SI HACES UNA PROMESA, CUMPLELA HASTA LA MUERTE (LO HIZO HEBRIO)

La vida era un asco y eso era algo que todo el mundo lo sabía, los pocos afortunados de tener algo dirían que la vida no siempre es mala, algunos dirían que siempre hay esperanza… otros que no valía la pena el intentar mejorar pero el… solo él conocía lo grave de sus momentos y el dañino sentimiento que había formado en el silencio de su habitación.

Queriendo dejar ese sufrimiento que lo carcome por dentro desgarrándolo en la soledad sin piedad sintiéndose como un muerto. Esperando ser un hombre nuevo ¿pero como superar aquel miedo? Tan solo lo desespero temiendo no poder seguir ahogado en la tristeza todo su existir.

Ya no quería más de esa soledad que día tras día se convierte en un desastre. No teniendo a nadie sintiéndose invisible entre tanta gente; reemplazable, prescindible marioneta que no siente. Sin saber qué hacer con ese dolor, si nunca ha tenido amor o un abrazo sincero que lo calme cuando sentía temor.

El vacío enorme de su corazón alicaído es un laberinto sin salida donde se perdió. A veces pareciera que su existencia no importaba, todos ríen mientras llora más nadie lo reconforta y es que su debilidad y la carencia de la fuerza han creado un árido paisaje que solo lo lastimaba.

Y es que aquella necesidad maldita hizo que más de mil veces se aferrara y diera todo por aquellos que no lo merecen, el sentir pavor de que alguien se aleje y lo abandone le ha traído solamente dolores y decepciones. Tal vez era él el problema y no lo entendía tendiendo a victimizarse sin más volviendo a sentirse incapaz de vivir con los demás, sintiéndose un cobarde, no quería sentirse así sin saber qué hacer para proseguir

¿Salir de aquella oscuridad de aquel maldito abismo? En donde solamente ha sentido pena por sí mismo. Da igual lo que se esforzó por hacer las cosas bien al final nadie valoro de verdad sus sentimientos, incluso las personas que con toda el alma amó, no dudaron en causarle un terrible sufrimiento… deambulando por su vida trizado como un muñeco con heridas que en su corazón le dejaron un hueco.

Pero todo ciclo tiene su principio y su final sin saber que aquella soledad le daría independencia emocional, cansado de llorar escogió continuar y seguir sin saber que aquello lo haría cada vez más fuerte cuando lo perdió… el miedo a quedarse solo, ya que ni se dio cuenta que es el amor así mismo lo que al fin lo complementa ¿Cuántos años buscando por fuera lo que estaba dentro? De su espíritu brillando como la plata.

La soledad fue su más querida compañera logrando encontrarle a alguien que finalmente lo quisiera… más lamentablemente aquella persona le desgarro el alma, destruyendo sus sueños infectando sus días y su existir, arruinando su vida, carcomiendo su mente haciendo que ya no quiera seguir.

Sacudiendo sus miedos derrumbando su frágil seguridad, le robaron su esperanza azotando su credo desterrándolo a la frialdad de la putrefacta que era la existencia misma, de todos los obstáculos en su vida el que estaba afrontando sin duda alguna era la peor que pudo haber pensado en sus más oscuro interior, ni la misma guerra lo había preparado para ese momento, sin embargo el dolor de sus heridas lo saco de ese trance y pudo ver que era de mañana.

Específicamente la madrugada donde los primeros rayos de luz tocaron a la ciudad de Edo para posteriormente al distrito de Kabuki y finalmente golpear el rostro del Samuray peli plateado, este solo habría los ojos de par en par mostrando como su mirada de pez muerto lucia más decaída de lo normal sintiendo la enorme Jaqueca de la otra noche sin poder recordar lo que había pasado.

Sin embargo no le importo restándole importancia para levantarse y alistarse hacia un trabajo que había aceptado hace unos días, a punto de salir de su pequeño apartamento de trabajo su mirada se fijó en el lugar donde la pequeña Yato solía dormir junto al enorme perro blanco, si todo fuese como cualquier día normal Shinpachi pasaría por la puerta de entrada obligándolo a despertarse y buscar un trabajo para pagar la renta, sin embargo… esos días habían acabado.

Era curioso sentir como en algún punto era feliz en el pasado sin siquiera saberlo, Gintoki solo pudo suspirar pesadamente intentando olvidar esos recuerdos mientras ajustaba su espada de madera en su cintura –si no me doy prisa el viejo me regañara- fuero los pensamientos de este quien solo prosiguió abrir la puerta sintiendo un enorme resoplido que golpeo su cara.

En circunstancias normales todo el mundo gritaría de pánico por el tremendo reptil esmeralda que mostraba sus colmillos afilados a fuera de su casa pero inexplicablemente, este veía como las pocas personas que pasaban por ahí no mostraban señal alguna de ver lo que pasaba por lo que paso a hacer lo que cualquier persona sana haría en su sano juicio, cerrar la puerta lentamente y alejarse de los problemas…

Ya adentro este miraba todo con tranquilidad esperando que todo eso fuera un sueño, no estaba de humor para tener que lidiar con aquella cosa gigantesca pero luego recordó que Otose lo golpearía si no se deshacía del molesto animal que estaba frente a su tienda, después de todo a esa vieja no se le escapaba nada por lo que descubriría a esa criatura tarde o temprano.

Pronto fue interrumpido por uno golpes suaves en su puerta –maldición ya lo sabe, querrá que haga algo al respecto o si no me correrá- indico el permanentado perezosamente para abrir la puerta esperando tener que encontrarse a la vieja arrugada y amargada que era su Casera pero en lugar de eso se topó con una hermosa jovencita de pelo rubio largo sujetado en dos coletas y los ojos rojo-anaranjados aparentemente vistiendo un traje de Maid totalmente desgastado.

Ambos solo se quedaron viendo por unos segundos directamente a los ojos como si fuera un duelo de miradas hasta que el Samuray decidió azotar la puerta con fuerza para sentarse en su escritorio –no hay Dragón, no hay problema- susurro Gintoki por lo bajo poniéndose a leer la Jump de la semana pasada sin esperarse como la puerta de su casa estallo en pedazos demostrando que la culpable era aquella chica que avanzaba poco a poco hacia él.

Sin vergüenza alguna Gintoki empezó a rascarse la nariz hasta que la joven llego a su frente aparentemente con una hermosa sonrisa que no causo la más mínima impresión en Gintoki que ni se molestó en dirigirle la mirada estando ocupado con su nariz, a decir verdad solo se preguntó quién iba a reparar su puerta destrozada por esa joven

–TADA- fueron las palabras que la chica musito frente al samuray que solo la veía de cabeza a pie topándose con aquella peculiar cola de reptil junto a aquellos cuernos, sin duda alguna parecía ser la hija de algún Amanto por lo que ella podría traerle problemas a Gintoki quien solo empezó a aplaudir siguiéndole el juego –espero te encuentres muy bien hoy día, si no mal recuerdo hoy tenemos trabajo- dedico la hermosa joven confundiendo al Samuray que empezó a procesar aquellas palabras como si de computadora se tratase sin poder llegar a una conclusión.

–Eto, no es por nada pero ¿se puede saber qué haces aquí y quién diablos eres? no recuerdo haberte conocido en algún lugar- pregunto Gintoki aparentemente sin interés en la respuesta que le diera, solo se le cruzo la idea de que era otra chica en problemas que requería ayuda.

–Por supuesto, nos conocimos ayer en la noche, estabas muy ebrio- contesto está de manera divertida mientras movía aquella peculiar cola de un lado a otro viendo como el peli plateado le entregaba su espada mientras se ponía de rodillas frente a ella.

–Hazlo rápido y sin dolor, si lo haces con la punta acabaras más pronto con esto- decreto este sin ganas esperando que la chica se desahogara golpeándolo por cualquier incidente que él le hubiera causado estando ebrio.

–No lo entiendo ¿pero que no se supone que eres un samuray? ustedes portan las espadas, nosotros los dragones no- indico esta que solo lo veía divertido hasta que otra señorita entraba por la puerta solo que esta lucía un vestido más simple con su cabello verde sujetado por un tornillo.

–Gintoki Sama, me mandan para cobrarle los meses de alquiler- declaro una peli verde notando la compañía extra que el permanentado tenía en esos momentos junto con la extraña señorita de cola de reptil.

–Tama, ayúdame por favor, al parecer me metí en un serio problema- recrimino el Samuray ante su amiga quien fijo su vista en la invitada y sin más prosiguió a retirarse.

–Lamento haberlo interrumpido en algo importante, no le contare a nadie de sus juegos enfermizos- comento la peli verde saliendo del Yorosuya destrozando el orgullo de Gintoki quien volteo hacia la joven con mirada suplicante.

–Genial ¿Cómo se supone que explique este problema?- decreto este perdiéndola de vista y volver a su escritorio con su cara pálida y notorias ojeras en sus ojos como si no hubiese dormido en días mientras la joven de cola de reptil lo veía con curiosidad –al menos me puedes decir tu nombre- comento Gintoki mirándola nuevamente mientras esta recobraba aliento y saltaba hacia atrás con mucha energía.

–Mucho gusto Sakata Gintoki, me llamo Tohru y soy parte de la Yorosuya- contesto esta con vibrante felicidad con una pose carismática impactando al Samuray quien solo abrió los ojos de par en par –aún recuerdo como la pasamos esa noche, si no fuera por ti de seguro me habría quitado la vida en ese momento, hasta que llegaste y me ofreciste unirme al Yorosuya- dijo está asustando Gintoki que solo escuchaba atentamente mientras que en su interior era un revoltijo de recuerdos.

Sabía que había ido a beber unas copas con Madao para ahogar las penas que Shinpachi y Kagura le habían causado en el pasado pero que luego se haya ido a beber con esa niña lo tenía fuera de los cabales –espero trabajar contigo desde ahora, prometo ser la mejor ayudante posible- proclamo Tohru levantando los brazos enérgicamente provocando que los recuerdos crudos de hace un mes golpeasen a Gintoki.

Donde la mayoría de sus amigos le habían dado la espalda y ofrecido la espada en lugar de la ayuda que necesitaba, pronto su vista se topó con una foto en su escritorio donde aparecía el junto a Kagura, Shinpachi y el enorme perro Sadaharu, sin duda alguna fue un trago amargo el recordar esos tiempos –escucha, lamento decepcionarte pero no estoy planeando contratar a nadie- decreto Gintoki con la cabeza gacha asustando a Tohru quien se levantó de su silla con preocupación.

–Si es por el dinero, no me importa trabajar gratis- hablo está un tanto desesperada intentando ganar un puesto en ese local con esperanzas en sus ojos mientras que Gintoki solo la miraba como alguien más de por ahí.

–No se trata de eso, simplemente no puedo hacerlo, no hasta que esos 3 regresen- murmuro este viendo la foto nuevamente con nostalgia –espero lo entiendas- indico este sin siquiera mirarla a los ojos sabiendo de ante mano que ella estaba triste, notando como los nudillos de la joven cesaban su agarre demostrando que se había dado por vencida-

Y el cómo había agachado la cabeza le dio su respuesta –Mis disculpas por haber venido tan repentinamente, lamento… las molestias- comento esta para salir de aquel lugar con la moral por los suelos ante los ojos de Gintoki que no expresaban ni un poco de culpa.

Pero sin querer queriendo pudo notar como unas leves lagrimas se acumulaban en los ojos de Tohru –(no es mi problema, estoy seguro que su familia la encontrara)- pensaba Gintoki volviendo a mirarla hacia la joven que estaba por salir por la puerta y en eso…

Pudo ver como a un costado de Tohru aparecía la silueta de su yo más joven llorando, justo como el día en que su maestro Yoshida Shouyou lo había acogido de entre ese mar de cadáveres, por breves momentos pudo ver su viva imagen de cuando era niño replicada en Tohru.

Pronto sus recuerdos fueron interrumpidos por los gritos de Otose que venían de abajo y eso significaba problemas, rápidamente jalo a Tohru dentro de su casa esperando que la vieja de su casera no la haya visto salir de ese lugar, esta acción solo emociono a Tohru quien sentía como el hombre de pelo plateado le tapaba la boca pudiendo sentir su tacto –guarda silencio, si me descubren estoy acabado- dedico este con nerviosismo viendo por un agujero pequeño en la pared si alguien venia.

Pronto su calma se fue al tacho cuando sintió como una mano salía del suelo agarrando una de las piernas de Gintoki demostrando ser Tama –lo lamento mucho, pero Otose de verdad requiere su presencia- afirmo esta de manera monotoma asustando a Gintoki que solo trataba de liberarse por todos los medios.

Y en su desesperación acudió a quien no debía –Tohru, sácame de aquí- ordeno Gintoki con miedo hacia la joven que con una gran sonrisa jalo a Gintoki del piso junto con Tama que no cesaba en su agarre formando un agujero en el piso de Gintoki.

–Ahí está, no dejen que escape- grito una señora con orejas de gato.

–Catherine, ya sabes que hacer- mando Otose mientras su compañera tenia listo una bazuca en su hombro con la mira dirigida hacia las Kintamas de Gintoki donde este solo palideció pero en eso pudo notar como el agarre de Tohru se hizo más fuerte en su muñeca sacándolo de ese lugar por los cielos dejando otro hoyo en el techo llevándolo hacia un parque cercano donde Gintoki recobraba el aliento y se aseguraba de tener los huesos de su brazo en plena forma.

No cabía duda que Tohru tenía fuerza sobre humana, aunque miro como la chica estaba por irse, después de todo Gintoki no la había aceptado para el trabajo mientras que este solo la veía alejarse de a poco con la cabeza gacha, si bien no tenía ninguna obligación con ella al menos podría darle un techo donde quedarse por un tiempo, a juzgar por su vestido de Maid supuso que no tenía ninguna familia, quizás era una esclava o había sido abandonada por alguien.

Justo antes de que la perdiera de vista… Tohru vio como una espada de madera se clavaba en el tronco del árbol a su lado notando que había sido Gintoki quien lo había hecho –espero no estés huyendo del trabajo, tenemos un cliente que necesita nuestra ayuda- recrimino Gintoki de espaldas mientras se limpiaba su oreja con su dedo.

El rostro de Tohru pronto cambio a uno lleno de sorpresa y jubilo al escuchar esas palabras –por supuesto que no, lo seguiré a donde quiera que vaya- contesto está corriendo a su lado y entregarle su espada de madera -¿y bien? ¿Cuál será nuestro primer trabajo?- pregunto está entusiasmada por su primera actividad ante la mirada perezosa de su nuevo jefe.

–Todavía no cantes victoria, aun no te he dado el empleo, tienes que ganártelo- ordeno Gintoki caminando al lado de Tohru por una de las calles de Kabuki mientras que la energía de Tohru aumentaba

–Entonces me esforzaré al máximo, ya verás que puedo trabajar a tu lado- dijo está formando una gran sonrisa confiada que podría malinterpretarse desde otra perspectiva,

–¿Tanto así te interesa?- susurro este sin saber que lo había escuchado.

–Por supuesto que sí, el Yorosuya es una familia que jamás te abandona eso tú me lo dijiste- reprocho Tohru encarando a Gintoki con su mirada y sus mejillas infladas donde este solo le pico los ojos con sus dedos provocando que Tohru diese vueltas en el piso agarrándose los ojos cómicamente.

–Primero que nada el espacio personal, segundo… debes hacer dieta- comento este cargándola en su hombro como un costal en lo que recuperaba la vista.

–Bueno, quizás se deba a los pasteles que comí el otro día- relataba esta pensativamente hasta que se dio cuenta que habían llegado a un gran rio del otro lado de la ciudad sintiendo como Gintoki la ponía en el suelo.

–Según me dijeron el trabajo solo es reparar aquel viejo edificio- Gintoki señalo el lugar donde al parecer el caballero les había dejado una nota y herramientas para hacer el trabajo –quizás se haya hartado de esperarnos… qué más da- Gintoki solo prosiguió a trabajar al compás de Tohru sin ninguna interferencia.

Casi parecía que la rubia tenía experiencia en ese tipo de trabajos –no me dijiste que eras tan buena en estas cosas Tohru- esta solo volteo vigorosamente mientras clavaba unos clavos.

–No digas eso, solo es un poco de talento natur…- sin querer queriendo Tohru se había clavado un clavo en su mano mientras aun miraba a su jefe que solo resoplo.

–Se ve que aun eres una novata- proclamo Gintoki sin percatarse en como la sierra en sus manos se enterró también en su brazo pero su mirada seguía concentrado en Tohru

–Gintoki ¿le pasa algo malo a tu mano?- este por no querer darle el gusto solo mantenía su mirada serena hacia ella.

–No te preocupes por mí, solo se me acalambro la muñeca ¿Qué hay de ti? Parece que tuviste un accidente- esta solo empezó a reírse mientras Gintoki le empezaba a imitar, pronto las risas iban creciendo hasta hacerse de manera retorcida dando por iniciado el lloriqueo de ambos que empezaron a romper las cosas al compás que maldecían al clavo y a la cierra destruyendo casi el sitio.

Pronto la tarde cayo y el jefe de la obra les dijo que podían almorzar, para disgusto del permanentado este no había traído nada de comida, Tohru por otro lado también tenía las tripas rugiendo y para colmo ambos tenían un hoyo y una abertura en sus respectivas manos –esto no podría empeorar- musito Gintoki fijándose en como a lo lejos un niño se sacaba unos bocaditos de una máquina expendedora pero que por un mal gusto termino votando la comida a la basura para luego sacar otra cosa e irse feliz.

Tohru solo veía eso con desagrado –los humanos son tan desconsiderados… ¿no Gintoki?- volteando su rostro vio que su jefe ya no estaba a su lado, si no en la misma máquina expendedora pero este tenía su brazo metido en la maquina intentando alcanzar cualquier comida.

–Olvídalo Gintoki, así no funciona- proclamo está acercándose hacia su jefe que metió su brazo por debajo de la maquina intentando alcanzar alguna moneda de por ahí y entre eso la gente solo lo miraba como a un vagabundo –no creerás que de verdad…- sin poder terminar Gintoki saco unas monedas y prosiguió a elegir su almuerzo.

–¿Decías…?- canturreo este de manera divertida al tiempo que la rubia empezó a imitarlo pero sin resultado alguno.

–No es justo, te sacaste todas las monedas- Tohru solo esperaba que este le diese la mitad de su comida pero Gintoki solo se lo devoro de un bocado –no es mucho pero aguantare con eso- por otro lado la rubia solo se lo quedo viendo en shock por no haber tenido el resultado que pensaba –¿ y quién fue la que creyó que no lo lograría? Si fuiste tú- sermoneo este ante los berrinches de esta que empezaron a llamar la atención de todos

–¿si te doy de comer te tranquilizaras?- esta rápidamente paro su lloriqueo al ver que su jefe sacaba otra golosina como el que se comió el –debes aprender a tener más fe en mi Tohru- sin prestarle atención la rubia se lo comió de un bocado

–gracias Gintoki- este estaba por responder si no fuera porque pronto empezó la segunda jornada del trabajo

JUSTO ESA TARDE

Ambos volvían de la construcción, al parecer el cliente les había solicitado reparar una casa deteriorada donde lo acabaron en menos de unas cuantas horas en lugar de días. Ya estando en el Yorosuya Gintoki prosiguió a bajar al Bar de Otose sin contar que Tohru lo seguía como su sombra –se puede saber qué es lo que pretendes- proclamo Otose fumando un cigarrillo viendo de reojo a Tohru que solo estaba sentada al lado de Gintoki con ese extraño vestido bebiendo jugo.

–De seguro tienes gustos enfermizos y la obligo a vestirse a si- opino Katherine notando el aspecto de Tohru mientras Gintoki se atragantaba con su bebida.

–Les juro que no es nada de eso, tan solo se quedara un par de días, eso es todo- afirmo este sin siquiera ver como Tohru empezaba a lagrimear frente a todos.

–Pero tu… dijiste que me darías una oportunidad- comento esta entre sollozos siendo consolado por Tama mientras que todas le dirigían una mirada de indiferencia hacia Gintoki.

–Aparte de acosador, eres repulsivo- opino la vieja gata con disgusto cabreando a Gintoki

–Eres la menos indicada para decirme eso gata ladrona- contesto este con unas venitas sobresalientes de su mejilla, tal actitud la noto Otose que solo dio una gran bocanada a su cigarrillo.

–Gintoki, desde ahora ella es tu responsabilidad, al parecer no tiene un lugar a donde ir y no quiero que se quede a dormir conmigo- ordeno la vieja bruja de manera amenazante hacia el Samuray que solo asintió con miedo y reproche pues era eso o tener que hablar sobre el asunto de la renta vencida, mientras que Tohru solo saltaba de alegría.

–Eso significa que podre quedarme en el Yorosuya- gritaba esta con entusiasmo en lo que Tama le aplaudía y Katherine solo se burlaba del permanentado

–ahora váyanse, cerrare el bar un poco temprano- decreto está sacando a patadas a Gintoki junto con Tohru

Mientras ambos se retiraban Tama solo vio el enorme suspiro de su señora Otose –la noto diferente ¿pasa algo?- pregunta la androide con curiosidad de lo que pasaba.

–No crees que es un buen comienzo para el- índico Otose con desdén logrando que sus hijas guardasen silencio ante ese comentario

–Desde que esa malcriada y ese 4 ojos le dieron la espalda junto con todos, Gintoki no volvió hacer el mismo, ya ni siquiera era capaz de hacer un gesto de disgusto- dedico Katherine con asco cuando recordó lo sucedido hace un par de semanas.

–Pero hoy… ese idiota se mostró diferente ¿acaso no vieron cuando le ordene que cuidara de esa muchacha?- dedico Otose analíticamente en lo que fumaba.

–No cabe duda, hoy se mostró diferente y la causa de eso fue esa joven- concluyo Tama recordando lo sucedido en la mañana pensando que quizás Tohru podría cicatrizar la profunda herida abierta de Gintoki

En todo ese tiempo Gintoki puso a prueba a Tohru en lo que ella podría hacer pero al parecer ella tenía una rara forma de hacer las cosas, desde destruir su casa entera por una mera mancha de suciedad y repararla como si de magia se tratase hasta cocinar su propia cola y ofrecérselo como comida, Gintoki solo suspiro con cansancio al ver que era una completa inútil en todas las cosas… igual que él.

Pero la vieja de Otose le había ordenado cuidarla al menos por una temporada así que no tenía opción –bien, empecemos por el principio, te llamas Tohru y eres alguna especie de dragón ¿verdad?- pregunto Gintoki sentado en la sala frente a Tohru que solo se levantó señalándose hacia sí misma como la dragona más poderosa de todas

–soy tan fuerte que podría producir un Armagedón- canturreo ella con orgullo recibiendo un leve golpe en su cabeza.

–Lo tomare en cuenta a futuro- decreto el samuray sentándose en su escritorio notando como la joven le servía una taza de té y se sentaba en el sillón mirándolo atentamente, cosa que incomodo a Gintoki por lo que prosiguió a romper el silencio del ambiente –no es porque dude de tus habilidades pero… ¿sabes exactamente a lo que me dedico?- pregunto Gintoki encaminándose hacia la pequeña nevera en busca de preciado elixir de azúcar, un buen vaso de leche de fresa.

-Es un negocio local el cual se ofrece a hacer cualquier tipo de trabajo a cambio de un pago, pero regularmente lo terminan realizando gratis- concluyo está logrando que su jefe escupa violentamente la leche por la nariz.

-¿Quién te dijo eso?- pregunto esté con un tic en el ojo queriendo saber quién calumniaba sobre su pequeña empresa.

–Pero si fue usted mismo- hablo está mirándolo confundida mientras Gintoki solo se quedó como piedra –bueno, pasemos al otro punto ¿sabes limpiar?- pregunto este sentándose frente a ella en lo que veía como la mandíbula de Tohru se formaban colmillos como de tiburón y disparaba una ráfaga que termino por destruir y desaparecer todo lo que había en el dormitorio dejando en shock a Gintoki quien lejos de reclamar por ese accidente

Su aura se notaba pesada estando en una esquina en posición fetal por la destrucción de su nevera que contenía sus reservas de azúcar –no te preocupes Gintoki- dedico está conjurando pequeños círculos mágicos en el aire donde nuevamente todo volvía a la normalidad y para sorpresa del Samuray la nevera de sus dulces estaba totalmente lleno y con unos dulces que jamás había probado, prácticamente tenía una mueca feliz -¿Qué te parece? A que soy genia…- sin poder continuar miro como el permanentado abrazaba sus pies con devoción alagándola como si de una Diosa se tratase poniéndola muy contenta en lo que Gintoki se recuperaba por esa acción.

–Bueno, pasaste la primera prueba pero ¿Qué tan buena eres lavando?- pregunto este sintiendo como su yukata (kimono de verano) de color blanco con decorativos en forma de olas azules por encima del cual solo usa la manga derecha se le era arrebatado y metido dentro de las fauces de Tohru.

–Puedo producir saliva para borrar las manchas- concluyo está señalando sus babas en lo que Gintoki le golpeaba la cabeza con el periódico pero luego pensó en lo que podría ahorrarse si no compraba detergente.

–Si vas a hacer eso asegúrate de que solo sea con mi ropa- recrimino este con sensatez recibiendo un si por parte de la joven.

–No se preocupe, no lavare la ropa de nadie que no sea usted- contesto esta en pose militar en lo que Gintoki escuchaba como alguien tocaba la puerta.

–Bien, veamos qué tan buena eres recibiendo paquetes- ordeno Gintoki en lo que Tohru habría la puerta y veía como unos sujetos con uniforme negro y espadas estaban en la puerta al parecer con malas intenciones.

–Habrán de una vez, somos los Shinsengumi y tenemos ordenes de apresar al criminal de guerra Sakata Gintoki- grito uno de los policías a punto de entrar por la fuerza poniendo en aprietos al Samuray que no esperaba esa interrupción, ya que desde hace unos días el había agarrado la costumbre de ir a beber por lo que no sabía lo que pasaba en su casa a partir de las horas de la tarde.

Aquellos sujetos estaban por actuar hasta que uno de los policías salió volando por un tremendo golpe en su rostro que lo mando a volar contra el otro barrio demostrando que la culpable había sido Tohru quien encaraba a los demás miembros del Shinsengumi con una tétrica expresión –no tenemos interés en humanos tontos e inferiores como ustedes… basuras- susurro ella dejando a todos golpeados por los suelos en la esquina junto a la basura asustando a Gintoki por su fuerza.

–Hoy, hoy, hoy si ella es así de fuerte. No quiero ni verla enojada- comento este para sí mismo en lo que Tohru aparecía por su detrás.

–Decías algo- proclamo esta con su sonrisa que solo hizo palidecer a Gintoki

–No nada, solo me preguntaba si podrías cocinar- dedico Gintoki logrando cambiar el tema viendo como su compañera iba a la cocina y regresaba con un enorme pedazo de carne que no parecía carne –eso fue muy rápido- grito Gintoki impresionado hasta que noto como la cola de Tohru había desaparecido.

–Oye, de donde sacaste la carne, no recuerdo haber comprado nada de eso- hablo Gintoki mirando a Tohru a los ojos en lo que ella desviaba la mirada con nerviosismo.

–Bueno… quizás yo… y mi cola- Gintoki sin dudarlo boto la carne por la ventana justo donde estaban los del Shinsengumi tirados por doquier

Tan pronto como Gintoki preparo huevo con arroz, ambos se dispusieron a comer en silencio –lamento si no tengo más por ofrecer pero es todo lo que tenemos- añadió Gintoki a punto de servirse el ultimo tazón de arroz notando algo… peculiar, Tohru en ningún momento le había reclamado sobre su porción o por qué él se comería el ultimo bocado, lejos de armar un alboroto aquella chica prosiguió a levantarse y lavar los trastes en lo que Gintoki analizaba la situación.

Ninguna chica había sido tan educada con el jamás y eso lo hizo sentir como si estuviera abusando de los servicios de la joven por lo que prosiguió a levantarse –deja que te ayude- decreto este vagamente junto a ella en la cocina limpiando los trastes llenando nuevamente el ambiente de un incómodo silencio hasta que un plato cayó al suelo alertando a Tohru.

–Lo siento, aun soy muy torpe, he perdido practica en estos años- pidió está queriendo limpiar los vidrios rotos mientras Gintoki solo opto por ayudarla.

–No te preocupes, iba a botarlos de todas formas- respondió este sin interés alguno en lo que noto como por debajo de las mangas de Tohru habían cicatrices de hace mucho años, Gintoki solo pudo suspirar, al parecer la vida tampoco había sido muy justa con ella –escucha, saldré por unos momentos así que no me esperes despierta, puedes dormir en aquella habitación- advirtió este saliendo de la Yorosuya dejando a Tohru desconcertada.

Al parecer este quiso refrescar las cosas y que mejor que ir a beber un poco a solas, o eso hubiera querido ya que se había encontrado con Hasegawa y este lo había invitado a compartir unas copas en un pequeño puesto en el parque, ambos solo se la pasaron hablando de sus vidas entre risas y de cómo habían acabado así. Ya un poco borrachos Madao noto como su amigo había hablado más de la cuenta, incluso lo noto disfrutar la bebida de alcohol pidiendo otra ronda.

–Gintoki ¿seguro que estas bien? Pareces otra persona- comento este ajustando sus gafas en lo que su compañero solo tragaba un gran sorbo de su bebida.

–No hay de qué preocuparse, además tu eres quien pagara- contestaba este ya estando ebrio mientras el otro reclamaba.

–Es bueno ver que tus ánimos volvieron, estábamos preocupados- Hasegawa sin querer se tapó la boca al hablar de algo que no debía, pronto vio como el gesto del Samuray se volvió sombrío y su expresión de pez muerto no ayudaba.

–Si te refieres a por lo de Kagura…- en tono de furia, Gintoki estaba por romper la mesa con su puño pero… –todavía la extraño-decreto este con tristeza parando en el último momento, volviendo su aura depresiva, Hasegawa notando el cambio de humor supo que había cometido un error al recordarle esos recuerdos.

–Deja de atormentarte por eso Gin, ella no te merecía en lo absoluto, si me lo preguntas ella fue quien se equivocó al elegir a ese idiota de los Shinsengumi- resoplo Madao ayudando a Gintoki a subir los escalones del parque en lo que ambos se pusieron a vomitar por todo el alcohol, incluso lograron hacer una competencia dejándolo en empate.

Pronto solo siguieron caminando tambaleándose en lo que Hasegawa sintió una mirada punzante en su espalda como si alguien lo quisiera matar, recuperando la cordura pudo apreciar a una jovencita de pelo rubio y traje de Maid que los miraba detrás de un árbol –oye Gintoki ¿la conoces?- Madao solo palidecía frente a esa chica pensando que era peligroso el acercarse hasta que observo como ella se acercó hasta Gintoki para ayudarlo a caminar.

–¿Puedo saber quién eres?- Tohru solo lo fulminaba con la mirada hacia Madao como si hubiese tocado una de sus cosas favoritas, aun con el nerviosismo este solo tomo aire y le explico que fueron por unas copas, Tohru estaba entre creerle o hacerle desaparecer pero el olor a alcohol le dio la razón al vagabundo por lo que se dispuso a cargar a Gintoki sobre su espalda mirando como Madao lo miraba con una sonrisa.

-¿Qué tanto me ves?- preguntaba esta indiferente frente a las risillas del amigo de Gintoki.

–No es eso niñata, no te creas tan engreída solo por tener esos misiles contigo- señalo este hacia los pechos de Tohru que estaba hasta el límite y a punto de carbonizarlo mirando como el sujeto se retiraba.

–Pero serás…- estando a punto de lanzarse para golpearlo miro como Madao se ponía a fumar.

–Cuida de Gin San, ese tonto es muy lamentable cuando se pone triste- susurro este saliendo del parque dejando a Gintoki con Tohru quien solo se sonrojo por ese comentario mirando de reojo al samuray que dormía a su lado.

–Pareces la versión masculina de Kobayashi- musito ella con una sonrisa triste al recordar que su fiel amiga ya no se encontraba con ella, después de todo los años no perdonaban a nadie.

Dejando esos pensamiento se centró en salir de ahí con Gintoki en su espalda mientras este balbuceaba cosas de su pasado, llegando a casa lo recostó en su cama del cuarto de al fondo y sin querer vio como este tenía la ropa sucia de alcohol. Ella como criada no podría permitir que su jefe durmiera así que prosiguió a desvestir al permanentado que despertó de golpe escondiéndose detrás de su escritorio mirando con unos ojos acusadores a Tohru.

–Pero que rayos estás haciendo, controla tus hormonas ¿pensabas violarme?- gritaba este asustado de que lo profanaran.

–Para nada, solo quería limpiar tu ropa- respondió está agitando las manos como si fuera un malentendido ante la calma de un Gintoki ebrio que luego vio cómo su compañera se ponía su ropa llena de alcohol en su hocico mientras Gintoki lo miraba con el rostro azul

–Si vas hacerlo asegúrate de que nadie te vea- ordeno este para recibiendo su yukata llena de babas pero increíblemente limpia y antes de darle un cumplido a la rubia ella ya estaba devorándole las piernas. Luego de "limpiar" la ropa de Gintoki este prosiguió a irse a dormir tranquilamente sin contar que Tohru yacía en su mismo cuarto observándolo en total silencio

–No se supone que también deberías dormir- dedico este hundiéndose entre su sabana.

–Bueno, aun no me has dicho dónde puedo dormir- señalo Tohru dando en la diana, logrando que Gintoki diera un suspiro, no podía mandarla al sofá y mucho menos hacerla dormir a fuera y tenía miedo de que la ONU entrara por la puerta a esa horas.

–Tohru ¿Cuántos años tienes?- pregunto este parándose de su cama.

–Bueno, la verdad es que soy mucho más vieja que tú, tengo más de 1000 años, aunque en tu cultura tendría algo de 20 años- respondió está sacando la lengua con nerviosismo mientras que el samuray solo sacaba otro futon que tenía guardado por ahí.

–bueno, eres una dragona así que no debo preocuparme por eso… espera ¿Qué?- en un ataque cardiaco Gintoki empezó a sudar y a inspeccionar el cuerpo de Tohru llegando a la conclusión que era cierto –bien, no habrá problemas que duermas conmigo- anuncio Gintoki sin interés alguno hasta que de un momento a otro vio como Tohru se metía en su cama acomodándose como si fuera suya.

–Hoy, en ningún momento dije que dormirías conmigo- reto este con una venita de enfado en su frente por la acción de la dragona.

–Tu dijiste que dormirías conmigo- recrimino está saliendo de la cama con aparente tristeza y Gintoki parecía ser el malo en esos momento.

–Bien, dormirás ahí pero yo tengo mi propia cama- declaro este resignado ante los caprichos de Tohru, juraba que era como tener a una niña pequeña, ya estando en la cama ambos solo se dispusieron a dormir.

–Gintoki ¿Por qué no quieres dormir conmigo?- pregunto esta inocentemente mirándolo con curiosidad mientras este solo se volteaba nervioso por contestar eso.

–Porque está mal, soy un hombre y tú una mujer- contestaba este aun con las insistencias de la rubia.

–Vamos, prometo ya no molestar- indico esta para alivio de Gintoki que solo fijo su vista al techo

–Escucha Tohru, los hombres somos basura, si alguien intenta hacerte algo patéale en la parte inferior hasta que sus ojos revienten, son nuestros puntos débiles- comento este de manera aburrida, al menos tenía que darle un buen consejo si se metía en problemas.

–Pero Gintoki, tú también eres hombre- musito ella mirándolo fijamente.

–Eso también me incluye Tohru- viendo como su compañera se levantaba y acercaba su futon más hacia la de él quedando parcialmente juntos.

–Pero Gin Chan es diferente, yo lo sé- dedico esta con una enorme sonrisa juguetona que Gintoki supo apreciar.

–Eres terriblemente inocente ¿lo sabias?- anuncio este volteándose para el otro lado no queriendo ni ver el rostro alegre de esa mujer.

–bueno, es que apenas te conocí ayer- comento está en lo que Gintoki solo frunció el ceño intentando dormir hasta que sintió como unos brazos lo rodeaban por debajo asustándolo en el proceso.

-¿Qué se supone que haces? Pareces una acosadora- anuncio esté listo para sacarla de su cama y llevarla a la sala pero…

-sé que jamás me harías daño… además que puedo doblegarte si me lo propongo- añadió esta con orgullo para sorpresa de Gintoki quien tenía varias venas resaltadas en su mejilla por culpa de Tohru pero fue interrumpido al ver nuevamente las cicatrices en el brazo de Tohru.

–bien, has lo que quieras pero asegúrate de descansar para mañana, desde ahora eres una Yorosuya- admitió este dejando soltar un gran suspiro de resignación al tener que afirmarlo abiertamente.

–Yo pensé que ya era parte- dedico está estando a punto de dormirse en lo que Gintoki intentaba salir de ahí pero noto como la rubia aplicaba fuerza en su agarre hacia él.

–espero no me saques el relleno por una pesadilla- anuncio este con temor intentando forcejear hasta que noto como Tohru ya se había dormido a su lado, el verla así de cerca por mera coincidencia lo tranquilizo, sus rasgos no eran tan bruscos como los de él, incluso su piel era cómodamente suave mucho más blanca que la piel de Kagura, sin poder evitarlo sus heridas nuevamente empezaron a arderle, los cortes en su piel ardían cual fuego pero la herida en su pecho sin duda alguna era la peor pues solo pudo recordar cuando ambos hermanos Yato lo habían atacado sin misericordia.

Y como aquel mocoso de los Shinsengumi lo había atravesado por el pecho justo al lado del corazón frente a todos dejándolo a puertas de la muerte para botarlo en un callejón, sin embargo, sus recuerdos se esfumaron al sentir nuevamente el agarre de Tohru por la espalda tranquilizándolo de alguna manera.

Decidió ignorarlo y volver a dormir sin contar que Tohru aún se encontraba despierta, aun debajo de la ropa pudo apreciar las incontables cicatrices que Gintoki tenía esparcido por el cuerpo y al parecer eran recientes al sentir un poco del líquido escarlata que aún se escurría debajo de los vendajes –descansa… Gin Chan- susurro Tohru por lo bajo con una expresión preocupada quedando dormida al lado de Gintoki mientras que a unas cuantas cuadras de por ahí.

Una pequeña albina veía el enorme cráter en el suelo con una gran huella de animal –no hay duda, ella está por aquí- señalo la pequeña topándose con una señorita de pelo verde y ojos de color rojo oscuro llevando puesto un yukata azul y empuñando una escoba como un equipo de trabajo

–¿Estas perdida?- Tama solo veía como la pequeña no parecía expresar emoción alguna al verla

-estoy buscando a alguien- fue lo único que dijo la pequeña ante la mirada de Tama que sin mucho esfuerzo la tomo de la mano

–no puedo ayudarte a encontrar a esa persona pero conozco a alguien que se especializa en ayudar a los demás ¿te interesaría conocerlo?- ofreció la androide con una sonrisa maternal a la cual la pequeña albina no pudo negarse por lo que decidió aceptar la ayuda sin contar que ya había resuelto sus problemas