: Tu y tus benditas fotografías
El semana había empezado tan maravillosamente. Las clases habían transcurrido tranquilamente rápidas y había sido invitada por Ishizu a una conferencia de prensa y dos eventos sociales, Bakura me había comprado una cámara nueva (larga historia, había roto la mía hace tiempo), mis calificaciones mejoraron en el último bloque de exámenes del período y mi gato había regresado al departamento.
Y hoy habría sido una maravillosa noche también para cerrar la semana con broche de oro pero la conciencia no se callaba.
Todo había comenzado cuando había utilizado mi día libre para ir al museo y seguir el trabajo pendiente que Ishizu me había asignado, más que nada papeleo y papeleo de artículos dispuestos en la galería egipcia. Algunos faltaban para este período por lo que tuve que pedirlos de la bodega.
También tuve que corregir algunos carteles, más que nada fechas y detalles pequeños, y escribir nuevos para las piezas nuevas.
Ishizu había salido unos minutos con la suficiente prisa para dejarme a cargo. ¡Qué locura!
-Señorita Kisara, la esperan en la oficina.
Asentí ¿cuánto tiempo tenía acomodando la galería?
-Oh, joven Kaiba... -era la segunda vez que lo veía y tenía el mismo efecto en mi-. ¿En qué puedo ayudarle?
-Ishizu ¿sabes dónde está?
-Salió hace... -no sabía que responder- unas horas... La verdad no dijo hacia donde iba o a qué hora regresaría.
-Y aparentemente dejó el celular aquí -señaló hacia la repisa detrás de mi, yo simplemente suspiré.
-Es extraño que la doctora salga así de esa manera.
-Algo urgente... como siempre.
-¿Le gustaría que-
-No, descuida, se lo diré personalmente.
Asentí algo apenada.
-Dime... ¿eres duelista?
Tuve qué procesar la pregunta varias veces en mi mente antes de contestarle, me había tomado por sorpresa.
-Interesante -sonrió con esa sombra en sus labios, tan llena de confianza y arrogancia-. ¿Te gustaría probar algo para mi?
-Ah...
-Como Ishizu no se encuentra en este momento, tu suplirás su lugar.
-De acuerdo.
Ya había terminado todo el trabajo que era para hoy, había ordenado y limpiado y corregido todo lo que tenía que hacerse así que bueno, podía irme. No creo que Seto Kaiba tomara un no como respuesta.
-Es un nuevo sistema -comenzó después de un incómodo silencio y unos kilómetros lejos del museo-. Realmente no lo he probado así que serás la primera.
-De acuerdo.
Por fin llegamos después de unos cuantos minutos y un silencio incómodo, entramos al edificio detrás de la estatua del dragón blanco de ojos azules, la cual no pude evitar tomarle una foto, se veía tan lindo. Bueno, me gustan todos los dragones.
Seguí a Kaiba a una habitación donde habían... bueno, parecía ser caseta de teléfono, él me ordenó ir hacia ella, se encontraba a la mitad de la habitación. Tenía las dimensiones de una caseta de teléfono pero en su interior había un tablero idéntico a las plataformas de duelo, la pantalla se encendió.
-Escoge tu deck, estaré en la otra habitación monitoreando el progreso -y diciendo eso salió.
-Uh, veamos -y después de unos minutos lo tenía completo.
La pantalla aún cargaba hasta que marcó el inicio de mi turno, pidiendo que conectara mi celular al puerto del tablero. Éste se cargó rápidamente y la pantalla apareció en mi celular. Increíble. Espero que Kaiba no se decepcionara, no era tan buena jugadora... perdía ante Bakura dos o tres veces seguidas en menos de 10 turnos. Y Bakura no era tan buen jugador.
Entonces volví a mi juego, era interesante mirar cómo también podía ver el juego desde el celular; ésta vez daría lo mejor de mi para durar más allá de 10 turnos. O al menos ser una digna oponente de la computadora.
Y pude logar mi objetivo: durar más de 10 turnos... La verdad fueron 15 turnos, y pude bajar los puntos de vida de la computadora. Y vi en acción a tres dragones ojiazules y la fusión de éstos.
-Diste buena batalla, Kisara.
-Gracias, nunca había tenido un duelo contra una computadora.
-Oh, no me digas... -volvió a sonreír de la misma manera, tan confiado y sombrío-. Bueno, supongo que tampoco que contra mi.
-Eh... -me quedé sin habla, mi corazón ¡oh, dioses! Pensé que mi corazón explotaría-. ¿Eras tú?
-Ninguna computadora podría compararse con mis movimientos ¿o si?
-No... ¡Ah!
Pero él rió melódicamente.
-Excelente, no hubieron fallas en ningún puerto, ni en la recepción... Supongo que está listo... Quedó antes de tiempo, perfecto.
-Es la nueva plataforma de la que todos hablan entonces...
-Supongo.
-¡Muchísimas gracias por esta experiencia!
Él asintió con otro tipo de sonrisa en sus labios, supongo que éste era el ambiente en el que Kaiba se sentía más cómodo... de la misma manera cómo yo me sentía rodeada del pasado. Si lo conociera diría que está feliz.
Entonces mi mente volvió a soñarlo, a esos dulces labios que solían besarme al anochecer, de esos ojos brillantes que miraban con delicada rudesa, y pude sentir esos firmes brazos sobre mis pequeños hombros, ahora estos fantasmas me acosaban de día.
No sé cuál fue mi más grande sorpresa: Saber que no estaba tan loca porque no era uno de esas visiones extrañas o el hecho de que era Seto Kaiba quien me estaba besando.
Él se llevó una mano a sus labios con una mirada hacia la nada, tal vez recapacitando lo que había sucedido, de darse cuenta de que no era Ishizu Ishtar sino Kisara a quien estaba besando, me estaba besando, me había besado ¡dioses!
-Disculpa, yo... -dijimos al mismo tiempo.
-Te llevaré de vuelta al museo -su voz titubeante cambió a ser la misma: confiada y recta.
-Oh, no, yo... Me iré caminando, no... está bien... En verdad... -mis manos temblaban.
Pero con Seto Kaiba un 'no' definitivamente no tenía cabida en su vida... ni en su vocabulario.
Todo el camino mis manos temblaban, mi mente consentía en repetir una y otra vez la misma escena, si no eran las pesadillas de noche sería mi tortura de día. Dioses ¿qué hize para marecer tal maldición?
Llegé cuando el museo estaba siendo cerrado, corrí rápidamente para checar todo de última hora y recoger el celular de la doctora, tomé un taxi sin darle importancia al tiempo.
Y en cuanto llegué no pude notar al descubrir cierto amigo mio al pie de la entrada del edificio, me miraba fijamente y tenía su típico semblante de papá preocupado.
-Disculpa la-
-¿Qué demonios hiciste?
-¿Qué?
Y casi golpea mi rostro con un legajo, él me indició que lo abriera mientras se alejó de mi para fumar, algo que no era muy común en él.
Quizá debería empezar a fumar... el corazón se encogió dentro de mi tórax, mi sangre se congeló y un escalofrío recorrió el cuerpo como epidemia.
-¿Quién...
-No, la pregunta es ¿QUÉ DEMONIOS HACÍAS?
-Bakura, yo...
-Un amigo me la dio, no sabes lo que tuve que hacer para que ésto no saliera en primera plana... ¿Qué demonios hacías? ¿Qué demonios pensabas?
Mordí los labios y no pude evitar que mis lágrimas se rompieran contra el suelo.
No sé que me dolía más: El hecho de que hubiera pasado o de lo decepcionado que Bakura estaba de mi.
-¿Tienes idea de lo que hubiera sucedido si esto llega a ser publicado? ¿O qué habría pasado si no me hubiera enterado? ¿Lo sabes? ¡¿Tienes una maldita idea?
-Baku-
-¡No! -Levantó una mano y siguió sin mirarme, siguiente cigarrillo. Y luego un largo y lastimero suspiro.
Después simplemente entró al auto y salió de mi vista sin decir algo más, volví a contemplar la foto mientras su auto se perdía de mi vista. Seto Kaiba y la misteriosa joven... No sería un buen título pero gracias a los dioses Bakura lo detuvo antes de que hicieran todo un escándalo, y sacaran un título perfecto, de esto.
Lo hecho está hecho...
Y ahora no tengo dónde refugiarme: ni en mis sueños ni con mi mejor amigo.
