Egyptian Guitar by Kaiba Kisara
Chapter XII: First time ever I saw your face
Las tenues líneas de luz que se colaban por la ventana despertaron al CEO que se encontraba enroscado en las sábanas, lentamente abrió los ojos encontrándose con aquella tierna mujer que yacía sobre su pecho. Una sonrisa escapó de sus labios y su mano, teniendo cuidado de no despertarla, acaricó con dulzura esas rosadas mejillas siguiendo, suavemente, hacia aquella tersa espalda cubierta por la sábana.
Kaiba suspiró pensando en la mujer allí en sus brazos y se maldijo mentalmente; moviéndola al otro lado, rodó hacia fuera de la cama, ella simplemente murmuró algo inaudible, causando en él una suave risa, y se volteó hacia el otro lado, abrazando a una almohada.
El ojiazul rápidamente se vistió, tomando sus pertenecias y saliendo de la habitación con el corazón latiendo más rápido de lo normal, con mil y un palabras que intentaban formar una oración coherente. Subió a su habitación, la suite más lujosa del hotel, y corrió hacia la ducha.
El celular resonó por toda la habitación haciendo que Kisara rodara hacia el suelo, como era costumbre en ella. Un dolor intenso azotó su cabeza, maldijo una y otra vez, con el cabello revuelto y los ojos entrecerrados; alzando la mano sobre la mesita de noche para tomar el celular se encontró con Ishizu del otro lado de la línea.
-¡Kisara! -Exclamó la egipcia con felicidad.
Y esos sentimientos de mareos se convirtieron en culpa mientras la estudiante miraba la habitación, sus ojos inspeccionando centímetro a centímetro. Quizá había sido un sueño, una fantasía... y el alcohol había sido el causante de sus delirios. Y de la resaca.
"Ishizu..." suspiró.
-Acabo de mandarte la información que tenemos acerca de la excavación, te espero en el lobby en una hora.
"Sí, claro, doctora..." y colgó, sintiéndose aún más culpable.
Kisara se sentó sobre la cama mirando hacia el otro lado de ella, recolectando evidencia de su culpabilidad.
"Soy... una... grandísima idiota..." Dijo al estar dentro de la ducha, cayendo al suelo mientras las gotas la golpeaban poco a poco.
¿Qué le había llevado a hacer semejante cosa? ¿El alcohol o esos irresistibles ojos brillantes que el magnate multimillonario de Kaiba Corp. poseía? ¿O existía algún otro tipo de fuerza que lo empujaba hacia él? Gravedad, quizá. Era casi imposible no mirarle, no temblar al momento en que su voz se colaba dentro de sus oídos.
"¡Kisara!" La morena la abrazó, plantando un beso en la mejilla de su estudiante, la emoción en su voz, la alegría que no era característica en ella se notaban rápidamente.
"Maestra" sonrió, fingiendo esa felicidad, "acabo de leer el informe... y reconocí, quizá, parte de la Dinastía Media temprana"
"Ishizu, no me habías hablado de estar dama tan encantadora" sonrió un hombre alto, de tez morena, egipcio sin duda, con un cabello blanco y unos ojos dorados penetrantes que brillaban al momento de sonreír.
Kisara le regresó la sonrisa tímidamente, el hombre le recordaba a su amigo Bakura.
"Oh, lo siento, ella es Kisara, una estudiante destacada de mi clase, la mejor, debería decir. Kisara, él es mi hermano Marik"
"Un placer" y sacudió su mano.
Él plantó un beso en la de ella.
"El placer es mio, Kisara"
Marik tomó asiento al lado de Kisara en la camioneta mientras Ishizu seguía buscando información acerca de la nueva tumba. La ojiazul aún tenía un gran nudo en la garganta, con el estómago apunto de explotar.
"No es extraño que Ishizu no te mencionara" Marik sonrió hacia su hermana.
"La doctora es muy apasionada en su trabajo" oh, y la culpa se hacía más y más grande.
El Ishtar menor rió, asintiendo. La joven mujer estaba nerviosa, torciendo su largo cabello en una trenza mientras el egipcio le platicaba acerca de la cena-baile que estaba por venir por dicho descubrimiento, invitándola coordialmente para que fuera su pareja. Ella le regaló una cálida sonrisa, el parecido con su amigo era increíble; sintió una fuerte punzada, el filo de la realidad la atravezó: Kaiba sería, obviamente, la pareja de Ishizu.
Los ojos de Kisara se detuvieron sobre la edificación que se asomaba entre aquellas pilas y pilas de arena, egipcios trabajando en la excavación, las palabras de Ishizu eran pronunciadas en egipcio, dando órdenes y siendo informada de la situación actual de la obra; y detrás de la morena, la pequeña mujer hacía las anotaciones, tratando de olvidar ese sentimiento de culpa pero su corazón golpeaba contra el pecho tan fuerte que, quizá, le haría un hueco en él. Su garganta estaba enredada de palabras que planeaba explicarle.
Opción A) Abandonaría la obra porque era incapáz de seguirle el paso.
Opción B) Extrañaba su hogar.
No, Ishizu no dejaría que Kisara partiera de Egipto por tan... planas excusas.
"¿Kisara?"
La ojiazul levantó la mirada, se encontraban dentro de la tumba. Una agrandada y victoriosa sonrisa se encontraba en los labios de la egipcia, un brillo de orgullo irradiaba en su rostro. Una gota de sudor cruzó el rostro de Kisara.
"¿Qué opinas?" Fue la doctora quien rompió el silencio.
"Es... maravilloso... no-no tengo palabras para... describirlo" mordió sus labios, tragando ese sentimiento profundo.
La doctora asintió, avanzando unos pasos dentro de un pequeño pasillo, advirtiéndole a la otra mujer que tuviera cuidado. Kisara la siguió, unos cuantos pasos la distanciaban de la egipcia, su mente iba y venía de imágenes tan rápido como latía su corazón.
Kisara no se dio cuenta cuando el angosto pasillo se tornó oscuro.
"¿Doctora?"
Un silencio profundo, un viento helado y las frágiles luces danzantes al final del pasillo hicieron que la joven dudara de su sanidad mental. Sus pasos eran tranquilos y silenciosos mientras que un rayo de intriga recorría su cuerpo, aumentando los latidos de su corazón.
"¿Doctora?"
Sin embargo las luces frente a ella, una cantidad exagerada de velas por toda la habitación, le mostraban una escena distinta. Diferente. Y su sangre se heló. Sus labios despegándose, redondos quedaron aquellos azulados ojos.
Seto Kaiba, vestido en un traje ceremonial, alzaba unas palabras al aire mientras otras dos figuras que portaban cabezas de Anubis caminaban de un lado a otro, girando en torno a la mesa allí en medio de la habitación.
Kisara logró escuchar unas cuántas palabras, suficientes para enteder que la escena era una típica representación mortuoria, el sacerdote pronunciando las oraciones e indicaciones en el libro de los muertos.
Un fuerte golpe en su pecho la hizo caer de rodillas, un dolor llenaba su cuerpo mientras que la voz de Kaiba se iba conviertiendo en un susurro, una por una las velas fueron apagándose.
"¡No, espera! ¡Kaiba!" Alzó la mano hacia él, pidiendo ayuda.
"¡Kisara! ¡Kisara!" Una diferente voz la llamaba, unas manos clavadas fuertemente sobre sus brazos.
"Uh..." la luz penetró sus azules ojos, "¿do-doctora?"
"¿Estás bien? ¿Qué sucedió? Cuando volteé hacie tí yacías en el suelo..."
"Creo que tropezé..."
"Estás helada" Ishizu se espantó al cubrir la frente de su estudiante con una mano.
"Estoy bien, en verdad" sonrió suavemente aunque ahora una senación de incomodidad físico la cubría.
"De acuerdo" asintió, "la presión debió afectarte, andando" la ayudó a levantarse, avanzando con ella hacia la cámara adyacente.
Allí dentro el lugar yacía en ruinas, telarañas y más pilas de arena cubrían el lugar. Al parecer había sufrido los estragos del tiempo y de los ladrones sin embargo la cámara era simplemente un señuelo y la verdadera cámara mortuoria se encontraba en otro lugar.
Kisara se aferró fuertemente del brazo de la doctora. El lugar, aunque consumido por el tiempo, era idéntico al que había presenciado minutos atrás.
"¿Qué me está pasando...?" Susurró mientras Ishizu la soltaba suavemente y miraba la cámara por primera vez, había sido abierta esta tarde, cuando la doctora iba en busca de su estudiante.
Kisara se apoyó contra una columna sintiendo la vibración de su celular en el bolsillo del pantalón.
Kaiba Seto.
Contestar. Ignorar.
El río en sus ojos se convirtió en océano.
Ignorar.
Y decidió avanzar hacia la doctora, escuchando las indagaciones de la egipcia.
