Egyptian Guitar by Kaiba Kisara

Chapter XXII: Warriors

Bakura pestañó varias veces tratando de entender qué era lo que estaba sucediendo, allí frente a él se encontraba Kaiba, el menor, con una historia que pudiese ser vendida como un bestseller romántico: Su amiga Kisara se encontraba en un tormentoso triángulo amoroso entre el impulsivo dragón de ojos azules y la hechicera egipcia.

"Entonces fue que desapareció…"

Esas palabras bastaron para devolver al joven de cabello claro a la realidad, su rostro reflejaba miedo y desesperación, la taza de café que yacía en sus manos estalló contra el suelo derramando todo el líquido sobre la superficie blanquecina.

"¿Disculpa?"

"Ah… bueno, ese es uno de los motivos por los cuales estoy aquí…" La dulce voz de Mokuba decoró la habitación, haciendo que el ambiente se sintiera menos pesado.

"¡¿Qué ella qué?!"

"Estamos haciendo todo lo posible y-"

"¡Pero no lo suficiente!" Gruñó el ex duelista, levantándose abruptamente del sofá, "andando, tengo una idea…"

"¡Ah, espera!" Lo siguió el pelinegro.

Ka siseó al encontrarse de frente con Bakura mientras que la sortija del milenio brillaba sobre el pecho de éste, una sonrisa desafiante alumbró su rostro, el joven de cabellos blancos le brindó una dulce palmada al animal quien salió a esconderse en su rincón favorito de esta nueva casa: bajo la cama de Bakura.

"¿Qué es lo que vas a hacer?" Sin embargo, el joven Kaiba no preguntó más y rápidamente comenzó a arreglar todo para encontrarse con su hermano.

Bakura se limitó a sonreír con malicia mientras ambos eran escoltados hacia un helipuerto donde esperaba por ellos un avión privado hacia Egipto. Era cierto que el espíritu que habitaba en su objeto milenario era la personificación de la maldad, pero incluso un alma perdida como él se había encariñado con la mujer de ojos suaves, piel clara, sonrisa amable y cabellos azulados.

Así es, Kisara veía la bondad y el corazón de las personas, y le quería de una manera sutil, un amor de hermanos nació entre ellos. Cuando la conoció una ola atacó los pensamientos del joven: Esa inocencia era inusual, esa sonrisa era tan cálida como las arenas del tiempo, esos ojos le recordaban a la libertad del cielo, inmensos e inalcanzables.

El alter ego de Bakura ahogó una risa al recordarla: esa mujer de encanto extraño, una mujer suave y sencilla, con un corazón tierno, y una mirada perdida en un libro, era como si hubiese adoptado a un pequeño perrito de la calle.

La sonrisa en su rostro se enmarcó mientras la oscuridad le consumía, la sortija del milenio brillando dentro de su ropa, así es… le sería tan fácil encontrar a Marik. Ahora que su mente se había aclarado, esas voces no hacían ningún eco, pero la ambición en su corazón le urgía, le exclamaba con toda la furia de los dioses del antiguo Egipto, encontrar a su única amiga y, mientras estaba en ello, enseñarle a Marik Ishtar a no meterse con él ni con su familia. Y, muy probablemente, darle a Kaiba una lección.

"Que comience el juego…"

Susurró mientras observaba cómo Domino City se perdía entre las nubes.