Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter XI: Juego de palabras

Esos ojos azules se habían cerrado bajo los brazos del sumo sacerdote sin embargo sus labios volvieron a encontrarse una última vez.

"¡Kisara!"

"Te... amo" su voz fue una dulce brisa de verano cercana al otoño.

El sumo sacerdote la cubrió en sus brazos, hundiendo su cabeza en el cuello de su esposa, orando a los dioses y diciéndole cuánto la amaba.

Una sombra cubrió el corazón del sacerdote como lo hacía con Egipto.

Kisara despertó agitada con el rostro cubierto en sudor, sus manos temblaban bajo la sábana y el corazón parecía que estallaría en cualquier instante. Sus sueños se habían intensificado tras su llegada a Egipto hacía dos noches incluso tuvo extrañas visiones el momento en el que pisó las excavaciones.

Algo tambaleante avanzó hacia las largas ventanas que daban una hermosa vista hacia la protectora esfinge, vigilante, allí sentada en su eterno lecho de poder. Una sonrisa se colgó en sus labios con suavidad, la luna brillaba en todo su esplendor y un suave viento revolvió sus cabellos.

Ignorando todo lo que había soñado, lo que había sentido, perdió la mirada sobre aquella llanura, grano contaba una historia diferente. ¡Oh, cuántos misterios no seguían allí bajo esas tumbas silenciosas! Y así, sus ojos se sepultaron en el pasado recordando todas las batallas, los faraones, los dioses...

El sol salió detrás de la carroza de Ra, Kisara cubrió su cuerpo rápidamente con las sábanas, acomodándose entre las almohadas hasta que el sonido de su celular la rodar y caer de su cama.

"Uhh" suspiró tomando el celular de la mesita de noche junto a la cama, "buenos días..."

"¡Oh, Kisara, buenos días!" La alegre voz de la Ishtar la hizo abrir más los ojos, aún la culpa seguía allí.

"Buenos días" llena de nervios dibujó una suave sonrisita, "¿en qué puedo ayudarla?"

Ishtar rió dulcemente, su actitud había cambiado totalmente al estar en esa tierra de faraones.

"Hoy tienes el día libre, tengo unas citas que atender, mañana te cuento los detalles. Disfruta tu día"

"Gracias..." y colgó.

Kisara tomó su tiempo en arreglarse, disfrutando la tina dispuesta en el baño, llenándola de fragancias dulces. Lista para salir tomó un pequeño sombrero que hacía conjunto con su vestido blanco, ceñido y con adornos azulados en el pecho, que caía unos centímetros bajo sus rodillas; unas sandalias sencillas de gladiador y unas pulseras de diferentes tonalidades azules adornaban sus brazos. Con su discreta bolsa sobre la cadera, dentro iba un monedero en forma de dragón, la tarjeta del hotel y un mapa.

La peliazul tomó el elevador hacia la galería principal y fue sorprendida por la presencia de Seto Kaiba portando una ropa casual y cómoda, la ojiazul intentó salir por la otra puerta dispuesta al otro lado de la habitación pero su inocente plan fue arruinado por su caída al girar precipitadamente.

"¿Señorita se encuentra usted bien?"

Seto Kaiba levantó la mirada ante aquel alboroto y sus ojos se abrieron al encontrarse con Kisara sobre el suelo siendo ayudada por uno de los trabajadores del hotel que le tendía la mano.

El CEO avanzó hacia ellos y la tomó rápidamente lejos del suelo, agradeciéndole al trabajador el cuál asintió para seguir con sus pendientes.

"Gracias, lo-lo siento..." ese hilo de nerviosismo se enredaba en su voz.

"Ten más cuidado la próxima vez" la examinó rápidamente en busca de alguna herida.

"Sí..."

"¿Irás con Ishizu?" Su voz percía normal de nuevo, seria y distante, como si ella fuera un simple ayudante más.

Pero... eso era ¿o no?

"No... me dio el día libre. Kaiba yo... siento lo... aquello..." su voz le tembló, bajando la mirada incapaz de ahogarse nuevamente en esos ojos tan profundos como el mar.

"¿Aquello?" Levantó una ceja, oh, sí, aquello. Ese beso. El Kaiba decidió no admitirlo, centrándose meramente en coordialidades, "el sistema está funcionando perfectamente, no tienes nada de que disculparte... Era de esperarse una victoria por mi parte pero no hubo error alguno en el sistema"

Kisara sintió como cada palabra del CEO atravesaba su corazón lenta y dolorasamente; recordó la primera vez que lo conoció y esas amargas palabras, esa fría mirada... y entonces decidió seguir su juego.

"Pensé que... la ayuda de alguien como yo sería... inútil" Bakura estaría tan orgulloso de ella.

Seto asintió suavemente.

"Culaquier ayuda es buena, Kisara"

"Supongo" alzó una sonrisa, "hasta luego..."

"Hasta luego" Kaiba la observó partir descubriendo que sus pies avanzaron en dirección a ella hasta que frenó en la fuenta dispuesta en el jardín de la entrada, maldiciéndose mentalmente y sin embargo siguiéndola.

El mercado estaba lleno de vida, una suave mezcla de culturas, una batalla entre el pasado y el presente, de fragancias extrañamente familiares para la ojiazul; música y aromas de comida, de incienso, de perfumes... El sonido de la gente y su lengua, y de esas palabras que la pequeña estudiante conocía.

Sonreía al mirar puesto por puesto, comprando una que otra baratija. Ignorante que, desde una distancia segura, era observada por Seto Kaiba.

Kisara caminó hacia las edificaciones egipcias, admirando a la esfinge de cerca, pensando en todo aquello que presencio con esos ojos fijos de piedra entonces frunció los labios pensando en el gran parecido que tiene con Seto Kaiba, ambos hechos de piedra. Suspiró.

"¿Por qué siempre tiene que arruinar mi día?"

Y decidió ir hacia el Museo perdiéndose entre la gente pero no de los ojos del CEO quien la seguía sin saber el por qué pues simplemente dejaba que sus pies lo llevaran hacia ella. En sus sueños era la mujer que aparecía una y otra vez, y quien lo llamaba constatemente.

Quizá sólo era curiosidad, y la curiosidad no tiene nada de malo ¿o sí?

En sus sueños Kisara tiene una sonrisa más amplia y dulce, y sus ojos son más brillantes, como dos diamantes, su piel y ese cabello largo es el mismo. Pero a diferencia... aquella mujer en sus sueños lucía más feliz que la estudiante frente a sus ojos.

Había algo en ella que la hacía un misterio. Y Kaiba no estaba dispuesto a ignorar tal reto.

Kaiba arregló su encuentro, haciendo que pareciera un accidente. Kisara levantó la vista de los folletos mientras de su boca salían mil y un disculpas hasta que sus ojos se encontraron con los de él, su boca se congeló al instante.

"¿Acaso no te dije que tuvieras más cuidado?" suspiró.

"¿Qué-" sacudió su cabeza suavemente, "pensé que la doctora era mi jefa"

Kaiba rió y una prepotente pero juguetona sonrisa se dibujó en su rostro.

"Ishizu y yo tenemso el mismo nivel"

"Me sorprende..."

Él sonrió tan típicamente, asintiendo con suavidad. Kisara sonrió, siguiendo el juego.

"Estaba por irme..." dijo la peliazul guardando los folletos en su pequeña bolsa, mentira, acababa de llegar.

"Estaba por irme, al parecer Ishizu no está aquí y sigue sin contestar el celular"

"La doctora nunca lo contesta cuando tiene una junta importante... en verdad..." y las palabras de admiración siguieron, aquellos ojos color cielo se animaron, brillando como el sol, Kaiba en verdad estaba sorprendido por el abrupto cambio de aquella pequeña mujer.

"Andando" fue más una orden que una simple palabra.

Kisara, sin seguirle, le miró desde su lugar, allí plantada frente a la exposición de la diosa Isis.

"Tengo hambre"

"¿Y eso qué tiene que ver conmigo, señor Kaiba?"

"Eres la asistente de Ishizu ¿no?" suspiró, "al menos me gustaría que alguien me contara lo que está haciendo..."

"Entonces será un placer explicarle, señor Kaiba"

El CEO asintió, el nuevo apodo que la peliazul le había dado le molestaba. Ese tono cariñoso con el que hablaba desde que la conoció ahora era una tonada educada. Y eso, por una extraña razón, le molestaba.

"Andando... y por favor, por todos tus dioses, no te vuelvas a caer"

"¿O qué, señor Kaiba?" le miró repentinamente, una pizca de reto sobre aquellos ojos.

Una oleada de imágenes se arremolinó en su mente como una tormenta de arena, su corazón se aceleró en una manera peligrosa y no pudo contenerse. Seto asintió, regresando hacia ella y respirando suavemente sobre su cuello.

"O voy a dejarte allí en el suelo..."

"Kaiba..." un brillo escarlata se apoderó de sus mejillas.

"¿Alguna objeción... Kisara?"

Ella cerró los ojos, tratando de contenerse.

"¿Me estás escuchando?"

"Sí" y volvió a retomar aquel desafío manteniendo sus ojos con los de él y para su sorpresa le vio sonreír y más tarde otro beso se plantó en sus labios suavemente.

"¡Andando!"

Kisara tocó sus labios suavemente, sin moverse del lugar que parecía una estatua más del lugar.

"¿Vas a volver a objetar?" le miró, en aquellos ojos oscuros había algo distinto, una flama extraña que la mujer no había visto.

Ella simplemente negó y bajó la mirada avanzando hacia él, subiendo al auto blanco que les esperaba a unos cuantos metros del lugar.

Kisara estaba más que confundida, lo que había sucedido estaba más allá de los límites de lo equivocado, estaba mal pero algo muy, muy dentro de ella le gritaba, le exigía, continuar con dicho sentimiento. ¿Qué le sucedía al CEO? ¿Qué estaba mal con Seto Kaiba? ¿O acaso sólo era una pequeña aventura para él?

Seto trabajaba en su aparato portátil sin prestarle atención a la mujer, eso hizo que Kisara sintiera ira entonces volteó hacia él, tomando dicho aparato de sus manos. Sus labios se fruncieron.

"¿Qué estás haciendo?"

"Te estoy preguntando lo mismo, por favor devuélvemelo"

"No hasta que me expliques que está sucediendo..."

"Te estoy llevando a cenar ¿no es obvio? Ahora... devuélvemelo"

"No lo voy a hacer..."

"Kisara, por favor"

Y entonces ella decidió entrar a su juego, cruzando la línea entre lo prohibido y lo erróneo.

Esta vez fueron los labios de ella los que iniciaron el espectáculo. Y para su sorpresa Kaiba siguió, mordiendo los labios de la mujer juguetonamente, una emoción extraña invadiendo al CEO, un sentimiento no podía salir de su mente: esa calidez sobre su boca era conocida. Era como si volviera a encontrarse... No, fue mucho antes de que la besara por primera vez. Rodeó el cuerpo de Kisara con ambas manos y siguió besándola.

Extrañamente los dos siguieron hasta detenerse en un restaurant cercano al hotel.

"No creo que hablemos de Ishizu ¿o si?" Seto alzó una sonrisa burlona.

"Disculpa yo... no... es-"

Las manos de Seto tomaron las de ella haciendo que la mujer levantara la mirada hacia él, no hicieron falta las palabras... ella entendió lo que le daba a entender. Los dos avanzaron a un sector privado cerca de una fuente y un balcón que daba hacia la ciudad, el sonido del agua fluyendo, de las personas a la distancia y una música egipcia llenaron el salón de alegria.

"Entonces... ¿eres estudiante?"

Ella asintió.

Y así él continuó preguntando acerca de su vida, ella sonreía, sonrojándose de vez en cuando mientras respondía a sus preguntas, dejando escapar un suspiro suave y discreto. Y Seto le contó de su vida, de cómo llegó a ser el gran Seto Kaiba dueño de una corporación multimillonaria.

"Una pregunta más" llevó la copa de vino a sus labios y después de un trago la miró, "¿crees en el destino?"

"Sí"

Él sonrió suavemente y volvió a dar un pequeño trago a la copa.

"¿Tiene algo de malo?" la mujer hzo un puchero, recordando las palabras del CEO la primera vez que se encontraron cara a cara.

"No" tomó un bocado de comida, "ya no" exclamó suavemente.

Kisara sonrió, iluminando la habitación.