Egyptian Guitar by Kaiba Kisara
Chapter XIX: Encontre un soir
Kisara contemplaba el Nilo, sus ojos se ahogaban en sus aguas, tranquila pero con la mente a punto de estallar, sus pensamientos arremolinados uno contra otro: Quizá Marik la había asesinado y éste era su paraíso. O tal vez, lo más probable, es que nada de esto había pasado, que Ishizu nunca la había invitado al Museo ni a Egipto, y en una de sus carreras para llegar a tiempo a la escuela, tropezó y había terminado en coma.
"Kisara" Una voz susurró atrás de ella, la mujer no tuvo que voltear para conocer al dueño de ésta.
"Seth..."
La mirada del sumo sacerdote reprimía el miedo que golpeaba su corazón y la preocupación que circulaba por su cuerpo pero una profunda angustia se asomaba en sus labios, una mueca dignas del propio Seto Kaiba. Bueno, era un Seto Kaiba del pasado.
"Necesito que vengas conmigo, iremos al Palacio"
"¿Qué sucede?" La peliazul rápidamente descubrió la verdad detrás de su calma.
Seth cerró los ojos con suavidad.
"No puedo creer lo bien que me conoces..." Alzó una mano hacia la mejila de la joven mujer para acariciarla suavemente, colocando su frente contra la de ella, entonces suspiró.
Kisara fue incapaz de pronunciar palabra alguna, sólo dejó que su corazón hiciera el resto, su mano alcanzó la de Seth para apretarla con fuerza y adoración, sus ojos disfrutaron el momento en la oscuridad, sonriendo contra el rostro de su esposo.
"Pase lo que pase..." fue doloroso, como un nudo, "pase lo que pase... estaré a tu lado".
"Pase lo que pase, nos volveremos a encontrar"
Y fue cuando la realidad la golpeó: Seto Kaiba iba a casarse con Ishizu Ishtar. Sí, era cierto, iban a conocerse nuevamente pero no iban a estar juntos, nunca así como el aquí y el ahora del pasado. Un pesar se hundió en el pecho, mordiendo sus labios para reprimir unas lágrimas de ira y dolor.
Ambos se mantuvieron unos minutos así, si Seth notó la tristeza en Kisara no lo comentó y dejó que su cuerpo hablara lo que sus palabras jamás dirían. Tras empacar algunas pertenencias, Seth y Kisara salieron hacia el palacio, una litera los esperaba fuera de casa.
En el camino ambos compartieron el silencio, el sumo sacerdote leía una y otra vez los papiros que el mensajero le había traído. Su expresión era la misma, en cierto punto, a la de Kaiba, esos ojos serenos y llenos de vida pero cerrados a todo.
"Seto- Seth..."
Unos minutos pasaron antes de que el sacerdote levantara la mirada hacia Kisara.
"¿Qué está sucediendo?"
"Alguien intentó asesinar al faraón esta mañana... Y la guerra se aproxima a Egipto"
"Oh... Lo siento"
Seth examinó a la mujer, nerviosa e inocente en toda la extensión de la palabra.
"Nadie le hará daño al faraón ni a Egipto" Fueron sus palabras antes de volver a concentrar su atención nuevamente sobre los papiros.
Kisara, por otro lado, alzó la vista hacia el paisaje, arriba de fuerzas humanas que se apresuraban hacia el palacio, la ciudad era como ella la soñaba: llena de vida, de olores penetrantes tanto de incienso como humanidad y desperdicios, de sonidos alegres y enojados, de animales ladrando, de risas y susurros, ¡cuánto no diera por vivirlo! ¡Cuánto no diera por bajarse y disfrutarlo! De explorar sus calles centímetro a centímetro.
Una sonrisa, sin que la mujer se diera cuenta, nació en los labios del sacerdote.
El palacio estaba cubierto con una luz anaranjada cuando Seth bajó de la litera con Kisara en sus brazos, la mujer quedó dormida en alguna parte del viaje, el sacerdote rápidamente la colocó en una cama, saliendo a encontrarse con el faraón.
Seth avanzó sobre los pasillos costudiados por guardias con antorchas en sus manos, el sacerdote, aún con las preguntas acerca de lo que le había sucedido a su esposa, debía cumplir con su deber de servir y proteger al faraón.
"Seth"
"Faraón" El ojiazul se arrodilló suavemente, en una formal reverencia.
Los demás sacerdotes estaban presentes, y la corte, frente al faraón, estaba conformada por Mahado, Shadi, Karim, Aknadin y la sacerdotisa Isis.
"Mahado me contó lo de Kisara" Isis le susurró con suavidad a Seth, "cuando todo esto haya terminado, encontraremos una manera de ayudarla"
Seth, un poco tomado de baja por las palabras de Isis, pero agradecido por la preoucpación de su compañera, y amiga, asintió. Nuevamente la figura de su esposa recorrió la mente del sumo sacerdote, una urgencia de protegerla golpeaba su cuerpo como un rayo a un árbol.
El sumo sacerdote estuvo algo ausente en la corte, pero aún así opinaba estrategias y aconsejaba al faraón.
Tras unas horas la corte se separó, y el ojiazul corrió a los aposentos de su esposa para encontrarla admirando la vista sobre el balcón, una calma invadió su cuerpo, y sus pies lo levaron, sin pensarlo, hacia la mujer, rodeando su cintura con ambos brazos para hundir su cara en el delgado y blanco cuello de Kisara.
"Seth..."
"Cuando te conocí..." comenzó el moreno con suavidad, "cuando te conocí ya no vi a nadie más..."
Kisara sonrió suavemente, entrelazando sus manos con las de su "esposo". Le reconfortaba la idea de saber que desde un pasado muy muy lejano se habían conocido, y en este se habían amado.
"Fue una tarde, y hacía mucho calor... Aún eramos jóvenes... Tu largo cabello, y esa piel me llamaron la atención en un principio... Y después" una risa dulce y algo burlona, tímida, golpeó contra el cuello de la mujer, besando la comisura de su mandíbula hasta la mejilla, "después sólo estabas tú... En mi mente, en todo lo que hacía... Eres el faraón de mi vida"
"Siento no ser tu esposa en este momento..."
"Lo eres" él susurpiró, "de aquí, de allá... de antes de ahora, de más allá de donde eres, así o no, eres y serás mía, con o sin las bendiciones de los dioses"
Kisara no pudo evitar sonreír ante tales palabras, si tan solo...
Sí, si tan solo Seto Kaiba y no Seth pronunciaran tales palabras.
"Cuando te conocí, allá..." Kisara evadió los ojos del sacerdote, "estaba lloviendo, pero era una tarde muy bonita, de esas tardes donde el viento intenta decirte miles de cosas, y no tuve algún accidente" sintió como los brazos de Seth se apretaron contra ella con un poco más de fuerza, "ese día no lo olvidaré, tus ojos son los mismos, tu cabello, tu voz..." entonces alzó la mirada para encontrarse con esa mirada diferente.
"Descansa..." Seth la envolvió en sus brazos, besando su frente con delicadeza, levantando la vista hacia los templos y edificaciones que habían sido devoradas por la noche, unas cuantas antorchas dispuestas a la distancia, danzando sobre el fondo negro de la noche.
Y fue así queKisara, por primera vez, contempló la felicidad del sueño sin tener visiones. Pero la primera vez de Seth que no dormía al lado de su esposa con la alegría de siempre.
N/A: Una enorme disculpa a todos aquellos que siguen esta historia, la verdad tuve muchos problemas con la facultad y el trabajo que hasta ahora tengo la oportunidad de subir este capitulo, prometo suber nuevo próximamente. ¡Muchísimas gracias por todos sus bonitos reviews!
