Egyptian Guitar
by Kaiba Kisara
Chapter XXVII: Broken Vow III Epilogue
Kaiba abrió los ojos, poco a poco éstos se acostumbraban a la luz, un sonido insistente golpeaba sus oídos, a su alrededor el caos, y la sensación de haber sido presa de un huracán; fue entonces que lo recordó todo: Ishizu y él habían sido encerrados en una celda faraónica, y Kisara aún seguía perdida.
"-to… Seto…"
El CEO parpadeó varias veces, intentado deglutir lo que sucedía. Poco a poco su visión regresó, su oído se agudizó, frente a él un helicóptero de Kaiba Corp. y su hermano Mokuba Kaiba hacían su aparición, al lado de su hermano se encontraba una figura de cabello blanco, con una mirada penetrante y fría.
"¿Mokuba?"
Un gran grupo de escavadores se encontraban trabajando en la obra, Ishizu, a su lado, se encontraba visiblemente tranquila, al menos habían salido con vida de aquella trampa que el Ishtar menor les había preparado.
"No te muevas, aún estás aturdido…" Le susurró Mokuba.
"No" sus ojos azules se concentraron en los de su hermano, "tengo que… encontrarla" fueron sus últimas palabras antes de derrumbarse.
"Seto…" El pelinegro susupiró.
"Corrieron con suerte" comentó uno de los guardaespaldas de Mokuba, "ahora mismo estamos en la búsqueda del joven Ishtar y la señorita Kisara"
Ishizu asintió con suavidad, su mirada nunca abandonó a Seto, el personal médico se retiraba después de atender al Kaiba, cuya vida no peligraba en absoluto. La egipcia suspiró, en su mente un millón de preguntas iban y venían: ¿dónde se encontraba Marik?, ¿estaría Kisara segura?, ¿cuánto se tardarían en encontrarlos?
"Ah… Ishizu…" la suave voz de Mokuba interrumpió los pensamientos de Ishizu.
Ella simplemente asintió, entre ellos dos hubo una conversación que Bakura decidió ignorar, saliendo de aquella tienda que albergaba a los Kaiba y a la egipcia, avanzando entre las filas de trabajadores dispuestos a seguir escavando en busca de algún otro indicio de la ojiazul.
La sortija del milenio brilló, un flash de luz golpeó su mirada: La imagen de Kisara muriendo en los brazos de Seth hizo que se detuviera en seco; el artículo milenario guiándolo lejos, cada vez más lejos de aquel campamento, llevándolo hacia unas ruinas de lo que pareciera un templo. El peliblanco caminó entre la arena, siguiendo a su sortija hasta que su mirada se encontró con un bulto dispuesto sobre un altar.
"¡Kisara!" Corrió hacia la mujer, ella aún respiraba, "¡Kisara!"
La mujer suspiró, hablando suavemente.
"Kisara…"
Bakura la abrazó fuertemente, abrazando a la única persona que iluminaba sus días, aquella que llegó para ser la familia que nunca estuvo presente en su vida, para convertirse en su mejor amiga, de aquella persona de la que se había enamorado…
"¿Bakura?"
"Hey, hey, tranquila…"
"¿Pero qué…?" Kisara revolvió el lugar con la mirada, tratando de encontrarle respuesta a lo que había vivido, "¿eres tú?"
"El único" sus labios se alzaron en una típica sonrisa, esa que hacía suspirar a todas las mujeres (y a ciertos hombres) pero que jamás haría a Kisara suspirar.
"Tonto…" La mujer llevó una mano hacia donde la daga había penetrado su piel, su cabeza recostada sobre el hombre de su amigo, "vayamos a casa… por favor…"
"De acuerdo… bonnie…"
Ella rió suavemente antes de cerrar los ojos y navegar en el reino de los sueños.
El portador de la sortija consiguió que uno de los trabajadores de Kaiba los llevara en uno de los jets privados de la compañía, claro después de conseguir el permiso de Mokuba pues Kaiba aún seguía inconciente. Antes de que el jet despegara, la mirada de Bakura se cruzó con la mujer egipcia, más y más imágenes de Kisara y Seth inundaron su mente.
Entonces pudo comprenderlo un poco: en el pasado también se conocían.
Sin embargo, en el presente todo era diferente: Seto Kaiba iba a casarse con Ishizu Ishtar, y Kisara simplemente fue un daño colateral.
"¡Con cuidado!" Se despidió Mokuba.
El jet despegó, perdiéndose poco a poco en la distancia mientras que la luz del sol desaparecía del cielo.
Mientras que Kisara se alejaba de Egipto, Kaiba se veía a sí mismo en esas clases de Historia 101 que Ishizu tanto le contaba: Ropas egipcias ataviaban sus cuerpos, Kisara lucía radiante en aquellos ropajes, era como una belleza antigua como una diosa de sangre y piel.
"Si mueres hoy… no habrá un mañana para nosotros…"
Seto gritó el nombre de aquella mujer pero todo parecía una pelicula frente a sus ojos, intentó con todas sus fuerzas llegar hacia donde ellos estaban.
"Te amo…"
Una luz cubrió a Kaiba, su voz regándose por toda la improvisada habitación, llamando la atención de Mokuba e Ishizu, ambos intercambiando palabras en una esquina del lugar, un té en sus manos.
"Seto" Mokuba avanzó hacia él.
Kaiba había despertado, su cabello revuelto, su rostro empapado en sudor, su boca seca y a punto de exclamar el nombre de aquella mujer otra vez, como si de un rezo se tratara, sus ojos ardían por la arena del desierto.
"Espero que el equipo ya-"
"Ella ya fue encontrada" La voz de Ishizu hizo que Seto volteara hacia ella.
"¿Dónde está?"
Mokuba se debatía entre decir la verdad o simplemente esperar a que su hermano encontrara a la mujer por su cuenta.
"¡Ishizu!"
"Lo siento…"
Hubo un nudo en su garganta, sintió como su cuerpo comenzó a tornarse frío, el corazón dio un vuelco en su pecho… ella no… ella…
"Si fuera mi decisión te lo diría…" La egipcia llevó la taza a sus labios, "pero eso… no depende de mi, Kaiba… pero ella está a salvo"
La respiración de Kaiba se normalizó pero sus ojos se mantenían agudos y sobre la egipcia.
"Volvamos a Kaiba Corp."
"¿Seto?"
Y, en un abrir y cerrar de ojos, todo el equipo del CEO se encontraba listo para partir.
"Kaiba…"
"Descuida, todas las aportaciones y fondos siguen en tu cuenta, sigo siendo uno de tus inversionistas principales"
"Sabes que no hay necesidad-"
El Kaiba alzó la mano mientras colocaba su gabardina.
"Perdóname…"
Ishizu lo miró, la intensidad en ese azul profundo era ahora simplemente una laguna y no un mar. Sí, el CEO había cambiado, como si una de las barreras que le aislaban del mundo hubiese desaparecido, y todo gracias a aquella joven mujer.
El Kaiba siguió su camino hacia su jet personal, pero las palabras de Ishizu le detuvieron.
"¿Sigues creyendo en el destino?"
Kaiba ladeó la cabeza hacia la izquierda, haciendo una mueca arrogante y digna de él.
"Quiero un informe a fin de mes, a primera hora"
Ishizu sonrió suavemente, preguntándose si en verdad se enamoró de ese hombre o simplemente fue el destino que le hizo estar a su lado.
