Egyptian Guitar
by Kaiba Kisara
"I want to spend my lifetime loving you if that is all in life I ever do..."
Chapter XXVI: Broken Vow II: Prelude
'Nunca pensé que esto haya sucedido…'
Los pensamientos de Kisara se revolvían en su mente, como la tormenta de arena que Zorc creaba a su paso.
'Nunca me imaginé que tal vez mañana ya no contemplemos el sol…'
Uno a uno se arremolinaban como torbellinos, sus pies sólo seguían a Seth.
'Nunca me imaginé que esta podría ser la última vez que escuchara su voz…'
Kisara sonrió, deteniéndose y jalando a Seth hacia sí.
'Nunca pensé amarle tanto, el del ayer y, desgraciadamente, el del mañana…'
"¿Qué estás haciendo?" Se encontró con la mirada firme de Seth, líneas de preocupación surcaban su rostro, gotas de sudor corrían por su piel, la agitación en su voz era evidente, "¡Tengo que llevarte a un lugar seguro!"
"No hay un lugar seguro…"
'Nunca pensé… lo que estoy haciendo...'
"¿Qué dices?"
"Si esa criatura sigue avanzando, no importa hacia dónde yo vaya, hacia donde quieres que me esconda, tarde o temprano me encontrará, nos encontrará…" sus ojos se clavaron en los de su "esposo", "¡va a destruir todo a su paso!".
"¡Kisara!"
"Puedo ayudar-"
"¡No!"
"Seth…"
La destrucción a su alrededor era evidente, sombrías melodías que batían al ritmo de sus corazones: gritos, alaridos, explosiones, rezos… y entre ellos se desató una batalla de miradas, entre el caos; segundos que parecieron una eternidad, siendo Seth el perdedor, soltando un ligero suspiro.
"¿Cuál es tu plan?"
"Tu maestro, él habló de algún objeto en el Templo Mayor…" Mintió.
"¡¿Qué?!"
"¡Es nuestra única oportunidad!"
"Estaríamos acercándonos a nuestra muerta" el Sumo Sacerdote clavó su mirada en ella, no era negociable cuando la vida de la persona que más amaba estaba en peligro.
Seth llevó una mano hacia el rostro de Kisara, brindándole una caricia, las yemas de sus dedos se deslizaron sobre la dulzura de sus mejillas enrojecidas, mientras sus profundos ojos azules ahogaban a la mujer. Ambos lo sabían, sabían todo aquello que se escondía en sus corazones no podía expresarse, pues dicho sentimiento no cabía en ninguna palabra conocida.
Seth no interrogó a la mujer, ¿qué podría ser más poderoso que los artículos del milenio? Pero aún así decidió correr el riesgo, no temía por él pues la muerte para cualquier mortal, incluso para él, era segura pero su esposa... su esposa era una criatura que personificaba la inocencia, paz y pureza… ella no merecía tal final. Ni ahora ni nunca.
El Sumo Sacerdote sujetó su mano con fuerza, corriendo hacia la fuente de toda maldad, descubriendo, a boca de los soldados que seguían en sus puestos, que todos los demás sacerdotes habían caído cumpliendo su labor.
"Kisara… intentaré distraerlo… si esto no funciona, corre y no mires atrás... nunca..."
La mujer sintió un temblor contra sus manos, ella lo interpretó como inseguridad, pero él estaba decidido a protegerla. Aún si Egipto perdiera al Sumo Sacerdote y al último protector del milenio, la última protección el faraón.
"Seth…" Una suave pero poderosa voz avanzó hacia ellos.
"Majestad..."
"Pensé que…" bajó su voz por un momento, sujetando al rompecabezas en su cuello, "todos…" una profunda tristeza se reflejaba en el rostro del monarca.
Seth asintió, el báculo del milenio brillando.
Tanto el faraón como el Sacerdote intercambiaron palabras, ambos en espera de utilizar su última carta de triunfo.
Kisara lanzó una mirada más hacia Seth: Tan diferentes no podrían ser pero ambos eran el reflejo del otro… ambos eran apreciados, temidos y adorados, casi reverenciados como dioses vivientes pero el egipcio, a diferencia del CEO, tenía una suavidad en su manera de ser, era educado y recto, en sus ojos aún había un brillo de inocencia; y, mientras Seth era la protección de la noche durante el estío, Seto Kaiba era aquella cruel tormenta de invierno.
Atem hizo una invocación y la pirámide brilló con una fuerza cegadora, el Mago Oscuro y la Maga Oscura hacían su aparición.
'Nunca pensé… ver todas estas maravillas…' Kisara sonrió suavemente, absorbiendo la arquitectura de los templos, de las viviendas, los sonidos, su gente, sus dioses, de lo árido del desierto y la frescura del Nilo, aquellos escenarios que guardaba en su memoria antes de la tormenta.
Kisara corrió hacia un guardia, robando una de las dagas dispuestas en su cintura, llevando la afilada punta hacia su corazón.
"¡NO!"
"¡KISARA!"
Los brazos de Seth rodearon a la mujer, el hombre juntaba todas sus fuerzas para no desgarrar su garganta con un grito, conteniendo las lágrimas, rápidamente el suelo y su pecho se llenaron de un líquido caliente y rojizo y la vida de aquella frágil mujer se evaporaba entre sus manos como los granos de arena del desierto llevados por el viento.
"Seth…"
"Idiota… ¿por qué?"
"Una vida… no vale la vida de Egipto..." una leve mueca se dibujaba su sus pálidos labios, el aire se escapaba de su pecho.
"¡No me importa si una ciudad entera queda enterrada en la arena!" sus ojos brillaban diferente, ese mar se convirtió en lluvia, "¡no me importaría morir si con eso tú sigues aquí!"
"Si mueres hoy... no habrá un mañana para nosotros..." Kisara le regaló una sonrisa, la misma sonrisa que su verdadera, al menos de esa línea de tiempo, mujer le brindaba, "por todos los dioses juro que nos volveremos a ver…"
"¡No me importa el mañana quédate hoy conmigo!"
"Seth…" Atem observaba tal acción en silencio, sabía que ninguna palabra de aliento servirían en tal momento.
Sí, muchas vidas se habían perdido en esta batalla, pero como guerrero, como faraón, como protector, su vida y la vida de todos aquellos allegados a él estaban dedicadas a Egipto… y no concebía que alguien tan puro y frágil como aquella mujer diera su vida por el deber, deber que correspondía a él y Seth llevar a cabo.
El Sacerdote estrechó a su esposa contra sí, un suspiro rompiéndose en su boca, plantando sus labios en la frente de la mujer.
El cuerpo de Kisara brilló tan fuerte como el artículo milenario del faraón lo había hecho, una cálida sensación inundó el lugar y la oscuridad se disipaba, era como si Ra bajara a Egipto.
'Nunca pensé… disfrutar este pequeño momento… más que toda mi vida…'
"Te amo…" las palabras de la mujer resonaron en la mente del Sacerdote como si se tratasen de la melodía de un sistrum.
Zorc giró hacia ellos, y fue entonces cuando la figura radiante del Dragón Blanco de Ojos Azules hizo su aparición mientras el cuerpo de Kisara era llevado por el viento hacia las arenas del tiempo, cargado con la voz de Seth.
"Te amo… Espera por mi..."
