Egyptian Guitar
by Kaiba Kisara
"I had to be free
from feelings that haunted,
I wanted to see,
wanted to be free…"
Chapter XXVIII: Guéri de toi
Kisara era un manojo de nervios, de café con sal y ojeras marcadas, hacía tres días que la mujer había regresado a Domino City y su mente aún no se acostumbraba a la soledad, pues su compañero Ka estaba al cuidado de Bakura y había dejado de asistir a la universidad.
Un gran dolor golpeaba al ritmo de su corazón, recorriendo toda su economía, a la par de los eritrocitos, se encontraba el remordimiento… después de todo: ¿Cómo iba a disculparse con la profesora Ishizu tras lo ocurrido en Egipto?
Kisara vació el café, nuevamente acompañado con sal.
"¿Qué me está pasando…?"
La joven mujer había dejado su hogar, incluso la casa de su mejor y único amigo Bakura para ocultarse lejos de la bulliciosa ciudad, a las afueras de Domino City, a la mañana siguiente de su llegada, la mujer decidió escribir una carta y abandonar todo. Su plan de vida…
"Buscar un nuevo empleo… y empezar una nueva carrera… con un nuevo nombre e identidad"
Engañándose, alzó una suave risa al aire que no duró mucho tiempo. Así, con un suspiro alargado y profundo, se desplomó sobre el oscuro sillón.
"¿A quién engaño…?"
La peliazul se había desconectado del mundo: Su celular se encontraba apagado en su antigua casa junto con todos sus dispositivos electrónicos, lo único que la acompañaba era un viejo cd que Bakura le había regalado para estudiar, cd que reproducía en una grabadora en la que sólo le funcionaban dos botones; después de todo estaba acostumbrada, cuando llegó a Domino City lo único que llevaba consigo era una pequeña valija de mano con algo de ropa.
Un sabor amargo seguía invadiendo sus labios y una lágrima rodó sobre sus mejillas.
¿Ishizu era ahora Ishizu Kaiba?
¿El CEO recordaba su nombre?
¿Qué mentiras les habrá dicho Marik?
¿Kaiba era feliz?
Intentó despejar su mente con otro café cargado, pero le era imposible borrar esas imágenes de su mente: esos puntos azules; se llevó una mano al corazón, éste latía aceleradamente, un ardor cabalgando en sus ventrículos: El Sumo Sacerdote… El Seto Kaiba del pasado, de su pasado…
Kisara hizo un puchero, alzando un suspiro fuerte, todos sus pensamientos giraban en torno al dueño de aquellos ojos azules, tan azules como los márgenes del Nilo que llenaban de vida a toda una civilización, así era cómo podía describir a Kaiba.
La mujer retornó entonces a su empolvada y vieja pasión: la pintura. Con pincel en mano y pequeños botes de pintura, la peliazul se dejó llevar por su imaginación hasta que perdió la noción del tiempo.
Ahí plasmado en la tela se alzaba un dragón blanco de ojos azules, saliendo de la oscuridad del antiguo Egipto.
"Necesito nuevos aires…"
Kisara volvió a calentar su café, esta vez sin sal, y salió rumbo al pequeño balcón, ahí en el suelo de madera, en la entrada, se encontraba un sobre, éste no tenía más que su nombre.
"Estimada Señorita Kisara, es un placer informarle que ha sido aceptada como alumna de intercambio para el período de marzo a marzo en la Universidad de Tokyo…" la garganta de Kisara se estremeció, unas lágrimas ahora enjugaban su rostro, y sus manos comenzaban a temblar.
La peliazul recargó la taza sobre el pequeño espacio de su ventana, retomando la lectura:
"Usted ha sido recomendada ampliamente por la Prof. Ishizu Ishtar, y es un placer…"
La mujer no pudo más, derrumbándose sobre las tablas de madera que formaban una escalera hacia el jardín, una vez en el suelo, comenzó a llorar.
¿Cómo le había hecho daño a la única figura que tanto admiraba?
¿Qué tan cobarde era para esconderse de Ishizu Ishtar?
¿Por qué la profesora le estaba dando esta oportunidad?
Pero, sobre todo ¿cómo pudo encontrarla?
"Siempre supe dónde estarías…" Una suave voz alumbró la visión de la ojiazul.
"Profesora…" su voz salió con un sollozo.
Ishizu sonrió con suavidad, ataviada en sus trajes étnicos, portando el Collar del Milenio, su tocado impecable y su presencia firme, la mujer avanzó hacia su alumna.
"Algo me llevó a ti" fue lo primero que dijo después de unos momentos de silencio entre ambas, "sin pensarlo quedé impregnada de ti… Siempre aparecía tu nombre en mis notas, en el día…"
"Yo-" pero Kisara fue silenciada por la mano de Ishtar.
"Había tenido una visión antes de partir a Egipto, la misma visión que tuve antes de tenerte como alumna…"
Pero Kisara simplemente mantenía su mirada en aquella hermosa mujer de tez bronceada.
"No lo comprendía, no hasta ahora…"
"Yo… no sé cómo pedirle perdón"
Ishizu se mantuvo callada, una parte de ella comprendía que el destino sólo la puso en la vida de Seto Kaiba para que pudiera unir a ambos.
"No es necesario"
"Pero-"
Ishizu sonrió con el mismo misterio que se cernía en torno a su vida.
"Quiero que vivas la vida que no pudiste tener"
Kisara llevó una mano a su pecho, nuevamente los recuerdos la golpeaban y esta vez podía verlos: La ligera pero sincera sonrisa del aquel Set egipcio, la calidez con la que susurraba su nombre, ese ardor que le dejaba en los labios, sus silencios, sus expresiones, sus miradas…
"¿Ahora lo entiendes?"
Kisara asintió.
"Tienen mucha vida por delante, un largo camino que recorrer…" la mujer le brindó una suave y cálida sonrisa, "y espero aceptes la invitación"
La peliazul se llevó la carta hacia el pecho, asintiendo con felicidad.
"Ya sabes qué hacer"
Y así como llegó, se fue, dejando a Kisara con sus pensamientos y emociones revueltas. El café se quedó sobre la ventana mientras que corría hacia la casa para empacar sus pertenencias y volar.
