Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter XIII: Dispárame dispara

La noche en Egipto era brillante.

Una suave música llenaba las tierras de Luxor, los templos y edificaciones del lugar estaban decorados con luz y las sombras que reflejaban sobre la superficie eran magníficas.

Los invitados llegaban uno por uno.

Ishizu intercambiaba palabras con el curador y director del museo, la egipcia estaba radiante con un vestido ceñido dorado que brillaba aún más que las luces dispuestas por todas las edificiaciones, un vestido largo que llegaba a sus tobillos strapless, mostraba sus finos y tostados hombros. Su cabello largo estaba rizado suavemente y una diadema de oro, propiedad de su familia, adornaba su cabeza.

Kisara, la pequeña asistente, por otro lado, portaba un vestido azulado con brillantes plateados a unos centímetros arriba de las rodillas, sobre sus hombros una chalina de seda platinada. Unos largos y finos aretes le daban un toque perfecto; su cabello estaba recogido firmemente hacia atrás y unos pequeños bucles caían al final de su cabello.

Ishizu le había dado la noche libre a Kisara quien se mantenía alejada de cualquier atención.

"Así que... aquí te escondías"

Una voz suave hizo volear a la ojiazul que se entretenía leyendo las inscripciones en las columnas y obeliscos que estaban dispuestos por la explanada de la zona.

"Oh, Marik" le regaló una sonrisa dulce.

"¡Eres toda una diosa!" El egipcio sujetó la mano de Kisara, plantándole un tierno beso.

"Gra-cias..."

El Ishtar besó su mejilla suavemente aún tomando su mano.

"¿Te gustaría bailar?"

La mirada de Kisara buscaba a Ishizu, quien aún seguía la conversación con los eruditos del museo. Una sombra de nerviosismo llenó su rostro.

"No creo que le moleste ¿o sí?" Marik volteó hacia su hermana.

"Supongo que no..."

Sin embargo la mirada de la joven no buscaba a Ishizu sino a Kaiba, el cual aún no compartía su presencia con los demás. Suspiró mentalmente, quizá sintiendo un alivio. Quizá sintiéndose estúpidamente triste.

Kisara alzó una sonrisa y asintió, siguiendo al egipcio. Al lado de ellos dos jóvenes parejas disfrutaban de la sublime música que llenaba el aire.

"¿Te gusta Egipto?" Rodeó la cintura de la mujer suavemente con un brazo, mientras que sujetaba la mano de Kisara con la otra.

"Es maravilloso... Siempre había soñado con visitarlo"

"¿Cuál ha sido tu parte favorita?"

El hotel. Aquella noche.

Kisara agitó la cabeza y un toque carmesí cubrió sus mejillas.

"No puedo... decidir"

El joven rió, sus pies moviéndose en la pista. Ambos olvidándose de su alrededor.

"Si decides quedarte un poco más... me gustaría mostrarte nuestra casa" su rostro se acercó al de ella, "es una finca a las orillas del Nilo, a unos cuantos kilómetros de aquí"

"Me gustaría, quizá, sí..." Un calor volvió a golpear sus mejillas.

"Es extraño. Mi hermana jamás había dado esta oportunidad a alguien..." el joven moreno briló con una sonrisa, "...quizá fue el destino"

"Tal vez. Los dioses son buenos conmigo"

"Ahora lo entiendo" y siguió danzando con ella.

Sin saberlo eran observados por una sombra allí sentada en una de las mesas cercanas a la pista, con una bebida en la mano y en la otra el celular, los labios del CEO se fruncían amargamente al contemplarlos. Él nunca había congeniado con el hermano de Ishizu, algo no le agrada de él.

Y mucho menos ahora.

El Kaiba mayor se levantó, terminando su bebida de un solo trago y avanzó, calculando la distancia para que Kisara lo notara. Y así pasó. Ella palideció.

"Marik... ¿me darías un segundo?"

"Por supuesto" le miró con signos de interrogación sobre el rostro.

"Gracias" y corrió, perdiéndose entre las otras parejas, las cuales eran más, entre la pista.

Kisara siguió al CEO, el cual se dirigía hacia el otro lado de la explanada. Las luces aún lograban brillar y las estrellas y la luna se reflejaban sobre las aguas del río.

Kisara se detuvo. Seto estaba sobre la orilla del río com ambas manos sobre los bolsillos.

"Kaiba..." su voz fue un hilo de nerviosismo, suave y tratando de estabilizarse.

Y sin embargo él no le regaló una respuesta.

Kisara avanzó hacia él, colocándose a su lado, perdiendo la mirada sobre el río e inevitablemente sus labios se torcieron en una amplia sonrisa.

"La luna es hermosa..." fueron las palabras del CEO.

"Sí..." un suave viento cruzó el ambiente, "Kaiba, yo-"

"Deberíamso volver" sus ojos, un azul profundo, se cruzaron con aquellos de diamante, dulces y brillantes.

Mantuvieron la mirada por unos minutos que parecieron horas hasta que sus labios se encontraron. Ambos ansiosos, desesperados, como el último beso que le da la esposa a su marido que va a combatir a la guerra. Así eran sus besos.

Kisara se separó de él, un pequeño brillo lluvioso entre sus ojos.

"No puedes..."

Kaiba levantó la mirada hacia le cielo, sus labios fruncidos en descontento.

"No me hagas esto, por favor"

Él volvió a no decir palabra alguna. Kisara alargó un suspiro al aire, regalándole una sonrisa frágil, a punto de romperse.

"Volvamos"

Sus pasos fueron tranquilos, lentos, disfrutando el aire, el ambiente y la compañía allí a su lado. Kisara sujetaba sus manos sobre el pecho mientras el aire crecía.

Ishizu bailaba al lado de su hermano, riendo suavemente. Kaiba fijó sus ojos sobre ellos y sus labios se torcieron, nuevamente, en disgusto. Kisara observó a los hermanos, y otro golpe de culpa atravezó su pecho.

Kaiba suspiró y simplemente avanzó hacia Ishizu.

Kisara simplemente alzó una pequeña sonrisa y se perdió entre los invitados, alejándose lo más posible de ellos, refugiándose en la calma a la orilla del río. Unas lágrimas cayendo por sus mejillas.

"¿Es una costumbre tuya ocultarte?"

Marik avanzó hacia ella, una suave sonrisa se apagó al verla.

"¿Estás bien?"

"Oh, yo, sólo... no es nada... emoción"

El rostro de Marik se cubrió con preocupación.

"¿Te sientes mal? ¿Sucede algo?"

"No, sólo... No es nada" sonrió, limpiándose las lágrimas.

"Ven... volvamos"

Ambos regresaron, Marik sujetando el brazo de Kisara.

"Hacen una linda pareja" La ojiazul alzó la mirada hacia Ishizu y Kaiba.

"Hmmm..." Un puchero cruzó sus labios.

"¿Sucede algo?"

"Nada" volvió a sonreír, "te traeré un poco de agua" el egipcio besó la frente de Kisara y se alejó.

Kisara suspiró, perdiendo su mirada en la danzante pareja.

La mirada de Seto estaba perdida, debatiéndose entre mil un demonios allí en su mente.

"¿Seto?" alzó una ceja, "¿Algún problema? Has estado distante toda la noche..."

"Problemas con el nuevo programa, es todo"

Ishizu asintió, bailando en sus brazos.

Los ojos del CEO se cruzaron nuevamente con aquellos cristalinos. Y una visión golpeó al ojiazul. Ishizu ya no se encontraba más en sus brazos, las personas a su alrededor habían desparecido, y el sol luchaba para salir entre el horizonte. El viento era fresco, levantando la arena suavemente.

El ruido de unas risas hicieron que Kaiba volteara hacia atrás y, como si fuese una proyección, una joven le atravesó el cuerpo. Sus ojos se abrieron como platos, Kisara corría entre la arena, mientras él mismo iba detrás de ella.

"¡Ten cuidado, o vas a caerte!" Y la sujetó del brazo antes de que la joven mujer encontrara el suelo.

Ella sonrió, una amplia sonrisa. Enorme y brillante.

Seto los miró. Y aún así no lo creía.

"Kisara..." el sacerdote sonrió.

"Nada malo va a pasarme... si estás conmigo"

"Cásate conmigo"

"¿Qué?"

Ishizu lo miraba extrañada.

"¿Qué?" Seto volvió su mirada hacia ella.

"¿Lo dices... de verdad?"

Seto miró hacia Ishizu quien conversaba con Kisara sobre unos asuntos de la inauguración que se llevaría en algunos días. Entonces descubrió que la mirada de la ojiazul se volvió opaca, y su cuerpo tembló.

"Con permiso..." y apresuró su paso lejos de ellos, tratando de contener sus lágrimas.

"¿Seto?" la egipcia sonrió suavemente, "¡Sí!" y cubrió el cuerpo de Kaiba fuertemente.

El CEO se maldijo mentalmente.