Egyptian Guitar

by Kaiba Kisara

Chapter XXIX: Choose what you love most (and let it kill you)

Una maleta en el asiento del copiloto, una suave melodía de Sarah Brightman en el estéreo, un café azucarado corriendo por las venas, y un pasaje para Tokyo acompañaban a Kisara en su travesía al aeropuerto, pues desde que Ishizu se había presentado frente a la mujer, Kisara había empacado sin previo aviso, sin pensarlo dos veces.

Sólo un mensaje había salido de un pequeño teléfono móvil, de esos que vale más el crédito que el aparato mismo: "Cuida a Ka, nos vemos pronto, gracias por todo.".

Kisara aparcó el auto en los lotes del aeropuerto, sus ojos tenían un brillo diferente, una hermosa resistencia a todas las tormentas que había pasado sobre ella. Sin embargo, un deje de culpa aún golpeaba sus mejillas. Paso a paso un gran parte de sí quedaba detrás de ella, en su apartamento en Domino City.

Paso a paso se alejaba más del CEO, el cual ahora se encontraba trabajando en un proyecto. Sus dedos no se despegaban del teclado, sus ojos fijos sobre aquellos algoritmos que, muy probablemente, él entendía; un leve golpe en la puerta llamó su atención, y su voz permisiva resonó desde su escritorio.

"Seto…"

"¿Sucede algo?"

"Hmmm…" Mokuba dirigió su mirada hacia su hermano, "sólo quería checar cómo estabas…"

Seto alzó una risita burlona al aire.

"Estoy bien, Mokuba, pero estaría mejor si pudiera terminar esto mucho antes de los esperado"

Y ahí estaba la respuesta del CEO: "Déjame en paz".

"Ya veo…" pero el pequeño pelinegro resistió la tormenta en su voz, "¿de qué se trata el nuevo proyecto?"

El Kaiba mayor sabía lo que su pequeño hermano estaba tratando de hacer: entablar una conversación, en la cual entrarían algunas preguntas que, debido a previos atardeceres en un país lejano, eran taboo.

"Es-"

La bandeja de entrada del CEO anunció la llegada de un nuevo mail con un ligero sonido.

Nuevo Proyecto, era el título. Y quien lo enviaba era la misma Ishizu Ishtar.

Los dedos de Kaiba dudaron antes de posarse sobre el botón para ingresar al correo.

"¿Sucede algo?"

Sí, sus ojos no podían creer lo que aparecía frente a él:

"La verdad no tengo proyecto a mano, simplemente deseaba avisarte que su vuelo sale hoy a las 18:35 horas por el aeropuerto de Domino City, en la puerta B, eso era todo.".

Seto Kaiba se hundió en sus pensamientos, una mano cubrió sus labios, saboreando el ayer y el ahora. Una gran parte de sí moría por verla, pero la parte razonable estaba calculando los contras de dicha situación: De cómo la había dañado, de cómo había jugado con ella, de cómo le dio falsas esperanzas y del cómo no supo ir tras ella.

"¡Seto, tienes que ir!" Los ojos de Mokuba se clavaron en los de su hermano, con las manos alzadas en puño frente a su pecho, y las mejillas inflamadas de aventuras.

"No, Mokuba, no tengo. Lo que sí tengo es trabajo, y te agradecería me dejaras terminar, en cuanto esté listo-"

Un cojín aterrizó contra el rostro del dueño de Blue Eyes White Dragon.

"¡No tienes una idea de lo que vas a dejar ir!"

Mokuba había escuchado todo por parte de Ishizu, desde el punto A de Egiptologia antigua hasta el punto Z de cómo se habían conocido los modernos Kaiba y Kisara.

"Mokuba…"

"¡No!" El joven lo estaba desafiando con su mirada, "¡incluso yo lo sé mejor que tú! ¡Y si la dejas ir, en realidad eres un tonto!"

Lo último que el CEO escuchó fue el sonido de la dramática salida de Mokuba al azotarse las puertas de madera tras este.

Seto no supo que responder y dedicó unos segundos a ello.

Sin embargo, sus ojos se arrastraron al reloj en la esquina izquierda de su ordenador, cinco para las seis.

Una ligera sonrisa desafiante se alzó en sus labios, mientras su mano se deslizaba nuevamente en el teclado para perseguir aquel proyecto en el que se había quedado antes de aquella intromisión.

En el otro lado de la ciudad Kisara sonreía mientras su mirada estaba fija en la ventanilla del avión, sus manos sujetaban aquella hoja donde toda la información de lo que la Universidad de brindaba estaba escrita. Sus ojos sonreían a la par de sus ojos, pero un jirón se agudizó sobre el pecho.

¿Él se encontrará viendo el mismo atardecer que yo?

Kisara suspiró, sus mejillas se colorearon de vergüenza.

Pero… ya no importa, ¿verdad?

Kisara se hundió en el asiento.

"Estimados pasajeros de la aerolínea Domino Sky, les queremos dar las gracias por elegir nuestra aerolínea, sin embargo, les damos la mala noticia de que nuestro vuelo se estará retrasando por cuestiones administrativas, por favor les pedimos de la manera más atenta, desalojar ordenadamente el avión, de antemano les pedimos disculpas por este retraso"

Y así, uno a uno, comenzaron a salir del avión, algunos con enojo, otros que desesperación y muy pocos sin importancia, y entre ellos se encontraba Kisara, quien ya había esperado tanto tiempo como que para un retraso de algunas horas la hiciera perder la razón, como la mayoría de los pasajeros.

Kisara avanzó hacia la sala de espera que se encontraba llena de los pasajeros.

La mujer suspiró y, deseando un pequeño descanso de aquellas voces exigiendo saber qué sucedía, decidió salir hacia las pequeñas tiendas que se encontraban cerca; sus pasos la llevaron hacia una pequeña cafetería.

"Un café negro y una dona de chocolate, por favor"

"Nunca pensé que el café negro fuera de tu agrado…"

Aquella voz tan familiar y escarchada lanzó una alerta por todo el cuerpo de Kisara, quien se debatía entre ignorar o encarar al dueño.

"Pero lo dulce, lo dulce te hace justicia"

Kisara volteó hacia aquella persona que conocía y desconocía tan bien. El mismo aire de superioridad lo cubría como aquel día en el museo, la vez que se conocieron con formalidad, afuera de aquellos sueños del pasado. Pero, debía destacar, algo en él había cambiado bajo esa muralla de ojos azules, cabello castaño y piel blanca.

"Seto Kaiba" logró mencionar su nombre sin temblar.

"Kisara…"

La mujer perdió el tiempo en que su mirada se perdió en la de aquel Kaiba.

"¿También vas a viajar?"

Kisara fue la primera en romper aquella tensión, solo para descubrir que las cortinas de la cafetería estaban hacia abajo, dándoles privacidad. Lo sabía, todo esto era obra de aquel magnate del duelo.

"¿Por qué desapareciste así?"

"¿A qué te refieres?" Kisara infló sus mejillas, como si de una niña pequeña se tratara, ladeando su mirada.

"Sabes muy bien a lo que me refiero…"

"¿Uh?" su risa resonó con sarcasmo, "¿hablas de por qué no fui a la celebración de tu compromiso?"

Seto no supo que decir, nuevamente se había quedado sin palabras.

"¿O por qué no estuve a la mañana siguiente?" aquellos ojos azules eran un océano, profundo, caótico, inexplorable, "con permiso, tengo un vuelo que tomar"

El Kaiba simplemente sujetó su brazo, pero ella, decidida y firme frente a la tormenta de aquellos ojos azules, se mantuvo en su lugar, sin perderse en la mirada del CEO.

"Kisara…"

"¿Vas a decir que lo sientes? ¿Qué todo lo que pasó fue un error? ¡Ahórralo, porque la ve-"

"¡Quédate!, ¡Quédate conmigo!"

Esta vez, su voz no fue una orden, sino una súplica, real, humana y cálida, alejada del Kaiba que se había presentado frente a ella en el museo, era más bien la de aquel hombre del pasado que estaba destinado a conocer, aquel hombre que fue enterrado en las arenas de Egipto.

Su corazón dio un brinco, y sus labios titiritaron.

"Cásate conmigo"

Kisara se giró hacia él, sus ojos redondos como platos y la boca entreabierta.

"Esas eran las palabras para ti…"

"Kaiba… yo…"

El hombre que se encontraba frente a ella no era el mismo, el hombre frente a ella se estaba exponiendo desnudo en alma, no como aquella vez en su habitación del hotel.

"No puedo"

Kaiba asintió suavemente, deslizando sus dedos lejos del brazo de aquella mujer.

"No…" pero el CEO observó la lucha interna de la mujer, y de cómo sus ojos comenzaban a colorearse en una tinta rojiza, "yo… es…" y la desesperación inflamaba su voz cada vez más, y entre suspiros pudo volver a hablar: "¿has deseado tanto algo que todo lo demás se vuelve secundario?"

"Sí, como el presidente de Kaiba Corp. lo entiendo, pero no como Seto Kaiba"

Kisara sonrió suavemente, con una sombra de arrepentimiento y dolor entintando sus mejillas y escurriendo por sus ojos.

"Entonces yo sé que puedes entenderme"

"Sí"

"Gracias"

Hubo un momento de silencio cómodo y necesario entre los dos, la mano de Kaiba viajó hacia la mujer, limpiando las lágrimas estampadas en su mejilla, mientras que su otra mano sujetaba la mano izquierda de Kisara. Un halo frío se deslizó por uno de sus dedos.

"Un año" esta vez, la voz de Kaiba fue firme, pero dulce, como la de Seth, "vendré por ti en un año"

Kisara se quedó sin palabras mientras que un anillo de oro blanco y tres hermosas piedras azules reposaban sobre éste, brillaba en su mano izquierda.

"Kaiba…"

La sonrisa que el CEO le brindó era la sonrisa más sincera y hermosa con la que Kisara se había encontrado, esas sonrisas que sólo era destinadas para su familia más cercana o para esas noches donde las ideas brotaban sin detenerse.

"Contáctame en cuanto llegues"

"Muy probablemente estarás más enterado tú, que yo, de cuando llegue"

"Así es" el CEO sonrió con orgullo.

Kisara lanzó una carcajada al aire, esta vez sentía que era necesario y, tomándolo por sorpresa, sus brazos rodearon al cuerpo de Kaiba. El CEO estuvo unos segundos sin moverse, pero después sus brazos contuvieron a aquella mujer contra sí, sintiendo aquel calor que tanto extrañaba y extrañaría.

Seto Kaiba observó a ese avión despegar y perderse en el cielo mientras que Kisara observaba aquella ciudad desaparecer entre las nubes.

No fueron necesarias más palabras, pues si habían esperado milenios, podían esperar un año más, ¿o no?