Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter XX: Ecos de Amor

Seto Kaiba repasaba el escenario frente a él, tantas posibilidades y en la mayoría de ellas Kisara estaba a salvo, pero lejos de él, de la protección de sus brazos. Una y otra vez contactaba por celular a su hermano Mokuba para ampliar su rango de búsqueda; Ishizu, a su lado, notó aquella desesperación, algo que jamás había observado en Seto: La manera desesperada y torpe de actuar, unas ligeras gotas de sudor resvalando en su frente, el temblor en sus manos, la agitación en su voz…

"Seto…" Ishizu suspiró, "ella estará bien…"

Pero él se limitó a asentir ligeramente. Era su culpa que Kisara estuviera en esa situación, si tan solo hubiese tenido el valor suficiente para hablar de frente con Ishizu, de aclarar sus sentimientos a tiempo y proponerle a Kisara comenzar desde cero, la estudiante no se vería afectada por este cruel destino.

"Señorita Ishtar, hemos buscado sin éxito alguno… Sin embargo…" Fue lo ultimo que Seto escuchó antes de avanzar lejos de uno de los trabajadores de Ishizu y ésta.

El océano en los ojos del CEO se perdió sobre las desérticas llanuras a lo lejos, el sol perdiéndose en el horizonte, una suave brisa comenzaba a danzar por el lugar. Seto caminó de regreso hacia el campamento improvisado que la doctora havía alzado frente a unas tumbas, el lugar que Marik utilizaba como guarida.

Una suave voz tan familiar le hizo voltear, esa delicada voz no podría ser de alguien más sino de Kisara.

"¡Kisara!" Había un hilo de esperanza, y dulzura, en su voz que murió en el aire al encontrarse con la nada, "¿pero qué…?"

Ishizu revisaba los planos, uno por uno, tratando de trazar un plan de búsqueda, algunas cámaras ya habían sido descartadas, su estudiante y hermano no se encontraban allí, un sentimiento extraño comenzó a invadirla… La egipcia se detuvo en seco, llevando una mano hacia su collar, repasando los bordes con la punta de sus dedos.

Una vision la atacó de golpe, como el rayo a un árbol: La dulce sonrisa de Kisara, ataviada de pequeñas joyas brillantes y un vestido vaporoso egipcio, su cabello largo ondeaba al sol, detrás de ella danzaba la felicidad de Seto, con sus ropas características de Sumo Sacerdote; entonces lo entendió todo: Seto y Kisara, ese era el destino, pore so había soñado con Kisara antes de ofrecerle el trabajo, ahora todo tenía sentido, cada visita de Seto encajaba perfectamente con las visitas de Kisara.

Y después solo quedó la oscuridad… y el eco de sus felicidad a la distancia.

"¿Crees en el destino?" Esas palabras se escaparon de sus labios como una oración.

A miles de kilómetros de distancia Mokuba indagaba acerca todo de Marik y Kisara, por lo que rápidamente dio con todo lo que la chica hacía y a quién frecuentaba. Una sonrisa pequeña se enmarcó en los labios del pelinegro mientras que el nombre de Bakura aparecía en la pantalla.

Al otro lado de la ciudad Bakura se encontraba revisando y redactando sus informes, en la mesa de la cocina yacían dos panes tostados con mantequilla, un jugo de naranja y una manzana, una melodía acompañaba la mañana del joven de cabellos blancos, eran los sonidos de un gato maullando, desde hacía unas horas que no se serenaba, lo notaba ansioso y asustado, como si presentía que algo malo estuviera en camino.

"Ya, ya… tu dueña no tarda… regresará en unos cuantos días…" Y sere libre, pensó Bakura.

Pero el gato parecía no entender sus palabras y se movía de un lugar a otro, tratando de encontrar a su dueña.

"Bunnie me debe mucho…" suspiró, y siguió con su tarea.

Sus dedos bailaban en el teclado de la laptop hasta que una note le heló la sangre: "Mercado negro en Egipto, se detiene a una banda egipcia traficando mercancía de una tumba…".

"¿Qué?" Rápidamente intentó comunicarse con Kisara, primero enviando correos, después mensajes de textos directo a su móvil, para más tarde llenar su bandeja de redes sociales.

Fue cuando todo tomó sentido, Kisara llevaba al menos dos días que no le escribía y que no tenía noticias en el blog principal tanto de su amiga como del proyecto en el que Ishizu Ishtar estaba trabajando. Bakura sabía que Kisara sería incapáz de meterse en este tipo de asuntos… pero el amor por la cultura egipcia era tan grande en ella que, probable y desgraciadamente, estaría en medio de tal dilema. Aunque Kisara estaba bajo la protección de Ishizu Ishtar por lo que sería muy complicado que su amiga estuviera en algún riesgo ¿verdad?

Los pensamientos de Bakura se vieron destruidos por el sonido del timbre, el peliblanco se apresuró a la puerta, encontrándose con un par de ojos vivarachos frente a él.

"¿Ryou Bakura?"

"Ah… ¿Sí?" Frunció el ceño.

"Mi nombre es Mokuba Kaiba… y necesito tu ayuda".

"¿Y exactamente cómo puedo ayudarte?"

El pequeño Kaiba sonrió pícaramente.

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N/A: Una gran disculpa por tan enorme retraso, intentaré subir con más frecuencia. Muchas gracias por sus reviews tan bonitos. Un gran abrazo.